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Palabra   |   Descripción

Opus

Nombre con el que se designa el trabajo de construcción en Roma. El primer factor que determina los materiales de construcción es la existencia de los mismos y los recursos locales de la zona, sobre todo antes del siglo I. El adobe se utilizaba para construcción de viviendas todavía en época de Vitrubio y hasta el año 64, tras la reconstrucción del gran incendio en la época de Nerón, no se derribaron completamente las antiguas viviendas de madera y adobe, frágiles y fáciles presas de incendios y derrumbamientos. Fueron sustituidos por la piedra y el ladrillo. El trabajo de aparejo solía ser recubierto con distintas clases de revestimientos. Los diferentes trabajos de construcción y revestimientos son denominados con diversos términos. Estos son los más utilizados en arquitectura romana: )o( albarium: blanqueado del muro. )o( cementicium: de argamasa o mortero mezclado con piedra. )o( craticium: de barro y piedras con travesaños de madera. )o( incertum (también llamado obra antiquum): de mampuestos sentados con mortero. )o( latericium (también llamado obra testaceum): hecho con ladrillos. )o( mixtum: de sillar y ladrillo. )o( musiuum: mosaico. )o( quodratum: de sillar bien dispuesto. )o( reticulatum: que presenta aspecto de red de rombos o cuadrados. )o( scutulatum: pavimento formado por piedras o trozos de mármol rómbicos y menudos. )o( sectile: mosaico. )o( segmentatum: que incrustaba en el pavimento, hecho con restos latericios, piedras pequeñas y brillantes. )o( signinum: mosaico. )o( spicatum: de ladrillos a espina, de modo que formasen ángulo entre sí. )o( tectorium: revestimiento uniforme de un muro. )o( tessellatum: mosaico. )o( testaceum: latericium. A veces designa la obra que emplea detritos cerámicos. )o( vermiculatum: mosaico. )o( vittattum: de pequeño sillar o mampuesto escuadrado dispuesto en hiladas. )o( Ver, Aparejo, Mosaico.

Opus

Ciudad principal de Lócride, que dio su nombre a la Lócride Opuntia. Hoy, en Grecia.

Opus novum

Trabajo u obra nueva de construcción o demolición, tanto de edificio como de fundo.

Opus publicum

En el mundo romano, condena a trabajos forzados en obras públicas (damnatio in opus publicum) a los que se castigaba a los delincuentes que pertenecían a las más bajas clases sociales.

Oquamiris

Sacrificio que los miagrelios y los georgios practicaban, a imitación de los judíos, los griegos y los romanos. El sacerdote ofrecía primero la víctima, luego hacía las oraciones acostumbradas, después aplicaba una bujía encendida en cinco partes del cuerpo de la misma víctima y daba con ella tres o cuatro vueltas alrededor del que quería hacer el sacrificio; y practicadas estas ceremonias, la degollaba. Se arrojaba al fuego la carne de la víctima y cuando estaba asada la colocaban en su mesa, cerca de la cual había un brasero. El que abastecía la víctima se ponía de rodillas con una bujía encendida en la mano, delante de la mesa, y en esta postura aguardaba que el sacerdote concluyese ciertas rogativas. Luego tiraba incienso al brasero y entonces el sacerdote le presentaba un pedazo de la víctima, después de haberla hecho pasar varias veces sobre su cabeza. Los asistentes, que llevaban también cada uno una bujía, la volteaban sobre la cabeza del que era el objeto del sacrificio y después la arrojaban al fuego. Concluían por lo regular todas estas ceremonias con un banquete, cuyos honores hacía el que había ofrendado la víctima, comiéndose ésta en una especie de comunión.

Óquemo

Hijo de Colono de Tanagra (Beocia), y hermano de Búcolo, León y Ocne. Ver, Búcolo.

Oquesio

Jefe de los etolios, muerto en el sitio de Troya.

Óquimo

Óquimo es uno de los siete hijos de Helio y de la ninfa Rodo (los Helíadas). Óquimo y su hermano Cércafo permanecieron en Rodas, mientras sus hermanos Macar, Actis, Cándalo y Triopas huían después de haber dado muerte al séptimo, Ténages. Óquimo, que era el primogénito, reinó en la isla de Rodas. Casó con una ninfa local llamada Hegetoria, con la cual engendró a Cidipe o Cirbia, la cual contrajo matrimonio con su tío Cércafo. Éste sucedió a su hermano. Otra tradición cuenta que Óquimo había prometido a su hija Cidipe con un tal Ocridión. Pero al enviar éste a un heraldo con encargo de recoger a su novia, Cércafo, enamorado de su sobrina, la robó al heraldo y huyó con ella fuera del país. Más tarde volvió, cuando Óquimo era ya viejo. Con esta leyenda se explicaba la costumbre de los rodios que prohibía a los heraldos entrar en el santuario de Ocridión.

Or

u Our. Fuego puro, primer fuego, luz increada, esplendor eterno, bajo cuya imagen los caldeos se presentaban a Dios.

Ora

Ciudad de la región de Carmania. Hoy, en Irán.

Ora

Ninfa de la cual Júpiter tuvo un hijo llamado Colaxes, después de haberse transformado en cisne.

Ora

Se ha dado este nombre a Hersilia, mujer de Rómulo.

Ora marítima

o Las costas marítimas. Importante texto sobre geografía descriptiva de la Hispania prerromana. Fue escrita en verso, en el siglo IV, por el poeta latino Rufo Festo Avieno, y dedicada a su amigo Probo, basándose en textos más antiguos, probablemente del siglo VI a.C.. Esta obra es de gran relevancia por ofrecemos la más antigua información de la península Ibérica de un milenio atrás, momento sobre el que se carece de fuentes, información posiblemente obtenida del viaje de un marino de Marsella mil años antes (530 a.C.). Avieno expone, al principio de su narración, que utilizó textos de Hecateo de Mileto, Helánico de Lesbos, Fileo de Atenas, Escílax de Carianda, Pausímaco de Samos, Damastes de Sigeo, Bacoris de Rodas, Euctemón de Atenas, Cleón de Sicilia, Heródoto de Turios y del ateniense Tucídides. Es la primera vez que se dan tantos datos de Iberia al hablar, tanto de pueblos como de accidentes geográficos, ciudades, divinidades y otros aspectos culturales. Sin embargo, no solo se centra en la Hispania prerromana, tambien ofrece un recorrido por las costas europeas pasando de la Britannia hasta el Ponto Euxino. Solo se conservan algunos fragmentos de esta obra. Fue utilizada como fuente de estudio por estudiosos empleando esta obra para teorizar acerca de la posible ubicación de Tartessos.

Oracal

Sobrenombre de Baco entre los escitas.

