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Página 823 - 1322 Palabras 41101 al 41150 de 66095

Palabra   |   Descripción

Mamuralia

Fiesta que se celebraba en Roma el 14 de Marzo. Ver, Mamurio.

Mamurio

Habiendo enviado el cielo al rey Numa un escudo sagrado, como prenda de victoria para la ciudad de Roma, este rey, para impedir toda tentativa de robo, concibió la idea de mandar fabricar otros once escudos semejantes, que confió a los salios. El obrero encargado de este trabajo fue un osco llamado Mamurio, el cual, en pago, pidió sólo que lo mencionasen en el canto que entonaban los salios en la procesión solemne de los escudos (las "ancilas"). Numa se lo concedió. Existía en Roma una fiesta, durante la cual era golpeado con varitas blancas un anciano, que, en tal circunstancia, recibía el nombre de Mamurio y era expulsado de la ciudad: eran las Mamuralia, celebradas el 14 de marzo.

Mamurius Veturius

Todos los años, el día 14 de marzo, era llevado en procesión por las calles de Roma un hombre cubierto de pieles al que pegaban con cayados blancos y largos para terminar echándole de la ciudad. Le llamaban Mamurius Veturius, o sea "el viejo Marte" y como la ceremonia tenía lugar un día antes de la primera luna llena del antiguo año romano (que comenzaba el primero de marzo), el hombre vestido de pieles representaba el Marte del año anterior que echaban al principio del Año Nuevo, pues Marte no era en su origen un dios de la guerra, sino de la vegetación.

Mamurra

(siglo I a.C.). Jefe de ingenieros (magister fabrum) de César durante su campaña en la Galia, donde se enriqueció desmesuradamente. Mamurra era un caballero procedente de Formiae y pudo haber estado emparentado con el escritor de arquitectura Vitrubio. Catulo se burló de él sin piedad, llamándolo Mentula (polla) y sugiriendo que mantenía relaciones sexuales con César. Se dice de él que fue el primer romano en forrar con mármol las paredes de su casa y en mandar construir columnas completamente de mármol.

Maná

o Manná. Nombre de un alimento dado por Yahvé a los israelitas en el desierto durante su Éxodo. Tal vez este nombre derive de la expresión man-hu, en hebreo "¿qué es esto?". La descripción dada en el Antiguo Testamento sobre el maná ha dado lugar a varias explicaciones. Tal vez fuera una secreción azucarada de los pulgones en las hojas de los tamariscos. Plinio el Viejo, ofrece el testimonio de Onesícrito, según el cual, en los valles de Hircania crece un árbol, parecido a la higuera y que llaman "occho" los lugareños, que destila miel durante las horas de la mañana. Según la tradición israelita había maná conservado en una urna en el Arca de la Alianza, en el Templo de Jerusalén. Los rabinos pretenden que este milagroso alimento era como el aceite para los niños, como la miel para los ancianos, y lo mismo que las tortas para las personas robustas. Según ellos tenía todos los gustos imaginables excepto el de hortaliza, cebollas, ajos, melones y pepinos, que era lo que más apetecían los hebreos, y lo que más les recordaba, y les hacía suspirar por la tierra que acaban de abandonar, a pesar de la esclavitud que en ella habían sufrido. Han querido suponer también que reunía el manná todos los olores de las diversas plantas aromáticas que abundaban en el paraíso terrestre. Ha habido alguno que ha llegado a asegurar que se convertía en pollos, perdices, capones, etc.. Según los mismos rabinos cada grano del manná llevaba la letra Vau, muy bien representada, para indicar que era necesario recogerlo durante los seis días porque esta letra significa el número 6, símbolo entre ellos de las penalidades del trabajo. Era una de las seis cosas creadas al fin del sexto día, para la perfección del mundo. Añaden a la relación de Moisés que los montones del manná eran tan altos que los veían los reyes de Oriente y Occidente. Akiba pretende que el manná había sido producido por la condensación de la luz del cielo, que vuelta material, era propia para servir de alimento al hombre. Los orientales en general tributaban al manná una veneración particular y lo llaman los confites del Todopoderoso.

Mana

Diosa de los romanos, que presidía las enfermedades de las mujeres. Se le ofrecían perros de leche en sacrificio, porque, dice Plinio, esta carne es reputada tan pura, que se sirve en los manjares preparados para los dioses.

