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Página 715 - 1322 Palabras 35701 al 35750 de 66095

Palabra   |   Descripción

Jery-bakef

Divinidad egipcia asimilada a Ptah.

Jeschts

Himnos de Zoroastro, en alabanza de Ormuz. En uno de estos himnos, el profeta pide a Dios cual es esta palabra inefable que derrama la luz, da la victoria, conduce la vida del hombre, desconcierta los espíritus malignos y concede la salud del cuerpo y el espíritu, y Ormuz le responde: "Este es mi nombre. Esté continuamente en tu boca mi nombre, y no temerás ni la flecha del Tchakar, ni su puñal, ni su espada, ni su clava". A esta respuesta, Zoroastro se postró y dijo: "Yo adoro la inteligencia divina, que encierra la palabra, su entendimiento que la medita y su lengua que la pronuncia sin cesar".

Jesé

Padre de David. Descendía de Adán y Set, a través de Sem y Booz, y fue el antepasado del linaje regio y mesiánico de Judá. Los árboles de Jesé, en los que se representan las generaciones de Jesé que, a través de David, llegaban hasta Jesús, fueron uno de los temas iconográficos favoritos de la imagineros medievales, que los utilizaron especialmente en las vidrieras, dando lugar a las llamadas ventanas de Jesé. Aunque buena parte de ellas han sido víctimas del paso de los ss., aún se conservan algunos ejemplos espléndidos en las catedrales de Chartres y Wells, así como en la iglesia de San Esteban de Beauvais.

Jesef-Medjay

Ver, Medjay (nombre que los egipcios de la antigüedad dieron a una región del norte de Sudán, donde habitaba un pueblo de nubios. Desde el Imperio Antiguo vivían medjays en el desierto de Nubia, las montañas del ….).

Jeshván

Mes del calendario judío. El nombre de Jeshván tiene su origen en la lengua babilónica, y significa "la octava luna" (octavo mes, octubre). El nombre completo de este mes es Mar-Jeshvan. La palabra "mar" significa "gota" y hace referencia a las primeras gotas de lluvia que caen en este mes. Ver, Calendario hebreo.

Jesona

Aesona (ciudad de Hispania, que se ha identificado por algunos como Manresa (Barcelona) y por otros como Isona o Guissona (Lleida)).

Jessa

El Júpiter de los pueblos de la Sarmatia europea.

Jessé

Isaí ((siglo XI a.C.). Varón de la tribu de Judá, de la estirpe de Efrata, vecino de Belén. Fue hijo de Obed y nieto de Booz y de Rut, la moabita. Isaí tuvo ….).

Jesucristo

Jesús ((7/6 a.C.-30/35 d.C.). Llamado también Cristo o Jesucristo, de donde proviene el nombre de cristianos. Las fechas de su ….).

