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Palabra   |   Descripción

Her-Ur

Haroeris (su nombre egipcio es Her-Ur. Es una forma muy primitiva de Horus, el "señor de la Luz y del Cielo". Sus ojos están formados por el Sol (el derecho) y la Luna (el izquierdo). Es una apariencia ….).

Her-Ur

Horus (también su nombre griego es Horo o Haroeris. Su nombre egipcio es Her-Ur. Horus es uno de los dioses más antiguos e importantes del panteón egipcio. Sus comienzos podrían remontarse a ….).

Hera

Hera es la más grande de todas las diosas olímpicas. Es la hija mayor de Crono y Rea y, por tanto, hermana de Zeus. Como todos sus hermanos y hermanas, excepto Zeus, fue tragada por Crono, pero fue devuelta a la vida por la astucia de Metis y la fuerza de Zeus. Decíase que Hera había sido criada en los confines del mundo por Océano y Tetis, a quienes Rea la había confiado cuando la lucha entre Zeus y los Titanes. Siempre les había quedado agradecida y, más tarde, al producirse la riña entre Océano y Tetis, se esforzó en reconciliarlos. Otras tradiciones atribuían la educación de Hera a las Horas, o bien al héroe Témeno, e incluso a las hijas de Asterión. Luego Hera casó con Zeus; las bodas fueron solemnes. Era, dice Hesíodo, la tercera mujer que el dios tomaba "en justo matrimonio". La primera había sido Metis; después había seguido Temis. Se decía, sin embargo, que el amor de Zeus y Hera era muy antiguo, y que se habían unido secretamente cuando Crono reinaba todavía sobre el Universo, con anterioridad a la guerra contra los Titanes. De esta unión nacieron cuatro hijos: Hefesto (Ver, sin embargo, este nombre), Ares, Ilitía y Hebe. El lugar donde se celebró el matrimonio varía según las tradiciones. La más antigua parece situarlo en el Jardín de las Hespérides, que es el símbolo mítico de la fecundidad, en el seno de una eterna primavera. A veces los mitógrafos dicen simplemente que las manzanas de oro de las Hespérides fueron un presente de Gea (la Tierra) a Hera cuando su boda con Zeus, y que la diosa las encontró tan hermosas que las plantó en su jardín, al borde del Océano. La Ilíada cuenta que Zeus y Hera se unieron no en el Jardín de las Hespérides, sino en la cumbre del Ida de Frigia. Otras tradiciones colocaban el lugar de este matrimonio místico en Eubea, donde el dios y la diosa habrían desembarcado procedentes de Creta. En Grecia, un poco por doquier, se celebraban fiestas destinadas a "conmemorar" la boda de Zeus y Hera. Adornábase la estatua de la diosa ataviándola como una joven desposada, y era llevada en procesión por la ciudad hasta un santuario donde se hallaba preparado un "lecho nupcial" (Ver, Alalcomeneo, Citerón). En tanto que esposa legítima del primero entre los dioses, Hera es la protectora de las mujeres casadas. Se la representa como mujer celosa, violenta y vengativa. A menudo se irrita contra Zeus, cuyas infidelidades significan para ella otros tantos insultos. Persigue con su odio no sólo a las amantes de Zeus, sino incluso a los hijos que han tenido del dios. De éstos, Heracles hubo de sufrir más que nadie la cólera de Hera, puesto que se atribuye a la diosa la idea inicial de los "doce trabajos". Además, lo persiguió sin tregua hasta la apoteosis final. Pero su actitud le costó cara, pues Zeus la castigó a veces cruelmente. Así, cuando Heracles regresaba de tomar la ciudad de Troya, Hera suscitó contra su nave una violenta tempestad. Entonces Zeus, enojado con la diosa, la suspendió del Olimpo, atándole un yunque a cada pie. Al tratar de librar a su madre de tan incómoda posición Hefesto se atrajo la cólera de Zeus, y fue precipitado en el vacío. Más tarde, Hera se reconcilió solemnemente con Heracles. Hera interviene en gran número de leyendas: persigue a Io y sugiere a los Curetes la idea de hacer desaparecer a Épafo, hijo de su rival. Se la encuentra en el origen del trágico destino de Sémele. Hace enloquecer a Atamante e Ino para castigarlos por haber criado el niño Dioniso, hijo bastardo de Zeus y Sémele. Aconseja a Ártemis que de muerte a Calisto, que había sido seducida por Zeus. Intenta impedir el parto de Leto y el nacimiento de Ártemis y Apolo, etc.. Zeus se ve obligado a contar con ella. Muchas veces trata de ocultar a sus hijos para sustraerlos a la cólera de su esposa; así, por ejemplo, encierra a Elara bajo tierra, donde dará a luz a Ticio. Recurre asimismo a otras astucias, como cuando transforma a Dioniso en cabrito. A veces la cólera de Hera y sus venganzas tienen otras causas. Cuéntase que un día la diosa discutía con Zeus sobre quién gozaba más intensamente de los placeres del amor, el hombre o la mujer. Zeus sostenía que las mujeres llevaban ventaja, mientras Hera afirmaba que los más favorecidos eran los hombres. Las dos divinidades decidieron consultar a Tiresias, que había tenido, sucesivamente, la experiencia de uno y otro sexo. Y Tiresias dio la razón a Zeus, diciendo que si los placeres del amor representaban diez unidades, al hombre le correspondía una, quedando para la mujer las nueve restantes. Llena de ira por verse así desmentida, Hera privó de la vista a Tiresias. Hera tomó parte en el concurso de belleza en el que se enfrentó con Afrodita y Atenea y en el cual, además, las tres diosas tomaron por árbitro a Paris. También esta vez su cólera pesó grandemente en la guerra de Troya. Tomó partido en contra de los troyanos para vengarse de Paris, que le había negado el premio a pesar de haberle ofrecido como recompensa, en el caso de designarla a ella, la soberanía del universo. Su hostilidad se hizo patente ya desde el rapto de Helena: durante el viaje de regreso, cuando los dos amantes se dirigían de Esparta a Troya, Hera suscitó una tempestad, que los arrojó a Sidón, en las costas de Siria. Además, la diosa resultaba ser la protectora natural de Aquiles, puesto que había sido criada por Tetis, y era éste incluso, según se dice, el motivo que había inducido a Tetis a rechazar los ofrecimientos de Zeus, que deseaba casarse con ella. Más tarde, Hera extendió su protección a Menelao, convirtiéndolo en inmortal. Hera participó en la lucha contra los Gigantes. Fue acometida por Porfirión, que concibió por ella un violento deseo lascivo. Mientras el gigante le arrancaba las vestiduras, Zeus lo alcanzó con su rayo y Heracles lo remató de un flechazo. También fue atacada más tarde por Ixión, ávido de unirse a ella, pero Zeus modeló una nube, que engañó a su atacante, y Hera se salvó. Todavía aparece Hera como protectora de la nave Argo, a la que ayudó a salvar las Rocas Cianeas y los pasos de Caribdis y Escila. El atributo ordinario de Hera es el pavo real, cuyo plumaje pasaba por ser la imagen de los ojos de Argos, el "guardián" que la diosa había colocado junto a Io. Sus plantas eran el helicriso, la granada y el lirio. En Roma fue identificada con Juno.

Hera Zygia

Es el equivalente del latín "Juno iugalis"; el adjetivo, derivado de "iugum" ("yugo"), alude a Juno como divinidad protectora del matrimonio, es decir, como divinidad que une a los sexos bajo el yugo del matrimonio.

Heraclammón

Estatua que representaba a la vez a Hércules y a Júpiter Ammón, y que reunía los atributos de ambas divinidades.

Heraclea

Colonia griega de Eólida, al norte de Melampago. Se conserva un testimonio epigráfico perteneciente al siglo V a.C. que marcaba los límites del territorio entre los melampagitas y los heracleotas. Es posible que sea la misma ciudad nombrada por Esteban de Bizancio como "Heraclea de Lidia". Hoy, en Turquía.

Heraclea

Colonia griega de Eólida, situada en la costa frente de la isla de Lesbos. Estrabón dice que pertenecía a Mitilene y la sitúa entre el golfo Adramiteno y la desembocadura del río Caicos, en la costa, a continuación de Cistene y cerca de Perperene, Trario, Corifantis y Átea. Plinio el Viejo también la cita entre las ciudades de Eólida. Hoy, en Turquía.

Heraclea

Colonia griega de Sicilia, situada en la región de Erice. No se debe confundir con otra ciudad llamada Heraclea Minoa, situada también en Sicilia. Según narra Heródoto, Antícares de Eleón, a través de un oráculo que se atribuía a Layo, aconsejó a Dorieo de Esparta que colonizase la región de Erice, en el extremo noroccidental de Sicilia. Le aseguró que todo este territorio pertenecía a los Heráclidas. Dorieo fue a Delfos para consultar si lograría colonizar dicha zona, y la Pitia le respondió afirmativamente. Al mando de un contingente de colonos llegó a Sicilia y los expedicionarios sufrieron una derrota por fuerzas combinadas de fenicios y de Egesta. Sin embargo, según cuenta Diodoro Sículo, Dorieo llegó a fundar la ciudad de Heraclea, que creció rápidamente, por lo que los cartagineses, temiendo que la ciudad llegase a ser más fuerte que Cartago y que acabara con la hegemonía en la zona de los fenicios, emprendieron una expedición contra ella y la arrasaron, en una fecha indeterrninada. Hoy, se desconoce su ubicación, Italia.

Heraclea

(¿-215 a.C.). Hija de Hieron II, rey de Siracusa, muerta en 215 a.C.. Se casó con el siracusano Zoipo, y fue proscrita junto con toda la familia de su padre, siendo asesinada con dos hijas suyas.

Heraclea

Heraclión (Heraclión está cerca de las ruinas del palacio de Cnosos, que en época minoica fue el mayor centro de población en Creta. Según Estrabón, Heraclión era el puerto ….).

Heraclea

Ciudad de Acarnania. Aparece en la lista de ciudades de Acarnania trasmitida por Plinio el Viejo, que sitúa la ciudad de Equino a continuación. También la menciona Esteban de Bizancio. También algunos autores han asociado con Heraclea de Acarnania una inscripción del siglo VII a.C. hallada en Olimpia. Hoy, se desconoce su localización exacta, aunque se ha sugerido que podría haberse localizado cerca de la actual Vonitsa.

Heraclea

Ciudad de Ptiótide. Hoy, en Grecia.

Heraclea

Perinto (población de Grecia, en la costa tracia de la Propóntide).

Heraclea

Ciudad del reino del Bósforo, situada en la orilla crimea septentrional del estrecho de Kerch, al oeste de Zenonow Chersonesos.

Heraclea Albanos

Heraclea de Caria (ciudad mencionada por Estrabón, en Caria, cuyo emplazamiento se desconoce. Ptolomeo la menciona como ….).

Heraclea Cacabaris

Localidad del sureste de la Galia, en la costa mediterránea. El asentamiento fue conocido por los griegos como Athenopolis, y fue llamado por los romanos Heraclea Cacabaris. Hoy, Saint-Tropez, departamento de Var, región de Provence-Alpes-Côte d'Azur, Francia.

Heraclea Cybistra

Cybistra (ciudad de Capadocia ubicada en el centro-sur de Anatolia).

Heraclea de Caria

Ciudad mencionada por Estrabón, en Caria, cuyo emplazamiento se desconoce. Ptolomeo la menciona como Heraclea Albanos y Plinio y otros, como Herakleia Albake. Fue una ciudad distinta de Heraclea Latmus, situada en la frontera entre Caria y Jonia.

Heraclea de Élide

Estrabón ubica la ciudad de Heraclea en Élide, como una de las ocho ciudades del distrito de Pisátide, cerca de Salmone, a cuarenta estadios al noroeste de Olimpia y a orillas del río Citerio. Tanto Estrabón como Pausanias sitúan en su territorio un santuario de las ninfas Joníades, llamadas así por Ión, hijo de Gargeto y cuyos nombres individuales eran Califaea, Sinalaxis, Iasis y Pegea, a cuyas aguas se atribuía la curación de enfermedades. Hoy, la población moderna se llamaba antes Brouma, pero recuperó su antiguo nombre de Heraclea, en la unidad periférica de Élide, municipio de Antigua Olimpia.

