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Palabra   |   Descripción

Hécate

Hécate es una diosa afín a Ártemis y no posee mito propiamente dicho. Queda siempre bastante misteriosa, y la caracterizan más bien sus funciones y atributos que las leyendas en que interviene. Hesíodo la presenta como engendrada por Asteria y Perses, rey de Táuride y como descendiendo directamente de la generación de los Titanes. Es, pues, independiente de las divinidades olímpicas, pero Zeus le ha mantenido, y aun acrecentado, sus antiguos privilegios. Extiende su benevolencia a todos los hombres, concediendo los favores que se le piden. Otorga principalmente la prosperidad material, el don de la elocuencia en las asambleas políticas, la victoria en las batallas y en los juegos. Procura abundante pesca a la gente de mar y hace prosperar o menguar el ganado, a voluntad. Sus prerrogativas se extienden a todos los dominios, contrariamente a como ocurre, en general, con las divinidades. Es invocada particularmente como "diosa nutricia" de la juventud, con igual título que Ártemis y Apolo. Tales son las características de Hécate en la época antigua, según Hesíodo. Poco a poco, la diosa ha sufrido una especialización en un sentido diferente dándosele un carácter conforme a su geneología, o mejor, haciendo de la Hécate de cada país un personaje diferente, cuyas cualidades y acciones han complicado y acumulado los mitólogos. La hija del titán Perses ya se pinta con otros coloridos. Cazadora hábil, del mismo modo lanza sus dardos a los animales como a los hombres. Sabia en el arte de envenenar, ensaya sus venenos sobre los extranjeros, emponzoña a su padre, se apodera de la corona, eleva un templo a Ártemis y hace sacrificar a esta diosa todos los extranjeros que la casualidad conduce a las costas del Quersoneso Táurico. Se casa enseguida con Eetes y forma con su arte dos hijas dignas de ella, Medea y Circe. Diosa de los magos y los encantadores, era invocada antes de empezar las operaciones mágicas que la obligaban a aparecer sobre la tierra. Presidente de los sueños y espectros, se dejaba ver por los que la invocaban. Diosa de las expiaciones, se le inmolaban bajo este respeto perritos y se le erigían estatuas en las encrucijadas. Ver, Feraia. Su culto, originario de Egipto, fue llevado a Grecia por Orfeo. Los eginetas, que fueron los primeros en admitirlo, le levantaron un templo en una plaza rodeado de muros, donde celebraban todos los años una fiesta en su honor. Apuleyo dice que era la misma que Isis. Muchos mezclaron el culto de esta diosa con el de Ártemis y de este modo, fue adorada en Éfeso, Delos; Braurón en Ática; Magnesia, Micenas; Segesta y en el monte Ménalo. Atenas le ofrecía tortas en la cuales se veía impresa una figura de buey, porque se le invocaba para la conservación de los animales útiles. Los espartanos tiñeron sus altares con sangre humana. Su culto fue del mismo modo célebre, en Roma, pero no tan cruel. Se la llamaba Dea feralis y se creía que fijaba el término de la vida de los hombres y presidía su muerte. Amiterne y Formias le elevaron altares, y Espoleto le dedicó un templo que fue común a ella y a Neptuno, mirando al mar como el más vasto y poblado de todos los sepulcros. Alcameno fue el primero que dio un triple cuerpo a la diosa. Myron por el contrario, no le da más que uno. La pintura de Alcameno debía prevalecer en un pueblo amante de las alegorías: así sus tres rostros significan las tres fases de la Luna, según Cleómedes; según Servio, el uno representó a Lucina que protegía el nacimiento; el otro fue Diana que conservaba los días; el tercero Hécate, que los terminaba. Ya se representaban sus cabezas naturales, y aún agradables, y ceñidas por una guirnalda de rosas de cinco hojas. Ya le ofrecían sus estatuas con una de perro, una de caballo y otra de jabalí. Cuando se la obligaba a responder a las evocaciones mágicas de Medea, aparecía con la cabeza llena de serpientes, con una rama de encina en la mano, rodeada de luz y haciendo resonar a su alrededor los ladrillos de su jauría infernal, y los agudos gritos de las ninfas de Faso. Cuando Fedro le implora en Séneca, va armada de una antorcha ardiente, de un látigo o una espada, muchas veces trae una antorcha para disminuir las tinieblas del Tártaro, o una pantera para sacrificar a los dioses Manes. Otras veces lleva en una mano una llave y en la otra cuerdas, o un puñal con lo que o ata, o hiere los criminales. Ver, Fílax. En un jaspe del gabinete de la biblioteca real de Francia se la veía con sus tres cabezas, sobre las cuales se elevaban ciertas medidas. No tenía más que un cuerpo y de él salían seis brazos, dos de los cuales tenían serpientes, otros dos, antorchas encendidas, y los dos últimos, vasos expiatorios. Le estaba consagrada la encina muy particularmente, y se coronaba con ramas de este árbol entrelazadas con serpientes. El número tres servía para designarla. El altar erigido en honor suyo se diferenciaba de los de las otras divinidades, en que tenía tres lados como su estatua, de donde se deriva el epíteto de Tríbomos. Tenía uno de este modo en Roma, en el templo de Esculapio. Le estaba consagrado el perro. Ver, Canicida Dea. Los que se lo ofrecían en sacrificio debían ser negros y eran inmolados a media noche. Los lamentables gritos de estos animales, mientras se los sacrificaba, decían que alejaban los horrorosos espectros, enviados a menudo por esta diosa. Ver, Empusa. Hécate, como maga, preside las encrucijadas, los lugares por excelencia de la magia. En ellas se levanta su estatua, en forma de una mujer de triple cuerpo o bien tricéfala. Estas estatuas eran muy abundantes, antiguamente, en los campos, y a su pie se depositaban ofrendas.Hécate, como maga, preside las encrucijadas, los lugares por excelencia de la magia. En ellas se levanta su estatua, en forma de una mujer de triple cuerpo o bien tricéfala. Estas estatuas eran muy abundantes, antiguamente, en los campos, y a su pie se depositaban ofrendas. Ver, Lagina.