Jesús

o Yehoshua o Iesous o Iesus o Christós (7/6 a.C.-30/35). Llamado también Cristo o Jesucristo, de donde proviene el nombre de cristianos. Las fechas de su nacimiento y de su muerte siguen siendo inciertas. Nació en Belén de Judea durante el reinado de Herodes el Grande (que falleció en el 4 a.C.), un año en que se realizó un censo en todo el imperio romano. Las investigaciones más recientes apuntan a que pudo ser el 12 a.C., una fecha que coincide a la perfección con otro dato histórico conocido: la aparición del cometa Halley. No obstante, se han propuesto también otras fechas con criterios igualmente rigurosos. Jesús fue condenado a morir crucificado en Jerusalén durante el mandato del gobernador Poncio Pilato (27-36). La fecha de su crucifixión se suele situar entre el 30 y el 35. María, la madre de Jesús y esposa virgen de José de Nazaret, recibió en Galilea el anuncio del arcángel Gabriel, que le comunicó que concebiría y engendraría un hijo del Espíritu Santo al que habría de llamar Jesús. Debido al censo, José, que descendía del linaje regio de David, marchó a Belén, donde María tuvo que dar a luz en un pesebre al no haber encontrado alojamiento en las posadas. Tras el nacimiento de Jesús, José y su familia abandonaron Belén y huyeron a Egipto, escapando así a los designios criminales de Herodes, que había ordenado que se matara a todos los niños nacidos por aquellas fechas. Permanecieron en Egipto hasta que la muerte de Herodes les permitió regresar a Galilea sin peligro. Si bien la mayor parte de los eruditos cristianos consideran que los datos referidos a la infancia y primera madurez de Jesús poseen un carácter legendario, la historia de su visita al Templo de Jerusalén, durante la cual quedó tan impresionado que a duras penas consiguieron sacarle de allí, tiene tintes de verosimilitud. Esta inclinación por lo religioso anuncia ya lo que habría de ser una carrera dedicada por entero a la predicación, que se desarrollaría fundamentalmente en Galilea y en algunas zonas adyacentes, aunque concluiría más al sur, en Judea. Jesús fue bautizado por su primo, Juan el Bautista que, a pesar de ser sólo unos meses mayor que Jesús, ya había alcanzado notoriedad por su extravagante fervor religioso. Tras su bautismo, Jesús se retiró cuarenta días al desierto, donde rechazó por tres veces la tentación de Satanás, que le prometía poderes mágicos y el dominio del mundo. No tardó mucho en labrarse una reputación como predicador ambulante en Galilea y pronto comenzó a congregar grandes multitudes. Eligió un selecto grupo de seguidores que, con el tiempo, se convertirían en los doce apóstoles, la punta de lanza de la expansión misionera de su doctrina. Su elocuencia natural se veía reforzada por las curas que realizaba y los milagros que hacía. Espoleado por su celo misionero, o motivado quizá por el temor a correr la misma suerte que Juan el Bautista (que había sido decapitado por orden del tetrarca de Galilea), Jesús abandonó Galilea y se dirigió primero al oeste, hacia la costa filistea, y luego al este, en dirección a Decápolis, zona situada al sur de Galilea a caballo entre las dos orillas del Jordán. Los seguidores que se encontraban más unidos a él, Pedro especialmente, adivinaron que se trataba del Mesías, es decir, el redentor que según las profecías había de restaurar el poder y la fortuna secular de los judíos bajo la égida de su único Dios. Jesús reconoció ante ellos que era el Hijo de Dios, pero les encareció que no lo difundieran. La confirmación de tal aserto, si es que era necesaria, se produjo cuando se retiró a un lugar apartado, donde los tres apóstoles que le acompañaron pudieron asistir a su espectacular transfiguración en una figura de resplandeciente blancura que departía con Moisés y Elías. Según las imaginativas narraciones de su vida escritas algunas décadas más tarde, los Evangelios, Jesús predicaba la llegada inminente del "Reino de los Cielos". La imagen que nos ofrecen de Jesús los Evangelios es la de un profeta, sanador, exorcista y hacedor de milagros que proclamaba la llegada inminente de un nuevo reino y que desafiaba a sus oyentes a afrontar que no estaban preparados para la nueva era. Esto estaba dentro del marco de la tradición judía y era especialmente practicado por los fariseos, pero Jesús ofrecía interpretaciones más libres de la ley judía, que le condujeron a un enfrentamiento con las autoridades religiosas oficiales. Jesús se hizo tremendamente popular y reunió a un gran número de discípulos y oyentes, incluidas muchas mujeres, aunque él, aparentemente, no estaba casado. Su relación con notorios pecadores y con los odiados recaudadores de impuestos, considerados agentes de Roma, fue juzgada escandalosa por sus detractores, los escribas y los fariseos. Puede que Jesús esperara una intervención divina (el "Día del Señor"), por la cual Dios habría expulsado milagrosamente a los romanos y habría establecido un Estado puramente judío, con Jesús como su gobernante. La forma preferida para transmitir sus enseñanzas eran las parábolas, de las que se han conservado más de treinta. La parábola es un relato breve, compuesto con materiales cotidianos y con no más de uno o dos personajes, cuyo objetivo es comunicar una enseñanza mediante un paralelismo común pero inesperado. En un primer momento su electo puede resultar desconcertante o turbador, por lo que exige mucha atención e invita a una ulterior explicación. Tal y como fueron utilizadas por Jesús, las parábolas eran, ante todo, fábulas morales: sus elementos, por más corrientes que sean, están siempre al servicio de un mensaje de carácter moral. Aunque Jesús se había educado en la tradición judía (probablemente no conoció ninguna otra) y respetaba la Ley y los profetas, sus enseñanzas transmitían de forma insistente, e incluso subversiva, el mensaje de que la Ley y los profetas no eran suficientes. De hecho, igual que hicieron algunos profetas, exigía algo más que el conocimiento pormenorizado de la Ley y la estricta observancia de sus preceptos, pues, a su modo de ver, éstos debían subordinarse a un código de comportamiento de valor superior. Esto hacía que a los ojos de sacerdotes y doctos Jesús resultara un hombre peligroso y, cuanto más entusiasmo popular iba despertando su persona, más se fueron convenciendo los guardianes de la Ley de que era un peligro. Aunque su popularidad se asentaba sobre todo en sus actos (en sus milagros principalmente), fueron sus palabras las que más ofendieron a las autoridades judías y romanas. Al tratar la Ley como un punto de partida más que como un conjunto de normas inamovible y autosuficiente, no sólo desafió las creencias establecidas sino que puso igualmente en entredicho la autoridad de los intérpretes y defensores de tales creencias (los fariseos y los saduceos), a la vez que perturbaba la tranquilidad de las autoridades romanas que, ante todo, querían evitarse conflictos. Pero Jesús también conmocionó las convenciones de su tiempo y lugar, de otras maneras. Se empeñaba en hablar bien de los marginados, fueran éstos prostitutas, leprosos, publicanos o samaritanos. Sus enemigos fruncían el ceño al ver la compañía de la que se rodeaba y lo que decía de ellos. Y si bien no hizo de menos los pecados tradicionales, no por ello dejó de señalar que cada pecador concreto podía tener igualmente virtudes que pesaran aún más que sus pecados. Emparentada con este punto de vista tan impopular, ha de situarse su tendencia a defender la causa de las personas de más baja extracción social, a las que dio esperanzas, llegando a decir que bien podía suceder que los que eran superiores a ellos en las jerarquías de la propiedad y el poder terminaran por descubrir que su amor por las riquezas era incompatible con la salvación. No menos original era su condena de la violencia. Fue tajante en la reprimenda que soltó a Pedro por haber cortado la oreja de Malco y condenó de forma global todo recurso a la espada. A diferencia de Juan el Bautista, no era un eremita que pasara la mayor parte de su vida en el desierto, por lo que sorprende comprobar hasta qué punto se hallaba desvinculado de esa parte de la tradición comunitana judía que se gloriaba de las hazañas guerreras de los jueces, los reyes de Israel y Judá o los Macabeos. Su idealismo sin concesiones (que, dos mil años después, sigue pareciendo poco práctico, aunque continúe vivo y siendo objeto de debate) queda perfectamente reflejado en el Sermón de la Montaña. Si bien es probable que dicho sermón nunca llegara a pronunciarse en los términos en que figura en el Evangelio de Mateo (que debió de recopilarlo partiendo de diversos dichos de Jesús), su autenticidad está garantizada por su alejamiento tanto de las doctrinas convencionales como de la denuncia profética al uso. Paz, amor, justicia y oración: éstos serían los rasgos distintivos de ese Reino de Dios cuya llegada se anunciaba. A pesar de considerarse un heraldo de dicho reino, Jesús nunca dijo cuándo habría de producirse su advenimiento (de hecho, dijo no saberlo), de tal modo que el carácter apremiante de su mensaje no venía motivado por la inminencia de esta imprecisa transformación de la sociedad sino por la incertidumbre sobre el momento en que habría de tener lugar. En cualquier caso, la certeza de que tal transformación llegaría, constituye la piedra angular de su enseñanza. El éxito que tuvo Jesús entre el pueblo se debió más a sus actos que a sus palabras. Las gentes se arremolinaban a su alrededor por lo que hacía y por lo que se decía que podía hacer. Los milagros de Jesús, además de ser muy numerosos, fueron en algunos casos bastante espectaculares. Muchos de ellos eran de carácter terapéutico: curación de enfermedades, recuperación de la vista y, como se decía en el lenguaje de la época, expulsión de demonios, causa y síntoma a la vez de algún mal. En alguna ocasión este poder curativo alcanzaba también a la muerte, permitiéndole devolver la vida a personas ya fallecidas, como sucedió con la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Naím y Lázaro. Algunas historias milagrosas, sin embargo, no guardan relación alguna con la enfermedad o la muerte. Tal sería el caso de la facultad de caminar sobre las aguas, de hacer amainar una tormenta, de alimentar a una multitud con un número insignificante de panes y peces o de transformar el agua en vino, como sucedió en las bodas de Caná. Los cuatro evangelistas narran de forma pormenorizada una serie de milagros, además de hacer referencia de modo más general a muchos otros más. El propósito de todos ellos era dejar claro que Jesús no era un hombre común o un profeta más, sino el verdadero Mesías. Todos los Evangelios culminan con el procesamiento y la muerte de Jesús y sus redactores hicieron avanzar su narración hacia esos sucesos terribles mediante una