La comarca de Maragatería se ubica en el noroeste de la península Ibérica, en las faldas del Monte Teleno y próxima a la ciudad de Astorga, que fue fundada por las legiones de Augusto en el 19 a.C., tras el fin de la guerra contra los astures, en la que el propio Augusto participó, dado el interés económico que suponía para la Roma Imperial la conquista de este territorio. El País de Maragatos, esconde una gran riqueza etnográfica, que se basa primordialmente en su arquitectura, artesanía, folklore y costumbres, que ha motivado a muchos eruditos a estudiar a este pueblo antes de que desaparezcan los últimos vestigios de lo que fueron los Maragatos. Además, hay que resaltar que por la comarca discurre el Camino de Santiago, por lo que estas tierras recibían, ya en la Edad Media, a viajeros provenientes de Europa que, sin embargo, no modificaron el carácter reservado de sus habitantes. En la antigüedad, esta era la tierra de la gens de los amacos astures; actualmente ocupa unos 500 km2 en la parte occidental de la provincia de León, entre las últimas llanuras de la cuenca del Duero y los Montes de León. Sierras, lombas y colinas de aluviones terciarios y cuaternarios, con pequeños arroyos de por medio (Argañoso, Jerga, Pañote, Turienzo, Peces y Duerna) que, con fuerte declive, se van abriendo paso desde los Montes de León hacia su confluencia con el río Órbigo. Estos suelos, pobres, están constituidos por capas detríticas horizontales, alternando arcilla y cantos rodados de distinto tamaño. El polvo y las pepitas de oro se hallan diseminados muy regularmente en la arcilla rojiza del País de Maragatos, que se conocen con el nombre de "Aluviones o Filones de oro". El pocentaje suele ser de unos 3 a 10 gr de oro por tonelada removida de conglomerado aurífero. De los antiguos habitantes de la comarca, no sabemos mucho. Si Astorga era la capital de los Amacos, "Amacarum Asturica Augusta" según Ptolomeo, sabemos que éstos eran una gens de los astures, y considerados como valerosos guerreros que habitaban en castros en las inmediaciones de Astorga; se calcula que había en la comarca unos 200 castros, a diferencia de los 52 pueblos que hay en la actualidad. Se puede así su-poner que la comarca soportaba una presión demográfica muy importante en la antigüedad, debido al control estratégico que los amacos realizaban de los aluviones auríferos. Los castros, de menor tamaño que las coronas (emplazamientos romanos posteriores), presentan unas defensas aviejadas y desparramadas, muestra geogrática de su sometimiento incondicional a las legiones romanas. Las construcciones del interior de los castros serían de muros de sillares irregulares de piedra y pizarra, con planta circular u oval, sin una articulación clara del espacio interior del castro, con pequeños pasillos de separación entre las viviendas, que desembocarían en espacios comunes de tránsito. Las viviendas contarían probablemente con la techumbre de sobera, semejante a la que aún se conserva en alguna de las viviendas maragatas. Esta cubierta permite la salida del humo de los hogares, sin necesidad de chimenea, es buen aislante, protege incluso de la lluvia, pero tiene el inconveniente que arde con facilidad, de modo que resulta fácil imaginarse los castros astures de la falda del Teleno ardiendo, casi al unísono, durante el sitio y ataque final de las legiones romanas al "Monte Medulio", último refugio de estos guerreros y que algunos investigadores ubican en este lugar. Fuera o no el Teleno (2.188 m, altura máxima de la comarca) el "Monte Medulio" (también ubicado por otros autores en el cercano Bierzo, en el emplazamiento de las actuales Médulas), lo cierto es que para sus antiguos pobladores el monte, nevado durante buena parte del año, era un lugar de culto a alguna divinidad prerromana que, posteriormente, se asimiló a Marte, dios de la guerra (Marte Tileno reza la famosa inscripción de la placa oval de plata aparecida en el término de Quintana del Marco). Y en las inmediaciones se encuentran lugares con toponímico que recuerdan muerte y destrucción, tales como Peña de los Muertos, Molina Ferrera, Laguna Delao en Buisan y Pozo Delao en Santa Catalina de Somoza. La aparición en la falda del Teleno de restos de lo que podría ser una fundición, en el término de Boisán o Buisan, en un lugar próximo a Hornillos, nos confirma la existencia de una fundición de carácter indígena que fue debidamente ocultada durante la invasión romana, ya que contenía aún una barra de oro. La singular herramienta encontrada en las inmediaciones (hoy