Heraclea de Iliria

Colonia griega de Iliria. Se menciona en el Periplo de Pseudo-Escílax, que dice que era una ciudad griega que estaba en Iliria, en la zona limítrofe con los liburnios y que tenía puerto. Se conservan monedas de bronce de Heraclea fechadas en el siglo IV a.C.. Puesto que las monedas tienen similitudes con las de Siracusa, se ha sugerido que Heraclea fue una de las fundaciones de Dionisio I de Siracusa en el Adriático. Hoy, se desconoce su localización, aunque suele situarse en la isla de Hvar, al igual que Faros, debido a que allí se han hallado la mayoría de las monedas, pero también se han propuesto otras ubicaciones.

Heraclea de Lidia

Ver, Heraclea (colonia griega de Eólida).

Heraclea de Lucania

o Heraclea Lucaniaem. Ciudad griega de la Magna Grecia en Lucania, en Italia meridional, entre los ríos Aciris y Siris. Fue una colonia griega fundada más tarde que las demás de la región, en el territorio en el que había estado la colonia jónica de Siris, territorio que después de la caída de la ciudad fue una zona de contención entre ciudades estado. Atenas reivindicaba el territorio, y su colonia Turios, acogió pronto estas pretensiones, pero Tarento se opuso y se libró una guerra entre las dos ciudades hasta que llegaron al acuerdo de fundar una nueva colonia que sería un establecimiento conjunto, pero sería considerada colonia de Tarento. Algunos habitantes de Siris fueron incorporados a la nueva colonia. La ciudad, establecida en el emplazamiento de la antigua Siris, pronto fue trasladada a poca distancia, cerca del río Aciris, y tomó el nombre de Heraclea. Siris siguió existiendo, pero subordinada a Heraclea como su puerto y su emporio. Diodoro Sículo, fija la fundación en el 432 a.C., cuarenta años después del establecimiento de Turios. Diodoro, y más tarde Tito Livio, la mencionan como una colonia de Tarento. La nueva colonia creció rápidamente y se hizo próspera, protegida por el poder tarentino, que en esos años pelearon con los mesapios que ponían en peligro a la ciudad. Heraclea fue designada sede de las asambleas (paneguris) de Magna Grecia, inicialmente reuniones de carácter religioso, pero con el tiempo convertidas en reuniones políticas. Alejandro II de Epiro, tuvo entre sus objectvos sustituir la influencia de Tarento por la de Turios. Poca información se dispone de la ciudad hasta la época en que ya había comenzado su decadencia. Se sabe que luchó al lado de Tarento contra los mesapios y lucanos y que progresivamente cayó en estado de dependencia absoluta de Tarento. Cuando Alejandro II de Epiro fue invitado a Italia por los tarentinos y después se enfrentó a ellos, ocupó Heraclea y transfirió a Turios la sede de las asambleas de la Magna Grecia. En el año 280 a.C., los romanos, para separarla probablemente de Tarento, hicieron un tratado especial con Heraclea. Durante la guerra de Pirro de Epiro contra Roma, Heraclea fue escenario del primer conflicto, y allí el rey epirota derrotó totalmente al cónsul romano Lavinio, en una batalla entre la ciudad y el río Siris en el 280 a.C.. En esta época, los heracleotas fueron aliados de los tarentinos y de los lucanos contra Roma, y para apartarlos de la alianza, los romanos le ofrecieron un tratado de alianza mucho más favorable, que Cicerón menciona como un prope singulare foedus. Heraclea conservó su privilegiada situación política bajo la República romana y en el 89 a.C. obtuvo, junto con otras ciudades italianas, el derecho de ciudadanía en virtud de la Lex Plautia Papiria, dudando los heracleotas bastante antes de aceptar. No se sabe nada sobre el papel de la ciudad durante la Guerra Social, pero Cicerón menciona que los archivos locales habían sido destruidos por el fuego durante este período, de lo que se deduce que sufrió seriamente durante esta guerra. Fue dominada por Aníbal en el año 212 a.C.. El orador romano Cicerón, en su defensa del poeta Arquías, ciudadano adoptivo de Heraclea, se refiere a ella como ciudad próspera. Hoy, cerca de la granja modelo Policoro, a 5 kilómetros de la costa del golfo de Tarento, provincia de Matera, región de Basilicata, Italia. Ver, Taras.

Heraclea de Migdonia

Ciudad griega de la región de Migdonia, conocida principalmente por fuentes epigráficas. La más antigua es del siglo IV a.C. y el resto son del período helenístico y romano. Es citada por Esteban de Bizancio, que la sitúa en Macedonia. Podría haberse ubicado en la margen oriental del río Axio, al noroeste de Tesalónica, en la actual Agios Athanasios.

Heraclea de Traquinia

Colonia lacedemonia, al sur del río Esperqueo y del río Melas (a poco menos de 1 km de éste, que en la actualidad es afluente del primero) y muy cerca del golfo Malíaco. Estaba situada a unos 3 km del mar y a algo más de 7 km al oeste-suroeste del desfiladero de las Termópilas. Fue fundada en 426 a.C. por los espartanos Álcidas, Damagón y León, a raíz de la solicitud de ayuda de una delegación del pueblo de los traquinios, malparados después de la guerra contra sus vecinos los eteos. A la embajada traquinia se sumaron enviados de la Dórida, región al sur de los eteos, que también habían resultado perjudicados en dicha guerra. Esparta decidió fundar la colonia para defender a los traquinios y dorios y porque desde allí, en relación con su guerra contra los atenienses podrían equipar una flota para atacar la isla de Eubea, acortando la distancia desde el Peloponeso y marchar hacia Tracia directamente en caso de necesidad: Brásidas partiría dos años después desde Heraclea para llegar a Calcídica pasando por Tesalia. Los lacedemonios enviaron los colonos, espartiatas y periecos, e invitaron a otras poleis griegas, excepto a las jonias, aqueas, y algunas otras aliadas de los atenienses. La amurallaron, edificaron un arsenal y, fortificaron el lado de las Termópilas por la parte del paso. Diodoro Sículo informa de que llegó a tener una población de 10.000 habitantes, cifra tal vez excesiva, de los que 4.000 serían peloponesios y 6.000 del resto de Grecia. Los habitantes de los alrededores, enianes, dólopes, melieos y tesalios se sintieron amenazados por la fundación de la potencia espartana y la intentaron destruir, de manera que en el año 420/19 a.C., hubo un enfrentamiento entre estos y los heracleotas en donde vencieron los primeros y murió, entre otros, su jefe Jenares, que era espartano. Refugiados en el interior de las murallas, los heracleotas pidieron ayuda a Tebas, que enviaron 1.000 hoplitas que consiguieron rechazar a los atacantes. En el 409/8 a.C. los colonos de la ciudad se enfrentaron a los eteos y murieron 700 de ellos, debido, según narra Jenofonte, a que fueron traicionados por los aqueos, que hasta entonces habían sido sus aliados. En 399 a.C. estalló una revuelta en la ciudad y los espartanos enviaron tropas al mando de Herípidas, que apresaron a los sublevados y los ejecutaron. Diodoro Sículo cifra los ejecutados en 500, aproximadamente. En 395 a.C. una expedición de beocios y argivos se apoderó de Heraclea. Tras ello, llamaron para que volvieran a la ciudad a los traquinios que habían sido desterrados por los lacedemonios. En el 371/70 a.C. Jasón de Feras tomó la ciudad por sorpresa, arrasó sus murallas, y la dio a los eteos y melieos. En el año 279 a.C. los gálatas, comandados por Breno y Acicorio llegaron a Heraclea en su tentativa de invasion de Grecia. Los gálatas mataron a muchos heracleotas y establecieron su campamento en su territorio, pero no tomaron la ciudad. Heraclea era posesión de los etolios cuando, en 191 a.C. los romanos, comandados por Manio Acilio Glabrión, sitiaron Heraclea durante 24 dias, tomaron la ciudad y la saquearon. Tito Livio indica la ubicación de la ciudad al pie del monte Eta, en una llanura, rodeada de terreno pantanoso y con una ciudadela bastante alta. Añade que estaba amurallada, y atestigua la presencia del gimnasio y de un templo de Artemisa.

Heraclea de Traquis

Heraclea de Traquinia (colonia lacedemonia, al sur del río Esperqueo y del río Melas (a poco menos de 1 km de éste, que en la actualidad es afluente del primero) y muy cerca del golfo Malíaco).

Heraclea del Ponto

Heraclea Póntica (ciudad situada en la costa de Bitinia, en la desembocadura del río Kilijsu. Situada a unos 200 km al este del Bósforo, fue fundada hacia ….).

Heraclea Latmus

o Heracleia del Latmos. Ciudad ubicada en el límite entre Caria y Jonia, situada al pie de la parte occidental de la montaña Latmos. Estaba al sureste de Mileto y al suroeste de Amazon. Una lengua de mar que penetraba como un fiordo entre los montes de la Caria quedó cortada por el avance de las tierras producida por la sedimentación del río Meandro y convertida en el lago Bafa, a cuyas orillas se encuentran las ruinas de Heraclea Latmus, al pie de un macizo montañoso erizado de extravagantes formaciones pétreas y cargado de leyendas de pastores y ninfas. Esto no debió ocurrir antes del siglo I a.C., pues Estrabón habla de la existencia de un embarcadero en el lugar. Las olas del Egeo chocaban todavía contra el monte Latmos. Hubo en Asia Menor otras dos Heracleias: de Capadocia y del Ponto. La del Latmos hace referencia al legendario monte Latmos, cuyas crestas afiladas de blanca roca marmórea se elevan por encima de la población, y la abrazan como un circo protector. En el siglo V a.C., Heraclea formaba parte de la Confederación Delia. A mediados del IV a.C. fue gobernada por Mausolo y Artemisia II de Halicarnaso, hasta que Alejandro Magno la liberó del dominio de los sátrapas carios. La mayor parte de los monumentos clásicos que hoy pueden rastrearse en sus abruptos terrenos datan de los siglos I y lI. Los alrededores de Heraclea son también pródigos en restos paleocristianos y bizantinos. De hecho, el cristianismo se expandió rápidamente por esta zona, cuyas salvajes montañas sirvieron de refugio espiritual a anacoretas venidos de todas partes. Así lo testimonian las ruinas de monasterios y conventos colgados en los riscos del Latmos, en lugares escondidos y casi inaccesibles. Se ven también iglesias bizantinas en las orillas e islotes del lago Bafa, así como tumbas rupestres talladas en las rocas que emergen del lago. No es fácil identificar las ruinas de Heraclea, embebidas como están entre las casas y bajo los terrenos de labranza de un pequeño pueblo turco de pastores y ganaderos. La larga muralla de más de 6 km que rodea la ciudad fue construida hacia 287 a.C. por Lisímaco. Trepa y destrepa por las sinuosidades de los montes, salvando toda clase de accidentes geográficos, fundiéndose con los inverosímiles amontonamientos de rocas caballeras que salpican el territorio, y está cada cierto tramo jalonada por esbeltos torreones de vigía, muchos aún en pie. Si bien su trazado es de tipo poligonal irregular, condicionado por la caótica topografía, la ciudad que encierra su recinto sigue las más estrictas reglas de la urbanización hipodámica, con todas las calles alineadas en ángulos rectos y orientadas hacia los cuatro puntos cardinales, y tanto las viviendas como los grandes edificios públicos encajados en la retícula. En el caso de Heraclea esta planificación urbana resulta aún más admirable al constatar que la trama callejera ortogonal se incrusta armoniosamente en un terreno empinado y caótico, lleno de desniveles, vaguadas y espolones rocosos. Sobre uno de estos peñascos se levanta el templo helenístico de Atenea, que domina desde las alturas toda la ciudad. Estaba desprovisto de columnas y se compartimentaba en un pronaos y una cella de casi igual tamaño y desnudas de decoración. Del teatro apenas se distinguen algunas losas del graderío y unos pocos bloques de la escena, al estar el edificio casi totalmente enterrado bajo un campo de olivos. Se pueden identificar tambien, inextricablemente mezclados con las casas, huertas y graneros del actual pueblo, el ágora, un bouleuterion o sala de reuniones, unas termas romanas, un ninfeo o fuente y varios templos, como el dedicado a Endimión. Hoy, en Turquía.

