Dios de la guerra, hijo de Júpiter y Juno, según Hesíodo. Pese a estar identificado con el Ares griego, es una divinidad típicamente romana, de origen itálico, conocida por los etruscos bajo el apelativo de Maris. Belona, su hermana, conducía su carro; el Terror y el Temor, sus dos hijos, le acompañaban. Los poetas latinos le dan otro origen. Celosa Juno de que Júpiter hubiese hecho nacer a Palas de su cerebro, resolvió ir a Oriente a buscar el medio de ser madre sin el socorro de su marido. Fatigada del camino, se sentó cerca del templo de Flora, la cual le preguntó el objeto de su viaje. Apenas lo supo cuando le enseñó una flor que crecía en el campo de Oleno, y cuyo solo tacto producía este admirable efecto. Apolodoro dice también que Juno dio a luz a Marte sin participación de varón, pero nada explica. Bocaccio interpreta la fábula latina por el carácter feroz de Marte, a quien no se ha podido creer hijo de un príncipe tan galán como Júpiter. Juno hizo educar a su hijo por Príapo, uno de los Titanes o dáctilos indios, los cuales le enseñaron la danza y otros ejercicios, preludios de la guerra. Por esto dice Luciano, en Bitinia ofrecían a Príapo el diezmo de los despojos consagrados a Marte. Naturalmente, la mayor parte de las leyendas de la literatura clásica en que interviene, no son sino transposiciones de mitos griegos. Por ejemplo, los amores de Marte y Venus cantados por Lucrecio al principio de su poema "De la Naturaleza" se basan en la aventura amorosa de Afrodita y Ares, tal como la cuenta Homero (Ver, Afrodita). Lo mismo ocurre con la leyenda que presenta a Marte como hijo de Juno, como Ares lo fue de Hera. Una tradición curiosa mencionada por Ovidio, pretende que Juno engendró a Marte sin intervención de Júpiter y gracias a una flor mágica de propiedades fecundantes que le había suministrado Flora (Ver). Es difícil reconocer huellas de leyendas propiamente itálicas. Su aventura con Anna Perenna (Ver) está en relación, quizá, con la leyenda de Mamurio Veturio, personificación del año "viejo", el año que se retira, cuando comienza el año "nuevo" (en el mes de marzo del antiguo calendario romano). Se trataría, en tal caso, de un símbolo de creencias y ritos propiamente itálicos. En la época clásica, Marte aparece en Roma como el dios de la guerra, si bien éste no es su único atributo. Sus fiestas, agrupadas por lo general en el mes que le está consagrado, presentan rasgos agrarios evidentes, lo cual ha movido a suponer a cierto núrnero de mitógrafos modernos que, primitivamente, Marte era una divinidad de la vegetación. Sin embargo, este punto de vista, con todo y ser muy ingenioso, se halla lejos de ser aceptado unánimemente. Marte, dios de la guerra, es también el dios de la primavera, porque la estación guerrera empieza al terminar el invierno. Es el dios de la juventud, porque la guerra es una actividad propia de ésta. Él es quien, en las "primaveras sagradas", guía a los jóvenes que emigran de las ciudades sabinas para ir a fundar otras nuevas y procurarse nuevas residencias. En efecto, entre los sabinos existía la costumbre de consagrar a Marte una "clase" de la juventud. Los jóvenes designados emigraban como un enjambre que abandona una vieja colmena, y se iban a otra parte en busca de fortuna. Esta costumbre era llamada "ver sacrum", primavera sagrada. A menudo, un animal guiaba a los emigrantes en su camino: el pico, o el lobo, por ejemplo, los dos consagrados a Marte. Así se explica tal vez el papel que desempeñó la loba, animal de Marte, en el mito de la primitiva Roma (Ver, Rómulo). Basándose en estos datos, los mitógrafos antiguos edificaron posiblemente la historia de Marte, padre de dos gemelos, Rómulo y Remo, que habrían nacido de su unión con Rea (Ver). Los dos niños, expuestos