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Página 665 - 1322 Palabras 33201 al 33250 de 66095

Palabra   |   Descripción

Horus-Mekhenty-irty

"aquel en cuyo rostro están los dos ojos". En Letópolis, Horus era adorado bajo la idea de halcón poseedor de un par de ojos que identificaban al sol y la luna, y que podía tener abiertos, caso de esta denominación, o cerrados.

Horwennefer

(siglo III a.C.). Faraón del Período Ptolemaico, ca.206. Frecuentemente, durante el gobierno de los reyes ptolemaicos en Egipto, la población nativa se rebeló contra su corrupción, su crueldad y su libertinaje, sin olvidar las extorsiones de los administradores griegos. Reyes indígenas fueron proclamados en oposición a los ptolemaicos. Uno de ellos fue Horwennefer, que durante el reinado de Ptolomeo IV Filopátor, estableció un Estado rival en el Alto Egipto.

Horwerre

Horurre ((siglo XIX a.C.). Funcionario en la Dinastía XII egipcia. "Portador del sello" y director de cuadrillas, Horurre fue enviado al Sinaí al frente de una ….).

Hosanna

)o()o( Exclamación de júbilo usada en la liturgia católica. )o()o( Himno que se canta el Domingo de Ramos. )o()o( La expresión es judía y corresponde a la frase hôshi'ah-nnâ' ¡Sálvanos te rogamos!, que los judíos dirigían a sus profetas y que la multitud repitió a Jesucristo el Domingo de Ramos en Jerusalén. Según muchos historiadores, la expresión no tenía un sentido místico sino político y la multitud veía en Jesucristo a un nuevo David y no al Hijo de Dios.

Hosanna Rabba

u Hoshaná Rabá. Nombre que dan los judíos al último día de su fiesta de los Tabernáculos (Sucot).

Hoshaná Rabá

Hosanna Rabba (nombre que dan los judíos al último día de su fiesta de los Tabernáculos (Sucot)).

Hoshea

Oseas ((siglo VIII a.C.). Último rey (732-724) de Israel, durante la monarquía dividida, hijo de Elah, descendiente de Basá y de Elá. Oseas, aprovechando la presencia de ….).

Hosilaga

Diosa romana protectora de la osamenta de los niños. La invocaban las madres para preservar a los pequeños de las fracturas y de las enfermedades de los huesos.

Hosios

Sacerdotes de Delfos, nombrados para los sacrificios que se ofrecían antes de consultar el oráculo. Inmolaban por sí mismos las víctimas y ponían toda su atención en que fuesen puras, sanas y enteras. Era necesario que la víctima temblase y se estremeciesen todas las partes de su cuerpo cuando recibía las efusiones de agua y vino, no siendo suficiente que sacudiese la cabeza como en los sacrificios ordinarios: sin esto, los hosios no hubieran instalado la Pitia sobre el Trípode. Estos ministros eran perpetuos y la sacrificatura pasaba a sus hijos. Se le creía descendientes de Deucalión. La víctima se llamaba Hosiota.

Hosn el Sulayman

Baitokeke (ciudad de Siria, a unos 25 km al este de Arados).

Hospes

y Hospitalis. Sobrenombre que los romanos daban a Júpiter, como dios protector de la hospitalidad. Ver, Xenio, Hospital, Hospitalidad.

Hospes

Huésped en casa ajena. Extranjero recibido en Roma en virtud del hospitium.

Hospita

Afrodita tenía bajo este sobrenombre un templo en Menfis en Egipto. Atenea era honrada bajo el mismo título en Esparta.

Hospital

Epíteto de Júpiter como dios protector de los huéspedes, a los que los romanos consideraban sagrados. Ver, Hospes.

Hospitalidad

Los antiguos la representaban por su Júpiter hospitalario. Se alegoriza ordinariamente bajo la figura de una mujer acogiendo a un peregrino y teniendo un cuerno de la abundancia, del cual se desprenden frutas, que un niño se apresura a recoger. Puede también pintarse bajo la figura de una joven cuyos vestidos arremangados dan mayor actividad a sus acciones: su rostro anuncia la dulzura y la ternura; tiende los brazos a un viajero que parece estar abrumado de fatiga, y cerca de ella se ve un pelícano símbolo de la benevolencia y la humanidad.

