Árbol consagrado a Apolo después de la aventura de Dafne. Hay otra razón más verosímil, por la cual se creía consagrado a Apolo, y es que estaban persuadidos que los que dormían, teniendo la cabeza bajo alguna rama de este árbol, recibían unos vapores que les ponían en estado de profetizar. Los que iban a consultar el oráculo de Apolo de Delfos. se coronaban a su vuelta de laurel, si habían recibido del dios una respuesta favorable. Por esto en Sófocles se lee que, viendo volver Edipo a Orestes de Delfos con la cabeza coronada de laurel, conjeturó que iba a referir una buena nueva. Los antiguos predecían los futuros por el ruido que hacia el laurel al quemarse, lo que era de feliz agüero; pero al contrario, si ardía sin hacer chisporreteo era muy mala señal. Se ponían ramos de laurel en las puertas de los enfermos, a fin de que Apolo, dios de la medicina, les fuese propicio. Se daba la corona de laurel a los excelentes poetas, como favoritos de Apolo. Se dice que sobre la cúpula del mausoleo de Virgilio, cerca de Pozzol, habían nacido laureles que parecían coronar el edificio y aunque se habían cortado dos de raíz, que eran los mayores, renacían y sacaban nuevas ramas por todas partes, como si la misma naturaleza hubiese querido celebrar la gloria de tan gran poeta. La corona de laurel era el premio particular de los juegos píticos, por estar consagrados a Apolo. En fin, se coronaban de laurel a los victoriosos, y se plantaban ramos de este árbol, en las puertas del palacio de los emperadores, el primer día del año y en otros tiempos cuando habían alcanzado alguna victoria. Por esto Plinio llama al laurel el portero de los Césares, y fiel guardian de sus palacios. El laurel estaba consagrado también a Diana y Baco. Los sacerdotes de Juno y Hércules se coronaban asimismo de laurel. Un camafeo del Gemmarwn Thesaurus de Ebermayer, ofrece a Dido coronada de laurel. La mayor parte de las medallas de los emperadores romanos le presentan con una corona, también de laurel. Asimismo en algunas medallas del Bajo Imperio se ven algunas emperatrices con igual distintivo. Julio César había obtenido del Senado permiso para traer siempre corona de laurel a fin de ocultar la calva de su frente, y el gran Pompeyo podía presentarse también coronado del mismo modo en los juegos de circo y del teatro. En las medallas, un ramo de laurel en la mano de un emperador, denota sus victorias, sus conquistas y sus triunfos.