El número de músicos, cantantes y bailarinas en el antiguo Egipto fue notable. En su mayor parte era personal laico, hasta que la estructura sacerdotal fue complicándose, introduciendo labores más especializadas dentro del clero femenino. Por ello fueron jerarquizadas y se encontraban bajo la dirección de un miembro superior, generalmente masculino. Podemos encontrar, con relativa frecuencia, los títulos de Inspector de Cantantes o Supervisor de Cantantes. En los Imperios Antiguo y Medio, existen grupos de músicos masculinos y femeninos, danzarines y danzarinas, que participan en las ceremonias litúrgicas, sobre todo de culto Divino. Estos fueron denominados Heneret y constituían parte del Harén del Dios. Tres cantoras, en la tumba de Idut, de la Dinastía VI, confirman la participación de la mujer en estas actividades desde épocas remotas y, sobre todo, la presencia del título de Supervisora de Cantantes, que en muchos casos fueron mujeres, aunque era mucho más común que el puesto lo ocupara un hombre. El grupo de las Cantoras de Coro, Shemayt, se registra desde la Dinastía XVIII. Entre las Cantoras de Coro se hallaban mujeres de la más diversa condición social que desempeñaron labores especializadas. El puesto fue desempeñado tanto por miembros de la realeza, hijas de Visires, de Sumos Sacerdotes, de personajes directivos del ejército, como por familiares directos de zapateros, tejedores o hijas de trabajadores de Deir el-Medina, es decir, de líderes de la ciudad obrera de status medio. También estaba formado por simples madres y esposas. No era dificil que en una misma familia varias féminas desempeñaran este puesto o que esposas de sacerdotes de Amón fueran, a la vez, cantoras del mismo dios que su esposo y de otra divinidad cualquiera. Igualmente, sus parientes directos podían pertenecer a cleros distintos. Podían desarrollar su ocupación al servicio de una sola divinidad o deleitando a la "familia" de éste, ya que, en el caso de Amón, muchas llevaban el titulo de Cantoras de la Divina Tríada. Todas ellas se identificaban con la diosa de la música Meret y pertenecían al culto de Amón. Se cree que recibían un salario por su trabajo y, como ocurre en el Antiguo Egipto, éste se pagaba en especie, procediendo de las ofrendas diarias del dios. Otros autores las censan dentro de un grupo formado por personal laico, auxiliar del clero femenino incluido en las Phylaes, que podían estar bajo la potestad de la Esposa del Dios. Se encargaban del culto de Amón de Karnak, haciendo agitar los sistros. Desde la Dinastía XIX estaban dirigidas por un miembro superior nombrado entre grandes personajes de la sociedad que, normalmente, eran hijas del rey, de sacerdotes o de personajes nobles y se incrementaron a partir de la Dinastía XXI. La preparación de músicos y cantantes era muy dura. En el harén podía haber tanto cantantes Shemayt, como Jeneret o Hesyt, todas ellas estrechamente unidas a la diosa Hathor en sus diferentes aspectos. Las primeras estaban más dedicadas a desempeñar el puesto que hoy entendemos como coro y no necesitaban una educación musical muy intensa. Las segundas eran más especializadas y se escogían por la calidad de su voz. Inicialmente pertenecían al culto de Hathor y más tarde se integraron también en el de Amón. Ellas pudieron ser las sustitutas de las anteriores músicas Heneret. Ambas interpretaban himnos y alabanzas para los dioses. Las terceras se centraban en la instrumentación, es decir tocaban, por ejemplo, el arpa. Ellas eran profesionales y el personaje que las dirigía era el que llevaba "la voz cantante" tanto en las melodías, como de la coordinación de la orquesta y, generalmente, pertenecían al culto de la diosa Mut, esposa de Amón. Frecuentemente aparecen en escenas que se conectan con el banquete funerario, ya que por medio de su música atraían al difunto para que participara, junto a la familia, en el banquete que se celebraba ante su tumba, a modo de despedida. En opinión de algunos especialistas éstas últimas podían colaborar, además de servir al dios, en actividades privadas, tales como amenizar los banquetes y las fiestas. No obstante, esta afirmación ha sido tomada de las representaciones en las tumbas, las cuales son pinturas que rememoran banquetes funerarios y por lo tanto están relacionadas con el culto. Sabemos que varias reinas, como Mutnodyemet, esposa de Horemheb, eran Shemayt y Hesyt. Realmente se hace duro pensar en una esposa real amenizando un banquete. En la Dinastía XXII el cargo pasó a manos de la hija adoptiva de la Divina Adoratriz. Para llevar a cabo las actividades musicales eran necesarios diversos ensayos supervisados por un maestro, el Instructor de Cantantes, para que los rituales se desarrollaran lo más rítmica y armónicamente posible, a fin de que la divinidad se sintiera agradada y otorgara a Egipto la estabilidad y los bienes que necesitaba. Era necesario unificar al grupo, para que el resultado fuera el deseable. También sabemos que existían "profesores" para enseñar a tocar instrumentos musicales, que después se emplearían en los rituales, y los textos parecen evidenciar que, a partir de la Dinastía XVIII, había una escuela de Cantoras adscritas al dios Amón. Se conoce la existencia tanto de cantantes masculinos como femeninos, ambos eran imprescindibles en el ritual. Este grupo paulatinamente fue cobrando importancia, número y jerarquía, y en el caso de las mujeres abarcaba tanto a sacerdotisas laicas como a sacerdotisas confinadas en los templos. Aquí se podrían situar a las Cantoras de Amón de los Espacios Interiores, cuya elección se hacía entre mujeres de distintos estratos sociales. Estaban dirigidas por una Gran Cantora del Interior del Templo escogida entre las esposas de aquellos que dirigían el país. Su progresión ascendente en la jerarquía se incrementó en la Dinastía XXII cuando sabemos con certeza que permanecieron célibes, un requisito que no incumbía a otras sacerdotisas. Este ascenso jerárquico culminó en la Epoca Ptolemaica, cuando fueron consideradas de rango superior debido a la complicación creciente de los ritos. Como el resto del personal femenino del templo, se encontraban sujetas a la jurisdicción de la Esposa del Dios.