Hospitalidad romana

La hospitalidad es la forma simple y primitiva de la protección. Por mucho que nos remontemos en las edades, aun antes de la separación de los pueblos se la encuentra de una manera evidente; el hecho está probado por la identidad de la expresión y de su noción en las lenguas latina, griega y eslava. La palabra latina hostis (en el sentido primitivo), la gótica gasts y la eslava gosti designan al extranjero protegido por la hospitalidad; son al mismo tiempo sinónimas de la griega. La palabra hostis en su acepción originaria comprendía la idea de una acogida de completa igualdad. La hospitalidad engendró después la amistad (amicitia). Jurídicamente hablando, la hospitalidad es siempre lo mismo, ya sea que se la estipule entre individuos o entre ciudades. Con frecuencia reúne el ser colectivo y los individuos, y, por consiguiente, el derecho establecido entre dos ciudades está también instaurado entre cada uno de sus ciudadanos. Por lo demás, hay tantas variedades como contratos. Recibir pura y simplemente a un extranjero no es comprometerse a algo más, salvo cuando el hospedaje era por algunos días; si vuelve por segunda vez, no se está obligado a recibirlo. Lo mismo sucedía con los enviados de una ciudad con quien Roma estaba en guerra o no tenía tratado de alianza: protegidos por el derecho de gentes, se volvían como habían venido. El contrato de hospitium, por el contrario, era un lazo de derecho permanente, con reciprocidad efectiva la mayoría de las veces. No es solo pasajero; en toda la antigüedad se lo consideraba permanente, y pasaba a los hijos y descendientes (liberi posterique). Incluso se estableció entre personas respectivamente extrañas unas a otras, y de este modo se distinguía de la amistad ordinaria o de las simples relaciones de hecho. Muchas veces se agregan al contrato cláusulas importantes. Particularmente entre las ciudades, se estipula sobre la paz y la guerra; se concluyen una tregua (indutiae) o una alianza armada. En la primera la amistad es un término final; en la segunda, se eleva hasta la promesa de una defensiva y ofensiva comunes. No se trata aquí más que del elemento necesario de estos contratos, es decir, de lo que constituye el fondo internacional del derecho de hospitalidad propiamente dicho, descartado de todos sus accesorios eventuales por importantes que puedan ser. El hospitium y la amicitia no se acostumbraban entre habitantes de la misma ciudad, como lo revela suficientemente la expresión primitiva hostis, sino que se instituyeron para el extranjero. La antigüedad grecorromana ignoraba la electiva fraternidad germánica, que consagra la mezcla de sangre de los nuevos hermanos; ninguna afinidad se crea en aquella fuera del parentesco, a no ser la adopción, que es una ficción de parentesco de sangre. También en el matrimonio se considera a la mujer como hija del esposo. Asimismo se encuentra en Italia, y esto desde las edades más remotas, la fraternidad de las armas. Los afiliados a la misma división combatían juntos y se comprometían bajo juramento a no abandonar el campo, y a no salir de las filas sino para ir a buscar sus armas, para llegar a las manos con el enemigo o para salvar a un amigo. Pero semejante compromiso no traía consigo consecuencias legales; desde el tiempo de las guerras de Aníbal no tenía nada de profesional. Lógica y prácticamente, la filiación de ciertos miembros de la misma comunidad civil tenía algo de contraria a la esencia misma de la ciudad, y esta, aun reconociendo los lazos naturales y necesarios de la sangre, por ejemplo, quiere ignorarlos y los niega, desde el momento en que tienen lo arbitrario por principio y versan sobre el derecho civil. Estas tendencias se encuentran ya en la sociedad indoeuropea; pero, mientras que los germanos no tienen en cuenta en sus filiaciones la comunidad en general, los romanos, por el contrario, las subordinan a la ciudad hasta el punto de quedar absorbidas en ella. No hay necesidad de llamar la atención sobre ello: la hospitalidad y la amistad solo son practicables entre ciudades independientes. Cuando en ss. posteriores se establecen lazos más estrechos con Roma, se tendrá siempre por imposible y por contrario al buen sentido un contrato de amistad entre Roma y una colonia, o un municipio cualquiera. La misma razón preside las relaciones entre la ciudad y el individuo: el romano no tiene que pedir hospitalidad a la ciudad de Roma, ni el gaditano a la ciudad de Gades. Si parece haber sucedido de otro modo en los últimos tiempos de la República y bajo el Imperio, se debe a una anomalía reciente. En efecto, se habían constituido colonias cívicas y municipios como si fueran otros tantos pequeños Estados dentro del Estado mismo; de aquí el hospitium entre estos y los ciudadanos pertenecientes a otras ciudades, o sus propios ciudadanos, considerados entonces como romanos. En este caso, y por la ficción del derecho, estas ciudades hacían lo mismo que hubieran podido hacer ciudades independientes. En la forma, la hospitalidad obedecía a las reglas del contrato consensual: procedía del consentimiento prestado por ambas partes, expresa o implícitamente, mediante actos que lo demostrasen. Nunca se ha impugnado el hecho de que para el hospitium publicum o para cualquier otro contrato público no se necesitase más que el pacto sencillo (pactum, pactio), siempre que los contratantes tuviesen capacidad civil suficiente. Otro tanto diremos de la hospitalidad privada entre la ciudad y los individuos, o entre individuos de dos ciudades distintas. Así sucedía al