Mana

o Manuana. Diosa madre de los dioses Manes. Ver, Mania.

Mana Genata

Genita Mana (diosa de los etruscos, protectora de la infancia. En el mundo romano, con toda probabilidad se trataba de una diosa del nacimiento y ….).

Managarm

Ver, Helheim (en la mitología nórdica, es el reino del Más Allá. Está dividido en nueve zonas y lo recorren cincuenta ríos que surgen del manantial Hvergelmir. Las almas de ….).

Manah

Ídolo que adoraban los antiguos árabes. Era una gran piedra a la cual ofrecían sacrificios.

Manana

(ss. XX-XIX a.C.). Rey (ca.1.890-1.884) de una de las tantas dinastías locales mesopotámicas, que gobernaron tras la descomposición de la civilización sumeria. La de Manana tuvo por capital la ciudad de Ilip, todavía no localizada. Hubo de hacer frente a Sumu-abum, el fundador del Imperio de Babilonia, a quien estuvo sometido algún tiempo. De Manana, cuya dinastía presenta muchos problemas de tipo histórico, han llegado diferentes documentos que permiten conocer algunos de los hechos, de tipo económico y religioso, de sus 16 años de reinado. Fue sucedido muy probablemente por Naqimum. Ver, Imperio babiIónico.

Manannan

o Manawydan. Hijo del dios Llyr, venerado por los galeses con el nombre de Manawyddan, dios de la Agricultura y de la Artesanía. Es un integrante de los Tuatha Dé Danann. Desposó a la bella Fand, diosa del Más Allá céltico. Personificaba al Océano y habitaba en la isla de Man. Desde allí partía, vuelto invisible por una vestidura mágica, con un casco flameante que encandilaba a sus enemigos y una coraza invulnerable, sobre una barca voladora para llevar a cabo sus empresas sobre la tierra. Manannan es uno de los principales protagonistas del ciclo irlandés de las Leyerulas de las Invasiones. El héroe desempeñó un papel importante y decisivo en la guerra que los irlandeses tuvieron contra los De Danan para expulsar a sus dioses. Se le representó como un hombre robusto con tres piernas. Todavía se enseña su tumba a los visitantes, que se encuentra entre las ruinas del antiguo castillo de Peel, en la isla de Man.

Manasés

o Manasse o Manasses o Manasseh (siglo VII a.C.). Rey (687-642) de Judá. Hijo y sucesor de Ezequías y de Hafsi-bah, subió al trono a los doce años. Al tolerar por influencia de sus consejeros el culto idolátrico (Baal, Ashtarté, Shamash), se pasó del más puro yahvismo a un absoluto sincretismo religioso y formas paganas en las que la magia y otras prácticas adivinatorias tomaron carta de naturaleza. Incluso en una ocasión el propio Manasés inmoló a su hijo en honor de Molok. Políticamente hubo de tributar a los reyes asirios, gobernados entonces por Asarhaddón, potencia a la que incluso fue deportado al participar el rey en una gran rebelión que apoyaba a Shamash-shum-ukin de Babilonia en contra de su hermano Asurbanipal de Asiria. Liberado finalmente de su cautiverio en Babilonia, pues había sido conducido allí y no a Nínive, por Assurbanipal, a cambio de suministrarle refuerzos y ayuda en caso de un ataque egipcio, pasó sus últimos años convertido al yahvismo. A su muerte fue enterrado en el sepulcro del rey Azarías; el trono pasó a su hijo Amón. Entre los Apócrifos del Antiguo Testamento se halla una Oración de Manasés, relativa a la historia de tal rey. Ver, Cronología de Judá.

Manasés

El mayor de los dos hijos de José y Asnat. Cuando José se los presentó a su padre Jacob, llevaba a Manasés de la mano izquierda y a Efraím de la derecha, pero Jacob posó la mano derecha sobre la cabeza de Efraím y la izquierda sobre la de Manasés. José, disgustado, trató de que Jacob hiciera lo contrario, pero éste se negó, argumentando que el hermano menor sería más importante que el mayor. Los hijos de José llegarían a ser los progenitores de dos tribus independientes dentro de las doce tribus de Israel. El territorio tribal de Manasés se dividía entre las orillas este y oeste del Jordán, al norte del Mar Muerto.

