Es la isla más oriental del mar Mediterráneo, que limita al norte con las costas turcas de Anatolia y al este con las de Siria. Tiene forma de pentágono irregular y ocupa una extensión de 9.250 km2. La isla de Chipre está situada tan sólo a un día de vela de la costa siria. Con sus ricas minas de cobre y sus selvas de abetos y suntuosos cedros, la isla atrajo naturalmente a un pueblo comercial y marinero como el fenicio; además, la abundancia de su trigo, sus vinos y aceites les hizo parecer a sus ojos la Tierra de Promisión, comparándola con la pobreza natural de su propia costa abrupta encerrada entre las montañas y el mar. Por esto se establecieron en Chipre en una muy remota época y allí permanecieron mucho tiempo después de establecerse también los griegos en sus costas. Su posición estratégica en el Mediterráneo hizo que las grandes civilizaciones de la antigüedad pugnaran por su control: se sucedieron las dominaciones egipcia, fenicia, asiria, persa, helenística y romana. Esta gran isla conoció pronto, desde el cuarto milenio, una civilización prehistórica original, sobre la cual se han ejercido después influencias venidas del Asia Menor, más tarde de Siria y de Palestina. En los ss. XIV y XII a.C. comenzaron las relaciones con la civilización griega, como lo testimonian los numerosos vasos micénicos descubiertos en las necrópolis chipriotas. Con el nombre de Alasia, la isla está sometida largo tiempo a la autoridad del Egipto del Nuevo Imperio. Juega entonces un papel importante como lugar de tránsito entre el mundo egeo y el mundo asiático. La ciudad chipriota de Enkomi está frente a la factoría siria de Ugarit (Ras-Samra), en la que se instalaron y domiciliaron chipriotas y egeos. Al comienzo del siglo XII, una ola de inmigrantes aqueos corresponde a las leyendas del retorno después de la guerra de Troya (fundación de Salamina de Chipre por Teucer). Un siglo más tarde, una nueva ola de aqueos venida de Grecia es consecutiva a las invasiones dorias. La civilización de Chipre se convierte en completamente helénica hasta el siglo VIII, época en que los fenicios se instalaron en la parte sudeste de la isla. Hubo entonces, unas al lado de otras, ciudades fenicias (Amatonte, Cition o Citium) y ciudades griegas (Salamina. Curion, Pafos, Marion, Soles, Kerinia). Sabemos por inscripciones y monedas que fueron reyes fenicios los que gobernaron en Citium, el Chittim de los hebreos, hasta los tiempos de Alejandro Magno. Sometida a la dominación asiria en la segunda mitad del siglo VII, la isla fue conquistada poco después de 569 por el faraón Amasis; después se sometió a la autoridad del Gran Rey. Estaba dividida en varios reinos, griegos en su mayor parte, que conservaron su autonomía con la obligación de pagar un tributo. El rey de Salamina arrastró a las otras ciudades (salvo Amatonte) en el levantamiento de Jonia, pero los persas habían restablecido su autoridad en la isla desde 497. En el curso del siglo V la flota ateniense operó con frecuencia en las aguas de Chipre, sin conseguir liberarla definitivamente (muerte de Cimón bajo los muros de Citión en 449. En 411, Evágoras I se convirtió en rey de Salamina y buscó en el curso de su largo reinado (murió en 374-373) reunir toda la isla bajo su autoridad separándola de la dominación persa. A pesar del apoyo intermitente de Atenas, fracasó en su proyecto. Una nueva tentativa de independencia no fue más feliz en 351-344. Solamente bajo Alejandro Magno los griegos de Chipre lograron ser libres. En el siglo IV la isla fue incorporada a Bizancio, que mantuvo enconadas luchas con los musulmanes por su control. El helenismo chipriota ocupa un lugar aparte en la civilización griega. Su cerámica es característica por sus tendencias originales, sobre todo en las épocas micénica, geométrica y arcaica, a la vez por las formas y por la decoración. La escultura, esencialmente en calcáreo local y en tierra cocida, ha sufrido la influencia de Asia, de Egipto, después de Jonia, antes de ser informada por el arte clásico con preponderancia ateniense. Un sistema de escritura derivado del lineal B (pero el detalle de la filiación no es claro) se conserva hasta el siglo III; este silabario chipriota es bien conocido, y sirvió, conjuntamente con la escritura alfabética, para transcribir el dialecto griego local y también una lengua todavía desconocida, llamada Eteochipriota.