Heraclea Lincestis

o Heraclea Lyncus o Herakleia Lynkestis o Herakleia Lakkou o Heracleia Lyncestis. Ciudad capital de la Alta Macedonia o Lincestis. Estaba a unos 60 km de Lychnidus y a menos de 100 de Edesa. Fue fundada por Filipo II de Macedonia a mitad del siglo IV a.C., en la que fue la región noroeste del antiguo reino de Macedonia. La ciudad fue llamada así en honor del hérore griego Heracles. El epíteto Lincestis significa "tierra del lince". Fue una importante ciudad estratégica durante el período helenístico, al estar en el borde de la frontera de Macedonia con el Epiro al oeste, y territorios no griegos al norte. A mitad del siglo II a.C., los romanos conquistaron Macedonia y destruyeron su poder político. Los romanos dividieron Macedonia en 4 regiones y Heraclea estaba en la cuarta región. La principal carretera romana de la zona, la Via Egnatia pasaba por Heraclea, y era una parada importante. La prosperidad de la ciudad se mantuvo principalmente debido a esta carretera. En los inicios de la época cristiana, Heraclea fue una importante sede episcopal. Algunos obispos son mencionados en los sínodos de Sérdica y de otras ciudades cercanas. De esta epoca son los conjuntos de la Pequeña y la Gran Basílica. La Basílica Funeraria con una necrópolis está localizada al este del teatro. El emperador romano Adriano construyó este teatro en el centro de la ciudad, sobre una colina, cuando varios edificios de la provincia romana de Macedonia estaban siendo restaurados. Se empezó a utilizar durante el reinado de Antonino Pío. Dentro del teatro había tres jaulas para animales y en el ala izquierda un túnel. El teatro dejó de usarse a finales del siglo IV, cuando se prohibieron las peleas de gladiadores en el Imperio Romano, a causa de la expansión del cristianismo, la aparición del Imperio Bizantino, y el abandono de todo lo que consideraba como rituales y formas de entretenimiento paganas. A principios del período bizantino (ss. IV al VI), Heraclea era un importante centro episcopal. Algunos de sus obispos están incluidos en las actas de los Concilios de la Iglesia, como el obispo Evagrio de Heraclea en las Actas del Concilio de Sárdica, desde el 343. Se conocen a otros obispos de Heraclea que vivieron entre los siglos IV y VI, como el obispo Quintilino, mencionado en las Actas del Segundo Concilio de Éfeso, desde el 449. La ciudad fue saqueada por fuerzas visigodas, comandadas por Teodorico el Grande en el 472 y, a pesar de que el obispo de la ciudad le ofreció un gran regalo, fue saqueada de nuevo en el 479. Se reconstruyó durante el siglo V y principios del VI. Hoy sus ruinas caen dentro de las fronteras de la República de Macedonia, cerca del centro de la ciudad de Bitola. Los objetos del gobierno romano que se han descubierto son monumentos votivos, un pórtico, termas, un anfiteatro y las murallas de la ciudad. Algunos de los restos de época cristiana son una basílica grande, la residencia del obispo, y otra pequeña, así como una basílica funeraria cerca de la necrópolis. Tres naves de la Gran Basílica están cubiertas de mosaicos con una rica iconografia floral y figurativa; estos mosaicos, que están bien conservados, son considerados como grandes ejemplos de lo que fue el inicio del arte cristiano. Hoy, correspondería a la moderna Filurina a unos 15 km al sur de Aitolia. Ver, Lincestis.

Heraclea Lucaniaem

Heraclea de Lucania (ciudad griega de la Magna Grecia en Lucania, en Italia meridional, entre los ríos Aciris y Siris. Fue una colonia griega fundada más tarde que ….).

Heraclea Lyncus

Heraclea Lincestis (ciudad capital de la Alta Macedonia o Lincestis. Estaba a unos 60 km de Lychnidus y a menos de 100 de Edesa. Fue fundada por ….).

Heraclea Minoa

Ciudad griega situada en la costa suroccidental de Sicilia, en la desembocadura del río Halicos, entre Agrigento y Selinunte, de la que distaba unos 50 km. Heráclides Póntico informa de que antes de la fundación de la ciudad griega había allí una ciudad de los sículos llamada Macara. Posiblemente Minoa ocupó el lugar de un antiguo establecimiento fenicio denominado Makara por estar bajo la protección del dios Melkart. Como ésta divinidad fue identificada por los griegos con Heracles, la ciudad acabó siendo denominada Heraclea Minoa. Las primeras noticias históricas la presentan como una colonia de Selinunte con el nombre de Minoa. Entonces llegó a la ciudad Dorieo, hermano del rey de Esparta Cleómenes I, con un numeroso grupo de seguidores, con el objetivo exclusivo de reclamar el territorio que había pertenecido a su ancestro Heracles; Dorieo se enfrentó con los segestanos y cartagineses y fue derrotado y muerto juntamente con la mayoría de sus compañeros; el único jefe espartano que se libró de la muerte fue Eurileón, que se apoderó de Minoa a la que llamó Heraclea, cosa que si bien Heródoto no menciona en su relato de los hechos, se desprende de que Diodoro Sículo considera a Eurileón el fundador de Heraclea. Para distinguirla de otras ciudades con el nombre de Minoa se añadió a menudo su nuevo nombre. Diodoro dice que la ciudad prosperó, pero fue destruida al cabo de unos años por los cartagineses, pero no menciona los datos en que estos hechos tuvieron lugar. Diodoro no hace mención de esta destrucción durante la gran expedición de Amílcar en 480. Heraclea Minoa no aparece en la historia el resto del siglo V a.C. y la siguiente noticia es del 357, cuando Dión desembarcó en la ciudad, que volvía a llevar el nombre de Minoa, y era una pequeña ciudad dedicada a la agricultura en el territorio de Agrigento, y por tanto bajo la soberanía de Cartago. El tratado entre cartagineses y Dionisio I de Siracusa fijó el río Halycus como límite entre ambas, pero Heraclea Minoa, que estaba en la margen izquierda del río, debía permanecer probablemente, como excepción, en manos de los cartagineses; un tratado similar entre los cartagineses y Agatocles, confirmó el río como límite y la excepción de Heraclea Minoa, y de Hímera, como "había estado antes" según dice literalmente el tratado. Desde esta época la ciudad recuperó importancia; pronto se unió al movimiento revolucionario de Jenódico en Agrigento en 307 y se declaró independiente de los cartagineses y de Agatocles. Este último la conquistó a su vuelta de África. En tiempos de la expedición de Pirro de Epiro la ciudad estaba otra vez bajo dominio cartaginés y fue la primera ciudad conquistada por el epirota cuando avanzó hacia el oeste desde Agrigento. En la primera guerra púnica fue ocupada por el general cartaginés Hannón cuando marchó hacia Agrigento, que estaba asediada por los romanos (260) y se convirtió en una de las principales bases navales cartagineses en Sicilia. En 256, una flota cartaginesa de 350 barcos se estableció en Heraclea Minoa para prevenir el paso de la flota romana a África, pero fue derrotada por los cónsules Regulus y Manlius. En 249 el almirante Cartal tenía en la ciudad sus posiciones cuando la flota romana se acercó para levantar el bloqueo de Lilybaeum; al final de la guerra, la ciudad pasó, con el resto de Sicilia, a Roma. En la segunda guerra púnica fue ocupada por los cartagineses y resistió a los romanos dirigidos por Marcelo, incluso después de la caída de Siracusa. Desde entonces, bajo dominio romano, no se produjeron hechos destacados. Sufrió destrucciones en la guerra de los esclavos (134/132) y el pretor P. Rupilius envió allí un grupo de colonos para compensar las bajas; las relaciones entre los antiguos ciudadanos y los colonos fueron reguladas por una ley local que aún existía en tiempos de Cicerón, cuando la ciudad aún es descrita como próspera; pero después cayó en decadencia como les pasó a otras ciudades de la costa sur de Sicilia. Estrabón no la menciona, pero Pomponio Mela dice que era una de las tres ciudades que subsistían en la costa sur; su continuidad está acreditada por Plinio el Viejo y Claudio Ptolomeo que también la mencionan. Ptolomeo es el último en mencionarla, pues después debió desaparecer, ya que no aparece en los Itinerarios del siglo IV. Algunas ruinas aún se conservan y permiten fijar la posición de la ciudad, del actual río Platani hasta el Capo Bianco, que Estrabón menciona como promontorio de Heraclea. Un acueducto que llevaba el agua del río aún existía en parte en el siglo o XVI, pero en el siglo XIX había desaparecido. Hoy, Capobianco di Cattolica Eraclea, provincia de Agrigento. )o( MITOLOGÍA.- Heracles ganó en combate singular al héroe local Eryx y obtuvo el derecho a la mitad occidental de la isla para él y sus descendientes; pero Heracles no llegó a fundar ninguna ciudad en la región y el rey Minos de Creta, cuando fue a Sicilia en persecución de Dédalo, desembarcó en la boca del Halicos y fundó la ciudad a la que llamó Minoa; otra versión de la misma historia dice que fueron sus seguidores los que fundaron la ciudad después de la muerte de Minos.

Heraclea Póntica

o Heraclea del Ponto. Ciudad situada en la costa de Bitinia, en la desembocadura del río Kilijsu. Situada a unos 200 km al este del Bósforo, fue fundada hacia 560-558 a.C. como colonia de Mégara y de Beocia. Pronto fue sometida por los mariandinos, originarios de la región, quienes rápidamente ampliaron su poderío sobre un territorio considerable. La ciudad alcanzó rápidamente la prosperidad y fundó sus propias colonias, como Calatis, Ouersoneso y Kidros, suscitando la codicia de las vecinas Bitinia y Galacia. En uno de los episodios de la defección de Mitilene de la confederación de Delos, y de su captura por los atenienses (428), el general ateniense Lámaco, perdió los diez trirremes que ancló en Heraclea, debido a las fuertes lluvias caídas que provocaron el desbordamiento del río Calete. Aliada de Roma desde el año 185, sufrió enormemente con las Guerras Mitridáticas, entre los romanos y Mitrídates VI, rey del Ponto. Tomada y destruida por el procónsul Marco Aurelio Cotta, fue después reconstruida, pero no recobró nunca su prosperidad de antaño. Lugar de nacimiento del filósofo del siglo IV a.C., Heraclides Póntico. Habitantes, heracliotas. Hoy, Karadeniz Ereğli, en la provincia turca de Zonguldak. Ver, Mariandinos. )o( MITOLOGÍA.- Fue llamada así por los antiguos griegos, quienes creían que fue allí donde Heracles descendió a los Infiernos, a través de una gruta por la que el río Aqueronte conducía hasta allí.

Heraclea Síntica

Ciudad griega localizada en el antiguo territorio tracio del río Estrimón, en su orilla derecha. Fue el lugar donde se reunieron en el año 350, los embajadores del usurpador Magnencio con el emperador romano Constancio II, con una oferta de paz que fue rechazada. Fue descubierta accidentalmente al pie de un volcán extinto por sus extrañas estructuras: túneles y un arco. Tras su exámen con geosonar se produjo el hallazgo de un antiguo teatro, cuya existencia se desconocía. Poco después, los científicos encontraron una prueba epigráfica que identificó la ciudad: una inscripción en latín, datada en 308, relativa a un recurso de apelación imperial dirigido a los ciudadanos de Heraclea Síntica. Fue identificada también mediante el descubrimiento de numerosas monedas locales. Ello terminó con largos años de disputas entre Grecia y Bulgaria, sobre la ubicación de la ciudad. Demetrio, hijo de Filipo V de Macedonia, murió en este lugar. Hoy, Rupite, provincia de Blagoevgrad, Bulgaria. Ver, Síntica.

Heracleas

Fiestas lustrales celebradas en Atenas en honor de Heracles. En Sicione la misma fiesta duraba diez días. Lindo, en la isla de Rodas observaba otra, en la cual no se oían más que imprecaciones y palabras de mal agüero, en memoria de que, habiendo robado este héroe los bueyes de un labrador, éste le había dicho muchas injurias de las cuales el héroe se rió; una palabra feliz bastaba para profanar la fiesta. Se celebraba otra semejante en el monte Eta, donde se creía que se hallaba el sepulcro de Heracles. El culto heróico de Heracles estaba particularmente localizado en Maratón y en Cinosarges.

Heracleia

Concursos que se celebraban en la ciudad de Tiro.

Heracleia del Latmos

Heraclea Latmus (ciudad ubicada en el límite entre Caria y Jonia, situada al pie de la parte occidental de la montaña Latmos. Estaba al sureste de Mileto y al suroeste de ….).

Heracleia Lyncestis

Heraclea Lincestis (ciudad capital de la Alta Macedonia o Lincestis. Estaba a unos 60 km de Lychnidus y a menos de 100 de Edesa. Fue fundada por ….).

Heracleo

Ciudad situada en el golfo Termaico, en la desembocadura del río Apila. Hoy, en Grecia.

