(Lucius Domitius Ahenobarbus, después Nero Claudius Caesar Drusus Germanicus) (37-68). Príncipe o emperador de Roma (54-68). Nacido en Antium, el 15 de diciembre. Hijo de Agripina la Menor (hija de Agripina la Mayor y Germánico) y de Cneus Domitius Ahenobarbus. Al contraer matrimonio Agripina con Claudio, ésta hizo venir a palacio a su hijo, que recibió una esmerada educación, siendo su principal preceptor el estoico Séneca, cuya influencia sobre el joven príncipe sería decisiva. Contrajo matrimonio con Octavia (53), hija de Claudio y Mesalina. Ésto, unido a su adopción por Claudio (50) y la juventud de Británico, hijo de Claudio, hizo que a la muerte de éste, Nerón fuera aclamado por los pretorianos como su sucesor, el 13 de octubre del año 54. La llegada de Nerón al trono imperial con apenas 16 años de edad no provocó, en principio, resistencia en ninguno de los grupos que, de una u otra forma, controlaban la sucesión imperial. Los pretorianos se mostraron satisfechos con la promesa de un donativum de 15.000 sestercios "per cápita" y el senado accedió a la consecratio que convertía oficialmente en divus a su antecesor. Por otra parte, el nuevo emperador había ya mantenido estrechas relaciones con el círculo estoico dirigido por Séneca, con quien había concertado un "programa" de gobierno basado en la moderatio augústea, cuyos principios fueron publicados en el 56 en el De Clementia, pero de los que el joven emperador se iría alejando progresivamente hasta llegar a identificarse con el régimen político opuesto, el de dominatio, que, en rigor, sólo se corresponde con el de los seis últimos años de su reinado. Por el contrario, los primeros cinco años, período conocido generalmente como Quinquennium Neronis, constituyen un modelo de gobierno imperial: rehabilitación del Senado como institución política activa a través de los Senado consultos; recuperación de la concordia ordinum, simbolizada en la colaboración con el príncipe de senadores y ecuestres, representados éstos por la prefectura del pretorio, confiada durante estos años (51-62) a Afranio Burro. Pero pronto comenzaron los desmanes y excentricidades de Nerón, primero con el envenenamiento de Británico (55). La fracasada reforma fiscal del 57, por la que el emperador pretendía favorecer las economías provinciales mediante la supresión de los "portoria" en detrimento de la economía italiana y, sobre todo, la ejecución de su madre Agripina en el 59 junto con la retirada política del influyente Palas, marcan ya claramente un giro en la trayectoria política neroniana que se haría patente con los cruentos sucesos del 62, que alcanzaron a la propia emperatriz Octavia, tres años después de que fueran públicas las relaciones que el emperador mantenía con su concubina Popea Sabina, que moriría en el 65 a consecuencia de una patada que le propinó Nerón estando embarazada, para, en el 66, casarse de nuevo con la culta Estatilia Mesalina (de quien fue su primer esposo), que sería su última esposa. La retirada política de Séneca y la nueva prefectura del pretorio en manos de Fanio Rufo, primero, y de Tigelino, después, permitió al emperador diseñar su propia política, régimen que ha sido denominado con frecuencia "neronismo", basada en principios de caracter despótico y estético que convertían en sospechoso a quien osara pronunciarse contra la voluntad y genialidad del emperador. De su círculo filosófico (Séneca, Traseas) y literario (Lucano, Petronio) originario, sólo quedó el recuerdo de un grupo de intelectuales y aristócratas empeñados en crear una nueva imagen del emperador. Pero Nerón, como Calígula, influido por la tradición lágida, dotó a su gobierno de elementos teocráticos de origen oriental llegando él mismo a representarse como "Helios". Su admiración por lo helénico le llevó incluso a proclamar de nuevo la "libertad de los griegos", lo que implicaba la exención fiscal de la provincia de Acaya, con el descontento del Senado. En este contexto ideológico de rivalidades y controversias dentro del círculo cultural de la época (Aula Neroniana) adquiere verdadero significado la dudosa conducta del emperador que, con frecuencia y sin suficiente rigor, ha sido calificada de paranoica. Aunque esta imagen es corroborada en general por las fuentes antiguas a propósito del incendio de Roma del 64 imputado por el propio emperador a los cristianos, no es menos cierto que el "retrato" de Tácito es mucho más severo que el de Suetonio o Plutarco. Estos últimos enfatizan la "popularidad" de Nerón entre la plebe, a la que colmó de juegos, espectáculos y otorgó varios "congiaria" durante su reinado. El interés de Nerón por las artes y los juegos atléticos despegó en el 59, cuando celebró los Juegos Juvenales en honor de su primer afeitado, en los que participaron los senadores y él mismo cantó e interpretó música. En el 60 instauró los Juegos Neronianos, que tendrían lugar cada cinco años; en el 61 fundó un gimnasio en Roma y entregó gratuitamente aceite a los participantes. Sus composiciones musicales y poéticas parece que fueron mediocres y banales, aunque su interés por las artes era auténtico. El Senado por su parte, se fue apartando progresivamente de él ante la equívoca política exterior, la