Shahr-i Sojta "la ciudad quemada" es el nombre que los habitantes de la región pusieron al centro protohistórico más importante de Sistán, región iraní. Esta denominación se explica con suma facilidad con la observación de la superficie del yacimiento: una capa de fragmentos de cerámica revela que el lugar fue sede de un asentamiento de notables dimensiones y el terreno rojizo, así como la presencia de carbón, son testimonio del incendio que destruyó parte de la ciudad. En 1916, el arqueólogo y explorador sir Aurel Stein, que realizó la primera prospección en la región de Sistán, en el yacimiento de Shahr-i Sojta, quedó sorprendido de la envergadura de los fragmentos de objetos hechos añicos, y explicó el fenómeno como el efecto de la crosión eólica y aluvial que había destruido por completo los edificios. En realidad, la acción erosiva fue menor, corno demostró en 1961 la primera misión arqueológica italiana dirigida por G. Tuccí, puesto que la formación de una gruesa costra salina había protegido buena parte de las estructuras. Las excavaciones iniciadas en 1967, prolongadas basta 1978, por una expedición del ISMEO (Instituto Italiano para el Oriente Medio y Extremo Oriente), dirigidas por M.Tosi, han demostrado la existencia de una secuencia cultural de casi 1.400 años de duración. Ésta se encontraba enclavada en la llanura del Sistán, en la zona limítrofe entre Irán y Afganistán, en el 2400-2500 (periodo de su máximo esplendor) cubría una superficie de unas ochenta o cien hectáreas, a las que cabía sumar las veintiuna de la necrópolis. En la actualidad, la zona en la que crece la ciudad es árida, pero en el tercer milenio a.C. estaba irrigada por el gran delta interior del río Hilmand. El altiplano sobre el que se encuentra emplazado el yacimiento tiene forma triangular, de contorno irregular, recortado en los costados septentrional y oriental, de forma que los primeros habitantes de Shahr-i Sojta hallaron un balcón natural ideal para instalar los primeros campamentos. El manto de cerámicas que se extendía sobre la línea de los doce metros en la mitad oriental, de unas setenta y cinco hectáreas indica que ésta era la zona dcl asentamiento en sí mismo, mientras que la mitad sudoeste, no cubierta con estructuras ni fragmentos cerámicos, se reservó a la necrópolis y a asentamientos efímeros de las fases más tardías. Las áreas habitadas de Shahr-i Sojta, en sus mil cuatrocientos años de vida, cubrían una extensión entre las ciento diez y las ciento veinte hectáreas, equivalente al 75% de toda el área arqueológica. Estas enormes dimensiones condicionaron la planificación de las prospecciones arqueológicas. Fue necesario recurrir a técnicas muy especializadas en la toma de muestras y de análisis del terreno. Los datos de la excavación y las investigaciones de superficie permitieron, a continuación, trazar una diferenciación cronológica y funcional en el interior del área, que ha derivado en una subdivisión en tres zonas. La primera, de entre dieciséis y veinte hectáreas, denominada "zona residencial este", excavada entre 1967 y 1970, abarca todo el lado oriental del asentamiento con las zonas más elevadas sobre el altiplano (18 x 32 metros), entre las que se hallaba el área del llamado "palacio quemado" (17 x 31 metros); la mayor elevación se debía a los estratos de sedimentos del primer periodo (3200-2700 a.C.), sólo presentes en esta zona. La segunda, entre veinte y veinticinco hectáreas, la de los "barrios centrales", explorada entre 1975 y 1976, constituye la vasta zona limitada a los lados este, oeste y sur por las tres mayores depresiones del altiplano. Los asentamientos más antiguos se remontaban a finales del primer periodo (2800 a.C.) y tenían carácter residencial. Alrededor del 2500 a.C., aparecieron en esta superficie grandes edificios. La tercera zona, de veinte hectáreas, llamada "zona monumental noroeste", comprendía todas las laderas y las explanadas de los márgenes septentrional y occidental del altiplano. Los materiales recolectados y las muestras de excavación permitieron fijar la primera ocupación en el año 2600 a.C.; a continuación, con el tercer periodo (2500 a.C.), surgió un gran centro administrativn, así como los barrios artesanales con talleres de lapislázuli, cerámica y metal. De aquí procede uno de los objetos más interesantes de la cultura antigua: una estatuilla de bronce de una mujer que transporta un ánfora sobre la cabeza, siguiendo el modelo tradicional de la canéfora. Así pues, podemos afirmar que el asentamiento fue fundado alrededor del 3200 a.C. en el margen oriental del terraplén, la "zona residencial este", más tarde fue ampliado en el tercer período, momento en que alcanzó la máxima densidad demográfica, caracterizado por la abundancia de materias primas (lapislázuli, turquesas, conchas marinas...), importadas de regiones ajenas al circuito regional de intercambios y que eran transformadas aquí, muestra de la evolución de la riqueza local y de la mejora de las condiciones en la organización de los intercambios. Poco tiempo después de alcanzar el máximo desarrollo, Shahr-i Sojta entró en un periodo de crisis tan radical que en el lapso de un siglo, fue prácticamente abandonada (2500-2100 a.C.). Se conoce muy poco de esta fase de declive, en la que, al parecer, grandes partes de los barrios septentrionales parecen haber sido desatendidos y abandonados; es probable que a dicha decadencia contribuyeran varias causas, naturales y sociales, esto es, todo un conjunto de fenómenos, repetido varias veces en el Asia interior. A pesar de los muchos interrogantes sobre la secuencia cultural de Shahr-i Sojta, se puede aceptar la equivalencia entre la estratigrafia y la cultura material del yacimiento. El extraordinario estado de conservación de las cámaras y la formidable cantidad de objetos (cerámica, sellos, figurillas antropomorfas y zoomorfas, objetos de piedra y de metal), hallados en todas las áreas de excavación, tanto en el asentamiento protohistórico, como en las distintas tumbas (las excavadas por la misión arqueológica del ISMEO suman más de 300, en una necrópolis que se extiende sobre unas veintiuna hectáreas), han contribuido en gran medida a la evaluación del desarrollo cultural de Shahr-i Sojta. De todas formas, gracias a las favorables condiciones geográficas y ambientales, la vida en el Sistán meridional prosiguió tras el abandono del asentamiento, como demuestran los restos de cerámica de los pueblos de inicios del tercer milenio a.C., restos que se encuentran esparcidos en las resecas llanuras arcillosas. El declive de Shahr-i Sojta no parece ligado al fenómeno de despoblamiento y de involución social, ni a una hipotética invasión de los pueblos indoarios desde el norte, sino más bien a la crisis de un modelo urbano jerárquico que concentraba, dentro de un único asentamiento (la ciudad), la administración de toda la producción primaria y de las industrias manufactureras más sofisticadas. Sea como fuere, desde el 2000 a.C. en adelante (periodo cuarto), la nueva forma de estructura dejará de ser la ciudad y se convertirá en el oasis, lugar poblado por una elevada densidad de pequeños poblados bien irrigados, abierto a los intercambios con los nómadas criadores que, desde el tercer milenio a.C., representan la principal actividad económica de las estepas septentrionales del Asia central.