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Palabra   |   Descripción

Cleopatra

(353-? a.C.). Hija de Filipo II de Macedonia y Olimpia y hermana menor de Alejandro Magno. En 336 contrajo matrimonio con Alejandro, rey de Molosia, siendo padres de Neoptolemo, rey de Epiro. En la boda de esta princesa fue asesinado Filipo II. A la muerte de Alejandro de Molosia, Cleopatra gobernó Epiro, país del que fue desposeída por su madre Olimpia, teniendo que regresar a Pella. Casó luego con Leonato, nombrado sátrapa de la Frigia Helespóntica a la muerte de Alejandro Magno. Al morir Leonato, Ptolomeo I anunció su intención de casarse con ella, ya que era la única heredera de Alejandro Magno que aún vivía y representaba un peligro constante para las ambiciones de los Diádocos, ya que todos los aspirantes al trono de Macedonia querían casarse con Cleopatra. La princesa, solitaria en Sardes, aceptó el ofrecimiento de Ptolomeo e intentó abandonar Sardes para reunirse con él, pero se lo impidió el gobernador de la ciudad, a las órdenes de Antígono, que la hizo asesinar por sus criadas, provocando luego la ejecución de éstas, según Diodoro.

Cleopatra

(siglo IV a.C.). Sobrina de Átalo de Macedonia. Última esposa de Filipo II de Macedonia. Filipo había repudiado, acusándola de infidelidad, a Olimpia, su primera esposa, madre de Alejandro Magno, y después de haber contraído matrimonio con muchas mujeres, acabó por casar con Cleopatra (337), lo que motivó uun violento altercado entre Alejandro y su padre. Olimpia se retiró a la corte de su hermano Alejandro de Epiro, y poco después Cleopatra dio a su esposo un hijo, Karanos, y una hija, Europa. Después del asesinato de Filipo, Cleopatra quiso dar el trono al hijo que había tenido con él en perjuicio de Alejandro, pero Olimpia, que había regresado a Macedonia, hizo matar a Europa y obligó a Cleopatra a que se suicidase, aunque, según Pausanias, la hizo tostar a fuego lento. Karanos no sobrevivió mucho tiempo a su madre, pues fue asesinado por orden de Alejandro.

Cleopatra

La más célebre de este nombre es la hija de Bóreas y de Oritía, por otro nombre Cleóbula, hermana de Zetes, Calais y Quíone (Ver, Boréadas). Estuvo casada con Fineo, de quien tuvo dos hijos, Plexipo y Pandión III. Cleopatra fue encarcelada por su marido, y sus hijos, cegados, mientras Fineo tomaba una segunda esposa, Idea, hija de Dárdano. Pero los Argonautas acudieron a liberarla, matando a Fineo, por lo menos, en una de las versiones de la leyenda. Ver, Fineo.

Cleopatra

Hija de Dánao, casada con Agenor.

Cleopatra

Hija de Tros y Calírroe, la hija del dios-río Escamandro. Sus hermanos eran Ilo, Asáraco y Ganímedes.

Cleopatra

Hija de Dánao, casada con Metalces.

Cleopatra

Fue enviada a Ilión por los locrios. Ver, Peribea.

Cleopatra

(ss. II-I a.C.). Hija de Mitrídates VI del Ponto, se casó con Tigranes II el Grande, rey de Armenia.

Cleopatra

Hija de Dánao, casada con Hermo.

Cleopatra Alcíone

Hija de Idas y Marpesa, hija de Eveno. Casó con Meleagro. Muerto su marido, se ahorcó. Llamada Alciona o Alcíone.

Cleopatra Berenice III

(siglo I a.C.). Hija de Ptolomeo X Sóter II Látiro, llamada también Cleopatra. Sucedió a su padre y fue obligada por Sila a casarse con su primo Ptolomeo XII Alejandro II (80), hijo de Ptolomeo XI Alejandro I, y asociarle al trono. A los diecinueve días de matrimonio fue muerta por aquel príncipe, que quería reinar solo y que, a su vez, murió a manos de sus súbditos alejandrinos, según Apiano. Entonces fue proclamado rey Ptolomeo XIII Neo-Dioniso Auletes, hijo bastardo de Ptolomeo X Sóter II Látiro.

Cleopatra I

(ca.215-176 a.C.). Llamada también Sira. Fue reina del Egipto ptolemaico, hija del rey Antíoco III Megas y de Laódice III. Hermana de los reyes de Siria, Seleuco IV y Antíoco IV. Cleopatra I se casó después de la 5ª Guerra siria con el rey de Egipto Ptolomeo V Epífanes, (193), en Rafia, aportando la misma al matrimonio, como dote, las rentas de Celesiria, Fenicia y Samaria. Fue madre de Ptolomeo VI Filométor, de Ptolomeo VIII Evergetes II Fiscón y de Cleopatra II. Viuda desde el 181, pudo gobernar como tutora-regente de su hijo mayor, Ptolomeo VI, hasta el 176, fecha de su muerte. La política de Cleopatra I fue en general pacífica, sabiendo mantener las distancias tanto con los seleúcidas como con Roma. En Ptolemais sus hijos le levantaron un templo, llegando a contar en el 165 con sacerdotisa propia, dedicada a su culto.

Cleopatra II

(ca.185-115 a.C.). Reina egipcia del Período Helenístico Ptolemaico y de la Dinastía Lágida (305-30). Hija de Ptolomeo V Epífanes y de Cleopatra I. Se casó en el 175 con su hermano Ptolomeo VI Filometor, de quien fue corregente desde el 170 al 164, juntamente con su también hermano menor Ptolomeo VIII Evergetes II Fiscón, y después sólo de Ptolomeo VI hasta la muerte de éste en el 145. De la reina regente nacieron Ptolomeo Eupator, luego rey de Chipre, Cleopatra Thea, Cleopatra III Evergetes y Ptolomeo VII Neo-Filopátor, que accedería al poder al morir su padre, bajo la regencia de Cleopatra II. Por razones de política interna (sublevación de Alejandría) y de ambición personal, la reina regente optó por casarse con su hermano Ptolomeo VIII (144) , hombre sanguinario y cruel, ofreciéndole compartir el reino entre los tres. Estos deseos no se cumplieron, pues Ptolomeo VIII, al saber luego que la reina Cleopatra II se hallaba encinta de él, no dudó en asesinar al joven Ptolomeo VII para así dejar el camino libre a su propio futuro hijo. Cleopatra II hubo de aceptar el crimen y someterse a su esposo-hermano. Sin embargo, el veleidoso Ptolomeo VIII repudió luego a Cleopatra II y contrajo nuevas nupcias (142) con su propia sobrina, pues era hija de Cleopatra II y de Ptolomeo VI, llamada Cleopatra III, mujer de enorme ambición. Este matrimonio, denunciado por Cleopatra II como ilícito, originó un período de enfrentamientos familiares y sociales. Tras la huida de Ptolomeo VIII y su sobrina-esposa a Chipre, el vil asesinato de Ptolomeo Menfites, el hijo de Cleopatra II y de Ptolomeo VIII, a manos del propio padre y el episodio de la reina Cleopatra II en Siria, a donde había acudido a pedir ayuda a su yerno Demetrio II Nicátor a cambio de ofrecer la corona de Egipto, se produjo la reconciliación familiar, pues pudo más la ambición que cualquier otro sentimiento. En el 124, según testimonian las inscripciones y los bajorrelieves, se volvió a la regencia conjunta de las dos reinas, madre e hija, y del cruel Ptolomeo VIII, el esposo de ambas. Pocos años más tarde, en el 115, tras la muerte de Ptolomeo VIII, Cleopatra II gobernó con su hija y con su nieto, Ptolomeo X Filómetor II Sóter II, hasta el final de sus días.

