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Palabra   |   Descripción

Mitología

)o()o( Historia fabulosa de los dioses, semidioses y héroes. )o()o( Aplícase a la ciencia que se ocupa de la reunión, investigación e interpretación de los mitos. )o()o( Sistema de creencias, ideas y ritos basado en los mitos, y característico de sociedades que se hallan en estadios de desarrollo sociocultural no avanzados. )o()o( Disciplina científica que estudia los mitos y la mitología. )o( El concepto y la palabra mitología poseen unas ambigüedad y ambivalencia que han provocado diversas polémicas entre los especialistas. Efectivamente, la palabra mitología se aplica para definir tanto el sistema credencial e ideológico basado en los mitos que distingue los estadios de evolución sociocultural más elementales de muchas sociedades, como la disciplina científica que, de manera sistemática, y desde cualquier perspectiva (comparatista, culturalista, funcionalista, estructuralista, psicológica, psicoanalítica, etc.) puede ocuparse del estudio de los mitos y del sistema que forman. La intersección de ambos niveles, es decir, de la mentalidad mítica original sometida a estudio, y de la mentalidad mitocrítica que asume ese estudio, ha constituido una cuestión preocupante para muchos críticos que han defendido su separación y la consideración pura e incontaminada por prejuicios críticos de las creencias míticas. Tal fue la propuesta del gran antropólogo polaco naturalizado británico Bronislaw Malinowski (1.884-1.942), representante máximo de la escuela funcionalista, que planteó el estudio de los mitos únicamente a partir de la función sincrónica que cumplen dentro del marco social. O, desde presupuestos muy diferentes, del especialista francés Marcel Detienne, que en L'invention de la mythologie (La invención de la mitología) (1.981) ha planteado una reinterpretación radicalmente autónoma de los sistemas mitológicos. Por otra parte, nunca ha estado completamente clara la diferencia entre mito, leyenda, y cuento. El gran antropólogo estructuralista francés Claude Lévi-Strauss (1.908) siempre partió de que el mito era una unidad de pensamiento diferenciada y reconocible por cualquier persona de cualquier lugar. Pero el historiador de las religiones Georges Dumézil (1.898-1.986) reconoció, al publicar su monumental Mito y Epopeya (1.968-1.973), que nunca había llegado a distinguir la diferencia entre un mito y un cuento. Por lo general, tiende a pensarse que si la creencia y el relato están situados en un plano mágico-religioso,estaremos ante un mito; que si está situado en un plano predominantemente histórico-local, lo que habrá será una leyenda; y que si se entiende como una pura ficción atemporal y sin vinculaciones geográficas, será un cuento. Pero lo cierto es que las frecuentes coincidencias argumentales, ideológicas y hasta poéticas entre mitos, leyendas y cuentos, hacen muchas veces poco discernibles unas fronteras que en bastantes ocasiones dependen sólo de la variable actitud ideológica y del inestable grado de creencia del narrador y del oyente hacia ellos. Tampoco hay un acuerdo básico para la distinción entre mitología y religión. Tiende a pensarse que la creencia mítica es más elemental y antecede a la creencia religiosa, y que atañe únicamente a la interpretación y validación de creencias cosmogónicas y fundacionales identificadas con un pasado protohistórico, mientras que la religión constituiría un sistema más complejo, englobador de creencias referidas tanto al pasado como al presente, y dotado de un sistema normativo, prescriptivo y moral globalmente operativo en el marco social. Sin embargo, el componente mítico resulta evidente en toda religión, incluido el cristianismo, y hay muchos críticos que no se han atrevido a establecer una distinción tajante entre mitología y religión. Pese a las dificultades para definir lo que es la mitología en términos claros y unívocos, lo cierto es que, en el fondo de creencias de todos los pueblos, sí es posible apreciar una serie de rasgos comunes y coherentes entre sí, y al mismo tiempo específicos y distintivos frente a los de otros pueblos, que hacen posible su categorización conceptual. Mitología sería, en consecuencia, el sistema de creencias, ideas y ritos referidos a su creación y orígenes que poseen todos los pueblos en estadio de evolución sociocultural no desarrollado, que guarda una lógica interna, que muestra una serie de coincidencias y de oposiciones con las mitologías de los pueblos del entorno, y que no ha desarrollado aún una dimensión normativa, prescriptiva y moral compleja propia de los sistemas religiosos. El término mitología puede aplicarse, en definitiva, a todo sistema de mitos que muestre rasgos de coherencia interna y de diferenciación externa con respecto a otros sistemas. Se podría hablar, por ello, de una mitología "universal" igual que de una mitología "indoeuropea", "europea occidental", "mediterránea", "hispánica", "española" o "gallega", o de una mitología "americana", "sudamericana", o "amazónica", según el objeto y método con que se plantee su consideración o estudio. El eje organizativo y cohesionador básico de toda mitología es seguramente el sistema de relaciones que se establecen entre los personajes (dioses, semidioses, héroes fundadores o culturizadores, y elementos cósmicos, naturales, animales,monstruosos, etc. animados o personificados) que la protagonizan, y que suelen reproducir o reflejar de manera fiel el sistema de parentesco, de poder y jerarquización social, y de tensión y rivalidad, de la comunidad correspondiente.

Mitología asturiana

La mitología asturiana se formó en el trascurrir de los tiempos, entroncada con otras mitologías de la cornisa cantábrica, si bien diferenciada y sumamente marcada por el devenir de la cultura rural y las gentes que habitaron esta tierra. Posiblemente la mitología asturiana nació en un principio de las religiones de los primeros pueblos que habitaron en Asturias, que adoraban al sol y a la naturaleza. Luego, la celtificación de los pueblos astures transformaría estos mitos para amoldarlos a su forma de entender la vida, lo mismo ocurriría más tarde con la romanización de Asturias que los retocarían para ajustarlos a esta nueva cultura. También los visigodos, aunque ya romanizados cuando llegaron a Asturias, trajeron sus mitos germánicos y nórdicos sin lugar a dudas. Los últimos retoques se darían poco a poco a medida que la iglesia católica se introducía en la sociedad. Como personajes mitológicos hay que citar les Xanes, les Ayalgues, el Cuélebre, el Nuberu, los Mouros, el Trasgu, el Sumiciu, el Musgosu, el Biañu burllón, el Pesadiellu, los Ventolinos, los Espumeros, les Serenes, les Llavanderes, la Guaxa, el Papón, el Pataricu, la Güestia, el carru de la muerte, el Güercu, la Coruxa, les Bruxes o el Lloberu, entre los más conocidos.

