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Palabra   |   Descripción

Cibalas

Cibalae (población romana de Pannonia Inferior, a orillas del actual río Bosut, afluente del Sava por la izquierda, habitada ininterrumpidamente desde ….).

Cibalis

Cibalae (población romana de Pannonia Inferior, a orillas del actual río Bosut, afluente del Sava por la izquierda, habitada ininterrumpidamente desde ….).

Cíbarci

Tribu celta de Gallaecia, en la península Ibérica. Vivía al noreste de la moderna Galicia, en el condado de Ribadeo. Hoy, en la provincia de Lugo, comunidad autónoma de Galicia, España.

Cibarcos

o Cabarcos. Pueblo del norte de Hispania, del área céltica y del grupo galaico, que habitó en la cornisa cantábrica, en la actual Asturias. Se cree que estaban relacionados con los cavaros (Ver), un pueblo de la Galia. Su zona geográfica estaba situada al oeste y hacían frontera con las tribus de los albiones a oriente y con los egobarros a occidente. Se cree que habitaban la zona costera comprendida entre el río Navia y el río Eo, en la comunidad autónoma de Asturias, España.

Cibaria

)o()o( Se decía de las leyes romanas que regulaban las comidas y convites del pueblo. )o()o( Dietas o viáticos de los oficiales públicos romanos durante los viajes por el Imperio. )o()o( Comida, alimentos, víveres, vituallas. )o( Ver, Comida y bebida.

Cibebe

Diosa-Madre que personificaba el poder creador de la naturaleza y que constituía el culto más extendido en Asia Menor, concretado sobre todo en la diosa Cíbele; Cibebe es totalmente identificable a Cíbele. El culto a la Diosa-Madre data del III milenio a.C. y su origen se remonta a las Venus paleolíticas, que encarnaban el principio de maternidad y fecundidad.

Cíbela

Nombre de un monte de Frigia del que se habría derivado el de Cíbele.

Cíbele

Cibeles (nombre helenizado de Kubila, diosa anatolia de Frigia, llamada con más frecuencia "Gran Madre" o "Gran Madre de los dioses", cuyo símbolo, una ….).