Cleopatra III

(siglo II a.C.). Reina de Egipto, hija de Ptolomeo VI Filométor y de Cleopatra II y hermana de Cleopatra Tea. Reina de Egipto, hija de Ptolomeo VI Filometor y de Cleopatra II. Mediante su matrimonio con Ptolomeo VIII Evergetes II Fiscón, tío suyo y marido de su madre, a la que había repudiado para unirse a ella, Cleopatra III logró cumplir su ambición de llegar a ser reina de Egipto. Para ello hubo de vivir no pocas experiencias amargas (asesinatos, sublevación de Alejandría contra su esposo por el asesinato de toda la juventud de aquella ciudad, huida y exilio a Chipre), pero todo lo superó dada su desmesurada ambición. En el año 124 llegó a ser corregente a un tiempo con su madre y esposo, que se habían reconciliado políticamente. Cleopatra III fue madre de cinco hijos: Ptolomeo X, Sóter II Látiro, Ptolomeo XI Alejandro I, Cleopatra IV, Cleopatra Trifene y Cleopatra V Selene. A partir de la muerte de su esposo Ptolomeo VIII (116), a quien había exigido en el lecho de muerte que la nombrara heredera, gobernó, pues así lo exigía el testamento de su esposo, con su hijo Ptolomeo X, casado con su propia hermana Cleopatra IV, obligándole poco después, por razones de envidia, a que la repudiara y se casara con su otra hermana Cleopatra V Selene. Estos manejos y la falsa acusación de que quería matar a su madre obligaron a Ptolomeo X a huir a Chipre, desde donde actuó para combatir a la reina Cleopatra III aunque sin éxito. En el año 107, la reina asoció al trono a su otro hijo Ptolomeo XI, a quien tampoco pudo manejar a su antojo, viéndose también este hijo obligado a exiliarse poco tiempo después. Llamado a Egipto, no dudó en asesinar a su madre en el año 101, según cuenta el historiador Justino, antes de que Cleopatra III le diera muerte.

Cleopatra IV

(siglo II a.C.). Hija de Ptolomeo VIII Evérgetes II Fiscón y de Cleopatra III. Hermana de Cleopatra Trifena y de Cleopatra V Selene. Mujer de su hermano Ptolomeo X Sóter II Látiro, que la repudió para contraer matrimonio con su hermana Cleopatra Selene. Obligada a abandonar Egipto, Cleopatra IV pasó a Chipre en donde reclutó un ejército y ofreció su mano a Antíoco IX Ciciqueno, tío suyo, con la esperanza de tomar venganza de su esposo. Su nuevo marido se hallaba por aquel entonces en guerra con su hermano Antíoco VIII Gripo, que le disputaba el trono de Siria y que tenía por mujer a otra hermana de Cleopatra IV, llamada Cleopatra Trifena. Tras ser derrotado Antíoco IX Ciciqueno, Cleopatra IV cayó en poder de su hermana en Antioquía, la cual, inmisericorde, la hizo asesinar en el templo de Ártemis.

Cleopatra la Alquimista

(ss. III-IV). Alquimista y escritora del Egipto romano. Las fechas de su nacimiento y muerte se desconocen, pero se la sitúa en Alejandría entre los siglos III y IV. También se desconoce su nombre real, Cleopatra era su pseudónimo. Cleopatra fue una de las figuras fundadoras de la alquimia, precediendo a Zósimo de Panópolis. Se la menciona como una de las cuatro mujeres que sabía como obtener la piedra filosofal, junto a María la Judía, Medera y Taphnutia. Se menciona a Cleopatra con gran respeto en la enciclopedia árabe Kitab al-Fihrist de 988. Se la reconoce principalmente por su manuscrito Chrysopeia (fabricacion del oro), que contiene muchos emblemas usados y desarrollados posteriormente por las filosofías gnóstica y hermética. Por ejemplo en esta obra aparece por primera vez el uróboros, la serpiente que engulle su propia cola símbolo del ciclo etemo; además de la estrella de ocho puntas. La obra también contiene varias descripciones y dibujos de los procesos técnicos del horno de fundición o la destilación. Algunos le atribuyen la invención del alambique.

Cleopatra Selene

"la Luna" (40 a.C.-?). Hermana gemela de Alejandro Helios. Hija de Cleopatra VII Tea Filopator y Marco Antonio. Muertos sus padres, fueron conducidos a Roma a adornar el triunfo de Octavio. Octavia, esposa legítima de Antonio, los acogió y los educó como hijos suyos. Octavio la casó con Juba II, rey de Numidia. Cuando Numidia fue anexionada como provincia romana, fueron trasladados a Mauritania. Tuvo dos hijos. Uno de ellos fue Ptolomeo el Mauritano.

Cleopatra Tea

(siglo II a.C.). Reina de Egipto, hija de Ptolomeo VI Filométor y de Cleopatra II. Su padre, aprovechó las disensiones internas que sobrevinieron en el reino de Siria tras la muerte de Antíoco IV (164) para intervenir en las mismas, apoyando primero al usurpador Alejandro Balas, al que dio a Cleopatra en matrimonio. Más adelante, en cambio, apoyó a Demetrio II Nicátor dándole en matrimonio a esta misma Cleopatra, casada hasta entonces con Alejandro Balas. En el 140, en una campaña contra los partos, Demetrio fue capturado y mantenido prisionero durante diez años. Mitrídates, rey de los partos, sin embargo, se mostró clemente con el prisionero, a quien casó con una hija suya, Rodoguna. Ella ofreció entonces su mano y su trono a Antíoco VII Sidetes, hermano de Demetrio, mandó matar a este a su vuelta, así como también a Seleuco, el mayor de los hijos que de él había tenido. Dió entonces la corona a otro de los hijos habidos con Demetrio, Antíoco VIII Gripo, pero reservándose toda la autoridad. No tardó mucho el joven rey en mostrarse descontento del yugo a que estaba sujeto, y enterada Cleopatra de ello decidió envenenarle, preparando al efecto una copa con un brebaje que había de beber su hijo, pero advertido Antíoco, hizo beber primero á su madre que murió 121 a.C.. Dejó otro hijo que había tenido con Antíoco VII, Antíoco IX Cícico.