perteneciente a la colección de Perandones), perfectamente estudiada para efectuar un trabajo rudo, nos hace pensar que los astures ya empleaban algún sistema de explotación de los filones auríferos. Este sería muy superficial y menos intensivo que la explotación romana mediante galerías. La arrugia (término empleado por Plinio, aunque no parece tener antecedentes en el Latín Clásico, sino que pudiera ser indoeuropeo o, tal vez, ligur) consiste en que la extracción del mineral aurífero se realiza mediante una gran corriente de agua, que cae sobre la tierra labrada superficialmente en forma de grandes peines, con surcos en paralelo al desnivel. Gracias a ella la tierra se va separando de los cantos rodados, y es conducida hacia partes más bajas donde, por medio de un embudo gigantesco (agogae), se separa el metal del resto de arenas y cantos. El oro que así aparece lo hace en pepitas o granulaciones diminutas, que se van guardando en crisoles auríferos para ser luego fundido y trabajado en excepcionales piezas de orfebrería. Según algunos autores, antes de la llegada de los romanos el oro obtenido por los indígenas era casi exclusivamente el proveniente del arrastre de torrentes y arroyos con fuertes corrientes, en las zonas auríferas de montaña. Este oro era obtenido en los ríos por la técnica más sencilla de batea, que se realizaba durante el estío, cuando el nivel de las aguas desciende, ya que de otra manera hubieran tenido que remover grandes cantidades de terreno, lo cual no está documentado hasta la llegada de los romanos. Con la llegada de estos el sistema de explotación cambia, es mucho más intensivo, remueve grandes cantidades de aluvión y el impacto ambiental de este sistema se ve claramente en la comarca, así como en las cercanas Médulas del Bierzo. Se trata del sistema de la "ruina montium" (magistralmente descrito por Plinio). Este sistema también emplea la fuerza hidráulica como medio de romper los conglomerados de los filones auríferos, pero los romanos, sin embargo, excavan grandes galerías en las montañas buscando directamente el filón (los que las excavaban eran conocidos como "pallidus", por el color mortecino de su piel). El agua del deshielo, previamente embalsada en grandes estanques, era conducida a través de canales hacia esa galería, buscando la salida a través del filón, arrastrando todo consigo y destruyendo la montaña con un gran estruendo. El agua, ahora avalancha de barro y piedras, era dirigida hacia una zona baja, pasando previamente por praderas enramadas de urz, que actúan como filtros de los materiales, separando finalmente el polvo de oro. Los romanos construyeron "coronas", enfrentadas a los castros astures, en las cercanías o en los mismos filones auríferos. Son de mayor tamaño y aparecen con sus defensas, algunas incluso con doble foso y muralla. Las coronas de Quintanilla, Huerña, Filiel, Boisán y Luyego, en el valle del río Duerna, fueron parcialmente excavadas por Claude Domergue en 1971-73. Las conclusiones a las que llega son interesantes: si bien fueron construidas por los romanos, el testimonio arqueológico nos habla de una presencia indígena importante, aunque sin presencia femenina. ¿Estaríamos ante coronas en las que habitarían los primeros trabajadores de las minas romanas?. Para Domergue, éstos probablemente serían "orniaci", que a la llegada de los romanos habitarían en el valle bajo del Duerna, en las cercanías de La Bañeza, en unos terrenos más óptimos para los cultivos, y que tras las Guerras Astures fueron sometidos para iniciar la infraestructura minera. Los cálculos realizados por algunos autores llegan a concluir que en los valles del Duerna, Turienzo y Jerga se removieron unos 600 millones de m3 de terreno, y así, en el momento de máxima explotación de las minas, se enviaban unas 20.000 libras de oro anuales a Roma. Esto nos da una idea de la importante riqueza que escondían estas tierras, yermas para el cultivo en la antigüedad. Por lo tanto, habría que responder a las siguientes cuestiones: ¿Qué pueblo era, realmente, el que vivía aquí antes de la llegada de los romanos? ¿Conocían los recursos auríferos del suelo que pisaban y lo explotaban, aunque no tan intensivamente como Roma, con fines de intercambio con sus vecinos, para así proveerse de lo que necesitaban? ¿Ejercía ya como capital Asturica Augusta y era el castro más importante de la red de castros astures de la comarca?. Para resolver estas cuestiones, aún son muchas las posibilidades de estudio e investigación que ofrece la comarca. Ver, Ruta del oro.