Monarca beocio que reinó en el país de Coronea, o, según algunos, en la propia Tebas. Es hijo de Eolo y Enáreta, y nieto de Helén. Su leyenda ha servido de tema a varias tragedias, y se ha recargado de episodios complicados, a veces contradictorios. Atamante se casó tres veces, y la historia de estos matrimonios constituye el pretexto de las evoluciones novelescas de un mito anterior. En la más célebre de las versiones, que se remonta indudablemente al Frixo de Eurípides (hoy perdido), Atamante se había casado en primeras nupcias con Néfele, de quien tuvo dos hijos: un varón, Frixo, y una hembra, Hele. Luego repudió a Néfele, y casó con Ino, hija de Cadmo. De esta segunda boda nacieron dos hijos, Learco y Melicertes. Ino, celosa de los vástagos del primer lecho, proyectó eliminarlos, a cuyo efecto, ideó la siguiente estratagema: empezó por persuadir a las mujeres del país de que tostasen el grano destinado a la siembra del trigo. Los hombres sembraron el trigo, pero nada brotó. Como era natural, ante aquel aparente prodigio, Atamante decidió consultar al oráculo de Delfos, e Ino sobornó a los emisarios, los cuales volvieron con la respuesta de que, para que cesara la carestía, el dios reclamaba el sacrificio de Frixo. El ardid estuvo a punto de tener éxito. Estaban ya conduciendo a Frixo al altar (junto con su hermana, según ciertas tradiciones) e iban a inmolarlo, cuando Néfele le dio un carnero de toisón de oro, regalo de Hermes, que, levantando a los dos jóvenes en el aire, los sustrajo al peligro. De este modo, Frixo consiguió llegar a Cólquide, mientras su hermana se ahogó (Ver, Hele, Frixo). Otra tradición pretendía que el mensajero sobornado por Ino se había apiadado de Frixo y había revelado la conjura a Atamante. Éste, al conocer el crimen que su esposa había cometido, ordenó que fuese sacrificada en lugar de Frixo, a la vez que el hijo de Ino, el niño Melicertes. Pero cuando eran llevados al suplicio, Dioniso sintió compasión de la que había sido su nodriza (Ver) y la envolvió en una nube, que la hizo invisible y le permitió escapar con Melicertes. Luego enloqueció a Atamante, quien dio muerte a su hijo menor, Learco, arrojándolo en un caldero de agua hirviente. A su vez, Ino se suicidó con Melicertes (Ver, Leucótea). Esta versión es un arreglo "trágico" de la leyenda, destinado a conciliar en un solo relato dos episodios el del odio de Ino por los hijos de Néfele y el de su propia muerte. En su origen, estos dos episodios parecen haber sido independientes. Eurípides había escrito una segunda tragedia, en la que trataba de la tercera unión de Atamante: su casamiento con la hija de Hipseo, Temisto. En esta tragedia, Ino se había marchado al monte (sin duda después del fracaso del sacrificio de Frixo) a reunirse con las Bacantes al servicio de Dioniso. Atamante, creyéndola muerta, había tomado por esposa a Temisto, de quien tuvo dos hijos: Orcómeno y Esfingio. Pero Ino regresó en secreto y se dio a conocer a Atamante, el cual la introdujo en palacio como sirvienta. Temisto se enteró de que su rival no había muerto, pero no logró descubrir el lugar donde se ocultaba, y entonces se dispuso a suprimir a los hijos de Ino, confiándose para ello a la nueva criada. Mandóle que vistiese de negro a los niños de Ino, y a los propios, de blanco, con objeto de poder distinguirles en la oscuridad. La presunta esclava trocó los vestidos, de forma tal que Temisto mató a sus dos hijos, y los de Ino se salvaron. Al conocer su error, la mujer se suicidó. Probablemente esta leyenda es en gran parte invención del propio Eurípides. Como versión más corriente se decía que el enojo de Hera había caído sobre Atamante después del sacrificio de Frixo, por haber consentido él en educar a Dioniso niño, confiado por Zeus a Ino, que era hermana de Sémele. Enloquecido por la diosa, había dado muerte al pequeño Learco. Ino mataba entonces a Melicertes y se arrojaba al mar con el cadáver (Ver, Leucótea). Desterrado de Beocia a raíz de este crimen, Atamante comenzó una vida errante. Habiendo preguntado al oráculo dónde debía establecerse, se le respondió que tendría que detenerse en el lugar en que los animales de la selva le diesen de comer. Cuando llegó a Tesalia, encontró unos lobos que devoraban el cadáver de un carnero; al verlo, los animales escaparon, abandonándole su presa. De este modo quedó cumplido el oráculo. Atamante se estableció en el país, al que llamó Atamantia y donde fundó la ciudad de Alo (o Halo). Según parece, casó allí con Temisto, hija de Hipseo, de la cual tuvo cuatro hijos: Leucón, Eritrio, Esqueneo y Ptoo. Más tarde, Atamante estuvo a punto de ser muerto por sus súbditos por haber violado una prohibición religiosa cuando fue salvado por su nieto Citisoro (Ver). Este último episodio de la leyenda de Atamante fue llevado a la escena por Sófocles en su tragedia perdida "Atamante coronado", y parece que el sacrificio del héroe haya sido maquinado por Néfele, como venganza. Atamante habría sido salvado no por Citisoro, sino por Heracles.