parecer según la tradición de los pueblos indogermánicos. A diferencia de los contratos civiles propiamente dichos, siempre sujetos a la formalidad, los internacionales son puramente de hecho. Los consuma el hecho cumplido, por ejemplo, la confrarreacción y el matrimonio civil, la emancipación y la tradición, la fiducia y la prenda (fiducia, pignus), el nexum y el préstamo (mutuum). Pero por lo general nada impedía dar fuerza a los actos internacionales con las solemnidades de la forma, al menos cuando se trataba de contratos públicos. Sin embargo, no era así en materia de hospitalidad. Si en el foedus, o alianza armada, se recurriría a los sacrificios piadosos y al juramento, se debía principalmente a la confraternidad de las armas, que era la consecuencia de la alianza. Pero la hospitalidad y la amistad no eran contratos sagrados; no exigían por sí mismos el juramento. Las miras de los romanos consistían en precisar el momento en que el pacto de hospitalidad era perfecto; de aquí que en la hospitalidad pública, y probablemente en la privada, si las formas solemnes del foedus no se habían empleado, surgía la sponsio por demanda y por respuesta. Otra formalidad asegura además la prueba de nuestro pacto especial, esto es, del cambio de los símbolos o de las escrituras. La Ilíada (6,168 y sigs.) muestra a Praetus enviando a Belerofon a su huésped de Licia, y remitiendo al primero sus tablillas cerradas en señal del pacto existente. En el Cartaginés de Plauto, el huésped lleva consigo su símbolo, lo muestra y se comprueba que concuerda con el símbolo guardado en la casa de aquel a quien lo presenta. Todavía se poseen algunos emblemas de este género, en los que figuran dos manos entrelazadas. En cuanto a los contratos de hospitalidad pública, estaban grabados en dobles tablas de bronce y cada parte guardaba su original. El ejemplar perteneciente a Roma era depositado en el templo de la buena fe romana (fides populi romani), no lejos del templo del Júpiter capitolino. Las demás ciudades tenían también sus archivos públicos donde conservaban sus tratados de hospitium; y en estos tiempos, los particulares tenían expuestos los suyos en el atrium de su casa. No deben confundirse las tablas del patronato (tabulaaerea patronatus) con las simples indicaciones orales o escritas que anuncian las decisiones tomadas por la ciudad patrono (Duplomum); solo las primeras constituían título definitivo, y, fuese público o privado, se leían ordinariamente al pie del acta los nombres de los enviados (legati) que las llevaban. En resumen, por más que el pacto de amistad fuese perfecto con solo el consentimiento de las partes, se acostumbraba entre los particulares cambiar los signos de la hospitalidad. Si el pacto se celebraba entre dos ciudades o entre una ciudad y un particular, se erigía una especie de monumento, a saber: dos ejemplares de una tabla de bronce que se fijaba en el muro del depósito público de la ciudad o de la casa a la que se refería. El signo del derecho del hospitium era entre los romanos la tessera, o el sumbolus o sumbolum. Se nota aquí la influencia de las costumbres griegas. Entre los griegos, y en esto se diferenciaban de los romanos primitivos, todos los contratos constaban por escrito, aun los puramente verbales; a ellos es también a quienes debe atribuirse el uso de los contratos internacionales de hospitalidad. Entre los latinos, por el contrario, los más antiguos pactos solo se transcribían en pieles preparadas al efecto, como por ejemplo el de Roma con Gabies. Simbolum y tessera son palabras griegas. ¿Debe concluirse de aquí que el hospitium es un contrato tomado de los griegos?. Nada más lejos que eso. Lo único que parece claro es que las relaciones de los romanos se estrechaban cada día más con los griegos, y que les copiaban sus fórmulas más usuales, hecho que por otra parte concuerda con todo lo que se sabe de la naturaleza y marcha de la antigua cultura itálica. El hospitium y la amicitia terminaban cuando uno de los contratantes hacía saber en debida forma que se retiraba, lo mismo que sucede en todo pacto consensual, ya hubiera en esto declaración expresa o simples actos, pues negarse a ejecutar una de las cláusulas del contrato equivale a denunciarlo. Otras veces la ruptura de la tessera indica la renuncia al pacto, así como su entrega confirma el perfecto consentimiento. ¿Cuáles eran los derechos comprendidos en el hospitium?. En las relaciones privadas es muy difícil determinarlo, pues los usos se han perdido en la noche de los tiempos. En cuanto al hospitium publicum, daba derechos no solo al titular, sino también a sus representantes, ciudad o simple individuo. El cuestor era el que debía proveer a esto; de hecho se les asignaba un alojamiento gratuito y enteramente libre, cuando no se los recibía en un edificio público (villa publica) situado en el campo de Marte. Además se les suministraba todo el mobiliario y la vajilla necesarios para los baños y la cocina; y por último recibían el munus, no a título de puro y simple donativo, sino más bien a título de verdadera prestación. Esta consistía siempre en vasos, utensilios u objetos de oro y de plata de un valor variable según la importancia de los donatarios, pero que no bajaba nunca de dos mil ases pesados. También en Grecia el huésped recibe alojamiento y habitación, cama y mesa, tapete, luz, leña, vinagre y aceite. No se provee directamente a su mesa, o por lo menos parece que, si en los antiguos tiempos se pagaban los gastos que ocasionaba, al ejercer después la ciudad el hospitium, lo suplió por