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Página 1194 - 1322 Palabras 59651 al 59700 de 66095

Palabra   |   Descripción

Tartareus

Cerbero, el guardián del Tártaro.

Tartareus Deus

El dios del Tártaro, Plutón.

Tártaro

En los poemas homéricos y en la Teogonía hesiódica, el Tártaro aparece como la región más profunda del mundo, situada debajo de los propios Infiernos. Hay la misma distancia entre el Hades (los Infiernos) y el Tártaro que entre el cielo y la tierra. Constituye, en una palabra, los cimientos del universo. La leyenda muestra que las distintas generaciones divinas encerraron allí sucesivamente a sus enemigos. Urano había recluido en él a los primeros hijos que había tenido de Gea. los cíclopes Arges, Estéropes y Brontes. Pero Gea, para liberarlos, amotinó a los titanes contra su padre. Después de su victoria, Crono, el más joven de los titanes, liberó a los cíclopes, pero se apresuró a volver a encerrarlos. Estos no fueron libertados definitivamente hasta que Zeus los aceptó como aliados en su lucha contra los titanes y los gigantes. A su vez, los titanes fueron hundidos en el Tártaro por Zeus, ayudado por sus hermanos Hades y Posidón. Y los recién llegados pusieron, para guardarlos, a los hecatonquiros Gies, Coto y Briareo. El Tártaro sigue siendo un lugar temido por los olímpicos. Cuando uno de ellos resiste a Zeus, éste lo amenaza con encerrarlo en él, y el rebelde se apresura a obedecer. Cuando Apolo hubo dado muerte a los cíclopes con sus flechas, estuvo a punto de ser condenado a aquella pena, y sólo escapó a ella gracias a las súplicas de Leto, la cual obtuvo que en vez de ser precipitado al Tártaro, su hijo fuese condenado sólo a servir a un mortal. Al Tártaro fueron arrojados los Alóadas y Salmoneo. Poco a poco, el Tártaro fue confundiéndose con el infierno propiamente dicho en la idea de "mundo subterráneo", situándose generalmente en él el lugar donde eran atormentados los grandes criminales. En este sentido, el Tártaro es lo contrario de los Campos Elíseos, morada de los bienaventurados. El Tártaro está personificado en la Teogonía de Hesíodo. Constituye uno de los elementos primordiales del mundo, con Eros, el Caos y Gea (la Tierra). Unido a la Tierra, Tártaro engendró a varios monstruos: Tifón y Equidna, a los cuales se agrega a veces el águila de Zeus y Tánato, el genio de la muerte.

Tartaropais

"hija de Tártaro". Sobrenombre de Hécate en los Himnos Órficos.

Tartaruco

Apelativo de Hécate como diosa administradora del Tártaro.

Tartesia

Ciudad de la península Ibérica que estaba situada en una pequeña isla formada por el río Tartessos, en la cual el sol al caer la tarde desuncía sus fatigados caballos (Ovidio). La mitología se relaciona con la historia reflejándola en el fabuloso reino de Tartessos, al sur de la península Ibérica.

Tartéside

o Tartessos. Nombre griego del río Guadalquivir, España.

Tartesios

o Tartessii. )o()o( Naturales de la Tartéside o Tartessos, un pueblo protohistórico de la antigua Iberia. )o()o( Perteneciente o relativo a esta región, en singular.

Tartesos

Tartessos (el conocimiento de Tartessos nos ha llegado a través de……).

Tartessii

Tartesios (naturales de la Tartéside o Tartessos, un pueblo protohistórico de la antigua Iberia).

Tartesso

Arte. Estilo artístico desarrollado por el antiguo pueblo de los tartessos, asentados en la región andaluza de la península Ibérica. El desconocimiento de la localización de Tarssis y de casi todo lo relativo a la cultura artística de los tartessos, origina que su estudio se centre en los escasos restos de orfebrería que han sido localizados en diversos lugares del área de influencia tartésica. La abundancia de metales preciosos y el intenso contacto que mantuvieron con los fenicios, especializaron a este pueblo en la elaboración de productos de lujo para el comercio con el Mediterráneo oriental. Destaca el Tesoro de la Aliseda (Cáceres) y el gran Tesoro del Carambolo, conservados el primero en el Museo Arqueológico de Madrid y el segundo en el de Sevilla, constituido por varios brazaletes y pectorales de oro.

