o Magador. Setecientos kilómetros al suroeste del Estrecho de Gibraltar, el yacimiento de Mogador constituye un punto muy especial en el mapa del mundo antiguo: es la última etapa conocida de una línea comercial establecida a lo largo del litoral marroquí, que sin duda se prolongaba más hacia el sur y en la cual, al igual que entre Lixus y Mogador, quedan muchas factorías intermedias por descubrir. Sólo los textos antiguos podrían informarnos, aunque a menudo resultan demasiado confusos y contradictorios. Sin embargo, todos ellos tienen dos puntos en común: son en general relatos de navegantes ocasionales, enviados por soberanos o jefes de guerra, y se refieren siempre al Mar Exterior, es decir, al Océano Atlántico. La ruta marítima era, pues, preferible a la vía terrestre, que debía resultar peligrosa. Se practicaba así el cabotaje a lo largo de las costas, de cabo en cabo y de playa en playa, ya que no de puerto en puerto. El Periplo de Hannon es el texto que nos proporciona más detalles sobre las colonizac¡ones del siglo V a.C. entre el Cabo Espartel (en el Estrecho) y la isla de Cerné, aunque a menudo no sean aprovechables. En principio, Cerné debería corresponder al islote de Mogador, pero se trata tan sólo de una hipótesis: Ptolomeo la sitúa a la altura de las Canarias, mientras que Scylax, Estrabón y Plinio la colocan más al norte. Elemento principal de un minúsculo archipiélago, este islote está situado frente a la ciudad de Essaouira (Souira Jdida), a 1 km de la costa. Su superficie es de unas 40 Ha, de las que tres corresponden al yacimiento arqueológico. En 1506, el rey Manuel de Portugal mandó levantar en la desierta costa un castillo que fue el precedente de la ciudad actual, construida en 1765. En la antigüedad, el espolón rocoso sobre el que se asienta debió de ser la segunda "isla de la púrpura", unida progresivamente al continente por un tómbolo de arena. Ya en 1902 el geógrafo francés Vidal de La Blache identificó Mogador con las islas descritas por Plinio, en las que se producía la púrpura de los Gétulos. En el centro de la bahía de Essaouira, justo en la playa y frente al islote, se levanta un montículo de 17 m de altura. En lo alto hay el morabito de Sidi Mogdul, santón epónimo de Mogador; allí es fácil ver trozos de cerámica que indican que se trata del lugar de desembarco de las mercancías fenicias. El yacimiento era un montículo artificial de unos cincuenta metros de diámetro, que dominaba una pequeña cala que acogía las barcas de pescadores. Fragmentos de cerámica y monedas antiguas aparecían esparcidas por el suelo, que a veces permanecía cubierto de arena varios meses al año, según la fuerza de los vientos alisios. El material arqueológico se componía de numerosos fragmentos de cerámica pintada, más tarde identificada como de origen oriental y, sobre todo, fenicio. Elemento de datación de indudable interés, la cerámica griega, mezclada con las producciones fenicias, ha permitido determinar los orígenes del asentamiento. Su cronología iría de la segunda mitad del siglo VII al principio del siglo VI a.C.. La presencia de los fenicios en Mogador no fue, por supuesto, fortuita. En efecto, realizaban allí tres tipos de actividades diferentes: explotación de los productos del mar, búsqueda de animales salvajes y metalurgia. La costa atlántica es todavía hoy una de las más ricas en pesca, que constituye el principal recurso de la región. En la antigüedad, la púrpura se obtenía del murex y de la purpura haemastoma desde hacía varios siglos cuando el rey Juba II, coetáneo del emperador Augusto, reconstruyó las factorías situadas en las islas llamadas Purpúreas, es decir, en Mogador. Indudablemente el origen de esta industria se remonta a los fenicios. Por otra parte, varias cubetas de salazón fueron descubiertas cerca del montículo central (la llamada "villa" romana). Servían para fabricar el garum de los romanos. Los autores antiguos coinciden en alabar la riqueza de la Marusia en animales salvajes. Evidentemente, había un fuerte contraste entre la fauna europea del sur de España y la muy cercana del norte de África, con sus elefantes, leones, panteras, avestruces... Sin duda alguna, los elefantes de Aníbal procedían del cercano Marruecos y no de la lejana Cartago. Además, es conocida la frase de Plinio sobre los elefantes que "infestaban la región de Sala (el Rharb), es decir; la actual Rabat. Polibio, que recorrió el litoral en el 146 a.C., menciona con énfasis los leones que "asediaban" las ciudades de la Mauritania. Las pieles de animales salvajes eran muy buscadas, así como el marfil, tal como afirma el Pseudo-Scylax en un texto capital a propósito de la isla de Cerné: "Los comerciantes que vienen a Cerné son fenicios [...]. Truecan sus mercancías por pieles de ciervos (¿antílopes?), de leones, de leopardos, por pieles y defensas de elefante [...]. Los etíopes beben en copas de marfil y sus mujeres se adornan con collares de marfil". Además de estas actividades comerciales, los fenicios de Mogador trabajaban los metales y en particular el hierro. Se explotaban yacimientos de hierro (laterita o hematites) en una zona no muy alejada de la isla. A 20 km al noreste de Mogador, el Djebel-Hadid (montaña de hierro) se extiende de este a oeste hasta el Ras-el-Hadid (cabo de hierro), que correspondería al Herakleous Akron de los antiguos. No lejos de la costa, el suelo está cubierto de escorias en varios puntos. La isla de Mogador estaba situada en una posicion geográfica excepcional para la explotación de las riquezas naturales del país. Ello explica la llegada de los fenicios, ya a principios del siglo VII a.C., a los límites más alejados del mundo entonces conocido. Hoy, Essaouira, Marruecos.