Dédalo es un escultor mítico de origen ateniense, perteneciente a la familia real que tiene su origen en Cécrope. Es el prototipo del artista universal, a la vez arquitecto, escultor e inventor de ingenios mecánicos. Pasaba por ser el antepasado de todos los escultores, como lo dice humorísticamente Sócrates en el Alcibíades de Platón, y en todo caso por su común maestro. Los escultores arcaicos se proclamaban gustosamente "dedalianos" y se atribuía el epíteto de dedálico al arte del alto arcaísmo. Se le atribuyen, en la antigüedad, las obras de arte arcaicas, incluso las que tienen un carácter más mítico que real, como las estatuas animadas a que se refiere Platón en el Menón. Según ciertas tradiciones, el padre de Dédalo se llamaba Eupálamo, y su madre era Alcipe. Según otros, su progenitor habría sido Palemón o, tal vez, Metión, nieto de Erecteo (Ver, Metión). Dédalo trabajaba en Atenas, donde tenía por discípulo a su sobrino Talos, hijo de su hermana Pérdix. Talos se mostró sumamente hábil, hasta el punto de llegar a despertar los celos de Dédalo. El día en que el muchacho, inspirándose en la mandíbula de una serpiente, inventó la sierra, el maestro lo precipitó desde lo alto de la Acrópolis. Pero el crimen fue descubierto, y Dédalo hubo de comparecer ante el Areópago, que lo condenó. Desterrado, el artista huyó a Creta, junto al rey Minos, llegando a ser su arquitecto y escultor habitual. Pasífae, esposa de Minos, se había enamorado de un toro, y él le construyó una vaca de madera (Ver, Pasífae). También construyó para Minos el Laberinto, palacio de complicados corredores donde el rey encerró al Minotauro. Después, cuando Ariadna quiso salvar a Teseo, que había venido a combatir con el monstruo la doncella pidió a Dédalo la manera de ayudarle. Éste le inspiró la astucia que salvó al héroe al aconsejarle le diese un ovillo de hilo que había de permitirle, desenrollándolo a medida que avanzase, volver luego sobre sus pasos. Minos, al conocer el éxito de Teseo y el ardid de que se había valido, encarceló en el Laberinto a su cómplice Dédalo, junto con su hijo Ícaro, que había tenido con una esclava de palacio llamada Náucrate. Pero Dédalo se fabricó unas alas para sí y otras para su hijo, las pegó con cera y los dos huyeron volando (Ver, Ícaro). Dédalo llegó sano y salvo a Cumas, y Minos lo persiguió por todos los paises, mientras él se ocultaba en Camico (Sicilia), en la corte del rey Cócalo (Ver). En Sicilia, tras ser muerto Minos por las hijas del rey Cócalo, Dédalo erigió numerosos edificios en agradecimiento a su anfitrión. Ver, Náucrate, Escultores.