Tartessos

Tartéside (nombre griego del río Guadalquivir, España).

Tartessos

o Tartesos o Tharsis o Tarshish o Tarssis o Tarsis. El conocimiento de Tartessos nos ha llegado a través de historiadores y geógrafos griegos y latinos (Estesícoro de Himera, Anacreonte, Heródoto, Estrabón, Plinio el Viejo, Rufo Festo Avieno, Pomponio Mela, Justino o Pompeyo Trogo, entre otros) y de las referencias bíblicas, que hablan de las "naves de Tarsis" al servicio del rey Salomón. Los textos griegos presentan a Tartessos como una "ciudad ilustre", un río, un gran emporio e, incluso, un territorio, y las noticias aparecen mezcladas con leyendas y personajes míticos: Gerión, rey del ganado y dueño de un vasto imperio en el Guadalquivir; el rey Gárgoris, que enseñó a su pueblo a aprovechar la miel; su nieto, Habis, que unció los bueyes a un arado por primera vez, o el histórico rey Argantonio (630-550 a.C.), "hombre de la plata", del que se dice que vivió 150 años. El rey tartésico de nombre Argantonio, que recibió a los griegos focenses y les ofreció tierras donde establecerse o bienes con los que fortificar su ciudad amenazada, sirve de referencia en la que personificar, con la aureola de poder y de prestigio con que lo pinta Heródoto, la fase de apogeo de la cultura tartésica, que se extiende desde fines del siglo VIII a. J..C. al siglo VI, en el que entra Tartessos en una fase de crisis y de cambio histórico. El proceso cimentado en su etapa formativa, férreamente vigilado por la casta retratada en las estelas de guerreros, daría un giro espectacular con la llegada de los colonos orientales, sobre todo los fenicios, a cuya influencia se deberá el carácter orientalizante que adquiere la cultura tartésica. Hoy sabemos que sus raíces son más antiguas, y que sólo por la existencia de la etapa formativa de Tartessos pudo darse con la efectividad que lo hizo la propia colonización de los semitas. Acudieron éstos, en efecto, con sorprendente diligencia, a sacar partido de las posibilidades que los tartesios habían empezado a poner en valor en las feraces tierras del Mediodía español y sus ambientes geográficos próximos o accesibles desde ellas, sobre todo en la obtención de metales y de sus productos. Era explotar las posibilidades extraordinarias de la región, según eran percibidas en la antigüedad, tal como dirá después el griego Estrabón. Este, hablando de la Turdetania (la antigua Tartessos) destacaba, además de su riqueza agropecuaria, "la abundancia de minerales..., motivo de admiración, pues si toda la tierra de los iberos está llena de ellos, no todas las regiones son a la vez tan fértiles y ricas..., ya que es raro se den ambas cosas a un tiempo y que en una pequeña región se halle toda clase de metales". Desde fines del siglo IX a.C. empieza la Arqueología a seguir la pista de una presencia fenicia que se haría firme a partir del inicio del siglo VIII a.C. Fundaron entonces (según los textos, fue aún antes) la colonia de Gadir (Cádiz), acompañada de un rosario de asentamientos menores y factorías que punteaban toda la costa sur de la Península, mediterránea y atlántica. No es casualidad que el centro operativo básico de Gadir se ubicara en la boca del río Guadalquivir, la arteria principal de navegación y vertebración de la región nuclear de Tartessos, el río que, sobre una realidad cargada de valores metafóricos, describía Estesícoro como "de raíces argénteas". A poca distancia de su ribera derecha, se yerguen las suaves alturas de Sierra Morena, con sus ricas cuencas mineras, ya intensamente explotadas en época tartésica, como se comprueba en la actual provincia de Huelva, gracias a las investigaciones llevadas a cabo en las cuencas de Riotinto, Aznalcóllar y otros lugares. Demuestran un intenso laboreo para la obtención de plata, en una región en la que era ya milenaria la metalurgia del cobre y en la que abundaba el oro y tenía a la mano el inestimable estaño. La investigación moderna demuestra que la implantación de los fenicios no se conformó con centros isleños y factorías que desde la costa sirvieran de apoyo a sus negocios comerciales. Se conoce ahora un afán de control que, además de fuertes establecimientos en la costa, como el gran poblado fortificado del Castillo de Doña Blanca (en el término de El Puerto de Santa María), se proyectó con gran fuerza hacia el interior, en un rápido proceso que pudo resultar casi asfixiante para los tartesios, puesto de relieve en estos últimos años. Grupos de fenicios se trasladaron diligentemente al interior, donde tomaron plaza muchas veces formando colonias de comerciantes y artesanos en, o junto a, los asentamientos tartésicos, como debió de ocurrir en Carmo (Carmona, Sevilla), una plaza principal para el control del bajo valle del Guadalquivir, apoyo de la vía terrestre (la famosa Via Heraklea) que por el valle seguía el curso del río; o propiciando la creación de centros nuevos, como se sospecha ahora que fue e! caso de la misma Spal (Hispalis en época romana, la actual Sevilla), en la antigüedad un centro portuario junto al lago interior que ocupan las marismas del Guadalquivir y en la misma desembocadura, entonces, del río; o haciendo valer una fuerte presencia en los ambicionados centros desde los que se controlaban las actividades minero-metalúrgicas, como pudo ocurrir con el importante asentamiento de Tejada la Vieja (Escacena del