Hecateas

Apariciones de espectros de un prodigioso grandor, que tenían lugar en los misterios de Hécate.

Hecateas

Estatuas erigidas a la diosa Hécate delante las casas atenienses.

Hecatebeletes

"el que dispara (flechas) de lejos". Epíteto de Apolo.

Hecateo

(siglo IV a.C.). Escritor sobre temas egipcios, natural de Abdera. Fue alumno del filósofo escéptico Pirrón de Élide. Después de visitar Tebas de Egipto durante el reinado de Ptolomeo I, escribió ca.300 una obra titulada Aegyptiaca, en la que describía la historia de las instituciones del país desde urja perspectiva muy favorable. También añadió material sobre los judíos, la primera referencia a ellos en griego. Esta obra fue empleada como fuente por Diodoro Sículo, que es la principal autoridad que tenemos para Hecateo. También escribió Hiperbóreos, una obra de ficción sobre una población que supuestamente habitaba en el extremo norte del mundo. Solo nos han llegado fragmentos de su obra.

Hecateo

(siglo VI-V a.C.). Escritor, político, historiador, mitógrafo y geógrafo, natural de Mileto. Miembro de una familia poderosa e hijo de Hegesandro. Es uno de los primeros logógrafos griegos. Primer historiador y geógrafo que haya escrito en prosa. Dio inútilmente a sus compatriotas consejos de prudencia en ocasión del levantamiento de la Jonia a comienzos del siglo (ca.500). Deseoso de ampliar sus conocimientos sobre el mundo, realizó numerosos viajes, entre ellos a Egipto (530), como nos cuenta Heródoto. Al igual que Anaximandro, fue autor de un mapamundi en el que se refleja su concepción oriental del mundo, que se representa como un disco rodeado por el océano. En el mapa de Hecateo se señalaban cuatro cuadrantes terrestes marcados por un eje oeste-este, con el mar Mediterráneo y el Mar Negro, y un eje sur-norte, con el Nilo al Sur y el Istro (Danubio) al Norte. Este mapa iba acompañado de una descripción de la tierra, su llamada Periégesis (en dos libros, uno para Europa y el otro para Asia), donde se alternaban los datos geográficos, enumerados de una manera un tanto árida, con un abundante material etnográfico sobre los pueblos visitados en su ruta desde el Mediterráneo hasta el Mar Negro. Ésta es quizás la obra más importante de Hecateo y, de hecho, fue utilizada por Heródoto, quien, a pesar de todo, se burlaba con frecuencia de los mapas de su predecesor. Tenemos más de 300 fragmentos de esta obra, algunos de los cuales son breves citas de Esteban de Bizancio. No sabemos a ciencia cierta cuánto investigó él por sí mismo. Además de esta obra de naturaleza histórica, Hecateo escribió cuatro libros de Genealogías o Historias, que no eran más que una especie de "indagaciones", sobre los ancestros de familias prominentes, con la intención de reclamar para ellas antepasados míticos; logró remontar a muchas de ellas, incluida la propia, hasta la época mítica, y analizaba algunos mitos como el de Heracles y Deucalión. Trató de demostrar que las explicaciones racionales e históricas podían aplicarse a las historias de la tradición mitológica. Los escasos fragmentos conservados dejan ver cómo su espíritu racionalista intentaba explicar algunos mitos que no se rechazan por completo. Así, afirma por ejemplo que Cerbero no es más que una serpiente o que las hijas de Dánao no fueron cincuenta sino veinte, número bastante más verosímil. Este deseo de dar una versión más racional de los mitos clásicos se exponía ya desde el comienzo de la obra, que se inicia con las siguientes palabras: "Hecateo de Mileto habla así: yo escribo lo que creo que es verdad, porque las historias de los griegos son diversas y me parecen absurdas". Hecateo fue miembro del Consejo de Mileto y se opuso enérgicamente a la propuesta de organización de la Revuelta Jonia del 499. Cuando se perdió la guerra, aconsejó a Aristágoras que construyera un fuerte base en la isla de Leros para reconquistar Mileto, pero su advertencia fue desoída. Fue muy leído hasta la época helenística.