Manasse

Manasés ((siglo VII a.C.). Rey (687-642) de Judá. Hijo y sucesor de Ezequías y de Hafsi-bah, subió al trono a los doce años. Al tolerar por influencia de ….).

Manasseh

Manasés ((siglo VII a.C.). Rey (687-642) de Judá. Hijo y sucesor de Ezequías y de Hafsi-bah, subió al trono a los doce años. Al tolerar por influencia de ….).

Manasses

Manasés ((siglo VII a.C.). Rey (687-642) de Judá. Hijo y sucesor de Ezequías y de Hafsi-bah, subió al trono a los doce años. Al tolerar por influencia de ….).

Manathu

Dios protector de la ciudad de Petra (Jordania).

Manatum

Asentamiento galo-romano de la Galia céltica. Hoy, Menat, departamento de Puy-de-Dôme, región de Auvergne-Rhône-Alpes, Francia.

Manawydan

Manannan (hijo del dios Llyr, venerado por los galeses con el nombre de Manawyddan, dios de la Agricultura y de la Artesanía. Es un integrante de los ….).

Manawyddan

Manannan (hijo del dios Llyr, venerado por los galeses con el nombre de Manawyddan, dios de la Agricultura y de la Artesanía. Es un integrante de los ….).

Mancas

Dios infernal de origen etrusco; su culto se introdujo seguidamente en Roma.

Manceps

Término que designaba al postor triunfante en una subasta de contratos por la venta o arrendamiento de tierras del Estado o de obras públicas en Roma. Actuaba casi siempre en nombre y beneficio de una sociedad.

Mancia

Sufijo que entra en la formación de palabras aportando el significado de magia, adivinación, o predicción esotérica: quiro-mancia, carto-mancia, etc.. Ver, Adivinación.

Mancino

Gayo Hostilio Mancino (Caius Hostilius Mancinus) (siglo II a.C.). Luchó en Hispania como cónsul en el 137. Por el simple y falso rumor de que los cántabros y los vacceos venían en auxilio de Numancia, el ejército de Mancino evacuó sus campamentos durante la noche sin tener orden para ello, y fue a ocultarse detrás de las líneas que había construido Nobilior dieciséis años antes. Los numantinos, advertidos de esta huida, salieron en persecución de los romanos y los envolvieron. A estos no les quedaba más recurso que abrirse paso espada en mano, o hacer una paz bajo las condiciones que impusiera el enemigo. El cónsul era un hombre honrado, débil de carácter y de nombre oscuro. Afortunadamente era cuestor del ejército Tiberio Graco. Digno heredero de la influencia de su padre, el antiguo y sabio ordenador de la provincia del Ebro interpuso la influencia de los celtíberos, que persuadieron a los numantinos de que se contentasen con una paz equitativa y justa. Ésta fue jurada por todos los oficiales superiores de las legiones; pero entonces el Senado llamó al general, y después de una larga deliberación presentó al pueblo la moción de que convenía obrar del mismo modo que en tiempos del tratado de las Horcas Caudinas. Debía negarse la ratificación y echar la responsabilidad sobre los que lo habían firmado. Conforme al derecho, aquella debía recaer sobre todos los oficiales sin excepción alguna, pero, merced a sus buenas relaciones, fueron perdonados Graco y los demás. Mancino, que para su desgracia no era adicto a la alta aristocracia, fue el único designado para pagar la falta de todos. Así pues, se vio en este día a un cónsul romano ser despojado de sus insignias y conducido hasta las avanzadas enemigas, pero los numantinos no quisieron admitirlo, ya que esto hubiera sido admitir la nulidad del tratado. El general degradado permaneció todo un día desnudo y con las manos atadas por detrás, delante de las puertas de la ciudad. ¡Espectáculo lamentable para todos, amigos y enemigos! Por cruel que fuese, no por esto aprovechó la lección el sucesor de Mancino, Marco Emilio Lépido, su ex colega en el consulado.