Heracleon

(siglo II). Gnóstico. Adoptó las ideas de Valentín y se consagró especialmente a la explicación de los escritos canónicos. Existen fragmentos de algunos comentarios suyos sobre los Evangelios de san Juan y de san Lucas.

Heracleón

(siglo I a.C.). Pirata del Mediterráneo. Destruyó en 72 una escuadra reunida en Sicilia dirigida contra él. Penetró en el puerto de Siracusa con sólo cuatro embarcaciones.

Heracleópolis

Carana (ciudad situada entre la costa meridional del mar Negro y el río Halis).

Heracleópolis Magna

(en egipcio antiguo Henen Nesut o Nen Nesut, en árabe Ehnasya el Medina). A unos 15 Km al oeste de Beni Suef, sobre el Bahr Yusef, en el punto donde este empieza a separarse del valle del Nilo para dirigirse hacia el Oasis del Fayum. Hoy Ahnas el-Medineh. Denominada Nen-nesut por los antiguos egipcios. Ocupaba un lugar estratégico de primer orden que le iba a permitir jugar un importante papel durante el Primer Período Intermedio, con el florecimiento de la capital del XX nomo altoegipcio, cuando fue residencia de las Dinastías IX y X (heracleopolitanos). De esta época solo se han encontrado hasta ahora tumbas de funcionarios. Esta ciudad perdió importancia en el Imperio Nuevo, al pasar la capitalidad a Tebas, recuperando parte de su antigua hegemonía con las dinastías saítas, al mantenerse una profecía que aseguraba que la salvación de Egipto saldría de esta antigua ciudad. El templo del dios local, Herishef, Harsafés, Harsaphes o Ársafes, el dios de la justicia representado con cabeza de carnero (identificado a través de su lago, en griego Harsafés, con Herakles (Heracles), se remonta en sus partes más antiguas a las Dinastías XII y XVIII y fue ampliamente renovado por Ramsés II. Si bien no conocemos restos arqueológicos de la ciudad fechables en el Imperio Antiguo, Heracleópolis es mencionada de todos modos, regularmente, desde la época tinita, y en sus necrópolis de Sedment y Deshasha, han aparecido numerosas tumbas del Imperio Antiguo. También ha conservado restos que van desde el Primer Período Intermedio hasta los tiempos romanos. Ver, Naret-Khent.

Heracleos

Campos. Librado Teseo por Hércules de las prisiones del Hades, le consagró todas las tierras que los atenienses le habían regalado, y en lugar de Campos Teseos, les llamó Heracleos, excepto cuatro que se reservó para sí.

Heraclés

"el glorioso". Sobrenombre del Sol.

Heracles

(327-309 a.C.). Hijo de Alejandro Magno y de Barsina, hija del Persa Artabazes, nacido alrededor del año 327 y muerto en 309 antes de J.C. Aunque de nacimiento ilegítimo, se alegaron sus derechos al trono en las revueltas que siguieron a la muerte de Alejandro. Vivía hacia los trece años en Pérgamos, cuando Polispercon vió que, después del asesinato de Rojana y su hijo, quedaba Heracles como único representante de la casa de Macedonia, y trató de sacar partido de sus derechos y hacerse de él una arma contra Casandro; al efecto reunió, invocando el nombre de Alejandro un ejército de 20.000 infantes y 1.000 caballos, con los cuales invadió Macedonia. Casandro, convencido de que los ánimos se inclinarían en favor del hijo de Alejandro, no quiso empeñar la lucha, y entró en negociaciones secretas con Polispercon, que consintió en matar al joven; así lo hizo, convidándole a un banquete, y haciéndole ahogar a la conclusión.

Heracles

Dios de Heracleópolis, forma griega del egipcio Harsaphes.

Heracles

Según una tradición de Élide, uno de los Dáctilos, el mayor, que no hay que confundir con el hijo de Alcmena.

