Dios de los pastores y rebaños. Se cree que es un genio originario de Arcadia, cuyo culto se extendió por Grecia y, de ahí, trascendió al resto de las mitologías. En Roma, es identificado a veces con el dios Fauno y, más frecuentemente, con Silvano, el dios de los bosques. Es representado como un ser velludo, con cuernos, barba de chivo, nariz ganchuda, mitad hombre, mitad macho cabrío. Sus rasgos son humanos de cintura para arriba, excepto por los dos cuernos de su frente, y está caracterizado por su mirada, pícara e inteligente, su cara arrugada y su barba. De cintura para abajo, su parte animal, luce un par de patas de cabra, secas y nerviosas, que acaban en fuertes pezuñas. Tiene una gran agilidad, ya sea para correr, ya sea para trepar, lo que le es muy útil pues vive en los bosques. Una de sus principales características es su desmesurado deseo sexual, gustándole por igual las ninfas y los muchachos. Encarnó los poderes de la fecundidad y de la potencia viril, del bajo instinto y del sarcasmo. Sus atributos son la siringa, un cayado de pastor, una corona de pino o un ramo, también de pino, en la mano. Se le consagraron el pino y el roble. Por su condición de pastor se le suele relacionar con Hermes y Apolo, pero será, sobre todo, con Dionisio con el que más se le asocie debido a su aspecto de sátiro. Sus leyendas son escasas y tardías. Las más antiguas son las referidas a su nacimiento. Existen distintas variantes de este hecho. En un "himno homérico" se le presenta como hijo de Hermes y de la hija de Dríope. Al nacer, su madre se asustó ante el aspecto horroroso del niño y Hermes se lo llevó al Olimpo. Allí los dioses no sólo lo aceptaron, sino que estaban encantados con él, especialmente Dionisio por los motivos antes aducidos. Otro mito es el que le presenta como hijo de Penélope. En una tradición, ésta sería expulsada por Ulises a su regreso tras descubrir su infidelidad con Antínoo y, en su errar, tendría una aventura con Hermes de la que nacería Pan. Otra versión es la que cuenta cómo esta mujer habría tenido relación con todos sus pretendientes y el fruto conjunto de esas uniones sería Pan, que significa "todos". A veces, es presentado como hijo de Zeus e Hibris o de Zeus y Calisto. También se le considera hijo de Éter y la ninfa Énoe, de Crono y Rea, de Urano y Gea o, simplemente, del pastor Cratis y una cabra. Pan, como ya se ha mencionado, es presentado a menudo como un ser libidinoso que persigue a las ninfas o mancebos; sin embargo, pocos mitos concretos se dan de este hecho. Una de las ninfas con la que se le relaciona es Eco. Ésta, no correspondiendo a los amores del dios y, consumiéndose, en cambio, por un sátiro que la rehúye, se ganará la venganza de Pan y, así, será desgarrada por unos pastores. En el caso de Selene, el dios sí es correspondido, aunque consigue los favores de la diosa gracias a que le regala una manada de bueyes blancos. El dios Pan participa en el mito de la lucha de Zeus y Tifón. Cuando este último da los tendones y músculos de Zeus al dragón Delfine para que los custodie, serán Hermes y Pan los que consigan burlar su vigilancia y recompones al dios. Pan era venerado muy particularmente en Arcadia, donde daba oráculos célebres y se le ofrecían en sacrificio miel y leche de cabra, y celebraban en su honor las Lupercales, fiestas que en lo sucesivo fueron muy célebres en Italia, donde Evandro, arcadio, había llevado el culto de Pan. Una leyenda referida por Plutarco pretende que, en tiempo de Augusto, un navegante oyó en el mar unas voces misteriosas que anunciaban "la muerte del Gran Pan". Los egipcios le honraban con un culto particular, pero no le sacrificaban cabras ni machos cabríos, porque en sus estatuas le representaban con cabeza y patas de estos animales, bajo cuyo símbolo adoraban el principio de la fecundidad de la naturaleza. Otros suponen que lo representaban así porque, habiendo hallado a este dios en Egipto, los otros dioses que pudieron escapar de las manos de los gigantes les aconsejaron que, para sustraerse de sus enemigos, tomasen la figura de diferentes animales, y que para darles ejemplo fue el primero en transformarse en cabra. Combatió al mismo tiempo con vigor al gigante Tifón, y los dioses para recompensar su valor y el beneficio que les había hecho le colocaron en el cielo, donde forma el signo de Capricornio. Era tan venerado en Egipto que en todos los templos se veían estatuas o imágenes suyas, y en Tebaida le edificaron y consagraron una ciudad bajo el nombre de Chemnis, o ciudad de Pan. También le adoraban en Mendes, cuyo nombre significa a la vez Pan y Cabra. Aseguraban que Pan acompañó a Osiris en su expedición a las Indias con Anubis. Polieno, en su Tratado de las estratagemas, atribuye a Pan la invención del orden de batalla, de las falanges y de la subdivisión de un ejército en ala derecha e izquierda; lo que los griegos y latinos llamaban los cuernos de un ejército, y por esto, dice, le pintaban con dos cuernos.