Cibeles

o Cíbele. Nombre helenizado de Kubila, diosa anatolia de Frigia, llamada con más frecuencia "Gran Madre" o "Gran Madre de los dioses", cuyo símbolo, una piedra negra (betilo), fue llevado de Pesinunte a Roma en el 204 a.C., adoptándose desde entonces su culto. Diosa frigia de la fertilidad, de la tierra y las montañas. Hija del Cielo y de la Tierra, esposa de Saturno, madre de Júpiter, Neptuno, Plutón, etc. Según la leyenda, fue madre o amante de Atis y ambos estaban asociados en el culto que, consistía, en orgías sexuales que se creían necesarias para la fertilidad de la tierra.Tambien se la conoce como la Rea griega. El culto de la diosa Cibeles iba acompañado por instrumentos de viento y de tímpanos o tambores, lo que era contrario a las costumbres romanas. Tenía su templo en el Palatino. Ver, Galli, Megalesias, Betilo. )o( NOTA.- El culto de la frigia madre de los dioses fue adoptado por los romanos el año 204 a.C., hacia el final de la larga lucha con Aníbal. Fueron confortados sus decaídos espíritus oportunamente por una profecía deducida, según se dijo, de aquel fárrago de disparates, los Libros Sibilinos, según la cual sería arrojado de Italia el extranjero invasor cuando trajeran la gran diosa oriental a Roma. De acuerdo con ello, despacharon embajadores a su sagrada ciudad de Pesinunte en Frigia, y la pequeña piedra negra que daba corporeidad a la poderosa divinidad les fue confiada para que la acompañasen en su viaje a Roma, donde fue recibida con gran veneración e instalada en el templo de la Victoria, situado en la colina Palatina. Cuando llegó la diosa, estaba mediado abril, e inmediatamente empezó a actuar, pues la cosecha de aquel año fue como no se había visto en mucho tiempo, y en el siguiente, Aníbal y sus veteranos embarcaron para África. Aunque no se haya dicho, podemos conjeturar que la madre de los dioses trajo consigo a su nuevo hogar del Oeste el culto de su joven amante o hijo. Ciertamente antes de finalizar la república, los romanos estaban familiarizados con los emasculados sacerdotes de Atis, los Galli. Estos seres epicenos, con sus trajes orientales y con sus dijes de imaginería sobre el pecho, eran vistos con frecuencia, al parecer, por las calles de Roma, que recorrían en procesión con la imagen de la diosa y cantando sus himnos al son de tambores y platillos, cuernos y flautas, mientras el público, impresionado por el espectáculo fantástico y excitado por el salvaje estrépito, les daba abundantes limosnas y anegaba a la diosa y a sus porteadores bajo una lluvia de rosas. Se dio un paso más cuando el emperador Claudio incorporó a la religión oficial del estado romano el culto frigio del árbol sagrado, y con él seguramente los ritos orgiásticos de Atis. El gran festival primaveral de Cibeles y Atis es bien conocido tal como se celebraba en Roma, y como estamos enterados de las ceremonias romanas eran también frigias, podemos suponer que debían diferenciarse muy poco o quizá nada de su original asiático. Creemos que el orden del festival era el siguiente: el día 22 de marzo cortaban un pino del bosque y le traían al santuario de Cibeles, donde lo trataban como a una deidad. El deber de acarrear el árbol sagrado estaba adscrito a una congregación de porteadores de árboles. El tronco del árbol era amortajado con bandas de lana y adornado con guirnaldas de violetas, pues se contaba que las violetas habían brotado de la sangre de Atis, del mismo modo que las rosas y anémonas de la de Adonis; después ataban a la mitad del tronco la figura de un joven, indudablemente el propio Atis. El segundo día de la fiesta, el 23 de marzo, se cree que la principal ceremonia consistía en el sonar de trompetas. El tercer día, 24 de marzo, era conocido como el "día de la sangre"; el Archigallo o gran sacerdote se sangraba los brazos y presentaba su sangre como una ofrenda. No sólo él hacía este sacrificio cruento: excitados por la salvaje y bárbara música del chasquido de los címbalos, el redoble de los tambores, los trompetazos de los cuernos y los agudos sones de las flautas, los clérigos de categoría inferior danzaban alrededor con la cabeza zarandeante y tremolando el pelo, hasta que, en rapto frenético de excitación e insensibilizados al dolor, se cortaban el cuerpo con trozos de loza o se acuchillaban con navajas para salpicar el altar y el árbol sagrados con la sangre que brotaba. Probablemente el espantoso rito formó parte del duelo por Atis y puede haberse ejecutado con objeto de fortalecerle para su resurrección. Además, se puede conjeturar, aunque no esté dicho expresamente, que en el "día de la sangre" y con el mismo propósito, los novicios sacrificaban su virilidad. Llegados al pináculo de la excitación religiosa, lanzaban las partes cortadas de ellos mismos contra la imagen de la diosa cruel. Estos rotos instrumentos de fertilidad eran después reverentemente empaquetados y enterrados en el suelo o en las cámaras subterráneas consagradas a Cibeles, donde, lo mismo que la ofrenda de sangre, pueden haber sido considerados como eficaces para llamar a Atis a la vida y adelantar la resurrección general de la naturaleza, que en esos momentos da sus primicias de hojas y flores a la brillante luz primaveral. La historia en la que Atis se mutilaba bajo un pino, según todas las muestras, fue inventada para explicar que los sacerdotes hicieran lo mismo en la fiesta, junto al árbol sagrado enguirnaldado de violetas. Mas, cuando llegaba la noche, la tristeza de los adoradores se convertía en gozo. Súbitamente brillaba una luz en las tinieblas, la tumba se abría, el dios se levantaba de entre los muertos, y cuando el sacerdote tocaba los labios de los llorosos acongojados con el bálsamo, les musitaba suavemente en los oídos la alegre nueva de salvación. La resurrección del dios era saludada por sus discípulos como una promesa de que ellos también saldrían triunfantes de la corrupción de la tumba. En la mañana del 25 de marzo, día considerado como equinoccio de primavera, se celebraba la resurrección divina con una desenfrenada explosión de alegría. En Roma, y probablemente en otras partes, la celebración tomaba el aspecto de un carnaval, la fiesta de la alegría hilaria en la que había un desenfreno general y todos podían decir y hacer lo que les pluguiese. La gente, iba por las calles disfrazada; ninguna autoridad era tan grande ni sagrada que no la pudiera abrogar el más humilde de los ciudadanos. En el reinado de Cómodo, una banda de conspiradores quiso aprovecharse para, vistiéndose con el uniforme de la guardia imperial y mezclándose con el gentío de los parrandistas, poder acercarse en esa guisa al emperador y apuñalarle, pero el complot fracasó. Hasta el austero Alejandro Severo acostumbraba a ceder algún tanto en este día, permitiendo que le cocinaran un faisán. El siguiente día, 26 de marzo, descansaban, después de las variadas excitaciones y fatigas de los precedentes días. Finalmente, el festival romano se cerraba el día 27 de marzo con una procesión al arroyo Almo. La imagen argéntea de la diosa con su cara toscamente tallada en piedra negra, colocada en una carreta tirada por bueyes y precedida por los nobles caminando a pie desnudo, marchaba despacio entre estrepitosos sones de flautas y tambores para salir por la puerta Capena y bajar a las orillas del Almo, que afluye al Tíber al pie de la muralla de Roma. Allí el gran sacerdote, vestido de púrpura, lavaba la carreta, la imagen y demás objetos sagrados en el agua corriente. A la vuelta del baño, esparcían sobre el vehículo y los bueyes las flores de la primavera. Todo era júbilo y alborozo; nadie recordaba ya la sangre que había corrido hacía poco. Hasta los sacerdotes eunucos olvidaban sus heridas. Con frecuencia, Cibeles es considerada por los mitógrafos griegos como una simple encarnación o incluso una sencilla "apelación" de Rea, madre de Zeus y de los demás dioses hijos de Crono (Ver, Rea). Cibeles sería la Rea adorada en el monte Cibele de Frigia. Interviene poco en los mitos que han llegado hasta nosotros; el único que merece este nombre es la historia de Agdistis y de Atis (Ver estos nombres), y en ellos no representa mas que un papel muy secundario. Atis aparece a veces en él como su amante, y con más frecuencia como su compañero. Es posible también que su personalidad se disimule detrás del hermafrodita Agdistis, que todas las tradiciones concuerdan en presentar como el amante de Atis después de su mutilación. La importancia de Cibeles se debe principalmente al culto orgiástico que se desarrolló a su alrededor, que sobrevivió hasta una época tardía bajo el Imperio romano y que ya ha sido descrito. Le estaban consagrados el boj y el pino; el primero porque de su madera se hacían flautas que se tocaban en sus fiestas, y el segundo por su amor a Atis. Se la representaba como una mujer robusta y poderosa. Su corona de roble recuerda a los hombres la edad en que se alimentaban con el fruto de estos árboles. Las torres que ciñen sus sienes indican las ciudades que la reconocían por protectora, y la llave que empuña denota los tesoros que encierra en el invierno el seno de la tierra para prodigar en el verano. La carroza en que está sentada es la imagen de la tierra que su propio peso hace balancear en los aires, y sostienen la carroza, dos ruedas para significar que la tierra es conducida con un movimiento circular. Es tirada por dos leones, porque nada hay tan feroz que no se rinda a la ternura maternal: o más bien no hay terreno tan estéril al cual no pueda fecundar la industria. Sus vestidos abigarrados, o más bien verdes, hacen alusión al adorno de la tierra. Colócase cerca de ella un tambor en figura de globo. Como Rea, tiene por servidores, a los Curetes, llamados también Coribantes. Ver, Archigallo, Betilo, Betilo de Cibeles, Atis, Kubaba.

Cibelia

Ciudad de la península de Eritrea, en Jonia.

Cibelo

Monte de Frigia en donde era honrada Cibeles.

Cibernesia

Fiesta establecida por Teseo en honor de Nausítoo y de Feacio, que hacían el oficio de pilotos en su expedición a Creta.

Cibernetes

Nombre que se daba al timonel de una trirreme o nave. De él dependía gran parte de la capacidad de maniobra del buque. Era un puesto de gran responsabilidad y prestigio.

Ciberni

Cugerni (tribu de Germania Inferior, en la orilla occidental del Rhin. Cuando el general romano Julio César llegó al Rhin en el verano del 58 a.C., aceptó este río como ….).

Cibernodorum

Ver, Cugerni (tribu de Germania Inferior, en la orilla occidental del Rhin. Cuando el general romano Julio César llegó al Rhin en el verano del 58 a.C., aceptó este río como ….).

Cibinium

Nombre latino de la ciudad de Sibiu, en el centro geográfico de Rumanía. La ciudad fue fundada en 1.191 por colonos alemanes o sajones transilvanos, sobre un asentamiento romano conocido a inicios de la Edad Media como Caedonia, al parecer deshabitado en el momento de la llegada de los sajones.

