En los tiempos heroicos se sentaban en la mesa, como se verifica hoy día: cada uno tenía su asiento separado. Homero nos describe siempre a los guerreros sentados alrededor de la mesa. Las comidas públicas no se componían, por lo regular, más que de la carne de las víctimas inmoladas en los sacrificios. Los egipcios, dice Apolodoro en el Ateneo, en los tiempos antiguos se sentaban a la mesa y lo mismo se practicó en Roma hasta fines de la segunda guerra púnica. Sin embargo, no se han conservado monumentos que nos presenten esta circunstancia, por el contrario, casi todos lo que existen nos representan a los asistentes echados. Un gran número de bajorrelieves antiguos ofrecen al marido y a la mujer en un lecho o cama, y delante de ellos una mesa, lo que se considera como una comida familiar. Pero los esculpidos en los sepulcros representan la "coenae ferales" o la comida de los funerales; algunas veces se celebra esta comida en los mausoleos y en los hipogeos. La verdadera costumbre de estos banquetes, cuenta Varrón, citado por Aulo Gelio, era que los convidados no podían ser menos de tres, ni pasar de nueve; pero los griegos celebraban muchísimos, donde se reunían un gran número de personas, y por lo regular se observaba en ellos la mayor magnificencia. Entre los egipcios aposentados, al concluir la comida se presentaba un simulacro de momia, y les decían: "Comed y alegraos, porque bien pronto seréis semejante a éste". Estos pueblos, dice Ateneo. no usaban de mesas, pero sí presentaban sucesivamente los platos a los convidados, a fin de que cada uno se sirviese a su gusto. Entre los romanos, por el contrario, al igual que muchos otros paises, se llevaban las mesas cargadas y se las devolvían luego con los platos: algunas veces en una misma comida se hacían suceder hasta siete mesas y aun más. Los galos, dice el mismo autor, cuando comían con el rey no tocaban el pan ni ninguna clase de manjar, antes que el rey lo hubiese probado. Cuando los grandes de esta nación iban a la guerra admitían en su mesa "parasitas", que entonaban durante la comida cánticos en alabanza de sus bienhechores. Estos poetas pertenecían a la clase de los bardos. De los manjares que se servían en sus comidas, los antiguos preferían la caza. Los romanos eran muy aficionados al pescado; conocían el uso de las salsas exquisitas y de la pastelería. Los huevos se servían al empezar y los frutos al concluir la comida. En los grandes banquetes se nombraba un rey que señalaba a cada uno de los asistentes el lugar que le correspondía. Este rey era elegido o por sorteo, o por el que daba la comida. Todos los demás estaban obligados a obedecerle. Todas las grandes comidas se hacían por la tarde. El almuerzo y la comida eran muy pequeños en comparación a la cena. Los griegos hacían cuatro comidas al día, el desayuno o almuerzo, "ecratisma"; la comida, "dorpiston", la merienda "herperisma", en latín "merenda"; y la cena, "dipnon o epidorpis", en latín "coena". Según las leyes áticas, dice Samuel Petit, los convidados no podían pasar de treinta. Los cocineros alquilados para las grandes comidas daban sus nombres a los ginecónomos; esto es a los que tenían su cargo la inspección de los banquetes y vigilar que las mujeres se comportasen con modestia. No se bebía vino puro hasta concluir la comida y una vez en honor del buen genio. Los aeropagitas debían castigar a los que en estas comidas cometían algún exceso. Los antiguos se hacían servir por escanciadoras, "posillatoras", que eran jóvenes y hermosas esclavas. Las mujeres también servían en la mesa. En la época del lujo entre los griegos y los romanos se introducían al final de la comida cantoras danzantes y cómicas. Los antiguos confirmaban casi siempre sus tratados con una comida religiosa que llamaban comida de confederación. La que estaba obligado a dar el que era promovido a la dignidad de Augur o de Pontífice, se llamaba comida de recepción. La comida fúnebre entre los griegos era una ceremonia religiosa instituida para honrar la memoria de un muerto. Esta oomida se verificaba en casa de uno de los parientes del difunto y cuando se despedían se abrazaban como si no fueran a verse más. Entre los romanos había de dos clases: Ias primeras se hacían en lacasa del difunto, cuando volvían de acompañarle: la segunda sobre su tumba. Se servían también manjares para las almas errantes y se creía que Hécate, que bajo el nombre de Tribia presidía los caminos, se encargaba de recoger estos manjares para entregarlos a las almas. Lo que realmente sucedía era que los pobres, favorecidos por la oscuridad de la noche, iban a recoger todo lo que se hallaba encima de la tumba. Entre los hebreos la comida funeraria se llamaba comida de muertos, y en ella se observaban cortas diferencias en las mismas ceremonias.