Heracles 1

Heracles, a quien los latinos llamaban Hércules, es el héroe más célebre y popular de toda la mitología clásica. Las leyendas en las cuales figura constituyen un ciclo completo, en constante evolución desde la época prehelénica hasta el fin de la antigüedad. Por eso resulta difícil exponer los diferentes episodios siguiendo un orden racional. De estas dificultades se dieron ya cuenta los mitógrafos antiguos, y, siguiendo su ejemplo, adoptaremos una clasificación, artificial sin duda, que distingue tres grandes categorías de leyendas heracleas: )o( 1ª El ciclo de los Doce Trabajos. )o( 2ª Las hazañas independientes del ciclo precedente, que comprenden las expediciones realizadas por el héroe al frente de ejércitos (mientras que los Trabajos son efectuados generalmente por Heracles solo o con ayuda de su sobrino Yolao). )o( 3ª Las aventuras secundarias, que le han acontecido durante la realización de los Trabajos. Antes de exponer los Trabajos, narramos las leyendas relativas a la infancia y educación del héroe. Ellos son, junto con los episodios referentes a su apoteosis, los únicos elementos del ciclo heracleo susceptibles de ser integrados dentro de una cronología aproximativa. )o()o( NOMBRE, ORÍGENES E INFANCIA DE HERACLES )o( Ni siquiera el nombre, dicen los mitógrafos es igual que el que llevó en un principio el héroe: Heracles es un nombre místico que le fue impuesto por Apolo, ya directamente, ya por mediación de la Pitia, en el momento en que pasó a ser servidor de Hera y se vio sometido a los trabajos que ésta ordenó se le impusieran. En sus orígenes, el hijo de Anfitrión y Alcmena se llamaba Alcides, patronímico derivado del nombre de su abuelo Alceo, o incluso Alceo, el nombre mismo de su abuelo. En griego, esta palabra evoca la idea de la fuerza física. Cuando, tras haber dado muerte a los hijos que había tenido de Mégara, el héroe fue a pedir su ""penitencia"" a la Pitia; ésta le ordenó, entre otras cosas, que tomase en adelante el nombre de Heracles, que significa ""la gloria de Hera"", sin duda porque los trabajos que iba a emprender debían redundar en glorificación de la diosa. Con este nombre aparece designado siempre tanto por parte de los autores como en los monumentos. Por su padre ""mortal"", Anfitrión, y por su madre, Alcmena, Heracles pertenece a la raza de los Perseidas. En efecto, sus abuelos paterno y materno, Alceo y Electrión, eran hijos ambos de Perseo y Andrómeda. Es, por tanto, de raza argiva, y sólo accidentalmente nació en Tebas; no obstante, siempre considerará al Peloponeso, y, en especial, la Argólide, como su verdadera patria. Siempre tratará de volver a ella pese a Euristeo (Ver), y a ella sobre todo irán a establecerse sus descendientes (Ver, Heraclidas). Heracles es hijo de Alcmena y Anfitrión, pero su verdadero padre es, en realidad, Zeus, quien, aprovechándose de la ausencia de Anfitrión, que había salido para una expedición contra los telebeos, tomó su forma y aspecto para engañar a Alcmena y engendró al héroe en el curso de una larga noche, prolongada por orden suya. Cuando a la mañana siguiente regresó Anfitrión, se dio a conocer y engendró un segundo hijo, Ificles, hermano gemelo de Heracles y sólo una noche más ""joven"" que él (Ver, Anfitrión y Alcmena). Contábase que, para hacerse reconocer por Alcmena y quitarle a ésta todo asomo de duda, Zeus le había enviado como regalo una copa de oro que había pertenecido a Pterelao, rey de los telebeos. Además, le contó como propias las hazañas realizadas durante la expedición por el verdadero Anfitrión. Cuando éste hubo regresado, Zeus intervino para reconciliar a los esposos, y Anfitrión se resignó, dicese, a no ser más que el padre putativo del niño divino. Incluso antes de que nazca Heracles, empieza a manifestarse la cólera de Hera, celosa de Alcmena. Zeus había afirmado, imprudentemente, que el niño que iba a nacer del linaje de Perseo reinaría en Argos. Inmediatamente, Hera obtuvo de su hija Ilitía, diosa de los alumbramientos, que el nacimiento de Heracles se retrasase, y se adelantase, en cambio, el de su primo Euristeo, hijo de Esténelo (Ver, Alcmena y Euristeo). De este modo, Euristeo nació sietemesino, en tanto que Heracles permaneció diez meses en el seno de su madre (Ver, Galintias, la ""comadreja"", cuya astucia burló los maleficios de Hera y permitió, finalmente, el parto de Alcmena). Existen varias leyendas que cuentan cómo Heracles, tierno niño aún, se amamantó en el seno de Hera, su peor enemiga. Tal era, según se decía, la condición precisa para que el héroe pudiera gozar de la inmortalidad; mas para llenar esta condición fue preciso acudir a un ardid. Según ciertas tradiciones, Hermes acercó el niño al pecho de la diosa dormida. Cuando ésta se despertó, lo arrojó lejos de sí, pero ya era demasiado tarde. La leche que fluyó de su pecho dejó en el cielo una estela: la Vía Láctea. Otra tradición cuenta el episodio de modo distinto: Alcmena, temiendo los celos de Hera, habría expuesto el pequeño Heracles, recién nacido, en los alrededores de Argos, y no de Tebas, como la verosimilitud parecería exigir si esta leyenda estuviese integrada en el ciclo tebano del héroe, en un lugar que en lo sucesivo llevó el nombre de ""Llanura de Heracles"". Atenea y Hera acertaron a pasar. Atenea, admirada ante el vigor y la belleza del recién nacido, pidió a Hera que le diese el pecho. Así lo hizo Hera, pero Heracles chupó con tal violencia, que hirió a la diosa; ésta, entonces, lo rechazó con viveza. Atenea lo recogió, lo entregó a Alcmena y le ordenó que criase sin temor a su hijo. Cuando Heracles tuvo 8 meses, otros dicen 10, Hera intentó perderlo. Un atardecer, Alcmena había acostado a los dos gemelos, Heracles e Ificles, en su cuna, y se había dormido. Hacia medianoche, la diosa introdujo en la habitación dos enormes serpientes, que se enroscaron en el cuerpo de los niños. Ificles se puso a llorar, pero Heracles, intrépido, agarró los reptiles por la garganta, uno en cada mano, y los ahogó. Anfitrión acudió, espada en mano, a los gritos de Ificles, pero no tuvo necesidad de intervenir. Se dio perfecta cuenta de que Heracles era hijo de un dios. Se atribuía a Heracles la educación propia de los niños griegos de la época clásica, parecida también a la que había recibido Aquiles del centauro Quirón. Según parece, su primer maestro fue el músico Lino, el cual le enseñó los rudimentos de las letras y de la música. Seguía sus lecciones junto con Ificles; pero mientras éste se mostraba un alumno dócil y aplicado, Heracles era muy indisciplinado, por lo cual Lino debía reprenderlo, e incluso un día trató de castigarlo. Pero Heracles, en vez de ceder, montó en cólera y, agarrando un taburete (otros dicen una lira), dio con él un golpe tan fuerte a su maestro que le causó la muerte. Heracles hubo de comparecer ante un tribunal, acusado de asesinato. pero se salió del apuro citando una sentencia de Radamantis, según la cual existía el derecho de matar al adversario en caso de legítima defensa. Fue, pues, absuelto. Pero Anfitrión, inquieto y temiendo que su hijo adoptivo fuese presa de nuevos accesos de cólera se apresuró a enviarlo al campo, y lo puso al frente de sus rebaños. Allí, según una tradición, un boyero escita llamado Téutaro continuó su educación, adiestrándolo en el arte de manejar el arco. Sin embargo, se admitia más generalmente que en su formación intervinieron otros maestros: el propio Antitrión le enseñó el modo de conducir el carro de guerra, y Éurito lo inició en el tiro del arco. Según una variante, debió también este último adiestramiento a Radamantis quien, como cretense, era un hábil arquero. El manejo de las armas le fue enseñado por Cástor, que debe identificarse, ya con uno de los Dioscuros, ya con un refugiado de Argos, hijo de un cierto Hípalo. Después de Lino, su infortunado maestro, recibió lecciones de Eumolpo, hijo de Filemón y sobrino de Autólico, quien lo perfeccionó en la música. Heracles, entretanto, crecía y alcanzaba la extraordinaria talla de cuatro codos y un pie. A los 18 años realizó su primera hazaña al matar el león de Citerón. Era éste una fiera de un tamaño y ferocidad tales que producía verdaderas devastaciones en los rebaños de Anfitrión y del rey Tespio (que reinaba en un país vecino de Tebas), sin que ningún cazador se atreviera a acometerle. Heracles resolvió librar a aquellas tierras del monstruo, para lo cual se instaló en casa del rey Tespio; pasaba el día entero cazando, y por la noche iba a dormir a palacio. Al cabo de cincuenta días consiguió dar muerte al león, pero durante este tiempo, Tespio, que había tenido cincuenta hijas de su esposa Megamede, hija de Arneo, y que deseaba tener nietos que fuesen hijos de héroe, se las arreglaba para introducir cada noche en su cama a una de las muchachas. Heracles, en la oscuridad, consumó su unión con todas, y estaba tan cansado de su jornada de cacería, que creía unirse cada noche con la misma. De este modo tuvo cincuenta hijos, los Tespíadas. Ciertos autores sitúan esta primera caza del león, prefiguración de la del de Nemea, no en las laderas del Citerón, sino en el Helicón, o bien en las cercanías de Teumeso. Incluso Pausanias ha recogido una leyenda según la cual el león de Citerón no fue muerto por Heracles, sino por Alcátoo, a quien se atribuye generalmente la muerte del león de Mégara (Ver, Alcátoo). Finalmente, una leyenda local de la isla de Lesbos decía que también allí Heracles había matado un león. Cuando regresaba de cazar el león del Citerón, Heraclés se encontró, cerca de Tebas, con los emisarios del rey de Orcómeno Ergino, que se dirigían a reclamar el tributo que los tebanos pagaban a los habitantes de Orcómeno (sobre los orígenes de este tributo, Ver Ergino). Heracles los ultrajó, les cortó la nariz y las orejas, que enhebró en un cordel, y colgó de su cuello; después les dijo que llevasen este tributo a su señor. Ergino, indignado, marchó contra Tebas, pero fue derrotado por Heracles, el cual impuso a los minias de Orcómeno un tributo doble del que ellos habían impuesto a los tebanos. Anfitrión fue. muerto en la batalla, luchando valerosamente al lado de su hijo. Según otra tradición, Anlitrión no cayó hasta más tarde, después de haber realizado con éxito, junto con Heracles, la expedición contra el rey de Eubea, Calcodonte (Ver) y de haber presenciado la matanza de sus nietos. Heracles habría combatido solo contra Ergino, con armas recibidas de Atenea en persona. Sobre las demás variantes de esta leyenda, Ver Ergino. El rey de Tebas, Creonte, para agradecer dignamente a Heracles el servicio que había prestado a la ciudad, le dio en matrimonio a su hija mayor, Mégara, a la vez que casaba a la menor con Ificles (Ver). Mégara tuvo varios hijos del héroe: ocho, según Píndaro; tres, según Apolodoro, quien cita sus nombres: Terímaco, Creontíades y Deicoonte. Otras tradiciones conocen siete, o cinco (Antímaco, Clímeno, Gleno, Terímaco y Creontíades), o bien cuatro (Ver, Creontíades). Pero muy pronto Heracles dio muerte a sus hijos y a dos de los que había tenido Ificles. Este crimen es relatado por los autores de modo diverso, y ha suministrado a Eurípides y Séneca tema para sendas tragedias. Según unos, y ésta parece ser la tradición más antigua, Heracles arrojó a sus hijos al fuego. Según otros, y especialmente Eurípides, los mató a flechazos; incluso llegó a atacar a su padre Anfitrión, y estaba a punto de matarlo, cuando Atenea, golpeándole en el pecho con una piedra, lo sumió en profundo sueño. Esta serie de asesinatos es explicada generalmente por un acceso de locura que le envió Hera. Según ciertas tradiciones, la diosa quería obligarle a ponerse al servicio de Euristeo, ya produciéndole una mancha que le exigiera someterse a una expiación, ya porque, a pesar del oráculo de Zeus, Heracles no se decidía a trasladarse a Argos y reconocer a Euristeo por su señor. Era una advertencia que le enviaba la diosa. Recobrada la lucidez, Heracles no quiso seguir viviendo con Mégara y la entregó a su sobrino Yolao (pese a ser considerable la diferencia de edad entre ambos, pues, según los cálculos de los mitógrafos antiguos, ella tenía 33 años, y él no pasaba de los 16). Eurípides ha enlazado la leyenda del asesinato de los hijos de Mégara con la de un usurpador llegado de Eubea, Lico, que da muerte al rey Creonte y se apodera del trono de Tebas durante la ausencia de Heracles, que ha descendido a los Infiernos. El héroe vuelve a tiempo y mata a Lico; pero cuando se dispone a ofrecer un sacrificio de acción de gracias en el altar de Zeus, frente al palacio, Hera le envía la Locura, que se apodera de él. Cree que sus hijos son los de Euristeo y les da muerte. Toma a su propio padre por el de Euristeo, Esténelo, y está a punto de matarlo cuando Atenea, golpeándole en el pecho, lo deja dormido. Al despertarse se da cuenta de sus crímenes y quiere suicidarse; pero Teseo, que llega en este momento, le hace desistir de tal propósito y se lo lleva a Atenas. Como se ve, Eurípides ha alterado la cronología tradicional del episodio, situándolo después del descenso a los Infiernos, es decir, intercalándolo entre los Trabajos, en vez de convertirlo en el primer acto de la vida del héroe. Además, hace intervenir a Teseo, el héroe ""filósofo"" por excelencia, símbolo de la prudencia y la mesura áticas frente a la violencia doria. )o()o( LOS DOCE TRABAJOS )o( Los doce trabajos son las hazañas que Heracles llevó a cabo a las órdenes de su primo Euristeo. Las tradiciones dan diversas explicaciones de esta sumisión del héroe a un personaje que estaba muy lejos de llegar a su altura y que es unánimemente presentado como un ser despreciable e ""incompleto"" (Ver, Euristeo). La Ilíada narra el ardid de Hera, que cambió en sentido favorable a Euristeo la promesa de Zeus. Pero de ello no se sigue que Heracles estuviese sometido personalmente a su primo, pese a que el retraso de su nacimiento lo convirtiera, de modo muy general, en ""súbdito suyo"". Según Eurípides, Heracles habría deseado volver a Argos, a lo cual Euristeo habría accedido con la condición de que realizase antes ciertas tareas, las principales de las cuales tenían por objeto librar al mundo de cierto número de monstruos. Pero más generalmente se considera esta esclavitud como la expiación del asesinato de los hijos que había tenido de Mégara (crimen involuntario pero que no por ello dejaba de constituir una mancha). Después de esta matanza, Heracles había ido a Delfos a consultar el oráculo de Apolo