Oración fúnebre de Pericles

Tras la primera campaña de la guerra del Peloponeso, Pericles, como general y magistrado de la ciudad, glosó en esta Oración fúnebre la grandeza de Atenas y de quienes habían muerto para defenderla. )o()o( "La mayoría de los que me han precedido en esta tribuna elogian al hombre que ha introducido esta alocución en el ceremonial establecido y juzgan que es extraordinariamente bello que, en el momento en que se les entierra, las víctimas de la guerra sean celebradas de este modo. En cuanto a mi, yo estimaría suficiente que a hombres cuyo valor se ha traducido en hechos se les honre también con hechos, como vosotros veis hoy con las medidas oficiales tomadas aquí para darles sepultura, y no hacer depender los méritos de tantos héroes en la mucha o poca elocuencia de un solo individuo. Porque difícil es adoptar un tono justo en una materia en que la simple apreciación de la verdad encuentra apenas bases firmes. El oyente que conoce los hechos y está bien dispuesto puede juzgar lo que se expone como inferior a lo que él desea o sabe, y el que ignora los hechos puede, por envidia ver en esa exposición una exageración, si escucha decir algo que es superior a sus propias capacidades. Porque los hombres toleran las alabanzas que se hacen de un tercero mientras cada uno cree capaz de realizar lo que escucha que se elogia; pero sí va más allá de sus posibilidades con la envidia les nace la incredulidad. Mas, una vez que los antiguos juzgaron como buena esta práctica, yo debo a mi vez, acomodarme al uso y esforzarme en acertar el gusto y la opinión de cada uno de vosotros. Yo empezaré, en primer lugar, por nuestros antepasados. Es justo, y al mismo tiempo propio de una circunstancia como ésta, rendir homenaje a su memoria. Pues ellos se perpetúan en nuestro país, de generación en generación, hasta nuestros días al habérnoslo transmitido libre por su valor. Y si ellos son dignos de encomio, nuestros padres lo son más todavía, por haber acrecentado la herencia que habían recibido, con gran esfuerzo, o haber legado a la actual generación este gran imperio. Y nosotros mismos, los aquí presentes, en especial los que estamos todavía en plena madurez, hemos aumentado el Imperio y hemos puesto a la ciudad en estado de bastarse a sí misma plenamente, tanto para la guerra como para la paz. En cuanto a los hechos militares por los que se adquirió cada uno de nuestros dominios o en lo referente a las ocasiones en las que nosotros o nuestros padres nos sacrificamos para rechazar los ataques de una guerra bárbara o griega, los pasaré por alto, pues no quiero extenderme en cosas que ya sabéis; pero antes de que proceda al elogio de estos muertos, os voy a demostrar primero con qué principios de conducta hemos llegado a esta situación, con qué instituciones políticas y de qué costumbres se ha derivado esta grandeza; yo juzgo que en las presentes circunstancias no es inoportuno el referir todo eso y que es conveniente que toda esta multitud de ciudadanos y de extranjeros presten a ello su atención. Nuestro régimen político no trata de imitar las instituciones de pueblos vecinos, porque somos más bien modelos que imitadores de otros. En cuanto a su nombre, es una democracia, porque la administración está en manos no de unos pocos, sino de la mayoría. Mas si la ley es igual para todos en los intereses privados, es con arreglo a la consideración de cada ciudadano en alguna cosa y no por la razón de su clase social, sino por la de sus méritos personales, que se prefieren para las funciones políticas; e, inversamente, la pobreza no traerá la consecuencia de que un hombre que sea capaz de prestar un servicio al Estado se vea entorpecido por su oscura condición social. Nosotros practicamos la libertad no sólo en la norma de gobierno en la vida pública, sino también en lo que viene a constituir recíproca sospecha en la vida cotidiana; no nos irritamos con nuestros vecinos si obran a su gusto, ni les ponemos mala cara, que no daña pero duele. Sin molestias en nuestras relaciones privadas, el temor nos retiene a ejecutar cualquier acto fuera de la ley, porque nosotros cumplimos con exactitud las disposiciones públicas, obedeciendo siempre a los magistrados y las leyes, en especial las establecidas para proteger a las víctimas de la injusticia y las no escritas, cuya transgresión lleva consigo el desprecio general. Además de esto, para descanso de las fatigas, hemos proporcionado al espíritu numerosos esparcimientos: tenemos concursos y fiestas religiosas que se suceden con regularidad a lo largo de todo el año, así como instalaciones lujosas, y el placer cotidiano que nos producen estas cosas aleja las contrariedades. Vemos llegar a nuestro país, gracias a la importancia de nuestra ciudad, los productos de todo el mundo, y así nos resulta tan familiar el gozar de los bienes de otros países como los de la misma Ática. Nos diferenciamos también de nuestros adversarios por la manera de prepararnos para la guerra. Nuestra ciudad está abierta a todo el mundo y nunca expulsamos a un extranjero o le privamos de aprender alguna cosa que, al no estar oculta, puede ser vista por un enemigo y serle útil; porque nuestra confianza se basa menos en los armamentos y las estratagemas que en el valor que ponemos en el momento de actuar. Y en cuanto a la educación, contrariamente a estas gentes, que establecen desde la juventud un entrenamiento penoso para conseguir la fortaleza viril, nosotros, con nuestro modo de vivir en libertad no dejamos de hacer frente, por eso, con menos valor a los peligros proporcionados a nuestras fuerzas. Y aquí la prueba: los lacedemonios no vienen solos, sino con todos los aliados, a atacar nuestro territorio; nosotros en cambio, vamos solos al país vecino y, a pesar de que luchamos en territorio extraño contra unos enemigos que defienden su patria, generalmente les vencemos sin grandes dificultades. Jamás todas nuestras fuerzas reunidas se han visto comprometidas contra un enemigo, puesto que hemos de atender a la vez a nuestra marina y enviar por tierra a nuestros soldados a numerosos objetivos; pero ellos, si tienen un encuentro con una parte de los nuestros y los derrotan, se envanecen como si las hubiesen rechazado a todas y, cuando son vencidos, proclaman que lo fueron por la totalidad. Sin embargo, si nosotros queremos afrontar los peligros más con despreocupación que con una penosa instrucción y con un valor que proporcionan más los propios hábitos que no el regulado por las leyes, sacamos la ventaja de no anticiparnos a los sufrimientos que nos esperan y cuando nos llega la hora no nos mostramos con menos valor que quienes se atormentan continuamente. Este es uno de los aspectos por los que nuestra ciudad merece la admiración, aspecto al que hay que añadir otros todavía. Nosotros amamos la belleza con simplicidad, y somos amantes de las cosas del espíritu sin dejarnos llevar de la molicie. Nosotros hacemos uso de la riqueza más para obrar convenientemente que para hablar con arrogancia, y la pobreza para nadie constituye una vergüenza, sino que sólo es deshonroso no hacer nada por salir de ella. Una misma persona, entre nosotros, se preocupa igual de sus asuntos privados que de los del Estado, y cuando ocupaciones diversas ocupan a personas diversas, pueden llegar a tener un juicio sobre política que no deja nada por desear. Pues somos los únicos que consideramos no como un tranquilo, sino como una persona inepta, al ciudadano que no toma parte en los asuntos públicos; y nosotros mismos juzgamos o consideramos detenidamente los asuntos, porque creemos que no son las palabras las que perjudican a la acción, sino el no haberse informado con anterioridad, por medio de la discusión de lo que debe hacerse. También nos distinguimos porque demostramos la mayor audacia y calculamos a fondo la empresa que vamos a emprender, mientras que, en los otros, la ignorancia les arrastra a la audacia y el cálculo a la irresolución. Pues son los de espíritu fuerte los que, poseyendo una idea clara sobre las penas y placeres de la vida, no rehúyen los peligros. También en cuanto a generosidad nos diferenciamos de la mayoría puesto que nos ganamos los amigos no recibiendo, sino haciendo favores. El bienhechor es un amigo más seguro, porque quiere con continuas muestras de afecto perpetuar la deuda de reconocimiento así creada; en cambio, el que es deudor es más débil, porque se da cuenta de que al devolver el favor, no adquiere