(en griego, Poseidón). Su nombre, de etimología oscura, parece ser muy antiguo en la lengua. Dios del elemento húmedo, no posee, con anterioridad a su asimilación con Posidón, leyenda que le sea propia. Heródoto le hace libio y asegura que siempre había sido venerado en aquel país. Según la opinión más generalmente recibida, Neptuno fue un príncipe de la raza de los Titanes, hijo, según Hesíodo de Saturno y Rea, y hermano de Júpiter y Plutón. Rea después de haberlo parido, le ocultó en un aprisco de Arcadia e hizo creer a Saturno que había puesto al mundo un pollino que le dio a devorar. En la repartición que hicieron los tres hermanos del universo, es decir, del vasto imperio de los Titanes, le tocó en suerte el mar, las islas y todos los lugares marítimos, de donde vino la idea de considerarle como dios de los mares. Según Diodoro, Neptuno fue el primero que se embarcó con el aparato de una armada naval. Saturno le había dado el mando de una flota con la cual detuvo todas las empresas de los Titanes; y cuando Júpiter su hermano, a quien sirvió siempre fielmente, hubo obligado a sus enemigos a retirarse en los países occidentales, les apretó tanto, que jamás pudieron salir de aquellas regiones, lo que dio lugar a la fábula de que Neptuno tenía a los titanes encerrados en los infiernos y no los dejaba moverse. Los poetas han dado el nombre de Neptuno a la mayor parte de los príncipes desconocidos que venían por mar a establecerse en algunos nuevos países, o que reinaban en alguna isla, o que se hubiesen hecho célebres por sus victorias navales, o por el establecimiento del comercio, de aquí las innumerables aventuras que se refieren de Neptuno, el gran número de mujeres, de amantes y de hijos que se le dan, y tantos raptos y transformaciones que se le atribuven. Vosio distingue muchos Neptunos, como el Egipcio, que tuvo de Libia a Belo y Agenor; el esposo de Aminone, de la cual tuvo a Nanfo, padre de Palamedes; el padre del famoso Cereión, muerto por Teseo; el esposo de Tiro, hija de Salmoneo y padre de Pelias; Egeo, padre de Teseo, en fin el Neptuno del que hablamos y cuya historia está llena de las aventuras de los otros. Por lo demás, se dice que Neptuno tuvo por esposa a Anfítrite, hija del Océano y de Doris; que este príncipe, habiéndose enamorado de ella y no pudiéndola obtener, le envió un delfín, el cual negoció tan bien el asunto que logró hacerle corresponder a sus deseos. Se le dan un número infinito de concubinas, cuyos favores debió a varias transformaciones. Aracne, en Ovidio le representa transformado en toro en sus amores con una de las hijas de Eolo, bajo la forma del río Enipeo, tuvo de Ifimedia a Efialtes y a Oto; bajo la de un carnero para seducir a Bisaltio; bajo la de una caballo para engañar a Ceres; en fin bajo la de un ave, en su intriga con Medusa, y de un delfín con Melanto. Apolodoro refiere que, queriendo durante el reinado de Cécrope cada uno de los dioses escoger una ciudad y un país donde fuesen particularmente honrados, Neptuno vino el primero a Ática, e hiriendo en tierra con su tridente, hizo nacer un mar. Minerva llegó después y, en presencia de Cécrope, plantó un olivo que se dice que aún permanecía en tiempo de Pandroso. Estas dos divinidades se disputaban Ática por razón de sus beneficios. Queriendo Júpiter reconciliarlas, les dio por jueces los doce dioses, quienes dieron a Minerva, Atenas y Ática. Neptuno tuvo una disputa semejante con la misma diosa. Júpiter dividió este honor entre los dos, de suerte que los trecenios honraron a Minerva bajo el nombre de Poliade, y a su rival bajo el de rey, y pusieron en sus monedas el tridente en el anverso y en el reverso la cabeza de Minerva. Hubo también discordia entre Juno y Neptuno por el territorio de Micenas (Ver, Inaco), y entre Neptuno y el Sol por el Istmo de Corinto. Ver, Istmo. Finalmente existe la fábula que dice que Neptuno, arrojado del cielo con Apolo por haber conspirado contra Júpiter, edificó los muros de Troya, y que engañado por Laomedonte, quien no le dio la recompensa que le había ofrecido, se vengó de esta perfidia destruyendo aquellas obras. Ver, Helione, Laomedonte. No solamente se atribuían a Neptuno los temblores y otros movimientos extraordinarios de la tierra y del mar, sino que era considerado también como autor de las mudanzas considerables de los ríos y de los torrentes. Así los tesalios, cuyo país había quedado inundado, cuando las aguas se hubieron retirado, afirmaron que Neptuno había abierto el canal por donde salieron. Se le creía