Mirina es una amazona que, a la cabeza de esta nación, obtuvo grandes victorias. Declaró la guerra a los Atlantes, que habitaban un país situado al borde del Océano, donde, según se decía, los dioses habían nacido. Al frente de un ejército de tres mil Amazonas que combatían a pie y veinte mil a caballo, conquistó primero el territorio de una ciudad atlante llamada Cerne. Después tomó la capital, pasó a cuchillo a todos sus hombres válidos y se llevó cautivos a las mujeres y niños, arrasando luego la ciudad. Los demás Atlantes, atemorizados, capitularon en seguida. Mirina los trató con generosidad, concertó con ellos una alianza, edificó una ciudad, a la que dio su nombre, en lugar de la que había destruido, y la entregó a los prisioneros y a cuantos quisieran establecerse en ella. Entonces los Atlantes pidieron a Mirina que les ayudase a luchar contra las Gorgonas. En el curso de una primera batalla, que fue muy dura, Mirina obtuvo la victoria, pero muchas Gorgonas lograron escapar. Después, una noche, las Gorgonas que estaban prisioneras en el campamento de las Amazonas se apoderaron de las armas de sus guardianas y mataron a gran número de ellas. Pero las Amazonas no tardaron en rehacerse y aniquilaron a las rebeldes. Mirina rindió grandes honores a las Amazonas muertas en el combate, erigiéndoles una tumba formada por tres túmulos de igual altura que, en época histórica, eran aún conocidos con el nombre de Tumbas de las Amazonas. A pesar de su derrota, las Gorgonas consiguieron restablecer su poder, y más tarde, según se afirma, hubieron de enfrentarse con ellas primero Perseo y luego Heracles. Las proezas atribuidas a Mirina no se limitan a estas dos guerras. Más tarde, después de haber conquistado la mayor parte de Libia, pasó a Egipto, en la época en que reinaba en él Horo, hijo de Isis. Estipuló con él un tratado de amistad, y en seguida una expedición contra los árabes. Devastó Siria y, al dirigirse hacia el Norte, encontróse con una embajada de los cilicios que se le sometieron voluntariamente. Forzando los pasos con las armas en la mano, cruzó el macizo del Tauro y atravesó Frigia, llegando a la región del Caico, término de su expedición. Al fin, Mirina fue muerta por el rey Mopso, un tracio expulsado de su patria por el rey Licurgo. Esta leyenda es una construcción "histórica" y no constituye un mito propiamente dicho, sino una interpretación de elementos míticos combinados de manera que formen un relato más o menos coherente, en el que, junto a los elementos míticos, podrá enjuiciarse la labor "racionalista" de los mitógrafos evemeristas. Mirina, reina de las Amazonas, es mencionada en la Ilíada. Pero Mirina es su nombre "entre los dioses", mientras que el nombre humano es Batiea. Decíase que se había casado con el rey Dárdano. Sería, por tanto, hija de Teucro. Reina una enorme confusión entre las tradiciones (casi todas, tardías) relativas a esta heroína.