el munus en oro y plata . Al huésped se le entregaba la mesa cubierta con su tapete, con pan y vino, la sportula (cesta de las provisiones) y cierta suma, pero era cuidado suyo comprar lo necesario. Era propio de la economía romana poner en esto alguna atención, y hacer de modo que no se multiplicasen hasta el abuso los huéspedes y amigos. Más tarde, sin embargo, además del munus hubo verdaderos donativos en vestidos, caballos enjaezados, armas y gastos de viaje, absolutamente igual a lo que se hacía entre los germanos, según Tácito. En caso de enfermedad o de muerte, el huésped recibe los cuidados o es enterrado con los honores debidos a su rango. Entre los particulares, el huésped participa de las ceremonias del culto de la familia, pero está sometido a la disciplina de la casa; fuera, obedece las leyes locales. El huésped y el amigo de la ciudad pueden también sacrificar en el Capitolio y asistir a los juegos ubicados en una tribuna levantada sobre el comitium, al lado de los senadores (Grecostasis). Siempre se manifiesta la influencia griega hasta en las denominaciones de los edificios especiales. Los mismos honores recibían a su vez los romanos entre sus amigos: prueba de esto son su admisión en el santuario de Delfos, y la parte sacada del botín de Veyes ofrecida a los masaliotas y depositada en su tesoro, etcétera. Pero el derecho más importante de la hospitalidad y de la amistad era la protección efectiva y la asistencia jurídica a la que podía apelarse en caso de necesidad. El hospedante debía preservar al hospedado de todo perjuicio y ayudarlo a conseguir el fin u objeto que se proponía en su viaje; pero todo esto dependía, por otra parte, de las circunstancias. Casi nada puede hacerse por el huésped público cuando está declarada la guerra entre las dos ciudades, y menos aún por el huésped privado perteneciente a una ciudad que no tiene tratados hechos con Roma. En este caso lo más que puede evitarse es que se lo maltrate o se lo robe. De hecho parece que la hospitalidad degeneró pronto, y que no hubo hospitium privado sino para el individuo que gozaba al mismo tiempo del hospitium publicum. Este último, por el contrario, asegura a la ciudad amiga y a cada uno de sus miembros la acogida, la protección y el ejercicio de los derechos civiles. El postliminium, por ejemplo, se aplicó no solo cuando el ciudadano entraba en el Estado romano, despojado un momento de su libertad y de sus bienes a consecuencia de la guerra, sino también en el momento en que ponía sus pies en el territorio de una ciudad amiga de Roma. Las leyes de su país rigen al huésped protegido por su contrato o por el de su ciudad (peregrinus qui suis legibus utitur), no porque hubiera igualdad de derechos frente al ciudadano romano, sino porque todo dependía del pacto. Obtenía justicia ante los tribunales en la medida en que se le concedía; y, por otro lado, compraba, vendía y comerciaba. El primer tratado de Roma con Cartago concede en este punto a los romanos la reciprocidad en África y en Cerdeña. De aquí el nacimiento y el progreso de las reglas del derecho internacional positivo (ius gentium). Al lado de las especialidades del derecho civil exclusivo, se admitieron la estipulación simple, la tradición, el contrato consensual, y, en el procedimiento, la instancia ante los recuperadores. Después se concedió a los romanos el pleno comercio (comercium) en Sicilia a través de Cartago; y a los latinos, por Roma. En caso de proceso se permitió muchas veces ser juzgado por la ley de su país, como en Asclepiade de Clazomenes, a menos que no prefiriese la ley romana; pero el connubium se concedió por primera vez en tiempos de la reforma legal de los decenviros. Por otra parte hay que hacer notar que el hospitium engendraba un simple deber de piedad (pietas), una obligación natural, pero no confería la acción en justicia. Por último, el huésped podía ir al extranjero a gestionar personalmente sus asuntos, o los encargaba a un amigo residente en la localidad. Muchas veces hasta se estipulaba en el contrato este mandato entre las ciudades. De aquí la institución de la proxenia entre los griegos. El proxena tenía alguna semejanza con los cónsules que una potencia extranjera elige entre los ciudadanos de otra nación. Aunque esto no llevaba el nombre de una institución formal, nada impedía en Roma que el huésped o el amigo sirviesen de proxena a la ciudad o al ciudadano de la ciudad amiga. Se encuentran ejemplos de arbitrajes conferidos por el Senado en casos análogos; sin embargo, la República nunca confió sus asuntos en el extranjero sino a sus propios enviados. Guardiana celosa de sus derechos y de sus intereses, juzgaba peligrosas las proxenias públicas. Solo el régimen aristocrático hubiera podido intentar esto en la época de su decadencia. Tal era entre los romanos el derecho de hospitalidad y de amistad, y el protectorado recíproco que de él se desprendía. Institución puramente internacional, como todo lo correspondiente a esta clase de relaciones, el hospitium y la amicitia no servían de fundamento a una acción, aunque tenían un carácter esencial y necesariamente jurídico. En aquellas sociedades antiguas en las que el derecho y el Estado no se hallaban fundidos y amalgamados en un solo cuerpo, como entre nosotros; en que el Estado no era todavía más que la ciudad en su forma incompleta, había una gran diferencia entre los sentimientos puramente morales y los deberes jurídicos, incluso en el caso en que estos no llegaran a engendrar la demanda en la justicia (Historia de Roma, Theodor Mommsen).