Mitología cántabra

Parece ser que la mitología autóctona de Cantabria, desde sus orígenes más remotos y con el paso del tiempo, se ha ido entroncado con los mitos celtas y romanos, emparentándose en parte con leyendas y tradiciones del resto de la cornisa Cantábrica. En la mayoría de los casos su significado más profundo, trasmitido de padres a hijos a través de la tradición oral, ha quedado diluido, bien porque este se ha ido perdiendo, bien porque los escritores clásicos nos la han trasmitido cercenadamente al no recoger toda la riqueza y mentalidad popular, fijándose únicamente en los cultos y divinidades que guardaban semejanza con los suyos. Por otro lado la romanización en un primer momento y la incursión del cristianismo posteriormente han ido transformando el sentido y representación de estos ritos paganos, alcanzándose en muchos casos un sincretismo religioso. Aún así, todavía se conservan en el pueblo cántabro apólogos y leyendas con una mayor componente ritual o de comportamiento que como relatos significativos. Entre los restos de mitos que aún persisten como sustrato en la tradición cántabra se encuentran el culto a las grandes divinidades protectoras, como es la adoración al Sol, lo cual queda atestiguado en las estelas cántabras encontradas, y en relación con el culto al fuego. Así mismo, se idolatra a una divinidad-padre suprema, denominada Candamo, que en época romana se asocia con Júpiter (Júpiter Candamo) y el culto solar. y posteriormente con el Dios cristiano. Adjunto al marcado carácter guerrero de los cántabros aparece un dios de la guerra, posteriormente identificado como el Marte romano, al que se le ofrecían sacrificios de machos cabríos, caballos y prisioneros en gran número, según señala Estrabón, Horacio y Silio Itálico. Estas hecatombes iban acompañadas de la bebida de la sangre aún caliente de los caballos, como menciona Horacio al respecto de los concanos, y sería una verdadera comunión. El teónimo Epane podría tener relación con este culto. Para los antiguos cántabros estas prácticas poseían un origen místico ligado a la creencia en la sacralidad de estos animaless que algunos vinculan muy estrechamente con la variante del dios Marte céltico solar y que serían su reencarnación. Los sacrificios humanos entre los pueblos del norte son citados también por san Martín Dumiense y tendrían el mismo carácter de redención y vaticinio que el resto de los celtas de la Galia, donde eran muy frecuentes. Así Estrabón cuenta sobre estos que examinaban las vísceras de los prisioneros, cubriéndolas con sayos, les amputaban las manos derechas y las consagraban a los dioses. El modo de vaticinar el futuro dependía de la caída de la víctima. Unido a esta divinidad guerrera aparecen las diosas-madres germinadoras vinculadas a la Luna con evocaciones casi hasta el presente en la que hasta hoy en día posee un clara influencia en el medio rural en las fases de siembra y recogida de cultivos. Se relaciona la diosa Cantabria aparecida en la inscripción de un ara votiva hallada en Topusko (Croacia) con la Diosa Madre de los cántabros. Este epigrama habría sido realizado por alguno o algunos soldados que formaban parte de las legiones romanas: CANTABRIA / SACR(um) / CVSTOD(es) / EIVSDEM. Del mismo modo, el culto a un dios del mar fue asimilado en época romana a través del dios Neptuno (una estatuilla de esta deidad pero con rasgos de la divinidad cántabra original fue encontrada en Castro Urdiales). Estos antiguos cántabros creían en la inmortalidad del espíritu. Así lo demostraban en sus ritos funerarios donde predominaba la cremación, a excepción de aquellos que morían en combate, que debían de reposar en el campo de batalla hasta que los buitres abrieran sus entrañas para llevarse al más allá su alma y unirse a la gloria de sus antepasados. Esta práctica queda atestiguada en los grabados de la Estela de Zurita. Así mismo un papel importante en la compleja sociedad cántabra era el sacrifico en sus dos aspectos: como medio de conformar la voluntad divina y como prevalencia de la abnegación a la colectividad frente al individuo. Así pues en una sociedad guerrera como la cántabra la inmolación no era considerada como símbolo de primitivismo o barbarie sino que la difícil determinación que requería a la persona que lo llevase a cabo conllevaba que tuviese un alto grado de importancia. Tal era el caso de la denominada devotio, un singular y extremo sacrificio practicado por los cántabros mediante el cual las comunidades guerreras unían su destino al de su líder. )o()o( Mitología telúrica y arbórea )o( Al mismo tiempo existe una mitología terrenal de adoración a Gaya, la Madre Tierra, través de la divinización de los animales, árboles, montañas y aguas como espíritus elementales. Creencias, por otro lado, comunes a todos los pueblos que reciben la influencia celta. Lugares como el Pico Dobra, en el valle del Besaya, han dejado constancia de su sacralización desde época prerromana a través del ara dedicada al dios cántabro Frudinus, fechada en el año 399, lo que demuestra que estos ritos se extendieron más allá de la instauración del cristianismo en el Imperio romano como religión oficial. Del mismo modo topónimos como Peña Sagra, Peña Santa, Mozagro (montem sacrum = monte sagrado), Montehano (montem fanum = monte del santuario) indican que han sido considerados lugares sagrados desde la antigüedad más remota. Se divinizaban así mismo aguas de ríos y fuentes. En el Monte Cildá apareció una ara dedicada a la diosa madre Mater Deva, conocida en el mundo céltico y personificada en el río Deva. En Otañes se encontró una pátera dedicada a la ninfa de una fuente con propiedades medicinales. Plinio el Viejo cita la existencia en Cantabria de unas fuentes intermitentes, las Fuentes Tamáricas, veneradas por los cántabros tamáricos que tenían valor de augurio y que correspondería a la actual Velilla del Río Carrión. Suetonio en su relato sobre la vida de Galba, señala como símbolo de buen augurio el haber encontrado durante su estancia en Cantabria doce hachas en un lago. Estos eran sin duda exvotos depositados allí según costumbre también de otros pueblos europeos, lo que sugiere un culto a los lagos. Así mismo la ofrenda a las aguas de stipes, o monedas de bronce de escaso valor, así como de otras piezas de mayor cuantía, como denarios, áureos y solidus, queda manifiesta en la presencia de algunas de estas piezas en La Hermida, Peña Cutral, Alceda y en el río Híjar. De igual manera se divinizó la foresta, un culto con clara influencia celta a través de su mitología arbórea. Algunas especies de árboles eran especialmente respetados; el tejo y el roble. El primero es la especie más emblemática y simbólica de Cantabria y ha sido venerado por los cántabros de la antigüedad, formando parte de algunos de sus rituales. Por Silio Itálico, Floro, Plinio y San Isidoro de Sevilla sabemos que se suicidaban con veneno extraído de las hojas de este árbol, pues preferían la muerte a ser esclavizados, y de igual forma sacrificaban a los ancianos no aptos para la guerra. Es habitual encontrarlos en las plazas de los pueblos, en cementerios, iglesias, ermitas, palacios y casonas al considerarse un árbol testigo, lo que ha permitido perpetuar ese halo de misterio y sacralidad que envuelve todo lo relacionado con esta especie. El roble es el árbol céltico por excelencia ya que quizá sea la especie más sacra para los druidas, del cual recolectaban el muérdago. Es una especie que arrastra muchas connotaciones folclóricas, simbólicas y mágicas en Cantabria y era frecuente utilizarlo como "árbol de mayo", la maya que aún hoy preside los festejos en algunos pueblos, alrededor del cual bailaban los mayos para celebrar el renacer de la vida vegetal. Las cagigas simbolizan la unión del cielo y la tierra, imagen que le confería el valor de eje del mundo. Tienden a atraer al rayo, por lo que jugaban un importante papel preponderante en las ceremonias para conseguir lluvia y fuego en toda Europa. Robles, hayas, encinas y tejos eran también utilizados como un lugar de encuentro tribal generación tras generación en donde las leyes religiosas y seculares eran impartidas. Aún hoy hasta tiempo muy recientes era habitual celebrar los denominados concejos abiertos bajo árboles centenarios. Las juntas de Trasmiera oficiaban sus reuniones en Hoz de Anero, en Ribamontán al Monte, bajo una gran encina que todavía existe. )o()o( Fechas y momentos significativos )o( Como ocurre en otros pueblos en Cantabria existen fechas que han sido propicias desde antiguo para los rituales y las leyendas. Días cargados de ocultas y antiguas significaciones. Así, por San Juan, en el solsticio de verano, la noche es mágica. Dice la tradición en sus diferentes variantes que los Caballucos del Diablo y las brujas carecen de poderes tras el ocaso y se apoderan de él los curanderos; las plantas como el trébol de cuatro hojas, la flor del saúco, las hojas del sauce, enebro o brezo entre otras curan y dan felicidad si se recogen en esa madrugada. En torno a la Navidad, solsticio de invierno, se realizaban ceremonias rituales, vestigios de antiguos cultos al árbol, el fuego y el agua. En esas fechas se adornaban los manantiales y balcones con flores y se bailaba y saltaba sobre el fuego. Destacan también momentos del día como el ocaso. En Cantabria se hablaba de El Sol de los Muertos refiriéndose al último sol de la tarde que enviaban los difuntos. Éste se creía que marcaba el momento en que los muertos regresan a la vida y diversos autores lo han asociado con reminiscencias del culto solar. )o()o( Criaturas mitológicas )o( A través de los mitos los hombres buscaban respuesta a los hechos de la naturaleza que les parecían inexplicables. La mitología cántabra justifica la presencia de grandes rocas en brañas y camberas, por la acción perversa del Ojáncano. A la par que las divinidades telúricas y de la naturaleza, en Cantabria ha habido, según la tradición popular y al igual que en otros pueblos, seres fabulosos de aspecto desigual que las gentes temían o adoraban y en tomo a los cuales se forjaban historias y leyendas. Existen muchos seres de este tipo dentro de la mitología cántabra, entre los que se pueden destacar los siguientes: )o( El Ojáncanu. Infortunio de Cantabria, esta criatura personifica el mal entre los cántabros y representa la maldad, la crueldad y la brutalidad. Este gigante ciclópeo es la versión cántabra del Polifemo griego que aparece también en otras mitologías indoeuropeas. )o( La Ojáncana o Juáncana. Mujer del anterior. Le gana a aquel en maldad pues entre sus víctimas se encontraban también los niños. )o( La Anjana. Es la antítesis al Ojáncano y la Ojáncana. Hada buena y generosa, protectora de las gentes honradas, de los enamorados y de quienes se extravían en los bosques y caminos. )o( El Esteru. Es un personaje navideño de la mitología cántabra, un leñador que vive solo en el bosque y se dedica a hacer juguetes para repartirlos en Navidad por toda Cantabria. )o( Los duendes. Aquí se engloban a todos los pequeños seres de la mitología cántabra, traviesos y burlones en una gran mayoría. Cabría distinguir entre los duendes domésticos, aquellos que viven en el interior o en los alrededores de las casas de Cantabria, como los Trasgus y TrastolilIus; y los que habitan el bosque, como Trentis y Tentirujus. Existen otros muchos seres fabulosos que pueblan la rica mitología de Cantabria, como los Ventolines, los Caballucos del Diablo, los Nuberos, el Musgosu, el Culebre, el Ramidreju, etc.. O hermosas leyendas como la de la Sirenuca, bella moza desobediente y caprichosa aficionada a trepar por los acantilados más peligrosos de Castro Urdiales para cantar al compás de las olas y por ello convertida en ninfa marina. O la del Hombre Pez, ese joven de Liérganes al que le gustaba nadar y que se perdió en el río Miera, siendo finalmente encontrado en la bahía de Cádiz, transformado en un extraño ser acuático.

Mitología castellana

La mitología castellana comprende el conjunto de mitos y leyendas propias del territorio histórico de Castilla. La mitología castellana, lejos de lo que comúnmente se piensa, no está exenta de leyendas, mitos y seres mágicos. Y a pesar del tamiz cristiano, subsisten ciertas costumbres paganas. Podemos encontrarlas en la mitología popular de muchos pueblos castellanos, en su tradición oral y en el estudio de muchas obras literarias en lengua castellana. La mitología castellana se caracteriza por nutrirse de varios orígenes. En primer lugar por entroncarse en sus raíces montañesas que llevaron consigo los repobladores foramontanos en lo que más tarde sería el reino de Castilla. De la tradición celtíbera subyacente en la población hispanoromana. Además, podemos comprobar la rica tradición hispanogoda, refugiada en la cornisa cantábrica y heredera del reino visigodo tras su caída en 716, aportando por ejemplo, iconografías características a la historia de Castilla, que aparecen ya en el "Poema de Fernán González": el caballo y el azor; o la lectura de los signos de buena o mala suerte en las aves "pájaro de mal agüero". Asimismo, se nutre también de los mozárabes que o bien fugados o liberados, compartieron conocimientos y costumbres en tierras castellanas. Muchos mitos son comunes a otras regiones de la antigua Corona de Castilla. Además por la extensión y diversidad en la orografía del territorio castellano se dan variedades tales como que una misma leyenda o ser mitológico tenga distintas interpretaciones o se le nombre de forma distinta en diversos lugares. Además de los comunes trasgos, se señalan en el territorio castellano los siguientes seres mitológicos: Trentis en el norte de Burgos, diablos burlones en La Rioja y Soria, Reñuberos en Palencia, Valladolid y León, Nublaos y regulares entre Zamora y Valladolid, Gnomos en la Sierra de Francia, Nubleros en el Sistema Central y la Sierra de Alcaraz en Albacete, gnomos y diablos burlones en la serranía de Cuenca y Guadalajara (es fácil ver cómo se repiten idénticos seres en idénticos ámbitos geográficos: monte, montaña, llanura...), enanos mineros en los Montes de Toledo o monjes sobrenaturales en Ciudad Real. Además, muchos de estos mitos o leyendas han viajado a Iberoamérica con los colonos castellanos. Está muy extendida la idea que la literatura castellana es carente de elementos fantásticos. Pero esto es contradice si se consulta las obras del siglo XVII. El propio Cervantes, entre otros muchos, recogerá toda clase leyendas, mitos y fantasías propias del vulgo, para la realización de sus diversas obras. Pero mucho de este material mitológico era descartado por ciertos escritores "eruditos" o bien atacado por algunos sectores como supersticiones del populacho. A primera vista parece que Castilla no presenta material "maravilloso", susceptible de relacionarse con tradiciones paganas. No obstante, dicho material existe no sólo en los cuentos, sino también en las leyendas unidas a lugares geográficos donde la mayoría de las veces a la Virgen, los santos, las viejas o damas que donan tierras o castigan a los habitantes de un pueblo, les corresponde un papel activo. Hoy no se puede hablar de un culto pagano o tradicionalmente alejado de la doctrina eclesiástica en los pueblos castellanos. Pero diversos autores han reconocido en diversos ritos y costumbres, la pervivencia de viejos cultos prerromanos. Las "matres" sufrieron el mismo proceso que otras divinidades menores circunscritas a estos territorios. Como las "dianas" (xanas asturianas) aparece ya en la baja época latina en el sentido de "hada nocturna". En Castilla, "matre" (matrona) tomará las connotaciones de la fertilidad y al mismo tiempo diosa de los muertos, de los fantasmas nocturnos y maga poderosa. Al carecer de un renacimiento cultural que la rescatara (romanticismos nacionalistas del siglo XIX, tales como el vasco, gallego y catalán) ha propiciado que se perdiera gran parte de la mitología de las diversas regiones de raíz castellana. Además, siendo las áreas rurales castellanas las más castigadas por la despoblación y la posterior fracción de los territorios castellanos en diversas comunidades autónomas, han relegado estos mitos al ostracismo. En la toponimia, se puede estudiar gran parte de este legado, que se perpetúa en el tiempo, ejemplo del municipio de Maderuelo (Segovia). El Castro Maderolum como se le menciona época altomedieval, es posiblemente la evolución de "Castrum Matrorum" o sea, "Ciudadela de las Matres". Las divinidades celtíberas de la fecundidad de las mujeres y de los campos y animales. Supondría que en esta villa existiría un templo o algo similar donde se realizara el culto a las Matres. Esta adoración queda patente en muchos yacimientos de la zona, donde se han identificado estas matres (Tiermes, Clunia, Duratón, Salas de los Infantes, entre otros). Así mismo, se puede observar la denominación que reciben ciertas pozas, que hacen mención al dios del inframundo Airón. Ejemplo de ello la tenemos en "El pozo de Airón" del municipio de La Almarcha (Cuenca), donde se encontró una ara votiva dedicada a esta deidad. En lugares como Pedraza (Segovia) se encuentra la Cueva de la Griega donde se hallaron inscripciones vinculadas al dios Airón. Este mito, le encontramos en infinidad de leyendas relacionadas con cuevas, pozos, lagunas o bajo alguna deformación en el topónimo (Hirón o pozahiron). Pudiendo estudiar además casos en Albacete, Ávila, Burgos, Ciudad Real, Guadalajara, León, Madrid, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Toledo.

