Importante zona agrícola de la campiña de Jerez (Cádiz), que en todo momento de la historia de Roma estará directamente vinculada con el abastecimiento de víveres a la capital, y que dada la riqueza de sus suelos permitía una importante producción, muy diversificada, que incluía los elementos esenciales del policultivo mediterráneo: trigo, vid y sin duda en mucha menor proporción, olivo. Al hablar de un Ager Ceretanus, hay que hablar de un núcleo urbano, Ceret. El paisaje antiguo de la comarca de Jerez es conocido, pues aunque ni Estrabón ni Plinio citan la ciudad de Ceret, nos recuerdan que su entorno es un espacio abierto al mar. Y teniendo en cuenta estas consideraciones, el Ager Ceretanus también tendría un estero (los Llanos de Caulina) y un núcleo administrativo, Ceret, que se ubica en el fondo del estero: la sierra de Gibalbín. Este territorio estaba atravesado por la Vía Augusta, y por otra calzada paralela en cuyos recorridos se fijaban estaciones que servían para organizar la annona, el servicio de abastecimiento de víveres. Una parte del Camino Viejo de Espera, entre Jerez y esta localidad, diseña un recorrido que pasa necesariamente por la Sierra de Gibalbín, atalaya de observación, de control de rutas y cabeza administrativa a nivel civil y militar: Ceret. El Ager Ceretanus empieza siendo un territorio dependiente de Hasta Regia. Pero Ceret no figura en la toponimia. Esto ha llevado a cuestionarse la existencia de la ciudad, civitas u oppidum, en beneficio exclusivo de una entidad rural. Pero no parece que fuese así, pues la existencia de una ceca es determinante para asegurar la presencia de un núcleo de población "urbana" con algunas funciones administrativas. Y parece que ese fue, efectivamente, su papel. La propia administración romana impulsó a Ceret y a otros núcleos de población ya destacados en época prerromana para restar influencia a Hasta Regia, como ya se venía haciendo desde la liberación de los esclavos de Hasta decretada por Emilio Paulo en 189 a.C., dos años antes de su ocupación efectiva. Hasta, es castigada por su resistencia a Roma, y se segregan de ella muchos de los territorios que ésta administraba. Si en el siglo II a.C. perdió el control sobre Lascuta, y con ello seguramente gran parte del sur de la provincia de Cádiz, entre 100 y 80 a.C., como sugieren las emisiones de las cecas próximas (Nabrissa, Carissa, Ipora, Ceret) se están diseñando nuevas entidades administrativas romanas: cada una de ellas, una civitas que administra un ager. Una vez configurado el Ager Ceretanus, éste entra de lleno en los planes de la administración romana como uno de los numerosos centros de explotación agrícola que cubre las necesidades de abastecimiento del Estado (annona). Pero el Ager Ceretanus es también un espacio de colonización agraria, y que entrará en otros planes: los de César. Éste ha asumido como propio el viejo proyecto de los Graco de dar salida a la crisis del campesinado de Italia con la concesión de lotes de tierra en las provincias, y la Bética siempre fue a tal efecto, pionera. Otra cuestión es que también César pactó con las élites locales indígenas para mantener la fidelidad de los territorios incorporados, siendo en este caso proverbial la aproximación a los Balbo de Gades, a los que Pompeyo ya concedió honores por ayudarle en el tema del abastecimiento. Los Balbo encontrarán en esta coyuntura posibilidades infinitas de enriquecimiento, y de hecho lo que observamos en la provincia de Cádiz es que, tras las guerras civiles, y desde mediados del siglo I a.C., Gades ha aumentado considerablemente su influencia en el asunto de los abastecimientos a Roma, y sus élites locales no ya solo buscan vincularse con las élites de Roma, sino también monopolizar este comercio de alimentos desde Hispania, accediendo al control de las tierras circundantes a Gades. Cuando en plena guerra civil, Hasta es tomada por César (45 a.C.), se desarrolla en ella una colonia con elementos itálicos y con la distribución de lotes de tierra (centuriaciones), que debieron de afectar también al Ager Ceretanus. Así nos lo recuerda una ara funeraria del Museo Arqueológico de Jerez que nos rescata el nombre de Sicinia Tuscilla con una interesante onomástica de origen etrusco que constata esta presencia itálica en las tierras del Ager Ceretanus, y en otros puntos de la provincia de Cádiz. A mediados del siglo I a.C. el Ager Ceretanus es ya una realidad. Una realidad que se ha formado con el asentamiento de colonos itálicos que conviven con una población local. Y una población local que, además, acelera su tendencia a abandonar el oppidum de Gibalbín, cuya función militar y defensiva ya no es necesaria, al menos de momento, para instalarse en la llanura, en un paisaje rural de aldeas que coexisten con las nuevas villas romanas fruto de la colonización. Columela, gaditano, posee algunas fincas en el Ager Ceretanus. Esto quiere decir que estas oligarquías gaditanas controlan también la producción del interior de la provincia y de la campiña de Jerez.