Lo que los romanos denominaban con el nombre de Galia o Galias (Gallia o Galliae) era el territorio comprendido entre los montes Pirineos (Pyrenae) y el río Rhin (Rhenus) y entre el océano Atlántico (Atlanticus) y los Alpes (Alpes), que abarcaba zonas de las actuales Francia, Mónaco, Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Alemania y Suiza, habitado antes de su conquista por Roma por tribus de origen celta en su mayor parte. La presencia romana en ese ámbito databa con firmeza de la década de los años 120 a.C., culminada cuando en 121 a.C. la zona suroriental del territorio se organizó como provincia romana con el nombre de Galia Transalpina o Ulterior, que se extendía por Francia, Bélgica, parte de los Países Bajos, Alemania y Suiza, con capitalidad en Narbo Nartius (Narbona, Francia). La Galia Cisalpina o Citerior, comprendía el norte de Italia. El resto de las Galias fue siendo penetrada por la influencia económica y cultural de Roma hasta que Julio César, nombrado en 58 a.C, procónsul de las Galliae Transalpina y Cisalpina, y de Illyria (entonces apenas la costa de las actuales Eslovenia. Croacia y Montenegro), desencadenó una serie de campañas militares hasta 50 a.C., que dieron como resultado la incorporación política de esas regiones al ámbito romano, estableciéndose la nueva provincia de la Gallia Comata, con frontera en el Rhin. Su sobrino-nieto e hijo adoptivo, el emperador Augusto, reorganizó tan vasta extensión de territorios formando las siguientes provincias: la Transalpina, ya muy romanizada, pasó a denominarse Gallia Narbonensis y su gobierno fue entregado al cuidado del Senado romano, que nombraría anualmente un procónsul para administrarla; la Gallia Comata se dividió en tres nuevas demarcaciones provinciales, que fueron Aquitania (la parte suroccidental), que recibió capitalidad en Burdigala (Burdeos, Francia), Gallia Lugdunensis (la zona occidental, central y suroriental), con cabeza en Lugdunum (Lyon, Francia); y Galia Belgique (los territorios del norte y el este), con capital en Duracortorum (Reims, Francia). Dichas provincias fueron puestas bajo la autoridad de gobernadores nombrados directamente por el emperador (los legati Augusti pro praetore). En 9 d.C., tras la pérdida de la provincia de Germania (los territorios entre los ríos Rhin y Albis) a raíz de la derrota del gobernador Publius Quinctilius Varus en el saltus Teutoburgiensis (el bosque en torno a Kalkriese, Alemania), las tierras de la orilla izquierda del Rhin fueron segregadas en lo militar de la provincia de Belgica, a la que permanecieron unidas administrativa y civilmente, formando con ellas los distritos militares de Germania Superior con capital en Mogontiacum (Maguncia, Alemania), y Germania Inferior, cuya cabeza fue Ara Vbiorum (desde 50 d.C. llamada Colonia Claudia Ara Agripinensium [abreviadamente Colonia Agrippina], la actual Colonia, Alemania). Lugdunum fue considerada un poco como la capital de toda la Gallia, ya que en 12 a.C. allí el hijastro de Augusto (6), el entonces legado Drusus Nero Claudius, erigió un altar dedicado a Roma y Augusto y se estableció allí el lugar habitual de reunión del concilium Galliarum (asamblea de las Galias), una especie de asamblea que congregaba a los representantes de las ciudades de la antigua Gallia Comata (no de la Narbonensis) para tratar ciertos asuntos dejados a su competencia por el gobierno imperial. En los años centrales del siglo III esta configuración político-administrativa sólo había variado con la concesión de la categoría de provincias a los distritos militares de las Germaniae en 89. La pax romana llevó una gran prosperidad a Galia, que figura de forma destacada en el registro histórico, pero de manera sorprendente proporcionó pocos ecuestres o senadores romanos destacados. Sus industrias cerámicas tuvieron un éxito especial, la producción masiva de cerámica Samia que se exportaba en grandes cantidades hasta Britannia e incluso competía en el mercado italiano. La cercanía de Galia a la zona fronteriza del Rhin, de un modo particular, aseguró el lugar de la provincia en los acontecimientos del Imperio registrados por Tácito, Dión Casio, Amiano Marceliano y otros. La cultura diferenciada de la Galia y su geografía e historia se describen en la obras de varios autores griegos y romanos, entre los cuales figuran Estrabón, Diodoro Sículo y Plinio el Viejo. Las incursiones bárbaras del siglo III afectaron a la prosperidad de la provincia, aunque los efectos de la guerra se vieron en alguna medida compensados por el establecimiento de un imperio galo independiente, obra de Póstumo y sus sucesores (258- 273). Galia se separó gradualmente del control romano durante el siglo V. Sucesivas invasiones de bárbaros, entre los que figuraban, entre otros, los vándalos y los godos, se contrarrestaron parcialmente mediante la extensión des estatuto de federados a los colonos bárbaros, que seguidamente establecieron gradualmente reinos independientes. Los visigodos heredaron el sudoeste de Galia, mientras que los burgundios controlaron el sudeste y los francos tomaron el norte. El rey franco Clodoveo la unificó a fines del siglo V. Una medalla de Adriano la representa yendo delante del emperador. Trae sobre las espaldas el capote rayado de los galos, tiene una pátera en la mano, y entre ella y el emperador se ve un altar encendido. El carnero que se ve cerca anuncia no solamente el sacrificio, sino también la riqueza del país en lanas. Ver, Galia Comata, Guerra de las Galias.