Cleopatra Trifaina

Cleopatra VI Trifena ((siglo I a.C.). Hija de Cleopatra III y de Ptolomeo VIII Evérgetes II Fiscón).

Cleopatra V Selene

(siglo I a.C.). Hija de Ptolomeo VIII Evérgetes II Fiscón y de Cleopatra III, y hermana también de Cleopatra IV. Mujer de su hermano Ptolomeo X Sóter II Látiro, de Antíoco VIII Gripo, Antíoco IX Ciciqueno y de Antíoco X Eusebes. Gobernó durante la menor edad de sus hijos, desde el año 80 hasta el 70 a.C., y fue muerta por Tigranes, rey de Armenia. Fueron sus hijos Antíoco XIII el Asiático y Seleuco Cibiosactes.

Cleopatra VI Trifena

o Trifaina (siglo I a.C.). Hija de Cleopatra III y de Ptolomeo VIII Evérgetes II Fiscón. Hermana de Cleopatra IV y de Cleopatra V Selene. Casada con Antíoco VIII Filométor Gripo. Por circunstancias políticas y fallecimiento de los componentes directos de la dinastía Lágida casó con Ptolomeo XIII a fin de legitimar en el trono a éste. De tal matrimonio tuvo dos hijos, Ptolomeo XIV y Ptolomeo XV, y tres hijas, Berenice IV, Cleopatra VII y Arsínoe IV.

Cleopatra VII

(69-30 a.C.). Faraón del Período Helenístico Ptolemaico y de la Dinastía Lágida (305-30), que reinó entre 51-30. Conocida como Cleopatra Thea Philopator. Fue la más famosa reina de Egipto, hija de Ptolomeo XIII Neo-Dioniso Auletes y de Cleopatra VI Trifene. Tras la muerte de su padre (51), y como resultado de su testamento, Cleopatra se convirtió en corregente con su hermano pequeño Ptolomeo XIV Dioniso II. Ambos apoyaron a Pompeyo en su guerra contra César y le suministraron barcos y víveres. En el 48 fue expulsada por Pothino y Aquilas, tutores de Ptolomeo, y huyó a Siria, pero cuando César llegó a Egipto en persecución de Pompeyo, a quien los hombres de Ptolomeo habían asesinado, ella se introdujo a escondidas hasta su presencia envuelta en un rollo de tela. Cleopatra hizo uso de todas sus habilidades y se convirtió en amante de César. Ptolomeo había muerto en la guerra de Alejandría (48 a.C.) mientras se resistía a César, por lo que este nombró al otro hermano pequeño de Cleopatra, Ptolomeo XV Filopátor II, corregente con Cleopatra, muriendo envenenado poco después. Tras un viaje de dos meses con ella por el Nilo, César abandonó Egipto en la primavera del 47, dejando una guarnición de tres legiones, y en el verano Cleopatra dio a luz a su hijo Cesarión. En el 46, Cleopatra se reunió con César en Roma y vivió en una villa que él le proporcionó hasta su muerte, en el 44, tras la cual Cleopatra volvió a Egipto. Se dice que envenenó a su hermano Ptolomeo XV e hizo a su hijo Cesarión corregente con ella. En el 42 intentó ayudar a los cesarianos, pero fue engañada por Casio Longino, que se apropió de sus tropas. Antonio la convocó en Tarso en el 41 para dar cuenta de su errores y Cleopatra le persuadió de que asesinara a su hermana Arsínoe. Cleopatra le invitó a Alejandría, donde Antonio pasó el invierno: más adelante, Cleopatra dio a luz gemelos. No se volvieron a ver hasta el 37, cuando Antonio la invitó a Antioquía y mantuvieron una relación amorosa permanente. Antonio reconoció a los mellizos y los llamó Alejandro Helios y Cleopatra Selene. Tuvieron otro hijo en el 36, Ptolomeo Filadelfo. En el 35, Cleopatra recuperó sus pérdidas tras la campaña contra Partia y Antonio devolvió territorios a Egipto que se habían perdido mucho tiempo atrás y le regaló otros que Egipto nunca había poseído. Como Octavio estaba molesto por el trato que Antonio había dado a su hermana Octavia, la esposa de Antonio, alimentó el resentimiento contra el poder de Cleopatra sobre Antonio y su propaganda la pintó como un monstruo. En el 32, Octavio declaró la guerra a Egipto y a Cleopatra. El ejército de Antonio estaba concentrado en Asia Menor y Grecia, y Cleopatra le envió refuerzos. Trasladó su flota para unirla a la de Antonio. Tras meses de incertidumbre, durante los cuales Antonio fue abandonado por la mayoría de sus principales seguidores romanos, se libró la batalla de Accio o Actium (31), en la costa occidental de Grecia, en la cual Antonio fue derrotado. No existen pruebas de la historia según la cual Cleopatra habría provocado la derrota al huir. Antonio y Cleopatra, junto con sus seguidores más leales, regresaron a Egipto, hasta donde Octavio los persiguió. Tras el suicidio de Antonio, Cleopatra se mató el 10 de agosto del año 30 acercando un áspid a su cuerpo, temerosa del trato que Octavio le dispensaría en su triunfo. Fue la última gobernante antigua del Egipto independiente. Octavio mató a Cesarión, pero respetó a los hijos de Antonio, que fueron acogidos por Octavia en su casa. Cleopatra unía a sus encantos personales los muy superiores del talento; hablaba once idiomas; cultivó las letras y aumentó la biblioteca de Alejandría con doscientos mil volúmenes que había en la de Pérgamo.

Cleopatris

Ciudad del Bajo Egipto, cuyo emplazamiento es dudoso. Estrabón la coloca en la costa del golfo Arábigo, a algunos km al norte de Suez, cerca de la aldea árabe de Arguerud, y según el mismo geógrafo se la confundía con Arsínoe. Su puerto tuvo importancia comercial.

Cleopatronia

(santa) (siglo IV). Virgen muerta en ese siglo. Su fiesta se celebra el 8 de marzo.

Cleopompo

Esposo de la ninfa Cleodora, de la cual tuvo a Parnaso.

Cleóstenes

Filósofo pitagórico de Crotona, según la lista de Jámblico.

Cleóstrato

(siglo VI a.C.). Astrónomo griego, natural de Ténedos. Fue el primero que hacia el año 536 a.C., descubrió los signos del Zodíaco y reformó el calendario griego. Censorino le considera como el verdadero inventor del octaeteris o ciclo de ocho años, usado antes del ciclo de Meton. Teofrasto hace de él grandes elogios.