reconocimiento alguno, sino que simplemente se limita a satisfacer una deuda. Y somos los únicos que hacemos el bien siguiendo menos un cálculo de interés que la confianza propia en la libertad. En resumen, afirmo que Atenas es en todo la escuela de Grecia, y me parece que cada uno de nosotros tiene en sí el poder de adaptación a las más diversas formas de actividad con facilidad y de modo gracioso. Y que lo que digo no es una baladronada inspirada por el momento, sino la verdad objetiva, lo índica el poder de nuestra ciudad, poder que hemos adquirido por nuestras cualidades. Sola entre todos los Estados actuales, se revela en la prueba como superior a su reputación; la única que no despierta entre los enemigos que la atacan irritación por sufrir una derrota de manos de tal adversario, ni queja en sus súbditos por ser gobernados por personas indignas. Y por las grandes pruebas, y ciertamente no sin testimonio que hemos ofrecido de nuestro poder, seremos admirados por las generaciones presentes y futuras; no tenemos necesidad de las alabanzas de Homero ni de otros cuyos acentos pueden agradar de momento, pero que la verdad de los hechos destruye sus ficciones; hemos obligado a todos los mares y a todos los pueblos a ceder ante nuestra audacia, y por doquier hemos dejado monumentos imperecederos, recuerdos de fracasos y de éxitos. Tal es, pues, nuestra ciudad, por la que éstos han luchado y han muerto heroicamente, por no permitir que les fuera arrebatada, y asimismo, de entre los que quedan, cada uno debemos naturalmente aceptar el sufrir por ella. Por esto yo me he extendido sobre lo que respecta a nuestra ciudad, para haceros comprender que nosotros luchamos por un ideal superior a los que no disfrutan de las ventajas enumeradas, y yo quiero, al mismo tiempo, apoyar con testimonios ciertos el elogio de aquellos en honor de los cuales yo hablo ahora. Y con respecto a esto, lo principal está hecho, porque los rasgos de nuestra ciudad que yo he elogiado se deben a los méritos de estos hombres y a los de aquellos que a semejanza de ellos la han hecho gloriosa con sus virtudes. Y no de muchos griegos podría decirse como de ellos que su fama guarda proporción con sus hechos. Y me parece que una muerte como la de éstos demuestra, como primera revelación o como confirmación final, su valor de hombres. Porque incluso los inferiores en otros aspectos pueden alegar como justificación el ardor con que han luchado por defender la patria: han borrado el mal con el bien y han favorecido al Estado con sus servicios más que le habían perjudicado con su conducta privada. Porque ninguno de estos hombres se dejó ablandar prefiriendo continuar gozando de su riqueza ni aplazó el peligro con la esperanza, propia de la pobreza, de que un hombre puede un día dejar de ser pobre y hacerse rico. Por el contrario, siendo, a sus ojos, el castigo del enemigo un objeto más deseable y glorioso que todos, quisieron afrontar ese peligro para vengarse del enemigo, renunciando a todo lo demás. Entregaron a la esperanza la incertidumbre del éxito, pero, una vez ante la realidad del peligro, prefirieron confiar en ellos mismos. Y en el momento de la lucha, consideraron más bello sufrir que no rendirse y salvar la vida; y huyeron de la deshonra de su reputación y opusieron sus cuerpos al ataque; en el brevísimo instante de la suerte, la gloria y no el miedo les indicaba el apogeo. Estos hombres, ciertamente, llegaron a un comportamiento que se identifica con la ciudad; los que quedan deben desear, al hallarse ante el enemigo, una suerte más favorable, pero una audacia no inferior a la de ellos; no considereis solamente de palabra las ventajas, sobre las que seria prolijo enumerar y vosotros ya sabéis, de una enérgica defensa contra el enemigo, sino tened en la actuación de cada día los ojos puestos en la grandeza de Atenas convirtiéndoos en sus amantes; cuando os deslumbre su esplendor, pensad que todo eso fue conquistado por hombres audaces y conscientes de su deber, que obraban por pundonor y que, si alguna vez fracasaban en alguna empresa, no por eso permitían que la ciudad se viese privada de su valor, sino que ellos se ofrendaban como la más bella de las ofrendas. Al dar sus vidas a la comunidad, recibían en pago un elogio inalterable y una sepultura que es la más digna. No me refiero a aquella en que reposan, sino a aquella en que su gloria sobrevive y es recordada en toda ocasión que se presenta para celebrarlos o imitarlos. Los hombres ilustres tienen por tumba la tierra entera; no es simplemente una inscripción sobre una estela que, en su país, recuerda su existencia, pues incluso en un país extranjero, sin ninguna una de esas tumbas lleva grabada esa inscripción, no en la piedra, sino en el corazón de los hombres. Que su ejemplo inspire hoy vuestra emulación y, considerando la felicidad fruto de la libertad, y la libertad, del valor, no mireis a vuestro alrededor los peligros de la guerra. No son los desafortunados, que no tienen esperanza de una vida mejor y que con más razón pueden despreciarla, sino aquellos que, si sobreviven, se exponen al cambio de fortuna en caso de un fracaso, hallando más fuerte la diferencia de vida que les espera. Pues es más duro para un hombre con sentido del honor el daño que le viene de ser un cobarde que no de una muerte que le llega sin haberla sentido llegar, en la plenitud de su vigor y conforme a lo que todos esperaban de él. Por lo cual, a cuantos padres aquí presentes de estos muertos, más que compadecerlos quiero animarlos. Todos saben que la vida se compone de múltiples vicisitudes y que la verdadera fortuna consiste en hallar lo que es más noble, como ahora el fin más glorioso para éstos o bien el motivo más bello de duelo, que es el vuestro y para quienes la vida fue calculada de manera que la felicidad se les acaba con la vida. Yo sé bien lo difícil que es para mí el convenceros, porque con frecuencia vais a encontrar el recuerdo de los hijos perdidos al contemplar la felicidad de otros, felicidad de la que también vosotros gozasteis un día. La pena alcanza no a los que no poseen los bienes que nunca saborearon, sino a aquellos que pierden esos bienes a los que estaban acostumbrados. Sin embargo, es necesario que tengáis firmeza por la esperanza de otros hijos, si vosotros os halláis todavía en edad de tenerlos. Individualmente, su llegada traerá a algunos el olvido de los que ya no están y la ciudad obtendrá la doble ventaja de evitar su despoblación y tener la garantía de su seguridad. Porque no es posible tomar parte en las deliberaciones de una manera justa y equitativa cuando unos se exponen a perder sus hijos y otros no. Y en cuanto a los que habéis pasado la edad, teniendo como un beneficio el haber vivido feliz el período más largo de vuestra vida, podéis decir que el resto será corto y aligerad vuestro dolor por la gloria de estos héroes. En efecto, tan sólo el amor de la gloria resiste a la vejez y, en la edad caduca, no es, como algunos dicen, el mejor placer el disfrutar de riquezas, sino el gozar honores. Y además, para todos aquí presentes que teneis entre estos hombres un padre o un hermano, comprendo que será muy ardua la lucha para emularlos (pues todos acostumbran a alabar a los muertos), y aunque sea extraordinario vuestro mérito, difícilmente sereis considerados como iguales, sino incluso ligeramente inferiores. Porque los vivos tienen rivales, a los que envidian, pero los que ya no estorban reciben honores sin encontrar oposición. Y si conviene que haga alusión a los valores femeninos de las que ahora han de vivir en estado de viudez, lo expresaré en un consejo breve: adquirireis gran reputación si no os mostráis más débiles que los imperativos de vuestra naturaleza, y grande será la de aquella de cuyas acciones buenas o malas se hable menos entre los hombres. He dicho en mi discurso, con arreglo a las leyes para estos casos, cuanto consideraba conveniente; en cuanto a los hechos, los hombres a quienes hemos dado sepultura han recibido sus honores, y yo añado que sus hijos serán, de ahora en adelante, mantenidos a expensas de la ciudad de Atenas hasta su adolescencia, ofrendando así una corona provechosa a los muertos y a sus familiares supervivientes; pues entre aquellos pueblos que otorgan las mayores recompensas al valor, también entre ellos se encuentran los mejores ciudadanos al servicio de sus Estados. Ahora, después de haber llorado cada uno a su familiar caído, retiraos".

