Junto al pueblo de Zalamea de la Serena (Badajoz) se alzan los restos de un edificio singular por su forma y su contenido, referente de una actividad de alto significado político, religioso o simbólico, que desde su descubrimiento ha intrigado a arqueólogos e historiadores: el "palacio" de Cancho Roano. Pudo ser residencia o centro de representación y de culto de un soberano sacralizado del mundo tartésico. De planta cuadrada y estructura simétrica, oculta a su vez los restos de una construcción anterior, la "cripta" u "oratorio". En su interior se acumulaban montones de ceniza procedentes de unas hogueras que habían sido encendidas sobre su terraza, y que en su día sirvieron presumiblemente para incineración. Los altares y la estructura del edificio responden a modelos orientales, sirios, fenicios o chipriotas, una expresión particularmente intensa del tono orientalizante general que impregna la cultura de la época y las estructuras sociológicas y políticas que la sustentaban. Se han puesto en relación los altares con prácticas sacrificiales de novillos o bóvidos, bien documentadas entre los fenicios, asociadas, por ejemplo, al culto al dios Baal. Relacionada, entre otras facetas, con la navegación y el comercio, su presencia en un santuario como el de Cancho Roano hace pensar, también, en la posible función que estos centros sagrados cumplían en el mundo antiguo, y desde luego en el oriental y fenicio, que es servir de referencia a una actividad económica y comercial que se realizaba al amparo de la protección del dios y legitimaba, por el prestigio de la divinidad, la presencia y el quehacer de sus promotores. Sepultados entre las cenizas se han hallado los más variopintos objetos: adornos de oro, amuletos egipcios, las fichas de un juego semejante al ajedrez, arreos de caballo, pesas de telar, restos de muebles carbonizados, platillos de balanzas, ponderales de bronce y un curioso colgante cuya decoración recuerda a las cápsulas de la adormidera, por lo que se ha supuesto que serviría para guardar alguna droga, opio probablemente. En los almacenes también aparecieron ánforas repletas de trigo, judías y vino. Y, sobre todo, miles de fragmentos de cerámica griega, en su mayoría del siglo IV a.C.. ¿Qué función desempeñó esta curiosa estructura? Nadie ha podido aún desentrañar el misterio. Quizá fue la residencia de algún rico terrateniente o un reyezuelo, que luego cayó en el abandono. Con el paso de los años, pudo convertirse en un santuario relacionado con el cementerio adjunto. También sabemos que en él se desarrolló una importante actividad comercial. Las minas de Almadén no están muy lejos, por lo que puede que sirviera como centro de intercambio para las poblaciones vecinas.