Hospitalis

Ver, Hospes (sobrenombre que los romanos daban a Júpiter, como dios protector de la hospitalidad).

Hospites

En el mundo romano, soldados alojados en viviendas particulares.

Hospitium

En las calzadas romanas, estación de atención al viajero. Ver, Itinerarium Antonini, Vía romana, Agger, Caminos, Mansio, Mutatio.

Hospitium privatum

Acuerdos particulares que garantizaban la estancia de los extranjeros en Roma. Dado que los extranjeros no poseían ningún tipo de derecho, eran protegidos durante su estancia en la ciudad por su anfitrión, que recibía este mismo tratamiento en la patria de origen de su huésped. Este tipo de tratados se sellaban bajo la garantía de los dioses y a su conclusión se llevaba a cabo un sacrificio. El anfitrión proporcionaba a su huésped el alojamiento, le servía como intérprete y como agente comercial, ya que no podía efectuar ningún tipo de negocios, y actuaba como garante en cualquier clase de litigio, personándose ante los tribunales.

Hospitium publicum

Acuerdos establecidos entre Roma y una ciudad particular que garantizaban el disfrute de los mismos derechos a sus ciudadanos respectivos, los cuales variaban de acuerdo con el tipo de tratado establecido. Los extranjeros obtenían el conubium, el commercium y la recuperatio.

