o Hydrus o Hidrunto o Ydruntum o Ydrontum. Ciudad situada al sur de la península itálica, en la costa este de la actual península de Salento. Su nombre, que es una denominación de tipo genérico para referirse al agua, se daba al torrente en cuyo valle se asienta actualmente la ciudad, procedente a su vez del nombre griego para un curso de agua. Otros autores dicen que el nombre latino de la ciudad era Odruntum, derivado de la voz "odra", que en la lengua de los mesapios, habitantes de la zona, significaba igualmente agua. En cualquier caso, se puede deducir la etimología del nombre de la ciudad como un derivado de la palabra agua, bien sea procedente del griego bien sea procedente del mesapio. A juzgar por los yacimientos arqueológicos que hasta ahora han sido hallados en la zona, se cree que ya hubo asentamientos humanos en la región posiblemente durante el Paleolítico, aunque con plena seguridad ello no puede afirmarse hasta el Neolítico, momento en el cual sí que los arqueólogos han documentado la existencia de asentamientos humanos. Han sido localizados diversos elementos arqueológicos que evidencian la relación de sus moradores con los pueblos del mar Egeo. Igualmente se han hallado fragmentos de cerámica del tipo de los vasos micénicos datados en los siglos XIII al XI a.C.. La ciudad fue conocida en época anterior a la República romana, como la principal o, al menos, una de las principales ciudades de los mesapios, un grupo étnico cuyo origen sigue siendo todavía hoy en día discutido, pero al que se emparenta con griegos, ilirios o egeo-anatolios. Los mesapios aparecen instalados en la costa italiana de Apulia y zonas próximas, aunque se desconoce si su llegada a la zona obedece a presiones de otros pueblos o bien a las favorables condiciones que hallaron en la misma. El poeta Virgilio, cita a los mesapios en su poema épico la Eneida como un pueblo que era poseedor de una poderosa caballería. De hecho, en el año 473 a.C. los mesapios, amparándose en la superioridad militar que les confería el uso de dicha caballería, exterminaron un ejército formado por tropas de Tarento y Regio, dato recogido por Heródoto. En esa época la ciudad constituía un punto clave para el intercambio comercial de dicho pueblo, siendo una escala en la navegación costera comercial, además de un lugar para la práctica del comercio hacia el mar Adriático de buena parte del territorio mesapio. Con la colonización griega del sur de la península itálica a partir del siglo VII a.C., pasó a formar parte de la Magna Grecia, recibiendo una profunda influencia de la cultura clásica griega, aún cuando su cultura siguió dotada de elementos diferenciados respecto de la cultura helénica. De hecho, es en este período cuando puede considerarse que la ciudad adquiere las características básicas de cualquiera de las polis griegas que florecen por toda la Magna Grecia, incluyendo su estructura urbanística, que crea una ciudad unida a la vez al mar y al territorio circundante, pero netamente diferenciada de ambos. La influencia griega es tan profunda que incluso hoy en día algunas de las palabras del dialecto local de la ciudad moderna proceden directamente del griego antiguo. Posteriormente, la ciudad pasó a la República romana, una vez ésta logró el control del sur de la península, tras haber derrotado a los samnitas en las guerras samnitas en los siglos IV y III a.C., y tras haberse impuesto en el siglo III a.C. al rey Pirro de Epiro. Tras su anexión por Roma, alcanzó rápidamente la categoría de municipium, siendo objeto de atención especial por parte de Roma en razón de su posición en el extremo sudoriental de la península itálica, en un lugar desde el que fácilmente puede controlarse tanto el mar Adriático como el mar Jónico, a la vez que era un buen punto de partida hacia Grecia, uno de los primeros puntos de expansión del nuevo poder de Roma. Durante este período, no sólo era un centro marítimo importante, sino que su activo puerto exportaba las producciones industriales de la ciudad, que se especializó en la producción de tejidos y en la industria del tinte, mediante el uso de la púrpura. Prueba de la activa presencia artesana y comercial de la ciudad es que se ha constatado el asentamiento en la ciudad de una comunidad judía. Dicha comunidad gozó de una muy antigua presencia en la ciudad, que se remonta ya al año 70, cuando el emperador Tito Flavio Vespasiano delegó en su hijo Tito la conducción del ejército romano durante las guerras judeo-romanas en Judea, que concluyeron con la toma de Jerusalén, la destrucción de su Templo y el inicio de la diáspora judía. Bajo el dominio romano, se benefició de las calzadas romanas, construidas por las legiones como medio de garantizar la cohesión del dominio de Roma, mejorando sus comunicaciones terrestres no sólo con el resto de las ciudades dela península de Salento o de la Apulia sino con todas las del Imperio. En el año 162 obtuvo el derecho de acuñar moneda, existiendo a lo largo de todo el siglo II una ceca con una notable actividad. Con la llegada a la ciudad del cristianismo, se produjo un cambio importante en la estructura urbanística de la ciudad. En primer lugar, debido a la existencia de catacumbas, que han sido localizadas en el sector de San Giovanni, pero también debido al cambio de uso de los templos paganos y a la erección de iglesias cristianas. En el año 398, las comunidades judías de la región gozaban del suficiente poderío como para arriesgarse a ser las únicas del imperio en oponerse a la Constitución del emperador Honorio, que suponía para los súbditos de religión judía la pérdida de algunos derechos. Debido a la importancia de su puerto, que constituía un nexo de unión entre Oriente y Occidente, la ciudad quedó vinculada al Imperio bizantino, a la caída del Imperio romano hacia el siglo V, para ser posteriormente incorporada al Reino ostrogodo, siendo nuevamente recuperada por los bizantinos en el 554, tras derribar éstos dicho reino. Hoy, Otranto, provincia de Lecce, región de Puglia, Italia.