Evangelista y santo. Aunque su Evangelio figura en segundo lugar en el Nuevo Testamento de forma generalizada (aunque no unánime), suele creerse que es el primero en cuanto a su cronología. Así pues, se trata del más antiguo testimonio escrito sobre el ministerio y la Pasión de Jesús. La posible aparición de Marcos en el Nuevo Testamento en una condición distinta a la de autor ofrece dudas. En los Hechos de los Apóstoles figura un Juan Marcos, pero no existe en absoluto la certeza de que pudiera identificarse con el evangelista. Tradicionalmente se ha asociado a Marcos con Pedro y durante mucho tiempo se ha creído que buena parte de su información provenía del apóstol. Aunque bien pudo ser así, cabe igualmente la posibilidad de que la recogiera del corpus general de historias que circulaban sobre Jesús en el período que media entre la crucifixión y el año 70 d.C., que fue cuando redactó el Evangelio. Según otra tradición, Marcos fue el fundador de la Iglesia de Alejandría y sería allí donde sería martirizado. En Venecia, su símbolo, el león, está por todas partes, ya que en el año 829 la ciudad adquirió los que se suponían eran los restos del evangelista y los depositó en la iglesia patriarcal que lleva su nombre. El Evangelio de Marcos no sólo es el más antiguo de los cuatro Evangelios canónicos, sino también el más breve. Se inicia con un sucinto relato de la predicación de Juan el Bautista, el bautismo de Jesús y las tentaciones de Satanás en el desierto. Tras este prefacio, se divide en dos partes principales de extensión muy desigual: la primera se ocupa del ministerio de Jesús, mientras que la segunda abarca su prendimiento, juicio, crucifixión y Resurrección. Si esta segunda parte se articula como una narración cronológica, la primera, en cambio, posee un carácter selectivo e intencional más que biográfico. No se encontrarán en Marcos los pasajes genealógicos de un Mateo o un Lucas, ni su interés por la infancia de Jesús. La narración del ministerio de Jesús en Galilea y en las tierras circundantes tiene como principal objetivo demostrar que Jesús no era un hombre común, ni siquiera un profeta o un maestro como los demás, sino un ser divino, y que, por lo tanto, la crucifixión y la Resurrección que culminaron su vida fueron unos acontecimientos excepcionales y de una trascendencia sin parangón posible. Que las muchedumbres se agolparan para escuchar a Jesús era significativo, pero aún más lo eran los milagros que realizaba y las proféticas enseñanzas morales que, recurriendo por lo general a veladas parábolas, pronunciaba ante las multitudes y, de forma más explícita, ante los más escogidos de entre sus discípulos, a los que, con frecuencia, dejaban perplejos. Mediada su carrera como predicador, cuya duración no se especifica en ningún momento (otro ejemplo del carácter no biográfico de la obra) tuvo lugar la Transfiguración de Jesús, que se transformó en un ser de una blancura deslumbrante y, en presencia de tres de sus discípulos, entabló una conversación con Moisés y Elías. Tras producirse esta revelación, una voz procedente de una nube proclamó que Jesús era el Hijo de Dios y exhortó a los tres apóstoles (Pedro, Santiago y Juan) a que le escucharan. Antes de su entrada en Jerusalén, que sería prácticamente una procesión ceremonial camino de la Última Cena y de la crucifixión, Jesús habló en tono solemne y con desacostumbrada extensión sobre el fin del mundo, su segunda venida y el Día del Juicio Final. Pero junto a toda esta secuencia de acontecimientos y preparativos (los baños de multitudes, las curaciones milagrosas de gente humilde, las enseñanzas por medio de pintorescas parábolas y las revelaciones mesiánicas) discurría un enfrentamiento soterrado con los fariseos, celosos pero intolerantes guardianes de la ortodoxia, que le sometieron a una estrecha vigilancia, le tendieron todo tipo de trampas para que dijera algo que le comprometiera y, finalmente, consiguieron provocar su perdición terrenal. Oculto tras el estilo sencillo y nada literario de Marcos (sus traducciones suelen tener un estilo mucho más literario que el texto griego original) se adivina un sentido dramático que aflorará con toda su fuerza a la hora de narrar los acontecimientos del tramo final de la historia: el juicio, la crucifixión, el hallazgo de la tumba vacía, las apariciones de Jesús a María Magdalena y a sus discípulos y, por fin, las instrucciones dadas a los apóstoles para que continuaran su labor. Todo el Evangelio de Marcos está escrito en función de estos momentos culminantes. Marcos es el único que recoge la presencia en el prendimiento de Jesús de un joven vestido con un lienzo blanco, que, cuando todos los demás ya habían huido, le siguió hasta que fue agredido y se vio obligado a escapar desnudo. Se ha apuntado la posibilidad de que este joven fuera el propio Marcos. De ser así, se habría incluido modestamente en su propia obra, como hacían los artistas y donantes del Renacimiento italiano. Fiesta el 25 de Abril.