Mancino

Lucio (siglo II a.C.). Cónsul romano (148). Lucio Pisón le confió la continuación del sitio de Cartago y tomó bajo sus órdenes la escuadra. No hizo más que apostarse frente a la ciudad exterior de Magalia por la parte del mar, por donde el acceso era más difícil, y había ocupado una escarpada roca apenas defendida, lejos de los cuarteles habitados. Había concentrado allí a casi toda su gente, que no eran muchos, con la esperanza de penetrar a viva fuerza en Magalia. Ya los sitiadores habían llegado hasta las puertas, ya toda la turba del campamento corría en masa y atraída por la codicia y la esperanza del saqueo, cuando un esfuerzo de los cartagineses los rechazó y empujó a sus posiciones. Allí se vieron casi encerrados, sin municiones y corriendo los mayores peligros. Para libertarlos, apenas desembarcó Escipión en Utica mandó por mar a los legionarios y las milicias que había llevado consigo, y lo consiguió haciendo que conservasen además la altura de que eran dueños anteriormente.

Mancipatio

Modo por excelencia de adquirir la propiedad en el derecho romano antiguo y en el clásico. Era un modo civil y solemne de adquirir la propiedad quiritaria, consistente en una venta per aes et libram, primero real y luego imaginaria, revestida de solemnidades esenciales. Se llevaba a cabo con escalas y pesos y suponía un juramento siguiendo una fórmula. Se registra en las Doce Tablas. Mancipatio implica normalmente la transferencia de derechos concernientes a individuos (adopción, emancipación, etc.), pero también se usaba en las transferencias de esclavos, tierra y animales para el trabajo, una supervivencia de sus orígenes agrícolas. La fórmula de la mancipatio era muy compleja. Ver, Alienatio, Abalienación, Traditio, Adoptio, Nexum, Esclavitud romana.

Mancipatio familiae

Acto mediante el cual, en el testamento por el bronce y la balanza, el disponente vendía sus bienes a una persona de confianza en presencia del portador de la balanza (libripens) y de cinco testigos. La persona que recibe los bienes en custodia se compromete a entregarlos a quien había designado el disponente. Ver, Aes et libram.

Mancipio accipiens

Persona que recibe una cosa por mancipatio. Ver, Mancipatio.

Mancipio dans

Persona que transfiere una cosa por mancipatio. Ver, Mancipatio.

Mancipium

Poder general, que se adquiere con el acto mancipatorio sobre las cosas y las personas que integraban la familia romana.

Mancipium

El patrimonio agrario romano más antiguo, formado por el huerto o fundo familiar, los esclavos, los animales de tiro y carga y los aperos de labranza.

Mancunium

o Mamucium o Mantio. Fortaleza romana de Britannia. Hubo dos fuertes en el lugar, uno de madera de época flavia y otro de terra sigillata de época de Trajano, Adriano y Antonino, que atestigua la continua ocupación en esos tiempos. Los cuarteles fueron quemados en 196/7, y la fortaleza reconstruida poco tiempo después por Severo Alejandro. El vicus adjunto a la fortaleza es un pequeño asentamiento en la conjunción de varias vías. Mancunium no figura entre las nueve ciudades de los brigantes mencionadas por Ptolomeo, y aparece por primera vez en dos de las quince de las rutas militares británicas que detalla el Itinerario de Antonino. Aproximadamente a un tercio del camino a lo largo de los puntos enumerados en el Iter II, se encuentra una estación llamada Mamucium, situada a unos 18 km de Cambodunum (Slack, South Yorkshire) y a 18 millas de Condate (Northwich, Cheshire). También aparece hacia el final de la ruta de Glannoventa para Mediolanum, que detalla las estaciones entre el fuerte de Ravenglass en Cumbria y el mercado de la ciudad Whitchurch en Shropshire. En Iter X el nombre aparece como Mancunium, figurando esta vez a unos 17 km de Coccium (Wigan, Lancashire) y de nuevo a 18 millas de Condate/Northwich. El nombre romano del lugar aparece en el Anónimo de Rávena esta vez como Mantio, entre Ardotalia (Melandra Castle, Derbyshire) y Alavana (Watercrook, Lancashire). Entre las distintas unidades que estuvieron aquí estacionadas figuran la Legio VI Victrix, la Vexillatio Raetorum et Noricorum, la Cohors I Frisiavonum, la Cohors I Baetasiorum y la Cohors III Bracaraugustanorum. Este último regimiento auxiliar fue reclutado en la provincia romana de la Lusitania, en Braga, al norte de Portugal. Hay restos arqueológicos de finales del siglo IV, cerámica y monedas del 301-306 y 367, siendo la última de Graciano (367-383). También, diversas inscripciones en piedra que no han podido ser fechadas con precisión. Hoy, Manchester, Greater Manchester, Inglaterra, Reino Unido.

