o Votán o Wotán. Dios supremo del panteón germánico, jefe de los Ases. Según los Edda es el primero y el más antiguo de los dioses. Odín gobernó todas las cosas y los otros dioses, y a pesar de su poderío le sirvieron siempre como unos hijos sirven a su padre. Los epítetos que le da la Escalda (Diccionario poético de los Islandeses) son un número de ciento veintiséis; y los más notables los siguientes; Padre de los Siglos., el Soberbio, el Águila, el Padre de los versos, el Torbellino, el lncendiario, el que hace llover las flechas, etc. También se le llama el padre universal, porque lo es de todos los dioses, como el Júpiter de los griegos. Se le intitula igualmente padre de los combates, porque adopta por hijos a todos los que mueren con las armas en la mano, lo que hizo que se le tomase por el Marte de los escandinavos. Se le atribuyen una infinidad de nombres, entre los que los más recordados son: Wodan, Valfodhr, Grimnir, Heriafodhr, Hangagud, Farmagudh y otros más. Dios guerrero, feroz, vengativo y sediento de sangre, pero también regulador de la vida de los hombres y de los dioses celestes, dotado de artes mágicas e inventor de las runas (las primeras letras del alfabeto germánico). Fue el soberano del mundo que, según la cosmogonía nórdica, emergió de las brumas producidas por las corrientes gélidas del norte. Para la leyenda, Odín nació de la unión del dios primordial Bor con la giganta Bestla. Tuvo dos hermanos, Vili y Ve, y una mujer, la bella Frigg, con la que engendró a su hijo Thor. Odín, Frigg y Thor formaron la tríada más venerada del Olimpo germánico. Aunque amaba a su mujer, el dios tuvo diversas aventuras extraconyugales: se unió con Rinda, diosa de la Tierra invernal, y engendró a Vali; tuvo relaciones con la giganta Gridr que parió para él al fortísimo Vidhar, y con Scade, que le proporcionó una numerosa serie de pequeños dioses. Odín permanecía en la morada celeste del Asgardhr unida a la tierra por el puente Bifröst (el arco iris) y embellecida por tres maravillosos palacios: el Walhalla, el Gladsheim, y el Walaskialf. En el Walhalla se acogía a los recompensados y a los héroes muertos en batalla, transportados hasta allí por las soberbias Valquirias. A los parientes y amigos de los que mueren en un combate, les gritaban: "¡Ojalá Odín te reciba! ¡Ojalá te juntes con Odín!". Se ve por las inscripciones sepulcrales y por las oraciones fúnebres que subsisten aún que, en ciertos países septentrionales, estaba en uso recomendar a Odín las almas de los muertos en los siguientes términos: "Odín te guarde querido hijo, amigo fiel y buen servidor". Ha llegado a nosotros un cántico fúnebre, compuesto por algun druida o bardo germano, en el cual el rey Lodbrog, famoso por sus hazañas, se felicita de que bien pronto irá al magnífico palacio de Odín a beber cerveza, y que le servirán de vaso los cráneos de sus enemigos. En el Gladsheim, Odín reunía la corte de los dioses. En el Walaskialf estaba el majestuoso trono Hlidskialf, desde el cual el soberano podía observar todo lo que acaecía en el mundo. Odín desdeñaba los alimentos que arrojaba como comida a sus dos lobos Geri y Freki, mientras que se nutría exclusivamente del néctar divino (Odrerir) que le ofrecían las coperas Mista y Rista. Aunque era inmortal, el gran dios germánico morirá el día del Crepúsculo de los Dioses, devorado por el feroz lobo Fenrir que, a su vez, morirá inmediatamente después atravesado por la espada de Vidhar, hijo de Odín. También perecerán los demás dioses Ases, toda la humanidad y los Genios malvados. El mundo se verá destruido por el fuego, pero surgirá un segundo mundo en donde los seres humanos serán más felices. En honor de Odín se levantaron templos, se celebraron sacrificios de animales y en ocasiones de prisioneros de guerra. Su culto fue amplio e intenso, pero con la llegada del cristianismo se debilitó hasta terminar por extinguirse durante el imperio de Carlomagno. Se representa a Odín a caballo con una coraza de oro reluciente, armado con la lanza mágica Gungnir, forjada por los enanos artesanos en las minas subterráneas. En otras iconografías aparece con su caballo con alas y ocho patas que tiene el don de correr o volar sobre el agua. Dos cuervos están siempre parados sobre sus espaldas, y le dicen a la oreja todo lo que han visto y entendido de nuevo. El uno se llama Huginn (el espíritu) y el otro Muninn (la memoria). Odín los aleja todos los días, y después que han recorrido el mundo vuelven por la tarde a la hora de la comida y esto hace que el dios sepa tantas cosas y que se le llame también el Dios de los cuervos. Algunos historiadores germanos pretenden que Odín fue un rey del norte famoso por su valor, quien para inspirar a sus súbditos el desprecio a la muerte, se clavó un flechazo en su presencia y murió de la herida algunos momentos después. Se le hicieron magníficos funerales y se le tributaron honores divinos. Odín tenía en Upsala un templo magnífico cuyo techo estaba rodeado por una cadena de oro, y otros en Islandia, en el cual rociaban a los asistentes con la sangre de las víctimas. Al principio sólo se ofrecían a este dios las primicias de los frutos de la tierra; luego se le inmolaron animales, y por fin se le sacrificaron hombres, hijos de reyes y hasta reyes mismos. El modo más común de hacer estos sacrificios era poner a la víctima entre dos piedras enormes, donde era aplastada, y de la mayor o menor impetuosidad con que salía la sangre, los sacerdotes inferían el resultado que debía tener la empresa que hacía el objeto del sacrificio. Es una divinidad relacionada con la poesía, la elocuencia, la sabiduría, la magia, la escritura, y la inteligencia estratégica. Protector de los héroes. Ver, Ases, Audhumla.