Campo, Huelva). Los modernos datos arqueológicos parecen confirmar una presión fenicia que pudo conducir a fricciones o conflictos abiertos con los tartesios, como los que comentan algunos historiadores de época romana, que recuerdan batallas emprendidas por los tartesios contra Gadir, en un caso encabezadas por un rey de nombre Therón, que se saldaron siempre, significativamente, con el triunfo de los fenicios. No es extraño que los tartesios los recibieran con cautela, conscientes tal vez de que podían suponer una competencia incontrolable o un verdadero peligro de suplantación. Y lo que podía barruntarse por pura lógica, o por las pocas y lejanas noticias de los textos antiguos, va encontrando confirmación en el flujo de novedades arqueológicas que hacen percibir una actividad fenicia dirigida a controlar cuanto fuera posible la red económica de los tartesios y la estructura política que la aglutinaba. Los griegos siguieron de cerca los pasos de los fenicios, pero no desarrollaron en el ámbito tartésico, ni en general en este extremo occidental de la cuenca mediterránea, un programa colonizador comparable al de éstos. Su actividad se limitó, fundamentalmente, a la fundación por los focenses de Massalia (Marsella), de la colonia de Emporion en la costa gerundense, cerca de la cual, en Rosas, se situó otro centro griego menor, el de Rhodes, aunque su presencia comercial y su peso cultural, más trascendente si cabe, impregnó toda la costa mediterránea, y no dejó de tener incidencia en la historia y la cultura de Tartessos. El mismo Heródoto se hizo eco de algunos episodios de gran interés, que tratan de la relación de su mundo con el tartésico. Aparte de la citada relación con los focenses, quizá una forma de contrarrestar la actividad casi monopolística de los fenicios, sucedió antes un acontecimiento destacable. Ocurrió hacia el 630 a.C., en que un navío de Samos (ciudad e isla también de la Jonia griega, como Focea), capitaneado por un tal Coleo o Colaios, navegaba hacia Egipto cuando fue arrastrado por vientos apeliotas del Este más acá de las Columnas de Hércules hasta arribar a Tartessos. Calurosamente acogido por los naturales de aquí, obtuvo beneficios que superaron los de cualquier otro comerciante excepción hecha, puntualiza Heródoto, de un egineta de nombre Sóstratos. De regreso a su patria, dedicó Coleo a la diosa Hera un riquísimo exvoto en acción de gracias: un monumental caldero de bronce, adornado con cabezas de animales fantásticos (de grifos), y sostenido por tres gigantes que, arrodillados, median siete codos de alto (unos tres metros). El relato, adornado con tintes novelescos, es aceptado como verosímil y cuenta con apoyaturas arqueológicas, puesto que, aparte de que el hallazgo de multitud de productos griegos de la máxima calidad en el ámbito tartésico prueba el contacto comercial con los centros de producción helénicos, en la misma Samos han sido hallados marfiles de origen tartésico correspondientes a las fechas del viaje de Coleo. Pudieron ser parte de un botín de vuelta de un viaje como el narrado por Heródoto, perfecta expresión de la afamada riqueza de Tartessos en estas fechas centrales de la época orientalizante, plataforma de magníficos negocios, asociados además a los productos de prestigio más característicos de entonces, como los objetos suntuarios de bronce ricamente decorados, expresión de la gente de poder (los aristoi, según el término griego de aristócrata) en los ambientes privilegiados de los santuarios, las tumbas o los palacios. El hecho es que la sólida implantación territorial de Tartessos desde su etapa formativa, puesta de manifiesto por la amplia repartición de las estelas de guerreros y la difusión de sus otros productos característicos hasta muy adentro de la Península, tuvo el complemento de una ágil salida al mar y al comercio internacional proporcionada por los fenicios. Producción y comercialización (con ámbitos de acción repartidos y en progresiva competencia) se complementaron eficazmente por la calidad de la primera y la sorprendente capacidad de los mercaderes semitas para servir de agentes a un comercio regular y a una escala geográfica extraordinaria para su época. Visto desde fuera, la actividad en torno a Tartessos llenó en este extremo del Mediterráneo el plato de la oferta de una balanza que tenía en el otro extremo el de una demanda cada vez más exigente, sobre todo de metales. Ese papel equilibrador, en la medida en que fue capaz de responder con sus productos al peso ingente de la demanda de las grandes civilizaciones del Mediterráneo oriental, dio a Tartessos la dimensión mítica, de verdadero país de fábula, que muchos textos conservados le otorgan. El bronce tartésico, por el uso de la mejor materia prima y por el aprovechamiento de experiencias y técnicas tan punteras como las desarrolladas en el ámbito del Bronce Atlántico, debió circular entre sus compradores (según se colige de algunos testimonios) con el marchamo de calidad de "bronce tartésico", verdadera denominación de origen que garantizaba el mejor producto. Y lo mismo la plata, que se hizo imprescindible para la regulación y fijación de precios de un mercado inmenso y en desarrollo imparable, y debió de contribuir poderosamente a la multiplicación de las primeras grandes acuñaciones monetales en plata, como se supone para las llevadas a cabo por las activas