La geografía de Italia consta de dos partes muy diferenciadas, la Italia continental, al norte, entre los Alpes y los Apeninos, y la peninsular, al sur, bañada por los mares Tirreno y Adriático. La primera se extiende unos 500 km de este a oeste, y 120 km de norte a sur, y su núcleo fundamental lo constituye el valle del Po, cuyos numerosos afluentes forman una cuenca, rica en tierras de cultivo, con un clima semejante al de Europa central. La Italia peninsular, estrecha y alargada, de unos 1.100 km de largo y 120 de ancho, está recorrida en toda su extensión por la espina dorsal montañosa de los Apeninos, que separa las costas oriental y occidental. La quebrada orografía, los ríos, cortos y torrenciales, y la falta de precipitaciones, sólo permiten el desarrollo de una agricultura muy desigual, en su mayor parte precaria, a excepción de algunas llanuras con amplios espacios para el cultivo, en Campania y el sur. Pero, en cambio, el clima suave y los extensos bosques favorecen la ganadería, de carácter trashumante. Abundan también los yacimientos minerales. EI terreno montañoso favorece la formación de espacios separados y aislados entre sí, refractarios a tendencias unificadoras y, por ello, aferrados a costumbres, lenguas e instituciones propias, que subsistieron mucho tiempo después de su conquista por Roma. Aunque existen huellas humanas en la península itálica desde el Paleolítico, sólo es a partir del Neolítico (ca.6.000-5.500) cuando comienzan a desarrollarse rasgos culturales diferenciados, ligados a la introducción de la agricultura. la utilización de la cerámica y el uso de utensilios de piedra pulimentada. En esta época, tras un lento desarrollo, se acuña la población básica estable de la península, en la que se observa, desde mediados del III milenio, una división cultural en dos áreas perfectamente diferenciadas, separadas por la cordillera apenínica: el norte de Italia, entre los Alpes y el Apenino. está ligado a centroeuropa y recibe influjos culturales, a través de los pasos alpinos, tanto del este (influencias danubianas y balcánicas) como del oeste, con la introducción de elementos típicos culturales de origen occidental, como el vaso campanifome, presente en culturas italianas como la de Remedello. El sur, por su parte, está ligado a tradiciones mediterráneas y mantiene relaciones con culturas del otro lado del Adriático, como la de Sesklo de Tesalia, presente en Apulia, o las influencias cretenses que manifiesta la cultura de Stentinello, en Sicilia. Estas diferencias entre las dos zonas culturales italianas del Neolítico se hacen más patentes desde que se extiende por Italia la elaboración del cobre (Eneolítico) y, a partir de 1.800, la del bronce. En el sur, se afirma la tradición mediterránea, plasmada en la llamada cultura apenínica. En el norte, en cambio, se siguen manteniendo las influencias centroeuropeas. No obstante, los modos de vida de ambas áreas son muy semejantes. Junto a la caza y la pesca, el hombre italiano practica una rudimentaria agricultura de subsistencia, aunque con algunos avances técnicos. como el arado, pero, sobre todo, se dedica a la ganadería, con una economía, fundamentalmente pastoril. Los enterramientos de inhumación prueban la existencia de ideas de ultratumba, que, no obstante, no llegan a producir monumentos semejantes a los contemporáneos de la brillante civilización megalítica europea. Sólo en la periferia italiana, en Cerdeña, se produce, a finales del período, la misteriosa cultura de las nuraghe, fortalezas de grandes piedras, seguramente destinadas a la protección de las riquezas minerales de la isla. A partir del 1.400, en el Bronce pleno, todas estas influencias distintas se ven plasmadas en el sur con la afirmación de la cultura apenínica y la presencia de comerciantes egeos en sus costas; en el norte, con la aparición, entre los Apeninos y el Po, de la cultura de las terramare. Es digno de notar la influencia que sobre las poblaciones de cultura apenínica ejercieron civilizaciones procedentes del otro lado del Adriático, en especial, del círculo del mar Egeo. Gentes micénicas extendieron su actividad marítima por occidente hasta