Oraciones

Formaban entre los antiguos una parte del culto sagrado. Los romanos hacían sus oraciones en pie, con la cabeza velada a fin de no distraerse, y para no ser turbados por una cara enemiga, como dice Virgilio, y para que el espíritu estuviese más recogido y atento a las oraciones. Un sacerdote, con un libro en la mano pronunciaba la oración con todos los asistentes a fin de hacerlo con uniformidad y sin desorden. Durante las oraciones se tocaba el altar como lo hacían los que prestaban algún juramento, de donde deriva el nombre de "arca" que se da al juramento. Los suplicantes abrazaban algunas veces las rodillas de los dioses, porque consideraban estas rodillas como el asiento de la misericordia. Después de las oraciones formaban todos juntos un círculo y daban una vuelta y jamás se sentaban sino después de haber concluido la oración, por miedo de faltar al respeto a los dioses, llevaban también su mano derecha a la boca, de donde deriva la palabra adoración. Finalmente volvían por lo regular la cara al Oriente para orar. Los griegos hacían también sus oraciones en pie o sentados; y empezaban siempre por bendiciones o por deseos. Cuando las hacían en los templos se purificaban antes con el agua lustral, que no era otra cosa que el agua común, en la cual se apagaba un tizón ardiente, sacado del fuego de los sacrificios. Se colocaba un vaso lleno de esta agua en las puertas o en el vestíbulo de los templos, y los que entraban se lavaban o se hacían lavar con ella por los sacerdotes. Homero ha personificado las oraciones. Ver, Lites.

Oraciones fúnebres

Esta costumbre, practicada entre los griegos y los romanos, y también en la época actual, se encuentra incluso en las naciones menos civilizadas. Ver, Oración fúnebre de Pericles.

Oráculo

Un oráculo es la respuesta que una divinidad, establecida en un lugar geográfico determinado, ofrece a la pregunta de un devoto, quien formula sus dudas al dios con el fin de adaptar su conducta futura a su consejo. Séneca le define diciendo que es la voluntad de los dioses, anunciada por la boca de los hombres. Era la más augusta y la más religiosa clase de predicción de la antigüedad. El vivo deseo de conocer el porvenir dio origen a los oráculos. No sólo hacían pronunciar oráculos a todos los dioses, sino que también dieron este privilegio a los héroes. Además de los oráculos de Delfos y de Claros, que rendía Apolo, y los de Dodona y Ammón, en honor de Júpiter, tenía Marte uno en Tracia; Mercurio otro en Patras; Venus en Pafos y en Afeca, Minerva en Micenas, Diana en la Cólquida, Pan en la Arcadia; Esculapio en Epidauro y en Roma; Hércules en Atenas y en Gades, hoy día Cádiz; Serapis en Alejandría; Trofonio en Beocia, etc. Consultaban los oráculos no sólo para las grandes empresas, sino también por asuntos de poco interés, y aun pertenecientes a la vida privada. Un particular quería casarse, emprender un viaje, curar de una enfermedad, salir bien de un negocio, iba a consultar a los dioses que disfrutaban de la reputación de pronosticar lo venidero, porque es de advertir que no todos gozaban de este privilegio. Los oráculos se daban de diferentes modos. Algunas veces era necesario para obtenerlo muchas preparaciones, ayunos, sacrificios, lustraciones, etc.. En otras se usaban menos ceremonias, y sin embargo el consultante recibía la respuesta inmediatamente, como por ejemplo Alejandro cuando fue a visitar a Júpiter Ammón. La ambigüedad era uno de los caracteres más comunes de los oráculos, pues el doble sentido de una palabra no podía dejar de serles favorables, tal fue la respuesta que dieron las sacerdotisas de Delfos a Creso: "Si Creso pasa el Halys destruirá un gran imperio"; pues que si este rey hubiese vencido a Ciro, hubiera destruido el imperio de los persas, y vencido Creso destruía el suyo. De la misma naturaleza es la respuesta que se dio a Pirro, y que va comprendida en este verso latino: "Credo equiden Aeacidas Romanos vincere posse", pues podía significar que los romanos podrían vencer a los eácidas o viceversa, que éstos podrían vencer a los romanos. Así es que cuando la Pitia dijo a Nerón: "Guárdate de los setenta y tres años", este príncipe creyó que los dioses le anunciaban con esto una larga vida, pero quedó muy admirado cuando vio que esta respuesta indicaba a Galba, anciano de 73 años, que le sucedió. Entre las respuestas de los oráculos había algunas muy singulares. Creso quiso sorprender al oráculo de Delfos enviando a pedir a la Pitia qué es lo que hacia él mismo Creso mientras el enviado le consultaba. Ella le contestó que estaba asando una oveja con una tortuga, y en efecto era cierto: lo que dio aumento a la credibilidad y a los regalos. Algunas veces no consistían más que en simples chanzas, y una prueba de ello es la que el oráculo hizo a un hombre que fue a consultarle por qué medio podía ser rico. El dios le contestó que no le faltaba más que poseer todo lo que se encontraba entre las ciudades de Cicione y de Corinto. Otro tanto puede decirse de otra respuesta hecha a un gotoso, que para curarse no tenía más que hacer que beber agua fresca. Los oráculos degeneraron desde que dejaron de darse en verso. "Los versos proféticos, dice Plutarco, se desacreditaron por el abuso que hacían de ellos los charlatanes a quienes consultaba el pueblo en las encrucijadas, pero lo que más contribuyó al descrédito de los oráculos, fue la sumisión de los griegos, bajo la dominación de los romanos, la cual calmando todas las divisiones de Grecia ya no dieron más materia a los oráculos. El desprecio que los romanos tenían a esta especie de predicciones fue otra de las causas principales. Este pueblo no se atenía más que a sus libros sibilinos y a sus adivinaciones etruscas, y no es de admirar que siendo los oráculos una invención griega, hubiesen seguido el destino de Grecia". En Egipto existían dioses oraculares, sobre todo Amón, que era consultado por los faraones del Imperio Nuevo a través del clero de Tebas. Heródoto narra que también eran consultados el toro Bukhis y la diosa Uto-Wadjet, para resolver muchas cuestiones planteadas en la vida privada y, sobre todo, ciertas dificultades judiciales. A veces consultaban al dios durante la procesión: si avanzaba, es que aprobaba, y si retrocedía, negaba. Otras veces se sorteaban unas respuestas ya hechas. Los asirios planteaban preguntas al dios sol Shamash para que diera respuestas contundentes (sí o no) mediante la observación del hígado de una oveja sacrificada para tal fin. Se trataba de preguntas cuidadosamente formuladas, que a veces tenían una importancia política considerable, como el nombramiento de un sucesor al trono, el inicio de un ataque, la posibilidad de una sublevación, o el nombramiento de funcionarios de baja categoría. Estaban relacionados también con la seguridad del propio monarca o del príncipe heredero. Ver, Oráculo de Dodona.

