o Midrash. Comentarios judíos a la Biblia, elaborados desde muy diversas perspectivas durante los primeros siglos de nuestra era. El término hebreo puede hacer referencia al tipo de interpretación que emplean los rabinos, siguiendo unas normas bien definidas, aunque se emplea, asimismo, para designar los libros en los que se recopilan esos comentarios bíblicos, e incluso el género literario en el que se redactan. Pueden ser exposiciones del sentido del texto bíblico, versículo a versículo, recopilaciones de sermones pronunciados por los rabinos en la sinagoga sobre las lecturas de cada sábado o fiesta, o narraciones que recogen materiales más o menos legendarios. En esas composiciones, que en su mayor parte se escriben en las sinagogas o las escuelas de Palestina, se interpretan hasta los más pequeños detalles del texto de la Escritura, adaptándolo a las circunstancias de su época y añadiendo numerosos elementos tomados de la tradición religiosa judía o del espíritu popular. Aunque se parte de la Escritura, por lo general, puede buscarse también la aplicación de una solución bíblica a un problema no bíblico. Generalmente están escritos en hebreo, con algunas palabras griegas, si bien a veces incluyen secciones en arameo, que fue lengua vernácula de muchas comunidades durante largo tiempo. El proceso de composición y redacción de cada uno de estos escritos es complejo, dura por lo general largos años y nunca es literatura de autor. Los materiales se van acumulando y creciendo, quedando abierta la posibilidad de versiones distintas de una misma obra. Los escritos más antiguos del tipo Midrás, recopilados en Palestina más o menos al mismo tiempo que la Misná, se preocupan sobre todo por cuestiones jurídicas, tratando de suplir los datos que faltan en la Biblia, precisar cómo se basan en la Escritura los diversos preceptos y cómo deben cumplirse, resolver las contradicciones, etc. Han llegado hasta nosotros diversos comentarios sobre los libros del Pentateuco, excepto Génesis, relacionados con las escuelas de dos prestigiosos rabinos de la primera mitad del siglo I de nuestra era: Ismael y Aqiba. Del primero, Ismael, se dice que procura evitar los antropomorfismos del texto bíblico, interpretándolos en sentido espiritual y pedagógico. A Aqiba en cambio se le atribuye la tendencia a deducir normas de vida de los menores detalles del texto. Durante la época de redacción de los Talmudim se desarrollan también ampliamente los diversos tipos de Midrás, tanto los que son comentario directo del texto bíblico, como los que recogen sermones sinagogales o los que incluyen narraciones más o menos imaginarias sobre personajes de la Biblia. Entre los de carácter exegético, que comentan verso por verso o palabra por palabra el texto bíblico, merecen citarse Génesis Rabbah, Cantar de los Cantares Rabbah, Éxodo Rabbah I, etc., que pueden contener también sermones, parábolas u otro tipo de materiales. Los homiléticos exponen sólo el primer verso de la sección que se lee cada semana (como Levítico Rabbah) o recogen las homilías sobre los comienzos de los textos bíblicos de determinados sábados y fiestas (Pesiqta de R. Qahana), o son una colección de sermones y dichos sobre un tema concreto. Con el paso de los siglos, después de la conquista musulmana, se introducen cambios significativos, con predominio de materiales que son producto de la imaginación y de la religiosidad popular. Los midrasim homiléticos de los siglos IX o X, como el Tanuma ("Ylammedenu"), son en realidad una compilación de proemios de sermones, seguidos de la exposición de los primeros versículos de la lectura sinagogal de cada semana y una conclusión mesiánica. Todavía después del siglo XII se siguen escribiendo en todo el mundo judío Yalqutim o antologías de midrasim, como Yalqut Simoni, Yalqut Makiri, Leqah tob, Midrá ha-gadol, etc. La lengua de todos ellos es cada vez más artificial y sus elementos imaginativos van creciendo de manera paralela.