Cleóstrato

Joven de Tespias, que libró a su patria de un dragón que todos los años recibía como ofrenda la vida de un mancebo. Habiendo sido él designado por la suerte para ser devorado por la fiera, su amigo Menéstrato le fabricó una coraza metálica, provista de garfios de hierro. Revistióse con ella y se dejó devorar, pero el dragón murió de esta ingestión, terminando así una matanza que había durado mucho tiempo.

Cleotera

Cleotera es hija de Pandáreo y de Harmótoe. Es hermana de Aedón y de Mérope. Habiendo perdido a sus padres muy temprano, las tres hermanas fueron educadas por Afrodita, Hera y Atenea. Ya mayores, Aedón, la primogénita, casó con Zeto, pero las otras dos fueron raptadas por las Erinias, quienes las convirtieron en sus criadas (Ver, Pandáreo).

Cleótimo

(siglo V a.C.). Ciudadano rico, que después de derrochar su fortuna, quiso instaurar la tiranía en Anfípolis con el apoyo de los nuevos colonos de Calcis de Eubea.

Cleoxenes

Ingeniero griego inventor de un sistema de telegrafía, que después fue perfeccionado por Polibio. Este autor describe el invento en una de sus obras.

Clepsiambo

Especie de guitarra griega. Hesiquio y varios lexicógrafos también dieron este nombre a varias canciones.

Clepsiangos

Según Aristógenes se llamaban así entre los griegos, los instrumentos músicos que utilizaban los extranjeros.

Clepsidra

Fuente inmediata a Itome, y consagrada a Júpiter, porque este dios había sido lavado frecuentemente en ella por las ninfas que le educaron. El agua de esta fuente era tenida por sagrada y todos los días iban por ella para el templo de Júpiter Itometo.

Clepsidra

La "clepsidra", utilizada por Empédocles como símil de la respiración, no es el reloj de agua del mismo nombre sino un artefacto que se utilizaba para trasvasar líquidos de un recipiente mayor a otro menor. Consistía en un tubo de metal similar al pico de las regaderas de jardín, con un extremo (el más estrecho) descubierto, y el otro cerrado pero perforado con pequeños orificios al modo de una criba. Al sumergir el extremo cribado en un líquido, éste no penetra en el tubo en tanto se tape la otra boca con la mano (pues el aire que ocupa el tubo impide la entrada del líquido), pero si se libera la boca superior, entonces penetrará tanto líquido como aire desalojado. Además, si se retira la clepsidra del recipiente cuando ella se ha llenado de líquido, éste no caerá por los pequeños orificios en tanto se mantenga tapado el otro extremo. La boca perforada del artefacto equivale a los poros que hay en la piel, la otra salida del tubo equivale a la nariz, el líquido a la sangre existente en los tubos de carne que atraviesan el cuerpo desde la nariz hasta los poros. La sangre palpita en dichos tubos y, cuando se retira hacia los poros, penetra aire por la nariz; en cambio, cuando la sangre abandona los poros, ella ocupa el lugar del aire que es expelido por la nariz. En fin, el movimiento oscilatorio de la sangre determina la inspiración y la expiración: al penetrar aire por la nariz, sale por los poros y viceversa.

Clepsidra

Reloj de agua. Desde la época de los griegos, el derrame regular de agua en un recipiente colocado junto a los oradores servía, por ejemplo, para medir la longitud de los discursos, y este uso había llegado ser tan habitual que no pocas veces los abogados se quejaban de que su adversario, al sobrepasar los límites prefijados, "les quitaba su agua". El sistema de las clepsidras, que de hecho funcionaban como relojes de arena, seguía empero siendo muy rudimentario y nunca se podía estar seguro de que el agua cayera con regularidad. Contribuían a ello entre otros factores, la reducción del volumen contenido en el recipiente, que provocaba siempre un descenso de presión y disminuía inexorablemente la cantidad de líquido vertido. Para lograr una mayor precisión en el cálculo del tiempo, Ctesibio y los físicos griegos, estimando que la subida del agua se controlaba con más facilidad que su descenso, imaginaron otro método que consistía no ya en vaciar vasijas sino en llenarlas, y sus trabajos desembocaron en la construcción de verdaderos relojes de agua que, a partir del siglo II a.C., se convirtieron en ornamento espectacular de las más lujosas residencias. Por ejemplo Trimalción, "hombre sumamente distinguido, tenía un reloj en su comedor y una persona encargada expresamente de tocar a intervalos un cuerno de caza para hacerle así saber en todo momento el tiempo de vida que había perdido". En el aparato descrito por Vitruvio, el agua se vertía por un orificio practicado "en un trozo de oro o una gema, pues estos materiales no se desgastan por el frotamiento del líquido que cae, ni pueden tampoco depositarse las partículas de suciedad capaces de obstruir el orificio". Al ir así llenando un recipiente, el agua provoca la elevación de un flotador al que "se ha fijado una varilla en contacto con un disco giratorio, estando la varilla y el disco provistos de dientes iguales". La varilla, al subir, hace girar el disco cuya rotación produce "desplazamientos regulares". Este movimiento podía también transmitirse a una aguja que recorría una esfera con cifras y designaba las horas de modo bastante parecido al de nuestros relojes. La aplicación del mismo principio a engranajes más complejos e importantes permitía fabricar toda suerte de aparatos espectaculares y animados cuya contemplación procuraba a sus propietarios tanto placer como el de los euripos y surtidores que adornaban sus jardines. Era posible, por ejemplo, reemplazar por una figurita la varilla adaptada al flotador; al elevarse éste con el nivel del agua, indicaba "por medio de un bastoncillo y durante todo el día las horas previamente trazadas en una columna o pilastra adyacente. Si otras varillas y ruedas igualmente dentadas y movidas por el mismo impulso" comunicaban su movimiento a un torno provisto de un silbato, la caída regular y brutal del recipiente en el agua producía un sonido agudo que señalaba las horas. Los relojes de agua de los romanos podían así dar las horas mediante un silbido u otras señales sonoras, como la que resultaba de proyectar piedrecillas que caían sobre címbalos. En tales casos no era ya necesario asignar permanentemente esta tarea a un esclavo, como lo hacía Trimalción. Además de esos relojes automáticos, existían los llamados "anafóricos", que indicaban las salidas y puestas del sol y reproducían el movimiento del Zodíaco. Vitruvio describe confusamente su principio y los arqueólogos han hallado fragmentos de esos mecanismos cerca de Salzburgo y de Gante. Tales perfeccionamientos procuraban, sin embargo, más placer que exactitud, y los sistemas más ingeniosos no llegaron nunca a reflejar absolutamente las diferencias entre estaciones en la duración de las horas griegas y romanas. Ello no fue óbice para que se admiraran en grado sumo la habilidad y precisión del trabajo de aquellos ingenieros, cuya técnica y realizaciones perdurarían tanto tiempo como los acueductos. Todavía en el año 507 Casiodoro hizo construir para Gundibaldo, rey de los burgundios, un reloj de agua en el cual (maravilla aún mayor para un bárbaro que para un romano) silbaban serpientes y piaban pájaros junto a un Diomedes que tocaba la trompeta a intervalos regulares.