Oráculo de Dodona

El Oráculo de Dodona fue el más célebre de la Antigüedad, después del Oráculo de Delfos. Dodona es un lugar que se encuentra a 80 km al este de la isla de Corcira (hoy, Corfú), en la región de Epiro, al pie del monte Tomaros (2.000 m), en los montes Pindo, cerca de la actual frontera de Grecia y Albania, en una zona montañosa que dominaron y controlaron los molosos en el siglo V a.C.. Los molosos eran los habitantes de la antigua ciudad de Molosia, en Epiro. Este santuario estaba dedicado al dios Zeus y a la Diosa Madre, venerada bajo el nombre de Dione, y fue el más frecuentado desde tiempos muy antiguos. Su situación era privilegiada, cerca del río Aqueloo, el más caudaloso de Grecia, navegable durante algunos kilómetros. Se sabe que el lugar tenía ya una gran actividad en los tiempos de la Edad de Bronce, pero después no se conoce una continuidad en el culto. Está situado, como ya se ha dicho, en la falda del monte Tomaros, al sur del lago Pambotis, a 22 km al sur de Ioannina. Es el más antiguo de los oráculos griegos anteriores a Heródoto. Posiblemente se remonta al segundo milenio a.C. y es uno de los más célebres junto a los de Delfos y Amón. Los sacerdotes y las sacerdotisas del bosque sagrado interpretaban la caída de las hojas del roble en el viento. Tras la aparición en Grecia de las ciudades, aminoró el auge del oráculo de Dodona en la época clásica, pero continuó activo hasta la época de Roma. Heródoto aporta la tradición sobre el oráculo de Dodona, que escuchó anteriormente en Tebas, Egipto. El relato mitológico sirve, sobre todo, por el lazo que crea entre los dos grandes oráculos de Zeus, el de Amón en el oasis de Siwa en Libia, y el de Dodona. Parece mostrar también que en su origen, el servicio de la divinidad estaba reservado a las sacerdotisas, y que la institución de sacerdotes es posterior. Se sabe, en efecto, por Estrabón que eran las sacerdotisas quienes deliberaban sobre las respuestas del dios, salvo en el caso de que se tratara de beocios. Las sacerdotisas de Zeus eran las tres peleiades "palomas", nombradas per Heródoto como Promenia, Timárete y Nicandra. En el siglo VIII a.C., en época do Homero, se mencionan unos adivinos, los selos. Eran los selos quienes, manteniendo un contacto ritual permanente con la tierra, interpretaban la palabra de Zeus. De este modo vaticinaban de múltiples maneras, la caída de las hojas del roble sagrado, el ruido causado por uno o varios recipientes de bronce y posiblemente el vuelo de las palomas, si se interpreta la etimología de peleiades. )o()o( HISTORIA DEL SANTUARIO )o( La arqueología no ha aportado aún una respuesta satisfactoria a la fecha de construcción del oráculo. Recientemente se han encontrado restos neolíticos en Dodona. Los vestigios arqueológicos de ocupación más antiguos (cerámica, espadas y cuchillos de bronce) datan de la época micénica y no son anteriores al siglo XV a.C.. El culto al Zeus Dodoniano llegó a Epiro con los tesprotios en el período Heládico reciente, hacia 1.200 a.C.. Pero anteriormente existía un culto establecido a la diosa ctónica prehelénica de una diosa de la abundancia y la fertilidad relacionada con las raíces del "Gran Roble". Las dos divinidades, el dios Urano de la tormenta y el trueno, y la divinidad ctónica de la vegetación formaban en Dodona una pareja venerada bajo los nombres de Zeus Naios (literalmente "Zeus residente") y Dione Naia, la forma femenina del nombre Zeus, en relación con un roble sagrado. Aunque estuviera alejado de las principaies polis, el oráculo gozó de un gran renombre hasta el siglo VI a.C.: era consultado regularmente por los atenienses, que enviaban una embajada anual. Sófocles lo menciona en Las traquinias y Esquilo en su Prometeo encadenado. Creso, rey de Lidia, consultaba a los célebres oráculos si debía o no declarar la guerra a Persia. La respuesta de Zeus Dodoniano no se conserva. La consulta se repite más tarde por los espartiatas Agesilao II y Lisandro. Éste intentó corromper a la sacerdotisa del oráculo para obtener una respuesta favorable a su consulta. La anécdota figura también en Plutarco (Vida de Lisandro) que cita a Éforo de Cime. Esta celebridad del oráculo no se refleja en un proyecto arquitectónico ambicioso, contrariamente a lo que pasa con el oráculo de Delfos, que suplantó progresivamente a Dodona como sede principal de los oráculos para las ciudades griegas. En el siglo IV a.C. el santuario parece reducirse a un simple templo en torno al roble sagrado. El apogeo del santuario se corresponde con el del reino de Epiro bajo el mandato de Pirro, quien, entre 297 y 272 a.C., reconstruyó casi todos los edificios de Dodona, bajo un prototipo monumental más concorde con su papel de santuario nacional de Epiro: el templo de Zeus, el de Heracles y el de Temis gozaron de más anchura, así como los edificios cívicos, el Bouleuterión y el Pritaneo. Fue también Pirro quien hizo construir el teatro para acoger los espectáculos dramáticos y musicales que acompañaban la fiesta de los Naia en honor de la tríada constituida por Zeus y sus dos compañeras, Dione y Temis. La repentina muerte de Pirro en Argos en 272 a.C. y la debilidad del reino de Epiro que se hundía absorbido por sus dos poderosos vecinos, Macedonia al este y Etolia al sur, provocaron el declive del santuario. Entre 219 y 218 a.C., fue saqueado por los etolios bajo el mandato de su nuevo strategos, Dorímaco, que hizo destruir templo de Zeus, aunque parece ser que respetó el Roble sagrado. El joven rey de Macedonia Filipo V, aliado de los epirotas, vengó a sacrilegio atacando salvajemente Termo, la capital federal etolia, al año siguiente (218). Con el botín tomado a los etolios hizo reconstruir el santuario de Dodona y añadió un estadio para los juegos anuales. A pesar de todo, el santuario no se recuperó del saqueo etolio, es más, fue destruido nuevamente medio siglo más tarde, esta vez por los romanos, en la Tercera guerra macedónica (168-167 a.C.). Se encuentra de nuevo una mención del santuario en las fuentes que hablan de la invasión de Grecia por los ejércitos de Mitrídates VI en 88 a.C.. Cuando Octavio se refugió en Epiro durante la guerra contra Marco Antonio en 31 a.C., probablemente hizo reconstruir en parte el santuario, que el geógrafo contemporáneo Estrabón describe en ruinas. Fue también en la época imperial cuando el teatro fue convertido en circo. El emperador romano Adriano visitó el oráculo hacia el 132, igual que Pausanias poco después. El festival de los Naia continuó siendo celebrado hasta el año 240. La ruina definitiva del oráculo llegó en 391, cuando el Roble sagrado fue talado debido al edicto de Teodosio I que prohibió los cultos paganos. Ello no significó el fin de la ocupación del lugar: la construcción, a partir de los restos del templo de Heracles, de una gran basílica paleocristiana del siglo V