Mitología celta

La mitología celta es una serie de relatos de la aparente religión de los celtas durante la edad de hierro. Al igual que otras culturas indoeuropeas durante este período, los primeros celtas mantuvieron una mitología politeísta y una estructura religiosa. Entre el pueblo celta en estrecho contacto con Roma, como los galos y los celtíberos, esta mitología no sobrevivió al imperio romano, debido a su subsecuente conversión al cristianismo y a la pérdida de sus idiomas originales, aunque irónicamente fue a través de fuentes romanas y cristianas, contemporáneas, que conocemos detalles sobre sus creencias. En contraste, la comunidad celta que mantuvo sus identidades políticas o lingüísticas, tales como las tribus de escotos y bretones de las Islas Británicas, transmitió por lo menos vestigios remanentes de las mitologías de la edad de hierro, las cuales fueron registradas a menudo en forma escrita durante la Edad Media. Debido a la escasez de fuentes sobrevivientes que pongan por escrito el idioma galo, se conjetura que los celtas paganos no eran extensamente alfabetizados, aunque una forma escrita de la lengua gala, utilizando el alfabeto griego, latino e itálico del norte, fue usada, según lo evidencian los artículos votivos que llevan las inscripciones en lengua gala y el Calendario de Coligny. Julio César da testimonio del alfabetismo de los galos, pero también describe que sus sacerdotes, los druidas, prohibieron utilizar la escritura para registrar ciertos versos de importancia religiosa, haciendo notar también que los helvecios tenían un censo escrito. Roma introdujo el hábito más extendido de inscripciones públicas, y debilitó el poder de los druidas en los territorios que conquistó; de hecho, la mayor parte de las inscripciones sobre deidades descubiertas en Galia, Britannia y en otros lugares representan territorios celtas posteriores a la conquista romana. Aunque tempranamente los escotos de Irlanda y partes del moderno Gales usaron la escritura Ogam para registrar inscripciones cortas, en gran parte nombres personales, el alfabetismo más sofisticado no fue introducido a los territorios celtas que no habían sido conquistados por Roma hasta el advenimiento del cristianismo; de hecho, muchos mitos gaélicos primero fueron registrados por monjes cristianos, aunque sin la mayor parte de sus significados religiosos originales. La fuente clásica sobre los dioses celtas de la Galia es la sección "Commentarii de bello Gallico" de Julio César. En él nombra a los cinco dioses principales adorados en la Galia (según la práctica de su tiempo, él nombra a los dioses con el equivalente romano más cercano) y describe sus roles. Mercurio era la más venerada de todas las deidades y numerosas representaciones de él han sido descubiertas. Mercurio es visto como el creador de todas las artes y a menudo es tomado para referirse a Lugus por esta razón, protector de aventureros y comerciantes y el más poderoso en relación al comercio y el beneficio. Además los galos reverenciaban a Apolo, Marte, Júpiter, y Minerva. Acerca de estas divinidades los celtas son descritos sosteniendo opiniones aproximadamente iguales a las de otros pueblos: Apolo disipa la enfermedad, Minerva anima habilidades, Júpiter gobierna los cielos, y Marte influye en la guerra. Además de estos cinco, él menciona que los galos remontan su linaje a Dis Pater. Debido a que César no describe a estos dioses por sus nombres celtas, sino por los nombres de las divinidades romanas con los cuales los comparó, este proceso confunde considerablemente la tarea de identificar a estos dioses galos con sus nombres natales en las mitologías insulares. Además retrata por medio de un esquema ordenado la deidad y su rol en una forma que es bastante desconocida y poco familiar a la literatura coloquial de ese tiempo. De todos modos a pesar de las restricciones, su lista final es una observación provechosa y fundamentalmente exacta. Equilibrando su descripción con la tradición oral, o incluso con la iconografia gala, uno está preparado para recolectar los distintos entornos y los roles de estos dioses. Los comentarios de César y la iconografía aluden a períodos bastante distintos en la historia de la religión gala. La iconografía, en los tiempos romanos, es parte de un ajuste de grandes acontecimientos sociales y políticos, y la religión que esto representa se pudo haber mostrado realmente menos obvia que la mantenida por los druidas durante el período de la autonomía gala de Roma. De forma inversa, el desear el orden es a menudo más aparente que verdadero. Por ejemplo, ha sido documentado que de los varios cientos de nombres incluyendo aspectos celtas atestiguados en la Galia, la mayor parte surge sólo una vez. Esto ha conducido a algunos estudiosos a concluir que las deidades celtas y los cultos relacionados eran locales y tribales y no pan-célticos. Los defensores de esta opinión citan la referencia de Lucan, una divinidad llamada Teutates, que ellos traducen como "espíritu tribal" (teuta se cree, puede ser interpretado como "la tribu" en proto-celta). Sin embargo, la serie evidente de nombres divinos, puede ser justificada de manera diferente: muchos pueden ser meros epítetos aplicados a dioses claves adorados en cultos pan-célticos. El concepto de panteón céltico como un número grande de deidades locales, es contradicho por ciertos dioses bien documentados cuyos cultos parecen haber sido seguidos a través del mundo celta. La mitología celta se encuentra en un número variado, pero relacionado, de subgrupos distintos ampliamente relacionados por las ramificaciones del idioma céltico: - Religión céltica antigua, conocida básicamente por medio de fuentes arqueológicas más que por fuentes mitológicas escritas. - Mitología en lengua goidélica, representado principalmente por la mitología irlandesa o Ciclo mitológico o Ciclo de Ulster o Ciclo de Fenian o Ciclo Histórico - Mitología en lengua britónica, representado principalmente por la mitología galesa Aunque el mundo celta en su apogeo abarcara la mayor parte de Europa occidental y central, no estaba políticamente unificada, ni existía alguna fuente central sustancial de influencia cultural. Por consiguiente, había mucha variación en las prácticas locales de la religión celta, aunque ciertos motivos, por ejemplo, la adoración al dios Lugh, parece haber difundido en todas partes del mundo celta. Las inscripciones de más de trescientas deidades, que a menudo se comparan con su contraparte romana, han sobrevivido, pero de éstas las más representadas parecen ser los genii locorum, dioses locales o tribales, de los cuales solo unos pocos fueron extensamente adorados. Sin embargo, de lo que ha llegado a nuestros días de la mitología celta, es posible distinguir las concordancias que insinúan un panteón más unificado de lo que a menudo se cree. La naturaleza y las funciones de estos dioses antiguos pueden ser deducidas de sus nombres, de la localización de sus inscripciones, su iconografía, y de las deidades romanas con las que han sido comparadas. El corpus mítico de mayor antigüedad se encuentra en los manuscritos correspondientes a la alta edad media de Irlanda, los cuales fueron escritos por cristianos, por lo que la naturaleza divina de sus dioses fue modificada. El mito originario parece ser una guerra entre dos razas aparentemente divinas: los Tuatha Dé Danann, literalmente las Tribus de la Diosa Dana que constituyen lo que se denomina los grandes dioses del panteón irlandés y los Fomoré, pueblo misterioso que aparece constantemente en la tradición irlandesa constituido por gigantes que viven en las islas que rodean Irlanda y que continuamente amenazan con invadirla, sin llegar a concretarlo. Estas guerras entre ambas razas representan la base del texto Cath Maige Tuireadh "la batalla de Mag Tuireadh), así como fragmentos de la gran construcción pseudohistórica Leabhar Ghabhála Érenn (Libro de la Invasión de Irlanda). Los Tuatha Dé Dannan representan las funciones de la sociedad humana como la realeza, artes y guerra, mientras que los Fomoré representan la naturaleza salvaje y las fuerzas oscuras siempre dispuestas a llevar al caos a la sociedad humana y divina. Para los primeros celtas algunos árboles eran considerados sagrados. La importancia de los árboles en la religión celta es mostrada por el hecho de que muchos nombres de la tribu Eburonian contienen alguna referencia al árbol del tejo, mientras que nombres como Mac Cuilinn "hijo del acebo" y Mac Ibar "hijo del tejo" aparecen en los mitos irlandeses. Los escritores romanos declararon que los celtas practicaron el sacrificio humano en gran escala lo que es apoyado periféricamente por fuentes irlandesas; sin embargo, la mayoría de esta información es de segunda mano y se basa en rumores. Existen muy pocos hallazgos arqueológicos que prueben el proceso sacrificatorio por lo que la mayoría de los historiadores contemporáneos tiende a considerar el sacrificio humano como raro dentro de las culturas célticas. Existía también un culto al guerrero que se centraba en las cabezas cortadas de sus enemigos. Los celtas proporcionaban a los muertos las armas y otros equipos que indicarían que ellos creían en otra vida posterior a la muerte. Antes del entierro, ellos cortaban también la cabeza de la persona muerta y estrellaban el cráneo, quizás para prevenir que vagara como fantasma. A menudo se dice que los pueblos celtas no construyeron ningún templo, y que sólo se rendía culto en el exterior, en los bosquecillos de árboles. La arqueología ha mostrado por un largo tiempo que esto es falso, con el descubrimiento de varias estructuras de templos a lo largo del mundo celta conocido. Con la conquista romana de partes del mundo celta, se desarrolló un tipo distinto de templo celto-romano denominado fanum.