Clepsíphronos

"engañador". Epíteto que Homero da a Hermes, en su Himno a Hermes.

Clerio

Sobrenombre de Júpiter tomado de Tegeo, porque los hijos de Arcas echaron en este lugar a la suerte su herencia común.

Clero de Ptah

El Gran Jefe de Artesanos, era el personaje que dirigía el clero de Ptah en Menfis, llamado también Setem o Sem de Ptah, dependiendo del período. Sus acólitos podían aparecer como sacerdotes Sem de más baja jerarquía. Con frecuencia iba ataviado con un collar propio, más o menos complicado dependiendo de la época, presente desde el Imperio Antiguo. La simbología de este curioso ornamento ha sido imposible de interpretar hasta el momento. Recordemos que estaba compuesto por la figura de uno o dos chacales yuxtapuestos, aunque en algunos casos tenía un chacal y una cabeza de halcón respectivamente sobre los hombros. De él partían tres trazos en zig-zag que se desplegaban en abanico sobre el pecho hasta una barra horizontal a la altura del mismo. El collar estaba adornado por símbolos Anj y le cubría toda la parte frontal del pecho. Otros atuendos característicos eran: la peluca, presente durante el Imperio Antiguo y la Baja Época, a la que en el Imperio Nuevo se añadió una trenza lateral que finalizaba en un bucle. Además podía llevar una barba postiza y una cinta en la cabeza Vestían sandalias y una piel de felino, atributo que, por otra parte, y junto con la trenza-bucle, era un emblema del Sacerdote Sem. A partir de la Dinastía XIX el taparrabos con el que se cubrían comenzó a ser alterado por un faldellín plisado. Todos estos distintivos no siempre están presentes en sus estatuas, pero cuando aparecen indican, desde luego, la pertenencia a esta escuela sacerdotal. El clero de Ptah, de tradición muy antigua, está constatado con mucha frecuencia en la Dinastía IV. Anteriormente, a finales de la Dinastía II y comienzos de la III, pudo guardar cierta relación con el culto de una deidad más antigua, el dios chacal Upuaut. Aunque tenía su centro religioso principal en Menfis, también estaban repartidos por distintos lugares de la geografía del Valle del Nilo. Junto con los centros religiosos de Ra en Heli¢polis y Amón en Tebas, era una de las escuelas sacerdotales más importantes de todas las épocas. La persona encargada de la dirección de este clero era el Gran Jefe de Artesanos, que era el equivalente al Primer Profeta del clero tebano. Como él, disponía de una residencia especial emplazada en Menfis con un número importante de personal que se encontraba a su servicio. Su elección se hac¡a entre clases sociales muy diferentes, aunque con el transcurso de la historia el puesto fue convirtiéndose en hereditario. El Sumo Sacerdote del Templo de Ptah en Menfis tenía a su cargo toda una serie de Directores, Jefes de Artesanos y Artesanos, que constituían su escuela, denominada Uabet. Maystre (1992) cree que pudiera ser un taller y apunta la posibilidad de que además fuera civil. Es posible que en este lugar trabajaran tanto sacerdotes como artesanos laicos. El origen de este clero debe buscarse en el campo de las artes y la arquitectura, ya que sabemos que supervisaba las obras cuando se construía una pirámide o un templo. Además, el título que llevaba su Sumo Sacerdote así parece indicarlo, aunque existen excepciones, de individuos con este título que no son Sumos Sacerdotes. Por consiguiente, nos encontramos con un cuerpo sacerdotal que, además de cubrir labores religiosas, se relacionaba con asuntos civiles, llegando a influir (durante el Imperio Antiguo) en la administración. Es evidente la existencia de una tradición menfita, muy refinada, que reflejó sus técnicas en relieves, santuarios y estatuas y que, claramente, se diferencia de la tebana. La rivalidad entre ambas se hace sentir en los documentos egipcios. Por ello, dentro de esta rama del clero se encontraban los escultores, ellos eran sacerdotes, ya que eran los responsables de hacer imágenes fidedignas e idealizadas del difunto, estatuas que éste pudiera reconocer para alojarse en ellas tras la muerte. Se los denominaba Los que hacen Vivir. Por otro lado había una serie de trabajadores que se encontraban bajo la advocación de Ptah, pero que no eran sacerdotes sino artesanos y escultores laicos. En el ámbito exclusivamente religioso, el clero de Ptah se encargaba, por supuesto, del culto a este dios, pero también participaba en el del toro Apis, ya que este animal era su heraldo. Además se integraba en cultos a divinidades asimiladas a Ptah, tales como: Mejent-ur, Jenty-iautef, Jenty-medefet, Jenty-tenenet o Jery-bakef Por otro lado, su Sumo Sacerdote celebraba el culto a Sokar, al menos durante una parte importante de la historia egipcia, compartiendo ambas funciones. Sokar era un dios también menfita, el más importante de la necrópolis de Sakkara, que estaba relacionado con el aspecto funerario de Ptah y con el dios Osiris. Cuando Ptah sufría la fusión con Sokar, era denominado Ptah-Sokar, apareciendo como un solo ente divino que agrupaba a ambos dioses, y cuando esta pareja se fusionó a Osiris fue llamada Ptah-Sokar-Osiris. Así encontramos a un solo dios que agrupaba a estas tres divinidades en un solo cuerpo.