acumulación de actos milagrosos que, además de ofrecer un ejemplo de la atracción que ejercía Jesús sobre las multitudes, servían para demostrar el carácter excepcional de su vida y, por consiguiente, de su muerte. Los milagros eran algo más que una serie de relatos extraordinarios, constituían una parte esencial de la defensa del carácter mesiánico de Jesucristo y, tras la Resurrección, de la propia defensa de la preeminencia cristiana. Estos dos aspectos dificultarían enormemente el entendimiento entre los judíos cristianos y el resto de la comunidad judía, a cuyos líderes los cristianos acusaban de deicidio (esta acusación que, más adelante, la lglesia cristiana hizo extensiva al conjunto de la comunidad judía se convirtió en un componente fundamental del antisemitismo cristiano). Los últimos episodios de la vida de Jesús se desarrollaron en Jerusalén. Aunque los evangelistas difieren sobre el número de veces que estuvo Jesús en Jerusalén antes de su visita final, todos coinciden en dar el máximo relieve a esta última. Era lógico que así lo hicieran, pues, aparte del innegable dramatismo de los acontecimientos que allí sucedieron, de haberse producido la muerte de Jesús en algún otro lugar jamás habría alcanzado tanta resonancia. Judea y su capital, Jerusalén, constituían el punto cardinal de una sociedad, para la cual Galilea, el lugar donde Jesús había pasado la mayor parte de su vida, era poco más que una zona provinciana. Si bien es cierto que Galilea era un territorio que, gracias sobre todo a sus pesquerías y su producción olivarera, gozaba de un aceptable grado de prosperidad, no era ni un centro religioso ni la sede de la administración y el poder romanos. Cuando un Jesús lleno de premoniciones, pero con plena determinación, marchó a Jerusalén, sabía el peligro. Su entrada en la ciudad se convirtió en una procesión triunfal y, por lo tanto, en un acto de desafío; una circunstancia que se vería agravada por la violencia (nada habitual en él) con que se comportó en el Templo, donde fustigó a los que se dedicaban a la tarea, nada piadosa, sin duda, pero absolutamente legal, de la compraventa y cambio de moneda. Durante las conversaciones que mantuvo con sus discípulos en privado puso el máximo empeño en prepararles para vivir sin su presencia, en hacerles asumir sus futuras responsabilidades y (particularmente durante la última cena que celebraron juntos) en solemnizar los lazos que les unían con él y con la futura comunidad cristiana. Por su parte, las autoridades del Templo y los romanos no tardaron mucho en ponerse de acuerdo. Llegado el momento, uno de los doce (Judas Iscariote) acudió a los sacerdotes para traicionar a Jesús y, según lo acordado, lo hizo identificándole mediante un beso en el huerto de Getsemaní, el lugar adonde Jesús se había retirado a rezar. Todo ello ocurrió de noche, quizá porque los sacerdotes tenían miedo de arrestar a Jesús a pleno día. Jesús fue arrestado en un huerto a las afueras de la ciudad por los hombres del sumo sacerdote o por una unidad de soldados romanos dirigidos por un tribuno militar. El sumo sacerdote, Caifás, y un grupo informal de miembros de su consejo oficial, el Sanedrín, lo enviaron al prefecto romano de Judea, Poncio Pilatos, para que lo juzgara y ejecutara por alborotador y rebelde en potencia. Estos temían la cólera de los romanos si permitían las aparentes amenazas de Jesús sin detenerlas: era también sospechoso de ser el líder de una banda de galileos que tenían fama de rebeldes. Tanto los Evangelios como muchas otras tradiciones cristianas nos presentan a un gobernador, Poncio Pilato, que actúa bajo la presión de unos sacerdotes que serían los que verdaderamente querían eliminar a Jesús. Sin embargo, conviene no olvidar que también los romanos tenían motivos para temer a Jesús, pues, por escaso que fuera el interés que tenían por su doctrina o por sus disputas con fariseos y saduceos, no podían dejar de advertir que Jesús reivindicaba para sí el trono de una provincia que acababan de anexionarse y que estaba resultando bastante conflictiva. Jesús fue conducido en primer lugar al Consejo del Sanedrín, que en aquel entonces presidía el sumo sacerdote Caifás. Juan, no obstante, menciona un encuentro secreto anterior con Anás, antiguo sumo sacerdote y suegro de Caifás. Los sacerdotes trataron de tenderle una trampa para que hiciera alguna declaración blasfema, pues no estaba muy claro que su afirmación de que las hubiera hecho antes fuera cierta. En cualquier caso, carecían de autoridad para condenar a un reo a muerte y, por lo tanto, fue enviado al tribunal del gobernador Pilato, que quizá se sintiera atrapado entre la presión de los sacerdotes y el apoyo popular con que contaba Jesús. Ateniéndose a una vieja costumbre, que le confería la facultad de soltar a un preso a petición popular durante la festividad de la Pascua judía, ofreció la libertad de Jesús. Dio a escoger a la multitud entre Jesús y un delincuente convicto, de nombre Barrabás, pero la multitud (influenciada por los sacerdotes o por los partidarios de Barrabás) escogió a este último y, a partir de ese momento, Pilato se lavó las manos de todo aquel asunto y se puso en marcha el truculento y parsimonioso procedimiento de una ejecución romana: la flagelación, el vilipendio y, finalmente, la muerte lenta en la cruz. Jesús fue crucificado en un sitio próximo a Jerusalén, denominado Gólgota, "el lugar de la calavera". Un transeúnte, Simón de Cirene, fue obligado a ayudar a Jesús a cargar con la cruz, en la que, a modo de burla, se le describía como rey de los judíos. A uno y otro lado de él murieron crucificados dos ladrones. Mientras agonizaba, se produjeron una serie de fenómenos sobrenaturales, que sólo eran explicables dando por supuesto que aquel hombre era efectivamente el Hijo de Dios. Por reclamar ser el rey de los judíos, y por tanto un rebelde contra Roma, Jesús fue crucificado (el castigo romano habitual para los criminales sin derecho a voto) probablemente el 30 de marzo del 36, un día antes de la Pascua (Evangelio según san Juan). Ninguno de sus discípulos compartió el castigo, lo que sugiere que las autoridades se dieron por satisfechas con haber hecho frente a la amenaza que Jesús representaba. Uno de sus seguidores, José de Arimatea, pidió a Pilato que le entregara el cuerpo de Jesús para enterrarlo en un huerto cercano. Una vez allí, el cadáver fue colocado en una cueva, cuya entrada quedó sellada con una piedra; una medida que, según una versión de los acontecimientos, fue tomada por los sacerdotes por miedo a que los seguidores de Jesús robaran el cadáver para asegurar después que había resucitado. Fue en esta tumba donde, recién finalizado el Sábat, un grupo de mujeres realizaron un descubrimiento de capital importancia. A diferencia de sus seguidores masculinos, que habían optado por la huída, estas mujeres (a las que la Biblia pone distintos nombres) habían acompañado a Jesús en el momento de la crucifixión y habían permanecido al pie de la cruz hasta su muerte. Cuando dos días después fueron al sepulcro, la piedra había sido retirada y la tumba estaba vacía. Según el relato más vívido de los hechos (el de Juan), fue María Magdalena quien hizo el descubrimiento y, tras llamar a dos de los apóstoles, vio a Jesús en persona, si bien en un primer momento lo confundió con el encargado de cuidar el huerto. Jesús también se apareció a otras personas (de camino a la aldea de Emaús y en Galilea) y, una vez quedó demostrado que había resucitado de entre los muertos, ascendió a los cielos. Hay una gran discrepancia entre los cuatro Evangelios sobre los detalles de los hechos acaecidos durante los últimos días de su vida. Su hermano Santiago, que se había mantenido alejado de la misión de Jesús, se convirtió en el líder de sus seguidores judíos, y la rama de Jerusalén de este movimiento continuó como una secta judía (los nazarenos o ebionitas) hasta que Adriano expulsó a los judíos de Judea en el 134. Durante su vida activa en la tierra, la mayoría de las personas que conocieron a Jesús lo vieron bien como el Mesías, una figura con una sólida tradición dentro del judaísmo, o bien como un impostor. Sin embargo, los dos polos entre los que se desarrolló su vida (la Encarnación al principio de la misma y la Resurrección al final) no figuran en dicha tradición. El Mesías judío no era una encarnación de la divinidad ni se esperaba de él que resucitara. Cuando, poco después de la muerte de Jesús, estos dos hechos pasaron a convertirse en creencias firmemente establecidas, nació una nueva religión. No hay ninguna referencia contemporánea sobre la existencia de Jesús: aparte de una alusión breve y compasiva de Josefo (contaminada por un interpolador cristiano) escrita en las antigüedades judías cincuenta años más tarde, los primeros documentos sobre él son cristianos. Algunos miembros de las primeras comunidades cristianas, ya separadas del judaísmo, escribieron relatos sobre él: se trata de los cuatro Evangelios y de los Hechos de los Apóstoles, escritos del ca. 70 en adelante. No fueron escritos por ni para historiadores, sino para extender una ideología religiosa. Otros testimonios y cartas abiertas, a menudo bajo seudónimo y de tono antisemita, fueron escritos unos cuarenta años después de su muerte. Al considerar la vida de Jesús, es muy difícil separar los hechos de los mitos. Su importancia histórica reside en el efecto de la extensión de una fe redentora centrada en su vida y en su muerte, basada en los relatos ofrecidos por los Evangelios y en la conversión de no judíos como Pablo de Tarso y otros, que compitió y finalmente, tras la conversión de Constantino I, sustituyó a las demás religiones y filosofías del Bajo Imperio Romano. El siglo posterior a la separación de la Iglesia (ahora en gran parte gentil) del judaísmo, un cambio producido por Pablo de Tarso y otros misioneros cristianos y acelerado por la caída de Jerusalén por Tito en el 70, contempló un gran desarrollo en la naturaleza del cristianismo. Posteriormente, la Iglesia se organizó como un Estado paralelo, siguiendo una línea territorial basada en los distritos administrativos romanos e incorporando bastante filosofía griega a su teología. Paradójicamente, buena parte de la cultura del mundo clásico se conservó a través de la fortaleza de las Iglesias romana y bizantina, aunque los cristianos también censuraron y destruyeron muchas cosas valiosas, como los documentos relativos al epicureísmo y otras filosofías, obras cómicas y poesía erótica, como los poemas de Safo. Las primeras referencias a la persona de Jesús en documentos no cristianos, aparecen en fuentes tardías tanto judías (Flavio Josefo y el Talmud) como paganas (Tácito y Suetonio). Ver, María, Cleofás, Eusebio, Gregorio, Hermas, Atanasio, Basilio, Clemente, Justino, Orígenes.

