Se menciona a este pueblo germánico por primera vez en 260 a.C.. Habitó en la Galia Transalpina y constituían una confederación de tribus. Los francos constituyeron el más importante de los antiguos pueblos de raza germánica que se establecieron en el territorio del Imperio romano en el siglo IV de nuestra era. Fueron en diversas épocas aliados de los romanos, que no consiguieron sojuzgarlos. En el siglo III formaban una confederación y ocupaban la región baja del Rhin, entre el Meno, el mar del Norte, el Élster y el Elba. En el siglo V invadieron la Galia del Norte. Se dividían en dos grandes tribus: la de los Ripaurios (ribereños) y la de los Salios (de las orillas de Sala), de la que surgió la dinastía merovingia, fundadora del gran reino franco. La rama de los francos salios, dirigidos por la familia de los Merovingios, continuaron su penetración en el norte de las Galias, sin que Aecio, el general del emperador Valentiniano III, pudiera impedirlo, obligando a los francos, a cambio de la permisividad para que se asentaran en aquellas tierras, a prestar juramento de fidelidad al pacto de federación. Clodión, el jefe franco, fijó sus dominios en los Países Bajos considerando a la ciudad de Tournai la primera capital de los francos merovingios. A partir del siglo V, los numerosos reyezuelos que gobiernan a los francos, van siendo eliminados de forma violenta, hasta que la unidad política del conjunto tribal se consigue bajo el reinado de Clodoveo (482-511), verdadero fundador del reino franco, que además termina con los restos del dominio romano sobre las Galias gracias a la victoria, año 486, sobre el duque galorromano Siagrio, que le permite ocupar las tierras situadas entre el Somme y el Loira. Luchó luego Clodoveo en el año 496 con los alemanes, que dominaban la parte oriental de la Galia, a los que venció en la batalla de Tolbiac, ocupando las tierras hasta el Rhin. Parece que durante esta batalla, Clotilde, esposa burgundia de Clodoveo, influyó decisivamente en la conversión de éste al cristianismo y en la Navidad del año siguiente es bautizado en Reims por el obispo Remigio. La parte más ambiciosa de su política se dirige contra los visigodos, cuyas fronteras se hallaban en el río Loira. Clodoveo, con ayuda de los burgundios, derrotó a Alarico II, rey de los visigodos, en la batalla de Vouillé en el año 507, conquistando toda la Galia meridional hasta los Pirineos. La intervención del rey ostrogodo Teodorico impidió que los francos llegaran por el sur hasta las costas mediterráneas. A la muerte de Clodoveo su reino se divide entre sus cuatro hijos, pero en el año 558, uno de ellos, Clotario, vuelve a unificar el país que nuevamente se reparte a su muerte imponiéndose la costumbre de regular la sucesión según el derecho hereditario privado que refleja un concepto patrimonial del Estado. El resto del siglo VI hasta el reinado de Clotario II (613-629) está ocupado por crueles luchas civiles narradas por Gregorio de Tours. Clotario II unifica el reino tras conseguir la adhesión de la nobleza de Borgoña a los cuales recompensa con cargos políticos y cierta independencia en sus territorios. Sus sucesores fueron los llamados reyes holgazanes (Dagoberto I, 629-639) que conducen al reino merovingio a su desaparición, sobre todo con el encumbramiento de los mayordomos que en la práctica absorben todo el poder político suplantando a los soberanos. A finales del siglo VII se instaura la dinastía carolingia. El nombre de Francia proviene de este pueblo. Ver, Francos salios, Chauci.