luego en el monte (en este caso, el Palatino), como de modo tan frecuente sucede en la leyenda griega, habrían sido amamantados por una loba, animal sagrado enviado por su padre (compárese, por ejemplo, con el caso de Télefo, alimentado por una cierva, etc.), y recogidos por unos pastores. De este modo se explicaba que se llamase "hijos de la loba" o "hijos de Marte" a la "juventud romulea". Se ha probado que estas leyendas se habían desarrollado en torno a una antiquísima estatua que representaba la loba, al abrigo de la cual aparecía la imagen de dos hombrecitos que simbolizaban, según las épocas, la raza latina y la sabina, los dos elementos étnicos combinados en la Roma primitiva, según los historiadores romanos, o bien el pueblo romano y el campanio después de la alianza de Roma y Capua contra las poblaciones itálicas del interior. Además de los romanos, otros pueblos consideraban al dios como su "antepasado": los marsos, población sabélica contra la cual Roma hubo de luchar largo tiempo, los marrucinos, los mamertinos, etc., cuyos nombres indican la relación que les une con el dios. Los mitólogos y los historiadores antiguos han distinguido muchos Martes. El primero fue Belo, a quien Diodoro de Sicilia hace inventor de las armas y del arte de preparar las tropas en batalla. Higinio dice que se dio el nombre de Belus a este antiguo rey de Babilonia, por haber sido el primero que hizo la guerra a los animales. Raíz, belos, dardo. El segundo Marte era un rey de Egipto. El tercero un rey de los tracios llamado Odín, que se distinguió de tal modo por su valor y conquistas que mereció entre estos pueblos belicosos los honores del dios de la guerra, y es denominado Marte Hiperbóreo. Ver, Odín, Tero. El cuarto es el Marte griego, llamado también Ares. El quinto y último es el Marte de los latinos, que hizo a Rhea Silvia, madre de Remo y Rómulo, y que se creía ser el mismo que Amulio, hermano de Numitor. En fin, se dio el nombre de Marte a la mayor parte de los príncipes guerreros y cada país se honró con un Marte, lo mismo que con Hércules. En efecto se encuentra el dios de la guerra entre los galos, bajo el nombre de Hesus, como también entre los escitas y los persas, quienes le honraban, los primeros bajo la forma de una espada, y los segundos bajo el nombre de Orión. En fin, el emperador Juliano hace mención de un Marte de Edesa llamado Arizas. Los griegos han llenado la historia de su Marte con las aventuras de los que acabarnos de nombrar. Todo el mundo conoce después de Homero: 1º) el juicio de Marte en el consejo de los dioses por la muerte de Halirrotio, hijo de Neptuno; Marte se defendió tan bien que fue absuelto; 2º) la muerte de Ascalafo, muerto en el sitio de Troya, al cual vengó por sí mismo; pero Minerva le arrancó del campo de batalla y le hizo retirarse a pesar de su furor; 3º) su herida por Diomedes, cuya pica guiaba la misma diosa; Marte, al retirarla, arrojó un grito como el de todo un ejército que marcha para cargar sobre el enemigo: el médico del Olimpo puso un bálsamo sobre su herida, que curó sin dolor; 4º) en fin, los amores de Marte y de Venus, cantados en la Odisea y por Ovidio; la red invisible tendida por Vulcano, y los cautivos puestos en libertad por el esposo deshonrado, y huyendo el uno a Tracia y el otro a Pafos. Los poetas dan a Marte muchas mujeres y muchos hijos. Tuvo a Hermine de Venus, a Remo y Rómulo de Rea y de Tebea a Evadne, mujer de Capaneo. Parece que su culto no estuvo muy extendido entre los griegos. Pausanias no habla de ningún templo a Marte, y no nombra sino dos o tres de sus estatuas, en particular la de Esparta, que estaba atada a fin de que este dios no les abandonase en las guerras que hubiesen de sostener. Pero su culto triunfaba entre los