Cibiosacte

Esta palabra significa en griego "vendedor de salazones", oficio considerado vil en Roma.

Cibira

Ciudad de Pamfilia de la que habla Estrabón. Los vestigios de Cibira son probablemente los que se observan en una altura, a unas 8 millas al este del río Melas, a unos 4 km al oeste de cabo Karáburnu, y a unos 2 km de la costa. Ptolomeo menciona a esta Cibira entre los pueblos del interior de Cilicia Traquea, pero Escílax lo hace entre los lugares de la costa. Hay un lugar, Cyberna, mencionado en el Stadiasmus, que se sitúa a 59 estadios al este del río Melas. Si el texto de Estrabón es correcto, se puede identificar esta Cyberna con la Cibira de Pamfilia.

Cibira Magna

o Kibyra o Kibyrrha. Fue la ciudad principal de la Cibyratae, en Asia Menor. Estrabón no fija la posición de Cibira precisión. Habría sido fundada y habitada por los solimios. Cuando los tres pueblos vecinos de Bubon, Balbura y Enoanda se unieron a ella, esta confederación fue llamada Tetrápolis. Cada ciudad tenía un voto, pero Cibira tenía dos, porque podía reunir 30.000 soldados de infantería y 2.000 de caballería. Cibira es mencionada por primera vez por Tito Livio en su historia de las operaciones del cónsul Cn. Manlio, que se acercaba desde la parte superior del río Meandro y por mitad de Caria. Es probable que avanzara hacia Cibira por el valle de Karaook a través del cual la actual carretera conduce desde la llanura Cibyratic a Laodicea (cerca de Denizlee). Manlio exigió y obtuvo de Moagetes, el tirano de Cibira, 100 talentos y 10.000 medimnos de trigo. Tito Livio dice que Moagetes tenía a sus órdenes a Syleum Alimne, además de Cibira. Se conjetura que esta Alimne se puede identificar con los restos de una gran ciudad que hay en una isla en el lago de Gule Hissaz, que estaba conectada con tierra firme por una antigua calzada. Este lago se encuentra en el ángulo entre Caulares y el río de Cibira. El último tirano de Cibira, Moagetes, era hijo de Pancrates. Fue puesto por L. Licinio Murena, probablemente en 84 a.C., cuando el territorio fue dividido, y Cibira se adjuntó a Frigia, mientras que Balbura y Bubon pasaron a pertenecer a los licios. Plinio afirma que veinticinco ciudades pertenecían a la jurisdictio o Conventus de Cibira, y añade que la ciudad de Cibira pertenecía a Frigia. El conventus de Cibira, sin embargo, todavía siguió siendo uno de los más grandes de Asia. En la Cibyratae se hablaban cuatro idiomas, el de Pisidia, el griego, el de los solimios y el de los lidios. Ésta, como muchas otras divisiones políticas romanas, estaba bastante en desacuerdo con las condiciones físicas del país. Laodicea del Licos fue una de las principales ciudades de este Conventus. Bajo los romanos, Cibira era al parecer un lugar de gran comercio. Su posición, sin embargo, no parece muy favorable para el mismo, pues no estaba ni el mar, ni en un gran camino. Se puede concluir, sin embargo, que los romanos y negotiatores mercatores encontraron algo que hacer aquí, y probablemente el grano del valle del Indo y la lana y el hierro de Cibira pudo sustentar dicho comercio. El mineral de hierro es abundante en Cibyratis. La acuñación de moneda se inició después del 167 a.C. y continuó hasta Galieno. Cibira estuvo muy afectada por un terremoto, en la época de Tiberio, que recomendó un Consultum Senatus que debería adoptarse como alivio del pago de impuestos (tributum) durante tres años. En este pasaje de Tácito la llama "civitas Cibyratica apud Asiam". La reconstrucción estuvo a cargo de Claudio y en esa época parece que recibió el nombre de Cesarea. Fue anexada por Justiniano a Caria. Las ruinas de Cibira incluyen un teatro, odeón, estadio, etc, pero todavía no han sido excavados. El estadio, a 650 m de largo y 80 m de ancho, está en el extremo inferior de la cresta en la que se encuentra la ciudad. Cerca de la entrada al estadio una cresta corre hacia el este, coronada por un camino pavimentado, bordeado a ambos lados de monumentos sepulcrales y sarcófagos. A la entrada de esta avenida de tumbas hay un arco triunfal de arquitectura dórica, ahora en ruinas. Se conservan varias inscripciones de época romana. No hay rastros de murallas de la ciudad. No sabemos nada de los artistas de Cibira, excepto dos, que menciona Cicerón y que eran más famosos por su picardía que por habilidad artística. Hoy, cerca de Horzoum, vilayato de Koniah, Turquía.

Cibiratis

Cibyratae (región de Asia menor, cuya capital y ciudad principal fue Cibira Magna).

Cibística

Especie de danza griega, o más bien el arte de dar volteretas y saltos peligrosos. Ver, Cibistos.

Cibistos

Atletas que se ejercitaban en cibística.

Ciborio

)o()o( Copa romana. )o()o( Pequeño baldaquino que corona el altar o tabernáculo en los antiguos templos cristianos. )o()o( Copón. )o( Ver, Recipientes.

Cibro

Ciabrus (río de Mesia Inferior que confluye en el Danubio).

Cibrus

o Cebrus. Ciudad situada en la desembocadura del río Ciabrus en el Danubio. Hoy, Zebra o Dsjibra Palanka.

Cibsaim

Pequeña aldea de la tribu de Efraim en Palestina y una de las 48 ciudades que fueron designadas para propiedad y habitación de los levitas. No ha podido ser identificada con exactitud.

Cibyra

Cibira.

Cibyratae

o Cibiratis. Región de Asia menor, cuya capital y ciudad principal fue Cibira Magna.

Cicenis

Cizenis (hija de Diomedes, rey de Tracia. Tan cruel como su padre, disecaba a los hombres vivos y hacía comer a los padres sus ….).

Ciceón

Mezcla de vino de Pramnos, harina de cebada, agua y queso, a los que se podía añadir miel. Tomábase en los misterios de Eleusis, en memoria del brebaje que Baubo ofreció a Deméter cuando estaba irritada. Ver, Crepís, Comida y bebida.

