Quizás sea con su nombre como mejor se pueda describir el contraste de paisajes que caracterizan el lugar. Como bien indica su sobrenombre, "Serrano", su término comprende parte de la presierra noroccidental gaditana, España, que comparte con Algodonales (alcanzando los 600 m en el Picacho) y parte de las estribaciones de la serranía suroccidental de Sevilla; pero también se extiende por grandes planicies, que corresponden a las ricas tierras de labor de la campiña gaditana. Su primer nombre "Puerto" se debe, sin duda, a su emplazamiento, ya que se trata de un lugar estratégico como vía natural de paso entre las provincias de Cádiz Sevilla y Málaga. Esta dualidad geográfica se percibe claramente siguiendo el recorrido del Guadalete desde el límite Suroeste de Puerto Serrano, una vez que hemos dejado atrás Villamartín, y se continúa por la carretera de Coripe hacia la provincia de Sevilla. Durante este recorrido se puede disfrutar de unos parajes de gran riqueza paisajística, natural e histórica. Desafortunadamente, Puerto Serrano es uno de los términos municipales de la provincia de Cádiz donde se han realizado menos investigaciones arqueológicas y carece de un proyecto de investigación que permita un conocimiento del patrimonio arqueológico que posee. Este abandono ha favorecido durante años el expolio y la destrucción de muchos de sus yacimientos. Las primeras excavaciones arqueológicas realizadas en el término se llevaron a cabo en 1998, centradas en la necrópolis tardorromana de la Ermita del Almendral y en la necrópolis del Bronce Antiguo de Fuente de Ramos. Las investigaciones realizadas hasta el momento señalan la ocupación paleolítica del curso medio del Guadalete. Desde Villamartín hasta la antigua estación de ferrocarril de Puerto Serrano, se ha constatado la existencia de materiales paleolíticos asociados a las terrazas pleistocenas del Guadalete. Desde el punto de vista geológico resulta muy interesante la localización del nivel más alto de terrazas del Guadalete en el mismo casco urbano de Puerto Serrano, perfectamente observable. Se trata de un nivel constituido por cantos rodados cementados, con una matriz gruesa. Se registran dos áreas de interés en torno a la carretera de Coripe. El primero se halla en una curva al lado izquierdo de esta carretera donde se aprecian estructuras excavadas en el suelo e industria lítica en superticie. Un kilómetro más adelante, en el paraje conocido como "El Pulpitillo", se han catalogado dos yacimientos, Arroyo de la Mota I y II. El primero de ellos corresponde a una posible estructura megalítica, compuesta por grandes lajas hundidas en el suelo y posible cubierta de derrumbada. La etapa prehistórica que mejor se conoce en este término municipal corresponde al Bronce Antiguo. Se han excavado tres enterramientos colectivos en cuevas artificiales, en el lugar conocido como "Fuente de Ramos". Hay dos necrópolis en la provincia de Cádiz que tienen características similares: una en la base naval de Rota y otra en Tarifa, la de Los Algarbes; y en la provincia de Málaga, la del Cerro de las Aguilillas, distante tan sólo en 60 Km de la de Puerto Serrano. Muy próximo a los enterramientos, en la cota más alta del cerro contiguo, está el poblado asociado posiblemente a la necrópolis. La siguiente etapa, la Edad del Hierro, se constata hasta el momento en distintos lugares del término: Ermita del Almendral, El Castellar y Pozo Amargo, y no es de extrañar si recordamos la mágnifica ubicación de Puerto