Pitio. Éste le había ordenado que se pusiese al servicio de su primo por espacio de doce años. Apolo (y Atenea) añadieron que, como premio a sus penalidades. obtendría la inmortalidad. Estas variantes proceden de la reflexión del pensamiento griego sobre el mito, y responden a la necesidad de justificar moralmente las pruebas de un héroe que se quería presentar como el justo por antonomasia. No son primitivas en el mito, compárese la esclavitud de Apolo en casa de Admeto como purificación por la matanza de los Cíclopes, y, dentro del propio ciclo heracleo, la esclavitud del héroe bajo Ónfale como purificación por el asesinato de Ífito. En el pensamiento místico, los trabajos de Heracles vinieron a representar la ""pruebas del alma"" que se libera progresivamente de la servidumbre del cuerpo, así como de las pasiones, hasta la apoteosis final. Una variante adoptada por un poeta alejandrino, Diotimo, presenta a Heracles como amante de Euristeo. Por complacencia de enamorado, el héroe se habría sometido a los caprichos de éste. Los mitógrafos de la época helenística habían establecido un ""canon"" de los Doce Trabajos, clasificándolos en dos series de seis. Los seis primeros tienen como escenario el Peloponeso; los otros seis se distribuyen por el resto del mundo: Creta, Tracia, Escitia, el Occidente extremo, el país de las Hespérides y los Infiernos. Éste es el orden que seguimos aquí. No obstante, existían numerosas variantes, tanto en lo que respecta al orden de los trabajos como a su número (Apolodoro, por ejemplo, sólo reconoce diez). )o()o( LAS ARMAS DE HERACLES )o( El arma más característica de Heracles, la maza, fue tallada por él mismo durante su primer ""trabajo"", la caza del león de Nemea. Unas veces se admite que la fabricó en la misma Nemea; otras, en el Helicón; otras, incluso a orillas del golfo Sarónico, con el tronco de un olivo silvestre. Sus otras armas son de origen divino: la espada la recibió de Hermes; el arco y las flechas, de Apolo; Hefesto le había regalado una coraza dorada, y Atenea había añadido un peplo. Pero es de notar que, según ciertas tradiciones, esta diosa le proporcionó todas las armas excepto la maza. Finalmente, los caballos eran un regalo de Posidón. )o()o( EL LEÓN DE NEMEA )o( El león de Nemea es un monstruo hijo de Ortro y nieto de Tifón. Su madre es Equidna (Ver). Es hermano de otro monstruo, la Esfinge de Tebas. Hera lo educó, o tal vez la diosa de la Luna, Selene, que lo habría dado en préstamo a Hera, y lo situó en la región de Nemea, donde asolaba el país, devorando sus habitantes y ganados. Este león tenía por guarida una caverna con dos accesos, y era invulnerable. Heracles empezó por dispararle flechas, pero sin resultado; entonces, amenazándolo con la maza, le obligó a entrar en la cueva y obturó una de las entradas. Cogiéndolo luego entre sus brazos, lo ahogó. Muerta ya la fiera, Heracles la despellejó y se revistió con su piel; la cabeza le sirvió de casco. Cuenta Teócrito que el héroe estuvo largo tiempo perplejo ante esta piel, que ni el hierro ni el fuego podían rasgar. Finalmente, ocurriósele la idea de desgarrarla con las propias garras del monstruo, y de este modo consiguió su propósito. En el transcurso de la caza del león de Nemea se sitúa el episodio de Molorco. Molorco era un pobre campesino que habitaba en las cercanías de Nemea y cuyo hijo había sido devorado por el monstruo. Cuando Heracles se encaminaba a luchar con el león, acertó a presentarse en su casa, donde fue objeto de una hospitalaria acogida. Para honrar a su huésped, Molorco quiso sacrificar el único carnero que poseía, todo su bien. Heracles lo disuadió de ello, pidiéndole que lo aguardase por espacio de treinta días, transcurridos los cuales, si no lo veía regresar, podía considerarlo muerto y sacrificar el carnero en memoria suya; pero si antes de expirar el plazo volvía victorioso, el animal sería ofrecido a Zeus Salvador. Pues bien, había llegado el día trigésimo, y Heracles no estaba aún de vuelta. Molorco creyó que había muerto y se dispuso a sacrificar el carnero, como se lo había pedido Heracles; pero antes de que el sacrificio se consumara, vio llegar a Heracles revestido con la piel del león. Ofreció entonces el carnero a Zeus Salvador, y en el lugar mismo del holocausto, Heracles instituyó unos Juegos en honor de Zeus, los Juegos Nemeos, que, más tarde, habrían de ser renovados por los Siete Jefes en su marcha contra Tebas (Ver, Adrasto). Heracles llevó el león a Micenas, y Euristeo quedó tan asustado ante el valor del héroe, capaz de abatir un monstruo semejante, que le prohibió la entrada en la ciudad, ordenándole que, en adelante, dejase su botín ante las puertas de ella. Cuéntase que Zeus puso al león entre las constelaciones, para perpetuar la hazaña de Heracles. )o()o( LA HIDRA DE LERNA )o( Lo mismo que el león de Nemea, la hidra de Lerna es un monstruo, hijo de Equidna, y cuyo padre es Tifón. Fue criada por Hera para que sirviese de prueba a Heracles. Se precisa que la diosa la crió debajo de un plátano, cerca de la fuente de Amimone. Se representa esta hidra como una serpiente de varias cabezas, cuyo número varía desde cinco o seis hasta cien, según los autores. A veces, incluso eran tenidas por cabezas humanas. El hálito que salía de sus fauces era sumamente mortal, hasta el punto de que quienquiera que se acercase, incluso mientras el monstruo dormía, moría infaliblemente. Devastaba también las cosechas y los ganados del país. Para combatirla, Heracles recurrió a flechas encendidas; pero también se dice que le cortó las cabezas con una ""harpe"" (especie de cimitarra). Le ayudó en esta hazaña su sobrino Yolao, ayuda tanto más necesaria cuanto que de cada cabeza cortada surgía otra nueva. Para impedir que retoñasen, Heracles pidió a Yolao que incendiase el bosque vecino, y, con auxilio de los tizones quemaba cada vez la herida, imposibilitando así que la carne se reprodujese. A veces se decía que la cabeza del centro era inmortal; sin embargo, Heracles la cortó y la enterró, colocando encima una enorme roca. Finalmente, empapó sus flechas en el veneno (o en la sangre) de la hidra, y de este modo las convirtió en venenosas (Ver, Filoctetes). En su lucha contra Heracles, Hera había enviado a la hidra un aliado en forma de cangrejo gigante que mordió al héroe en el talón; pero éste lo aplastó (Ver, Cárcino). Según Apolodoro, Euristeo se negó a contar este trabajo entre los diez que había de imponer a Heracles: pretextando que le había ayudado Yolao. Los mitógrafos han formulado una interpretación evemerista del mito de la hidra de Lerna. Dicen que la hidra de renacientes cabezas es en realidad el pantano de Lerna, desecado por Heracles. La cabezas son las fuentes, que lograban siempre filtrar, haciendo estériles los esfuerzos del héroe. Otra interpretación pretendía que Lerno era en realidad un rey del país cuya ciudad se llamaba Hidra. Rodeaban a Lerno cincuenta arqueros, y cuando uno caía, era reemplazado por otro en el acto. Esto habría dado origen a la leyenda de las cabezas que volvían a nacer. )o()o( EL JABALÍ DE ERIMANTO )o( El tercer trabajo impuesto por Euristeo consistió en traerle vivo un monstruoso jabalí que vivía en el Erimanto. Heracles, con sus gritos, forzó al animal a salir de su bañil, lo impelió hasta una extensión de espesa nieve que cubría el país, consiguió fatigarlo y de este modo lo capturó. Finalmente, cargándoselo sobre sus espaldas, regresó a Micenas. Al verlo, Euristeo, aterrorizado, se ocultó en una jarra que tenía preparada como refugio en caso de peligro. Enseñábanse en Cumas, Campania, los colmillos del jabalí de Erimanto, conservados como exvoto. Durante esta cacería le ocurrieron a Heracles aventuras con el centauro Folo (Ver). )o()o( LA CIERVA DE CERINIA )o( El cuarto trabajo que Euristeo impuso a Heracles fue la captura de una cierva que habitaba en Énoe. Eurípides cuenta simplemente que era un animal de gigantesca talla que asolaba las cosechas. Heracles la mató, y consagró su cornamenta en el templo de Ártemis Enoatis. Pero esta versión no sólo es aislada, sino que se halla en contradicción con la leyenda tal como se cuenta generalmente. Tiene por objeto borrar del ciclo lo que parecía un rasgo de impiedad del héroe. Esta cierva, según Calímaco, era una de las cinco que Ártemis había encontrado en otros tiempos paciendo en el monte Liceo. Todas tenían cornamentas doradas y eran más grandes que toros. La diosa se quedó con cuatro, que enganchó a su cuadriga; pero la quinta, por orden de Hera, se refugió en el monte Cerinia, y con el tiempo sirvió como prueba a Heracles. El animal estaba consagrado a Ártemis, y se dice que llevaba un collar con la inscripción: ""Taigeto me ha dedicado a Ártemis"" (Ver, Taigeto). Matarla, e incluso tocarla, era, por tanto, un acto impío. Esta cierva era muy veloz. Heracles la persiguió un año entero sin alcanzarla. Sin embargo, acabó fatigándose y buscó refugio en el monte Artemisio. Como Heracles porfiaba en su persecución, quiso atravesar el río Ladón, en Arcadia. En este momento, el héroe la hirió levemente con una flecha, después de lo cual le fue muy fácil apresarla y cargársela sobre sus hombros. Pero cuando atravesaba Arcadia, encontróse con Ártemis y Apolo; ambas divinidades quisieron quitarle el animal, que les pertenecía. Lo acusaron, además, de haber tratado de darle muerte, lo cual constituía un sacrilegio. Heracles se salió del apuro cargando la responsabilidad a Euristeo, hasta el extremo de que los dioses terminaron devolviéndole la cierva y autorizándolo a proseguir su camino. Píndaro da una versión mística de esta persecución. Según él, Heracles persiguió la cierva hacia el Norte, a través de Istria, el país de los Hiperbóreos, e incluso el de los Bienaventurados, donde Ártemis lo acogió benévolamente. )o()o( LAS AVES DEL LAGO ESTINFALO )o( Las aves que vivían en una espesa selva a orillas del lago Estinfalo, en Arcadia, habían huido en otro tiempo ante una invasión de lobos. Se habían multiplicado en proporciones extraordinarias, hasta el punto de convertirse en una plaga para los paises vecinos. Devoraban los frutos de los campos y destruían las cosechas. Por eso Euristeo ordenó a Heracles que acabase con ellas. La dificultad estaba en obligarlas a salir de su tupido bosque. Para conseguirlo, el héroe recurrió a unas castañuelas de bronce, que él mismo se fabricó o acaso le dio Atenea, elaboradas por Hefesto. El ruido de este instrumento las asustó, por lo cual abandonaron la espesura, y Heracles pudo derribarlas fácilmente a flechazos. Otras tradiciones presentan estos animales como aves de rapiña que devoraban incluso a las personas. O bien se decía que sus plumas eran de acero, agudísimas, y que las disparaban como flechas contra sus enemigos. Una interpretación evemerista del mito hace de estas aves las hijas del héroe Estinfalo, a las que Heracles mató porque se habían negado a darle hospitalidad, en tanto que acogían a sus enemigos los Moliónidas. )o()o( LOS ESTABLOS DEL REY AUGIAS )o( Augias era un rey de Élide, en el Peloponeso. Era hijo del Sol (Helio). Había heredado de su padre numerosos rebaños, pero no cuidaba de hacer quitar el estiércol que iba depositándose en los establos, quedando así el suelo privado de abonos y viéndose el país condenado a la esterilidad (Ver, Augias). Por orden de Euristeo, que quería humillar al héroe imponiéndole un trabajo servil, Heracles hubo de encargarse de limpiar estos establos. Antes de hacerlo, empero, estipuló con Augias un salario: según unos, el rey se comprometía, si Heracles lograba realizar la limpieza en un día, a entregarle parte de su reino; según otros, tenía que entregarle, en iguales condiciones, la décima parte de sus rebaños. Heracles consiguió realizar la proeza concentrando en el patio del establo, tras de desviarlos, el curso de dos ríos, el Alfeo y el Peneo; sin embargo, Augias le negó el salario convenido, llegando incluso a desterrar al héroe de su reino. Más tarde, éste hubo de emprender una guerra contra él (Ver más adelante). Según Apolodoro, Euristeo tampoco quiso contar este trabajo entre los diez que debía imponerle, arguyendo que Heracles había percibido (o por lo menos pedido) un salario por la limpieza de los establos y que, por consiguiente, había dejado de estar a su servicio aportando su prestación personal. )o()o( EL TORO DE CRETA )o( El toro de Creta es el animal que, según unos, había raptado a Europa por cuenta de Zeus, en la versión que no admite la metamorfosis del dios en toro, y, según otros, había sido amante de Pasífae. Finalmente, una tercera tradición lo presenta como un toro milagroso salido del mar un día en que Minos había prometido sacrificar a Posidón lo que apareciese en la superficie de las aguas. Pero Minos, al ver la belleza del toro, lo envió a sus rebaños, y sacrificó al dios otro menos precioso, de lo cual se vengó Posidón volviendo furioso al animal. Este animal, que, como algunos autores aseguran, lanzaba fuego por la nariz, era el que por orden de Euristeo Heracles había de traer vivo. El héroe pasó, pues, a Creta y pidió la ayuda de Minos; éste se la negó, pero lo autorizó a apresarlo a condición de hacerlo solo. Heracles capturó el toro y regresó con él a Grecia, tal vez incluso a nado, a lomos de la bestia, como cuando ésta había llevado a Europa, presentandolo a Euristeo, el cual quiso dedicarlo a Hera. Pero la diosa se negó a aceptar un presente ofrecido en nombre de Heracles y soltó a la bestia, que recorrió la Argólide, cruzó el istmo de Corinto y llegó al Ática (Ver Teseo y la leyenda del toro de Maratón). )o()o( LAS YEGUAS DE DIOMEDES )o( Diomedes era un rey de Tracia propietario de unas yeguas que se nutrían de carne humana. Eran cuatro, llamadas Podargo, Lampón, Janto y Deino (Ver, Diomedes). De las dos tradiciones relativas a esta leyenda, la más antigua es la que cuenta que Heracles partió solo para Tracia por vía terrestre y entregó a Diomedes a la voracidad de sus animales, después de lo cual, éstos, saciados, se dejaron conducir sin dificultad. La otra, más reciente, vincula la leyenda a la fundación de la ciudad de Abdera. )o()o( EL CINTURÓN DE LA REINA HIPÓLITA )o( A petición de Admete, hija de Euristeo (Ver, Admete), Heracles se dirigió al reino de las Amazonas a la conquista del cinturón de su reina, Hipólita. Este cinturón, se dice, era el del propio Ares, que lo había dado a Hipólita para simbolizar el poder que ella poseía sobre su pueblo. Heracles se embarcó con varios compañeros voluntarios