Hostes publici

Término romano de derecho público. Se aplicaba a los traidores al Estado y la declaración procedía del Senado o del emperador.

Hostia

Término que viene de hostis "enemigo", porque en los primeros siglos se sacrificaban los cautivos a los dioses antes o después de la victoria. Había de dos tipos: unas en cuyas entrañas se buscaba el conocimiento de la voluntad de los dioses y otras a quienes tan sólo se quitaba la vida, y que por esta razón eran llamadas hostiae animales. Isidoro dice que la víctima servía para los grandes sacrificios, y la hostia para los menores; que la primera se tomaba del ganado mayor, y la segunda, de los ganados de lana. Añade que la hostia era propiamente la que el general sacrificaba antes del combate, y la víctima la que ofrecía después de la victoria: hostire, herir; víctima a victis hostibus. Los antiguos distinguían muchas especies de hostias. Hostiae purae eran los corderos y los cochinillos de diez días; "praecidaneae", las que se inmolaban la vigilia de las fiestas solemnes; "bidentes", hostias de dos años, las cuales a esta edad tienen dos dientes más altos que los demás; "injuges", que jamás habían sufrido el yugo; "eximiae", escogidas y puestas aparte como las más bellas y las más dignas de los dioses; "succedaneae", que se suceden las unas a las otras (cuando la primera no era favorable, o cuando en el acto de sacrificarla se había omitido alguna ceremonia esencial, se sacrificaba otra: si tampoco salía bien, se pasaba a una tercera, y así sucesivamente hasta que llegase una favorable); "ambarvales" (Ver); "amburbiales", las que se paseaban alrededor de la ciudad; "caveares", o caviares, las que eran presentadas al sacrificador por la cola, caviar; "prodigae" las que eran enteramente consumidas por el fuego; "piaculares", expiatorias, que se inmolaban para purificarse de alguna mancha; "ambegnae" o "ambiegnae", vaca u oveja, que tenían dos pequeñuelos, y que se sacrificaban con sus madres a Juno; "harvigae", o "harugae" aquellas cuyas extrañas se examinaban para presagiar; "mediales", hostias negras que se sacrificaban a medio día.

Hostiliano

Cayo Mesio Quinto (?-252). Emperador romano, hijo menor de Decio, y Herenia Etrusquila. Asociado al trono, junto con su hermano Herenio, quedó en Roma mientras su padre y hermano se enfrentaban a los godos. Cuando llegaron las noticias de la muerte de ambos, Hostiliano fue asesinado en Roma (252).. Ver, Galo, Gayo Vibio Treboniano.

Hostilina

En la mitología romana, era una diosa menor de la agricultura. Se invocaba para la fertilidad de las tierras, y para obtener abundantes cosechas. propiamente hablando, se le atribuía el cuidado del trigo cuando las últimas espigas se elevaban ya a la altura de las primeras, y la superficie de la cosecha era igual. Según otros se invocaba a Hostilina cuando la espiga y la barba estaban a nivel.

Hostilio Mancino

Ver, Mancino ((siglo II a.C.). Luchó en Hispania como cónsul en el 137. Por el simple y falso rumor de que los cántabros y los vacceos venían en auxilio de Numancia, el ejército de ….).

Hostilio Tubulón

Lucio (siglo II a.C.). Pretor que en el año 142 fue acusado de un delito capital, ya que se había dejado corromper públicamente; P. Escévola lo acusó. El cónsul Cepión fue autorizado por el pueblo para instruir el proceso. Hostilio se desterró primeramente; pero perseguido de nuevo a su regreso, se envenenó en la prisión para librarse del suplicio.

Hostio

(siglo II a.C.). Poeta épico romano cuya Guerra Istria (Bellum Histricum) conmemoraba en al menos dos libros la victoria de Gayo Sempronio Tuditano (con quien Hostio estaba emparentado) sobre los yápigos ilirios en Istria, en el 129. Se conservan unos pocos fragmentos. Festo, Macrobio y Servio citan algunos versos de esta obra.

Hostio

Hostio, también llamado Hosto Hostilio, es un latino originario de la colonia de Medulia, instalada por los albanos en tierra sabina. Habíase establecido en Roma durante el reinado de Rómulo, y cuando el rapto de las sabinas, casó con Hersilia (Ver), de la cual tuvo un hijo, el futuro padre del rey Tulo Hostilio. En el curso de la batalla contra los sabinos en la llanura del Foro, Hostio se destacó luchando en primera fila del ejército romano. Fue el primero en caer, y su muerte sembró durante un momento el pánico entre los romanos hasta que intervino Júpiter Stator y restableció la situación. Hostio se había ya mostrado particularmente valeroso cuando la toma de Fidena, donde fue premiado con una corona de laurel, la primera que se otorgó en Roma.

