Ciudad situada en el sur de Irak, a unos 200 km al noroeste de Basora. Los primeros restos de Ur pertenecen al período de El Obeid (V milenio a.C.), en el cual se produjeron los primeros asentamientos urbanos en la zona. Ur es, por tanto, una de las ciudades más antiguas de Sumeria. La patria de Abraham, según la Biblia, no dejó de estar habitada hasta aproximadamente diez siglos antes de nuestra era. Junto con Uruk y Lagash, era una de las tres grandes capitales de Sumer, país que sus reyes dominaron en dos ocasiones durante el III milenio. Durante el IV milenio a.C. (período de Uruk) la gran cantidad de cerámica encontrada parece indicar que Ur pudo haber sido un centro importante de producción. Esta situación se prolongó hasta el período Yemdet-Nasr, hacia el 3.000 a.C.. En algún momento del milenio siguiente se produjo una inundación de carácter local que dejó una importante capa de lodo en los estratos. Las información de las capas pertenecientes al período Dinástico Arcaico es reducida, ya que unos 500 años después se derribó gran parte de las antiguas estructuras para construir otras más monumentales. Sin embargo, la historia de la ciudad puede reconstruirse en base a inscripciones en otras ciudades. En algunos textos de Lagash, ciertos monarcas de esa ciudad se atribuyen haber conquistado Ur, si bien no indican los nombres de los reyes derrotados. Tampoco en la lista Real Sumeria se menciona a esos conquistadores, sino que hace referencia a una cesión de la realeza desde Uruk, al monarca de Ur, Mesannepada. En los sellos de este rey se encuentra autotitulado como "rey de Kish", título que podría hacer referencia no tanto a la ciudad acadia como a todo el territorio de la Mesopotamia central, lo cual podría estar apoyado por el uso que, posteriormente, Sargón de Acad dio a este título. Esto indicaría una posible hegemonía de Ur en la zona a mediados del Dinástico Arcaico, lo cual estaría respaldado por algunos restos, que muestran el incendio de la ciudad de Shuruppak y la destrucción del palacio de Kish. Se conocen algunos datos de la familia de Mesannepada. Así, una tablilla de fundación encontrada en un templo cerca de tell Obeid nombra a un tal A-Anepada, hijo de Mesannepada. El hijo de A-Anepada se llamaba Meskiaga-nuna, y fue él quien sucedió a su abuelo en el trono. De este rey se conoce su existencia por una tablilla que le dedicó su esposa a su muerte. La lista real Sumeria menciona a estos dos reyes y a dos más, en la que denomina Dinastía I de Ur. De estos dos últimos reyes destaca que sus nombres no son sumerios si no acadios. Los nombres de los monarcas de la Dinastía II de Ur aparecen muy deteriorados en la lista Real; sin embargo, se conocen bien los acontecimientos de este período, marcado por la rivalidad entre las distintas ciudades. Hacia el siglo XXIV a.C. el rey de Umma, Lugalzagesi, conquista las ciudades del sur de Mesopotamia, incluida Ur, formando una hegemonía local y declarándose rey de Kish, al igual que habían hecho los monarcas de la Dinastía de Ur. El dominio de Lugalzagesi no duró mucho ya que hacia el 2.335 a.C. Sargón de Akkad funda Agadé y comienza sus conquistas, venciendo primero a Lugalzagesi y después a todas las ciudades sumerias, incluida Ur, a la que derribó sus murallas. Tras esto Ur y las demás ciudades sumerias quedaron incorporadas en el Imperio acadio. Tras la muerte de Sargón todas ellas se sublevaron, siendo reprimidas por su sucesor. Durante el reinado del nieto de Sargón, Naram-Sîn, la ciudad seguía formando parte del Imperio acadio, si bien se produjeron rebeliones. A esta época pertenece un texto escrito por Enheduanna, una sacerdotisa "en" y escriba en el templo de Nannar en Ur. La historia narra en primera persona el sufrimiento de la sacerdotisa que ha sido expulsada de Ur por el lugal local, Lugal-ane. La historicidad de los personajes parece estar demostrada, en el caso de Lugal-ane, por inscripciones, en las que Naram-Sîn le nombra como uno de los cabecillas de las revueltas de las ciudades del sur y, en el caso de Enheduanna, por un relieve en la que se le dibuja sentada junto al dios Nannar. Los motivos de la expulsión de Enheduanna no están claros; el texto la menciona como hija de Sargón, lo cual podría indicar una filiación simbólica más que una relación familiar. De hecho, según su sello, fue nombrada sacerdotisa por el conquistador acadio. Así, es posible que esta designación hubiese incomodado al lugal de Ur, siendo este el motivo de la expulsión. La historia es representada como un conflicto entre el