ciudades griegas de Sicilia. Tartessos, en fin, se vio aupada por el empuje de una coyuntura favorable al desarrollo de una economía de gran rentabilidad, controlada por dirigentes de una sociedad muy jerarquizada, de corte aristocrático, que demandaban los conocidos productos de prestigio de marfil, bronce y metales preciosos que, por su rareza, por la materialización de la más alta tecnología de la época, eran expresión de su exclusividad y de su rango. Los fenicios fueron principales agentes de la obtención de esas mercancías tan simbólicas y preciadas, sea por el comercio, sea por la aportación de una tecnología que desarrolló su actividad en talleres directamente actuantes en Tartessos, regentados por fenicios o por tartesios adiestrados en las mismas prácticas artesanales. De unos o de otros, sus productos constituyen la más conspicua expresión del brillo de Tartessos en esta etapa de madurez, la prueba material de lo que había llegado a ser una especie de antiguo Eldorado en el Occidente del Mediterráneo. Jarros y páteras, candelabros, armas, adornos de carros y arreos de caballos, todo un repertorio de lujosos productos de bronce quedaría amortizado en tumbas y santuarios, testimonio de un mundo de pompa y ceremonia en el que se reconocían y con el que se presentaban en sociedad los poderosos aristoi que la encabezaban. Y no digamos las joyas, sobre todo las de oro y otros materiales preciosos, que condensaban en su rareza, en el alarde preciosista de sus técnicas (con costosísimas decoraciones de granulado o de filigrana) la idea de la pertenencia a una esfera superior. Había cosas, igualmente relacionadas con la imagen de los poderosos, de las que no quedan vestigios materiales, como los suntuosos vestidos, de paños tejidos y bordados, que constituían, como acreditan los textos, una de las principales mercaderías de los fenicios. No en vano los llamaron los griegos precisamente phoinikés (el nombre por el que los denominamos, distinto del de cananeos que a sí mismos se daban), que quiere decir los hombres de la púrpura, por haberse hecho especialmente famosos como mercaderes de paños teñidos de rojo, con el tinte que obtenían de un conocido molusco de la familia de los múrices, las populares cañadillas. Con todo ello componían el perfil de su clase dominante, bajo la cual, seguramente con pocos escalones intermedios, se hallaba una amplia masa social casi desprovista de derechos (campesinos, artesanos, mineros), base de un sistema calificado por algunos investigadores como de servidumbre comunitaria. Se trataría, más que de una fórmula de esclavismo puro, de un sistema en el que los poderosos no tendrían la propiedad directa de las personas, sino de los medios de producción y del producto mismo, que controlaban para el comercio y lo distribuían a los productores para su sustento y mantenimiento. En la cúspide de la estructura social se hallaba la figura de un monarca, como el citado Argantonio, representante de una forma suprema de poder que los estudios modernos tienden a caracterizar como monarquía sacra, esto es, un poder sacralizado que se transmitía en el seno de una dinastía familiar, legitimado por prácticas de culto dinástico, conocidas también en las primeras etapas históricas de otras culturas principales del Mediterráneo, como la etrusca, con la que la tartésica tiene muy estrechos parangones. Lo que entendemos por Tartessos experimentó una crisis notable en el siglo VI a.C. por la combinación de una serie de factores no del todo conocidos que determinaron un cambio de coyuntura, un sesgo a la trayectoria histórica anterior. Pero, pese a algunos traumas, puede entenderse en alguna medida como una crisis de crecimiento, y no tanto de acabamiento. La crisis de Tiro (con su caída en 680 a.C.), en este caso con el fin de su importancia como metrópoli cabeza de un Imperio colonial, por los golpes de asirios y babilonios; la imposición de Cartago como nuevo líder de los semitas de Occidente, que intensificaría el afán de control y de dominio territorial de los fenicios en la nueva etapa púnica; la creciente imposición de la metalurgia del hierro y otros fenómenos determinaron el paso a una etapa distinta. El mundo tartésico se perpetuaría en el turdetano, con un nombre que habla por sí sólo de las diferencias y de la continuidad. Las primeras tuvieron entre sus determinantes una cada vez más intensa penetración territorial de los púnicos (hasta el punto de que Estrabón llegará a decir que la mayoría de las ciudades de la Turdetania y de las regiones vecinas estaban pobladas por ellos); y, también, una ascendente presencia de célticos en el occidente de las tierras tartésicas. Pero, tanto en el ámbito estrictamente púnico como en el turdetano, se observa una rápida recuperación del pulso cultural y económico, y una gran actividad a partir de la inflexión del siglo VI. Lo mismo que ocurriría en la Alta Andalucía y el sureste de la Península, donde el germen de la cultura tartésica, extendido ampliamente en este ámbito durante la etapa orientalizante, promovió el proceso formativo de la personal cultura ibérica clásica. En resumen, la trayectoria histórica y cultural tartésico-fenicia de la época orientalizante, se transformó en la ibérico-púnica que caracterizó a la España mediterránea, con gran influencia en los demás territorios, hasta los tiempos de la conquista romana.