en una sola nave, y, tras numerosas aventuras, llegó al puerto de Temiscira, que es el del país de las. Amazonas. Allí Hipólita consiente de buen grado en cederle su cinturón, pero Hera, disfrazada de amazona, suscita una disputa entre los hombres del séquito de Heracles y las amazonas. Se entabla una batalla campal, y Heracles, creyéndose traicionado, da muerte a Hipólita. Otras tradiciones cuentan, por el contrario, que se rompieron las hostilidades con el desembarco de Heracles y sus compañeros. Una de las amigas (o la hermana) de Hipólita, Melanipa, cayó prisionera en la acción y, para rescatarla, Hipólita concertó una tregua, en la que intercambiaba su cinturón contra la libertad de Melanipa. En el camino de retorno, Heracles se enfrentó aún con nuevas aventuras, especialmente en la costa troyana. )o()o( LOS BUEYES DE GERIONES )o( Geriones (Ver), hijo de Crisaor, poseía inmensas manadas de bueyes, que guardaba su pastor Euritión en la isla de Eritia. Euritión tenía como auxiliár al monstruoso perro Ortro, nacido de Tifón y Equidna (Ver). No lejos de allí, Menetes. el pastor de Hades, apacentaba los rebaños de este dios. La isla Eritia estaba situada en el Occidente extremo. Allí Euristeo envió a Heracles con la orden de traerle los preciosos bueyes. La primera dificultad estaba en cruzar el Océano, y, para resolverla, el héroe pidió prestada la ""copa del Sol"". Era ésta una gran copa en la que el Sol se embarcaba todas las noches, cuando había llegado al Océano, para regresar a su palacio situado en el Oriente del mundo (Ver, Helio). Pero el Sol no se la cedió espontáneamente. Mientras el héroe atravesaba el desierto de Libia, el calor solar lo había incomodado hasta tal extremo que había amenazado al astro con dispararle sus flechas. Éste le había pedido que no lo hiciese, y Heracles había accedido a condición de que el otro le prestase su ""copa"" para cruzar el Océano hasta Eritia. El Sol aceptó el trato. Luego, una vez embarcado, el héroe hubo de amenazar al dios Océano con sus flechas, quien, para ponerlo a prueba, lo sacudía con cierta rudeza sobre las olas. Océano tuvo miedo, y la travesía fue tranquila en lo sucesivo, hasta la llegada a Eritia. Allí lo vio el perro Ortro y se lanzó contra él, pero fue abatido de un mazazo por Heracles. Otro tanto le ocurrió al boyero Euritión, que había acudido en auxilio de su perro. Luego partió con los bueyes. Menetes, el pastor, de Hades, testigo presencial de la escena, corrió a avisar a Geriones, quien se presentó al momento, dio alcance a Heracles en las márgenes del río Ántemo y le atacó, pero no tardó en caer bajo las flechas del héroe. Entonces éste embarcó los animales en la copa del Sol y puso proa a la orilla opuesta del Océano, a Tartesos. En el curso del viaje de regreso de Heracles a Grecia con su rebaño se sitúan la mayoría de las aventuras que se le atribuyen en el Occidente mediterráneo. Cuéntase que ya en el viaje de ida, había librado a Libia de gran número de monstruos, y que, en recuerdo de su paso por Tartesos, había erigido dos columnas, una a cada lado del estrecho que separa Libia de Europa: las Columnas de Hércules (el Peñón de Gibraltar y el de Ceuta). Durante el viaje de retorno, el héroe se vio atacado por numerosos bandoleros, que trataron de robarle su rebaño. Contrariamente a su viaje de ida, que fue por el Sur y la costa líbica, regresó ahora por el Norte, contorneando las costas de España y luego las de Galia, Italia y Sicilia, antes de reintegrarse a Grecia. En efecto, esta ruta se hallaba jalonada por santuarios heracleos, a los que estaban vinculadas leyendas locales que se insertaron, más o menos verosímilmente, en el episodio de los bueyes de Geriones. Primeramente se vio atacado, en Liguria, por gran número de indígenas belicosos, hasta el punto de que, después de haber producido una verdadera carnicería con sus flechas, se encontró falto de municiones. Como el suelo se hallaba desprovisto de piedras, Heracles, ante el peligro de verse inerme, dirigió una plegaria a Zeus, quien hizo caer del cielo una lluvia de piedras. Inmediatamente, Heracles, apoderándose de estos proyectiles, puso en fuga al enemigo. Esta hazaña se sitúa en la llanura de la Crau, entre Marsella y el Valle del Ródano (Ver, Ligis). Asimismo, en Liguria, dos bandidos, hijos de Posidón, Alebión y Dercino, pretendieron despojarlo de su botín, pero los mató. Luego prosiguió su camino a través de Tirrenia (Etruria). Al atravesar el lacio, en el mismo lugar donde más tarde se levantaría Roma, hubo de batirse contra Caco para defender sus rebaños (Ver, Caco), y recibió hospitalidad de Evandro (Ver). Pero estas leyendas se relacionan más bien con el Hércules latino que con el Heracles griego (Ver, Hércules). En Regio (Calabria), uno de sus toros escapó, franqueando a nado el estrecho que separa Italia de Sicilia, y, según se afirma, Italia le debe su nombre (de la palabra latina ""uitulus"", que significa becerro). Este toro que había escapado de tal modo, llegó al llano de Érix, al país de los élimos, cuyo rey era a la sazón Érix, epónimo de la ciudad. Éste quiso apoderarse del animal fugitivo, pero terminó muriendo a manos de Heracles (Ver, Érix), mientras Hefesto quedaba. encargado de la guarda del resto del rebaño (Ver, Crotón, Lacinio). Una vez en la ribera helénica del mar Jónico, el rebaño fue atacado por unos tábanos enviados por Hera, lo cual volvió a los animales furiosos. Dispersáronse por los contrafuertes de las montañas de Tracia, y Heracles los persiguió sin que pudiese dar alcance más que a una parte: el resto quedó en estado salvaje, dando origen a las manadas que erraban por los llanos de Escitia. Heracles, cuya persecución se vio estorbada por el rio Estrimón, maldijo a éste y llenó su cauce de rocas, de manera que el río, hasta entonces navegable, convirtióse en un torrente intransitable. Finalmente, al término del viaje, Heracles presentó a Euristeo lo que quedaba del rebaño, y éste lo sacrificó a Hera. Los autores han transmitido ciertos episodios aberrantes de esta leyenda del regreso de Heracles: El héroe habría tomado una ruta aún más septentrional, y habría atravesado los países celtas, incluso la Reino Unido (Ver, Pirene, Celto, a quien engendró con Celtine; Gálata, Equidna, el monstruo de Escitia). Estas leyendas se han ido desarrollando a medida que, en un mundo cada día mejor conocido, los viajeros y mercaderes helenos se encontraban con héroes y dioses locales que asimilaban a Heracles lo mejor posible. )o()o( EL CAN CERBERO )o( El undécimo trabajo impuesto a Heracles por Euristeo consistió en enviarle a los Infiernos con la orden de que le trajese de allí el perro Cerbero (Ver). Heracles, pese a su valor, no habría podido salir con bien de esta empresa, si, por mandato de Zeus, no le hubiesen ayudado Hermes y Atenea. Ante todo, se hizo iniciar en los misterios de Eleusis, que enseñaban precisamente a los creyentes la manera de llegar con plena seguridad al otro mundo después de la muerte. Según la tradición más generalmente admitida, Heracles, para bajar a los Infiernos, tomó el camino del Ténaro. Pero los habitantes de Heraclea del Ponto pretendían que había descendido y regresado por una misma boca: la Boca del Infierno, situada cerca de su ciudad. Al verlo llegar a su reino, los muertos sintieron miedo y huyeron; sólo dos le aguardaron: la Gorgona Medusa y el héroe Meleagro. Heracles desenvainó la espada para acometer a la primera, pero Hermes, que le guiaba, le advirtió que era sólo una sombra vana. Contra Meleagro tesó el arco, pero él se le acercó y le relató su fin en términos tan conmovedores que Heracles no pudo contener las lágrimas (Ver, Meleagro). Preguntóle si le quedaba alguna hermana; Meleagro le contestó que Deyanira aún vivía, y el héroe le prometió casarse con ella. Más allá encontró a Teseo y Pirítoo, que estaban vivos, pero a quienes Hades tenía encadenados por haber llegado hasta su mansión para llevarse a Perséfone (Ver, Teseo, Pirítoo). Heracles, con permiso de Perséfone, libertó a Teseo, mas Pirítoo hubo de quedarse en los infiernos, como castigo a su audacia. A continuación, el héroe dio libertad a Ascálafo, quien, desde que cometió su falta (Ver), permanecía aprisionado por un enorme bloque. Cierto es que Deméter lo transformó pronto en lechuza, con lo cual varió su suplicio. Para dar sangre a los muertos, que, mediante libaciones sangrientas, pueden recuperar un poco de vida, Heracles ideó sacrificar algunos animales sacados de los rebaños de Hades. Al verlo, el pastor Menetes trató de oponerse, pero Heracles lo agarró por la cintura y le quebró varias costillas, y lo habría matado de no interceder Perséfone por él. Finalmente, Heracles llegó a presencia de Hades y le pidió autorización para llevarse a Cerbero. El dios accedió, pero con la condición de que había de dominar al animal sin recurrir a sus armas habituales, revestido simplemente con su coraza y su piel de león. El héroe atacó a Cerbero, lo agarró por el cuello y, a pesar de que el rabo del perro, que acababa en una especie de dardo como el de un escorpión, le picó repetidas veces, no soltó la presa hasta que la tuvo dominada. Subió luego a la tierra con su botín, saliendo por la boca del Infierno situada en Trecén. Al ver a Cerbero, Euristeo experimentó tal terror que corrió a ocultarse en su jarra, su habitual refugio. No sabiendo qué hacer con el perro, Heracles lo devolvió a su dueño, Hades. Una leyenda de Olimpia contaba que Heracles había traído del Infierno el álamo blanco, la única madera de que estaba permitido servirse para los sacrificios ofrecidos a Zeus de Olimpia. Existía una interpretación evemerista de la leyenda de Cerbero: Éste, junto con Ortro, habría sido uno de los perros guardianes de los rebaños de Geriones. Heracles habría matado a Ortro, pero se habría llevado consigo a Cerbero, entregándolo a Euristeo. Sin embargo, un vecino de éste, llamado Molotos, había robado el perro, encerrándolo en una cueva de la montaña con varias perras, para lograr que se reprodujese. Entonces Euristeo había encargado a Heracles que le buscase su perro. El héroe recorrió todo el Peloponeso, hasta encontrar el can, que devolvió finalmente a su amo. )o()o( LAS MANZANAS DE ORO DE LAS HESPÉRIDES )o( Cuando la boda de Hera con Zeus, la Tierra, Gea, había dado a la diosa, como presente nupcial, unas manzanas de oro, que Hera encontró maravillosas, hasta el punto de haberlas mandado plantar en su jardín de las inmediaciones del monte Atlas. Como las hijas de Atlante solían ir a saquear este jardín, la diosa había confiado la custodia de las manzanas y el árbol maravilloso que las producía a un dragón inmortal de cien cabezas, nacido de Tifón y Equidna. Asimismo, había colocado como guardianas a tres ninfas del atardecer, las Hespérides, llamadas Egle, Eritia y Hesperaretusa, es decir, la ""Resplandeciente"", la ""Roja"" y ""la Aretusa de Poniente"", nombres que recuerdan los matices del cielo cuando el Sol va hacia el ocaso (Ver, Hespérides). Éstas eran las manzanas de oro que Euristeo ordenó a Heracles le trajese. El Jardín de las Hespérides se ubica ya al oeste de Libia, ya al pie del Atlas, ya en el país de los Hiperboreos. La primera preocupación de Heracles fue la de informarse del camino que conducia al país de las Hespérides. Para ello partió en dirección Norte, a través de Macedonia. Primero se encontró con Cicno, hijo de Ares, al que derrotó en las márgenes del Equedoro (Ver, Cicno). Adentróse luego en Iliria, hasta las orillas del Erídano, donde le salieron al paso las ninfas del río, hijas de Temis y Zeus, que vivían en una caverna. A las preguntas del héroe, ellas contestaron que sólo el dios marino Nereo podría informarle sobre el país que buscaba. Lo llevaron ante Nereo mientras éste dormía, y, aunque el dios adoptó toda clase de formas, Heracles lo amarró sólidamente y no consintió en soltarlo hasta que le hubo revelado el lugar donde se hallaba el Jardín de las Hespérides. Desde este momento, el itinerario del héroe se hace poco inteligible. Apolodoro cuenta que desde las orillas del Erídano pasó a Libia  es decir, el norte de África, donde se batió con el gigante Anteo (Ver). Recorrió luego Egipto, donde estuvo a punto de ser sacrificado por Busiris (Ver). De allí pasó al Asia y luego a Arabia, donde dio muerte a Ematión, hijo de Titono. Después marchó a través de Libia, hasta el ""Mar Exterior"". Allí se embarcó en la ""copa del Sol"", para abordar, en la ribera opuesta, al pie del Cáucaso. Durante la ascensión de esta montaña, liberó a Prometeo, cuyo hígado devoraba un águila y se regeneraba al momento (Ver, Prometeo). Agradecido, el gigante le aconsejó que no cogiera por su propia mano las manzanas maravillosas, y que encomendara esta misión a Atlante. Heracles prosiguió su camino y llegó finalmente al país de los Hiperbóreos. Fue al encuentro del gigante Atlante, que sostenía el Cielo sobre sus hombros, y le ofreció aliviarlo de su carga el tiempo que necesitara para ir a recoger tres manzanas de oro en el Jardín de las Hespérides que se hallaba contiguo. Atlante asintió de buen grado; pero, a su regreso, declaró a Heracles que él mismo llevaría los frutos a Euristeo, y entretanto el héroe seguiría sosteniendo la bóveda celeste. Éste simuló consentir en ello; sólo pidió a Atlante que lo descargase por un momento, el tiempo necesario para ponerse una almohada en los hombros. El gigante aceptó sin recelo, pero Heracles tan pronto se vio libre, cogió las manzanas que Atlante había dejado en el suelo y emprendió la fuga. Según otras tradiciones, Heracles no necesitó la ayuda de Atlante; mató al dragón de las Hespérides, o lo durmió, y se apoderó de los áureos frutos. También se cuenta que, desesperadas por haber perdido las manzanas cuya custodia tenían confiada, las Hespérides se transformaron en árboles: un olmo, un sauce y un álamo, a cuya sombra se refugiaron más tarde los Argonautas. El dragón fue transportado al cielo, donde se convirtió en constelación: la Serpiente. Sea de ello lo que fuere, Heracles, una vez en posesión de las manzanas de oro, las llevó fielmente a Euristeo. Pero éste, cuando las tuvo en sus manos, no supo qué hacer con ellas y las devolvió al héroe, quien las ofreció a Atenea. La diosa las restituyó al Jardín de las Hespérides, pues la ley divina prohibía que aquellos frutos estuviesen en otro lugar que no fuese en el Jardín de los dioses.                               )o( Sigue en el registro Heracles 2, con Expediciones de Heracles )o(