Hecatero

Sobrenombre de Ártemis.

Hecátero

Personaje citado sólo por Estrabón, según un pasaje perdido de Hesíodo, de incierta lectura. Según Hesíodo, Hecátero, unido a la hija de Foroneo (probablemente Níobe) habría engendrado una serie de demonios: las ninfas de las montañas, los sátiros y los curetes, de quienes ésta no es sino una de sus numerosas genealogías.

Hecatesias

Fiestas y sacrificios en honor de Hécate que celebraban en Atenas todos los meses, considerando a esta diosa como protectora de las familias y los niños. En la víspera de cada novilunio, los ricos daban en las encrucijadas una comida pública la cual, se creía, presidía la divinidad. Esta comida se llamaba banquete de Hécate. Se suponía que la diosa comía todo lo que salía en la mesa o lo hacía consumir por sus serpientes. Entre otros manjares se servían huevos, ya porque se les atribuía una virtud expiatoria o bien porque el huevo considerado como símbolo de la generación, debía ser el atributo de una diosa que daba impulso a la fuerza reproductora de la naturaleza. Se dice también que estas comidas estaban destinadas principalmente para los pobres y que las mesas se colocaban en las encrucijadas. Ver, Trivia.

Hecato

(griego, hékatos = arquero). Epíteto de Apolo, derivado de su habilidad para golpear de lejos.

Hecatóboli

Sobrenombre de Apolo y de Ártemis, tomado de los rayos de luz que despiden.

Hecatombaeon

Hecatombea (ciudad del territorio de Dymaia, Acaya, entre la ciudad de Dyme y la frontera de la Élide).

Hecatombe

Sacrificio de cien víctimas, y propiamente de cien bueyes, pero que en lo sucesivo se aplicó a los sacrificios de cien animales de la misma especie, aunque fuesen cien leones o cien águilas, que era el sacrificio imperial. Este sacrificio que se celebraba al mismo tiempo sobre cien altares de hierba y por cien sacerdotes, se ofrecía en casos extraordinarios, tanto felices, como desgraciados. Homero hace viajar a Neptuno por Etiopía para comprar Hecatombes de toros y de ovejas. Calcante hace llevar una a Criseida para apaciguar a Apolo, irritado contra los griegos. Según algunos autores, este sacrificio fue establecido por los lacedemonios, los cuales teniendo en su país cien ciudades, inmolaban todos los años cien bueyes a sus divinidades. La hecatombe más célebre es la que ofreció Pitágoras en acción de gracias, por haber encontrado la demostración del cuadrado de la hipotenusa: pero algunos escritores afirman que fueron bueyes de pasta, pues su filosofía no les permitía sacrificarlos vivos. Ya en el mismo Homero tomó un sentido menos preciso y designaba simplemente víctimas numerosas, no precisamente cien.

Hecatombea

o Hecatombaeon o Hekatombaion. Ciudad del territorio de Dymaia, Acaya, entre la ciudad de Dyme y la frontera de la Élide. Hoy, en Grecia.

Hecatombeas

Fiestas de Atenas en honor de Apolo, celebradas el primer mes del año civil. Los argivos y los eginetas celebraban la misma fiesta en honor de Júpiter.

Hecatombeas

Hereas (festival en honor de la diosa Hera celebrado en Argos cada cuatro años. Una procesión iba hasta el santuario de la diosa con ….).

Hecatombeo

Sobrenombre de Júpiter en Caria y Creta, y de Apolo, porque las hecatombes se ofrecían principalmente a estas divinidades.

