Pueblos nómadas originarios de las estepas mongolas del Extremo Oriente, de origen tártaro o ugrio, que en el siglo III a.C. se extienden por toda Asia, desde los montes Urales hasta el mar Amarillo. La famosa muralla china, fue levantada en esa época para evitar sus incursiones. Durante el siglo I, al ser expulsados de China y perdido su imperio en Turquestán, avanzan hacia el occidente y penetran en la estepa rusa del sur donde se establecen en hordas de guerreros dedicados a la cria del ganado en régimen de comunidad. Mucho más feroces los hunos que los germanos del este, allí establecidos, los sometieron durante el siglo IV y tras cruzar el río Don aniquilaron en el año 375 a los ostrogodos de Rusia, y ocuparon los hunos las tierras de Ucrania y Rumanía. Los ostrogodos obligados a emigrar hacia el suroeste, atravesaron el río Dniester forzando a sus vecinos los visigodos a trasladarse hacia el sur, que cruzan el Danubio en el año 376. A principios del siglo V los hunos formaban un imperio que se extendía desde el Cáucaso al río Elba. Rua, su rey, consiguió que fueran reconocidos por los romanos como federados, y recibieron las tierras situadas entre el Danubio y el Save. A su muerte dividió el imperio entre sus hijos Bleda y Atila. El primero murió asesinado y Atila reunió en torno a su mando a todas las tribus, y continuó la política de acercamiento a los romanos, emprendida por su padre Rua, siendo nombrado "magister militum"; al mismo tiempo impone su poder militar dirigiendo una campaña de invasión hacia el Imperio de Oriente, en el año 447. El emperador de Bizancio compró la paz triplicando la ayuda a los hunos. Atila se dirigió luego contra Occidente, y pidió la mano de la hermana del Emperador Valentiniano III, exigiendo como dote la mitad del Imperio, demanda que fue denegada. Más tarde, tras cruzar el Rhin, llegó hasta Orleans ocupando parte de las Galias. Teodorico, rey de los visigodos, y Aecio, lo contuvieron y lo persiguieron derrotándolo, en el año 451, en la batalla de los Campos Cataláunicos (también llamados Mauriacos), cerca de Troyes, en la que consiguieron que los hunos se replegaran a las orillas del Danubio. Atila se retiró a Germania, y al año siguiente invadió nuevamente Italia, pero firmó la paz con el Papa León I. A su muerte, en el año 453, el pueblo de los hunos pierde parte de su fuerza, disgregándose en tribus que sucumben frente a los germanos en las llanuras de Pannonia. Ver, Tongwancheng.