es testimonio de la ocupación de Dodona en la Antigüedad tardía, al igual que la mención de la ciudad en la lista de Hierocles (siglo VI), y la presencia de varios obispos de Dodona en los concilios ecuménicos, especialmente el de Éfeso en 431. )o()o( Organización del santuario )o( El santuario estuvo rodeado desde la segunda mitad del siglo IV a.C. por una muralla que prolongaba por el valle las fortificaciones de la acrópolis. Esta última englobaba la cima de una pequeña colina de 350 m de altitud. Construida con aparejo isódomo, la acrópolis fue refugio fortificado para la ciudad de los dodoneos. Tenía 10 torres cuadrangulares, accesible por dos entradas, una al noreste, la otra al sudeste. Poseía una cisterna para proporcionar agua a los habitantes en caso de sitio. A partir de los ángulos sudoeste y sudeste de la acrópolis, dos murallas descendían por el valle para incluir el área del santuario. Tres puertas estaban siempre abiertas, de las cuales dos, al este y al sur, estaban protegidas por torres. La puerta oeste tuvo que ser desplazada más hacia el oeste en la fase de agrandamiento del santuario a inicios del siglo III a.C., para dejar espacio suficiente para la construcción del Bouleuterión y del Pritaneo. La nueva muralla occidental los rodeaba para acabar en el edificio conocido como Casa de las sacerdotisas. )o()o( Edificios de culto )o( Los diferentes monumentos del santuario estaban repartidos al pie de la colina en este espacio fortificado. En el centro se hallaba el témenos de Zeus Dodoneo, la Hiéra Oikia "casa sagrada", mencionada por Polibio. La fase monumental identificada más antigua es un pequeño templo rectangular (20,80x19,20 m) construido en la primera mitad del siglo IV a.C. al lado del roble sagrado, cuando los molosos tomaron el control del santuario tesprotio. En aquel entonces no estaba vallado, sino que el roble estaba rodeado de una serie de trípodes que soportaban calderos de bronce en contacto los unos con los otros. Cuando entrechocaban, el sonido reverberaba. Este ruido que los sacerdotes interpretaban como el viento entre las hojas, manifestaba la voluntad de Zeus. Han sido encontrados fragmentos de calderos que se remontan al siglo VIII a.C. confirmando esta tradición y la antigüedad del oráculo. A mediados del siglo VI, el témenos fue cerrado por un muro de mampostería. Los calderos dejaron su sitio a un dispositivo más sofisticado: encima de una columna se elevó una estatua de bronce, ofrenda de los corcireos, representando a un joven que sujetaba un látigo con tres cadenas de astrágalos. El viento agitaba las cadenas contra un caldero dispuesto también sobre una columna, produciendo un sonido continuo, que los sacerdotes interpretaban para responder a las preguntas que les planteaban. Las respuestas eran plasmadas en láminas de plomo, de las que un gran número de ellas han sido sacadas a la luz. Bajo el reinado de Pirro de Epiro, el muro de cierre fue reemplazado por un pórtico jónico en tres de los cuatro lados del patio, en forma de letra pi, rodeando el Roble. A modo de ofrenda de reconocimiento al dios, Pirro hizo suspender sobre las columnatas los escudos romanos capturados tras su victoria en Heraclea de Lucania en 280 a.C.. El Museo Arquelógico Nacional de Atenas posee un trozo de uno de estos, identificado gracias a un fragmento de la inscripción. Reiteró este gesto en 274 a.C. después de una victoria sobre Antígono II Gónatas, atestiguado por una inscripción encontrada en el Bouleuterión. También Pausanias evoca este triunfo y describe la inscripción de la ofrenda de los escudos macedonios al Zeus de Dodona. Después del desmantelamiento sistemático de la Hiéra Oikia por la Liga Etolia en 219 a.C., los macedonios reconstruyeron el santuario a una escala más grandiosa: el templo, tetrástilo de orden jónico, era un edificio tripartito (pronao, naos y ádyton). Varios templos secundarios rodeaban la Hiéra Oikia. Al noreste se alzaba el primer templo de Dione: un pequeño edificio dotado de un pronaos tetrástilo jónico, que albergaba las estatua de la diosa en la parte trasera de la cella. Se sabe de manera indirecta que el templo ya existía en la segunda mitad del siglo IV a.C.: los atenienses despacharon allí una embajada para honrar la estatua de Dione, una práctica que Olimpia, la madre de Alejandro Magno condenó como una injerencia en los asuntos de los molosos de Epiro, a los que ella gobernó de 330 a 324 a.C.. El santuario fue abandonado tras su destrucción en 219 a.C. y se construyó un nuevo templo de Dione una decena de metros al sur. Se trataba de un pequeño templo próstilo tetrástilo jónico, que constaba de un pronaos y de una cella. Entre estos dos templos y la puerta este del recinto se encontraba el templo de Heracles, erigido durante el reinado de Pirro (297-272 a.C.) en honor del héroe, considerado el ancestro mítico de la dinastía argéada, la casa real macedonia, la cual se alió con la de los eácidas de Epiro después de la boda de Olimpia y de Filipo II de Macedonia. Era un pequeño templo tetrástilo dórico, el único del santuario, que fue destruido en 219, y más tarde reconstruido con los materiales saqueados en Termo. Fue en parte cubierto por la basílica paleocristiana en la Antigüedad tardía. El templo ha podido ser identificado gracias al descubrimiento de una metopa que representa a Heracles luchando contra la Hidra de Lerna, así como por diversas ofrendas. Una base del altar descubierto al este del templo estaba probablemente asociada a este. Han sido sacados a la luz otros dos templos situados al oeste de la Hiéra Oikia: el templo de Temis estaba muy próximo del templo nuevo de Dione. La asociación cultual de las dos diosas paredras de Zeus está confirmada por una inscripción oracular de plomo, datada en la primera mitad del siglo III a.C., que menciona esta tríada calificada de dioses naios. Un poco más lejos, al sureste, un último edificio cultual ha sido identificado como un templo de Afrodita; el culto de esta diosa esta atestiguado en Dodona por una inscripción, así como por ofrendas de pequeñas estatuillas de arcilla, en las que está representada sosteniendo en su mano derecha una paloma ante su pecho. Dos tambores de columnas provenientes de este templo fueron reutilizadas en el edificio vecino, de función desconocida, de época romana. )o()o( Edificios civiles )o( El edificio más grande intra muros del santuario era el Bouleuterión, construido a principios del siglo III a.C., al lado del teatro. Era una gran sala rectangular (43,60x32,35 m) precedida en la fachada por una stoa dórica. El tejado de esta imponente construcción era soportado por ocho columnas jónicas dispuestas en tres hileras en la sala. Fue necesario, no obstante, reforzar los muros con 14 contrafuertes para soportar la presión del techo. Este edificio era el lugar de reunión de los miembros del consejo (bouleutas) de la ciudad de los dodoneos. Tomaban asiento en bancos de piedra, de los cuales quedan restos in situ, en el lado norte Los oradores ocupaban su lugar en la parte sur de la estancia, donde también se encontraba ua altar dedicado a Zeus Naios y Bouleus, un elemento decisivo en la identificación funcional del edificio. El autor de dicha dedicatoria era un tal Carops, hijo de Macatas, un tesprotio mencionado por Plutarco, por haber ayudado a Tito Quincio Flaminino durante la campaña del año 198 a.C. contra Filipo V. En el exterior del Bouleuterión, a lo largo de su fachada, han sido halladas cuatro bases grabadas con decretos honoríficos de la Liga epirota. El objeto de dos de los decretos era recompensar con la erección de una estatua de bronce a los generales que habían combatido; una era de los ilirios (ca.230 a.C.), y la otra de los Eácidas durante la proclamación de la República epirota (entre 234 y 168 a.C.). Varios fragmentos de estas estatuas han sido hallados en las proximidades de las bases. El otro gran edificio civil, el Pritaneo, estaba a escasa distancia al sur del Bouleuterión, al otro lado de la Vía sacra y de la antigua puerta oeste de las murailas, que hizo falta desplazarlas para construir este monumento. En este edificio se reunían los pritanos y los arcontes, magistrados supremos de Dodona. Allí se conservaban los archivos de sus decisiones. El edificio, ordenado en torno a un patio peristilar, fue agrandado a finales del siglo III a.C., mediante la adición de una serie de pequeñas habitaciones cuadradas en su lado norte. Este agrandamiento fue probablemente muy necesario dada la extensión de la Liga epirota hacia el sur en esta época. Destruido en el año 167 a.C., fue mal reparado, pero de su parte norte quedan las ruinas. )o()o( El teatro y el estadio )o( Los dos edificios más importantes de Dodona estaban situados en el exterior del recinto del santuario, sobre la pendiente suroeste de la colina. El teatro era uno de los más vastos de Grecia, con un aforo estimado en 17.000 espectadores. Fue construido durante el reinado de Pirro en la pendiente sur de la colina, para albergar la fiesta cuadrienal de las Naia, La colina no era bastante amplia para el edificio y hubo que construir un muro de contención para retener el terraplén, reforzar la fachada con contrafuertes macizos, de apariencia similar a torres, y que contribuyeron al aspecto monumental e impresionante de la fachada. El auditorio estaba dividido por dos alamedas (diazomata), en tres zonas respectivamente de 9, 15 y 21 filas de asientos, separados por escaleras en 9 sectores (cunei) en la parte inferior, y 18 en la superior. Las filas inferiores estaban reservadas a los magistrados, titulares de privilegios y sacerdotes (proedría). Fueron suprimidos, incluidos el proscenio y la fachada del edificio de la escena, durante la transformación del teatro en circo en la época augústea. Se construyó entonces un alto muro de 2,80 m para convertir la orchestra en una vasta arena ovalada, donde podían ser organizados combates de bestias salvajes sin peligro para el público. Al suroeste del teatro se hallaba el Estadio, que constaba de 21 ó 22 hileras de asientos. Fue construido a principios del siglo III a.C. para acoger los juegos atléticos que acompañaban la festividad de las Naia. )o()o( Exploración arqueológica )o( Las primeras excavaciones sistemáticas del santuario tuvieron lugar desde 1873-1875, emprendidas a una escala considerable; sacaron a la luz lo esencial de las estructuras sobre una superficie de 20.000 m2, pero no alcanzaron todos los estratos de ocupación, por suerte para los arqueólogos posteriores. No obstante, dichas excavaciones permitieron, gracias al descubrimiento de los decretos epirotas grabados sobre placas de bronce, así como de numerosas láminas oraculares de plomo, confirmar la identificación del yacimiento con el célebre santuario oracular. El descubrimiento de un depósito importante de este material en las ruinas de la basílica paleocristiana, condujo a identificarlo erróneamente con el templo de Zeus. Las excavaciones se reemprendieron después de 1921, pero tuvieron que interrumpirse por la guerra Greco-Turca. En los años 50 prosiguió la excavación del santuario, mostrando la continuidad del funcionamiento desde la Edad del Bronce hasta la Antigüedad tardía. )o()o( El oráculo )o( El santuario estaba consagrado al dios Zeus, representado aquí como el dios uranio, el dios de los cielos y el dios del monte Tomaros. Se le representaba con el rayo en una mano y con la presencia del águila. En el centro se hallaba el árbol sagrado, el gran roble de este dios que hacía las veces de palomar. Las señales que los sacerdotes debían interpretar venían del grito de las palomas, el rumor de las hojas de los árboles y los ecos sonoros que el viento conseguía al hacer golpear unas cadenas emplazadas allí, sobre unos calderos. La arqueología ha dado mucha información al hallar en este lugar bastante material sobre las preguntas hechas al dios, es decir sobre el oráculo. Se han encontrado abundantes láminas de plomo sobre las que están grabadas con estilete las preguntas de los consultantes. Sin embargo el material encontrado con las respuestas es bastante escaso; se supone que los consultantes se llevaban consigo la respuesta escrita que les serviría como testimonio de la merced divina. Desde antiguo el oráculo de Dodona fue consultado por gentes sencillas, gente del lugar, de zonas bastante cercanas o de zonas más remotas del norte. Desde el centro de Grecia venían pocos peregrinos. Las consultas halladas se refieren por lo general a asuntos cotidianos y domésticos, preguntas sobre la elección de matrimonio o de celibato, sobre la fecundidad o esterilidad, sobre la duda de que el hijo recien nacido fuese legítimo, sobre el hecho de emprender un viaje a Siracusa, etc.. También se ha encontrado material sobre las preguntas hechas por los Estados en épocas determinadas, además de las noticias que ha podido dar el escritor Plutarco que cuenta cómo Agesilao II (444-360 a.C.), rey de Esparta, indagó con su oráculo sobre la oportunidad de lanzarse a una gran guerra contra los persas, o cómo los espartanos viajaron a Dodona para asesorarse antes de la batalla de Leuctra en el año 371 a.C., contra Tebas. Los corcireos también interrogaron para poder conseguir la paz y los caonios consultaron si era bueno desplazar el templo de Atenea. Algunos escritores de la antigüedad cuentan que en los primeros tiempos, el oráculo ordenaba sacrificar una víctima al río Aqueloo, cada vez que contestaba una pregunta. Hesíodo, en su Teogonía, habla del culto que se daba también a Dione, la amante de Zeus Naios, pero sin que esta diosa ocupe un lugar destacado. )o( Hoy, cerca de Dodoni, prefectura de Ioannina, en la periferia de Ipiros, Grecia. Ver, Hella, Oráculo.