Jesús Siracida

(siglo II a.C.). Autor del Eclesiástico, hijo de Sirach o Sirá. No se saben particularidades de su vida, y hasta se ignora la época en que vivió, aunque la opinión más fundada lo coloca en el siglo II a.C. El autor del Eclesiástico sacó sus apogtemas en parte del Antiguo Testamento, en parte de otras colecciones de sentencias o gnomos que ya no existen e insertó el fruto de sus propias meditaciones provocadas por la lectura del Antiguo Testamento. Fue una guía moral del siglo II a.C., cuyo epílogo lo constituye la espléndida invocación: "Hagamos ya el elogio de los hombres ilustres, de nuestros padres según su sucesión... ". Los protestantes tienen al Eclesiástico por apócrifo.

Jeti I

Áctoes Áctoes I ((siglo XXII a.C.). Faraón (ca.2.160) del Primer Período Intermedio y de la Dinastía IX/X (2.160-2.040)).

Jeti II

Nebkaure Áctoes II ((siglo XXII a.C.). Faraón (ca.2.150) del Primer Período Intermedio y de la Dinastía IX/X (2.160-2.040). Tambien conocido como Jeti II o Khety II. Sucesor, según el Papiro ….).

Jeti III

Uahkare Áctoes III ((ss. XXII-XXI a.C.). Faraón (ca.2.120-2.085) del Primer Período Intermedio y de la Dinastía IX/X (2.160-2.040). También conocido como Jeti III o Khety III. Sucesor de un monarca, cuyo nombre no ha ….).

Jeti IV

Meribre Áctoes IV ((siglo XXI a.C.). Faraón (¿ca.2.075?) del Primer Período Intermedio y de la Dinastía IX/X (2.160-2.040). Tambien conocido como Jeti IV o Khety IV. Su nombre newst bity fue el de ….).

Jetis

Hijo de Atergatis, reina de Siria. Ver, Mopso.

Jetró

Sacerdote madianita y suegro de Moisés. A veces se le denomina también Reuel o Ragüel.

Jezabel

o Izébel (siglo IX a.C.). Reina (ca.860) fenicia de Samaria. Hija de Ithobaal I, rey de Tiro y Sidón, logró desposarse con el rey de Israel, Acab. Este matrimonio, totalmente diplomático, provocó en Israel la introducción, con la tolerancia del rey, del culto a Baal y del lujo asiático, así como la persecución de los profetas, según se lamenta Elías. Su matrimonio constituyó un experimento de política dinástica cuyos efectos fueron catastróficos. Extranjera de raza y de religión, Jezabel ofendió gravemente a los sectores más conservadores de Israel, que la tildaron de idólatra y prostituta. Sus intrigas la llevaron a que Acab asesinase a Nabot y a sus hijos por causa de una viña que el rey deseaba. La ambiciosa e inteligente Jezabel murió al ser arrojada desde una ventana del palacio por unos criados, coincidiendo con la entrada de Jehú en Yizreel. Tal mujer fue la madre de Joram, rey de Israel, la suegra de Joram, rey de Judá, y la abuela de Ocozías, también rey de Judá. Ver, Nabot.

Jezd

o Jezdan o Ized. Nombre del dios todopoderoso en la antigua lengua persa. Lo es también del primer principio del bien.

Jezdan

Jezd (Nombre del dios todopoderoso en la antigua lengua persa. Lo es también del primer principio del bien).