dios Nannar, que representa a Ur, e Innana, que representa a Agadé y al poder imperial; el arbitro del conflicto es el dios del cielo An de Uruk. Según la historia, An falla en favor de Inanna y Enheduanna recupera su posición. No se conoce cual fue la historia real que inspiró esta alegoría; si bien se sabe que las revueltas de Ur y las demás ciudades fueron sofocadas por Naram-Sîn. A finales del siglo, durante el reinado de Sharkalisharri, hijo de Naram-Sîn, el imperio se vio superado por las numerosas revueltas y los ataques de los pueblos vecinos. Así, Ur consiguió su independencia. A finales del siglo XXII y comienzos del XXI, Ur-Nammu fundaría la Dinastía III de Ur (Ver). En los años siguientes a esta dinastía, el dominio de Ur y el del resto de la región se alternó entre Isin y Larsa. Tras las conquistas de Hammurabi, durante el Imperio Paleobabilónico (siglos XVIII y XVII a.C.), la ciudad jugará un papel muy importante como centro de culto. Mil años después, Nabucodonosor II llevará a cabo una ambiciosa reconstrucción de los templos de Ur, que aún era un importante centro urbano. El declive de la ciudad sólo se produjo tras la final de los reinos mesopotámicos, con la conquista de la región por parte del Imperio persa. Todavía hoy, las ruinas de Ur son las más bellas y las más reveladoras de toda Mesopotamia. Si el Éufrates, que corría antaño bajo sus muros, se ha alejado unos diez kilómetros, su enorme ziggurat sigue dominando la "zona sagrada" y sus templos. Importantes excavaciones han permitido descubrir tumbas reales sumerias. Las excavaciones de Ur, han sacado a la luz los vestigios de lo que fue la potente capital de un estado sumerio. El yacimiento (Irak), aún dominado por su zigurat, hoy restaurado, ha proporcionado notables testimonios sobre dos etapas de la civilización mesopotámica: la mitad del tercer milenio a.C., con las espectaculares "tumbas reales", cuyo gran contenido ha suministrado datos valiosisimos sobre el arte, la religión y la sociedad de los sumerios; y el período situado alrededor del 2000 a.C., con las construcciones oficiales y privadas de una metrópolis de la Mesopotamia oriental. Los orígenes de la ciudad son muy anteriores, puesto que durante una profunda horadación, a menudo denominaaa "horadación del diluvio", se han encontrado niveles y un cementerio que se remontan a finales de la época de Obeid. El término deriva del hecho que Woolley creyó haber identificado un grueso estrato de limo estéril con los depósitos dejados por el diluvio bíblico, hipótesis que fue abandonada inmediatamente. En el yacimiento también se halló un cementerio muy interesante de la época Yemdet Nasr (ca. 5.000 a.C.), pero, sin lugar a dudas, el descubrimiento de las llamadas "tumbas reales" ha sido lo que ha hecho famosa a la ciudad de Ur. Ver, Cementerio real de Ur. Las "tumbas reales" de Ur plantean preguntas pendientes de solución una de las cuales se refiere a la elección de los nombres de Meskalamdug o de su sucesor Akalamdug, cuyos sellos-cilindros llevan el título de rey, pero no figuran en las listas reales halladas. Gran parte de las obras encontradas son objetos compuestos como el carnero erguido contra un arbusto de oro, lapislázuli y conchas, o las liras de madera decoradas con cabezas de toro barbudo, cuya decoración combina el oro, el nácar, el lapislázuli y piedras rojas. Otro objeto excepcional es una doble tablilla de madera en forma de atril que olvidaron los saqueadores de la tumba y que WooIley bautizó con el nombre de "estandarte de Ur". Una de las caras representa escenas guerreras con carros tirados por caballos que aplastan a los enemigos vencidos, paradas de soldados vestidos con una larga capa de cuero y la espada en el costado y a prisioneros desnudos presentados ante el rey. En la otra cara aparecen varias filas de personas con productos agrícolas y peces, o bien tirando de sus animales domésticos, mientras que el rey y su corte disfrutan de un banquete, animados por una mujer que toca una lira con forma de cabeza de toro barbudo, del mismo tipo que las que se encuentran en las tumbas. Esta representación en imágenes de los rituales nos ofrece una imagen muy completa de la forma de vida de la aristocracia sumeria. No se posee información sobre los nombres de las dinastías de las "tumbas reales" pero en cambio conocemos los de la dinastía III de Ur, que cubrió todo el último siglo del tercer milenio. Esta dinastía, fundada por Ur-Nammu, restauró en el sur de Mesopotamia, el orden perdido desde finales del imperio de Akkad y constituyó