Clero femenino egipcio

La participación de la mujer en algunos aspectos de la religión y, sobre todo, en el culto funerario, se remonta a épocas lejanas y se refiere a ocupaciones concernientes a deleitar al dios, con funciones que básica y tradicionalmente estaban acordes con su sexo, es decir, como cantantes, músicas, bailarinas, etc. Heródoto dice respecto a su colaboración en las actividades de los santuarios: "Ninguna mujer ejerce el sacerdocio de dios o diosa alguno; los hombres, en cambio, ejercen el de todos los dioses y diosas". Pese a esta aseveración, sabemos que algunas pertenecieron a las escuelas sacerdotales de dioses y diosas y que, en diversos templos de divinidades femeninas, llegaron a tener una importancia especial. En este caso se encontraban los santuarios encomendados, por ejemplo, a Hathor, Neit, Bastet, Pajet, etc., donde también oficiaban los hombres. Concretamente, el culto a la leona Pajet y la parte más importante de su clero femenino estaba en la actual ciudad de Beni Hasan. Aquí se han hallado grandes necrópolis con gatos embalsamados, símbolo de la diosa. Durante el Imperio Antiguo estaba compuesto principalmente por personal masculino y sacerdotisas que eran, en su mayoría, las hijas de algunos reyes o personajes de la nobleza, mientras que en la Dinastía XII pasó a las manos de las mujeres de los nomarcas de esta localidad. Durante el Imperio Antiguo es cuando, con más frecuencia, se puede encontrar a la mujer ejerciendo trabajos de la máxima responsabilidad, como por ejemplo Vigilante del Tesoro. Destacan, sobre todo, en los ya mencionados servicios a Hathor, Neit o Pajet. Podemos citar, por ejemplo, a una hija de un noble provincial de Beni Hasan que, en la Dinastía V, fue nombrada Gran Sacerdotisa de Hathor, con idéntica función que la que hubiera desempeñado un varón, ya que en las Dinastías IV y V se aprecia un culto predominante a esta diosa. Precisamente fue en los templos pertenecientes a divinidades femeninas donde las mujeres ejercieron papeles más importantes, pero en ellos, también oficiaban un gran número de sacerdotes masculinos que, generalmente, dominaban casi todos los aspectos directivos. En Egipto no existió ningún santuario donde sólo hubiera una escuela sacerdotal femenina. La mujer, desde el Imperio Antiguo, jugó un importante papel en servicios de dioses masculinos (Thot, Min, Anubis, etc.), actuando como Profetas o Sacerdotisas Femeninas del Dios, llamadas por los antiguos egipcios Hemet-Neter. Los textos y relieves de la tumba de Meresanj III, nieta de Jufu (Keops) y de la reina Merytytes, situada en Guiza, no dejan lugar a dudas. Ella profesó en el sacerdocio de Thot ejerciendo el cargo de Sumo Sacerdote y en el culto funerario de su madre Heteferes II, según se desprende de la inscripción inscrita en su sarcófago y en la cámara principal de su tumba. En su enterramiento se hizo representar del modo tradicional, es decir, vistiendo la piel de pantera que utilizó en las ceremonias y que indicaba su pertenencia al clero. Además, como es costumbre, sobre los muros hizo grabar su curriculum sacerdotal y puede leerse el texto siguiente: "Señora de Dendera, Sacerdotisa de Bapefy, Sacerdotisa de Thot, Sacerdotisa de Hathor [...] [...] La Hija de su Cuerpo, Hija del Rey, La Que Ve a Horus y a Seth, Meresanj, Gran favorita, Enormemente Elogiada, Sacerdotisa de Thot, Compañera de Horus, Su Consorte, Aquella que es querida por las Dos Señoras, Esposa del Querido Rey. Meresanj". Ella, como otras mujeres destacadas de la época, gozó de un culto funerario, llevado a cabo por sacerdotes que debían concentrar sus esfuerzos en que la difunta tuviera diariamente todo lo que podía precisar en el Más Allá. A partir de la Dinastía IV las sacerdotisas fueron escogidas entre los miembros de la alta sociedad, integrándose al final del Imperio Antiguo en la rama del clero que se encargaba del servicio funerario (Hemut-Ka). Un ejemplo de este tipo es el de Neferhetepes, una hija de Dyedefra, monarca de esta dinastía, que ejerció el cargo de sacerdotisa en el culto funerario de su propio padre. Los puestos comenzaron no siendo hereditarios, pero, poco a poco, como en el clero masculino, sufrieron un proceso irrevocable. Primero se hizo costumbre que los descendientes directos desempeñaran la función del progenitor o la madre, para más tarde transmitirse por herencia, bien por ser hija de una sacerdotisa o por ser esposa o hija de un sacerdote del clero masculino situado en cualquier lugar de la jerarquía. Sólo en el Imperio Nuevo se incluirían clases más bajas en el desempeño de estas funciones. El cargo de Sacerdotisa, tanto en el Imperio Antiguo como en periodos posteriores, era un puesto codiciado, ya que toda mujer poseedora de un título relacionado con el clero alcanzaba un status superior en relación a sus iguales. Los empleos más altos recibían, en compensación, no sólo el privilegio de servir al dios, sino también cosas mucho más materiales, como puede ser 1,5 Ha. de terreno, que podían cultivar y parte de las ofrendas o dádivas que recibía el colectivo en el que desempeñaran sus servicios. Durante el Imperio Medio los cargos directivos de las mujeres, dentro del clero, fueron perdiéndose, aunque se siguió manteniendo el de sacerdotisa, que cobró un nuevo y creciente impulso a partir del Imperio Nuevo. Sin embargo, existieron casos tan excepcionales como el de Taniy que, en tiempos de Amenemhat II, participó en misterios tan importantes y exclusivos como los de Osiris en Abidos. Una estela, depositada de forma devota en la ciudad del dios del Más Allá, ha sido la que nos ha ofrecido una riquísima información de la personalidad y las actividades de esta mujer en el rito, ya que, como era costumbre, quiso pasar a la inmortalidad dejando patente los hechos destacables, de los que podía sentirse orgullosa a lo largo de su vida. Las reinas, desde el Imperio Antiguo hasta la Dinastía XI, frecuentemente trabajaban al servicio del culto de la diosa Hathor, y sobre todo durante la Baja Época jugaron un importante papel religioso dentro de las escuelas sacerdotales encomendadas a los dioses. Las ocupaciones menores se cubrían con mujeres de más baja alcurnia. En el Imperio Nuevo las mujeres de la capa social más alta y, sobre todo, las esposas de algunos sacerdotes, trabajaban en esta rama del clero mediante un trabajo voluntario, que podía no ser remunerado, pero la administración estaba llevada prácticamente en su totalidad por hombres. Estaban divididas en cuatro Phylaes, como el clero masculino, pero, a diferencia de ellos, no debían de servir obligatoriamente durante un periodo de un mes, sino que se las llamaba cuando eran necesarias en el ritual. En concreto, en la Dinastía XVIII los cargos sacerdotales vinculados con la mujer sufrieron un lento proceso que llevó a convertirlos en cargos hereditarios. Esta metamorfosis venía produciéndose desde períodos anteriores. Al igual que sus maridos, premiados con títulos que los relacionaban con el clero, ellas disfrutaban del beneficio de un nombramiento conexionado con el culto al dios. Así, durante el Imperio Nuevo, generalmente la mujer del Gran Sacerdote de Amón era la encargada de las Sacerdotisas, transcrito en algunos textos como Concubinas, y de la supervisión de los Músicos Femeninos. Un ejemplo de este tipo, aunque algo tardío, es el de Nesjonsu, la cual, de entre sus numerosísimos títulos, llevaba el de Jefe del Harén de Músicos de Amón, también traducido como Cabeza del Harén. Además fue Sacerdotisa de Amón, de Jnum, Señor del Distrito de la Catarata, de Jnum, Señor