Tartusanae

Población romana de Noricum. Hoy, Sankt Johann am Tauern, provincia de Estiria, Austria.

Taru

Dios de la tempestad de Hatti, desplazado por su hijo Telepinu.

Tarucio

Etrusco que casó con Aca Larentia.

Taruenna

Tarvanna (localidad de la Galia Belgique, habitada por los morinos. Está recogida en el Itinerario de Antonino y es citada por Ptolomeo. Después de ….).

Taruesede

Taruessedum (asentamiento de Retia cerca del Lacus Larius (hoy, lago Como), mencionado en el Itinerario de Antonino y en ….).

Taruessedum

o Taruesede o Terruessedum. Asentamiento de Retia cerca del Lacus Larius (hoy, lago Como), mencionado en el Itinerario de Antonino y en la Tabula Peutingeriana.

Taruncio

Lucio (siglo I a.C.). Astrónomo romano. Fue amigo de Cicerón y de Varrón, y escribió en griego un libro sobre astronomía.

Taruntas

Tierra vasalla de los hititas.

Tarus

Río del norte de Italia de 126 km de longitud, afluente del Po por la izquierda. Fluye casi en su totalidad por la provincia de Parma, al oeste de esta ciudad. Hoy, Taro, provincia de Parma, región de Emilia-Romagna, Italia.