las islas Lípari, Sicilia e Italia meridional, donde se atestigua la existencia de establecimientos comerciales entre los ss. XIV y XII, como el de Scoglio del Tonno, en la región de Tarento, con abundantes restos de metal y cerámicas. Las razones de esta actividad seguramente están en relación con la búsqueda del ámbar, para la que estos establecimientos servían de escala necesaria, y de las riquezas minerales de la isla de Elba y de la costa tirrena. Su interés histórico está en la influencia que ejercieron sobre las culturas indígenas del círculo apenínico con la introducción de corrientes económicas más avanzadas, que favorecieron la sedentarización de poblaciones hasta el momento predominantemente pastoriles y, por tanto. nómadas. En el valle del Po, en la región de la Emilia, se desarrolló, entre la mitad y el final de la Edad del Bronce (ca.1.500-1.200), la cultura de las terramare. Con el Bronce final y la transición a la Edad del Hierro, a finales del siglo XIII a.C., se producen en Italia, como en otros ámbitos del Mediterráneo y del Oriente Próximo, importantes cambios, ligados a desplazamientos de pueblos. En el norte, desaparece la cultura de las terramare; en el sur cesan los intercambios con los micénicos, como consecuencia de las migraciones dorias que conmueven Grecia. Por toda Italia se extiende un nuevo tipo de enterramiento: la inhumación es sustituida por la incineración. Recipientes de cerámica, que contienen las cenizas de los cadáveres, se entierran en pequeños pozos, formando extensos cementerios, los llamados "campos de urnas", difundidos por toda Europa, desde Cataluña a los Balcanes. El nuevo rito es consecuencia de la llegada a Italia, en diferentes momentos, de nuevos elementos de población, procedentes de Europa central y del área del Egeo, que se expanden por distintas regiones en un proceso mal conocido, pero decisivo para la configuración del mapa étnico y cultural italiano, precisado a partir del siglo IX a.C., en la Edad del Hierro. El fenómeno más evidente de estos cambios es de carácter lingüístico y se manifiesta en la imposición progresiva de idiomas indoeuropeos sobre otros, más antiguos, no indoeuropeos. Durante un tiempo, se consideró que el carácter indoeuropeo de gran parte de los idiomas y dialectos de la Italia antigua suponía la existencia de un hipotético lenguaje común, el "itálico", del que habrían derivado aquellos. A esta lengua itálica debía corresponder un pueblo itálico, con rasgos culturales propios. Hoy sabemos que, si bien la indo-europeización de Italia comportó la presencia de inmigrantes, las vías de penetración fueron múltiples y extendidas en un amplio espacio de tiempo. Este proceso de migración escapa, en su mayor parte, a nuestro conocimiento, pero lo importante es que esta serie de aportaciones sucesivas terminaron por configurar los distintos pueblos, con rasgos culturales definidos, que encontramos en época histórica. Se habla de Italia desde principios del siglo V a.C.. La historia de Italia propiamente dicha comienza con la conquista romana. Con anterioridad sólo se puede hablar de historias separadas de los diferentes grupos que habitaban el país. La diversidad regional de Italia, que ha sido siempre uno de sus rasgos característicos, se hace evidente en el registro arqueológico al comienzo de la Edad del Hierro, cuando emergen distintas culturas locales, y en los testimonios lingüísticos que ponen de relieve que se hablaban al menos 40 idiomas diferentes en Italia antes de la época romana. Había tres grandes agrupamientos culturales en Italia al alba de la conquista romana (ca.350 a.C.). El primero comprende las comunidades urbanizadas de las llanuras costeras en torno a las costas de los mares Tirreno y Jonio. La vida urbana en Italia comenzó con los griegos, que en los siglos VIII y VII a.C. habían fundado colonias (Ver, Colonización griega) en torno a las orillas meridionales desde Tarento hasta Cumas, en un área conocida más tarde como Magna Grecia. Este movimiento tuvo importantes consecuencias culturales sobre los pueblos nativos de Italia y condujo en última instancia a la formación de ciudades-estado siguiendo el