Jézide

o Jecideo. Nombre que significa hereje entre los mahometanos. En este sentido, Jezideo es opuesto a musulmán. Algunos hablan de los jézides, como de un pueblo particular que habla una lengua diferente del turco y del persa, aunque se semeja algún tanto a la primera. Dicen que hay dos especies de jézides, blancos y negros. Los primeros no traían el cuello de sus camisas hendido: no tenía más que una abertura redonda para meter la cabeza, y esto en memoria de un círculo de oro y luz bajado del cielo en el cuello de su gran sheik, o jefe de sus sectas. Los jézides negros son fakires o religiosos. Los turcos y los jézides se aborrecen mutuamente, de modo que la mayor injuria que podía hacerse aun hombre en Turquia era llamarle jézide. Al contrario, los jézides amaban mucho a los cristianos, porque una de sus tradiciones decia que Jezide hizo en otros tiempos alianza con los cristianos contra los musulmanes. Bebían vino, y a veces en exceso, y comían tocino. No recibían la circuncisión, sino cuando los turcos les obligan a admitirla. Su ignorancia era extremada: no tenían ningún libro; sin embargo creían en el Evangelio y en los libros sagrados de los judíos, sin leerlos ni tenerlos. Hacían votos y peregrinaciones; pero no tenían ni mezquitas, ni templos, ni oratorios, ni fiestas, ni ceremonias, y todo su culto se reducía a cantar canciones espirituales en honor de Jesucristo, de la Virgen y de Mahoma. Cuando oraban se volvían hacia el lado del oriente, como los cristianos, mientras que los turcos miraban entonces al medio día: creían posible que el diablo se reconciliara con Dios, y lo miraban como ejecutor de su justicia en el otro mundo. De aquí se deduce que es un deber de religión el no maldecirlo, temerosos de que no se vengará. Así cuando hablaban de él le llamaban el ángel pavo; o el que los ignorantes maldecían. Los jézides negros eran reputados por santos, y no estaba permitido llorar su muerte; al contrario todos se alegraban y la mayor parte de ellos eran pastores. Les estaba prohibido matar por sí mismos los animales que debían comer, y dejaban este cuidado a los jézides blancos. Los jézides caminaban juntos como los árabes mudaban con frecuencia de residencia y habitaban debajo de tiendas negras hechas de pelo de cabra, y rodeadas de cañas, y de espinas atadas juntas. Disponían estas tiendas en círculo y ponían en medio a sus rebaños. Compraban sus mujeres, cuyo precio, fueran cuales fueren, era por lo común de 200 escudos. Les era permitido el divorcio, cuando tenía por objeto hacerse fakir. Era un crimen entre ellos afeitarse o cortarse la barba por poco que fuera. Tenían ciertas costumbres que parecían demostrar que descendían de los cristianos; por ejemplo en sus festines el uno presentaba al otro una taza llena de vino, y le decía: Tomad el cáliz de la sangre de Jesucristo. Este bajaba la mano del que le presenta la taza y bebía.

Jezrael

Jezreel.

Jezreel

Primogénito del profeta Oseas y su esposa Gómer.

Jezreel

(hebreo, Yizre'el). Ciudad y fortaleza israelita originalmente dentro de los límites de la tribu de Isacar, y más tarde dentro del reino del norte de Israel. Antes de la división del reino de Israel, la ciudad era la ciudad natal de Ahinoam, la tercera esposa del rey David. Según el Libro I de los Reyes, el palacio real del rey Acab, una de las residencias reales más famosas de los reyes de Israel, estaba en Jezreel, adyacente a la villa de Nabot. La capital de Acab permaneció en Samaria. Un poco al sureste queda una sierra de montes calcáreos, en forma de creciente, tradicionalmente identificada con el monte Gilboa. El moderno sitio arqueológico esta ubicado en una colina baja de unos 30 m de altura, en el borde sur al este del valle Jezreel, en el norte de Israel. Se considera que las "impresionantes vistas" que el sitio domina hacia el norte y el este han tenido una importancia estratégica en la época israelita, porque la carretera comercial y militar de Egipto a Siria y Mesopotamia pasó por Megiddo, Beth Shean y por el valle de Jezreel. El agua fue suministrada por cisternas dentro de las paredes y por el manantial de 'En Jezreel al noreste de la fortaleza. Debido a su ubicación estratégica, los recursos abundantes de agua y el excelente pastoreo en el valle de Jezreel, se cree que Jezreel fue la base de los cuerpos de carros y caballería del rey Acab. Jezreel fue una fortaleza del siglo IX a.C. construida posiblemente durante el reinado del rey Omrí, pero ciertamente activa en los reinados del rey Acab y su consorte, la reina Jezabel y su hijo, el rey Joram. Fue destruida poco después, posiblemente por los arameos a fines del siglo IX a.C.. La cerámica encontrada en la fortaleza durante la excavación corresponde a todas las fechas de este breve período. La fortaleza se construyó en el sitio de una pequeña aldea que existió en la Edad del Bronce Temprano (ca.2.750-2.300 a.C.) y la Edad del Bronce Tardío (ca.1.550-1.150 a.C.). El nombre helenístico de la ciudad y de la planicie a su alrededor era Esdrelón. El Itinerarium Burdigalense la llama por su nombre latinizado, Stradela. En 1.987, una excavadora que trabajaba cerca del sitio descubrió accidentalmente estructuras antiguas, realizándose una excavación de rescate que condujo a la excavación principal durante siete temporadas, desde 1.990-1.996, prosiguiendo en el verano de 2.012.. Las excavaciones descubrieron un muro de casamatas y cuatro torres salientes que rodeaban la fortaleza, construidas con una combinación de sillares, cantos rodados y piedras más pequeñas, y un nivel superior de ladrillos de adobe. La fortaleza encerraba un área de casi 4,4 Ha. Tenía 860 m de largo y 470 m de ancho, y se defendía por una fuerte pendiente hacia el norte y un foso de 20 m de profundidad y una muralla en los otros tres lados. Jezreel probablemente contenía tanto un viñedo como una bodega cerca de una instalación hecha para albergar a cualquier rey israelita visitante, lo cual es consistente con varias afirmaciones con respecto a la historia del presunto propietario del viñedo, un hombre llamado Nabot, mencionado en el Libro bíblico de I Reyes. Nabot era de Jezreel, y fue apedreado fuera de la ciudad por haber rehusado vender su viña al codicioso Acab. En dicho viñedo el profeta Elías pronunció el juicio de Jehová contra la casa de Acab y la profecía se cumplió. Jehú mató al hijo de Acab, el rey Joram, y luego mandó que su cadáver fuera lanzado en el campo de Nabot. Jezabel, esposa de Acab, se convirtió en alimento para los perros necrófagos de Jezreel, cuando fue lanzada desde una ventana a las órdenes de Jehú. Las cabezas de 70 hijos de Acab, ejecutados por sus tutores en Samaria, fueron apiladas en dos montes junto a la puerta de Jezreel. No escapó ninguno de los hombres destacados de los conocidos y de los sacerdotes de Acab en Jezreel. Si bien los viñedos no dejan restos arqueológicos directos, un análisis de suelo encontró que una parcela de tierra en Jezreel era adecuada para cultivar uvas, mientras que los suelos en los campos más al oeste de la ubicación se consideraron de calidad adecuada para el cultivo de aceitunas. Además, se descubrieron numerosos indicadores de una antigua bodega en una instalación particularmente impresionante excavada en el lecho rocoso de piedra caliza al pie de la colina de Jezreel. Tales indicadores incluyen escalones excavados en la roca, dos cubas adyacentes, cada una de más de un metro de profundidad; otro piso conectado a una cuba por un canal cortado en la roca, un cuenco circular profundo que posiblemente funcionó como cuba adicional y un sumidero para la recogida de líquidos. Hoy, Zer'in (Tell Yizre'el), situada a unos 11 km al NNE de Yenín (En-ganim), y a unos 13 km al sudeste de Meggido, al norte de Cisjordania, Palestina. Ver, Valle de Jezreel.