Serrano entre las provincias de Cádiz, Sevilla y Málaga, así como la importante vía de comunicación que constituyó el Guadalete. En el lugar donde está la Ermita de Sta. María Magdalena, o del Almendral, se han recogido en superficie muchos fragmentos cerámicos per-tenecientes a ánforas fenicias y púnicas, cuya cronología oscilaría entre los ss. VIII-VII a.C. Procedentes del Castellar se conocen algunos pulimentados, fragmentos cerámicos carenados con ambas superficies bruñidas y restos de ánforas, lo que indica su ocupación durante el Bronce Final-Hierro, o incluso anterior. Las primeras noticias sobre la ocupación prehistórica de Pozo Amargo se remontan a finales del siglo XIX, cuando se descubrió la existencia, en la cresta sur de la sierra de Pozo Amargo, de una muralla que la circunda ininterrumpidamente, conservando aún algunos tramos intactos. En su interior, cimientos similares que pertenecían a construcciones cuadrangulares. Actualmente, a este recinto fortificado se le conoce como Pozo Amargo I, y está situado a 189 m de altitud. Desde él se obtiene un amplio dominio visual del entorno. La muralla, muy gruesa y formada por mampuestos sin escuadrar unidos con una débil argamasa, se refuerza con torres o bastiones adosados al alineamiento principal. En la zona noreste se aprecian estructuras que podrían ser depositos de agua y, en la ladera sur, hay una cavidad, posiblemente una sima, que pudo estar habitada desde época prehistórica. El yacimiento arqueológico presenta una serie de características que permiten sustentar la hipótesis de que se trata de un asentamiento fortificado correspondiente a época tartésica e ibero-turdetana, en el contexto de la organización política de las comunidades de la cuenca media y alta del río Guadalete. Incluso se ha propuesto un aumento espacial del yacimiento entre los periodos citados. Esta ampliación conllevaría el uso de aparejo ciclópeo y una modificación sustancial del sustrato calcáreo, asociado a estructuras de abastecimiento de agua. Estos sistemas de almacenaje de agua son similares a los documentados en yacimientos como Esperilla o Cabeza del Caballo (Espera). El material arqueológico encontrado ha sido escaso y con evidencias de haber permanecido al aire libre mucho tiempo. Casi todos los testimonios aparecían junto a los agujeros practicados por los detectores de metales. El material lítico encontrado corresponde a un martillo de minero, un fragmento de útil pulimen-tado, un fragmento de piedra plana con restos de pulimentado y un útil en pizarra para alisar o bruñir, igualmente pulimentado. El conjunto cerámico está compuesto por fragmentos de ánforas, entre los que se encuentran las típicas asas ibero-púnicas. Pero la mayoría del conjunto de ánforas podrían adscribirse a la Segunda Edad del Hierro. Culturalmente estamos en una fase ibero-turdetana. Es de destacar que la cerámica mantiene formas similares, pero más toscas, que las documentadas en yacimientos costeros. El oppidum de Pozo Amargo, en la periferia oriental de la cuenca del Guadalete, controlaba el acceso desde la campiña de Morón hacia este río y la Depresión de Ronda, a través del río Guadaira, y viceversa. Algo más al Este, a muy poca distancia, nace otra de las principales vías de comunicación de la Prehistoria Reciente hacia la campiña interior, el río Corbones, no sólo desde la Bahía de Cádiz utilizando el curso del río Guadalete, sino también desde la costa malagueña por los valles del Guadalhorce y del Guadalteba.