Hecatombeón

o Hekatombaion. Uno de los doce meses del calendario ateniense. Cuando comenzaba por el primer mes de invierno, gamelión, nuestro mes de enero, hecatombeón era el séptimo mes (julio/agosto). Se convirtió en el primer mes del año ático por la reforma que llevó a cabo Metón de Atenas el año 432 a.C., diez meses poco más o menos antes del principio de la guerra del Peloponeso. El año civil de los atenienses, desde esta reforma, comenzaba en la primera luna que seguía al solsticio de verano, por el mes hecatombeón, al cual correspondían en el calendario romano el fin de junio y principios de julio. Era un mes pleno, es decir, de treinta días; se llamaban vacíos los meses de veintinueve días. En este sistema, de vez en cuando era necesario añadir un mes intercalar, un mes decimotercero, para poner el año lunar acorde con el movimiento del sol y las estaciones. Este mes, primero se llamó Cronion, porque el día 12, con la alegría de la cosecha que acababa de finalizar, se celebraba la fiesta de Crono, padre de Zeus, y la de su esposa Rea, la madre de los dioses. Las Cronia, como las Saturnales en Roma, reunían en cada familia a amos y criados en un alegre y ruidoso banquete, paro la fiesta también tenía un carácter público y nacional. El 16 del mismo mes se celebraba el sacrificio de los sinoikía, que recordaba el sinecismo realizado por Teseo, origen remoto de la unidad del Ática y del poder ateniense. Al final de Hecatombeón tenía lugar la gran fiesta nacional de Atenea, patrona de la ciudad, las Panateneas. Esta fiesta anual duraba dos días, pero cada cuatro años se celebraba con una solemnidad especial y duraba al menos cuatro días. En los concursos gimnásticos, que contaban sobre todo con carreras de antorchas (lampadedromías). Los atletas vencedores recibían aceite de los olivos sagrados de Atenea, en las llamadas ánforas panatenaicas, cuya decoración incluía, a un lado a Atenea Prómacos "la que lucha en primera línea" de pie entre dos columnas y, al otro lado, la representación del concurso (por ejemplo de la carrera a pie) en el que se había obtenido el premio. Después se celebraba la procesión (representada en mármol en el friso del Partenón) que, partiendo del Cerámico, atravesaba el centro de Atenas para llevar a la acrópolis con toda solemnidad el peplo bordado cada año por unas jóvenes seleccionadas y destinado a vestir la estatua de culto de Atenea. Los sacerdotes y todas las corporaciones de la ciudad, incluidos los representantes de los metecos, formaban un largo cortejo, acompañado por efebos a caballo. Una vez en la acrópolis, delante del viejo templo de Atenea Políade (protectora de la ciudad), se sacrificaban cuatro bueyes y cuatro corderos. Más tarde, en el gran altar situado delante del Partenón se degollaban tantas vacas como fuera necesario para alimentar a toda la ciudad, y fue sin duda esta hecatombe la que dio el nombre de Hecatombeón a dicho mes, o quizás por el gran número de hecatombes que se llevaban a cabo en esta época del año, en reconocimiento de las recolecciones. Ver, Panateneas, Calendario ático, Fiestas de Atenas.

Hecatomfoneumo

Sacrificio en que se inmolaban cien víctimas. Atenas celebraba uno en honor de Marte. Ver, Hecatombe.

Hecatomfonías

Fiestas que celebraban entre los mesenios, en honor a los que habían matado cien enemigos en la guerra. Aristómeno obtuvo tres veces este honor.

Hecatomno

o Hecátomo (ss. V- IV a.C.). Sátrapa o gobernador persa de Caria, hijo de Hisaldomo. Subió al poder hacia el 391 y dirigió a la flota persa en operaciones en las proximidades de Chipre en el año 390. Fue sucedido en el 377 por su hijo Mausolo. Fue también padre de Mausolo, Hidrieo y Pixodaro, así como de Artemisa y Ada, quienes, además de hermanas, fueron, pasado el tiempo, esposas, respectivamente, de Mausolo e Hidrieo. Ver, Dinastía Hecatómnida.

Hecátomo

Hecatomno ((ss. V- IV a.C.). Sátrapa o gobernador persa de Caria, hijo de Hisaldomo. Subió al poder hacia el 391 y dirigió a la flota persa en operaciones en ….).

Hecatompedón

Santuario de Atenas, situado entre el nuevo Erecteón y el Partenón. Junto al primitivo Erecteón fue incendiado por los persas en 480 a.C., durante la segunda guerra médica.

Hecatompedum

Nombre que Ptolomeo da a una ciudad de Caonia. Hoy, posiblemente Lekël, distrito de Tepelenë, condado de Gijrokastër, Albania.

Hecatómpila

"de cien puertas". Sobrenombre de Tebas, Egipto.