Jezreel

Descendiente de Judá. Era posiblemente el antecesor de los habitantes de Jezreel.

Jidava

o Jidova o Sidova. Asentamiento romano de la Dacia Malvensis, en el limes Transalutanus, fundado a finales del siglo II o comienzos del III. Este campamento auxiliar fue construido con muros de piedra y tenía unas dimensiones de 100x132 (1,3 Ha). Una de las unidades presentes fue la Flavia Comagenorum. El campamento fue destruido por un incendio devastador en 244-245. Se conservan sus ruinas y múltiples objetos. Hoy, Schitu Golesti, provincia de Muntenia, condado de Arges, Rumanía.

Jiddish

Yiddish (lengua vernácula de los judíos ashkenazim, nacida hacia el año mil en los valles del Rhin y del Moselle, es una mezcla de hebreo, alemán medio-alto y arameo. Perteneciente al ….).

Jidova

Jidava (asentamiento romano de la Dacia Malvensis, en el limes Transalutanus).

JIGORUL MARE

Castro romano de la Dacia Apulensis. Tiene planta rectangular con unas dimensiones de 240x310 m. Hoy, Jigorul Mare, provincia de Transilvania, distrito de Hunedoara, Rumanía.

Jilquías

Sacerdote de Jerusalén en tiempos de Josías. Durante las obras de restauración del Templo, llevadas a cabo hacia el 621 a.C., encontró un libro de la Ley, probablemente el libro del Deuteronomio, y, contando con el apoyo entusiasta del monarca, promovió un movimiento que era tanto una reafirmación de las creencias y usos tradicionales como un anticipo del rígido carácter ritualista y sacerdotal de la constitución que Israel adoptaría en los siglos venideros.

Jince

Hija de Pan y de Eco. Hizo que Zeus se enamorase de la bella Io, por lo que Hera se vengó transformándola en pájaro.

Jiram

(ss. XI-X a.C.). Rey de la ciudad fenicia de Tiro, amigo de David y, posteriormente, socio y aliado de Salomón. En virtud de un acuerdo de trueque, suministró a Salomón los cedros y abetos necesarios para emprender la construcción del Templo, a cambio de alimentos y aceite. Jiram contribuyó asimismo a la construcción de los palacios de Salomón y de su esposa, así como a la suntuosa decoración de los mismos. Su flota y la de Salomón navegaron juntas hasta Ofir, al otro extremo del Mar Rojo, para obtener oro, madera y piedras preciosas. Ambos monarcas mostraban idéntica afición por el lujo. En la antigüedad, Tiro era una isla unida a tierra firme por medio de un paso elevado, que posiblemente fuera construido en tiempos de Jiram. Su excelente puerto hizo de ella uno de los principales centros del comercio mediterráneo. Consiguió mantenerse pujante hasta el siglo XII, cuando los musulmanes, en su intento de repeler el ataque cruzado, la destruyeron. La púrpura de Tiro, un tinte añil hecho del caracol marino mediterráneo murex brandaris, era el símbolo del éxito del comercio de lujo de esta ciudad. El filósofo neoplatónico Porfirio recibía tal nombre por ser natural de Tiro.

Jirbet

o Khirbet o Khirbat. Nombre árabe de la palabra ruinas. El término se encuentra como primera parte de muchos topónimos de Oriente Medio.

Jiroft

Ciudad de Irán, al sudeste del país, en la provincia de Kerman. Al sur de las montañas Bariz o Baridjan. Importantes hallazgos de la Edad del Bronce. Una de las hipótesis es que habría formado parte del reino de Aratta, país rico de donde los sumerios se proveían de materiales escasos en su país, tales como plata, oro y lapislázuli. La historia de la ciudad es desconocida y se encontraba seguramente cerca de la moderna Sabzawaran, Irán.

Jitón

o Khitón o Chitón. Vestido griego en forma de túnica. )o()o( El jitón dórico era de lana y corto. )o()o( El jitón jónico era de lino y largo. Consistía en una túnica cuyas mangas iban por lo general cosidas, a la que se añadía un chal. Se ceñía al cuerpo con un cíngulo o cinturón, abrochado en el hombro mediante una fíbula. Era propio de hombres libres llevar el jitón abrochado en los dos hombros, siendo característico de clases más humildes el jitón abrochado a un solo hombro (exomis). )o( Ver, Diploidion, Vestido, calzado y complementos.

Jmunu

Hermópolis Magna (Unu o Jmunu o Jemenu, "la ciudad de los ocho", los ocho genios de las fuerzas iniciales, cuatro masculinos, cuatro femeninos, que residían en el "caldo inicial", sin luz, y cuyo ….).

Jmy-r Hekau

Supervisor de Magos. Ver, Sacerdote de Selkis (otra rama del sacerdocio egipcio, muy especializada, era la de los Sacerdotes de Serket o, lo que es lo mismo, Sacerdotes de Selkis, más relacionados con ….).