Pozo Amargo II corresponde a una serie de inhumaciones que fueron localizadas en los alrededores, formadas por lajas de piedra erigidas de canto, sobre otras más pequeñas, y cubiertas por el mismo material o por montículos de tierra. Los ajuares estaban formados por vasos de barro e instrumental lítico. Con la llegada del mundo romano se efectúa un cambio en las estrategias de poblamento. Se abandonan las zonas montañosas de Pozo Amargo, El Castellar, etc., y se ocupa ahora la vega del río Guadalete, justamente en una zona de vado y de llanura. Tradicionalmente, los vecinos de Puerto Serrano hablan de la existencia en el lugar de un asentamiento romano llamado "Marciago" y los restos aparecidos han sido utilizados para corroborar dicha existencia. Este se supone que estuvo situado en el lugar actualmente conocido como "Huerta del Médico", ubicado en la ladera de un cerro de mediana altura, donde fueron hallados pavimentos de mosaico que algunos vecinos recuerdan haberlos visto, e incluso señalan el lugar exacto donde aparecieron. Actualmente se pueden observar en superficie restos constructivos (ladrillos, tégulas, . . ) y abundantes fragmentos de cerámica romana. Del lugar denominado "El Chaparral", en el extremo sur del término de Puerto Serrano, procede una escultura de mármol blanco que representa al dios Attis. Se trata de una escultura que iría adosada a una pared, como se desprende de la talla plana de toda la parte posterior. Mide unos 61 cm hasta el arranque del cuello, pues le faltan éste y la cabeza, que formaban un sólo bloque con la escultura. En este mismo lugar, se documentaron los restos de un edificio romano en un magnífico estado de conservación, pudiéndose incluso reconstruir parcialmente. Sus reducidas dimensiones indican que pudiera tratarse de un mausoleo, en cuya fachada pudo ir situada la escultura del Attis funerario, ya que además se sitúa junto a una cañada real, lugares que solían escoger los romanos para levantar sus monumentos funerarios. De Puerto Serrano proceden también 28 denarios oficiales romanos depositados en el Museo Arqueológico de Sevilla, cuya cronología se sitúa entre el 149 y el 77 a.C. En las últimas investigaciones realizadas se han localizado varios asentamientos rurales de carácter agropecuario -viIlae- de pequeño y mediano tamaño. A la mayoría de estos asentamientos están asociadas necrópolis: "Huerta del Médico", "Huerto Murillo", "El Chaparral", etc; pero el núcleo de enterramientos más importante está a poca distancia de Marciago, en el lugar donde se encuentra la Ermita de Santa Maria Magdalena, patrona de la localidad. La Ermita del Almendral se encuentra en la parte alta de la ladera del cerro de Los Castillejos, que alcanza una altura de 452 m.. Fue construida en 1972 en una cueva donde parece ser que un pastor encontró la imagen de la Santa. Del interior de ésta cuentan los lugareños que, durante la ampliación de la oquedad para realizar el habitáculo del nuevo edificio religioso, fueron exhumados gran cantidad de restos humanos, acompañados de vasijas y cerámicas, puntas de flechas y cuentas de collar, restos que actualmente están en paradero desconocido. Todo ello hace suponer que se trataba de un enterramiento colectivo prehistórico en cueva. Las excavaciones arqueológicas se centraron en la zona amesetada que se erige, a muy poca distancia, sobre la Ermita, y han permitido conocer la existencia de un conjunto de 9 estructuras, de las cuales 7 son enterramientos practicados en oquedades rectangulares labradas en la base del cerro. Corresponden al tipo de enterramiento romano denominado "de doble fosa", en cuyo interior (en la parte más profunda) se introducía el cadáver del difunto. Estas fosas fueron cubiertas por grandes lajas de piedra, que han sido halladas muy próximas a los enterramientos. La mayoría de estos enterramientos fueron saqueados en época antigua, probablemente desde la ocupación hispanomusulmana del cerro de la Ermita, de manera que han sido escasos los restos arqueológicos recuperados en el interior de las fosas: fragmentos cerámicos (sigillata) y algunos restos óseos. Paralelos formales inmediatos indican que estas tumbas son de época tardorromana. Otro tipo de enterramientos de época romana observados en Puerto Serrano corresponden a columbarios, que no fueron fabricados exprofeso, sino que reutilizaron las estructuras pertenecientes al Bronce Antiguo.