de Gehesti, de Nebet-hotep de Seruedet y de Hathor, Señora de Aagana. Tenemos constancia de que algunas mujeres llevaron el titulo de Guardianas del Santuario, que eran las encargadas de recibir al rey o a las procesiones con música y danza. El término de Concubina (Jekeref) ha servido para designar a aquellas mujeres adscritas al Cuerpo Musical Sagrado de Amón y no corresponde, en absoluto, a la idea que hoy tenemos del mismo, es decir, la mujer que hace vida matrimonial con un hombre que no es su marido. Se puede afirmar que las relaciones con el dios eran únicamente místicas y en ningún caso físicas. Los títulos, de orden puramente simbólico, facultaban tanto a la Esposa del Dios como a las sacerdotisas a llevar una vida normal sin tener que prostituirse al servicio de la divinidad, como en otras culturas del mundo antiguo, pese a que en algunas ocasiones encontremos términos que puedan prestarse al equívoco, tales como Las Reclusas del Templo de Luxor o Las que Aman (Sacerdotisas que representaban a la diosa de la música, Meret). Lo mismo ocurre con el harén. Entre las atribuciones de aquellas de rango superior, encontramos la presentación de ofrendas, tanto materiales, sólidas, líquidas, como fumigaciones de incienso. Era necesario que se sometieran a la purificación ritual, ya que iban a estar indirectamente en contacto con la divinidad. Generalmente su influencia distaba mucho de la que poseían sus homónimos masculinos, dentro o fuera del santuario, y ellas, generalmente, no ejercían ningún papel en las labores administrativas o intelectuales del templo, excepción hecha, claro está, de casos puntuales o de las Divinas Adoratrices de Época Tardía. Precisamente, una de estas excepciones fue la del puesto de Directora de los Trabajos en el Terreno del Dios. Se tiene conocimiento de cargos inferiores, relacionados con la buena marcha del santuario aunque, presumiblemente, sin una conexión directa con el clero, tales como las mujeres que se encargaban de la supervisión de los asuntos relacionados con la vida cotidiana del templo, trabajadoras menores y artesanas; por ejemplo, las Supervisoras de las Tejedoras cuya evidencia se localiza al menos durante el Imperio Nuevo. A la cabeza del clero femenino se encontraba la Directora Jefe de todo el Personal Femenino de los Templos del Alto Egipto y Nubia, un título que, según algunos autores, podría ser una variación del de Virrey de Kush. Posiblemente tenía su homónima en el Bajo Egipto. Como los hombres, ellas también podían desempeñar cargos distintos en las variadas escuelas sacerdotales de dioses y diosas, aunque éstas no tuvieran una conexión aparente, a modo de sacerdotisas de mayor o menor grado. Se sabe que en Edfú y Dendera, además de los empleos comunes en otros templos, existía un grupo formado por siete mujeres que representaban a las Siete Hathor, un conjunto de "hadas" que encarnaban a la diosa y que este puesto era muy codiciado. Su cargo parece encontrarse a caballo entre el clero y las seglares. En este lugar existían también Las Mujeres de Buto y Busiris, que tenían el privilegio de representar a aquellas féminas mitológicas de estas importantes ciudades santas, encargándose de entonar unos cánticos específicos de protección bajo el mando de un personaje femenino. A comienzos de la Dinastía XVIII aconteció un hecho excepcional y fue la renuncia del puesto de Segundo Profeta de Amón por parte de la reina Ahmose Nefertari, para hacerse cargo de la institución de la Esposa del Dios, organismo que, a partir de ese momento, iba a poseer una Directora o Director de la Casa de la Esposa del Dios, tierras, sacerdotisas, empleados, obreros, etc., y que se emplazó en la orilla occidental de Tebas, cerca de Gurnah. Igualmente, en la Dinastía XXVI, las Divinas Adoratrices Ajnesneferibra y Nitocris II, fueron Primeros Profetas del Dios Amón, ya que en aquellos tiempos éste había caído en decadencia y había pasado a manos femeninas. De acuerdo con Saphinaz-Amal Naguib (1990), se presenta la estructura general de los títulos sacerdotales femeninos o aquellos que indirectamente podrían guardar relación con él, distinguiéndolos del modo siguiente: - Títulos puramente honorificos, que son designaciones de rango social. - Títulos estrictamente religiosos (dotados o no de una función efectiva). - Títulos correspondientes a una función real. - Títulos femeninos con connotaciones religiosas. La mujer, en el Antiguo Egipto, tenía realmente una condición privilegiada si la comparamos con las féminas de civilizaciones coetáneas. Alcanzaron atribuciones y derechos que jamás sus congéneres extranjeras llegaron a imaginar. Es más, en este país, algunas llegaron a gobernar. Entre ellas podemos destacar a: Nitrocris, Sobeknefrura, Hatshepsut, Tausert o la célebre Cleopatra VII. No es descabellado pensar que cuando una mujer ascendía al trono de las Dos Tierras, y sobre todo bajo la potestad de Hatshepsut, las mujeres cobraran una mayor importancia en los aspectos sacerdotales. Igualmente, las fuentes indican que personajes femeninos tan importantes e influyentes como Tiy, hija de un Gran Sacerdote de Min, llamado Yuya, y esposa de Amenhotep III, Nefertiti, esposa de Amenhotep IV y Nefertari, esposa de Ramsés II, otorgaron ciertas prerrogativas a sus escogidas, impulsándolas dentro de la carrera sacerdotal. Es conveniente recordar que en Egipto hombres y mujeres tenían igualdad ante la ley y por lo tanto las sacerdotisas también podían tener tierras, vender, comerciar, heredar o legar como los hombres. Se pueden encontrar mujeres médicos, escribas, sacerdotisas con funciones concretas, etc. Por ello, hay que recordar que, dentro de la sociedad egipcia, hubo también casos puntuales de mujeres que en los textos aparecen desempeñando altísimas responsabilidades. Por ejemplo Nebet, suegra de Pepi I, en la Dinastía VI, Berenice II, cónyuge de Ptolomeo III o Cleopatra I, esposa de Ptolomeo VI, tienen en sus titulaturas el cargo de Visir y la misma Nebet, ya mencionada, fue Juez. Este título no vuelve a aparecer en manos de una fémina hasta Ajnesneferibra, hija de Psámetico II, en la dinastía XXVI, es decir unos 1.681 años más tarde. Como en el clero masculino, algunos de los cargos relacionados con el clero femenino no han podido ser situados en la jerarquía. Muchos matices, quizá de un mismo empleo, pueden llegar a confundirnos con gran facilidad. Conviene hacer una última puntualización. Se encuentran a menudo puestos que se se identifican con distintas diosas, como por ejemplo Hathor, Mut, Sejmet, Tefnut, Bastet, Isis y Nefris o Meret, entre otras muchas. Ellas, aunque son deidades independientes, pueden considerarse aspectos distintos de una sola entidad femenina, que dependiendo del carácter que se quiera enfatizar y de la historia mitológica que represente, se denominan de distinto modo. Lo mismo ocurre con los dioses masculinos. La estructura del clero femenino estaba dividida en un grupo directivo, formado por la reina y por personajes de alta alcurnia (lo que en el sacerdocio masculino era el Alto Clero) y un gran número de sacerdotisas de orden menor, (como el Bajo Clero masculino). A la cabeza de cada una de las cuatro Phylaes existía el cargo de Supervisora. El titulo de Primera y Segunda Sacerdotisa de Amón-Ra, Rey de los Dioses, encontrado en determinadas ocasiones, induce a pensar que la estructura del clero femenino se correspondía, casi fidedignamente, con el clero masculino, es decir, cuatro máximas sacerdotisas (Alto Clero) y el conjunto de las demás mujeres encuadradas en las cuatro Phylaes (Bajo Clero).

