o Lacinimurga o Laconimurgi. El hallazgo a mediados del siglo XIX de un epígrafe dedicado al Genius Lacimurgae en las proximidades del "Cerro del Cogolludo", situado en la orilla derecha del Guadiana y dividido actualmente entre los términos municipales de Navalvillar de Pela y Puebla de Alcocer, al este de la actual provincia de Badajoz, ha generado durante más de un siglo un intenso debate centrado en la identificación del núcleo romano emplazado en este lugar: la Lacimurga Constancia Julia de Plinio el Viejo o, por el contrario, la Lacimurga o Lacinimurga o Laconimurgi de Ptolomeo; la primera inscrita en la Bética y la segunda en Lusitania, como ciudad de los vettones. Esta última ubicación está apoyada en uno de los hitos terminales descubiertos en Valdecaballeros, localidad pacense situada a unos 25 km al noreste del Cerro del Cogolludo, en el que se delimitan los territorios de los Lacinimurgensis y los Ucubitani, y la denominada forma de Lacimurga donde los (fines, agri) Lacimurgen(ses) se dibujan anexos al río Ana(s). Respecto a Lacimurga Constantia lulia, no parece adecuado emplazar aquí una ciudad perteneciente a la Beturia céltica, cuyo límite occidental se localiza casi a 150 km al suroeste en línea recta, más si tenemos en cuenta que toda esta zona se incluiría dentro de la denominada Beturia túrdula. La situada en el Cerro del Cogolludo coincidiría con Lacimurga o Lacinimurga, ciudad peregrina y, posiblemente, más tarde municipio Flavio, mientras que Lacimurga Constantia Iulia, localizada en la Beturia céltica, sería una ciudad privilegiada con una probable identificación con la mansio Lacunis del Anónimo de Rávena, entre Curiga y Contributa, en las inmediaciones de Fuente de Cantos (Badajoz). Los excavadores del Cerro del Cogolludo, que sostienen que los restos identificados aquí se corresponden con la Lacimurga Constantia Iulia de Plinio el Viejo, se fundamentan, aparte de la información arqueológica, en la interpretación del epígrafe del Genius Lacimurgae, en que la forma de Lacimurga mostraría claramente que la ciudad se encontraba claramente a orillas del Guadiana, posiblemente al norte del río. En contra de esta opinión hay quien mantiene que el oppidum situado en el Cerro del Cogolludo no tiene por qué corresponderse con el pasaje de Plinio el Viejo. Las razones recuerdan la gran distancia que separa este lugar del resto de ciudades de la Beturia céltica y lo extraordinario de esta localización entre vettones y túrdulos. A esta consideración se suma la razonable crítica sobre la escasa fiabilidad que ofrece la obra de Ptolomeo en sus referencias a las ciudades no costeras de Hispania. Así pues, se identificaría la Lacimurga Constantia Iulia de Plinio el Viejo con la mansio Lacunis mencionada en el Anónimo de Rávena, considerando el oppidum de Lacimurga como "un homónimo túrdulo". Hay quien piensa que ambos autores hacían referencia a la misma ciudad, situada invariablemente en el Cerro del Cogolludo, a pesar de la diferente grafía usada por Plinio el Viejo y Ptolomeo: Lacimurga, Lacinimurga o Laconimurga. La discrepancia tendría su origen en la diacronía de sus obras: en vida de Plinio el Viejo Lacimurga Constantia Iulia estaría adscrita a la Bética y, por tanto, la frontera de esta provincia con Lusitania discurriría en ese momento al norte del Guadiana, mientras que la referencia de Ptolomeo es consecuencia directa de una rectificación de la frontera interprovincial en esta zona, que supuso la adscripción del municipio bético a la Lusitania dentro del antiguo territorio vettón. Este hecho, si en verdad se llegó a producir, supondría un desplazamiento del límite entre ambas provincias al sur del Guadiana, quizás siguiendo el curso del río Zújar. Esta hipótesis se relaciona con una posible ganancia territorial lusitana en esta área de La Siberia extremeña, cambio que supondría la transformación de la titularidad étnica y provincial de Lacimurga Constantia Iulia al ser incluida dentro de Lusitania como la Lacimurga vettona. La justificación de este planteamiento está en un conjunto de epígrafes donde se hace referencia a una provincia Lusitaniae et Vettoniae. De esta manera, se entendería la discordancia en las referencias de Plinio el Viejo y Ptolomeo, ya que en el tiempo transcurrido entre la redacción de las obras de ambos autores se habría producido una modificación de los límites de la frontera bético-lusitana en el área de Lacimurga, que sabemos próxima al límite meridional del territorio vettón. Todas estas opiniones están fundamentadas en tesis sólidas, salvo el caso de la mansio Lacunis y un posible cambio interprovincial, y no parece que puedan excluirse definitivamente unas a favor de