Hecatómpilo

o Hecatompylos o Hecatompyles "la ciudad de las cien puertas". Nombre dado por Seleuco I a la que fue capital de Partia. Diodoro la llama Hecatontapylos y dice de ella que era una ciudad rica y agradable. Fue residencia de Arsaces y sus sucesores. Su ubicación es incierta y fue la capital de la Dinastía arsácida hacia 200 a.C.. El término persa tiene el mismo significado que en griego. El título se usaba comúnmente en ciudades que tenían más de las cuatro puertas tradicionales. Alejandro Magno se detuvo aquí en el verano de 330 a.C. y la ciudad se convirtió en parte del Imperio seléucida después de su muerte. La tribu parni tomó la ciudad alrededor del 237 a.C. y la convirtió en una de las primeras capitales del Imperio parto. Fue mencionada como la ciudad real de los partos por varios escritores clásicos, incluidos Estrabón, Plinio y Ptolomeo, aunque los partos parecían haber usado varias ciudades como su "capital" en diferentes períodos. Fue destruida por un terremoto en 856, y probablemente fue abandonada después. Hoy, Sahr-e Qumis, entre Semnan y Damqan, provincia de Semnan, Irán. Ver, Choarene.

Hecatómpolis

"de cien ciudades". Nombre de la isla de Creta.

Hecatompyles

Hecatómpilo ("la ciudad de las cien puertas". Nombre dado por Seleuco I a la que fue capital de Partia. Diodoro la llama Hecatontapylos y dice de ella que ….).

Hecatompylos

Hecatómpilo ("la ciudad de las cien puertas". Nombre dado por Seleuco I a la que fue capital de Partia. Diodoro la llama Hecatontapylos y dice de ella que ….).

Hecatón

(siglo II a.C.). Filósofo estoico procedente de Rodas. Fue discípulo de Panecio y escribió sobre ética. Su obra no se ha conservado, aunque Cicerón reproduce alguno de sus argumentos en sus obras filosóficas.

Hecatonarca

Título militar griego que significa "comandante de cien hombres". Ver, Dedarca, Quiliarco, Miriarca, Hexadarco.

Hecatonesos

Hecatonnesi ("cien islas". Grupo de islas en la bahía de Adramyttium, entre la isla de Lesbos y la costa de Asia Menor).

Hecatonnesi

"cien islas". Grupo de islas en la bahía de Adramyttium, entre la isla de Lesbos y la costa de Asia Menor. Su nombre, parece que sólo aludía a la gran cantidad de islas existentes. Estrabón dice que eran unas veinte. La principal isla era Pordeselene. En las fuentes antiguas son denominadas Hecatonesos o Hecatonnesos. Esteban de Bizancio, que cita a Estrabón, coincide en la interpretación del geógrafo "las Hecatonnesos son las mismas que las Apolononnesos". Era centro de adoración de Hecatos (Apolo) y Estrabón dice que el nombre de las islas derivaba de él. Hoy, Islas Ayvalik, en el golfo de Edremit, provincia de Balikesir, Turquía.

Hecatonnesos

Hecatonnesi ("cien islas". Grupo de islas en la bahía de Adramyttium, entre la isla de Lesbos y la costa de Asia Menor).

Hecatónqueros

Hecatonquiros ("de cien brazos". Conocidos también como Centimanos, eran hijos de Urano y Gea y, por tanto, pertenecientes a la primera generación divina como sus ….).

Hecatonquiria

Ciudad imaginaria de Macedonia, donde habitaban los Hacatonquiros.

Hecatonquiros

o Hecatónqueros "de cien brazos". Conocidos también como Centimanos, eran hijos de Urano y Gea y, por tanto, pertenecientes a la primera generación divina como sus hermanos los Cíclopes, los Titanes, etc. Son tres gigantes de cien brazos y cincuenta cabezas: Briareo "fuerte" Giges o Gíes y Coto "hijo de Cotito". Homero también se refirió a Briareo como Egeón "cabruno", si bien éste era también el sobrenombre de Poseidón. Su padre los arrojó al Tártaro, pero fueron rescatados por Crono, al que ayudaron a castrar y derrocar a Urano. Tras ayudar a Crono, éste les encerró de nuevo en el Tártaro, donde permanecieron guardados por Campe hasta que Zeus los rescató. Durante la Guerra de los Titanes, arrojaban rocas de cien en cien a los Titanes. Al terminar la guerra los Hecatonquiros se establecieron en palacios en el río Océano, convirtiéndose en los guardianes de las puertas del Tártaro, donde Zeus había encerrado a los Titanes. En La Ilíada hay una historia, que no se encuentra en ningún otro sitio, que cuenta que en algún momento los dioses estaban intentando derrocar a Zeus, y éste llegó a ser encadenado por Hera, Atenea y Poseidón, pero fracasaron cuando Tetis invocó a los Hecatonquiros y éstos acudieron en su ayuda.

Hecatontápilo

Región de África. Quizá se trate de Tebessa, hoy territorio argelino, cerca ya de la frontera tunecina.

Hecatontarquia

Ver, Epitagma (con los soldados de infantería ligera griegos o peltastas, se formaba una unidad de la falange, llamada epitagma, que por constituir un cuerpo completo, independiente, compuesto ….).