Cleromancia

Adivinación que se hacía por medio de dados, de huesecillos, de habas negras y blancas, de guijarros, etc.. Se ponían en una urna y después de haber suplicado a los dioses que dirigiesen la suerte, se echaban sobre una mesa y se pronosticaba lo venidero por la disposición de los números que pintaban. Todas las suertes estaban consagradas a Mercurio que, según creían, presidía a esta especie de adivinación. Por esto, y con el objeto de tenerle propicio, se metía en la urna una hoja de olivo llamada la "parte de Mercurio" que luego se sacaba primero. Los griegos y romanos, curiosos de saber su suerte, habían adoptado una especie de adivinación algo diferente de ésta. Se proveían de un cierto número de sellos o documentos que contenían ciertos caracteres o inscripciones, y al salir de casa hacían sacar una por el primer muchacho que encontraban. Si la que salía tenía relación o aprobaba lo que habían imaginado, era considerado por ellos como un pronóstico infalible. Esta creencia tuvo origen entre los egipcios, los cuales observaban atentamente las acciones y las palabras de los jóvenes, suponiéndoles cierto don profético: opinión que provenía del encuentro que tuvo Isis buscando a su marido, con unos muchachos que jugaban en una plaza, cuyos informes le fueron de suma utilidad sobre el objeto de sus viajes. En los mercados, en las principales calles y en todos los parajes públicos, se veía a un muchacho o un joven, llamado en griego "agirles", que tenía en una mano una tabla, sobre la cual estaban escritos versos proféticos, que según la tirada fortuita de los dados, indicaba el porvenir y la suerte de los curiosos. Otras veces en lugar de tablillas tenían una urna o un vaso, en que se metían cédulas que se hacían sacar por cualquier niño. Artemidoro habla de los adivinos de los mercados; las "sortes viales", suertes de las calles o caminos, eran comunes en Roma. En Bura de Acaya había un templo dedicado a Heracles, en el cual, después de hacer la deprecación al ídolo, tiraba el suplicante los dados y el sacerdote vaticinaba, el próspero o adverso resultado de la súplica, por el número de tantos que marcaban. De esta adivinación se valieron antes de echar al mar a Jonás, a fin de saber quien era el que había provocado la tempestad que iba a sumergir la nave. Ver, Adivinación.

Cleros

o Kleros. Lotes de tierra asignados por sorteo o designación particular, entre los griegos. Ver, Cleruquía.

Cleroterio

Estela de mármol utilizada en la asignación anual de magistrados y en la asignación diaria de los tribunales populares atenienses. Tenía columnas verticales de pequeñas ranuras donde se insertaban las placas de bronce inscritas con los nombres de los ciudadanos; a su lado había un tubo vertical en el que se depositaban las bolas blancas o negras que determinaban la elección de aquellas filas que correspondían con las del primer color.

Cleroucos

Clerucos (en la antigua Grecia, los clerucos eran ciudadanos pobres que recibían un lote de tierra, que solía ser suficiente para sustentarse como hoplitas, en ….).

Clerucos

o Cleroucos. En la antigua Grecia, los clerucos eran ciudadanos pobres que recibían un lote de tierra, que solía ser suficiente para sustentarse como hoplitas, en territorios sometidos y confiscados a los primitivos habitantes, constituyendo guamiciones permanentes de la ciudad que los enviaba. Este tipo especial de colonización fue utilizado principalmente por Atenas en tiempos de su expansión imperial. En las cleruquías los colonos conservaban la ciudadanía originaria y no constituían comunidades independientes, estando sujetos a los deberes militares de los ciudadanos. Con este tipo de colonias, que para su administración local, disponían de un consejo, asamblea, tribus y magistrados de tipo ateniense, se ayudaba económicamente a los necesitados, previendo su descontento, y a la vez se aseguraba una posición o dominio exterior. Ver, Cleruquía.

Cleruquía

o Klerukía. Con este nombre se designa a las guarniciones más o menos permanentes de soldados atenienses que, instalados en territorio extranjero, recibían en concepto de sueldo por su papel como guarnición, el producto de los lotes (kleros) de tierra asignados que eran cultivados por la población local. Se distingue claramente de "emporion" y "apoikía" por dos razones: es, en general, una forma de colonización más tardía y presenta mayor homogeneidad en cuanto a sus componentes y, en consecuencia, su finalidad es más específica. En este sentido, la "klerukía" es la forma más próxima a la "colonia" romana, en tanto que recibe su nombre de los "clerucos" o ciudadanos a los que se otorga un lote de tierras de cultivo "fuera" (en cierto modo, "apoikoi") de la "chora" de su "polis". Pero este sistema es bastante tardío, no anterior al siglo VI y puesto en práctica por Atenas en el siglo V al servicio del "imperialismo" y la hegemonía sobre la Liga ático-délica. En el siglo IV a.C. pudieron convertirse en instalaciones permanentes. Su establecimiento contribuyó de forma decisiva al descontento e impopularidad del Imperio ateniense entre sus aliados griegos. Ver, Clerucos.

Clerúquicas

Propiedades. Lotes de tierra por los cuales el detentador estaba obligado en un principio a una disponibilidad en forma de servicio militar.

Clesides

(siglo III a.C.). Pintor griego de Éfeso, que vivió en la primera mitad del siglo. Descontento de la reina Estratonice, la pintó en los brazos de un pescador, pero ella se vió allí tan hermosa que conservó el cuadro. Ver, Pintura, Pintores.

Cleso

Hija de Clesón. Ver, Lélege.

Clesón

En las leyendas de Mégara, Lélege pasaba por ser hijo de Posidón y Libia, que había venido de Egipto a reinar en Mégara. Tuvo un hijo, Clesón, padre de Pilas, Cleso y Taurópolis.

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