ostentación faraónica en la construcción de la Domus Aurea y el fracaso de las medidas económicas. En el 64 el emperador afrontó el problema financiero del Imperio optando por devaluar el denario y modificando los patrones augústeos de la moneda: 1/45 (en vez de 1/40) por libra de oro para los áureos; 1/96 (en vez de 1/84) para el denario, reajuste que implicaba una estimación del índice de inflación en torno al 14 %, pero como se mantuvo la relación de valor en denarios del áureo (equivalente a 25), la reforma favorecía a los usuarios de moneda de plata en detrimento de la aristocracia, entre la que circulaba habitualmente el numerario de oro. Además, el nuevo valor del denario se aproximaba al del dracma oriental, por lo que la medida debía favorecer las relaciones de intercambio con Oriente en detrimento del comercio itálico. El malestar generalizado de estos años culminó en una amplia conjuración contra el emperador (65), encabezada por L. Calpurnio Pisón, pero en la que estaban implicados diversos círculos senatoriales (aristócratas perseguidos, estoicos traicionados, legados provinciales), con la complicidad de una parte del ejército y un sector de la plebe. Descubierta la conspiración, fue ejemplarmente reprimida con la ejecución de líderes y partidarios, sin reparar en su vinculación al emperador: Séneca, Lucano y Silano, entre otros, murieron este año. Al aumentar la suspicacia de Nerón, este arrojó su red más lejos, ordenando la muerte de Petronio, Ostorio Escápula, y de un buen número de estoicos que habían sido críticos con su monarquía, incluidos Trásea Peto y Barea Sorano. Otros muchos miembros de la aristocracia fueron deportados y se confiscaron todas sus propiedades. Con razón es considerado este reinado como un ataque frontal contra los intereses de la aristocracia fundiaria itálica y provincial. Según Plinio, Nerón habría confiscado a seis grandes propietarios de África que concentraban en sus manos hasta el 50 % del agro africano. En otros aspectos, sin embargo, protegió a los domini de las amenazas de sus esclavos: en 60, la muerte de Pedanio Segundo, prefecto de Roma, por un esclavo de su hacienda supuso la ejecución de los 400 esclavos existentes en la casa en aplicación del senatus consultum silanianum de época augústea. Por su parte, el ejército en manos de expertos generales tan sólo esperaba la aprobación del nuevo emperador para proseguir las campañas iniciadas bajo el reinado de Claudio en Britannia y Germania. Pero Nerón relevó a muchos de ellos para otorgar estos puestos a personas de su confianza. La rebelión de los icenios en Britannia, con su reina Boudica a la cabeza en 61, se saldó con miles de muertos romanos e itálicos y estuvo a punto de hacer sucumbir el dominio romano en el área. La reacción de Suetonio Paulino evitó la catástrofe, aunque el comercio con los britanos y sajones se resintió desde entonces. Tampoco en Germania los resultados fueron mejores, a pesar de que la implantación colonial romana en la zona del Rhin era ya firme. En Oriente, en cambio, la política neroniana arrojó un balance positivo, si no de éxitos militares debidos especialmente a Corbulón y Vespasiano, al menos a las acciones diplomáticas con los partos emprendidas por el propio emperador a propósito de la cuestión armenia. Desde Augusto el trono armenio había conocido varias Dinastías: Tigranes, bajo Augusto; Artaxias III, el parto Artabán III y Mitrídates, bajo Tiberio; Cotis, bajo Calígula; de nuevo Mitrídates y Tirídates, bajo Claudio; y Tigranes V y, de nuevo, Tirídates, bajo Nerón. En estos relevos la relación de Roma con el reino parto vecino había sido determinante, por lo que el emperador se vio obligado a aceptar la reposición de Tirídates en el trono armenio, propuesta por el rey parto Vologese, cuya coronación fue celebrada en el 66 en Roma con gran solemnidad. Con ello se zanjaba el problema de Armenia. Este evento y la celebración conjunta de los juegos (olímpicos, píticos, ístmicos) en Grecia al año siguiente, en los que el mismo emperador participó, supusieron sin duda un refuerzo del poder y popularidad de Nerón, pero no en grado suficiente como para evitar su caída. Llamado urgentemente a Roma, en el año 67, se produjo el levantamiento de Occidente, con la revuelta de Julio Vindex en la Aquitania, apoyando al candidato Galba, gobernador de la provincia Tarraconense y Otón en la Lusitania. En África, el gobernador Macer se rebeló y retuvo los barcos de grano que navegaban hacia Roma. Nerón, que no tenía experiencia militar, fue incapaz de organizar la resistencia a estos actos de insubordinación, y la guardia pretoriana lo abandonó cuando su comandante, Ninfidio Sabino, les ofreció un gran soborno en nombre de Galba. El Senado, también a favor de Galba, declaró entonces a Nerón enemigo público. Nerón, desesperado, huyó y se suicidó (el 9 de junio del 68) en la villa de su liberto Faón. Sus últimas palabras, a menudo repetidas, fueron qualis artifex pereo ("qué gran artista muere"). Nerón murió siendo odiado por la mayoría de los romanos y por los judíos y los cristianos, pero siendo querido por muchos griegos, tras una vida de excesos, crueldad y autoengaño. Con él terminó la Dinastía Julio-Claudia.