Hostis

Originariamente, extranjero. Para enemigo se utilizaba perduellis. A partir del siglo III a.C., enemigo que se encontraba en guerra con Roma, declarado como tal por los feciales romanos. "Son enemigos los que nos han declarado públicamente la guerra, o nosotros a ellos" (Pomponio).

Hostius

Hostio.

Hosto Hostilio

Hostio (Hostio, también llamado Hosto Hostilio, es un latino originario de la colonia de Medulia, instalada por los albanos en tierra sabina. Habíase establecido en Roma durante ….).

Hosuerbae

Usuerna (estación citada en la Tabla de Peutinger en la vía romana que iba de Narbo Martius ….).

Hotep

En la mitología egipcia, simbolizaba la felicidad y su correspondiente campiña.

Hotep-Se-Jus

Como casi todas las diosas cobras del panteón religioso del Antiguo Egipto, Hotepsejus está identificada al ureo real que escupe fuego y ataca a todos los enemigos de Ra y de Osiris. Más tarde se equipara con el ojo del dios Sol y se considera una "Diosa LLama". Esta divinidad es muy poderosa por su invulnerabilidad y está asistida por un séquito de cocodrilos que la ayudan a aniquilar a los enemigos de Osiris, en el Mundo Subterráneo. Relacionada con los Cuatro Hijos de Horus. Aparece muy claramente en el Capítulo 17 del Libro de los Muertos. En cuanto a su función compartida de representantes de los puntos cardinales, ver, Sobek, Denuen, Sopdu, Ha, Horus, Seth, Thot y Anti. Su iconografía es la de una mujer con cabeza de cobra (esta representación es muy escasa) o la de una cobra. No tuvo centros de culto.

Hotepdief

(siglo XXVII a.C.). Funcionario de la Dinastía III egipcia. Hijo de Mery-Djehuty, Hotepdief sirvió como sacerdote de los cultos reales de tres reyes de la Dinastía II, Hotepsejemuy, Raneb y Ninecher, cuyos nombres Horus aparecen grabados en el hombro de su estatua, hoy en el Museo de El Cairo, datada a finales de la Dinastía III.

Hotepsejemuy

o Hotepsekhemui o Hetephesemuy o Hetepse Jemui o Hetepsejemui "los dos poderosos están en paz" (siglo XXX a.C.). Faraón (ca.2.890) del Período Tinita y de la Dinastía II (2.890-2.686). Fundador de esta Dinastía. Su nombre, alude claramente a Horus y Seth, y también, por extensión, a los conflictos políticos o militares que el rey habría solucionado a su llegada al trono, que se produjo sin que se sepa cómo. Al parecer gobernó 38 años y efectuó una serie de reformas de tipo administrativo (Casa de la Corona roja). De tal rey ha llegado una inscripción en una vasija de piedra, localizada en el Alto Egipto, así como algunos sellos y vasos encontrados en los subterráneos de la pirámide escalonada de Saqqara. Manetón le da el nombre de Boethos, forma muy alterada del nombre neswt bity con que aparece en la Lista real de Abidos (Bedjau) y en el Papiro real de Turín (Baunefer). Hotepsekhemuy no fue enterrado en Abidos, sino en Saqqara, al oeste de la pirámide de Unas, en una sepultura real que ha proporcionado improntas de sellos con su nombre y con el de sus sucesor Nebre (o Raneb). Ello revela que Menfis se había convertido en la única capital del país y el poder político había pasado a depender del Bajo Egipto, ya que las tumbas reales están ahora en Saqqara. Los enfrentamientos políticos internos desembocan en la descomposición del reino. Manetón menciona que durante su reinado apareció una hendidura en Bubastis que engulló a mucha gente.

Hotepsekhemui

Hotepsejemuy ("los dos poderosos están en paz" (siglo XXX a.C.). Faraón (ca.2.890) del Período Tinita y de la Dinastía II (2.890-2.686). Fundador de esta Dinastía. Su nombre, alude ….).

