o Labraunda. Ciudad de Caria. Se sabe por Heródoto que Labranda existía ya en el siglo VI a.C., y que su poco accesible emplazamiento entre las montañas era utilizado como escondrijo. Controlaba el paso desde el valle del Marsias al del río Ciberso, a orillas del cual se encontraba Milasa. Ésta, estaba conectada con Labranda por una "Via Sacra" pavimentada de losas. Se entraba a la ciudad por unos propileos o pórticos columnados monumentales de estilo jónico, para acceder al ágora, una vasta plaza trapezoidal en el centro de la urbe, en torno a la cual se elevaban los edificios principales. Labranda era un centro religioso importante para las gentes de la llanura, una especie de meta de peregrinación, y fue probablemente sede de un oráculo. En el período helenístico fue declarada libre por Antíoco. El lugar todavía tenía habitantes en la época bizantina, hasta llegar poco a poco a quedar completamente despoblado. Las ruinas de Labranda constituyen un buen ejemplo del genial sentido de la urbanización que demostraron poseer los arquitectos de Asia Menor en época clásica. En un enclave montañoso recóndito y abrupto, desde cuyas alturas se divisa el valle de Milasa, los constructores del sitio de Labranda domaron la montaña, imbricaron la arquitectura en la naturaleza, implantaron el dominio de la línea recta y del ángulo de 90° allí donde reinaba un caos de roquedales, riscos y vaguadas. Los restos son los de una urbe aterrazada sobre la ladera del monte, cuyos distintos niveles están conectados por escalinatas de piedra. En los bosques de pinos de los alrededores se esconden otras construcciones, como las murallas, y un estadio semisepultado por montones de tierra y marañas de arbustos. Todavía quedan, además de los obligados santuarios religiosos, gran número de construcciones de carácter civil. Adosada a un muro lateral se abre una fuente del siglo I. Destacan al oeste tres severos edificios de planta rectangular y buen aparejo de sillares. Son los llamados Andron A, B y C. Un andron era una gran sala de banquetes, donde se congregaban los hombres prominentes de la ciudad, con ocasión de las festividades religiosas. El Andron A se conserva muy entero pese a estar datado en una fecha tan temprana como el siglo IV a.C.: llaman la atención las ventanas perforadas de sus muros, un rasgo inusual en la arquitectura de aquella época. Ascendiendo por escalinatas de piedra a un aterrazamiento superior del casco urbano, se pueden contemplar los restos a nivel de base del Templo de Zeus Stratios, mencionado por Heródoto, flanqueado por dos terrazas. Era un templo períptero de 8 x 6 columnas, con los consabidos pronaos, cella y opisthodomos, éste último con dos columnas in antis. Fue fundado en el siglo V a.C. y reconstruido por Idrieos, hermano de Artemisia, en el IV a.C.. Mausolo lo dotó de un gran pórtico en la terraza oriental, frente a la entrada. Los tambores inferiores de las columnas han sido relevantados sobre el suelo, pero no ocupan los emplazamientos originales. Trepando monte arriba, a media altura, en un recodo del accidentado terreno, se encuentra la llamada Tumba de Idrieos. Se trata de un mausoleo muy bien conservado, practicamente entero, que debió servir de sepultura a algún personaje importante. Por un vestíbulo se penetra en una cámara sepulcral, cuyo techo es una bóveda curvilínea tallada en roca. Albergaba cinco sarcófagos, de los que solo quedan tres in situ. Más arriba del monte se pueden descubrir otras tumbas de parecida hechura, colgando de los riscos y ocultas en el espesor del bosque. Hoy, es una aldea de la región de Milasa, al noreste de la ciudad, Turquía.