también dios tutelar de las murallas y de sus fundamentos que arruinaba o fortalecía a su voluntad. Neptuno era uno de los dioses más honrados del paganismo, dejando aparte los libios, que le consideraban como su dios tutelar y su gran divinidad; Grecia e Italia, especialmente en los lugares marítimos, habían erigido muchos templos en su honor y establecido juegos y fiestas. Los del istmo de Corinto y los del circo de Roma le estaban consagrados bajo el nombre de Hipio (el que monta a caballo). Los romanos tenían tanta veneración a este dios que, además de la fiesta que celebraban en julio, le habían consagrado todo el mes de febrero, ya sea porque la mitad de este mes estaba destinada a las purificaciones que se hacían principalmente con agua, cuyo elemento presidía, o bien para rogarle de antemano que favoreciese a los navegantes, que a principios de la primavera se disponían para sus viajes. Platón nos dice que los atlántides tenían un templo donde se le representaba sobre un carro tirado por cuatro caballos alados, cuyas riendas tenía, y que su estatua era tan grande, que tocaba la bóveda del templo a pesar de ser muy elevada. Plinio hace mención del que tenía en la Caria y Heródoto de una que le habían dedicado los potideos. Este mismo autor habla de una estatua de cobre de diez pies y medio de alta, que tenía cerca del istmo de Corinto. Además de las víctimas comunes, es decir, del caballo y el toro, y de las libaciones en su honor, los agoreros le ofrecían en particular la hiel de la víctima, por razón de que su amargor convenía con las aguas del mar. Virgilio, dice que Neptuno hizo nacer un caballo del seno de la tierra, hiriéndola con su tridente. Diodoro y Pausanias atribuyen a este dios el arte de domarlos caballos. Homero dice que tomaba igualmente bajo su protección los caballos y los navegantes. Neptuno se ve ordinariamente representado, desnudo, con barba, con el tridente en la mano (Ver, Tridente), ya sentado, ya en pie sobre las olas del mar, algunas veces sobre un carro tirado por dos o cuatro caballos, ora terrestres, ora marinos, cuya parte inferior termina en pez, y sólo una vez alados: Homero se los da con pies de cobre. En Maffei Neptuno, coronado por la victoria, indica el reconocimiento de un guerrero que creía deberle una victoria naval. En una medalla de Augusto y en otra de Tito, se le ve teniendo el pie derecho sobre un globo, símbolo de que estos emperadores eran igualmente dueños de la tierra y del mar. Sentado sobre un mar tranquilo con dos delfines que nadan sobre la superficie del agua, y teniendo a su lado una proa cargado de granos o de perlas, indica la abundancia que nace de una navegación feliz. Cuando aparece sentado sobre un mar tempestuoso, con el tridente plantado delante de él y un ave monstruosa con cabeza de dragón, con alas, sin plumas como el murciélago, que parece hacer un esfuerzo para lanzarse sobre él, mientras que Neptuno permanece tranquilo y parece volver la cabeza con desprecio, sirve para representar que este dios triunfa igualmente en las tempestades y de los monstruos marinos. Una medalla publicada por Beger, en la cual se ve la victoria coronada sobre una proa, sonando una trompeta, y en el reverso un Neptuno, en postura de combatiente, esgrimiendo su tridente para ahuyentar los enemigos, representa la victoria de Demetrio Poliocelo sobre Ptolomeo. En fin un bajorrelieve muy hermoso, le representa arrebatando una joven doncella sobre sus caballos marinos. El Amor a quien este dios ha confiado su tridente, se sirve de él para alentar sus caballos, uno de los cuales tiene en la boca una cola de delfín: en la ribera se ven dos jóvenes, rogando a Neptuno que les restituya su compañera. (Véase la pintura que hace Virgilio de su séquito, en el primer libro de la Eneida). Filostrato en sus pinturas representa a Neptuno vestido de labrador y conduciendo un arado, porque es necesario que intervenga Neptuno (o el agua) en la agricultura, como principio de toda vegetación y fertilidad. Varrón deriva su nombre de Nubes, porque cubre la tierra. Su fiesta se celebra en lo más riguroso del verano, el 23 de julio, en el momento de la mayor sequía. Poseía un santuario en el valle del Circus Maximus, entre el Palatino y el Aventino, que, en otro tiempo, era surcado por un riachuelo de cierta importancia, en cuyo trayecto se levantaba precisamente la capilla del dios. En la tradición romana, Neptuno pasaba por tener una paredro, llamada, ya Salacia, ya Venilia. Los antiguos dieron a Neptuno diferentes nombres.