Tarusates

Pueblo de Aquitania, citado por Julio César y Plinio el Viejo, que habitaba los Pyrénées-Atlantiques, en el departamento francés de las Landas. Se los suele identificar con los aturenses, denominación que se impuso a partir del siglo IV. Su ciudad principal era Atura. Tenían como vecinos a los tarbelos al suroeste, los cocosates al noroeste, los vasates al norte, los elusates al este, los bigerriones al sureste y los venarnos al sur. Cuando Julio César menciona este pueblo, lo hace en relación con el sometimiento de Aquitania por el legado Publio Licinio Craso.

Tarusco

Tarascone (localidad de la Galia Narbonense que formaba parte de la confederación de los salyes).

Tarut

Isla de Arabia Saudita, la segunda más grande del Golfo Pérsico. La tradición popular dice que los primeros pobladores conocidos fueron cananeos y fenicios, que llamaron a la isla Ashtarut. Los numerosos restos arqueológicos muestran que su ocupación se remonta a la Edad de Piedra. La cerámica encontrada se remonta al 4.500 a.C..

Tarvanna

o Tarvenna o Taruenna o Tarouánna o Civitas Morinum. Localidad de la Galia Belgique, habitada por los morinos. Está recogida en el Itinerario de Antonino y es citada por Ptolomeo. Después de la conquista de la Galia fue una población romana. Hoy, Thérouanne, departamento de Pas-de-Calais, región Nord-Pas-de-Calais, Francia.

Tarvedum

Ver, Orcas (promontorio de Calidonia (Ver, Calidón). Hay otro promontorio que está frente a las islas Orcades (hoy, Orkney), que comparte ….).

Tarvedunum

Ver, Orcas (promontorio de Calidonia (Ver, Calidón). Hay otro promontorio que está frente a las islas Orcades (hoy, Orkney), que comparte ….).

Tarvenna

Tarvanna (localidad de la Galia Belgique, habitada por los morinos. Está recogida en el Itinerario de Antonino y es citada por Ptolomeo. Después de ….).

Tarvessede

Tarvessedum (statio de los Alpes, entre Chiavenna (Italia) y Splügen (Suiza)).

Tarvessedo

Tarvessedum (statio de los Alpes, entre Chiavenna (Italia) y Splügen (Suiza)).

Tarvessedum

o Tarvessedo o Tarvessede. Statio de los Alpes, entre Chiavenna (Italia) y Splügen (Suiza), citada en la Tabula Peutingeriana y en el Itinerario de Antonino. Hoy, Campodolcino, comuna de Campodolcino, provincia de Sondrio, región de Lombardía, Italia.

Tarvisium

Una de las ciudades principales de la provincia romana de Venetia. Hoy, Treviso, provincia de Treviso, región del Véneto, Italia.

Tarvos triganarus

Toro con tres grullas, divinidad de los antiguos galos. Era de cobre y estaba colocado en el centro de un lago que tenía su nombre. Está representada en el Pilar de los Nautes, un monumento religioso galorromano construido en Lutecia (hoy, París), en el siglo I bajo el emperador Tiberio.

Tarvun

Asentamiento de la Galia céltica. Hoy, Tart-l'Abbaye, departamento de Côte-d'Or, región de Bourgogne-Franche-Comté, Francia.

Tas-Heru

"Trono de Horus". Nombre del Nomo II del Alto Egipto. El nombre egipcio de su capital fue Behedet o Mesén. El nombre griego de la capital fue Apollinópolis Magna.

Tasciaca

o Casciata. Asentamiento galo-romano de la Galia Lugdunense en territorio de los carnutos, en la orilla derecha del río Cher. Al oeste de la ciudad hay unas construcciones enigmáticas "los Maselles o Mazelles" en buen estado de conservación, que datan del siglo II. Se han encontrado indicios de trabajos en vidrio y bronce. En las inmediaciones hay talleres de cerámica y un pequeño lugar de culto (fanum), probablemente dedicado a una deidad del agua. Hoy, Thésée-la-Romaine, departamento de Loir-et-Cher, región Centro, Francia.

