(Themistokles) (ca.524-459 a.C.). Estadista ateniense del demo de Frearios, que fue líder en Atenas durante la Guerra Médica del 480-479. Era miembro de un antiguo clan, el de los Licomidas, pero su madre no era de sangre ateniense. Fue elegido arconte epónimo durante el año 493-492, cinco años antes de que la elección para el arcontado fuera sustituida por el sorteo. Es posible que él apoyara esta reforma, que tuvo como efecto la reducción de la autoridad de los arcontes en favor de la de los generales electos. Temístocles fue un producto de las reformas de Clístenes, elegido según el sufragio que se decretó para esas ocasiones. Tuvo la previsión de anticiparse a un ataque persa, y organizó la construcción de El Pireo como puerto en el lugar de la arriesgada rada de Falero. No sabemos si desempeñó algún papel en el juicio a Milcíades del 493. En el 490, el año de la batalla de Maratón, fue elegido general por su tribu. Hacia el 487 se creó la institución del ostracismo, según la cual una vez al año se votaba enviar al exilio a todo ciudadano cuya presencia en el Ática fuera considerada como indeseable, así se evitaba el restablecimiento de la tiranía. Su uso en los años precedentes a la invasión persa del 480 eliminó de forma efectiva toda oposición a Temístocles, haciendo de él el líder incontestable de Atenas durante la crisis. En el 483 persuadió al pueblo para que gastara la muy incrementada riqueza de Atenas, que tenía su origen en la explotación de las minas de plata de Laurión, en mejorar la marina en lugar de en distribuirla entre los ciudadanos. Ese año, Jerjes, el rey persa, ordenó que se construyera un canal a través de la península del Athos para facilitar su ataque a Grecia, aunque Temístocles manejó ante el pueblo el argumento de la amenaza que provenía de Egina, una isla cercana a Atenas con la que esta estaba constantemente en guerra y que él sugirió que podía pasarse al bando persa. Por eso se incrementó la flota, que pasó de setenta a doscientos barcos de guerra. El poderío naval ateniense quedó, pues, establecido. Se permitió a los rivales de Temístocles condenados al ostracismo, entre ellos a Arístides, que regresaran a tiempo para luchar contra Persia. En el 480, Temístocles fue elegido general y su influencia superaba a la de sus colegas. Condujo a una fuerza naval ateniense que se dirigía a Tesalia, bajo el mando supremo del espartano Euribíades, a una posición en el cabo Artemision en Eubea, en donde durante tres días se libró una batalla no decisiva. Durante la retirada por el canal de Euripo, Temístocles envió mensajes destinados a ganarse el apoyo de los griegos que gobernaban las naves de Jerjes. Jugó un papel decisivo en la victoria de Salamina, aunque lo hizo a pesar de sus aliados, los espartanos, que eran los verdaderos líderes de la resistencia griega. Heródoto habla de las advertencias que se recibieron procedentes del Oráculo de Delfos, que parece que trató de mantener una posición neutral en la guerra. Sin embargo, Temístocles interpretó un oráculo como prediciendo la posibilidad de una victoria en la isla de Salamina. Tras la pérdida de las Termópilas, los espartanos y otros peloponesios querían que todas las fuerzas griegas se replegaran al Peloponeso y se atrincheraran tras una defensa en el istmo de Corinto. Temístocles persuadió a los atenienses para que abandonaran su ciudad y los trasladó a Salamina, Egina y el Peloponeso. Convenció a Euribíades para que revocara una precipitada decisión de retirar a la flota de la bahía de Salamina. Sin embargo, como el tiempo pasaba y los peloponesios temían la inminencia de un ataque por tierra y la consiguiente retirada, él advirtió en secreto a los persas de que podían dejar atrapada a la flota griega y destruirla, y les ofreció cambiar de bando. Jerjes, quizá distraído por la preocupación de la proximidad del otoño, aprovechó la oportunidad que el mensaje de Temístocles parecía ofrecerle y decidió atacar. Sus naves zarparon hacia la bahía (probablemente de noche). Advertidos por un barco de Tenos, que desertaba, los griegos atacaron al amanecer y derrotaron a la flota persa en aguas estrechas, de forma tan decisiva que el contingente que les quedó a los persas se retiró a Asia. Durante el invierno siguiente, Temístocles fue honrado en Esparta como nunca lo había sido un no espartano. No estuvo mplicado en las acciones militares del 479, pero durante el invierno siguiente, después de que hubiera desaparecido la amenaza persa, se fue a Esparta encabezando una embajada para negociar el veto espartano a la reconstrucción de las murallas atenienses. Dio instrucciones a sus conciudadanos para que se apresuraran en la reconstrucción, mientras negaba en Esparta que se estuviera trabajando en las murallas. Cuando llegaron noticias de que mentía, urgió a los espartanos para que enviaran una embajada que aclarara la verdad; pero la embajada fue detenida a su llegada a Atenas y convertida en rehén para asegurar el regreso de la embajada ateniense. Así pues, cuando las murallas habían alcanzado una altura razonable, pudo admitir la verdad y regresar a casa con impunidad. También se aseguró de que El Pireo estuviera bien fortificado, alegando que podía convertirse en una base excelente contra cualquier posible ataque persa futuro. La Guerra Persa dejó como consecuencia el resurgir de una actitud conservadora y proespartana en Atenas, bajo el liderazgo de Cimón, y la influencia de Temístocles palideció. En el 476 fue director de coro en una tragedia de Frínico que obtuvo el primer premio, pero hacia el 470 fue condenado al ostracismo y se trasladó a Argos, intrigando en el Peloponeso con aquellos que se oponían a Esparta. El gobierno espartano se dio cuenta de estas intrigas hacia el 468 y acusó a Temístocles de tramar un complot junto con Pausanias. En Atenas fue juzgado en rebeldía y condenado a muerte. Escapó hacia el oeste, a Corcira y el Epiro, y luego a Macedonia, desde donde cruzó el mar hasta Asia. Allí, el nuevo rey persa, Artajerjes I, tras su ascensión al trono en el 465, le concedió el gobierno de Magnesia del Meandro (Frigia). Murió en esta región (el historiador Tucídides tuvo conocimiento de una historia que aseguraba que se suicidó). A su familia se le permitió regresar a Atenas. Una actitud hostil hacia él es evidente en todas las fuentes antiguas, excepto Tucídides, que lo admiraba. Si ha de darse crédito a cuatro versos de Platón el Cómico, a los que Plutarco no presta mucha fe, los atenienses rehabilitaron a Temístocles después de su muerte, y le erigieron un sepulcro en el promontorio de Alcino, cerca del Pireo. Ver, Guerras Médicas.