Mandacus

Especie de muñeco feo. Eran ciertos personajes que los romanos producían en la comedia, para hacer reir a los unos y amedrentar a los otros. El origen de este nombre viene del que se daba a la máscara que hacia este papel: grandes mejillas, una enorme boca abierta, largos dientes y puntiagudos, que hacía castañetear maravillosamente. Los niños, dice Suetonio, estaban muy asustados, y las madres hacían de ellos un espantajo. Ver, Máscaras.

Mandana

(siglo VI a.C.). Hija de Astiages rey de los medos. Esposa de Cambises, rey de los persas. Madre de Ciro II el Grande.

Mandanis

Filósofo indio, jefe de los bramanes, en tiempo de Alejandro el Grande.

Mandata

En la legislación imperial romana, instrucciones dirigidas a los oficiales y en particular a los gobernadores provinciales del Imperio romano que trataban normalmente de asuntos administrativos, y que de manera excepcional afectaban a algunos aspectos de derecho civil. Ver, Edicta, Decreta, Rescripta.

Mandata principum

)o()o( Una clase de Constitución imperial romana. )o()o( Instrucciones u órdenes que los emperadores romanos daban a sus administrados o a los gobernadores de provincias.

Mandattu

Cuotas de plata al mes, que los esclavos debían pagar a sus amos como condición obligatoria para que se les permitiera trabajar para ganarse la vida en Mesopotamia.

Mandâtu

En el antiguo imperio asiriobabilónico y en el siglo VIII a.C., medida de capacidad de valor desconocido, pero seguramente importante.

Mandatum

Es un contrato consensual y gratuito por el que el mandante encarga al mandatario la realización de una gestión o negocio en el interés de aquél o de un tercero. Del mandato nace la actio mandati de buena fe y de carácter infamante. Esta acción se ejercita por el mandante para que el mandatario le rinda cuentas de las gestiones realizadas por su encargo y le entregue lo que ha conseguido de ellas. Como actio mandati contraria puede ejercitarla el mandatario para reclamar los gastos y perjuicios ocasionados por el mandato. El mandato puede tener por objeto una actividad de caracter jurídico o cualquier otro tipo de actividad, y debe ser lícito y conforme a las buenas costumbres. El mandatario responde por dolo y por culpa en derecho justinianeo. El mandato se extingue, cuando no se ha iniciado todavía la gestión, por la revocación del mandante, que solo produce efectos cuando el mandatario la conoce y por la renuncia del mandatario. Cuando la gestión ya se ha iniciado, se extingue el contrato por muerte del mandante o del mandatario. Si muere el mandante, el mandatario puede dirigirse contra los herederos si hubiera continuado las gestiones ignorando que había muerto. En todo caso, cuando la gestión se ha iniciado, el mandante debe respetar las consecuencias del encargo y el mandatario debe continuarlo hasta su cumplimiento.

Mandela

Localidad del Lacio, en el cruce de los ríos Licenza y Anio. En la segunda mitad del siglo XX se descubrió una importante necrópolis. Hoy, Mandela (Cantalupo), Cittá metropolitana di Roma Capitale, región de Lazio, Italia.

Mandeos

Nasoreos (secta de la región del Tigris y el Éufrates, de caracter pagano-cristiano. Procede probablemente de la comarca de Upi, viviendo luego en los distritos pantanosos cálidos de ….).

Mándilas

Mándilas es un pastor de Dodona que había robado el carnero más hermoso de otro pastor de las cercanías y guardaba el animal oculto en el establo. Como la víctima no lo encontrase después de haberlo buscado por todas partes, acabó por consultar al dios (Zeus, el dios de Dodona). Por primera vez, la encina sagrada dejó oir una voz para responderle y le dijo que el culpable era el más joven de los pastores del país. De este modo, Mándilas, pues él era aludido, quedó descubierto y hubo de restituir el carnero, pero, indignado contra el oráculo, se dispuso a derribar a hachazos el árbol sagrado. Sin embargo, una paloma salió de la encina y lo hizo desistir de su propósito.

Mandjet

Barca del día. Era la barca celeste de Ra, con la cual navegaba de Este a Oeste, a través del cielo. Solía ir acompañada de estrellas y grandes dioses a modo de cortejo. Ver, Barca, Barca funeraria.