modelo griego entre los latinos, incluyendo a Roma, y los etruscos, y eventualmente también en Umbría y Apulia. El segundo agrupamiento importante incluye a los pueblos hablantes de osco, ubicados en el centro y sur de los Apeninos y en la región adriática central. Estos pueblos, entre los que figuran los samnitas, lucanos, brucios, vestinos y frentanos, emigraron hacia el sur y este en el siglo V, en un movimiento de expansión general y sus incursiones guerreras amenazaron a las ciudades de las llanuras costeras. Hacia el año 400 a.C. muchas de las ciudades griegas de la costa tirrena habían caído y los latinos estaban fuertemente presionados por los sabinos, ecuos y volscos. Pero durante el siglo IV los papeles se invirtieron, en la medida que los habitantes de ciudades, unidos y organizados por Roma, vencieron a los pueblos de los Apeninos en las guerras samnitas. El tercer elemento importante estaba constituido por los celtas del norte de Italia, que habían invadido el valle del Po durante el siglo V y que en el IV emprendían expediciones ocasionales a través de los Apeninos hacia Italia peninsular. Fue durante una de ellas que la banda guerrera de Breno capturó Roma (390 a.C.). Seguidamente Roma organizó la defensa de Italia contra los temidos invasores y su liderazgo eficaz tuvo mucho que ver con la posterior lealtad de los socii. La conquista romana, que se completó hacia el año 264 a.C., unió a los distintos pueblos de la peninsula en un sistema de alianzas militares. Este sistema se vio sometido a prueba por la invasión de Aníbal, pero salió victorioso y se vio todavía más reforzado por las guerras de conquista ultramarina en el siglo II. Pero no fue hasta la Guerra Social que se logró la verdadera unidad política y solamente al final del siglo I perecieron las costumbres locales y el latin desplazó a los idiomas antiguos. Esta transformación se debió en parte a la guerra y a la devastación en la propia Italia, especialmente en el período entre los años 91 a 71 a.C., y en parte al masivo reasentamiento de soldados veteranos en colonias por todas partes de Italia hechos por Sila, César y Octavio. Pompeya sólo se convirtió en ciudad romana cuando recibió una colonia establecida por Sila, con anterioridad había sido sobre todo hablante de osco. Roma se imponía de dos formas: federando o anexionando, por lo que el panorama de las ciudades itálicas es muy complejo. En territorio anexionado se distinguen: colonias romanas, municipios, prefecturas. En territorio federado: colonias latinas, ciudades federadas. En general, el estatuto de "colonia" se da a las ciudades de nueva fundación y los estatutos que se concedían estaban en función del grado de civilización de los pueblos conquistados y de sus instituciones. Sólo podemos comenzar a hablar con propiedad de una Italia romana en el reinado de Augusto, cuando estaba gobernada como un pais unificado y dividido en 11 distritos administrativos. Éstos eran: 1, Lacio y Campania; II, Apulia; III, Lucania y Brucio; IV, Samnio; V, Piceno; VI, Umbria; VII, Etruria; VIII, Emilia; IX, Liguria; X, Venecia; XI, Transpadana. Mantuvo el número de 35 tribus, sin administración independiente ni gobernador propio, pero en cada una hubo una comisión encargada del catastro, del correo y del censo. Adriano y Marco Aurelio la dividieron en 4 distritos: Transpadana, Liguria, Umbria e Italia Sur, cada una con un legatus iuridicus con atribuciones administrativas y judiciales, tendiendo a hacer que se pareciese la organización de Italia a la de las provincias. A principios del siglo III un corrector cum imperium supervisa la administración de toda Italia excepto Roma, convirtiéndose en permanente el cargo bajo Marco Aurelio. Cuando Diocleciano reorganiza el Imperio, a Italia se le añaden Retia, Córcega, Cerdeña y Sicilia, convirtiéndose en la prefectura de Italia. Durante el Imperio Romano Italia perdió gradualmente su posición privilegiada e incluso recibió un tratamiento análogo al de otras provincias. Durante el Alto Imperio Italia estaba exenta del pago de impuestos directos y en buena medida libre del gobierno directo desde Roma, pero durante los siglos II y III