Oradores áticos

Fueron probablemente los eruditos alejandrinos, quienes seleccionaron a los diez oradores áticos: Andócides, Antifonte, Demóstenes, Dinarco, Esquines, Hipérides, Iseo, Isócrates, Licurgo, Lisias.

Oratio Claudii de iure honorum gallis dando

Propuesta del emperador Claudio al Senado en la que resume la historia primitiva romana y la aportación de los galos de la Narbonense a la vida pública de Roma. Su objeto fue hacer votar un senatusconsultus haciendo accesible las magistraturas públicas a las más eminentes personalidades de la Galia y con ello acceder posteriormente al Senado. Su texto se descubrió en Lyón en 1528 en una tabla de bronce.

Oratio divi Hadriani

Propuesta del emperador Adriano, convertida en senatusconsultus, en la que prohibe favorecer a los extranjeros con fideicomisos, disponiendo que éstos pasasen al fisco. Ver, Fideicommissum.

Oratio in castris habita

Constitución imperial en forma oral. Orden o mandato que se da en campaña.

Oratio in senatu habita

Ver, Oratio principis (disposiciones legislativas adoptadas por los emperadores romanos a través de un discurso pronunciado ante el Senado por el propio ….).

Oratio principis

Disposiciones legislativas adoptadas por los emperadores romanos a través de un discurso pronunciado ante el Senado por el propio emperador o por un magistrado, que hacía el papel de su portavoz. El Senado se limitaba a refrendar formalmente, dándole la forma jurídica oportuna mediante el senatus consultum correspondiente. En el siglo III desapareció esta forma legislativa a favor de las decisiones adoptadas por el emperador.

Oratoria

Ver, Oradores áticos, Retórica.

Orax

Hijo de Nauplio y de Clímene.

Orba

Ver, Ér (Ér, Orba, Ferón y Fergna, los hijos de Eber Finn, fueron, según leyendas irlandesas medievales y tradiciones ….).

Orbaniacus

Asentamiento galo-romano de la Galia céltica. Hoy, Orbigny, departamento de Indre-et-Loire, región de Centre-Val de Loire, Francia.

Orbelia

Distrito y ciudad de Síntica, distrito del reino de Macedonia. Su nombre derivaba del monte Orbelus. Hoy, en Grecia.

Orbelos

Orbelus (cordillera montañosa en la frontera de Tracia y Macedonia oriental, al norte del lago Cercinitis y que se extiende hacia ….).

Orbelum

Urbilum (Ciudad situada al norte del actual Iraq, en una fértil región de colinas situada entre los ríos Gran y Pequeño Zab. La vida urbana de esta ciudad asiria se ….).

Orbelus

u Orbelos. Cordillera montañosa en la frontera de Tracia y Macedonia oriental, al norte del lago Cercinitis y que se extiende hacia las fuentes del Strymon, donde se une a la cumbre llamada Scomius, en la cual el río tenía su origen. Al sur de Orbelus se encontraba la ciudad de Crénides. Se hallaba a unos 100 km de la costa del Egeo, entre los cursos del Estrimón y el Axio. Casandro, después de haber asistido a Audoleon, rey de Peonia, en contra de la tribu ilíria de los autariates y tras haberlos vencido, transportó 20.000 hombres, mujeres, y niños al monte Orbelus. El distrito llamado Orbelia, deriva su nombre de la montaña. Es el actual Pirin Dagh, en la frontera grecobúlgara. Ver, Filipos (fundación del rey Filipo II).

Orbia

o Urbia. Río de la Galia Lugdunense de 50 km de longitud, afluente del Sena en su margen izquierda. Fluye por los departamentos de Yvelines y Essonne. Hoy, Orge, departamento de Essonne, región de Île-de-France, Francia.

Orbilio Pupilo

Lucio (Lucius Orbilius Pupillus) (siglo I a.C.). Maestro de escuela y gramático que en el 63 se trasladó de Beneventum a Roma a la edad de quince años. Fue maestro de Horacio, que rememora los golpes que este propinaba a sus discípulos mientras les enseñaba la Odisea de Andrónico. Orbilio fue muy crítico con las condiciones de la educación que encontró en Roma, aunque Horacio lo presenta como un severo malhumorado. Se le levantó una estatua en Beneventum.

Orbis

Orobis (río de la Galia Narbonense que desemboca en el mar Mediterráneo).

Orbis

Nombre latino del río Orbe, de 67 km de recorrido, que discurre por Francia y Suiza. Es un afluente del río Aar, y pertenece por tanto a la cuenca del Rhin.

Orbis terrarum

Expresión latina que designaba el conjunto de las tierras dominadas por Roma en tiempos de Augusto, que correspondía en buena medida con el mundo conocido (la ecúmene de los griegos).

Orbitanium

Fistelia (nombre que aparece en las monedas de una ciudad de Lucania, que Tito Livio llama Orbitanium. Los dos nombres se refieren a la ….).

Orbona

Diosa romana que los padres invocaban para salvar a sus hijos de su cólera, "ne inciderent in orbitatem". Era invocada por las parejas que querían tener hijos por primera vez y por aquellas que querían tener más; era además diosa de los infantes, en especial de los huérfanos. Tenía un altar en Roma cerca del templo de los dioses lares. Ver, Infancia.

Orcadas

Orcades (nombre dado por Ptolomeo y otros autores a las Islas Orcadas).

Orcades

Nombre dado por Ptolomeo y otros autores a las Islas Orcadas, grupo de islas situadas en el norte de Escocia que han estado habitadas desde hace al menos 8.500 años. Originalmente estaban ocupadas por tribus del Mesolítico y del Neolítico y luego por los pictos. Hoy, Orkney, Escocia.

Orcame

Rey de Persia, o de Asiria, padre de Leucótoe. Ver, Leucótoe.

Órcamo

Ver, Leucótoe (hija de Órcamo).

Orcas

Promontorio de Calidonia (Ver, Calidón). Hay otro promontorio que está frente a las islas Orcades (hoy, Orkney), que comparte el mismo nombre. Ptolomeo dice que este promontorio también se conocía como Tarvedum o Tarvedunum (Holborn Head o Dunnet Head, Escocia).

Orcelis

Localidad de la Hispania romana, en la Bastetania. Hoy, Orce, provincia de Granada, comunidad autónoma de Andalucía, España.

Orcestes

"el danzarin, el saltador". Sobrenombre de Marte en Licofronte.

Orchestra

En el teatro clásico, espacio situado entre la cávea y la scena, de forma circular y de herradura en el teatro griego, semicircular en el teatro romano, que se destinaba al coro en Grecia.

Orchoë

Uruk (ciudad de Mesopotamia, situada en la ribera oriental del río Éufrates, surcada por el antiguo canal Nil, en una región de pantanos a ….).

Orchomene

Orcómeno (polis griega situada al oeste de Beocia, emplazada en el extremo oriental del monte Acontio, al noroeste del lago Copaide o Copais, y cerca de ….).

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