En la leyenda de los orígenes de Roma, Mecencio es un rey etrusco que reinaba en Caere y que luchó contra Eneas. Las formas de la leyenda varían. En la tradición más antigua, y cuyo primer testigo es el tratado (hoy perdido) de los orígenes, escrito por Catón en el siglo II a.C., Mecencio es llamado por Turno, después de haber sufrido éste una primera derrota combatiendo contra Eneas y Latino. Para que Mecencio se decidiera a socorrerlo, Turno le habría prometido la mitad de la cosecha total de vino del país latino y de su propio territorio. Por su parte, Eneas habría hecho igual ofrecimiento a Júpiter. El voto ofrecido al dios tuvo mayor eficacia que la promesa de Turno, y Mecencio y Turno fueron muertos. En esta batalla, Eneas desapareció misteriosamente, llamado a ocupar un lugar entre los dioses, y le sucedió su hijo Ascanio. La promesa hecha a Júpiter fue cumplida, y de este modo se explicaba el origen de las Vinalia, fiestas celebradas todos los años después del 23 de abril, y durante las cuales se ofrecían a Júpiter las primicias de la cosecha vinícola. La versión que da Dionisio de Halicarnaso difiere sensiblemente de la anterior. Después de su casamiento con Lavinia y la construcción de Lavinio, Eneas y Latino se ven obligados a rechazar los ataques de los rútulos acaudillados por Turno, sobrino de Amata. En una primera batalla caen Turno y Latino. Los rútulos llaman entonces en su socorro a Mecencio, y los etruscos, que temen la instalación de un poderoso Estado tan cerca de sus fronteras, en la desembocadura del Tiber. Entáblase una sangrienta batalla; al caer la noche el resultado no está todavía decidido, pero entonces se dan cuenta de que Eneas ha desaparecido. Ascanio asume el mando, pero los troyanos y latinos se hallan en situación apurada, y Ascanio solicita condiciones para un armisticio. Mecencio reclama todo el vino que produce el país latino. Entonces, Ascanio ofrece a Júpiter el vino del país y, aprovechando la noche sin luna, realiza un ataque que tiene completo éxito. Lauso, hijo de Mecencio, es muerto, el ejército etrusco se repliega desordenadamente, y Mecencio se entera a la vez de su derrota y de la muerte de su hijo. Entonces es él quien pide un armisticio. Ascanio le concedió paso libre con los restos de su ejército, y desde este momento, Mecencio fue siempre un fiel aliado de los latinos. En Virgilio, la figura de Mecencio es más matizada, pero la leyenda en sí se ha simplificado. Mecencio sigue siendo rey de Cere, pero ha sido expulsado por sus súbditos, cansados de su tiranía, y ha encontrado un refugio en la corte de Turno. Combate a su lado junto con su hijo Lauso, y los dos son muertos por Eneas. En ningún momento alude Virgilio a la promesa de consagrar el vino del país latino ni a Mecencio ni a Júpiter. Se observará que en el relato virgiliano sólo Mecencio es enemigo de Eneas, mientras que los etruscos figuran al lado de los troyanos y, por tanto, de Roma. Ello no es una casualidad si se recuerda la ascendencia etrusca de Mecenas, cuyos antepasados habían reinado en las ciudades etruscas, y que en este momento era uno de los más íntimos amigos de Augusto.