HOXNE HOARD

Hoxne Hoard es el tesoro más grande de plata y oro romano tardío descubierto en Reino Unido, y la mayor colección de monedas de oro y plata de los siglos IV y V encontrados en cualquier lugar dentro del Imperio romano. Fue encontrado en el pueblo de Hoxne en Suffolk , Inglaterra, Reino Unido, el 16 de noviembre de 1992. El tesoro consiste en 14.865 monedas romanas de oro, plata y bronce y aproximadamente 200 artículos de vajilla de plata y joyas de oro. Los objetos se encuentran ahora en el Museo Británico de Londres, donde se exhiben las piezas más importantes y una selección del resto. El tesoro fue enterrado en una caja de roble, clasificados principalmente por tipos, algunos en cajas de madera más pequeñas y otros en bolsas o envueltos en tela. Los restos del cofre y los accesorios, como bisagras y cerraduras, se recuperaron en la excavación. Las monedas del tesoro son posteriores al 407, que coincide con el final de Britannia como provincia romana. Se desconocen los propietarios y las razones del entierro del tesoro, pero se empaquetó cuidadosamente y los contenidos parecen corresponder con lo que una familia muy rica podría haber tenido. Es probable que el tesoro represente solo una parte de la riqueza de su propietario, dada la falta de vasos grandes de plata y de algunos de los tipos de joyería más comunes. El Hoxne Hoard contiene varios objetos raros e importantes, como una cadena de oro y pimenteros de plata dorada (piperatoria), incluida la olla de pimienta llamada "Emperatriz".

Hoyadot

Himnos de la secta de Qumrán.

Höyük

o Hüyük. Una de las formas típicas de los núcleos urbanos hititas es el llamado höyük (equivalente al término árabe tell y al persa tepe), una colina artificial creada por la continua superposición de asentamientos humanos en el transcurso de los siglos.

Hoz

Saturno había enseñado a los hombres el arte de cortar con la hoz el trigo y las hierbas de los prados. Es este instrurnento el atributo de Saturno, Príapo y Silvano. Se pone también algunas veces en la mano de Atis y de los sacerdotes de Cibeles. Entonces se refiere a la operación en que fue mutilado Atis. Ver, Saturno.

Hrafnagudh

En la mitología nórdica, epíteto de Odín como dios de los cuervos, haciendo especial referencia a los cuervos Huginn y Muninn, que Odín enviaba sobre la tierra todos los días para averiguar noticias de los hombres.

Hräswelg

En la mitología germana, gigante nórdico con aspecto de águila que mora en el extremo septentrional del mundo. De sus alas desplegadas durante el vuelo nacen los vientos.

Hreidhmar

En la mitología nórdica, rey enano, padre de Fafnir, de Regin y de Otr. Este último murió de una pedrada lanzada contra él por el dios Loki mientras intentaba pescar en un río disfrazado de nutria. Una vez quitada la piel a la víctima, Loki, acompañado de Odín y de Höenir, pidió hospitalidad a Hreidhmar que vivía en aquellos parajes. El enano, ignorante de todo, acogió benévolamente a los tres dioses, pero cuando reconoció la piel de nutria propiedad de su hijo Otr, ató a los tres huéspedes con una cuerda y los tuvo prisioneros. Como rescate por la muerte de su hijo reclamó tanto oro como podía contener la piel de nutria llena hasta la cabeza. Además también quiso poseer el anillo mágico de Odín. Para conseguir todo ese oro Loki tuvo que recurrir al enano Andvari, rey de los tesoros subterráneos. Obtenida la libertad de este modo, los tres dioses se alejaron maldiciendo a Hreidhmar y prediciendo males para su descendencia.

Hrod

Uno de los Gigantes de la mitología nórdica.

Hronn

Ver, Hler, Ondinas.

Hrund

Ver, Valquirias (diosas de categoría inferior en la mitología escandinava. Eran las hijas de Odín, bellísimas y fortísimas guerreras, armadas de yelmo, escudo, coraza y lanza).

Hrungnir

Uno de los Gigantes de la mitología nórdica, fortísimo, de cabeza de piedra. Habría cortado la cabeza del poderoso dios Thor durante una pelea si Magni, hijo de Thor, nacido hacía tres noches, no hubiese intervenido. Liberado por su hijo el dios tomó su martillo mágico Mjöllnir y aplastó la cabeza de Hrungnir.

Hrymir

Ver, Gigantes, Nagelfares.

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