Heracles 2

)o( Comienza en el registro Heracles 1 )o( )o()o( EXPEDICIONES DE HERACLES )o( Según el orden adoptado generalmente por los mitógrafos, la primera de las grandes expediciones emprendidas por Heracles es la que lo situó ante Troya. Las causas de esta guerra son las siguientes. De regreso del país de las Amazonas, Heracles abordó en Troya. Por este tiempo la ciudad entera estaba de luto, afligida por los efectos de la cólera de Apolo y Posidón. Estos dos dioses habían levantado fortificaciones alrededor de la plaza con ayuda de Éaco, y el rey del país, Laomedonte, se había negado a abonarles el salario convenido (Ver, Apolo). Para castigar al monarca por su perfidia, Apolo había enviado una peste, que asolaba la ciudad, y Posidón, un monstruo marino que devoraba a sus habitantes. Un oráculo había revelado que estas calamidades podrían ser esquivadas si Hesíone, la hija del rey, era ofrecida a la voracidad del monstruo. Heracles llegó a Troya cuando Hesíone, encadenada a una roca, iba a ser víctima de aquél. Inmediatamente se ofreció a Laomedonte para salvar a su hija si el rey le daba en pago las yeguas que Zeus le había regalado en otro tiempo como compensación por Ganimedes (Ver). Así lo prometió Laomedonte, y Heracles aniquiló al monstruo, pero al reclamar la recompensa, ésta le fue negada. El héroe se marchó de Troya amenazando con volver un día y apoderarse de la ciudad (Ver, Hesíone). La oportunidad de llevar a efecto su amenaza se presentó algunos años más tarde, cuando habían terminado ya los Doce Trabajos y cumplido la servidumbre en casa de Ónfale. Tan pronto estuvo en libertad, Heracles reclutó un ejército de voluntarios y se hizo a la vela rumbo a Troya con una flota de dieciocho naves de cincuenta remeros. Abordó en el puerto de Ilión y confió la guardia de los barcos a Oícles; él, a la cabeza de su hueste, atacó la ciudad. Entretanto, Laomedonte efectuó una salida contra la flota y dio muerte a Oícles; pero los hombres de Heracles acudieron en auxilio de la reducida guarnición que había quedado en las naves, y el enemigo tuvo que retirarse. Comenzó el asedio, que fue de corta duración. Pronto Telamón, uno de los más fieles compañeros de Heracles, franqueó la muralla y penetró en la ciudad; Heracles entró en segundo lugar. Irritado al ver que otro lo superaba en valor, estaba a punto de matar a Telamón cuando éste se agachó y recogió unas piedras. El héroe, intrigado, le preguntó qué hacía. Telamón le respondió que estaba erigiendo un altar a Heracles Vencedor. Heracles le dio las gracias y, naturalmente, le perdonó la vida. La ciudad cayó muy pronto. Con sus flechas el héroe dio muerte a Laomedonte y a sus hijos, con excepción de Podarces, el que luego reinaría con el nombre de Príamo, otorgó la mano de Hesíone a Telamón y permitió a la joven que escogiese entre los prisioneros al que quisiera. Ella eligió a su hermano Podarces, y al decirle Heracles que primero debía éste pasar a ser esclavo y después podría ella rescatarlo, la doncella despojóse del velo y lo dio como rescate del niño, lo cual valió a éste un nuevo nombre, Príamo, que recuerda la raíz del vocablo griego que significa ""comprar"". Sobre los amores de Heracles y Auge en Troya, ver, Auge. En su camino de regreso, nuevas aventuras aguardaban a Heracles. A instigación de Hera, Hipno, el dios del sueño, había sumido al héroe en un profundo letargo, y la diosa se aprovechó de él para levantar una tempestad, que arrojó su nave a la costa de Cos. Los habitantes de la isla, creyendo verse atacados por piratas, trataron de alejarlos a pedradas, lo cual no impidió que Heracles y sus compañeros desembarcasen y se apoderasen de la ciudad durante la noche, dando muerte al rey del país, Eurípilo, que era hijo de Posidón y Astipalea. Luego Heracles se unió a la hija de Eurípilo, Calcíope, y le dio un hijo, Tésalo (Ver). Sin embargo, otra leyenda, que no concuerda muy bien con la anterior, cuenta que, durante el combate, Heracles fue gravemente herido por Calcodonte, y sólo lo salvó la intervención de Zeus (Ver, Calcodonte). Todavía se relataba de otro modo el desembarco en Cos: cuando abordó en la isla, Heracles había perdido todas sus naves durante la tempestad, excepto la que le conducía a él. En Cos encontró al hijo del rey Eurípilo, Antágoras, que guardaba un rebaño. El héroe, hambriento, le pidió un carnero; pero Antágoras, en vez de dárselo, le desafió a luchar, quedando el animal como premio para el que resultase vencedor. Durante el pugilato, los moradores de la isla creyeron que Antágoras era atacado, y se precipitaron en su ayuda, entablándose un reñido combate. Heracles, impotente ante el gran número de sus agresores, tuvo que huir y se refugió en la choza de una mujer, donde, para no ser descubierto, vistióse con ropas femeninas. Desde Cos, Heracles pasó a Flegras donde participó en la lucha de los dioses contra los gigantes (Ver, Alcioneo). )o()o( GUERRA CONTRA AUGIAS )o( Augias había negado al héroe el salario convenido cuando éste limpió los establos de sus caballos (Ver, Augias), y, además, lo había desterrado de su reino, Élide. Para vengarse, Heracles reunió un ejército de voluntarios arcadios y se dirigió contra Élide. Pero Augias puso al frente de sus tropas a sus dos sobrinos, los Moliónidas (Ver) Éurito y Ctéato, los cuales aniquilaron el ejército arcadio e hirieron mortalmente al hermano de Heracles: Ificles. Los mitógrafos explican esta derrota del héroe diciendo que éste se hallaba enfermo, y que los Moliónidas se aprovecharon cobardemente de esta circunstancia. Más tarde, cuando la celebración de los terceros Juegos Ístmicos, habiendo los habitantes de Élide enviado en su representación a los Moliónidas, Heracles les dio muerte en una emboscada, en Cleonas. Preparó entonces una segunda expedición contra Élide, tomó la ciudad, mató al rey Augias y colocó en el trono a su hijo Fileo, que en otra ocasión se había manifestado en favor suyo. Después de esta expedición, Heracles instituyó los Juegos Olímpicos y consagró en Olimpia el recinto sagrado, llamado Altis, donde dedicó un santuario a Pélope. Existía cierto número de tradiciones locales relativas a la ""retirada"" de Heracles ante los Moliónidas. El héroe, se decía, por ejemplo, había huido de una sola carrera hasta Buprasio, y al ver que nadie lo perseguía, se había parado a descansar junto a una fuente cuya agua le pareció particularmente buena, por lo cual llamó al manantial Bady (que, en el dialecto de Élide, significa ""agradable""). )o( Expedición contra Pilos )o( En Pilos, Mesenia, reinaba Neleo, padre de once hijos, el mayor de los cuales era Periclímeno, y el menor, Néstor. Heracles estaba resentido con Neleo por haberse éste negado a purificarlo cuando la muerte de Ífito (Ver). Periclímeno había llegado incluso a ordenar su expulsión del país, en tanto que Néstor, solo entre todos los hijos de Neleo, había aconsejado, en vano, que se accediese al deseo del héroe. Éste resolvió vengarse. Se cuenta también que, durante la guerra contra los minias de Orcómeno, Neleo había combatido junto al rey de Orcómeno contra Heracles y sus tebanos, por ser yerno del rey. O bien que Neleo había intentado robar al héroe una parte de los rebaños de Geriones. Sea ello lo que fuere, una vez hubo derrotado a Augias, Heracles se volvió contra Neleo. El principal episodio de esta guerra es el combate entre Heracles y Periclímeno. Éste tenía por padre ""divino"" a Posidón, de quien había recibido el don de transformarse a voluntad en el animal que desease; tan pronto tenía figura de serpiente, como de águila, etc. Para atacar al héroe se transformó en abeja, y se colocó debajo del yugo de sus caballos. Pero Atenea velaba, y advirtió a Heracles que su enemigo estaba muy cerca de él, que era la abeja que tenía ante su vista. Heracles la mató de un flechazo, o la aplastó entre los dedos. Al parecer, en el curso de la misma batalla, Heracles hirió a varias divinidades: a Hera, en el seno, con una flecha; a Ares, en el muslo, con su lanza. Según la versión que presenta Píndaro, también Posidón y Apolo tomaron parte en la lucha. Pilos cayó poco después de la muerte de Periclímeno. Heracles mató a Neleo y a todos sus hijos, con excepción de Néstor, a quien perdonó, ya por su actitud de benevolencia para con él, ya porque se encontrase ausente de la ciudad (Ver, Néstor). Según una tradición conservada por Pausanías, llegó incluso a confiarle el reino, pidiéndole lo guardase en depósito hasta que los Heraclidas se presentasen a reclamárselo. )o( Guerra contra Esparta )o( En Esparta reinaban Hipocoonte y sus veinte hijos, los Hipocoontidas, que habían expulsado del poder a sus legítimos herederos, Icario y Tindáreo (Ver, Icario), de quienes Hipocoonte era hermanastro. Heracles emprendió una expedición contra ellos. Uno de los motivos que alegaba era su deseo de restituir el reino a Icario y Tíndaro; otro, el de vengar la muerte de Eono, sobrino-nieto de Heracles e hijo de Licimio. Este niño se paseaba un día por Esparta, y, al hallarse frente al palacio de Hipocoonte, salió de él un moloso y trató de morderlo. Eono, cogiendo una piedra, se la tiró al perro. Los Hipocoontidas arremetieron contra él y lo mataron de una paliza. Se dice también que los Hipocoontidas habían sido aliados de Neleo en la guerra anterior. Heracles reunió su ejército en Arcadia y pidió la ayuda de Cefeo y sus veinte hijos; a pesar de algunas vacilaciones éstos accedieron (Ver, Celeo). En la batalla decisiva perecieron Cefeo y sus hijos, así como Ificles, (ver, supra, la versión según la cual Ificles fue muerto por los Moliónidas en la guerra contra Augias). Pero Heracles aniquiló a Hipocoonte y sus hijos, y restituyó el reino a Tindáreo (Ver). En la lucha, Heracles fue herido en una mano, y curado por Asclepio en el templo de Deméter Eleusina, sobre el monte Taigeto. En memoria de su victoria erigió dos templos en Esparta, uno en honor de Atenea y otro en el de Hera, para agradecer a esta última el no haberle causado perjuicio durante esta guerra. )o( La alianza con Egimio )o( Mientras las expediciones precedentes se han desarrollado todas en el Peloponeso, las tres distintas guerras emprendidas después de la alianza de Heracles con el rey Egimio, ""rey de los dorios"", nos transportan a Tesalia, al norte de la Grecia continental. La primera fue dirigida contra los lapitas, al mando de Corono, hijo de Ceneo (Ver). Los lapitas amenazaban a Egimio, y lo acosaron hasta tal punto, que éste se vio obligado a solicitar la alianza de Heracles, prometiéndole la tercera parte de su reino en caso de victoria. Heracles no tuvo que emplearse a fondo para derrotar a los lapitas, pero renunció a la recompensa, pidiendo sólo a Egimio que la reservase para los Heraclidas. Después de esta primera victoria, Heracles volvió sobre una antigua disputa con un pueblo vecino, los dríopes, que habitaban el macizo del Parnaso. Cuando Heracles y Deyanira fueron expulsados de Calidón, partieron con su primer hijo, Hilo. Mientras atravesaban el país de los dríopes, el niño tuvo hambre. Heracles vio entonces al rey Tiodamante, que estaba labrando con una yunta de bueyes, y le pidió algo de comer para su hijo; pero el rey se negó a darle nada. Ante esta actitud, Heracles desunció uno de los bueyes, lo sacrificó y despedazó, y luego se lo comió en compañía de Deyanira e Hilo. Mientras tanto, Tiodamante huyó a la ciudad, de donde volvió al frente de un destacamento. Entablóse la lucha, que al principio fue desfavorable para el héroe, hasta el extremo de que la propia Deyanira hubo de armarse y fue herida en el pecho. Finalmente, el triunfo cayó del lado de Heracles, quien dio muerte a Tiodamante. Más tarde, después de la campaña contra los lapitas, como sea que los dríopes los habían sostenido, Heracles se dirigió contra éstos y se vengó matando a su rey Laógoras, que se había hecho culpable de profanación de un santuario de Apolo al celebrar un banquete en el sagrado recinto, y apoderándose del reino. Los habitantes huyeron en tres grupos: unos se trasladaron a Eubea, donde fundaron la ciudad de Caristo; otros, a Chipre, y un tercer grupo buscó refugio junto a Euristeo, quien, por odio a Heracles, los acogio y permitió que fundasen tres ciudades en su territorio: Ásine, Hermíone y Éyones. La tercera expedición del mismo ciclo es la que llevó a Heracles a tomar la ciudad de Orminio, al pie del monte Pelión. El rey de esta ciudad, Amintor, se había opuesto a que el héroe pasara por su territorio; