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Página 351 - 1322 Palabras 17501 al 17550 de 66095

Palabra   |   Descripción

Clesónimo

Clesónimo es hijo de Anfidamante, de Opunte. Siendo niño, un día que jugaba con Patroclo, muy joven también, fue muerto accidentamente por su compañero. A consecuencia de este homicidio involuntario, Patroclo hubo de salir de Opunte, y su padre lo confió a Peleo, en Ptía, el cual lo educó junto con su hijo Aquiles. Tal es el origen de la amistad que unió a los dos héroes.

Cleta

Una de las Gracias, según los lacedemonios, los cuales no admitían más que dos. Ver, Faenna.

Clete

Con Eurotas, fue la madre de Esparta.

Clete

Ciudad de Italia meridional cuya ubicación e historia se desconoce.

Clete

Clete es la nodriza de la reina de las Amazonas, Pentesilea, también ella amazona. A la muerte de Pentesilea ante Troya, quiso volver a su patria, pero la tempestad la arrojó a Italia meridional, donde fundó la ciudad de Clete (tal vez vecina de la de Caulonia, que recibió su nombre de Caulón, su hijo (Ver)). Más tarde pereció en un combate contra los habitantes de Crotona, que se anexionaron la ciudad.

Cleto

Anacleto I ((san). Papa que ocupó el trono de san Pedro del 76 al 88. Sucedió a san Lino y fue el tercero en ….).

Cletor

Ciudad de Arcadia. Habitantes, cletorios. Hoy, en Grecia.

Clevo

Glevum (fuerte romano de Britannia, que fue probablemente la capital de la provincia Britannia Secunda durante el siglo IV. Existe alguna evidencia de que ….).

Clevora

Localidad romana en la orilla derecha del Danubio. Hoy, Mihajlovac, municipio de Negotin, Serbia.

Clevsi

Clusium (ciudad de Etruria, a 160 km de Roma, en la región de Val di Chiara. La antigua Camars fue una ciudad úmbrica que cayó en manos de los etruscos, quienes ….).

Clianto

Hijo de Leos.

Clíaro

Nombre antiguo del río Ganges.

Clibanarii

Era una unidad militar del Imperio romano de Oriente, de jinetes pesados armados de forma similar a los catafractos.

Clíbano

Especie de coraza que usaban los soldados persas.

Clibanus

Nombre que da Plinio a un monte del Brutio. Hoy, posiblemente el monte Gariglione, provincia de Cosenza, región de Calabria, Italia.

Clicíadas

Familia de adivinos que decían descender de Clicio. Ver, Adivinación.

Clidánope

En alguna tradición se la hace esposa de Hipseo, en lugar de Trica.

Clidemo

o Clitodemo (siglo IV a.C.). Fue uno de los más antiguos atidógrafos, tras Helánico, con su obra Atthis, que constaba de cuatro libros de los que quedan unos veinticinco fragmentos y tenía pretensiones literarias: los dos primeros, los más citados, trataban de la colonización del Ática, el período de la monarquía y de los acontecimientos de la época de Pisístrato. Seguramente su narración se extendía hasta la Guerra del Peloponeso y los acontecimientos cercanos a su propio tiempo. Clidemo fue también un exégeta y escribió un libro sobre ritos religiosos.

Cliente

Hombre libre que había establecido una relación de mutua dependencia con un patrono más rico y poderoso que él dentro de la sociedad romana. Esta clase de vínculo era hereditario y recíproco. El cliente estaba obligado a la obediencia, al respeto y a prestar su ayuda material, bien en forma de servicio militar o de jornadas de trabajo en las tierras del patrono. La obediencia y el respeto se ponían de manifiesto en la obligación de acudir todas las mañanas a la puerta del patrono para saludarlo y en prestarle todo el apoyo político mediante los votos. Por su parte, el patrono garantizaba la seguridad del cliente y su protección jurídica. Parece que el término está relacionado etimológicamente con el verbo latino cluere "obedecer". La clientela estaba reconocida en el código de las Doce Tablas como un vínculo legal. Con el tiempo y la extensión de las conquistas romanas, la clientela se convirtió en un vínculo de fidelidad política entre individuos particulares o entre Estados y reyes que gozaban de la amistad y protección de Roma. Un "rey cliente" era nominalmente el gobernante de su reino, pero en la práctica estaba bajo el control de Roma, incluso en el aspecto militar y en lo relativo a las relaciones exteriores. Ver, Clientela, Patronato.

Clientela

En la composición de la familia arcaica, la recíproca necesidad que el pobre tiene del rico y el rico del pobre, creó a los servidores. En esta especie de régimen patriarcal, servidores o esclavos es lo mismo. El principio de un servicio libre y voluntario, pudiendo cesar a capricho del servidor, no puede concordar con un estado social en que la familia vive aislada. Por otra parte, la religión doméstica no permite que en la familia se admita a un extraño. Es necesario, pues, que el servidor se trueque por cualquier medio en miembro y parte integrante de esa familia. A esto se llega por una especie de iniciación del recién llegado al culto doméstico. Una curiosa costumbre que subsistió mucho tiempo en las casas atenienses nos dice cómo entraba el esclavo en la familia. Se le hacía acercarse al hogar para ponerlo en presencia de la divinidad doméstica, se le vertía en la cabeza el agua lustral, y compartía con la familia algunas tortas y frutas. Esta ceremonia era análoga a la del casamiento y la adopción. Significaba indudablemente que el recién llegado, extraño en la víspera, sería en adelante un miembro de la familia y participaría de su religión. Por ello, el esclavo asistía a las oraciones y participaba en las fiestas. El hogar le protegía, la religión de los dioses lares le pertenecía tanto como a sus amos; por ello debía enterrársele en el lugar de la sepultura de la familia. Pero lo mismo que le hacía adquirir el culto y el derecho de orar le hacía perder su libertad. La religión le retenía quedando incorporado a la familia para toda la vida, y aun en el tiempo posterior a su muerte. Su amo podía hacerlo salir de la baja esclavitud y tratarlo como a hombre libre, pero el servidor no se liberaba por ello de la familia. Como estaba ligado por el culto, no podía separarse de ella sin impiedad. Con el nombre de liberto o de cliente, continuaba reconociendo la autoridad del jefe o patrono y no cesaba de tener deberes con relación a él. Sólo se casaba con autorización del amo, y los hijos que le nacían continuaban obedeciendo a éste. De esta manera se formó en el seno de la gran familia cierto número de pequeñas familias clientes y subordinadas. Los romanos atribuyeron a Rómulo el establecimiento de la clientela, como si una institución de esta naturaleza pudiera ser obra de un hombre. La clientela es más antigua que Rómulo y existió en todas partes, en Grecia al igual que en Italia. No fueron las ciudades quienes la establecieron y regularon. Al contrario, fueron ellas quienes la redujeron y destruyeron poco a poco. La clientela fue una institución del derecho doméstico y existió en las familias antes de que hubiese ciudades. No conviene juzgar la clientela de los primeros tiempos por los clientes que vemos en tiempos de Horacio. Es claro que el cliente fue durante mucho tiempo un servidor afecto al patrono, pero entonces tenía algo que constituía su dignidad y fue que tomaba parte en el culto y que estaba asociado a la religión de la familia. Tenía el mismo hogar, las mismas fiestas, los mismos sacra que su patrono, y en señal de esta comunidad religiosa adoptaba en Roma el nombre de la familia, considerándosele como un miembro gracias a la adopción. De ahí el estrecho lazo y la reciprocidad de deberes entre el patrono y el cliente. Oigamos a la vieja ley romana: "Si el patrono ha hecho agravio a su cliente, que sea maldito, "sacer esto", que muera". El patrono debía proteger al cliente por todos los medios y con todas las fuerzas de que disponía, con su oración como sacerdote, con su lanza como guerrero, con su ley como juez. Más tarde, cuando la justicia de la ciudad reclame al cliente, el patrón deberá defenderlo y hasta deberá revelarle las misteriosas fórmulas de la ley que puedan hacerle ganar su causa. Se podrá servir de testigo contra un cognado (Ver, Agnación), pero no contra un cliente, y seguirán considerándose los deberes respecto a los clientes como muy superiores a los que nos unen con los cognados. La razón es que un cognado, ligado sólo por las mujeres, no es un pariente ni toma parte en la religión de la familia. El cliente, por el contrario, posee la comunidad del culto y, por inferior que sea, participa del verdadero parentesco, que consiste en adorar a los mismos dioses domésticos, según la expresión de Platón. La clientela es un lazo sagrado que la religión formó y que nada puede romper. Una vez cliente de una familia, ya no es posible separarse de ella. La clientela de esos tiempos primitivos no fue una relación pasajera y voluntaria entre dos hombres, sino que fue hereditaria, se era cliente por deber, de padres a hijos. Han llegado hasta nosotros dos testimonios que avalan lo dicho: uno por conducto de Plutarco, otro por medio de Cicerón. C. Herennio, llamado como testigo contra Mario, alega que es contrario a las reglas antiguas que un patrono deponga contra su cliente, y, como causase aparente sorpresa que Mario fuese calificado de cliente habiendo sido ya tribuno, añadió que, en efecto, "Mario y su familia eran de muy antiguo clientes de la familia de Herennio". Los jueces admitieron la excusa; pero Mario, que no se resignaba a quedar reducido a esta situación, replicó que el día en que se le había elegido para una magistratura había quedado libre de la clientela; "lo que no era completamente cierto, añade el historiador, pues no todas las magistraturas eximían de la condición de cliente: sólo las magistraturas curules gozaban de este privilegio" (Plutarco, Vida de Mario, 5). La clientela era, pues, excepto este único caso, obligatoria y hereditaria; Mario lo había olvidado; los Herennios lo recordaban. Cicerón menciona un proceso debatido en su tiempo entre los Claudios y los Marcelos. Los primeros, a título de jefes de la gens Claudia, pretendían en virtud del derecho antiguo, que los Marcelos eran sus clientes. En vano ocupaban éstos, durante dos ss., el primer rango en el Estado: los Claudios seguían sosteniendo que el lazo de la clientela no habían podido romperlo. Estos dos hechos, salvados del olvido, nos permiten juzgar sobre lo que era la primitiva clientela. Ver, Cliente, Patronato.

Clímata

Latitudes o zonas latitudinales basadas en el máximo de horas de sol. El término significa literalmente "inclinaciones" y se aplicaba para indicar la inclinación del eje del mundo y por tanto la altura del polo celeste por encima del horizonte. Se atribuye su invención a Eudoxo de Cnido en el siglo IV a.C., aunque algunos se inclinan a favor de Eratóstenes, quien hablaba de clímata en el sentido de latitudes seleccionadas, denominadas a partir de determinados lugares en base a la duración del día más largo en ellos. Se dividió así el globo terrestre en diferentes clímata en función de la correlación de los diferentes elementos que varían con la latitud, como la duración de los días, la altura del sol en el solsticio, la elevación del polo y la posición del círculo ártico. A través de la crítica realizada por el geógrafo Ptolomeo a los clímata de la obra de Marino de Tiro, el uso del término pasó con algunas modificaciones a la Edad Media y al Renacimiento.

Climax

Monte de Licia. En la antigüedad, cerca de este monte, podía cruzarse a pie una extensión marina cuando soplaba el viento del norte. Sucedió en ocasión de la llegada de Alejandro Magno y fue considerado un suceso milagroso.

Climax

Desfiladero, distinto del paso utilizado por Alejandro Magno, que va desde el interior a la costa de Pamfilia.

Climax

Ramificación montañosa que venía de Frigia, del Cadmus, que en Pisidia recibía este nombre en el distrito de Milyas.

Climberrum

Elimberrum (localidad romana de la Galia de la tribu de los auscos, en la Novempopulonia).

Clímena

Clímene.

Clímene

Oceánide, esposa de Mérope, rey de Etiopía, con el que tuvo a Pandáreo. Clímene fue seducida por el dios-sol Helios, que la hizo madre de Faetón y de las Helíadas, aunque algunos autores piensan que la madre de éstos era la ninfa Rodo. Otra versión hace de Clímene la esposa legítima de Helios, ignorando la historia de Mérope.

Clímene

Madre de Deucalión, a quien tuvo con Prometeo.

Clímene

Madre de Diomedes, a quien tuvo con Ares.

Clímene

Nombre de la confidente y amiga de Helena, a la que siguió hasta Troya cuando ésta fue raptada por Paris.

Clímene

Según Pausanias, Clímene era el nombre de la madre de Homero.

Clímene

o Asia "la celebrada". Clímene es hija de Océano y de Tetis. Pertenece a la primera generación divina, la de los Titanes. Casada con Jápeto, concibió a Atlante, Prometeo y Epimeteo, así como a Menecio. A veces pasa por ser esposa de Prometeo, en cuyo caso sería la madre de Helén, antepasado de todos los helenos, y de Deucalión. También habría casado con Helio (el Sol), del que habría tenido un hijo, Faetonte, y varias hijas, las Helíades.

Clímene

Una de las Nereidas, hijas de Nereo y Doris. Zeus la hizo madre de Mnemosina o Mnemósine.

Clímene

Hija de Foroneo y hermana de Ctonia.

Clímene

Una de las amazonas más célebres.

Clímene

Nombre de una de las hijas de Minia, rey de Orcómeno. Casó con Fílaco, hijo de Deyón, del cual tuvo dos hijos, Ificlo y Alcímeda, madre de Jasón. Según otros, sería esposa de Céfalo, con quien casó a la muerte de Procris. También se decía que había casado con Yaso, hijo de Licurgo, al cual había dado una hija, Atalanta.

Clímene

Una de las hijas del cretense Catreo. Entregada por éste a Nauplio, tuvo con él tres hijos: Éax, Palamedes y Nausimedonte. Ver, Aérope, Nauplio.

Clímene

Ninfa de Misia que casó con Partenopeo y fue madre de Tlesímenes.

Climeneia Proles

Faetón.

Climeneidas

Hijas de Clímene y hermanas de Faetón.

Clímeno

Clímeno, oriundo de la ciudad de Cidonia, en Creta, e hijo de Cardis, era descendiente de Heracles (del Heracles del Ida, nombre por el cual era conocido en Creta el héroe). Llegó a Olimpia unos cincuenta años después del diluvio de Deucalión, e instituyó allí los juegos. Erigió un altar a los Curetes y a su antepasado Heracles y reinó en el país hasta que Endimión lo despojó del poder. Endimión añadió una prueba de carrera a pie a los Juegos Olimpicos, proponiendo a sus hijos como premio la sucesión al trono (Ver, Endimión).

Clímeno

Héroe beocio, hijo de Presbón. Reinó en la ciudad de Orcómeno después del rey de este nombre, fallecido sin hijos. Fue muerto a pedradas por unos tebanos en el bosque sagrado de Posidón. Para vengar su muerte, su hijo Ergino impuso a los tebanos un tributo, del que los libró Heracles (Ver, Ergino). Este Clímeno tuvo varios hijos: Ergino, Estracio, Arrón, Píleo y Aceo, y una hija, Eurídice, que casó con Néstor.

Clímeno

Rey de Arcadia hijo de Ceneo y esposo de Epicaste de Argos, con la que tuvo una hija especialmente bella llamada Harpálice de la que se enamoró perdidamente. Confabulado con la nodriza de su hija logró satisfacer sus deseos incestuosos, crimen que Harpálice nunca le perdonaría. Al cabo del tiempo la entregó en matrimonio a Alastor, pero se arrepintió inmediatamente, persiguió a su yerno hasta darle muerte y se trajo a su hija de vuelta a casa, tratándola en público como si se tratara de su esposa. Harpálice retuvo su venganza hasta la celebración de unos juegos públicos, en cuya fiesta cocinó a su hermano menor, o al hijo que había tenido del incesto con su padre, y se lo dio para comer. En medio del alboroto que lógicamente se armó, los dioses la transformaron en un ave a petición suya y Clímeno se suicidó ahorcándose.

Clímeno

Hijo de Foroneo, rey de Argos, que fue especial devoto de la diosa Deméter después de que ésta visitara su casa y les enseñara el uso de la agricultura. Junto con su hermana Ctonia fundó el templo de la diosa en Hermíone.

Clímeno

Sobrenombre del dios Hades.

Clímeno

Hijo de Heracles y Mégara, según una de las tradiciones. Construyó un templo a Atenea en Cidonia.

Clímeno

Rey de Beocia, hijo de Helios y padre, con Mérope, de Faetón.

Clímeno

Uno de los compañeros de Fineo, muerto por Odites en las bodas de Perseo.

Clímeno

Uno de los hijos de Eneo, rey de Calidón, y de Altea. Argonauta, según Valerio Flaco. Según alguna tradición era tío de Meleagro. Es considerado generalmente como hermano de este héroe.

Clímeno

Arcadio hijo de Esqueneo, o tal vez de Teleo, rey de Arcadia, se enamoró de su hija Harpálice y, ayudado por su nodriza, consiguió unirse a ella. Después la dio en matrimonio a Alastor, pero, pesaroso, la quitó a su marido y la retuvo abiertamente a su lado. La joven, para vengarse de este atropello, dio muerte a sus hermanos menores o al hijo que había tenido con su padre y los sirvió a Clímeno en una comida. Al saber el plato que su hija le había hecho comer, Clímeno la mató y luego se suicidó. Dícese también que fue transformado en pájaro (Ver, Harpálice).

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