Cicerón

Marco Tulio (Marcus Tullius Cicero) (106-43 a.C.). El más grande orador y escritor de Roma. Nació en Arpinum o Arpino, en Italia central, el 3 de enero del 106, y murió en Gaeta. Su padre, un rico caballero, tuvo la previsión de darle a él y a su hermano pequeño, Cicerón, Quinto Tulio, una buena educación en Roma, donde se habían reunido con sus primos Q. y L. Cicerón. Los cuatro jóvenes estudiaron retórica y filosofía juntos, y aquí Cicerón hizo amistad con Tito Pomponio, que más tarde se llamaría Ático. Cicerón vistió la toga viril en el 91 a.C. y sirvió como tribuno militar al año siguiente bajo el mando del padre de Pompeyo, Pompeyo Estrabón. Al año siguiente estudió derecho, atendiendo a las consultas tanto del Viejo como del Joven Escévola, Q. Mucio. En esta materia fue tal su aprovechamiento que a los dieciséis años escribió una obra de derecho civil. A través de Mucio Scévola, entró en contacto con el círculo escipiónico que atraía a los más destacados políticos e intelectuales de la época, donde Cicerón pronto sobresalió por sus dotes oratorias, que puso al servicio de una sólida formación jurídica. Debió su rápida carrera a su talento de abogado, a su habilidad política y también al hecho de que encarnó la ascensión de la clase media: caballeros, hombres de negocios, provinciales, itálicos de los municipios. En el 81, Cicerón defendió a P. Quintio en un discurso que se ha conservado. Estudió también filosofia con Filón, el filósofo procedente de Larisa. Al año siguiente defendió con éxito a Roscio Amerino, Sexto del cargo de parricidio y se hizo un nombre tanto por su elocuencia como por su coraje al atacar a un protegido de Sila, a quien el dictador se vio obligado a repudiar (Ver, Crisógono). Por temor a Sila, Cicerón consideró inteligente abandonar Italia por un tiempo, y del 79 al 77 estuvo en Grecia profundizando en su educación. Pasó seis meses en Atenas, donde renovó su amistad con Ático, y los dos, junto con su hermano y sus primos, siguieron un curso de filosofía. Cicerón fue además a Rodas, donde siguió las clases impartidas por Apolonio Molón y Posidonio, y a Esmirna, donde se encontró con Rufo, Publio Rutilio. Su viaje por el extranjero mejoró su salud. En el 77, Cicerón volvió a Roma, donde se casó y comenzó la carrera senatorial. Fue nombrado cuestor en Sicilia (75) y obtuvo a su vuelta a Roma (70), que se hiciese justicia a sus antiguos administrados, a quienes había robado indignamente su antecesor el pretor Verres (las célebres "Verrinas", acusación contra Verres por extorsión a los sicilianos durante su mandato en esta provincia en 73-71, en la que el propio Cicerón había sido cuestor en el 75). Se debió tanto a la brillante estrategia de Cicerón como a su poder oratorio el que Verres renunciara a su defensa y huyera. Esto equivalió a una victoria sobre el que era entonces el mejor abogado del momento, Hortensio Hortalo, Quinto. Cicerón fue edil curul en el 69 y pretor en el 66, todo un éxito para un "hombre nuevo" que, como él, ascendía por la escalera de los cargos públicos a la mayor velocidad posible. Como pretor, Cicerón pronunció su primer discurso político importante, A favor de la ley Manilia (o Sobre el mando de Pompeyo), para que se concediera a Pompeyo el mando del ejército en la guerra contra Mitrídates VI. Durante esta etapa de su carrera política, Cicerón estuvo asociado con el partido de los populares y tomó partido claramente por Pompeyo. Con la inestimable ayuda de Ático, Cicerón fue elegido cónsul en el 63 junto con Antonio Gayo, el Híbrida, en detrimento de Catilina, que fue derrotado en las elecciones cuando los optimates, el partido de los tradicionales y de los aristócratas, lo abandonaron por Cicerón. Desde ese momento, Cicerón trasladó su lealtad a este partido. Antes del final de su año de mandato, Cicerón tuvo la misión de hacer frente a la conspiración de Catilina, y trabajó bien reuniendo suficientes pruebas contra él como para convencer al Senado de la gravedad de la situación. Catilina intentó asesinarlo en su propia casa en la mañana del 7 de noviembre, pero la previsión de Cicerón hizo fracasar el intento. Su colega Antonio era sospechoso de haber apoyado en secreto a Catilina, pero Cicerón, con la ayuda de Catón de Utica, convenció a los senadores y se aprobó el senatus consultum ultimum que le autorizaba a tomar cualquier medida para superar la crisis. Catilina huyó junto al ejército que había organizado en Etruria, donde fue poco después derrotado y asesinado. En Roma, Cicerón arrestó a aquellos de los que tenían pruebas de su participación en la conspiración con Catilina, cinco en total incluyendo al pretor Léntulo Sura, Publio Cornelio, y ordenó que fueran estrangulados en prisión el 5 de diciembre. Esta acción era estrictamente ilegal aunque fuera apoyada por el Senado y por todas las clases. Cicerón fue aclamado Pater Patriae (padre de la patria), pero se volvió vulnerable a los ataques de sus enemigos. Él mismo empeoró su situación al publicar su hazaña y vanagloriarse de ella en los años siguientes. Escribió también un poema, Sobre su consulado, en el que se jactaba de sus éxitos. En el 60 publicó los discursos que había pronunciado durante la crisis; escribió cartas, incluida una a Pompeyo, y habló constantemente de su gran éxito en sus siguientes discursos. Pero en mayo del 61 se ganó el odio eterno de Clodio Pulcher, Publio al acusarlo de incesto durante su juicio por sacrilegio contra la Bona Dea. Con la ayuda de César, Clodio se convirtió en plebeyo para poder ser elegido para el tribunado. Éste, como tribuno de la plebe en el 58, promulgó de nuevo la ley que condenaba al exilio a todo aquel que hubiera ejecutado a un ciudadano romano sin juicio previo. Cicerón comprendió que esta promulgación iba contra él, y se anticipó a los problemas huyendo a Macedonia en marzo del 58. Pompeyo le falló a Cicerón en esta ocasión. Clodio aprobó entonces otra ley de dudosa legalidad que declaraba a Cicerón culpable y desterrado. Durante su exilio, Cicerón fue ayudado económicamente por Ático, que había heredado la fortuna de Cecilio en septiembre. Parece que a principios del 57 pasó un tiempo con Ático en el Epiro, antes de su vuelta a Italia en agosto. Cicerón tenía ahora un aliado tan violento como Clodio, Milón, Tito Annio, antiguo seguidor de Pompeyo, que como tribuno aprobó una ley para llamar a Cicerón de vuelta. Pompeyo veía ahora con agrado la propuesta. Cicerón entró en Roma el 4 de septiembre del 57 