Publio (Publius Terentius Afer) (ca.195-159 a.C.). Escritor latino de comedias basadas en las obras griegas (fabulae palliatae). Su último nombre implica un origen norteafricano. La vida de Terencio nos es conocida gracias a la célebre biografía recogida por Donato, que, a su vez, deriva de la escrita por Suetonio. De acuerdo con esta vita, Terencio nació en el norte de África, en Cartago, y llegó a Roma como esclavo del senador Terencio Lucano. Éste, cautivado por su belleza e inteligencia, le dio una excelente educación y le concedió la libertad. Terencio se movía entre los círculos literarios, siendo aceptado por los miembros de la familia de L. Emilio Paulo. Se contaba que los ediles le ordenaron leer su primera obra (Andria) ante el dramaturgo Cecilio Estacio, que estaba cenando mientras Terencio leía, y que quedó tan impresionado por la obra que invitó a Terencio a unirse a él en la comida. Han sobrevivido las seis obras que escribió, conocemos sus fechas por las notas de su producción en el siglo I a.C., conservadas junto con las obras. Fueron producidas por Ambivio Turpio, con música de Flaco, un esclavo de uno de los Claudios. En el 159, Terencio viajó a Grecia para reunir más material para su obra, pero desapareció, quizá en un naufragio. Su primera obra, Andria (La muchacha de Andros), fue representada en los Juegos Megalenses del 166. Se trataba de la adaptación de dos obras de Menandro, La muchacha de Andros y La muchacha de Perinthos, con material original al comienzo del prólogo. La historia, que transcurre en Atenas, posee los ingredientes habituales de la comedia nueva: errores de identidad, una seducción, un esclavo inteligente y manipulador y un final feliz. La suegra (Hecyra), que se representó por primera vez en los Juegos Megalenses del 165, estaba adaptada a partir de una obra de Apolodoro de Caristo, aunque su trama recuerda la del Arbitraje (Epitrepontes) de Menandro. La primera representación de La suegra fue arruinada por la competencia de la actuación de una bailarina funambulista que distrajo al público. La obra se repuso dos veces en el 160; la primera, con ocasión de los juegos funerarios de Emilio Paulo, fue de nuevo un fracaso. La trama gira en torno a la sospecha de un hombre casado sobre su mujer, que tiene un hijo como resultado de una violación, a la que este abandona. Gracias a la ayuda de una honesta cortesana, el marido descubre que el hijo es en realidad suyo y que él había violado en la oscuridad a su esposa antes de casarse con ella. El marido le había quitado además un anillo que había entregado después a su amante, una cortesana. La obra toma su título de las dos suegras que desempeñan importantes papeles en la acción. El torturador de sí mismo (Heautontimoroumenos) está adaptada de la obra homónima de Menandro y se representó en los juegos Megalenses del 163. El torturador de sí mismo, es un hombre que ha expulsado a su hijo por haber iniciado relaciones poco satisfactorias. Su vecino le reprende por su dureza, pero finalmente es considerado culpable de demostrar la misma actitud hacia su hijo. Todo acaba bien cuando se revela una relación perdida. El eunuco (Eunuchus) es también una adaptación de una obra del mismo título de Menandro y se representó con gran éxito en los Juegos Megalenses del 161, reportando a Terencio una considerable fortuna. En esta historia, una cortesana rescata a una joven ateniense de la esclavitud y el deshonor, y un admirador ofrece a la cortesana un eunuco como regalo. El hermano del admirador se enamora de la joven esclava, se disfraza de eunuco y la seduce. La cortesana revela la verdad sobre aquella y promueve el matrimonio entre el seductor y la muchacha una vez que queda demostrado su nacimiento libre. Terencio añadió un par de personajes, el soldado fanfarrón y el parásito de la obra de Menandro El adulador (Kolax). Formión se basa en la comedia de Apolodoro de Caristo El demandante y se representó por primera vez en los Juegos Romanos del 161. El personaje de Formión es un parásito que se ve involucrado en la relación amorosa entre una huérfana y un joven ateniense cuyo padre está en el extranjero y persuade a un tribunal para que ordene que se celebre el matrimonio entre los dos, cumpliendo la ley por la que las jóvenes huérfanas debían casarse con su pariente más cercano. Esta acción conduce a una gran intriga y a la revelación a la esposa de que el padre de la joven está vivo y que la engendró en una relación adúltera. Al igual que La suegra, Los hermanos (Adelphoe), que es una adaptación de Los hermanos de Menandro con una escena tomada de Los que mueren juntos, de Dífilo, se representó en los juegos funerarios de Emilio Paulo; esta obra había sido encargada por una pareja de hermanos, los hijos de Paulo, Escipión Emiliano y Fabio Máximo. Al igual que estos dos romanos habían sido adoptados por dos familias diferentes, los dos hijos de Demea fueron criados por separado y de forma muy distinta, uno por su padre y el otro por su tío. La historia incluye seducción, sospechas y un cambio de carácter por parte del malhumorado Demea a costa de su tolerante hermano. El estilo de la obra de Terencio es muy distinto del de su predecesor Plauto y más fiel al espíritu de las comedias originales griegas de Menandro y sus contemporáneos, dos ss. anteriores. Su estilo es fiel reflejo del habla de la sociedad romana de sus días y su gusto por la lengua de las clases más populares. Terencio se sirve de ciertos rasgos de la lengua coloquial como exclamaciones, interjecciones, interrupciones, elipsis, etc. Junto a este nivel medio coexisten rasgos propios de una lengua más culta y solemne como anáforas, aliteraciones, repeticiones o acumulación de sinónimos. Se aprecia una visión moralizadora, una actitud más liberal hacia el sexo y un cierto optimismo, que no estaba en los originales griegos y que provenía de su propia experiencia como ciudadano de una Roma, victoriosa y pujante. Sus diálogos se acercan al lenguaje cotidiano, mientras que sus prólogos, que no son introducciones a las tramas, son muy retóricos. Presenta una menor introducción de material itálico y los pasajes con acompañamiento musical reducen su extensión. Terencio utiliza una métrica más sencilla que Plauto. Aun así, su habilidad para retener el interés de sus espectadores y su comprensión de los conflictos humanos son impresionantes. Unos cuantos dichos muy conocidos proceden de su obra, tales como "hay tantas opiniones como individuos" (quot homines, tot sententiae) y "soy hombre, y nada humano me es ajeno". Terencio muestra especial simpatía por las mujeres, por el modo en que son tratadas por los hombres. Sus obras resultaban más atractivas a las cultas clases altas que al pueblo llano, que encontraba más divertidas las obras de Plauto. Donato, el comentarista del siglo IV, escribió un comentario sobre las obras de Terencio, que se conserva en parte. La influencia de Terencio fue extraordinaria y pronto fue considerado un modelo de escritura y de buen latín. De igual modo, el talante moralizador de sus comedias preservó su obra de la censura eclesiástica, por lo que Terencio continuó siendo estudiado y admirado a lo largo de la Edad Media, como lo demuestran las obras de Hrothswitha de Gandersheim en el siglo X, admiración que se extendió hasta los humanistas. Ver, Comedia romana.