Jnemibre Amasis

(siglo VI a.C.). Faraón del Período Saíta y de la Dinastía XXVI (672-525), que reinó entre 570-526. En egipcio Ahmes o Ahmés o Aah-mes. También conocido como Amasis o Amosis II. General que acaudilló la reacción nacionalista contra Haaibre Ápries, a quien sucedió. No parece haber tenido parentesco con el anterior rey, a pesar de lo cual Manetón le incluye dentro de la misma Dinastía XXVI. Parece ser que apenas subido al trono, tuvo que hacer frente aún, a un postrer intento de intervención de Nabucodonosor II, quien tal vez llegó hasta el Delta, pero sin aparentes consecuencias. Amasis fue especialmente hábil en atraer bajo el control del Estado a las numerosas y crecientes comunidades de extranjeros que vivían en Egipto en aquella época, y en establecer una relación armoniosa con sus vecinos. Fue un rey extraordinariamente popular y gobernó con habilidad y prudencia, lo que no le libró de críticas irrespetuosas dirigidas a su vida privada. Su fama de vividor, justa o no, no impide considerarle como el último gran rey indígena de Egipto. Casó con una hija de Psamético II, hermana o hermanastra de Haaibre Ápries. El nacionalista Amasis, resultó ser el más filoheleno de los reyes saítas. Se alió con Cirene y casó con una princesa cirenaica. Concentró a los comerciantes, con todo el comercio griego, en Náucratis, mientras que de los mercenarios griegos hizo su guardia personal. Hacia el 565 se apoderó de Chipre, hecho sin precedentes en la historia egipcia, probablemente para contrarrestar la caída de Tiro. Una de las preocupaciones de Amasis serán los impuestos. Heródoto le considera el inventor del impuesto sobre las rentas: "que todo egipcio hiciera conocer al nomarca, anualmente, sus medios de subsistencia; quien no lo hiciere y no justificare fuentes honestas, fuera castigado con la pena de muerte". Con este sistema fiscal, se piensa que su reinado fue el más próspero de la época. Al igual que sus predecesores del Período Saíta, fue un gran protector de la cultura, la cual se caracteriza por un constante esfuerzo de retorno a los orígenes, que dió a la cultura saíta un marcado caracter arcaizante. Adornó el país con monumentos magníficos. Ante la ascensión persa, se coaligó con Nabonido de Babilonia, Creso de Lidia y Esparta, para intentar contrarrestar su creciente poder. Ciro II se adelantó a sus movimientos apoderándose de Sardes, capital de Lidia en Asia Menor, donde hizo prisionero a Creso (546). Los persas no se detuvieron y se apoderaron una tras otra de las ciudades griegas de la Jonia, en la costa egea del Asia Menor. Amasis, tras ver caer a todos sus aliados, fijó una nueva alianza con Polícrates, tirano de Samos, que disponía de una poderosa flota. El fallecimiento de Amosis fue considerado la ocasión propicia por Cambises II, hijo de Ciro II, para atacar Egipto. Su hijo, el nuevo faraón Anjkare Psamético III, apenas tuvo tiempo de subir al trono. Vencido por Cambises II, los persas se apoderaron rápidamente de Egipto, poniendo punto final al Imperio Saíta.

Jnufis

Jnum (dios egipcio muy antiguo, posiblemente del Predinástico que permanece en el panteón durante toda la historia faraónica. Su nombre parece designar, primitivamente, a su ….).

Jnum

Hermópolis Magna (Unu o Jmunu o Jemenu, "la ciudad de los ocho", los ocho genios de las fuerzas iniciales, cuatro masculinos, cuatro femeninos, que residían en el "caldo inicial", sin luz, y cuyo ….).

Jnum

o Khnum o Cnum o Khnemu. Su nombre griego es Jnufis o Jnumis. Dios egipcio muy antiguo, posiblemente del Predinástico que permanece en el panteón durante toda la historia faraónica. Su nombre parece designar, primitivamente, a su animal sagrado correspondiente, "el del Morueco" (Jnumu). El culto a animales sagrados en época histórica, podría ser supervivencia de una zoolatría primitiva, cuya existencia parece corroborada por los enterramientos de animales, así como por las figurillas y estandartes con su representación, en época predinástica. Fue una deidad relacionada con el río Nilo, llamada "Señor de la Primera Catarata". Frecuente en los nombres del Imperio Antiguo, el rey Khéope lo hizo incluir en el suyo, que significaba "Jnum me protege". Bajo el aspecto de dios creador, es una deidad que creó el huevo de donde nació Ra. El forma a los hombres y a sus "Kas" en su torno de alfarero, para más tarde hacerlos pasar al seno materno mediante el semen masculino, función que se enfatiza sobre todo en Esna y en Filé, donde es el que engendra la vida que personifica los poderes primordiales de Re. En Filé, también da forma a Osiris en el lugar denominado "La Morada del Oro de la Vida". Después de que Osiris fuera asesinado y una vez reanimado, reinó en el Más Allá. Cubriendo estas funciones generatrices, lleva el título de "El Padre de los Padres y la Madre de las Madres", "Señor del Destino". Es por esta razón por la que Jnum aparece en las teogamias, sistemas mitológicos muy utilizados sobre todo en el Imperio Nuevo, para justificar el derecho al trono. Respecto a su relación con el agua como origen de la vida, vigila las fuentes del Nilo controlando la crecida, asistido por Hapi que habita las cavernas de donde el río emerge. Por esta conexión, se asoció a las cataratas y llevó el título de "El Señor de la Catarata". De este modo, como se interpretaba que el nacimiento del Nilo se encontraba en Elefantina, que las aguas de la crecida brotaban del Nun y que este se encontraba bajo tierra, y como Jnum era el señor de la crecida, los teólogos entendieron que el agua salía de dos cavernas y que era Jnum el encargado de ordenar a las aguas que se dirigieran unas hacia el norte y otras hacia el sur, regando todo el país. Posiblemente, Jnum era originalmente un dios de los ríos que, como Hapi, era considerado como el dios del Nilo y de la inundación anual del Nilo, y es posible que él y Hapi fueran dioses del Nilo creados por dos razas separadas, o por las gentes de dos partes diferentes del país. En los nomos donde Jnum no fue entendido como dios creador, aparece como una deidad identificada con el Nilo, que personiflca la inundación. Lleva el título de "Señor de los Pescados" en relación con la diosa Hatmehyt. Jnum es también un dios de la tierra, del mundo subterráneo y del cielo, al que sujeta mediante los cuatro pilares que le sustentan. La relación de Jnum en Elefantina con las diosas Satis y Anukis, de carácter sureño, no esclarece suficientemente el parentesco familiar. En algunos lugares parece que Anukis es su hija, mientras que en otros se puede interpretar que es una segunda esposa (en los textos aparece la palabra hermana tanto para designar a ésta como para referirse a la esposa). En Esna, Jnum es, sobre todo, un dios creador, que en un primer momento formó tríada con las diosas Satis y Anukis. Más tarde, (en Baja Época), serán sustituidas por la agrupación familiar formada por Neit y Heka niño. En este momento, su esposa Neit alcanza tal importancia, que llega a situarse por encima de Jnum. En Antínoe no ocurre lo mismo, y Jnum forma pareja con Heket y se sitúa en el puesto de un dios más antiguo llamado Hirur (esta divinidad era la que originariamente cumplía la función de esculpir a los hombres y a sus "Kas"). En la ciudad de Hipselis, también se funde con una deidad más antigua venerada en esta localidad: el dios Seth. En Meidum, se identifica con Horus el Viejo. En Esna forma tríada con Nebetuu, llamada "Señora de los Campos", "Señora del Distrito fértil", es decir del valle, asimilada a la diosa de las cosechas Renenutet. Como segunda esposa tiene a la leona Menhyt y como hijo, aparece en algunos textos Heka niño (el Mago), que se muestra como primogénito de Jnum y Nebetuu. En las teogamias, aparece acompañado de su esposa Heket, que le asiste en los nacimientos. En los distintos textos aparece combinando los "Ba" de Ra, Geb, Shu, y Osiris. Jnum tiene el aspecto de un hombre con cabeza de carnero y cuernos ondulados, que porta sobre la cabeza la doble corona o una jarra de agua. Identificado con el dios del Nilo, puede llevar en las manos unos recipientes donde rezuma agua del río. Puede aparecer bajo la forma de carnero de cuatro cabezas, que se relacionan con los cuatro puntos cardinales, los cuatro dioses a los que está unido (Ra, Osiris, Geb, y Shu) y los cuatro santuarios principales del dios. Identificado con Horus, tiene cabeza de halcón. En su aspecto funerario, Jnum lleva el epíteto de "El Señor del Más Allá", de este modo, al ser la divinidad que otorga la vida, también la ofrece tras la muerte en un eterno renacimiento. El carnero, siempre estuvo relacionado con conceptos de fecundidad que enfatizaban un marcado carácter sexual, dotando a estos dioses de poderes creadores. Su mitología se recoge en los Textos de las Pirámides, en el templo de Esna y en el papiro Westcar. No está mencionado en ninguna inscripción después de la Dinastía XII. Su origen pudo estar en Esna o Hipselis, siendo trasladado su culto con posterioridad a Elefantina, Filé, Coptos y a la actual Hur, Kumma (Alta Nubia).