se nombraron funcionarios romanos en las ciudades, distritos y, por último, para toda Italia y Diocleciano eliminó la exención de impuestos para Italia. Inicialmente las legiones romanas eran en gran medida de origen italiano, en la medida que la ciudadanía romana era universal en Italia, pero estaba limitada en el resto del Imperio. La difusión de la ciudadanía en los siglos I y II permitió que las legiones pudiesen reforzarse en otros lugares. Del mismo modo el porcentaje de puestos administrativos ocupados por caballeros italianos declinó rápidamente, pero los italianos mantuvieron una fuerte presencia en el Senado (aproximadamente la mitad en el siglo III). Italia también decayó comparativamente con las provincias en el campo económico. La cerámica gala reemplazó a la sigilata aretina en el siglo I y el vino de Hispania eclipsó al italiano. Sin embargo, éste pudo haber sido solamente un declive relativo, en relación con el incremento de prosperidad en otras provincias. Italia se mantuvo fundamentalmente en paz. Las únicas luchas serias tuvieron lugar en el año de los cuatro emperadores (69), en torno al año 168, y en el 238, antes de las expediciones bárbaras y las guerras civiles de la mitad del siglo III, que afectaron solamente al norte del territorio. En el año 271, tras una invasión de los yutumgos, Aureliano comenzó una nueva muralla defensiva en torno a Roma (Muralla de Aureliano). Los visigodos invadieron en los años 401-403, Alarico saqueó Roma en el año 410 y los vándalos hicieron lo mismo el 455, aunque por entonces Rávena había reemplazado a Roma como la capital del imperio occidental, 404. En el año 476 el último emperador romano, Rómulo Augústulo, fue sucedido por el primer rey bárbaro de Italia, Odoacro. Después del reinado de Augusto no se fundaron nuevas ciudades, pero esto se debe en gran medida a que Italia ya estaba completamente romanizada. La prosperidad urbana se incrementó en general hasta el siglo III, y entonces decayó, al igual que en otras provincias. Nuestro conocimiento de Italia se ha visto incrementado en gran medida por la erupción del Vesubio (79), que conservó Pompeya y Herculano intactas en buena medida. Además, se conservan grandes zonas de Ostia tal como se reconstruyó en el siglo II. Ostia fue una de las muchas ciudades que se beneficiaron de su proximidad a Roma: Claudio I y Nerón construyeron el primer puerto (42-62) y Trajano construyó otro interior. En época de Trajano se introdujo el alimenta para auxiliar a los hijos de los pobres en las ciudades italianas. Esta institución se difundió y permaneció vigente hasta el siglo III. El control imperial sobre Italia se incrementó en el siglo II mediante el nombramiento de curatores, que normalmente eran senadores o caballeros que tenían la misión de controlar las finanzas públicas. Estos curatores siguieron operativos a lo largo de los siglos III y IV. Del mismo modo Marco Aurelio, en línea con el nombramiento por parte de Adriano de cuatro antiguos cónsules para ejercer funciones judiciales en Italia, nombró funcionarios judiciales (iuridici, jueces, normalmente senadores). En los años 260/270 los iuridici se vieron sustituidos por un corrector. La vida cotidiana parece no haberse visto muy afectada por las invasiones bárbaras e Italia central permaneció en paz: Italia se convirtió, en efecto, en un remanso provincial dominado por Roma. La mayor parte de las medallas romanas la representan bajo la figura de una mujer coronada de torres, con una asta en la mano derecha, y en la izquierda un cuerno de la abundancia: a sus pies se ve un águila puesta sobre un globo. Se representa también por una mujer sentada sobre un globo, coronada de torres, teniendo en la mano un cuerno de la abundancia, y en la otra un cetro para indicar su imperio sobre el universo, como puede verse en las medallas de Tito, Antonino Pío, Cómodo, etc. Una medalla de Nerón y los versos de Claudio la representan del mismo modo. Ver, Villanoviana (Cultura), Italianos.
)o( MITOLOGÍA.- Italia es la tierra de Saturno, porque arrojado del Cielo por Júpiter se refugió en el lacio, en donde enseñó a sus habitantes la agricultura. Ver, Ítalo.