siendo aclamado públicamente. Tuvo que hacer frente a la tarea de obtener una compensación por el daño cometido a sus propiedades durante su ausencia: su casa en el Palatino había sido destruida y Clodio había levantado un "templo a la libertad" sobre sus ruinas; su casa de Tusculum también había quedado en mal estado. El objetivo de Cicerón tras su regreso fue apartar a Pompeyo de su alianza con César y Craso, conocida como el primer triunvirato. César, que estaba de campaña en la Galia, utilizó a Clodio Pulcher para oponerse a las tácticas de Cicerón. Durante un tiempo, el triunvirato parecía condenado, pero en abril del 56 se renovó el pacto por cinco años más, en Luca, y se le dijo a Cicerón que se conformara. Este se retractó públicamente en su discurso Sobre las provincias consulares, en el que alababa a César cálidamente como si ambos fueran socios políticos cercanos. Cicerón se retiró entonces de la política, expresando en privado, en cartas dirigidas a Ático y a otros amigos íntimos, el dolor que sentía al someterse al nuevo orden. Fue obligado a aceptar la defensa de casos molestos a requerimiento de Pompeyo y César, como sus defensas de Vatinio y de Gabino, pero en el 53 César y Pompeyo se separaron rápidamente, y a principios del 52, Milón asesinó a Clodio en una reyerta cerca de Bovillae. Cicerón fue encargado de la defensa de Milón por el cargo de asesinato, pero Pompeyo, que había sido nombrado cónsul único para restablecer el orden, llenó el tribunal de soldados e intimidó a Cicerón para silenciarlo. Milón se marchó al exilio en Marsella y, tras recibir la copia del discurso que Cicerón había intentado pronunciar, expresó su agradecimiento porque el silencio de Cicerón le permitía disfrutar del buen pescado de esta ciudad. Cicerón estuvo ausente de Roma durante el período tormentoso que condujo a la invasión de Italia por César y a la guerra civil. Como consecuencia de la ley de Pompeyo sobre las provincias del 52, fue nombrado gobernador de Cilicia, en el Asia Menor, del verano del 51 al verano del 50. El nombramiento no fue bien recibido por Cicerón, que ya había tenido suficientes viajes por el extranjero durante su exilio, pero no tenía más opción que ir y desempeñó sus obligaciones con justicia y cierto éxito, cuando sus soldados acabaron con algunos bandidos en la batalla del monte Amano, obteniendo así el agradecimiento público de Roma. Volvió sin prisas, deteniéndose por el camino en Atenas, y llegó a las cercanías de Roma el 4 de enero del 49, con la esperanza de que se le concediera un triunfo, pero la invasión de César era inminente y fue enviado por los cónsules a gobernar Capua y a proteger la costa de Campania. El 28 de marzo, Cicerón se encontró con César en Formiae, y este le ofreció que se reincorporara al Senado, pero las condiciones le parecieron inaceptables. Cicerón sentía que Pompeyo, con todos sus defectos, era un amigo, mientras que César era un aristócrata con quien no podía sentir una afinidad real. Tras un largo examen de conciencia y numerosas consultas a Ático, Cicerón abandonó Italia con dirección a Grecia en junio del 49. Pero a su llegada al campamento de Pompeyo encontró muy poco que admirar y mucho que condenar. No tomó parte en la batalla de Farsalia, pero volvió a Italia en octubre del 48 con el perdón de César. Cicerón tuvo que esperar sufriendo en Brindisi, hasta que los dos hombres se reunieron allí en septiembre del 47. César trató entonces a Cicerón respetuosamente y le permitió volver a Roma. Cicerón no participó más en la vida pública y se dedicó a escribir, concentrándose en sus obras retóricas y filosóficas. Se divorció de Terencia, su esposa durante treinta años, en el invierno del 47-46. Terencia lo había apoyado en las crisis, animándolo a adoptar acciones decisivas, pero Cicerón se había cansado de ella y la acusó de estafarle sistemáticamente. Poco después se casó con una joven rica, su pupila Publilia, que se divorció de él casi inmediatamente. En el 46 pronunció un discurso en el Senado alabando el perdón de César a Marcelo, Marco. En febrero del 45 murió su hija Tulia, la esposa de Dolabela, lo que le afligió profundamente. Cicerón publicó un panfleto en alabanza de Catón, enemigo de César, al que este respondió con una refutación. Cicerón defendió a su amigo el rey Deyótaro de Galacia de la acusación de su nieto de haber intentado asesinar a César. Cicerón no tuvo conocimiento previo del complot contra César en marzo del 44, pero se alegró cuando se enteró de su éxito. Esperaba que, con el dictador muerto, la vida política que él había conocido volvería a Roma. Cicerón, como ex cónsul de mayor edad, se puso a la cabeza del movimiento republicano, y pronto empezó a hablar vehementemente contra Antonio, Marco. Gracias a sus Filípicas (una serie de discursos llamados así a imitación de los ataques dirigidos por Demóstenes contra Filipo II), compuestas entre septiembre del 44 y abril del 43, aseguró el decreto del Senado que declaraba a Antonio enemigo público. Durante el verano del 44 había intentado manipular al heredero de César, Octavio, para sus propios fines, pasando por alto el hecho de que Octavio era implacablemente hostil a los asesinos de César. En el 43, tras la derrota de Antonio cerca de Mutina, Octavio marchó sobre Roma y tomó el poder. El triunvirato de Antonio, Octavio y Lépido se creó en noviembre del 43, y Cicerón, ante la insistencia de Antonio, fue incluido entre los proscritos. Octavio no hizo nada por salvarlo. Cicerón fue capturado por los hombres de Antonio cerca de su villa de Formiae, donde le sorprendió el centurión Herennio. Aunque sus criados le sacaron en su litera, antes de llegar al mar mandó parar y presentó su cuello al centurión, que según las órdenes que tenía le cortó la cabeza y las manos, las cuales fueron clavadas en la tribuna de los oradores del Foro romano por disposición de Antonio (7 de diciembre del 43 a.C.). Dejó un hijo, Cicerón, Marco. Cicerón nunca pudo figurar entre los hombres más poderosos o influyentes de su época ya que era un "hombre nuevo" sin una reputación militar y carecía del ejército de clientes que hombres como Pompeyo o César podían dirigir. Por otra parte, fracasó por no saber qué partido escoger: los "populares", que intentaban trabajar por la reforma a través de la Asamblea del pueblo, o los optimates o aristócratas tradicionales, que pensaban con razón que Cicerón no era uno de los suyos. Confió en gran manera en los consejos de Ático y de