romanos, que tenían a este dios como el protector de su imperio. En la guerra contra los lucanios, los romanos creyeron verle marchando a su cabeza y armado de un casco alado. El más célebre de sus templos en Roma era el que Augusto le dedicó después de la batalla de Filipos, bajo el nombre de Marte Vengador. En la batalla de Filipos (Macedonia) (42 a.C.) Octavio y Marco Antonio derrotan a los asesinos de César Bruto y Casio. Vitruvio observa que los templos de Marte eran de órden dórico, y que se edificaban por lo común fuera de los muros, a fin de que el dios fuese como un baluarte para resguardar los muros de los peligros de la guerra. Pero este uso no era general, pues en Halicarnaso el templo de este dios se hallaba en medio de la fortaleza. Los salios, sacerdotes de Marte, formaban en Roma un colegio sacerdotal muy célebre. Su animal sagrado era el lobo, posiblemente a causa de su rapacidad. Se inmolaba a Marte el toro, el verraco y el carnero. Algunos pueblos le sacrificaban caballos. Los lusitanos, machos cabríos y caballos, y hasta los prisioneros de guerra. Los carios, los perros, los escitas y los saracaores, asnos. También le estaban consagrados el gallo y el buitre. Algunas veces era contado entre las divinidades infernales. ¿Y a quién convenía mejor este título, que a un dios asesino, cuyo placer era poblar sin cesar al reino de Plutón?. Recibió varios epítetos, que señalaban sus atributos; los más importantes son: Mars Gradivius, Mars Ultor y Mars Silvanus. Igualmente se le daba, como a Aquiles, el epíteto de Pectorosus. Los antiguos escitas representaban a Marte bajo la forma de un sable viejo medio enrojecido por el herrumbre. Inmolaban uno de sus enemigos en su honor, y rociaban con su sangre esta divinidad asesina. Le sacrificaban también cada año bueyes y caballos. Los galos habían puesto este dios en el número de sus deidades inferiores. Lo adoraban bajo la forma de una espada desnuda, depositada sobre un altar en uno de sus sotos. Consagraban a este dios los despojos de sus enemigos, los reunían a montones, los dejaban expuestos en el campo y nadie se atrevía a tocar las riquezas consagradas a la divinidad. Los monumentos representan a Marte de un modo bastante uniforme, bajo la figura de un hombre armado de un casco, una pica y un escudo; ya desnudo, ya con el vestido militar, y aun con el manto en las espaldas; alguna vez barbudo, y más a menudo sin barba; a veces con el bastón de mando en la mano, y llevando en el pecho una égida con la cabeza de Medusa. Se le ve también sobre un carro tirado por caballos fogosos, que conduce o deja dirigir por Belona. Estacio dice que Mercurio, enviado por Júpiter, vino a evocar a Marte del fondo de la Tracia donde tenía un templo en medio de un bosque, para excitar a tomar partido en la guerra de Tebas. Este pasaje está representado sobre una ágata publicada por Elermoyer. Otra ágata de la misma colección ofrece a Marte armado de una pica y de un escudo, y en pie sobre un lotus. Los habitantes de Cádiz, representaban a Marte rodeado de rayos, porque, dice Macrobio, el movimiento violento de la sangre y de los espíritus animales, principal causa del valor, es el efecto del calor, del sol o bien porque, según algunos autores, Marte es el mismo sol. Marte armado de un látigo, como vengador, se encuentra sólo en algunas medallas. En otras se le ve con la lanza y el caduceo, como árbitro de la guerra y de la paz. Algunas veces está representado sobre una biga arrastrada por sus hijos, el Terror y la Fuga. Solo una figura del palacio Borghese lo muestra con un anillo en una pierna, según la costumbre de los antiguos griegos, que los pintaban con los pies desnudos, tratamiento que el dios había sufrido de los hijos de Aloeo. Ver, Martiales Larini.