Es una planta solanácea de fruto parecido a una manzana pequeña y de olor fétido, con hojas radicales, grandes y ondeadas y flores malolientes. La ciencia sabe desde hace tres mil años que tiene propiedades somníferas, analgésicas, vomitivas y venenosas; la superstición, que da la fecundidad, el vigor viril y el valor. La mandrágora es quizá la planta más famosa de la medicina mágica. Al menos, es la más citada como ejemplo por los que creen que la medicina científica es muy reciente y que la de épocas anteriores se limitaba a una mezcla de errores y supersticiones, carente de recursos eficaces para luchar contra la enfermedad. Tal creencia no se debe sólo a la ignorancia, sino al prejuicio habitualmente llamado chauvinismo histórico entre los profesionales de la historiografía médica. Esta denominación tiene el acierto de equipararlo al chauvinismo nacionalista, poniendo de relieve su condición de barrera irracional, que impide ver un hecho bien evidente: la medicina racional ha convivido desde su aparición hace más de dos mil quinientos años con variadas formas basadas en la magia y la superstición, que hoy están siendo especialmente favorecidas por la sociedad de consumo. En consecuencia, la mandrágora y su representación tienen una doble trayectoria milenaria en la medicina racional y en la supersticiosa. Se pensaba que su raíz, por razón de su semejanza con la figura humana producía efectos sorprendentes, entre otros el de fecundar a las mujeres. Las más excelentes de estas raíces son la que están regadas con el semen de un ahorcado. No pueden arrancarse sin morir, y para evitar esta desgracia se cava la tierra alrededor de esta raíz, se fija a ella una cuerda cuyo extremo opuesto se ata al cuello de un perro; luego se suelta este perro, el cual huyendo arranca la raíz: muere en esta operación pero feliz el mortal que coge la raíz, no corre el menor peligro; al contrario, posee en ella un tesoro inestimable contra los maleficios; una fuente eterna de felicidad. Las más antiguas observaciones sobre los efectos de la mandrágora en el organismo humano aparecen en el Papiro Ebers, escrito el siglo XVII a.C. en el Egipto arcaico, aunque es copia de un texto muy anterior. Básicamente coinciden con lo que Dioscórides, médico griego del siglo I de nuestra era, al servicio del ejército romano, expone en su Materia médica, el tratado farmacológico de la antigüedad clásica más importante y de más prolongada influencia. Tras diferenciar entre la "mandrágora macho" y la "mandrágora hembra", que básicamente corresponden a las especies que en la nomenclatura botánica actual se denominan Mandragora officinarum L. y Mandragora turcomanica Mizg, Dioscórides anota que a pequeñas dosis produce sueño, quita el dolor y provoca el vómito, y destaca que "en mayor cantidad, es mortífera". Todos ellos son hechos comprobados a partir del siglo XIX por el análisis químico y la farmacología experimental. De pasada, Dioscórides alude al uso de las raíces de la mandrágora por los hechiceros. En el comentario a su traducción castellana de la Materia médica (1555), Andrés Laguna dice que "Pitágoras llamó antropomorphon a la mandrágora, que significa figura humana, por cuanto su raíz por la mayor parte consta de dos piernas semejantes a las del hombre; aunque no contentos muchos burladores con esto, quieren persuadir que se nos parece en todos los otros miembros; y ansi, para engañar al pueblo ignorante y crédulo, suelen en la raíz de la caña o en aquella de la brionia esculpir y entretallar todas las partes del hombre, enxiriendo ciertos granillos de trigo en aquellos lugares del cuerpo que quieren que nazcan yerbas, en vez de cabellos o pelos. Formadas, pues, dichas raíces con este fraudulento artificio, las meten baxo tierra, hasta que les crezca la barba y cobren otra nueva corteza; y entonces las sacan como cosa monstruosa y las venden por cuanto quieren para hacer hijos a unas mujercillas estériles que mueren por empreñarse". También en el siglo I de nuestra era, Flavio Josefo se refirió, en su famosa obra De bello judiaco, a la creencia de que arrancar una mandrágora podía producir la muerte. Por ello, para conseguirla y aprovecharse de sus virtudes mágicas sexuales y guerreras, tras desenterrar su raíz casi por completo, se ataba a ella un perro, que la arrancaba al tirar y servía de víctima de la maldición. Esta práctica supersticiosa se representa en numerosas ilustraciones, entre ellas, las de los códices protorrenacentistas de la traducción latina de una obra de lbn Butlan, médico de Bagdad de mediados del siglo Xl, que expone normas higiénicas en forma de tablas. Hay que advertir que el texto de lbn Butlan sobre la mandrágora se limita a anotar sus indicaciones y efectos secundarios, de acuerdo con las "cualidades" y "grados" del sistema galénico, por lo que la ilustración es una mera escena costumbrista, como otras muchas de estos códices. En cuanto al capitulo sobre la mandrágora de la traducción castellana comentada por Laguna de la Materia médica de Dioscórides, está ilustrado con grabados xilográficos de las dos especies, reproducidos de la versión italiana de la misma obra, que poco antes había publicado Piero Andrea Mattioli.