Hecatos

"el que lanza sus rayos a lo lejos". Sobrenombre de Apolo-Sol, porque según una tradición particular había matado con cien flechazos a la serpiente Pitón, lo que hacía a este dios más agradable el nombre de Hecatos que el Pitius.

Hecebolio

(siglo IV). Sofista cristiano, maestro de retórica del emperador Juliano en Constantinopla.

Hechos de los Apóstoles

Libro del Nuevo Testamento, continuación del Evangelio de Lucas. Relata, desde la misma perspectiva de apertura universalista, los hechos que siguen a la despedida de Jesús, la predicación de Pedro en Jerusalén, Judea y Antioquía, y los viajes de Pablo en los que lleva el evangelio por las costas mediterráneas hasta Roma. Quedan así reflejados en el libro los primeros años de vida de la Iglesia cristiana, con la difusión del mensaje de Jesús abierto a todos, judíos y no judíos. El libro pertenece a un género especial, claramente distinto del de los Evangelios, interesado ante todo en los hechos de dos de los apóstoles cristianos más significados y, en especial, en la expansión del mensaje de Jesús a partir de Jerusalén. El autor contó con materiales diversos: relatos, discursos, sumarios, etc., algunos de los cuales podían proceder de su experiencia personal. La segunda parte del libro está escrita en primera persona del plural, aunque utilizó también fuentes escritas. Está escrito en un griego de calidad literaria y su redacción final puede situarse a fines del siglo I de nuestra era. Ver, Biblia.

Hecta

Medida ática de capacidad para sólidos. Equivalía a 32 cotilos (8,736 lt). Un medimno era igual a 6 hectas. Ver, Pesos y Medidas.

Héctai

Moneda de electron, equivalente a 1/6 de estatera.

Hectemoroi

Hektemoroi. Ver, Sisactía (conjunto de leyes instituidas por el legislador ateniense Solón (ca.638-558 a.C.) con el fin de corregir la servidumbre y la ….).

Hectémoros

Término que de signaba a una parte del campesinado ateniense en tiempos de Solón. Literalmente significa "los de la sexta parte" y alude probablemente a la parte de cosecha que debían entregar como pago fijo establecido a sus acreedores, propietarios de mayores cantidades de tierra, y que estaban mejor capacitados para afrontar las circustancias imprevistas y las calamidades que aquellos que contaban con propiedades más reducidas. Muchos de ellos se vieron obligados a hipotecar sus dominios hasta tal punto que sus acreedores asumían la tutela efectiva de la tierra y una parte del producto anual de la misma consignado en una sexta parte. De esta forma los deudores escapaban al procedimiento habitual en aquellos tiempos de la esclavitud y la consiguiente venta en el exterior. Unos mojones sobre la propiedad identificaban este tipo de obligaciones contraídas por los deudores.