Jnumis

Jnum (dios egipcio muy antiguo, posiblemente del Predinástico que permanece en el panteón durante toda la historia faraónica. Su nombre parece designar, primitivamente, a su ….).

Jnumnajt

(siglo XII a.C.). Capitán del barco del Templo de Jnum. Uno de los principales implicados en uno de los casos de corrupción sacerdotal más grande de la civilización faraónica, bajo los reinados de los Ramsés IV y V, en el pequeño templo del dios carnero Jnum, en la isla de Elefantina.

Joab

(ss. XI-X a.C.). Hijo de Sarvia, la hermana de David. El más laureado de los generales de David y también el más acérrimo (aunque no siempre el más obediente) de sus secuaces, tanto antes como después de la muerte de Saúl. Joab cimentó su carrera con la conquista de la ciudad de Jerusalén para David y la fue consolidando con sus victorias consecutivas sobre el monarca amonita Janún y sobre la liga siria. Gracias a estos éxitos, el poderío de David se extendió hacia el norte hasta Damasco y el Éufrates, dejándole así las manos libres para poder enfrentarse en el sur con Edom y los filisteos. Joab fue a David lo que Abner fue a Saúl, y la rivalidad entre ambos generales constituiría el rasgo dominante de la historia militar durante toda una generación. Se trataba, por otra parte, de una rivalidad personal a la vez que profesional, ya que Joab tenía una cuenta pendiente con Abner, al haber sido éste el asesino de su hermano Asahel. Por eso, cuando David hizo las paces con los partidarios de Saúl, Joab, haciendo caso omiso de la magnanimidad con la que David tenía la intención de tratar a sus enemigos, atrajo a Abner al campamento de David y lo asesinó. Joab fue igualmente el artífice de la reconciliación entre David y su hijo Absalón, después de que éste hubiera asesinado a Amnón por haber violado a Tamar, la hermana de ambos. Luchó al lado de David durante la revuelta de Absalón, la mayor crisis de aquel reinado, y mató con su propia mano a Absalón cuando colgaba indefenso de un árbol; una acción que desafiaba de manera flagrante las instrucciones de David, que había ordenado expresamente que se respetara la vida de su hijo. Joab fue también el verdugo del primo de David, Amasá, que se había pasado al bando de Absalón. Mientras David se hallaba agonizando, Joab optó por apoyar a Adonías en lugar de a Salomón en la disputa por la sucesión al trono, razón por la cual murió asesinado por orden de Salomón, a pesar de haberse refugiado junto al altar del tabernáculo del Señor. No sólo fue uno de los más notables guerreros del Antiguo Testamento, sino también uno de los más duros, tan inflexible en sus enemistades personales como habilidoso en el campo de batalla.

Joacaz

(siglo VII a.C.). Rey de Judá en 609. Su nombre propio fue el de Sallum, siéndole cambiado por el de Joacaz con motivo de su entronización. Fue el hijo menor de Josías y de Jamutal, hija del libnita Jeremías. A la edad de veintitrés años se apoderó de la corona en perjuicio de su hermano mayor Eliacin, a quien Uahemibre Necao II, rey de Egipto, restableció en el trono con el nombre de Joaquín, llevándose a Joacaz. Murió deportado en Egipto. Ver, Cronología de Judá.

Joacaz

(siglo IX a.C.). Rey (814-798) de Israel. Hijo y sucesor del rey Jehú. Su reinado, caracterizado por las prácticas cúlticas a Baal y la idolatría, se vio envuelto en las guerras contra los arameos, siendo derrotado por los mismos, quienes le redujeron su ejército a cifras irrisorias (50 jinetes, 10 carros de guerra y 10.000 infantes). El ataque asirio de Adad-nirari III contra los arameos de Damasco (rey Mari, según la Estela de Saba) alivió algo la situación israelita. Joacaz fue enterrado en Samaria y sucedido por Joás. Ver, Cronología de Israel.

Joachaz

Joacaz.

Joaqim

Joaquín.

Joaquín

(san). Esposo de Santa Ana y padre de la Virgen María. Fiesta el 16 de Agosto

Joaquín I

o Joiaqîm (ss. VII-VI a.C.). Rey (609-598) de Judá. Hijo de Josías y de Zebiddá, llamado Eliacim antes de ocupar el trono. Fue colocado en él a la edad de veinticinco años en sustitución de Joacaz, su hermano, por Uahemibre Necao II, rey de Egipto, a quien se obligó a pagar un tributo anual. Imitó la impiedad de algunos de sus antecesores y fue amonestado por ello por Jeremías, a quien mandó matar. Sin embargo, el profeta, fugándose, logró salvarse. Sus primeros años de reinado se caracterizaron por su despotismo y su desviación religiosa. En el cuarto año de gobierno y en la batalla de Karkemish, en la que había participado como aliado de Necao II, sufrió una severa derrota a manos de Nabucodonosor II; pero la retirada de éste, enterado de la muerte de su padre Nabopolosar, permitió a Joaquín algunos años de cierta independencia. Más tarde, hecho prisionero y deportado a Babilonia, fue repuesto en el trono de Judá, siendo vasallo de Babilonia, aunque se sublevó al cabo de poco tiempo. Al parecer Joaquín murió violentamente en el transcurso de una conjuración. Fue sucedido por su hijo Joaquín. Ver, Cronología de Judá.

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