Catón, los dos hombres a los que más admiró y respetó. Otro socio fiel fue su esclavo y más tarde liberto Tirón, a quien trató bien y liberó en el 53 y al que dirigió veintiuna cartas que se conservan. Su carácter fue vanidoso, auto-complaciente y desconfiado, pero, pese a todo, genuinamente devoto de las instituciones republicanas, como Augusto observó más tarde, Cicerón fue un buen hombre que amó a su patria. Aprovechó su condición de "defensor" (pro...) o "fiscal" (contra Verres, contra Catilina...), según los casos, para dar a conocer su idea del Estado y sus posibles alternativas. Así, en el pro Cluentio expone su famosa teoría de la Concordia Ordinum como solución a los desórdenes y arbitrariedades que provoca la lucha política por el control del poder. En el pro Cornelio establece las diferencias entre los populares y los optimi, estos últimos siempre una minoría (pauci). De este modo Cicerón, en vez de proponer un nuevo "modelo" de gobierno, se reclamaba defensor de un estado aristocrático "ideal", basado quizá en la "res publica" aristocrática ya inexistente. Esta posición ideológica se corresponde con las medidas políticas puestas en práctica durante su consulado del año 63. Cicerón es recordado sobre todo por el enorme legado literario que dejó al mundo. Había estudiado en Atenas, Alejandría y Rodas. Su formación filosófica fue ecléctica y ésta fue también su intención al escribir: armonizar las doctrinas de los mayores filósofos antiguos y de las principales escuelas (académica, peripatética y estoica) en una síntesis que insistía en los problemas morales. A la única escuela a la que opuso sus duras críticas fue el epicureísmo, por considerar que su mecanicismo eliminaba la libertad humana y porque su ética le parecía demasiado lejana de la moral tradicional romana. Las obras de Cicerón, aunque carentes de originalidad, tienen un doble mérito: haber difundido la filosofía griega en la cultura romana (transmitiendo innumerables datos muy útiles para la historia), y haber transcrito en lengua latina los conceptos del pensamiento griego, dando así origen a una tradición terminológica que ha llegado a nuestros días. Sus obras, la mayoría de ellas conservadas, pertenecen a los siguientes géneros literarios: discursos, cartas, tratados sobre retórica y obras filosóficas. Escribió ochenta y cinco discursos que han llegado hasta nosotros más o menos intactos; otros cuarenta y ocho son conocidos aunque se hayan perdido. La mayoría son discursos en defensa de un cliente, como sus alegatos a favor de Murena, Milón, Celio Rufo, Sestio, Plancio y otros. Unos pocos fueron discursos de acusación, de los que los más famosos fueron aquellos contra Verres. Escribió también significativos discursos políticos, como sus invectivas contra Catilina (Las catilinarias) y las destructivas Filípicas contra Antonio. Sus cartas, de las que conservamos más de 800, fueron escritas en toda clase de situaciones, y abarcan desde la cuidadosa y política, hasta la nota imprudente escrita a toda prisa para un amigo. Son sobre todo fascinantes por ser revelaciones genuinas de la mentalidad de un hombre que estuvo en el centro de los hechos de un período revolucionario de la historia. La mayoría eran de carácter privado y sincero, no pensadas para ser publicadas. Abarcan un período de veintiséis años y se publicaron tras su muerte en cuatro grupos: los dieciséis libros de Cartas a Ático se publicaron probablemente durante el reinado de Nerón, fueron conocidas por Nepote, Cornelio que escribió una Vida de Ático. Los dieciséis libros de Cartas a los amigos (Epistolae ad familiares) fueron publicados por Tirón en el período augústeo. Hay veintisiete Cartas a su hermano Quinto y una colección de veinticinco cartas de su correspondencia con Bruto en el 43 a.C.. Los siete tratados retóricos de Cicerón incluyen un trabajo de juventud, De la invención oratoria, y un grupo escrito tras la creación del primer triunvirato: Sobre el orador, Bruto, El orador, De los oradores perfectos, De las partes del discurso y Tópicos. En estos tratados, Cicerón tenía mucho que decir sobre el aprendizaje y el arte de la oratoria, y ofrece una amplia crítica de los exponentes de este arte, tanto del pasado como contemporáneos a él. Sus obras filosóficas se pueden dividir en dos partes: la primera es filosofia política, escrita a mediados de los 50, e incluye Sobre la república y Sobre las leyes, ambas escritas en forma de diálogo y muy bien conservadas; la primera contiene El sueño de Escipión, y la segunda es una exposición de la doctrina estoica. La segunda parte, una serie de trabajos escritos en un breve período de tiempo entre febrero del 45 y noviembre del 44, muestran una aproximación más teológica y ética. Aquí podemos observar su gran habilidad de estilo, especialmente en Las Tusculanas. Pero como él mismo admitió en la introducción a sus Deberes (De officiis), no estaba suficientemente cualificado como filósofo. Ésta es quizá la obra más original, y en ella se esfuerza en demostrar que lo útil no está nunca en contradicción con lo honesto, es decir, con la virtud y con el deber. Cicerón creía así conciliar las elaboraciones conceptuales de los filósofos griegos con la sabiduría práctica romana. Una de sus principales motivaciones en esa época para su actividad filosófica fue la pena por la muerte de su hija (sobre lo cual escribió una Consolación, perdida, dirigida a sí mismo). Los Deberes, un tratado sobre moral influido por los estoicos y basado en un trabajo de Panecio, fue escrito para su hijo Marco, mientras este estudiaba en Atenas. La obra titulada De la Gloria, un encomio de Catón, se perdió. Escribió también Sobre la vejez y Lelio o Sobre la amistad, ambos conservados. Su libro De los verdaderos bienes y verdaderos males (De finibus honorum et malorum) es una búsqueda del supremo bien. Sus especulaciones teológicas se encuentran contenidas en su De la naturaleza de los dioses, que sigue al estoicismo, y en De la adivinación, donde abandona el estoicismo en favor de un paganismo más básico. En Del destino, Cicerón admite, en contra del estoicismo, la posibilidad del libre albedrío. Sus estudios de la filosofía académica con Filón le condujeron a un cierto escepticismo y animaron su eclecticismo: bajo esta influencia escribió Los académicos, originariamente dos libros titulados Cátulo y Lúculo. También se conserva su traducción de parte de los Fenómenos de Arato, que leyó Lucrecio. Ver, Catilina, Clodio Pulcher.