otras. Por último, cabe preguntarse entonces ¿dónde se situaría la Lacimurga Constantia lulia de Plinio el Viejo?. En este caso, el epígrafe hallado en Encinasola parece, actualmente, la pista más sólida no por la origo del difunto sino por su cercanía al grupo de ciudades de la Beturia céltica, al que debemos sumar una inscripción donde se menciona una acción (desconocida) patrocinada por Augusto y la lápida de la cercana localidad de Jerez de los Caballeros. La conjunción de estas piezas es el fundamento sobre el cual se establece la posibilidad de emplazar en esta localidad el solar de Lacimurga Constantia Iulia, el registro encaja bien con los datos conocidos sobre esta ciudad y no parecería descabellado proponer aquí su localización a falta de más datos. Cogolludo-Lacimurga, situada en la orilla derecha del río Guadiana, ostenta una situación estratégica que domina uno de los vados del río y un paso natural importante, que, sin duda, sirvió para poner en contacto Andalucía con la Meseta. Debió ejercer como centro urbano principal, una fuerte influencia sobre el entorno rural que la rodeaba. En este entorno se han documentado determinados yacimientos, como una gran villa romana, a unos 3 km., aguas arriba de Lacimurga, llamada Los Castillejos. Otro establecimiento situado en las proximidades de Lacimurga, ha sido localizado cerca de la ermita de La Magdalena o del Templaero. Este establecimiento, aparece sobre la orilla izquierda del Guadiana y puede tratarse de un vicus. Al mismo tiempo, la existencia de amplias vegas, hoy cubiertas en parte por las aguas del embalse de Orellana, debió favorecer el desarrollo de establecimientos rurales que obtendrían buenos rendimientos agrícolas. Tal es el caso de la villa romana de Peñaflor, sobre la orilla izquierda del río y no lejos de Lacimurga. Presenta este asentamiento sistemas de canalización, presas de agua, que, sin duda, son la prueba del desarrollo de una agricultura floreciente. Por otro lado, en las márgenes de los ríos Zújar y Guadalemar también se han descubierto algunos asentamientos: el más importante es la villa romana de La Sevillana, establecimiento urbano-rústico, cuyo desarrollo se produce entre los siglos III y IV. Posee ricos elementos suntuarios y una gran dependencia doble absidiada en su parte urbana, que le otorgan un particular interés. La villa romana de Doña María, de la segunda mitad del siglo I a.C y siglo I, constituye uno de los primeros ejemplos de explotaciones romanas en la zona. En otras ocasiones, los asentamientos se situaban al margen de grandes arroyos como es el caso de la villa romana de Majada Fría, al sur del río Zújar. Desde el punto de vista estrictamente arqueológico el yacimiento de Cogolludo-Lacimurga, proporciona toda una serie de aportaciones novedosas, con referencia a la evolución del poblamiento en la zona central de la península Ibérica, desde los siglos VI- V a.C (materiales orientalizantes e ibéricos) hasta la época medieval con un monumento álgido en su posible promoción a municipio en la época de Augusto. Los primeros trabajos de restitución planimétrica y de sondeos, comienzan a mostrar como en el yacimiento, las estructuras protohistóricas, sistemas de aterrazamiento y líneas de defensa, apreciadas sobretodo en el sector este del cerro, han dado paso a un conjunto de construcciones que se pueden definir por sus características generales como romanas, adaptadas estas últimas, a una topografía mas suave en el sector oeste y en las proximidades de un gran depósito impermeabilizado con opus signinum. Entre estos dos conjuntos arquitectónicos, como sector intermedio, una plataforma natural donde se levanta un posible edificio público, y un conjunto termal en un buen estado de conservación. Una visita detenida al sitio, revela la presencia, masivamente dominante en superficie, de un material cerámico de fines del siglo I a.C. y de la primera mitad del siglo I: cerámicas sigillatas itálicas ysudgálicas, en particular en los sectores propiamente romanos del yacimiento. En los sectores sur y este del cerro de Cogolludo los vestigios constructivos son muy importantes e incluyen la existencia de un edificio público, con materiales cerámicos de los siglos II-I a.C, pudiendo señalarse que en este período la ciudad pudo romanizarse arquitecturalmente, hecho lógico si su promoción se produjo en época de Augusto. En una necrópolis de incineración se halló una arracada de oro datada en los siglos IV-III a.C.. Hoy, junto al embalse de Orellana, entre las poblaciones de Orellana la Vieja y Puebla de Alcocer, provincia de Badajoz, comunidad autónoma de Extremadura, España. Ver, Célticos, Beturia, Túrdulos, Los Castillejos, Vettones.