Héctor

Héctor, el héroe troyano, es hijo de Príamo y Hécuba y, probablemente, el primogénito, pese a que ciertas tradiciones (que se remontan a Estesícoro) lo consideran como hijo de Apolo. Aunque Príamo sea el rey de Troya, es en realidad Héctor quien ejerce el poder sobre sus compatriotas. Dirige a su capricho los debates de la asamblea, y lleva los asuntos de la guerra según su criterio. Muy querido de su pueblo, recibe de él honores casi divinos, y tanto amigos como enemigos lo tienen por el principal defensor de la ciudad. De él ante todo trata de desembarazarse Agamenón, convencido de que no tomará la plaza mientras esté allí Héctor. La personalidad de Héctor se manifiesta sobre todo en la Ilíada. Héctor aparece raramente en las epopeyas cíclicas y en los trágicos. Por eso no conocemos más hazañas suyas que las que se le atribuyen en el curso del décimo año de la guerra, que es el único que narra la Ilíada. Sabemos que estaba casado con Andrómaca, hija del rey de Tebas de Misia (Ver, Andrómaca), y que había tenido de ella un solo hijo, al que los troyanos llamaban Astianacte, y sus padres, Escamandrio. Astianacte era todavía un niño cuando murió su padre. Una tradición aberrante cita un segundo hijo de Héctor y Andrómaca, Laodamante, y otra, un tercero, llamado Óximo. Hasta el comienzo del año décimo, Héctor ha rehuido la lucha en campo abierto, por lo menos cuando sabía que Aquiles se hallaba entre los griegos. Una sola vez Aquiles ha tratado de encontrarse con él, pero Héctor no lo ha aguardado y ha huido a la ciudad. Por el contrario, cuando Aquiles está ausente, produce una gran carnicería entre los griegos. Protegido por Ares hasta el momento en que éste es herido por Diomedes, mata principalmente a Mnestes y Anquíalo, luego a Teutrante, Orestes, Treco, Enómao, Héleno y Oresbio. Pero ante un contraataque de los griegos, se retira a la ciudad. Vuelve luego al combate, después de despedirse de Andrómaca y Astianacte. Va acompañado por su hermano Paris, y desafía a los héroes griegos, no importa cuál, a luchar con él en combate singular. Ofrécese Menelao, pero es retenido por Agamenón. Finalmente, Áyax responde al reto. El duelo se prolongará hasta la noche y quedará indeciso. Al oscurecer, Áyax y Héctor se intercambian presentes : el primero da su tahalí; el segundo, su espada. Héctor desempeña su papel más brillante en el curso del ataque contra las naves. Toda la responsabilidad de la lucha recae sobre él. En varias ocasiones se hace preciso que intervengan directamente los dioses para impedir que de muerte a héroes como Néstor o Diomedes. Pero, a su vez, está protegido por Apolo; éste desvía las flechas de Teucro, y Zeus ordena a los dioses y diosas que dejen en sus manos la victoria mientras Aquiles no participe en la lucha. Cuando la situación de los griegos llega a su punto crítico, Patroclo, autorizado por Aquiles, corre en su ayuda; pero no tarda en ser muerto por Héctor, quien lo despoja de sus armas pese a los esfuerzos de los griegos. Con la vuelta de Aquiles a la lucha se entra en los últimos momentos de la existencia de Héctor. Al matar aquél a Polidoro, uno de los hermanos de Héctor, el troyano, trata de vengarlo, pero su lanza cae sin fuerza a los pies del héroe. Su destino es no poder nada contra Aquiles; debe morir en sus manos. Para retrasar el momento fatal, Apolo lo rodea, por un instante, con una nube, y Aquiles lo busca inútilmente. Pero mientras el ejército troyano se retira al interior de la ciudad, Héctor se queda, el último, ante la puerta Escea. Su padre y su madre lo exhortan a ponerse, como todos, al abrigo de la muralla, pero él no atiende a sus ruegos: aguarda a Aquiles. Sin embargo, al acercarse éste, siente miedo y emprende la fuga. Por tres veces, los dos adversarios dan la vuelta en torno a la ciudad, uno en persecución del otro, hasta el momento en que Atenea, tomando la figura de Deífobo, invita a Héctor a detenerse, prometiéndole su ayuda. Pero cuando Héctor acepta el combate y se enfrenta con su enemigo, Atenea desaparece, y él comprende que ha llegado su hora postrera. En el Olimpo, Zeus ha pesado con la balanza del Destino la suerte de los dos adversarios, y el platillo de Héctor se ha inclinado con un peso mayor, descendiendo hacia el Hades. Desde ahora, Apolo abandona a Héctor, y Aquiles le asesta el golpe definitivo. En vano, en el momento de morir, Héctor suplica a Aquiles que entregue su cadáver a Príamo; Aquiles se niega. Entonces Héctor, con la clarividencia de los moribundos, le predice su próxima muerte. Aquiles horada los tobillos del cadáver, lo ata a su carro con correas de cuero y lo arrastra alrededor de la ciudad, bajo las miradas de los troyanos. Después el cuerpo queda expuesto en el campamento griego, sin protección, abandonado a los perros y las aves, e incluso los dioses se apiadan de él. Zeus envía a Iris al encuentro de Aquiles con orden de devolver a Príamo el cadáver de Héctor. Príamo, por su parte, se presenta en embajada al héroe y, contra un elevado rescate, logra la restitución del cadáver de su hijo. Una tregua de doce días permite a los troyanos celebrar dignamente los funerales de su defensor. Andrómaca, Hécuba y Helena encabezan el duelo.

Hécuba

Hécuba es la segunda esposa de Príamo. Su genealogía fue tema de controversia desde la antigüedad. Dos tradiciones estaban frente a frente: una de ellas la consideraba como hija de Dimante, un rey de Frigia; la otra, como de Ciseo, rey de Tracia. En el primer caso descendía del río Sangario. Una variante de esta tradición dice que el Sangario ha sido, no su bisabuelo, sino su padre, que habría engendrado a Hécuba con la ninfa Evágora. Se le atribuye como madre, a la hija de Janto, Glaucipe. Los autores que la creen hija del tracio Ciseo le dan por madre a Teleclea. La mujer de Dimante habría sido la ninfa Éunoe. La tradición que relaciona a Hécuba con Dimante y con el territorio de Frigia es la de la Ilíada. Los trágicos, y especialmente Eurípides, prefieren los orígenes tracios. El problema genealógico planteado por Hécuba era tan complejo que el emperador Tiberio, dado a la ironía, gustaba de proponerlo a los gramáticos de su época. Hécuba es célebre por su fecundidad. A veces se dice que dio a Príamo diecinueve hijos; Eurípides eleva este número a cincuenta. Apolodoro cita sólo catorce: Héctor, el primogénito; Paris, por sobrenombre Alejandro, el segundo, cuyo nacimiento fue precedido de un sueño profético; luego cuatro hijas, Creúsa, Laodicea, Políxena y Casandra, aunque ésta sea considerada generalmente como hermana gemela de Troilo, o bien de Héleno, que, como ella, poseía el don profético (Ver, Casandra, Héleno); los últimos fueron varones: Deífobo, Héleno, Pamón, Polites, Ántifo, Hipónoo, Polidoro y Troilo, el menor y el más querido, el favorito del primogénito Héctor (Ver, Troilo). Se le atribuye también un décimo-quinto hijo, Polidamante. En Homero, Hécuba tiene un papel bastante borroso. Interviene en segundo plano para moderar el arrojo de Héctor, llorar sobre su cadáver y rogar a Atenea que aleje de la ciudad la desgracia. Pero desde las epopeyas cíclicas y, sobre todo, en los trágicos, la figura de Hécuba se acrecienta hasta el punto de convertirse en el símbolo de la majestad y el infortunio. Contábase que poco antes de dar a luz a su segundo hijo, había tenido un extraño ensueño: vio salir de su seno una antorcha, que prendió fuego a toda la ciudad de Troya, e incluso a los bosques del Ida. Fueron consultados los adivinos y declararon que el niño que iba a nacer sería causa de la ruina de la ciudad. Pero Hécuba se negó a que se matara a su hijo cuando naciese, y se limitó a mandar exponerlo. El niño fue salvado y, más tarde, volvió a Troya (Ver, Paris). Otra versión cuenta que los adivinos, y particularmente Ésaco, uno de los hijos de Príamo (Ver, Ésaco), habían simplemente prevenido al rey, anunciándole que el niño que nacería en una fecha determinada provocaría la ruina de Troya, por lo cual era conveniente darle muerte, así como a su madre. En el día indicado acaecieron dos nacimientos: el de París y el de Munipo, hijo de Cila y Timetes, hermano o cuñado de Príamo (Ver, Cila). Príamo condenó a muerte a Cila y a Munipo. Esta leyenda del sueño de Hécuba está destinada a retrotraer hasta ella los orígenes del crimen que significó la perdición de Troya, ya simplemente por el hecho de haber sido la madre de París, ya por haberse negado a matar a éste, contra el parecer de los dioses. De esta manera quedaban justificadas hasta cierto punto las desgracias que cayeron sobre la ciudad. Al ser tomada Troya, Hécuba había perdido casi todos sus hijos. Uno de ellos, Polidoro, había sido confiado por Príamo al rey del Quersoneso Polimestor, quien, según una tradición de la leyenda, se había casado con una de sus hijas, Ilíone, (Ver, Deípilo, Polimestor), al objeto de ponerlo en lugar seguro. Al mismo tiempo, Príamo había encargado a Polimestor la custodia de valiosos tesoros para su hijo. Pero una vez Troya hubo caído, y muerto Príamo, Polimestor pensó en apropiarse las riquezas de que era depositario, para lo cual dio muerte a Polidoro y arrojó al mar su cadáver, según otra versión, mató por error a su propio hijo Deípilo. Este cadáver fue depositado por las olas en la costa de Tróade en el momento en que Hécuba iba a ser embarcada como cautiva troyana, que la suerte había atribuido a Ulises. La anciana reina, al reconocer el cuerpo de su hijo, decide vengarse. Envía una de sus criadas en busca de Polimestor con un pretexto engañoso: simulando ignorarlo todo, desea decirle dónde se encuentra oculto un tesoro que hasta entonces ha escapado a las pesquisas de los conquistadores. Movido por el afán de lucro, Polimestor acude, y cuando lo tiene a su alcance, le arranca los ojos, no sin que antes las cautivas troyanas hayan dado muerte, ante su vista, a sus dos hijos que lo acompañaban. A fin de castigarla por este crimen, los griegos deciden lapidarla. Pero bajo el montón de piedras se encontró, en vez de su cadáver, una perra de ojos de fuego. O bien se cree que Hécuba fue transformada en perra cuando la perseguían los compañeros de Polimestor, deseosos de vengar a su rey. Otra tradición contaba que Hécuba se había transformado en perra a bordo de la nave que la conducía a Grecia, y que se había arrojado al mar. Véase otra versión de su muerte en el artículo Héleno.

Hedammu

Monstruo hitita con forma de serpiente, hijo de Kumarbi y Sertapsuruhi, rival de Tesub en el poema hitita que relata el mito que lleva el nombre de este último.

Hedayab

Abiadena (es el nombre dado en época helenística al territorio comprendido entre los ríos Zab Mayor y Zab Menor).

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