la última dinastía sumeria que reinó en el país. Su dominio se extendía sobre un territorio tan vasto como el de su predecesor y, sin duda, este periodo marca el apogeo económico y político de la ciudad que iniciará su declive en el 2005, bajo los ataques conjuntos de los amorritas, por el noroeste, y los elamitas, por el este. La ciudad estaba dominada por el gran zigurat que levantó Ur-Nammu. Este edificio de planta rectangular (62x45 m), aún supera los 20 m de altura. El centro está formado por ladrillos crudos alternados con cañas de junco, cuya función se cree que era la de facilitar la eliminación de la humedad. Este núcleo está revestido por un armazón de ladrillos cocidos unidos con betún y posee una inclinación que confiere robustez al conjunto. Esta construcción está decorada, más que reforzada, con una serie de contrafuertes colocados a distancia regular. Tres escaleras, una perpendicular a la fachada y otras dos paralelas permitían acceder al primer piso. Parece ser que había tres pisos y que el último servía de base de un pequeño templo. No se sabe con certeza cuál era la función de los zigurat, si bien para nosotros constituye el monumento emblemático de la Mesopotamia antigua, semejante a la Torre de Babel. Se trata de un tipo de monumento nuevo aparecido a finales del III milenio, y se estima que el de Ur fue el primero (no hay que confundirlo con los templos levantados sobre terrazas, cuya tradición se remonta al cuarto milenio). Algunos textos hablan de la existencia de jardines, árboles y un templo en la cima, pero se ignora a qué o a quién estaba consagrado. No existía más de un zigurat por ciudad. A sus pies, se extendía un vasto complejo de santuarios, como el monumental patio de Nannar, bordeado en sus cuatro costados con construcciones, accesible desde el exterior a través de un grandioso portal, y la "Capilla de la Barca", denominada así porque albergaba la barca en la que el dios Nannar solía navegar por el cielo. Los monarcas de la dinastía III de Ur ordenaron construir tumbas subterráneas de ladrillos crudos, siguiendo el estilo de las "tumbas reales" precedentes, pero todas se han hallado saqueadas. Este complejo fue utilizado como lugar sagrado mucho tiempo después de la decadencia de la ciudad. Los reyes de la dinastía casita, de mediados del segundo milenio, añadieron nuevas construcciones y en el siglo VI a.C., Nabucodonosor II de Babilonia lo reconstruyó por completo, siguiendo un ambicioso proyecto de restauración de la grandeza pretérita del país. Reedificó los santuarios intentando recuperar el modelo antiguo y rodeó todo el complejo con una gran muralla en la que se abrían varias puertas monumentales. Sin embargo, la decadencia de Ur no es paralela a la caída de la dinastía III. Las excavaciones han permitido reconstruir un barrio de viviendas del siglo XIX, con calles y callejuelas de tierra batida. Las casas se organizaban en torno a un espacio central, las plantas bajas se utilizaban como almacenes o zonas de trabajo, además de letrina. En la actualidad, se discute sobre si este espacio central estaba cubierto o descubierto. El crecimiento en altura de este asentamiento urbano se debió a la falta de espacio en el centro urbano, donde el gran número de pequeñas áreas ocupadas, comercios, talleres y míseras viviendas reflejan una gran densidad de población en el centro de la ciudad. Los numerosos archivos cuneiformes de esta época proporcionan una imagen precisa de la economía de lo que también fue un puerto de mar abierto hacia el Golfo Pérsico, cuyas orillas estaban bastante cercanas. Una administración, en apariencia muy compleja y omnipresente, regulaba las relaciones entre la economía de palacio y las grandes propiedades del estado, que incluía la de los templos, también dueños de muchos edificios, y la de los mercaderes, que estaban organizados en asociaciones. Los mercaderes de Ur importaban grandes cantidades de cobre de la tierra de Magan (la actual Omán), así como numerosos productos de la peninsula arábica y de las regiones situadas más allá del estrecho de Ormuz. En cambio, exportaban, la artesanía de la ciudad, en particular tejidos, y los productos agrícolas de su territorio. En resumen, Ur, aparte de sus rituales a menudo dramáticos, característicos de su aristocracia, del lujo de sus palacios y sus templos, era una metrópolis floreciente desde el punto de vista económico. Hoy, Tell Muqajjar o Tell el-Muqayyar, a 24 km al suroeste de Nasiriya, gobernación de Dhi Qar, Iraq. Ver, Dinastía III de Ur, Tumbas reales de Ur.