Mandonio

(siglo III a.C.). Ver, Indíbil y Mandonio.

Mandrágora

Es una planta solanácea de fruto parecido a una manzana pequeña y de olor fétido, con hojas radicales, grandes y ondeadas y flores malolientes. La ciencia sabe desde hace tres mil años que tiene propiedades somníferas, analgésicas, vomitivas y venenosas; la superstición, que da la fecundidad, el vigor viril y el valor. La mandrágora es quizá la planta más famosa de la medicina mágica. Al menos, es la más citada como ejemplo por los que creen que la medicina científica es muy reciente y que la de épocas anteriores se limitaba a una mezcla de errores y supersticiones, carente de recursos eficaces para luchar contra la enfermedad. Tal creencia no se debe sólo a la ignorancia, sino al prejuicio habitualmente llamado chauvinismo histórico entre los profesionales de la historiografía médica. Esta denominación tiene el acierto de equipararlo al chauvinismo nacionalista, poniendo de relieve su condición de barrera irracional, que impide ver un hecho bien evidente: la medicina racional ha convivido desde su aparición hace más de dos mil quinientos años con variadas formas basadas en la magia y la superstición, que hoy están siendo especialmente favorecidas por la sociedad de consumo. En consecuencia, la mandrágora y su representación tienen una doble trayectoria milenaria en la medicina racional y en la supersticiosa. Se pensaba que su raíz, por razón de su semejanza con la figura humana producía efectos sorprendentes, entre otros el de fecundar a las mujeres. Las más excelentes de estas raíces son la que están regadas con el semen de un ahorcado. No pueden arrancarse sin morir, y para evitar esta desgracia se cava la tierra alrededor de esta raíz, se fija a ella una cuerda cuyo extremo opuesto se ata al cuello de un perro; luego se suelta este perro, el cual huyendo arranca la raíz: muere en esta operación pero feliz el mortal que coge la raíz, no corre el menor peligro; al contrario, posee en ella un tesoro inestimable contra los maleficios; una fuente eterna de felicidad. Las más antiguas observaciones sobre los efectos de la mandrágora en el organismo humano aparecen en el Papiro Ebers, escrito el siglo XVII a.C. en el Egipto arcaico, aunque es copia de un texto muy anterior. Básicamente coinciden con lo que Dioscórides, médico griego del siglo I de nuestra era, al servicio del ejército romano, expone en su Materia médica, el tratado farmacológico de la antigüedad clásica más importante y de más prolongada influencia. Tras diferenciar entre la "mandrágora macho" y la "mandrágora hembra", que básicamente corresponden a las especies que en la nomenclatura botánica actual se denominan Mandragora officinarum L. y Mandragora turcomanica Mizg, Dioscórides anota que a pequeñas dosis produce sueño, quita el dolor y provoca el vómito, y destaca que "en mayor cantidad, es mortífera". Todos ellos son hechos comprobados a partir del siglo XIX por el análisis químico y la farmacología experimental. De pasada, Dioscórides alude al uso de las raíces de la mandrágora por los hechiceros. En el comentario a su traducción castellana de la Materia médica (1555), Andrés Laguna dice que "Pitágoras llamó antropomorphon a la mandrágora, que significa figura humana, por cuanto su raíz por la mayor parte consta de dos piernas semejantes a las del hombre; aunque no contentos muchos burladores con esto, quieren persuadir que se nos parece en todos los otros miembros; y ansi, para engañar al pueblo ignorante y crédulo, suelen en la raíz de la caña o en aquella de la brionia esculpir y entretallar todas las partes del hombre, enxiriendo ciertos granillos de trigo en aquellos lugares del cuerpo que quieren que nazcan yerbas, en vez de cabellos o pelos. Formadas, pues, dichas raíces con este fraudulento artificio, las meten baxo tierra, hasta que les crezca la barba y cobren otra nueva corteza; y entonces las sacan como cosa monstruosa y las venden por cuanto quieren para hacer hijos a unas mujercillas estériles que mueren por empreñarse". También en el siglo I de nuestra era, Flavio Josefo se refirió, en su famosa obra De bello judiaco, a la creencia de que arrancar una mandrágora podía producir la muerte. Por ello, para conseguirla y aprovecharse de sus virtudes mágicas sexuales y guerreras, tras desenterrar su raíz casi por completo, se ataba a ella un perro, que la arrancaba al tirar y servía de víctima de la maldición. Esta práctica supersticiosa se representa en numerosas ilustraciones, entre ellas, las de los códices protorrenacentistas de la traducción latina de una obra de lbn Butlan, médico de Bagdad de mediados del siglo Xl, que expone normas higiénicas en forma de tablas. Hay que advertir que el texto de lbn Butlan sobre la mandrágora se limita a anotar sus indicaciones y efectos secundarios, de acuerdo con las "cualidades" y "grados" del sistema galénico, por lo que la ilustración es una mera escena costumbrista, como otras muchas de estos códices. En cuanto al capitulo sobre la mandrágora de la traducción castellana comentada por Laguna de la Materia médica de Dioscórides, está ilustrado con grabados xilográficos de las dos especies, reproducidos de la versión italiana de la misma obra, que poco antes había publicado Piero Andrea Mattioli.

