(Xenophon) (ca.428/427-ca.354 a.C.). Historiador y polígrafo griego. Las propias obras de Jenofonte y el segundo libro de las Vidas de los filósofos de Diógenes Laercio son las fuentes que nos proporcionan algunos datos sobre su vida. Hijo de Grilo, del demo de Erquia, en el Ática. Su familia era relativamente rica, pero el período de su juventud fue una época de discordias políticas y de peligro para la mayoría de los atenienses, especialmente los ricos. Fue compañero de Sócrates y estuvo, por tanto, relacionado con el círculo de los oligarcas, que por dos veces provocaron la revolución contra la Constitución democrática. También fue miembro del cuerpo ateniense de caballería, para el que le habilitaba su estatus económico. En el 404 dio apoyo limitado a los Treinta Tiranos, y se opuso a los demócratas en la guerra civil que siguió a la caída de estos; se salvó de ser castigado gracias a la amnistía del 403-402. No obstante, en el 401, al encontrar incómoda la vida en Atenas bajo la restaurada democracia, se enroló, por consejo de su amigo beocio Próxeno y en contra de la advertencia de Sócrates, en el ejército mercenario de Ciro el Joven, que este estaba organizando para arrebatarle el trono de Persia a su hermano mayor Artajerjes II. Jenofonte combatió en la batalla de Cunaxa, en Mesopotamia, en la que Ciro cayó. Después de que Tisafernes asesinara a los generales que dirigían a los Diez Mil, el ejército griego eligió a Jenofonte como su líder. Él los condujo fuera de peligro en una azarosa marcha durante el invierno del 401-400, tomando la ruta del noroeste desde la región de Bagdad, a lo largo del río Tigris, hasta la tierra de los carduchi (kurdos), cerca del lago Van. Después atravesaron varias cadenas montañosas para llegar al mar Negro, hasta Trapezunte (Trebisonda), en donde el ejército aclamó a gritos al mar por considerarlo garantía de una vuelta a casa segura. En Bizancio se puso al servicio de Seutes, un rey de Tracia, que trató sin éxito de persuadirlo para que se quedara allí permanentemente, con la oferta de una alianza de matrimonio y posesiones. Debía regresar a Atenas en el 399, pero en cambio, junto con la mayor parte de los Diez Mil, se unió al ejército espartano de Tibrón, que fue enviado a Asia Menor para auxiliar a las ciudades griegas bajo dominio persa. A finales de año, Tibrón fue sustituido por Derquílides, con quien parece que Jenofonte mantuvo estrechos lazos. En el 396, el rey espartano Agesilao II, con quien Jenofonte mantuvo una estrecha amistad, obtuvo el mando. Regresó a Esparta con el rey en el 394 y en el camino de vuelta combatió del lado espartano en Beocia, en la batalla de Coronea, en la que el ejército de Agesilao derrotó a una fuerza combinada de beocios, atenienses y otros. Por esta razón, Jenofonte ya no podía regresar a Atenas y estaba formalmente exiliado. Agesilao consiguió para él tierras en Escilunte, cerca de Olimpia, y se convirtió en representante (próxenos) espartano en Olimpia. Se casó y tuvo hijos, uno de los cuales se llamó Grilo. Allí vivió una vida de paz durante veinte años hasta que, en el 371, Esparta fue debilitada por la derrota de Leuctra, y Élide tomó Escilunte. Jenofonte encontró refugio en Corinto, en donde vivió hasta el 366, fecha en que los atenienses fueron expulsados de Corinto. No obstante, hacia el 368, su exilio ya había sido revocado, y se tienen evidencias de que regresó a Atenas, aunque quizá murió durante una visita a Corinto. Su hijo murió sirviendo a la caballería ateniense en la batalla de Mantinea en el 362. Jenofonte fue un escritor productivo y, hasta donde podemos saber, todo lo que publicó se ha conservado. Sus obras tratan temas muy diferentes y son difíciles de datar. La mayor parte debió de ser escrita mientras tuvo el tiempo suficiente para realizar esta tarea, es decir, en Escilunte y Corinto. A menudo volvía sobre un trabajo que ya había escrito y añadía más material. Estaba interesado por la historia y buscó completar el inacabado relato de la Guerra del Peloponeso que hizo Tucídides, llamando a su obra Historia de Grecia (Helleniká). Esta obra, en siete libros, fue compuesta en dos partes y en dos períodos diferentes y muy separados entre sí. La primera parte, desde el 411 hasta la rendición de Samos en el 404, pudo haber sido escrita hacia el 380; el resto, que se extiende hasta la batalla de Mantinea en el 362, posiblemente