Mitología de Mesopotamia

Nombre colectivo dado a las mitologías sumeria, asiria y babilónica. Los sumerios practicaron una religión politeísta, con dioses antropomórficos que representaban fuerzas o presencias en el mundo, tal y como lo haría más adelante la civilización griega. En sus creencias establecen que los dioses originalmente crearon a los seres humanos para que estos fueran sus sirvientes, pero los liberaron cuando estos fueron demasiados. Muchas historias en la religión sumeria aparecen homólogas a las historias en otras religiones del Medio Oriente. Por ejemplo, el relato bíblico de la creación del hombre, así como la narrativa de la inundación universal y el arca de Noé se asemeja mucho a las historias sumerias. Los dioses sumerios tienen representaciones distintamente similares en religiones acadias, cananitas y de otras culturas. Algunas de las historias y deidades también tienen sus paralelos griegos; por ejemplo, el descenso de Inanna en el inframundo se asemeja a la historia de Perséfone. El universo apareció por primera vez cuando Nammu, un abismo sin forma, se abrió a sí mismo y en un acto de auto-procreación dio nacimiento a An (dios del cielo), y a Ki (diosa de la Tierra), referidos comúnmente como Ninhursag. La unión de An y Ki produjo a Enlil, el señor del viento, quien eventualmente se convirtió en el líder de los dioses. Después del destierro de Enlil de Dilmun, el hogar de los dioses, debido a la violación de Ninlil tenían un niño, Sin (dios de la Luna), también conocido como Nannar. Sin y Ningal dieron a luz a Inanna (diosa del amor y de la guerra) y a Utu o Shamash (dios del Sol). Durante el destierro de Enlil, él engendró tres deidades del inframundo junto con Ninlil, el más notable de ellos fue Nergal. Nammu también dio a luz a Enki o Abzu, dios del abismo acuático. Enki también controló el Me, los decretos sagrados que gobernaron las cosas básicas tales como la física y las cosas complejas tales como el orden y leyes sociales. Esto considera el origen de la mayoría del mundo. Dentro de la mitología mesopotámica puede hacerse una división entre las divinidades sumerias y las semitas. Primero existieron los dioses sumerios que más tarde fueron adaptados por los acadios, babilonios, asirios, arameos y caldeos, todos ellos pueblos semitas. La tríada sumeria la formaban An, Enlil y Enki, que eran dioses y la tríada semita estaba compuesta por los dioses Sin, Ishtar y Shamash, los equivalentes a la Luna, Venus y el Sol. Existían además otros dioses menos tradicionales que representaban la fertilidad y la diosa madre. En el lenguaje sumerio, Nin significa "señora" y En significa "señor". Por otra parte, ki es "tierra" y lil es "aire". De ahí resulta sencillo saber quién era el señor de la tierra (o dios de la tierra Enki), el señor del aire (o dios del aire Enlil), la señora del aire (o diosa del aire Ninlil), etc. Los mitos sumerios son explicaciones sencillas y de fácil comprensión destinadas a la gente sin mucho conocimiento acerca de la antigua Sumeria, y están narrados en textos acadios como el Enuma Elish y el Atrahasis. Tratan cuestiones teológicas, políticas o filosóficas y reflejan aspiraciones e ilusiones expresadas en forma de novelas y poemas. La característica general de los mitos es la de situar el personaje, generalmente un hombre, en su entorno normal pero sometido a las fuerzas de la naturaleza, la política o la economía. Estas fuerzas pesan sobre su destino, que está marcado por los dioses. Del mito se saca una reflexión, un consejo. Estos mitos pueden considerarse como parábolas y se dividen en varios temas: )o( Acerca de los orígenes: de la tierra, de las cosas. )o( Acerca de la organización: fundación de ciudades, orden en el mundo, grupos sociales. )o( Acerca del contacto de los dioses con los hombres: Ejemplo, los Siete Malvados y los Siete Sabios. )o( El héroe. Aparecen epopeyas, de género épico. El héroe obtiene experiencia y conocimientos a partir de sus viajes. )o( El Más Allá. (ej. mito de Inanna o descenso a los infiernos) )o( Acerca de la vida de los dioses.

Mitología etrusca

Los etruscos eran una raza de origen desconocido originarios del norte de Italia, quienes eventualmente se integraron al Imperio romano. Muchas de sus deidades formaron parte de la mitología romana. Muy pocos textos etruscos han sobrevivido: sólo dos cortos e incompletos y un modesto número de inscripciones grabadas, por lo que el lenguaje etrusco como tal, aún no es bien comprendido. Las obras de antiguos escritores latinos sobre religión etrusca habrían llenado los vacíos, si algunas de ellas hubiesen sobrevivido. Cualquier discusión moderna de la mitología etrusca tendrá que basarse en la publicación del Praenestine cistae: unas dos docenas de fascículos del Corpus Speculorum Etruscorum que ahora han aparecido. Específicamente, las figuras de culto y mitología etrusca aparecen en el Lexicon Iconographicum Mythologiae Classicae. Las inscripciones etruscas han recibido recientemente un tratamiento más serio de Helmut Rix, Etruskische Texte. La trinidad principal incluía a Tinia, Uni y Menrva.

Mitología germana

La mitología germana o germánica, es el conjunto de creencias profesadas por los antiguos pueblos germánicos antes de su cristianización, en diferentes regiones del norte de Europa, como la antigua Germania, Escandinavia, Islandia, islas Orcadas y Shetland, la costa más meridional de Escocia o la parte oriental de Inglaterra. La religión, las leyendas y mitos cosmogónicos, y las tradiciones heroicas de los germanos se originan en las tradiciones indoeuropeas, que algunos han llamado arias, y muestran paralelos muy nítidos con las mitologías de la India y de Grecia, que demuestran su origen común. Después del arrasamiento realizado por el clero cristiano sobre los remanentes de las antiguas religiones, las únicas fuentes para conocer la mitología germánica son los relatos de los historiadores romanos y los escritos que en el siglo IX dejó en Islandia, Snorri Sturluson. La mitología germánica se subdivide, debido a sus múltiples orígenes, en tres grupos diferentes: La mitología anglosajona, que tiene su origen en las tradiciones paganas que portaron los anglos, jutos y sajones a la isla de Britannia durante la colonización de su parte oriental en el siglo VI. La mitología alemana, compendio de creencias que profesaban los pueblos germanos que vivían en la actual Alemania antes de su cristianización, y la mitología nórdica o escandinava, que radicaba fundamentalmente en Escandinavia y posteriormente en Jutlandia e Islandia y que fue el último sistema de creencias de origen germánico en ser desplazado por el cristianismo entre los siglos IX y XI, no sin antes ser compilados la mayor parte de sus mitos por Snorri Sturlusson en sus poemas, las Eddas (divididas en Edda Mayor y Edda menor), en el siglo XII. Para los primitivos germanos, la creación se produjo en el llamado Vacío Mágico (Ginnunga), equivalente al Caos original de los griegos (caos no significa propiamente desorden en su sentido original, sino más bien ámbito en que suceden cosas). De aquel vacío surgió el Creador que para los germanos era, según una de sus versiones, el dios Twisto, (el Doble), que era una divinidad andrógina, a la vez hombre y mujer, quien dio a luz a Mannus, el fundador de la raza humana (Mann = humano). De acuerdo a la versión del romano Tácitus, los germanos ponían a la cabeza de la creación al gigante Ymir, cuyo nombre se relaciona con el sánscrito Yama (el doble, el gemelo), el primer creado, y con el latín Ianus, el Géminis, y con el antiguo dios Jano, al que se representaba con dos caras, mostrando su carácter doble. Como Twisto, Ymir era andrógino, hombre y mujer, y así engendró a Odín (Wotán) y a sus dos hermanos. Del cuerpo de Ymir o Twisto se construyó el mundo, que gira incansablemente mientras va girando la rueca donde se hila el destino. Odín, identificado con el Árbol de la Vida (Yggdrasill), es el Terrible pilar del Universo, y su proyección hacia los astros pasa por la Osa Menor, en torno de la cual, el firmamento entero da vueltas lo mismo que la tierra. Los dioses germánicos eran en general equivalentes a los greco-romanos, aunque cargados de la barbarie de los nórdicos. Así, Odín o Wotán era considerado equivalente a Zeus o Júpiter; Tyr o Tiw, a Hermes o Mercurio; Dunor o Donar, a Hércules, y Frigg o Freya, a Afrodita y Venus; de esa forma las lenguas germánicas han llamado a los días de la semana. Por ejemplo, Wotanday equivale a Miércoles (día de Mercurio), y Frigg-day equivale a Viernes (día de Venus). Lo más característico de la mitología germánica es su creencia en un mundo placentero que esperaba a los guerreros caídos en combate, el Walhalla, donde las almas gozaban de festines y combates eternos. Las Walkirias eran ángeles que en forma de bellas muchachas recorrían los campos de batalla recogiendo a los héroes muertos. Dentro del folclore de los germanos, jugaban un papel muy importante los elfos (Elfen o Elben), cuyo nombre está emparentado con el latín albus (blanco), y que consistían en criaturas blancas, benéficas, que se contraponían a otros seres malignos como los enanos. En el interior de la tierra viven todo tipo de espíritus que se dedican a la minería y la metalurgia. Los enanos son los más conocidos. Se les describe como criaturas de pequeña estatura y aspecto rechoncho, que portan ropas de color gris y marrón, así como capuchas puntiagudas. De hábiles manos, han elaborado múltiples tesoros, que otorgan a los que los encuentren innumerables riquezas y la llave de la soberanía del mundo. Entre los espíritus de las plantas hay que citar a la muy conocida, gracias a los cuentos de los hermanos Grimm, Frau Holle, la Dama del Saúco, mujer bondadosa protectora de estos arbustos, que protege a los caminantes y ayuda a los humildes. También hay que citar a los Krawitte, que habitan en los enebros, y los Haselmänchen, cuyo hogar lo constituyen las ramas de los avellanos. )o()o( La brujería en Alemania )o( La cristianización nunca fue completa en Alemania y durante siglos pervivieron multitud de creencias y ritos paganos. Las tradiciones de la sabiduría popular fueron conservadas por mujeres que vivían al margen de la sociedad medieval y que actuaban ejerciendo como sanadoras, adivinas o incluso parteras. Conforme el poder de la Iglesia y el Papado fue aumentando a lo largo de la Baja Edad Media disminuyó la tolerancia respecto a aquellas personas situadas fuera del orden establecido, como los herejes (cátaros, husitas) o las brujas, que sufrieron violentas persecuciones. Uno de los grandes hitos en esta ofensiva contra las prácticas de las brujas lo constituyó la publicación en 1487 por los dominicos Heinrich Kramer y Jacob Sprenger del manual Malleus Maleficarum, que constituía un compendio de los procedimientos a seguir en los juicios de brujas. La Reforma protestante, lejos de acabar con la persecución de las brujas, la hizo aún más cruenta. Se estima que el número de brujas quemadas por las autoridades de la Alemania protestante fue superior al de las víctimas de los Autos de Fe inquisitoriales en toda Europa. Lutero, Calvino y Zuinglio fueron grandes partidarios de la persecución brujeril. Las brujas alemanas celebraban su aquelarre anual la noche de santa Walpurgis (30 de abril) en las laderas del monte Harz, que hoy en día separa los Länder de la Baja Sajona y Sajonia-Anhalt. Sus rituales fueron descritos magistralmente por Goethe en su obra cumbre, Fausto, en uno de cuyos capítulos hace viajar a éste con Mefistófeles al monte Brockensberg, en el Harz. Se trata de una fiesta que hunde sus raíces en el antiguo foklore pagano. Originalmente se trataba de una celebración dedicada a la diosa de la fertilidad Walburga y se celebraba, al igual que el Beltaine céltico, la primera luna nueva posterior al equinocio de la primavera. Con la introducción del calendario gregoriano, la fecha de esta festividad se fijó de una manera definitiva el 30 de abril. Con la intención de privar a esta fecha de toda reminiscencia pagana, la Iglesia la consagró a santa Walpurgis, abadesa del monasterio de Heidenheim (Franconia), que fue canonizada según el 1 de Mayo del año 870. Hoy en día se la considera protectora frente al mal de ojo y otras maldiciones de las brujas.