Puerto Serrano fue una zona tradicional de fronteras durante el medievo, primero entre el Reino Visiogodo y el Imperio Bizantino, después como linde occidental del Reino Nazarí de Granada. El patrón de asentamiento cambia, se abandona la zona llana y se buscan puntos estratégicos de comunicación. Tal es el caso de la ocupación del cerro conocido como El Castellar, que posee un amplio dominio visual del entorno, controlando el paso natural desde la campiña por la que discurre el río Guadalete. En él hay una serie de recintos amurallados en cuyo interior aparecen estructuras de planta cuadrangular adaptadas a la accidentada topografía del terreno, que los lugareños denominan "corrales". También han sido detectadas, por el destrozo que en ellas han causado
los furtivos, algunas fosas de inhumación en la parte alta del cerro. Los materiales cerámicos que acompañan a estos enterramientos pueden adscribirse al momento tardorromano y altomedieval: sigillatas africanas, jarritas pintadas a trazos de sabor islámico y cerámicas a mano, algunas de ellas con decoraciones de líneas onduladas incisas altomedievales que pueden datarse entre los ss. VII y Xl. En las excavaciones realizadas en la meseta de la Ermita del Almendral, se detectó un asentamiento de época hispano-musulmana, que ocupa un altozano desde el que se domina claramente toda la vega del Guadalete a su paso por la población actual y los numerosos cerros que la rodean (El Castellar, Coripe, los castillos de Cote y de Lopera y, a lo lejos, hasta la ciudad romana de Carissa Aurelia). Se trataría de un asentamiento rural, tipo alquería, donde la producción de excedente de cereal queda constatado por el conjunto de silos tallados en la roca, de forma acampanada, planta circular y, posiblemente, la base plana. Varios de ellos se comunican y tienen salidas al exterior, cubiertas con grandes piedras circulares, tres de las cuales han sido ya identificadas. Entre la cerámica documentada aparecieron revueltas las citadas ánforas fenicias y púnicas, cerámicas comunes tipo lebrillos, grandes cántaros decorados con motivos pintados de "los dedos de Fátima", vidriados en ocre y manganeso, verdes y melados, y algún que otro estampillado. También se han encontrado numerosos dirham de época almohade, dato que ha ofrecido una fecha aproximada para el yacimiento. Se trataría, pues, de una ocupación rural perteneciente a la chora moronense, en las que se estructuraría el territorio ocupado por el segundo imperio bereber, que durante los ss. XII y Xlll estableció su capitalidad en la vecina Isvililla, actual Sevilla, provincia a la que Puerto Serrano perteneció históricamente y de la que se disgregó en época muy reciente. Posiblemente asociadas a este asentamiento, se han detectado cerca de 35 fosas de inhumación que siguen el rito de enterramiento musulmán, y se distribuyen perpendicularmente a los corredores de los hipogeos del Bronce de la Fuente de Ramos. La reutilización de lugares que en épocas anteriores han sido empleados como necrópolis, parece ser una costumbre de los hispano-musulmanes que ocuparon la Sierra Norte de Cádiz (dolmen de Alberite, Carissa Aurelia...). El momento de estabilidad almohade se rompe a partir del siglo XIII con el avance de la Reconquista cristiana. El término municipal de Puerto Serrano se convierte en campo de batalla fronterizo con el Reino Nazarí de Granada. La población musulmana fue literalmente expulsada de la zona y los cristianos ocuparon su lugar. En este marco de difíciles relaciones entre cristianos y musulmanes debemos ubicar el presunto castillo de Gailir o "Gailín", que sería una fortaleza posiblemente destinada a defender la importante ruta comercial que unía el Guadalquivir Medio desde Ecija, a través de Morón, con la campiña ganadera gaditana de Medina Sidonia. De este castillo sólo ha quedado el recuerdo y el topónimo, ya que queda perfectamente documentado que, en 1615, la ciudad de Morón funda una población en los llanos de Gailín, donde al parecer ya vivían algunos vecinos. Y no es de extrañar porque, durante los conflictos de la Guerra de Granada, el vado que cruzaba el Guadalete fue citado entre los avatares de la guerra. Esta zona de frontera marcaría la situación de despoblamiento común en los municipios del entorno; así, se constata que Villamartín no fue fundada hasta comienzos del siglo XVI. Del mismo modo, la población actual de Puerto Serrano es de origen estrictamente cristiano, y su fundación se llevaría a cabo hacia el siglo XVI.