Tasciovano

o Tasciovanus (ss. I a.C.-I). Gobernante (ca.20 a.C.-ca.10) del pueblo britano de los catuvelaunos, que ocupaban el territorio al norte del moderno Londres, con su capital en Verulamium (St. Albans). Nieto, o tal vez hijo de Casivelauno, y padre de Cunobelino y Epatico. Fue el primer monarca catuvelauno en emitir monedas con inscripciones, que llevan el VER [ ] ulamium como marca de la ceca. También fue el primero en renovar las hostilidades contra los trinovantes, despreciando el acuerdo entre César y Casivelauno. Entre el 15 y 10 a.C. emitió una serie de monedas que llevan la marca de ceca CAMV [ ] lodunum, lo que indica que durante un tiempo al menos, tomó posesión de la capital de los trinovantes, pero parece que se retiró tras la aparición de Augusto en la Galia. Sus monedas llevan la inscripción TASCIO RIGON, donde donde la palabra rigon suele traducirse como "rey". Si éste es el caso, es casi seguro que Tasciovano no tenía un tratado con Roma, ya que de lo contrario habría utilizado el título de "REX". Fue sucedido por su hijo Cunobelino ca.10.

Tasciovanus

Tasciovano ((ss. I a.C.-I). Gobernante (ca.20 a.C.-ca.10) del pueblo britano de los catuvelaunos, que ocupaban el territorio al ….).

Tasco

Nombre de un río francés, afluente del Tarn por su derecha. Recorre 48,8 km por los departamentos de Tarn, Tarn-et-Garonne y Haute-Garonne, en la región de Occitania. Hoy, Tescou, Francia.

Tasconi

Nombre dado por Plinio a un pueblo de la Galia Narbonense que vivía en las orillas del actual río Tescon, que desemboca en el Tarn. Hoy, en Languedoc, región de Occitania, Francia.

Tasenet

Esna ((en egipcio antiguo Iunit o Tasenet, en griego Latópolis, tal vez porque en ella era sagrado el pez "lates"). Ciudad situada a 60 km al sur de Luxor. El único ….).

Tasenetnofret

En la mitología del antiguo Egipto, lleva el titulo de "la hermana o la amante perfecta". Está relacionada con Hathor en el papel de esposa divina, pero en esta función también es una asimilación de Tefnut. Relacionada con el mito de la Diosa Lejana, es otro apelativo de la divinidad que hizo retornar al dios Shu de la lejana Nubia (Ver, Sejmet, Bastet, Hathor, Tefnut...). Fue considerada como una contrapartida femenina de Horus. Forma tríada en Kom Ombo, con Haroeris, su esposo y Panebtaui como hijo. Su iconografía es la de una mujer que lleva sobre la cabeza un tocado, formado por la corona Atef y que en ocasiones puede estar adornada con cuernos liriformes. También, la de una mujer con cabeza de leona que lleva sobre la cabeza un disco solar. Su principal centro de culto estuvo en Kom Ombo.

Tasgaetium

Tasgentium. Vicus romano de Retia, situado en el extremo noroeste del actual lago Constanza, cerca de su desembocadura en el Rhin. Se desarrolló en el siglo I. Su actividad comercial se vió favorecida por la construcción de un puente de madera sobre el Rhin. Hoy, Eschenz, cantón de Turgovia, Suiza.

Tasgecio

o Tasgetius (siglo I a.C.). Jefe de la tribu de los carnutes, nombrado rey por César y asesinado por los suyos en el 54 a.C..

Tasgentium

Tasgaetium (vicus romano de Retia, situado en el extremo noroeste del actual lago Constanza).

Tasgetius

Tasgecio ((siglo I a.C.). Jefe de la tribu de los carnutes, nombrado rey por César y asesinado por ….).

Tasgodunum

Localidad de la Galia Narbonense habitada por la tribu de los volcos tectosagi. Hoy, sin identificar, probablemente en el departamento de Haute-Garonne, región de Occitania, Francia.

Tashlultum

(ca.2.330 a.C.). De esta reina, esposa del rey acadio Sargón I, apenas se sabe nada. Tuvo varios hijos e hijas, dos de ellos reyes (Rimush y Manishtushu). Ver, Sargón I de Akkad.

Tashmetum-Sharrat

(ca.695 a.C.). Esposa del rey asirio Senaquerib y madre del príncipe Assurnadin-shumi.

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