Mitología vasca

La mitología vasca son el cúmulo de creencias, personajes míticos y leyendas que se remontan a tiempos anteriores al cristianismo. Los vascos mantienen una lengua, el euskera, que parece no tener relación con ninguna de las que le rodean y que se estima es anterior a la entrada de los pueblos indo-europeos, como el celta. Entre las diversas hipótesis del origen de los vascos una de ellas señala la permanencia, al menos desde el neolítico en el territorio que ocupan. Los recientes hallazgos arqueológicos atestiguan que, al menos, en el siglo IV se hablaba un euskera muy similar al anterior. La lengua expresa una base cultural concreta que ha ido evolucionando con el tiempo y las interrelaciones con otras culturas que llegaron al territorio. La más influyente, fue la romana y la indroducción, desde ella, del cristianismo, que vino a sustituir la antigua religión que se desarrollaba en las tierras que ocupaban los hablantes del euskera en aquellos tiempos. El cristianismo, impuso sus formas y enmascaró los cultos y deidades autóctonas que fueron conformando el universo mitológico vasco. A pesar de la cristianización sufrida por el pueblo vasco en el último milenio y de las persecuciones de la Inquisición, el pueblo vasco ha conservado numerosas leyendas que dan cuenta de una antiquísima mitología propia. Por otra parte estos temas mitológicos se incluyen en el resto del complejo vasco aquitano, encontrándose el Basarajaun en el Pirineo aragonés o los omes granizos similares a los Jentillarri, y especialmente residuos de la secta brujesca por todo el Pirineo. Las leyendas de pueblos vecinos más romanizados, como las del Alto Aragón, Cataluña, La Rioja, Cantabria o Asturias muestran una sorprendente similitud, especialmente en el área pirenaica. Esta religión precristiana estaba aparentemente centrada en un genio o divinidad central de carácter femenino: Mari. Su consorte Maju o Sugar parece tener también cierta importancia. Esta pareja ctónica parecía tener el poder ético supremo y también el poder de crear y destruir. Se decía que cuando se reunían en las cuevas de las cumbres sagradas, engendraban tormentas. Estas reuniones las celebraban los viernes por la noche, el día de los aquelarres. Los "zezen gorri" o "behi gorri" (Betizu), toros salvajes autóctonos de la zona, eran los encargados de proteger los tesoros de las grutas donde vivía la diosa. Se decía que Mari vivía en el monte Anboto, y que periódicamente cruzaba los cielos como una luz brillante para ir a su otra casa en el monte Txindoki. Según una de las tradiciones, cada siete días Anbotoko Mari viajaba desde su cueva en el monte Anboto a otra en otro monte; el tiempo era húmedo cuando estaba en el monte Anboto, y seco cuando estaba en Aloña, o Supelegor, o Gorbea. Es difícil saber la antigüedad de esta leyenda. Otra supuesta divinidad celeste era Urtzi (u Ost, Ortzi "cielo", asimilable al Júpiter latino, pero esta parece ser importada, dado que las leyendas no la mencionan. Sin embargo su nombre aparece en los días de la semana, en el nombre de los meses y en fenómenos meteorológicos. La antigua religión vasca es por tanto de carácter ctónico, teniendo todos sus personajes su morada en la Tierra y no en el firmamento, que aparece como un pasaje vacío por el que Mari o Maju viajan de montaña en montaña o pastorean rebaños de nubes. Las leyendas también hablan de muchos genios, como: Jentilak, Lamiak, Mairuak, Iratxoak, Sorginak, Basajaun, Mamarro, etc.. Se sabe que muchas de estas historias pasaron a formar parte de la cultura vasca hace pocos siglos, o como parte de las supersticiones romanas. Otros personajes de la mitología vasca son Gaueko, Tartalo, los galtzagorris, el dragón primigenio o Herensuge, etc.

Mitólogo

El que posee o estudia la historia de las divinidades de los pueblos primitivos o de la antigüedad, de sus fiestas, de sus misterios, y de los monumentos que tienen relación con la misma.

Mitón

(siglo III a.C.). Libiofenicio enviado por Aníbal a Sicilia como jefe supremo de la caballería cartaginesa destacada allí. Por Tito Livio sabemos que más tarde traicionó a los cartagineses, pactó con los romanos y llegó a ser ciudadano romano.

Mitone

Ciudad de Mesenia. Una de las siete que Agamenón, en la Ilíada, ofrece a Aquiles para apagar su resentimiento. Hoy, en Grecia.

Mitone

Hijo del gigante Alcioneo.

Mitos acadios

Los principales mitos acadios, se reúnen en siete grandes apartados según su contenido temático: )o()o( Mitos sobre la Creación y los orígenes: son los que narran la creación del mundo y de los dioses, creación del hombre, el de los dioses Lamga, la Teogonía babilónica de la ciudad de Dunnu, la Cosmogonía de los sacerdotes kalu, la Cosmogonía caldea (composición bilingüe sumero-acadia, de la época neobabilónica, que canta la gloria del dios Marduk) y el del árbol de Eridú. )o()o( Mitos de lucha y victoria son los del pájaro Zu, la victoria de Marduk sobre Tiamat y el de Gilgamesh, Ishtar y el Toro Celeste. )o()o( Mitos de destrucción y salvación: son los del Diluvio Universal, el de Atrahasis "cuando los dioses eran como los hombres" y el del poema de Erra. )o()o( Mitos sobre el Más Allá: se conocen los de Nergal y Ereshkigal, el descenso de Ishtar a los infiernos, una visión del mundo inferior o el de la planta de la Inmortalidad. )o()o( Mitos de ascensión: se conocen solamente el de Etana y Adapa. )o()o( Mitos de exaltación divina y humana: se conocen los de la exaltación de Ishtar, el poema de Saltu y Agushaya, el nacimiento de Marduk, el Himno a Marduk, los cincuenta nombres de Marduk, plegaria al divinizado Gilgamesh y el del nacimiento de Sargón de Agadé. )o()o( No son muy numerosos los mitos con seres fantásticos. Se conocen los de Enlil y el dragón Labbu o el de los siete utukku o demonios malignos. )o( A veces, la religión se confundía con la magia y ambas con la medicina. El mencionado mito del árbol de Eridú es un largo sortilegio acadio de tipo médico, en el que se alude a un árbol de extraordinarias virtudes terapéuticas, utilizado en las ceremonias y operaciones de carácter mágico. Este árbol crecía en la ciudad de Eridú y ha sido considerado por algunos especialistas como el prototipo de Arbol de la Vida. La ciudad de Eridú, al suroeste de Ur, juega un gran papel en las fórmulas mágicas mesopotámicas, pues en ella residía el dios Ea, el dios mago, titular de la sabiduría. También nos han llegado amuletos, conjuros y un encantamiento acadio contra el dolor de muelas, copiado en época neobabilónica.

Mitos cosmogónicos

Además de los contenidos en el Enuma Elish, nos ha llegado la creación del mundo a través de otras fuentes escritas de origen griego, pero directa o indirectamente dependientes de los textos cuneiformes. Son más secundarias que el citado poema, como las transmitidas por Beroso, sacerdote babilonio del siglo III a.C..

Mitos sumerios

Los principales mitos sumerios, se reúnen en grandes apartados según su contenido temático: )o()o( Mitos sobre los orígenes (contenido cosmogónico) son los de Enki y Ninhursag, Lahar y Ashnan, la hierogamia cósmica y el de El Diluvio sumerio. )o()o( Mitos de organización son los de Enki y la fundación del Eengurra, Enki y el orden del mundo, el viaje de Nanna a Nippur, Dumuzi y Enkidu y el de Emesh y Enten. )o()o( Mitos de contacto dioses-hombres, tal vez los menos numerosos, son los de Inanna y Shukallituda y el de los siete sabios. )o()o( Mitos sobre el héroe, ligados sobre todo al ciclo de Gilgamesh, cuentan las aventuras de este héroe. Son los de Gilgamesh y el Agga de Kish, Gilgamesh y el País de la Vida, la muerte de Humbaba, guardián del Bosque de los Cedros, Gilgamesh, Enkidu y los infiernos y el de la muerte de Gilgamesh. Algunos de estos mitos constituyen el comienzo histórico del género épico. Conocemos cinco epopeyas de Gilgamesh y dos de Lugalbanda y Enmerkar, respectivamente. )o()o( Mitos sobre el Más Allá son los del descenso de Inanna a los infiernos, la muerte de Dumuzi, Inanna y Bilulu y el de la pasión de Lil en la tumba. )o()o( Sobre dioses, los de Enlil y Ninlil, el nacimiento de Nanna y el de Ninurta y la tórtola. )o()o( De contenido vario hay algunos, como el de las veintiun cataplasmas.

Mitra

o Mitir o Mithra. Dios de origen indoiranio. Dios de la luz, fue identificado en Occidente con el sol. Según Heródoto no es sino la Venus celeste, o el amor, príncipe de las generaciones y de la fecundidad, que perpetúa y renueva el mundo. Mitra había nacido según ellos, de una piedra, lo que da a entender el fuego que sale de una piedra cuando se golpea. El mitraísmo se desarrolló en Persia, después en Armenia y en todo el Oriente Medio. Llegó a Italia en el año 67 a.C., con los piratas que Pompeyo trajo de Cilicia. Los romanos adoptaron este dios de los persas del mismo modo que lo habían hecho con los de las demás naciones. Se hizo muy popular en el ejército romano y los legionarios lo difundieron por todo el Imperio. Entre sus seguidores destacan los emperadores Cómodo y Juliano. Sólo de ellos nos han quedado algunos monumentos de Mitra, pues no tenemos de este dios ninguna imagen persa. Sus figuras más comunes representan un joven con gorro frigio, una túnica y un manto que sale ondeando de la espalda izquierda. Tiene la rodilla sobre un toro derribado, y mientras le toma el hocico con la mano izquierda, le clava con la derecha un puñal en el cuello, símbolo de la fuerza del sol cuanto entra en el signo Tauro. La figura principal va por lo regular acompañada de diferentes animales, que parecen referirse a los otros signos del zodíaco, y que hacen de estos varios monumentos otros tantos planisferios celestes. No hay duda de que Mitra era un símbolo del sol y lo acaba de confirmar la inscripción "al dios Sol, el invencible Mitra", que se encuentra en muchos monumentos; epíteto muy conveniente al sol, cuyo curso e influjo nada puede detener. Su ritual era celebrado en templos generalmente llamados mithraea o mitreos. Le ofrecían a Mitra las primicias de los frutos. Algunas veces se le confundía con Osiris. Su doctrina insiste en la caducidad del alma y en la necesidad de una redención. Ver, Natividad, Diorfo.

Mitra

Era el nombre de Venus Urania entre los persas.

Mitra

)o()o( Adorno que llevaban en la cabeza los antiguos, especialmente las mujeres, y era una especie de listón muy largo. Nonus dice que Baco llevaba una mitra en forma de serpiente, como símbolo de su eterna juventud. )o()o( Cinta con que se ceñían el cabello las mujeres de Lidia, Anatolia. )o( Ver, Vestido, calzado y complementos.

Mitrahina

Nombre árabe de Menfis, Egipto.

Mitraísmo

Culto al dios solar indo-persa Mitra. Se introdujo desde Oriente en el mundo helenístico en el siglo II a.C.; el mitraísmo se difundió a lo largo del mundo romano en el siglo I, en especial en las provincias fronterizas, en donde fue popular en el ejército. Aunque apoyado por los emperadores Cómodo y Diocleciano, decayó durante el siglo IV. Los templos mitraicos eran generalmente subterráneos como recuerdo de la gruta en la que Mitra mató al toro. Los ritos, exclusivos para los hombres, incluían una forma de bautismo y una comida ceremonial. Pero el paralelismo con el cristianismo es muy superficial. Ver, Religión romana.

Mitrenes

(siglo IV a.C.). Persa que entregó a Alejandro la ciudad de Sardes, recompensándole éste con su amistad. En el 331-330 fue nombrado sátrapa de Armenia.

Mitreo

Santuario del dios Mitra. Eran recintos pequeños, cuyas dimensiones oscilaban entre los 4 y 12 m de ancho y los 6 y 40 m de largo. El emplazamiento de estos santuarios se localizan en cuevas o lugares subterráneos, que evocan la bóveda celeste, evidenciando de nuevo la influencia de los elementos astrológicos en este culto. Se prefería su ubicación en las afueras de los centros urbanos y se buscaba la proximidad a corrientes o depósitos de agua (ríos, fuentes o pozos), que luego se utilizaba en ritos purificantes. La habitación principal del mitreo estaba constituida por el altar, que albergaba las mesas para los sacrificios de pequeños animales y los banquetes, además de bancos para los fieles. En todos los casos se incluían escenas de la vida del dios. Tales narraciones constituyen las llamadas tauroctonías, consistentes a veces en riquísimos bajorelieves marmóreos, como los hallados en Germania o en Roma. Si no había recursos, se recurría a telas pintadas. En todas las representaciones se repite el motivo central, en el que Mitra vence y da muerte al toro, procediendo al acto de la creación de la vida. En este caso, se resalta la concepción del dios creador, que se atribuye a las doctrinas mazdeístas de Zoroastro. Ver, Mitra.