Cicerón

Marco Tulio (Marcus Tullius Cicero) (siglo I a.C.). Único hijo varón de Cicerón y Terencia, nacido en el 65 a.C.. Su padre lo llevó consigo a Cilicia en el 51. Sirvió con Pompeyo en Grecia en el 49 con éxito como jefe de caballería. César lo perdonó tras la batalla de Farsalia en el 48, y Marco quiso servir en el ejército de César, pero su padre lo envió a Atenas para que estudiara filosofía con Cratipo. Marco estaba molesto con su padre y parece que tenía tendencia a enfermar y a beber en exceso. Tras el asesinato de César, sirvió con Bruto en Macedonia como tribuno militar; la derrota de los republicanos en Filipos le llevó a buscar el servicio bajo las órdenes de Pompeyo, Sexto en Sicilia, pero en el 39 se valió de la amnistía para volver a Roma. Octavio, sintiéndose quizá culpable del destino que había sufrido su famoso padre, lo promocionó y fue elegido Pontifex, y en el 30 fue colega de Octavio como cónsul sufecto por uno o dos meses. Durante ese tiempo le llegó la noticia oficial de la muerte de Antonio y se le encomendó la tarea de destruir las estatuas de este. Poco más tarde fue gobernador de Siria y es posible que gobernara Asia, pero no se sabe nada más sobre él.

Cicerón

Quinto Tulio (Quintus Tullius Cicero) (102-43 a.C.). Era el hermano menor de Cicerón, con quien se educó y a quien acompañó a Atenas en el 79. En el 69 se casó con la hermana de Ático, Pomponia, con quien mantuvo una difícil relación. Se embarcó en la carrera senatorial siendo edil en el 65 y pretor en el 62, estando su hermano en el poder en cada ocasión que tuvieron lugar las elecciones. Gobernó la provincia de Asia del 61 al 59 y más tarde sirvió con Pompeyo en Cerdeña en el invierno del 57-56 y con César en la Galia del 54 al 51, donde tomó parte en peligrosas operaciones (Ambiorix). En el 51 acompañó a su hermano a Cilicia, donde era gobernador, llevando con él a su hijo Quinto. Actuó como legado, dirigiendo el ejército y aportando la experiencia militar de la que carecía su hermano. Se unió a Pompeyo en la guerra civil y fue perdonado por César después de Farsalia. Fue a Asia con César y con su hijo (Ver, Cicerón, Quinto Tulio) e intentó envenenar la mente de César contra Marco Antonio. En el 43 fue traicionado por sus esclavos y asesinado en las proscripciones de Marco Antonio. Cicerón escribió algunas tragedias, que no han llegado hasta nosotros, así como una extensa carta a su hermano sobre el arte de la solicitud titulado Commentariolum petitionis consulatus, que se refiere a la campaña de Cicerón para ser elegido cónsul para el 63. Se conservan, sin embargo, una colección de cartas dirigidas a él por su hermano.

Cicerón

Quinto Tulio (Quintus Tullius Cicero) (ca.67-43 a.C.). Hijo de Cicerón, Quinto Tulio, el hermano menor del famoso Cicerón. Víctima del infeliz matrimonio de sus padres. Fue con su primo a Cilicia mientras su tío Cicerón, Marco Tulio era gobernador allí en el 55 a.C.. Al igual que su padre, apoyó a Pompeyo en Farsalia y fue perdonado por César marchando con su padre a Asia. Fue lupercus con Antonio, Marco en Roma en febrero del 44 a.C., cuando este ofreció a César una corona. Compartió el destino de su padre.

Cices

Cíos (ciudad de Bitinia, en la costa meridional de la Propóntide, al noreste de Mirlea, en el golfo de Cíos (Cianus Sinus), situada en la desembocadura del río que ….).

Cichiro

o Ciquiro. Hijo de un rey de Caonia, que mató en la caza a Pantipa, su amante, a la cual tomó por una pantera, y desesperado se lanzó de lo alto de una roca. Se edificó en aquel lugar una ciudad que llevó su nombre.

Cichyrus

o Kichyros o Éfira o Ephyra. Capital de la antigua Tesprocia, Epiro, al noroeste de Casopa. Tucídides la sitúa en el distrito de Eleátide de Tesprocia, lejos del mar, dominando el puerto de Quimerio. Los primeros asentamientos son de la Edad de Bronce y en el siglo XIV a.C. de colonos, muy probablemente de Caonia y de la región occidental del Peloponeso. La ciudad se encuentra a unos 800 m al norte de la unión del río Cocito con el Aqueronte, y a unos 4,5 km al este de la bahía de Ammoudia. Cerca de allí estaba la salida al mar del lago Aquerusia. Estrabón da la misma información y agrega que en su tiempo Ephyra se llamaba Kichyros. En su entorno está el famoso Necromanteion "Oráculo de los Muertos". La ubicación de Cichyrus está confirmado por la excavación del antiguo oráculo de los muertos, Necromanteion, en la colina de Agios Ioannis, cerca de la aldea de Mesopotamo, a 150 m al norte de la unión del Cocito con el Aqueronte. Los restos de tres antiguos circuitos murales se conservan en la colina de piedra caliza de Xylokastro. Los hallazgos dentro de la acrópolis, principalmente fragmentos de cerámica de alfarería local de la Edad del Bronce y cerámica micénica, junto con la adoración de la diosa ctónica Perséfone. Después de la rendición de las colonias eleas en Kassopaia a Felipe II de Macedonia en 343-342 a.C., y su sometimiento a los tesprotianos, Ephyra parece haber vuelto a su nombre original, Kichyros, que se había mantenido vivo en algún asentamiento vecino de Tesprocia. Algunos hallazgos, principalmente de cerámica del siglo I a.C., confirman la declaración de Pausanias de que Kichyros existía en su tiempo. Estrabón dice que Éfira era el nombre antiguo de la población que luego pasó a llamarse Cíquiro. Existían varias ciudades en diversos lugares de la antigua Grecia que llevaban el nombre de Éfira, y había discusión desde la Antigüedad sobre cual de todas debía ser la Éfira citada varias veces por Homero en la Ilíada y la Odisea. Estrabón consideraba que debía identificarse con la Éfira de Élide pero otros autores, como Pausanias, se inclinaban por la Éfira situada en Tesprotia. En la Odisea, Homero cita a Éfira como el lugar donde estaba situado el palacio de Ilo Mermérida y donde podían obtenerse sustancias venenosas. Cichyrus/Ephyra parece ser la ciudad mencionada en dos pasajes de la Odisea. Los ephyri, mencionados en un pasaje de la Ilíada, fueron considerados por Pausanias como los habitantes de la ciudad de Tesprocia, pero Estrabón sostuvo que se refería a la Éfira de Tesalia. Se han hallado restos del santuario denominado Necromanteion. Se trataba de un oráculo en el que los que predecían el futuro eran las almas de los muertos. Este santuario ya fue mencionado por Homero en la Odisea. La parte principal de los restos que quedan pertenece al período helenístico. Hoy, los restos de Éfira se encuentran cerca de la actual Ioánina, Grecia. )o( MITOLOGÍA.- Se decía que Neoptólemo había arribado en Kichyros (Ephyra) a su regreso de Troya y Odiseo estuvo antes de partir hacia Troya para obtener veneno para sus flechas. Teseo y Pirítoo vinieron a arrebatar a Perséfone, esposa de Aidoneus, rey de Ephyra. Estos no eran sino Perséfone y Hades, los dioses del inframundo, que tenían un santuario y un oráculo en Ephyra. Fue tomada por Heracles en el primer año de habitar este héroe en la corte de Tesalia. Heracles combatió contra los tesprocios y conquistó Éfira, que estaba gobernada por Filante y se unió amorosamente con su hija Astíoque, con la que tuvo un hijo, Tlepólemo, que se convirtió en rey de Rodas. Tiestes vino buscando a su hermano Atreo pero no estaba; sí la hija de Tiestes, Pelopia, a quien no reconoció y tomó como esposa. Su unión incestuosa alumbró a Aegisthus o Egisto. También se decía que Éfira era el lugar donde había ido a parar Neoptólemo tras regresar de la guerra de Troya, puesto que no había podido llegar a Esciros. De Éfira procedían los descendientes de Fidipo y Ántifo, los hijos de Tésalo que invadieron desde allí Tesalia, a la que dieron el nombre de su ascendiente.

Ciciceno

Moneda de oro acuñada en Cizico, cuyo valor era de unas 28 dracmas. Circulaba, sobre todo, entre los griegos de Asia Menor.

Cícico

Cícico es un héroe de la Propóntide, en la costa asiática. Rey del país de los doliones, descendientes de Posidón. Interviene en la leyenda de los Argonautas, que efectúan en su país una de sus primeras escalas. Cícico pasaba por ser oriundo de la Grecia septentrional. Es hijo de Eneo (que lo es, a su vez, de Estilbe) y de Enete, hija del rey de Tracia, Eusoro. El hijo de Eusoro era Acamante, jefe del contingente tracio que luchaba a las órdenes de los troyanos contra los griegos. En el momento en que entra en la leyenda, es decir, a la llegada de los Argonautas, acababa de casarse con Clite, hija del adivino Mérope. Cícico acogió a los navegantes benévolamente, festejándolos y aprovisionándolos. Pero durante la noche, los Argonautas, que acababan de hacerse a la mar, fueron arrojados de nuevo por la tempestad a la costa recién abandonada por ellos. Los doliones creyeron que los atacaban los piratas y se lanzaron a la lucha contra los Argonautas. Cícico, al acudir en ayuda de sus súbditos, fue muerto por Jasón. A la mañana siguiente, unos y otros se dieron cuenta del error sufrido. Por espacio de tres días, los expedicionarios profirieron lamentos sobre el cadáver del rey; después celebraron en su honor solemnes funerales, al estilo griego, con juegos fúnebres. Presa de desesperación, Clite se ahorcó (Ver, Clite). La ciudad donde había reinado Cícico tomó el nombre de este rey (Ver, Argonautas).

Cícico

Cizico (ciudad de Misia en la orilla meridional de la Propóntide).

Cicineto

Isla griega del golfo de Págasas, en el Egeo. Es mencionada por Pseudo-Escílax. Estrabón dice que Artemidoro situaba allí una ciudad, pero no aporta datos adicionales sobre ella. Hoy, Paleo Trikeri, en el golfo Pagasético, Grecia.

Cicinia

Diosa de la disolución.

Cicinis

Baile griego llamado así de su inventor, otro de los sátiros de la comitiva de Baco. Era entre grave y alegre, a semejanza de nuestras chaconas.

Cicisio

Ciudad griega de Élide. Estrabón ubica en sus inmediaciones una fuente llamada Bisa y menciona que era la mayor de las ocho ciudades del distrito de Pisátide, que estaba situada en su parte norte y que se encontraba cerca de Ferea, una ciudad situada ya en la región de Arcadia.

Ciclada

Vestido lujoso romano, femenino. Era una ligera túnica adornada con anchas franjas de oro y púrpura, horizontales y bajas. Verticalmente se disponía una faja ornamental desde el cuello a los pies. Se colocaba como el himatión. Ver, Vestido, calzado y complementos.

Cícladas

Archipiélago griego situado en el centro del mar Egeo. Con su nombre, derivado de la palabra griega que significa "círculo", los antiguos geógrafos hacían referencia a la peculiar distribución del archipiélago, que parece extenderse como un círculo en torno a la sagrada isla de Delos, patria de los dioses Apolo y Ártemis, en contraposición al resto de las islas del Egeo a las que llamaron Espóradas "dispersas". Las Cícladas comprenden alrededor de doscientas veinte islas, siendo las principales, ordenadas por tamaño: Naxos, Andros, Paros, Tinos, Milo, Ceos, Amorgos, Íos, Citnos, Miconos, Siros, Santorini (antigua Thera), Serifos, Sifnos, Síkinos, Anafi y otras doscientas islas menores, de las cuales hay que destacar por su importancia histórica y arqueológica la isla de Delos. Las islas son la cuna de la civilización cicládica, datada entre el final del neolítico y los primeros tiempos de la Edad del Bronce, aproximadamente entre los años 3.300 al 2.000 a.C.. La cultura cicládica es conocida por sus estatuillas femeninas, de formas esquemáticas y planas, esculpidas en mármol puro de las islas.

Cícladas

Ninfas transformadas en islas del mar Egeo, por no hacer querido hacer sacrificios a Neptuno.

Cicládico

Así se denomina al período histórico y su producción en las islas Cícladas, entre 2.600 y 1.600 a.C. aproximadamente. Ver, Edad del Cobre.

Cicleo

Héroe de los plateos, a quien sus compatriotas honraron como una divinidad. La sacerdotisa de Apolo Pitio fue quien se lo mandó durante la guerra contra los medos.

Cicliadas

(siglo III a.C.). General griego. Sucedió a Filopémenes como general de la Liga Aquea.

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