Mandrágoro

Diablo familiar, que aparecía bajo la forma de un hombrecillo negro, sin barba y los cabellos esparcidos.

Mandril

Corresponde al signo jeroglífico "ian". El mandril (Papio hamadryas) aparece, desde los tiempos más antiguos, en diversos contextos del arte egipcio. Sabemos que durante el Período Arcaico se adoró a un dios mandril, con lo cual es posible que su nombre, "Baba", fuera el origen de una de las denominaciones actuales que recibe este animal (babuino)). Es destacable el hecho de que este simio rara vez apareciera representado en la posición jeroglífica señalada por Gardiner (de pie sobre sus cuatro patas), sino que su imagen más frecuente es de cuclillas o de pie sobre las patas traseras, con los brazos levantados. La forma sentada se encuentra como jeroglífico en muchas palabras, y es, de lejos, la forma más común también en contextos representativos. Desde el Imperio Antiguo este simio fue asociado a Thot, el dios de la escritura y patrón de las artes de los escribas. Como animal sagrado de esta divinidad el mandril aparece con frecuencia sentado sobre la cabeza u hombros de un escriba, como si le dirigiera. A su vez, el escriba puede aparecer sentado ante el animal, como en una estatuilla de la Dinastía XVIII, actualmente en el Museo de El Cairo, donde el escriba sentado se muestra servil ante el representante de su patrón. Puesto que Thoth era un dios que presidía también todos los tipos de medidas, podemos considerar que los mandriles cumplían con esta función y, así, estos animales se pueden observar sobre los desagües de los contadores de agua o sentados sobre el eje de las balanzas que pesaban el corazón del difunto en el juicio de los muertos. Los mandriles guardaban también la primera puerta del mundo subterráneo en el Libro de lo que hay en el Mundo Subterráneo: y el capítulo 155 del Libro de los Muertos señala que cuatro animales de esta clase se sentaban en las esquinas del lago de fuego del mundo subterráneo. Esta conexión con el otro mundo se describe en papiros funerarios, así como en pequeños modelos artísticos encontrados en algunas tumbas reales del lmperio Nuevo, y con cabeza de mandril hallamos a Hapi, uno de los cuatro hijos de Horus representados en los vasos canopos que guardaban los órganos momificados del difunto. Puesto que Thot debió ser originariamente un dios de la luna, los mandriles aparecen a menudo con un disco o un creciente lunar sobre la cabeza. Tal vez a causa de sus chillidos al amanecer o su práctica de calentarse con el primer sol de la mañana, los antiguos egipcios creyeron que este simio saludaba o adoraba a la esfera del sol naciente. Esta asociación con el sol se expresó en varios sentidos: encontramos representaciones de mandriles con los brazos levantados en actitud de adoración en los zócalos de un gran número de obeliscos (que eran símbolos del sol) y en fachadas orientales de ciertas estructuras arquitectónicas. Estos animales también aparecieron a veces portando un ojo udjat como símbolo de la esfera solar, o bien sentados junto a Ra en la barca solar. En algunos ejemplos del pasado la relación era tan estrecha que se llegó al extremo de representar mandriles dentro del disco solar, algo reservado normalmente a algunas manifestaciones del propio dios sol. Ver, Cinocéfalo.

Mandrólito

Padre de Leucofrine. Ver, Leucipo, protagonista de una novela referida por Partenio.

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