Mitres

Algunos hacen de él un dios diferente de Mitra. Según éstos, Mitres era adorado por los persas, como el primero y más grande de los dioses y Mitra como el sol y el fuego.

Mitríacas

o Mithriacos. Fiestas y misterios de Mitra. La principal de estas fiestas era la de su nacimiento, que un calendario romano pone en el 25 de diciembre, día en que además de los misterios que se celebraban con la mayor solemnidad, se daban también juegos de Circo, consagrados a Mitra. Con esto se quería significar que alejado el sol de nuestro hemisferio, después del equinoccio de otoño, se acercaba el solsticio de invierno. A ejemplo de los persas, que no tenían templos y celebraban las fiestas de Mitra en una cueva, los romanos se entregaban a este culto en cuevas donde serpenteaban algunas fuentes, y cuyos suelos estaban alfombrados de verdura: pero nada podía compararse con las fatigas y tormentos que era necesario sufrir antes de ser iniciado en este misterio. Nonno dice que era necesario pasar por ochenta pruebas diferentes. Desde el momento en que se bañaban los candidatos, se les obligaba a arrojarse al fuego; enseguida eran enviados a un desierto donde estaban sujetos a un ayuno de cincuenta días, después de lo cual los azotaban por espacio de dos días, y los metían otros veinte en la nieve. Sólo después de estas pruebas, sobre cuya rigurosa observación velaba un sacerdote y en las cuales morían muchos de los candidatos, eran admitidos a los misterios. Entre otras ceremonias de la iniciación, se arrojaba agua sobre los iniciados y les presentaban pan y vino, a fin, según se decía, de regenerarlos, y les ponían, dice Arnobio, una serpiente de oro en su seno; pues la serpiente que muda todos los años su piel, era uno de los símbolos del sol, cuyo calor se renueva en la primavera. Imprimían una señal en su frente, y se les presentaba una corona sostenida por una espada, que era necesario arrojar hacia atrás, diciendo: "sólo Mitra es mi corona". Al momento se declaraba el iniciado soldado de Mitra, y se le mandaba el más riguroso secreto. En estas fiestas se inmolaban víctimas humanas, costumbre bárbara abolida por Adriano y restablecida por Cómodo. Después de estos horrorosos sacrificios les mostraban a Mitra bajo la figura de un joven y los hierofantes les explicaban los símbolos de este dios. Los que pretenden que la metempsicosis era la verdadera doctrina de los mitríacos, dicen que estos símbolos se referían al tránsito del alma del hombre a los diferentes planetas antes de llegar al sol, donde iba por fin a habitar. El soberano sacerdote de Mitra gozaba de una gran consideración. Tenía bajo sus órdenes ministros de ambos sexos de los cuales, los primeros se llamaban Patres, y los otros Matres Sacrorum. Ver, Coracios, Leónticas, León, etc. Este culto hizo enormes progresos, pasando de Roma a Italia, Dacia, Noricia, Egipto, Creta etc., y duró mucho tiempo, pues se encuentran señales de él en el siglo IV. Ver, Sacerdotes.

Mitrídates

(ca.ss. III-II a.C.). Nombre teónimo formado con el nombre del dios iranio Mitra. Fue propio de los reyes del Ponto, miembros de una antigua familia irania. Mitrídates es el nombre que corresponde a seis reyes distintos del Ponto, reino en el norte de Anatolia. De acuerdo con los datos brindados por dos inscripciones distintas, es difícil saber si esta dinastía comienza con Mitrídates II de Cíos o Mitrídates Ktistes; en el caso de que la dinastía comience con este último, es preciso dividir el extenso reinado de Mitrídates II (ca.250-185 a.C.) entre dos reyes del mismo nombre.

Mitrídates

(siglo I a.C.). Natural de Pérgamo, fue un aventurero que reclutó un ejército para ayudar en el rescate de César cuando este estaba siendo sitiado en Alejandría en el 48. Fue recompensado por César con el reino del Bósforo de Crimea, aunque el emperador fue incapaz de establecerlo allí. Mitrídates perdió su reino a manos de Asander. Ver, Polemón.

Mitrídates de Armenia

(siglo I). Mitrídates fue un príncipe de Iberia del Cáucaso, hijo del rey Mitrídates de Iberia (ca.30-50) y hermano del rey Pharsman I de Iberia, que reinó en Armenia del 35 al 37 y del 42 al 51. Roma apoyó al rey Mitrídates de Iberia para colocar a su hijo al trono de Armenia del que se había apoderado Arsaces, colocado por su padre el rey Artabano III de Partia. El rey Mitrídates envió a su hijo mayor el príncipe Farasmanes (Pharsman) con un ejército. Cuando el ejército se acercaba a Artaxata el rey Arsaces fue derrocado por el partido prorromano; los iberos entraron en la capital y Pharsman proclamó a su hermano pequeño Mitrídates como rey (35). Artabano III envió otro hijo suyo, Orodes (36), pero Mitrídates, con ayuda de mercenarios albans y sármatas lo rechazó y Orodes murió en la lucha. En 37, Calígula, en una de sus locuras, llamó al rey a Roma, lo declaró desposeído y Armenia cayó de nuevo en manos de los partos, que ocuparon el país. Claudio repuso a Mitrídates en Armenia con ayuda de su padre Mitrídates, su hermano Pharsman, y fuerzas romanas, reconquistando el poder en el 42. Una guarnición romana se instaló en Garni, cerca de Ereván. En el 51 su hermano Pharsman, que no hacía mucho había subido al trono de Iberia y aspiraba a dominar, el reino de Armenia, fue a Artaxata, y traicionó a su hermano, dominando la ciudad y proclamando rey a su propio hijo Radamisto. Mitrídates se refugió en Garni, con la guarnición romana, pero el jefe de la guarnición, Celius Poli, sobornado por Pharsman y Radamisto, no lo protegió y permitió que saliera para una supuesta entrevista de negociación con su sobrino. Aprovechando esta entrevista, Mitrídates fue traidoramente capturado, y Radamisto coronado formalmente rey. El gobernador de Capadocia, Julius Polignus, sobornado también, aceptó los hechos.

Mitrídates I

(quizás II) "el Fundador" (Ktistés) (ss. IV-III a.C.). Rey del Ponto (281?-266 a.C,). Hijo de Ariobarzanes y sobrino de Mitrídates II, tirano de origen persa de la ciudad de Cíos, y por tanto nieto del sátrapa Ariobarzanes. Mitrídates fue el único que sobrevivió a la matanza de su familia decretada por Antígono I bajo sospecha de que conspiraban con Casandro (302). Se refugió primero en Paflagonia y luego en Capadocia Póntica, estableciendo finalmente su residencia en la ciudad de Amasia. Fundó el reino del Ponto, asumiendo el título real en fecha desconocida, aunque quizá en 281, tras la muerte de Seleuco. Se unió a la Liga del norte (Bizancio, Calcedonia, Heraclea) contra los seléucidas y entró en relación con los galos, a los que asentó en Frigia con la ayuda de Nicomedes I de Bitinia. Le sucedió su hijo Ariobarzanes.

Mitrídates I

(402-383 a.C.). Sátrapa del Ponto, aliado de Ciro el joven y después adversario de los Diez Mil.

Mitrídates I

Calinico (ss. II-I a.C.). Hijo de Sames II, rey de Comagene. Sucedió a su padre como rey de Comagene (109-86) y casó con Laodicea, hija de Antíoco VIII, último de los reyes seléucidas. Hizo frente a Tigran el Grande, rey de Armenia, que invadió la región, quedando bajo su dominio hasta 69 a.C.. Ver, Reyes de Comagene.

Mitrídates I de Cíos

(ss. V-IV a.C.). Sátrapa de la ciudad griega de Cíos, Misia, entre los años 402 y 362 a.C., por cuenta del Imperio persa. Hijo de Ariobarzanes I de Cíos, es mencionado por Jenofonte como autor de traición contra su padrea y aludido por Aristóteles en el mismo sentido. No es probable que sea el personaje del mismo nombre que acompañó a Ciro el Joven en sus campañas, pues no hay pruebas de ello. Tampoco es presumible que sea el Mitrídates mencionado por Jenofonte como sátrapa de Capadocia y Licaonia. Murió hacia el año 362 a.C., siendo sucedido por su hijo Ariobarzanes II.

Mitrídates I de Partia

(ca.195-138 a.C.). También conocido como Arsaces V, fue el "Gran Rey" de los partos (ca.171-138 a.C.). Sucedió a su hermano Fraates I, hijos del rey Phriapatius de Partia. La doble circunstancia o coyuntura, esto es, la desintegración del Imperio seléucida como resultado de las guerras con Roma y la creación de pequeños enclaves independientes, fue aprovechada inteligentemente por Mitrídates, que se puede considerar el verdadero fundador del Imperio parto. Paulatinamente se fue apoderando o fue encontrando aceptación y vasallaje en las distintas provincias iranias. Una parte del proceso culminó con el establecimiento de un campamento militar en Ctesifonte, lugar que más tarde sería la capital de los partos, situado en la orilla izquierda del Tigris, a la vista de Seleucia, ciudad griega que con sus 600.000 habitantes era la ciudad más grande de esta parte de Asia. Convirtió a Partia en una potencia política importante expandiendo su imperio hacia el este, sur y oeste. Durante su reinado, los partos conquistaron Herat (167 a.C.), Babilonia (144 a.C.), Media (141 a.C.) y Persia (139 a.C.). En primer lugar se dirigió hacia el este y derrotó al rey Eucrátides I, rey grecobactriano. Esto dio a los partos el control sobre el territorio de Bactriana, Margiana y Aria, incluyendo la ciudad de Herat. Estas victorias dieron a los partos el control de las rutas comerciales terrestres entre el este y el oeste: la Ruta de la Seda y el Camino Real Persa. Este control del comercio se convirtió en el fundamento de la riqueza y el poder de los partos y fue guardado celosamente por los arsácidas. En su empeño de ser considerado restaurador del imperio de los aqueménidas, Mitrídates asumió el título de Gran Rey y trató al mismo tiempo de ganarse a los griegos con una serie de medidas tendentes a entablar lazos de amistad con ellos, entre otras la de promover activamente el helenismo en las áreas que controlaba y la de llamarse filoheleno "amigo de los griegos" en sus monedas. Las acuñadas durante su reinado muestran por primera vez el retrato de estilo griego en Partia, con la diadema real, símbolo griego estándar para la realeza. Mitridates I reanudó la acuñación de monedas, que había sido suspendida desde Arsaces II de Partia, quien se vio obligado a someterse al seléucida Antíoco III en el año 206 a.C.. A pesar de esta actitud, tanto la población irania como la griega mostraron su disconformidad con los nuevos dominadores, una vez que el príncipe sirio Demetrio II Nicátor inició una guerra de reconquista de las provincias orientales de su imperio. La ciudad de Seleucia, la vecina región de Elymais (antiguo Elam), con Susa a la cabeza, toda la extensa Persis e incluso la Bactriana, lo saludaron como libertador y ofrecieron su ayuda, pero el príncipe no sólo perdió la guerra sino que cayó en poder del vencedor (139 a,C,), manteniéndole en cautiverio durante 10 años, mientras consolidaba sus conquistas. Mitrídates, sin embargo, se mostró clemente con el prisionero a quien casó con su hija Rodoguna, y con los griegos, pero no así con los iranios, a los que maltrató de diversos modos. A su muerte, en 138 a.C., dejó a su hijo Fraates II un gran imperio en vías de consolidación.