fue escrito en los últimos años de su vida. En muchos sentidos es una obra insatisfactoria, que carece de las grandes cualidades de la historia de Tucídides, y que tiene importantes omisiones que quizá reflejan las largas ausencias de Jenofonte del escenario principal de los hechos. El trabajo demuestra ignorancia respecto a los asuntos atenienses, y el foco principal es Esparta, aunque se ve una creciente desilusión con respecto a esta ciudad. Esta obra tiene más de memorias personales que de trabajo histórico. La Anábasis (Marcha hacia el interior) es un relato de primera mano de la rebelión de Ciro y del regreso de sus mercenarios griegos, bajo el mando de Jenofonte, a territorio griego por la costa del mar Negro, así como de todos los hechos relacionados con esto. Es de muy fácil lectura, y a menudo resulta entretenida; está escrita de forma que existe un distanciamiento del Jenofonte protagonista respecto al Jenofonte autor. Hay una concepción panhelénica subyacente a la obra, que sugiere que si los griegos unieran sus fuerzas, podrían poner fin a la hegemonía persa en Asia Menor. La Ciropedia (Educación de Ciro), en ocho libros, es una vida novelada y en parte ficticia del rey persa Ciro el Grande, con énfasis en su juventud, y que muestra gran interés en la cuestión del liderazgo, tanto en la esfera civil como en la militar. Se ha sugerido que Jenofonte respondía con esta obra a las ideas de Platón sobre la educación de un hombre de Estado. En fecha tardía, Jenofonte añadió una parte en la que es mucho más severo con los errores persas. También escribió varias obras sobre su relación con Sócrates. La obra breve Apología (Discurso de defensa) es marcadamente diferente de la obra de Platón: pretende mostrar que Sócrates fue deliberadamente provocativo en su discurso de defensa y que estaba preparado para afrontar la muerte por sus opiniones. Jenofonte no estaba en Atenas en la época del juicio, y probablemente obtuvo la información sobre él de Hermógenes y Calias. El Simposio es un relato de las conversaciones de una imaginaria reunión en casa de Calias en Atenas hacia el 422, que está coronado por un discurso de Sócrates sobre el tema del amor, quizá a imitación del diálogo de Platón del mismo nombre. Pudo haberla escrito Jenofonte hacia el 371 para conseguir la aprobación de Calias, que estaba trabajando en la paz entre Atenas y Esparta que llevó su nombre (Paz de Calias). Las Memorables (Memorias de Sócrates), un grupo de cuatro libros con conversaciones diversas, son el intento por parte de Jenofonte de presentar a su amigo como un hombre de moral y religión tradicionales a su propio estilo. Presenta el caso para exonerar a Sócrates de los cargos a los que tuvo que hacer frente en su juicio, y debate cuestiones de religión, educación, familia y amistad. La obra es un vivo cuadro de Sócrates, que está más preocupado por los problemas de la vida cotidiana que por la filosofía. Sócrates es también el principal orador en el diálogo Económico (Gestión de bienes), en dos partes, que consta de dos conversaciones, una con Critóbulo sobre agricultura y vida del campesino, y otra con Iscómaco sobre la forma de gestionar una casa; la última parte contiene una conversación entre Iscómaco y su esposa, que es interesante por la actitud estereotipada que revela acerca del papel de las mujeres en la familia. Agesilao, escrita a la muerte del rey espartano, en el 359, es menos una biografía que el encomio de un hombre de acción, a quien Jenofonte admiraba mucho, y repite bastantes pasajes de las Helénicas. Alaba las muchas virtudes de su personaje, pero ofrece muy poco material histórico independiente. Hierón es un diálogo imaginario entre el tirano de Siracusa Hierón I y el poeta Simónides, que visitó Siracusa en el 476; el poeta declara que es agradable ser tirano, mientras que Hierón lo refuta. Sobre la equitación, un tema en el que Jenofonte muestra una gran experiencia, es un manual básico, quizá escrito para sus hijos, sobre el arte de comprar, mantener y montar caballos, y está muy bien informado; incluye ejercicios e instrucciones sobre la lucha con caballos. Es la obra más antigua sobre este tema que se conserva. El Hipárquico (El comandante de caballería) fue probablemente escrito al final de su vida y pretende dar consejos para mejorar la caballería de Atenas. Trata, en una forma poco sistemática, de las obligaciones y poderes de un comandante y de las tácticas que ha de usar en el campo de batalla. El Cinegético (Sobre la caza) es una obra altamente técnica que explica los métodos antiguos de caza (las presas eran liebres y ocasionalmente ciervos o jabalíes, pero no zorros). La caza se hacía a pie, con redes y sabuesos. Los ingresos son consejos dirigidos a los políticos atenienses sobre cómo superar la falta de fondos en la ciudad, y argumenta en favor de un imperialismo basado en el consenso y en la admisión de los residentes extranjeros para incrementar la industria y el comercio (pudo haber influido sobre Eubulo). La Constitución de Esparta fue escrita hacia el 388, cuando él se sentía en deuda con los espartanos por su hogar en Escilunte; presenta la explicación de un sistema que difería radicalmente del de otras ciudades griegas. Atribuye a Licurgo la creación de la Constitución. Añadió en fecha tardía un último capítulo crítico. Las cualidades que los investigadores niegan a Jenofonte como historiador se las suelen reconocer como escritor. Efectivamente, todos coinciden en alabar su claridad, sencillez, viveza del relato y agradable fluidez; se reconoce su sentido de la situación dramática y elogia pasajes como el lamento que recorre los Muros Largos a la llegada de la noticia de Egospótamos; se admite que los discursos son más reales y adaptados a los personajes que los pronuncian que los de Tucídides. Jenofonte fue muy apreciado en toda la antigüedad, constantemente leído y admirado por su lengua y estilo. Cicerón lo cita a menudo, elogia su obra "más dulce que la miel" (precisamente como alusión a su fluidez y dulzura debe entenderse el apodo de la "abeja ática" y no por la pureza de su lengua. Los aticistas del siglo II d. J.C. le toman por modelo por su estilo sencillo. Flavio Arriano escribió una Anábasis de Alejandro Magno y un Cinegético en admiración por las obras de Jenofonte. Como historiador los antiguos lo colocan en el canon de los diez historiadores; incluso con Heródoto y Tucídides ocupa a veces un lugar superior. Luciano lo elogia como tal. Dionisio de Halicarnaso lo coloca detrás de Heródoto por su sencillez. Dión de Prusa lo recomienda a los jóvenes como modelo. Al considerar su obra histórica no encontramos en los investigadores modernos la misma línea de encomios, sino que las críticas suelen oscurecer las alabanzas. Algunos dicen que no es un historiador serio y que sus méritos como tal son muy menguados. Otros nos previenen de que el juicio favorable de los antiguos no ha de entenderse referido a su obra histórica, pues sólo juzgan la forma. Es injusto compararlo con los grandes modelos como Platón en filosofía o Tucídides en historia, pues no estaba dotado de alma de investigador. Se le reprocha su parcialidad, a favor de Atenas mientras estuvo en su ciudad hasta el destierro, y más tarde cuando se le levantó éste, y sobre todo a favor de Esparta: por ello oculta hechos tan importantes como el levantamiento de los hilotas, la fundación del estado independiente de Mesenia, la fundación de Megalópolis que indica el fin de su hegemonía en el Peloponeso y sobre todo oculta las operaciones de Pelópidas y Epaminondas, silencia la gran labor de Conón y su flota, la segunda liga marítima, la victoria ateniense de Naxos. Aunque algunos objetan que también hay luces sombrías del lado lacedemonio: el sometimiento de los aliados, la toma de la acrópolis de Tebas y el engrandecimiento final de Epaminondas que acaba con la hegemonía lacedemonia. En resumen, le achacan que no sepa ver muchas cosas que interesan al historiador moderno: por ejemplo, la organización interna de la Confederación arcadia. No obstante, alega en su favor que el material que presenta es fiel y muchos historiadores han acudido a él: Plutarco para sus Vidas Paralelas; Polibio dice que sus contemporáneos son menos dignos de fiar, abusan de la retórica y se olvidan del contenido histórico, describen batallas sin tener idea de la táctica militar, cosa que no ocurre en Jenofonte. Gracias a él disponemos de material de primera mano para la política de Esparta, sobre todo para su política interna; las Helénicas son la fuente principal para el siglo IV, la política tesalia con el discurso de Polidamante de Farsalo sobre Jasón de Feras, predecesor de Filipo y Alejandro; la situación de Atenas después de la derrota de la guerra del Peloponeso y otros.