Una de las hijas del dios-río Asopo o, según otros autores, del rey tebano Nicteo. De extraordinaria belleza, fue amada por Zeus, que se unió a ella en figura de sátiro. Tuvo de él dos gemelos, Anfión y Zeto. Antes de nacer sus hijos, Antíope había huido de su casa, por temor a la ira de su padre, y buscado refugio cerca del rey de Sición, Epopeo (Ver, Lamedonte). Desesperado por la fuga de su hija, Nicteo se suicidó. Pero al morir encargó a su hermano Lico que lo vengase. Lico atacó Sición, y, tomada la ciudad, dio muerte a Epopeo y se llevó a Antíope a Tebas como prisionera. En el camino de Sición a Tebas, en Eléuteras, dio a luz sus dos hijos. Abandonados en el monte por orden de su tío-abuelo, los niños fueron recogidos por unos pastores (Ver, Anfión). En Tebas, Lico y su esposa Dirce maltrataron a Antíope. Pero una noche las cadenas que sujetaban a la joven cayeron por sí mismas, y Antíope huyó directamente a la cabaña donde vivían sus hijos. Éstos, de momento, no la reconocieron, e incluso la entregaron a Dirce, que había ido a buscarla. Pero el pastor que había recogido a los gemelos, les reveló que Antíope era su madre, y en seguida Anfión y Zeto acudieron a liberarla, vengándose de Dirce y de Lico. Luego Dioniso, enojado por la muerte de Dirce, volvió loca a Antíope, quién se lanzó a una vida errante por toda Grecia hasta un día en que, curada, casó con Foco (Ver). Véanse también algunas variantes de la leyenda en Lico.