Mitrídates II

(quizás III) (ss. III-II a.C.). Hijo y sucesor de Ariobarzanes del Ponto, ejerció su poder desde ca.250 hasta ca.220. Se alió por matrimonio con los seléucidas, casándose con Laódice (265), hija de Seleuco II de Siria. Sin embargo en la llamada guerra fratricida sostuvo con un contingente de mercenarios galos a Antíoco Hierax, convertido en su yerno por el matrimonio de su hija Laódice, quien fue derrotado (239). Sus buenas relaciones con los seléucidas continuaron, aunque también casó a otra hija con el usurpador Aqueo (220). Prestó ayuda material a Rodas cuando el gran terremoto del año 227. Su sucesor fue su hijo Mitrídates III.

Mitrídates II

Calinico (siglo I a.C.). Hijo de Antíoco I, rey de Comagene. Durante su reinado (38-20 a.C.), inició un período de alianzas con el Imperio persa (mediante el matrimonio de su hija) y con Marco Antonio, a quien apoyó en la batalla de Actium, lo que provocará una fuerte presión de Roma hacia el reino y que Augusto, a la muerte del rey, corone a Mitrídates III cuando éste era solamente un niño, asegurando la tutela y control de la región a Roma.

Mitrídates II de Cíos

(siglo IV a.C.). Sátrapa de la ciudad griega de Cíos, Misia, entre los años 337 y 302 a.C. bajo el Imperio aqueménida. Sucedió a su padre Ariobarzanes II. Diodoro Sículo le asigna un gobiemo de treinta y cinco años, pero parece que no fueron ininterrumpidos. No se conocen exactamente las circunstancias de su gobierno, hasta su muerte en el año 302 a.C.. Al parecer, se sometió a Antígono I Monoftalmos, el cual, para prevenir que se uniera a la Liga de Casandro y sus confederados, le mandó asesinar en su ciudad de Cíos. Según Luciano de Samosata no tenía menos de 84 años cuando murió, por lo que no es improbable que fuera el mismo Mitrídates, hijo de Ariobarzanes, que en su juventud eludió y dio muerte a Datames. Hijo suyo fue Mitrídates I del Ponto.

Mitrídates II de Partia

(ss. II-I a.C.). Rey (123-88) de los partos. También es conocido como Arsaces X. Fue hijo de Artabano I. Su nombre invoca la protección de Mitra. Adoptó el título de Epífanes "dios manifestado", y presentó nuevos diseños en sus monedas. En el último cuarto del siglo, Irán sufrió una invasión terrible de pueblos escitas que partiendo del Turquestán chino cruzaron sus fronteras del este y arrasaron gran parte del país en dos direcciones, hasta el oeste y hacia el sur. El reino greco-latino de Bactriana desaparece entonces del mapa. Fraates II es derrotado y muerto, y lo mismo Artabano I. Mitrídates II supo hacer frente a la grave situación tanto en el este como en el oeste del imperio. En el oeste derrotó al rey árabe Hispaosine y restableció su dominio en Mesopotamia; en el este rechazó a los invasores nómadas hasta el Indo. Mitrídates II extendió los límites del imperio, de acuerdo con Justino, el historiador romano del siglo III, que tiende a confundirlo con Mitridates III, bajo el que los partos tuvieron graves retrocesos. En los años 123 y 115 a.C., recibió embajadores chinos enviados por el emperador Han Wu Di, reabriéndose la Ruta de la Seda tras las negociaciones. Sus monedas más tarde lo muestran con barba, llevando la corona de alta cúpula parta con una estrella. Un período de paz entre 115-95 a.C. permitió a Mitrídates la consolidación de la estructura interior de su Estado. El último decenio de su gobierno es fundamental porque es en él cuando entra en contacto con Roma y conoce las intenciones de su nuevo enemigo sobre el territorio de Armenia. Para Roma será un territorio tapón entre el Imperio parto (y luego el sasánida) y sus territorios de Asia Menor. Roma había tomado posesión de éstos a través de la cesión voluntaria de Átalo III, rey de Pérgamo. La amistad de Mitrídates, rey del Ponto (homónimo del rey parto), completó el proceso favorable para Roma. Sin embargo, el sucesor de Mitrídates, hizo una política contraria a la de su padre y trató de crear su propio reino, ocupando territorios minorasiáticos como la Galacia, Capadocia y Bitinia. Roma no podía consentir tal cosa. L. Cornelio Sila fue enviado como propretor para reinstaurar en Capadocia al rey Ariobarzanes. Sila era, y fue, expeditivo. Habiendo restablecido al rey de Capadocia en su trono, siguió adelante y se dirigió hacia el Éufrates. El rey parto Mitrídates II trató primero de hacer las paces y propuso a Sila relaciones amistosas. Sila recibió a los mensajeros del rey parto en la dispoción de firmar un tratado que reconociese el Éufrates como frontera infranqueable para los partos y el ofrecimiento de que su rey recibiera el título de amigo y aliado del pueblo romano. No se conoce bien la respuesta de Sila. El tratado se respetó hasta la muerte de Mitrídates II. Fue sucedido por su hijo Gotarzes I.

Mitrídates III

(siglo I a.C.). Rey de Comagene (20-12 a.C.). Ver, Reyes de Comagene.

Mitrídates III

(Mithradátes) (ca.220-ca.189 a.C.). Su existencia se presupone por la tradición de que hubo seis reyes con este nombre. Hijo y sucesor de Mitrídates II. Prácticamente desconocido; se sabe que bajo su reinado, por vez primera, se acuñó moneda en el Ponto con el retrato del rey. Su hijo mayor y heredero fue Farnaces I.

Mitrídates III

(siglo I). Rey del Bósforo (39-45 ó 41-45). Tras la muerte de Tiberio en 37, Calígula quiso reunificar el reino del Ponto y el reino del Bósforo bajo la tutela del rey Polemón II del Ponto. Pero los habitantes del Bósforo se rebelaron, no querían un rey extranjero (38). Esto impulsó al emperador Claudio, a renunciar al proyecto de reunificación. Polemón II decidió entonces atacar el Bósforo, pero su acción fue neutralizada por Roma y Mitrídates fue confirmado en el trono, y en compensación le fue entregada Cilicia. La paz, decidida por el emperador Claudio, fue breve. Aparecieron nuevas discordias, esta vez entre Mitrídates y los romanos. Mitrídates decidió romper lo que le ligaba a ellos. Según Dión Casio, habría incluso preparado una ofensiva militar contra Roma, pero habría sido traicionado por su hermano Cotis I. Los romanos tuvieron que enviar un ejército al Quersoneso y en 44, el legado de Mesia, Didius Gallus, fue enviado a Panticapea con tropas. Mitrídates fue derrotado, y huyó a su capital y su hermano Cotis I Tiberio Julio (45-62 ó 63), fue proclamado rey del Bósforo. Didius Gallus partió entonces a Roma dejando en Panticapea una pequeña guarnición bajo las órdenes de Julius Aquila. Mitrídates aprovechó la situación para intentar retomar su reino. Reunió a sus partidarios y con el apoyo de los siraces (tribu sármata), marchó sobre la capital. Cotis I y Aquila, en inferioridad numérica, se aliaron con los aorses, otra tribu, enemigos tradicionales de los siraces. Esta coalición superó a Mitrídates, que vencido, hubo de darse de nuevo a la fuga. Después se rindió al rey de los aorses, Eunones, pero el emperador Claudio le hizo llevar cautivo a Roma.

Mitrídates III de Partia

(siglo I a.C.). Rey de Partia de la Dinastía arsácida. Conocido como Arsaces XIX. Con la ayuda de su hermano Orodes II, asesinó a su padre Fraates III. Fue nombrado rey, gobernando el Imperio parto ca.57-54 a.C.. Estuvo en guerra contra su hermano, y pronto fue derrocado a causa de su crueldad. Se refugió con Aulo Gabinio, el procónsul romano de Siria. Avanzó hacia Mesopotamia, pero fue derrotado en Seleucia del Tigris por Surena, el general de Orodes, huyendo a Babilonia. Después de un largo asedio, fue hecho prisionero y asesinado en el 54 a.C. por su hermano Orodes, que le sucedió.

Mitrídates IV

Filopator Filadelfo "amante de su padre y de su hermano" (Mithridátes Philopator Philadelphus) (siglo II a.C.). Rey del Ponto (155-ca.151. Segundo hijo de Mitrídates III. Sucedió a su hermano Farnaces I, cambiando la agresiva política de este. Se casó con su hermana Laódice. Fue el primer rey del Ponto que se convirtió en "amigo y aliado" de Roma y apoyó al rey Átalo II de Pérgamo en su lucha contra el rey de Bitinia, Prusias II.

Mitrídates IV de Partia

(siglo II). Rey del Imperio parto, de la Dinastía de los arsácidas, conocido también como Arsaces XLII. Gobernó el oeste del Imperio parto del 129 al 140. Era hermano de Osroes I de Partia (109-129). Durante la invasión de Mesopotamia por el emperador romano Trajano en 116, él y su hijo Sanatruces II ciñeron la diadema, pero fueron derrotados. Tras la muerte de Osroes en 129 ascendió al trono y continuó la lucha con el rey Vologeses III. Mitrídates murió en un ataque a Comagene en 140. Mitrídates IV había nombrado sucesor a su hijo Sanatruces, pero éste cayó en una batalla con los romanos. Otro hijo, Vologeses IV de Partia (147-191), ascendió al trono tras la muerte de Vologeses III en 147.

Mitrídates V

Evergetes "benefactor" (Mithridátes Euergetes) (siglo II a.C.). Rey del Ponto (ca.151-120). Fue seguramente hijo de Farnaces I y, por tanto, sobrino de Mitrídates IV. Siguiendo la política filorromana y helenizante de su antecesor. se esforzó por extender su reino. Apoyó a Roma en la tercera guerra púnica con tropas y barcos (146) y posteriormente en el conflicto contra Aristónico (132-129), recibiendo como recompensa la región de Frigia, que sin embargo tuvo que compartir con Nicomedes II de Bitinia; de esta forma, Mitrídates recuperaba el regalo que Seleuco II había hecho a su ascendiente Mitrídates II. Extendió su control sobre Galatia, ocupó Paflagonia consiguiendo que su último rey, Pilémenes, le nombrara heredero, y situó Capadocia bajo su influencia mediante el matrimonio de su hija Laódice con Ariarates VI. Mitrídates era un entusiasta de las costumbres griegas y trató de helenizar su reino. Dio apoyo económico a Delos y Atenas y fue honrado por esos Estados. Apolo fue objeto en especial de su devoción y Mitrídates retrató al dios en sus monedas. Fue asesinado en Sínope, ciudad a la que había convertido en capital del reino, quizá por miembros de su propia familia: su esposa Laódice, una princesa seléucida, quizá mediante un testamento falsificado, reclamó el trono para ella y su hijo pequeño. En estas circunstancias, Roma separó Frigia del Ponto para al poco tiempo unirla a la provincia de Asia, lo que sería fuente inmediata de conflictos.

Mitrídates VI

Eupator Dionisio, también conocido como el Grande (Mithridátes Eupator Dyonisus) (ss. II-I a.C.). Rey del Ponto. Su primera tarea fue la de obtener el trono a pesar de las intrigas de su madre. Mitrídates tenía doce años en el momento del asesinato de su padre Mitrídates V. Tras huir de la corte, permaneció escondido algunos años hasta que reunió un ejército y capturó Sínope, la capital de su madre, matando a ésta y a su hermano, y casándose con su hermana Laódice. Desde que accedió al trono del Ponto, continuó con la política de expansión iniciada por su padre. Su política exterior estuvo encaminada a engrandecer su reino hacia el mar Negro, al norte, y hacia Anatolia, al oeste. Las anexiones en el norte del mar Negro (península de Crimea y estrecho de Kertsch) aumentaron extraordinariamente los recursos del Ponto, pero la dirección fundamental de la política exterior póntica apuntaba hacia occidente. La fragmentación política de Anatolia prometía una acción provechosa. Sólo el reino de Bitinia, gobernado por Nicomedes III, parecía una fuerza apreciable, si hacemos excepción de la provincia romana de Asia. Tras un corto entendimiento entre Mitrídates y Nicomedes para anexionar Paflagonia y Galacia, regiones del interior de Anatolia, la entente se rompió a propósito de Capadocia. Aunque había sido advertido por Gayo Mario en el 99 de que corría el riesgo de enfrentarse a Roma, Mitrídates, todavía irritado por la intervención de Sila en Capadocia en el 95 cuando este instaló a Ariobarnaces en el trono, se aprovechó de la debilidad de Roma durante las guerras sociales en Italia (91-87) y se apoderó de Capadocia, donde Mitrídates expulsó al protegido de Roma, Ariobarzanes. y entronizó a uno de sus hijos. Más aún, tras la muerte de Nicomedes III de Bitinia, Mitrídates orilló al heredero legítimo, Nicomedes IV, y puso en el trono de Bitinia a su candidato. En el año 89, Roma, tras remontar el peligro itálico, pudo centrar su atención en Oriente. Una comisión senatorial, presidida por Manio Aquilio, repuso en los tronos de Capadocia y Bitinia, respectivamente, a Ariobarzanes y Nicomedes IV y, además, exigió a Mitrídates una indemnización. La negativa del rey a satisfacerla impulsó a Aquilio, con precipitación y poco tacto diplomático, a exigir de los reyes de Capadocia y Bitinia que invadieran el Ponto. Sólo Nicomedes respondió a la convocatoria y dio pie a Mitrídates para invadir Capadocia en el invierno del 89/88, lo que significaba la guerra con Roma. La provincia de Asia era el territorio natural donde debían desarrollarse las operaciones, en las que Mitrídates no sólo invirtió sus tropas, sino una activa propaganda, que la lamentable gestión romana le había puesto en bandeja, a causa de los abusos de los recaudadores de impuestos romanos. Presentándose como libertador, el rey del Ponto se hizo dueño de la provincia e instaló su cuartel general en Éfeso. Dueño de Asia Menor, el siguiente objetivo era la ocupación de las islas del Egeo, como paso previo a la Grecia continental: la atracción de los griegos era de suma importancia para el rey, para contar con los recursos materiales e ideológicos que le permitieran crear un fuerte imperio oriental. El odio acumulado por los griegos durante los años de dominación romana salió a la luz en las "Vísperas Minorasiáticas", también llamadas "Vísperas de Éfeso", del año 88, en las que, de creer a las fuentes, ochenta mil itálicos fueron asesinados. Se inició así la Primera Guerra Mitridática. La cabeza de puente en la Grecia continental se la ofreció a Mitrídates Atenas, cuya población fue levantada contra Roma por un demagogo. Aristión, que se hizo dueño de la ciudad. Así, desde Atenas, las fuerzas del Ponto extendieron su influencia a una parte de Grecia. Poco a poco, Grecia entera (a excepción de Magnesia del Sípilo, Estratonicea y la isla de Rodas, a la que Mitrídates intentó doblegar mediante un duro asedio) fue poniéndose al lado de este rey del Ponto como medio para escapar del dominio romano. En estas circunstancias, Sila desembarcó en el Epiro en el 87 con cinco legiones y dedidió atacar directamente Atenas, que logró ocupar en el 86. Los planes de Mitrídates se torcieron enseguida al vencer Sila a su general Arquelao, en una campaña muy dura, en Queronea y Orcómenos de Beocia (86). Aquella derrota hizo que muchos abandonaran el bando del rey del Ponto. Sila se trasladó a Asia, donde Mitrídates había perdido su popularidad y provocado hostilidad, al iniciar una política de terror y represión por Asia Menor. Al mismo tiempo, se ganó la enemistad de las clases poderosas tras dictar unas medidas de corte revolucionario como la liberación de numerosos esclavos y la cancelación de las deudas. El Senado romano, a instancias de Cinna, decidió el envío de tropas, al mando del cónsul Valerio Flaco, con el encargo oficial de combatir a Mitrídates, pero también con el difícil cometido de intentar atraerse a las fuerzas de Sila e impedirle que se benefiara en exclusiva de la hipotética victoria. Se produjo el efecto contrario: las tropas de Valerio empezaron a pasarse a Sila, por lo que el cónsul decidió abandonar Grecia, e iniciar operaciones contra Mitrídates en el Bósforo y Asia Menor. Un motín de las tropas acabó con su vida y el mando pasó a su lugarteniente, Flavio Fimbria. En una afortunada campaña contra las fuerzas de Mitrídates en Asia Menor, Fimbria logró apoderarse de Pérgamo. Desde allí ofreció su colaboración a Sila, que ignoró la oferta, decidido a conseguir una victoria en solitario. Y así, mientras Fimbria, decepcionado, seguía combatiendo con éxito a Mitrídates, Sila aprovechó astutamente los triunfos ajenos para forzar al rey a una capitulación. El encuentro entre Sila y Mitrídates tuvo lugar, en la primavera del 85, en Dárdanos: el vencido rey aceptó retirarse de todos los territorios ocupados, devolver los prisioneros, entregar 70 barcos de guerra y pagar una indemnización de 2.000 talentos. No le fue difícil a Sila convencer a los soldados de Fimbria de que desertaran y se pasaran a sus filas. Fimbria, abandonado, hubo de suicidarse. En cuanto a la reorganización de Asia, los dictados de Sila, enérgicos y duros, hicieron de la provincia la verdadera perdedora del conflicto. Librada a la rapiña de los soldados y cargada con pesados impuestos y contribuciones, ofreció a Sila los recursos necesarios para garantizarse la fidelidad de un ejército enfervorizado, con el que, a comienzos del 85, se dispuso a invadir Italia. Sin embargo, la lucha continuó de manera soterrada, pues fue necesario combatir a los piratas, aliados de Mitrídates. Pronto surgieron las fricciones entre Mitrídates y Roma, sobre todo, a propósito de Capadocia, con lo que se desató la Segunda Guerra Mitridática en el 82 a.C. El oponente de Mitrídates fue Lucio Licinio Murena, sucesor de Sila en Asia, quien logró restituir la paz con grandes dificultades; así pues, el Ponto se convirtió en un punto de atracción para todos aquellos con veleidades antirromanas. Esa situación y el creciente descontento de las provincias griegas contra la dureza fiscal que soportaban dio alas a Mitrídates para continuar con su política de anexiones. Así, cuando murió el rey Nicomedes IV de Bitinia (75), que había dejado su reino como herencia a los romanos, Mitrídates se apresuró a invadir Bitinia. Esta agresión provocó el inicio en el año 74 de la Tercera Guerra Mitridática (74-64). El soberano del Ponto ocupó Bitinia tras haber vencido a Cotta en Calcedón, pero fue incapaz de apoderarse de Cízico, y el comandante romano Lúculo, gobernador de Cilicia y Asia, le cortó los suministros. Tras una ardua lucha, Lúculo logró oponerse a su rival y reconquistó la región. Mitrídates fue expulsado del Ponto en el 72-71 y buscó refugio junto a su yerno Tigranes, soberano de Armenia. En el año 69, Lúculo inició una campaña contra ambos e invadió la nueva capital de Armenia, Tigranocerta. Sin embargo, su avance sufrió un grave revés cuando en el 68-67 sus soldados se negaron a seguirle, con lo que Mitrídates y su yerno Tigranes consiguieron hacer frente a la presión romana y recuperar parte de su territorio. Con todo, esas victorias no fueron suficientes para Mitrídates a causa del inteligente juego diplomático desarrollado por Pompeyo, que sustituyó a Lúculo en el 66, quien consiguió que su enemigo no pudiese recibir ningún tipo de ayuda externa. Se reinició de nuevo la lucha dirigida por Pompeyo, quien se negó a escuchar las pretensiones de diálogo de Mitrídates. Tras ser derrotado en Nicópolis, Mitrídates escapó hacia la Cólquide y luego hacia Crimea después de que su yerno Tigranes se hubiese negado a ayudarlo. Sus últimos intentos por reunir una nueva flota y un nuevo ejército fracasaron debido a una revuelta dirigida por su hijo Farnaces II. Obligado a morir por su propio hijo, la tradición cuenta que no pudo hacerlo mediante la ingesta de veneno, pues era inmune a ellos, y tuvo que recurrir a la espada de un soldado. Murió a la edad de 69 años. Mitrídates pretendió ser un nuevo Alejandro Magno y llegó a imitarlo incluso en el aspecto exterior. Sobre su figura, se puede decir que fue el rival más temible para los romanos en toda el Asia Menor, aunque para lograr la victoria le faltaron dotes como estratego y como soberano capaz de ganarse el aprecio y lealtad de sus súbditos. De él se puede decir que aunó al mismo tiempo las cualidades de un soberano helenístico (con su corte de poetas y literatos griegos) e iranio, reflejo fiel de sus orígenes y de los de su pueblo. Mitrídates fue célebre por su don de lenguas (hablaba 22).

Mitridato

o Antídoto de Mitrídates. Antídoto o antiveneno de la antigua farmacopea en cuya composición entraban el opio, el agárico, aceite de víboras, sustancias vegetales y animales, y otros ingredientes. Recibió este nombre porque según la tradición fue inventado por Mitrídates VI, rey del Ponto. Cien años después de la muerte de Mitrídates, Aulio Cornelio Celso detalló una versión del antídoto en su obra De Medicina (ca.30). Plinio el Viejo en su Naturalis Historia se mostró escéptico sobre el uso del mitridato.

Mitrio

Cueva de Alejandría, consagrada al culto de Mitra. Sócrates, autor cristiano, refiere que habiendo los cristianos de Alejandría descubierto esta cueva, cerrada desde mucho tiempo, encontraron en ella huesos y cráneos humanos, que fueron paseados por toda la ciudad.

Mitrobarzana

(ss. II-I a.C.). Uno de los generales de Tigranes II, rey de Armenia.

Mitrobarzanes de Armenia Sofene

(siglo II a.C.). Sátrapa o rey de Armenia Sofene, donde fue establecido por Ariarates V de Capadocia a pesar de la oposición de Artajes I de Armenia, que pidió al rey de Capadocia matar al príncipe y dividir sus dominios entre ambos, aunque no fue escuchado.

Mitrobates

(siglo VI a.C.). Sátrapa de Dascilio (ca.525). Fue muerto ca.520, junto con su hijo Cranaspes, por Oretes, sátrapa de Sardes.

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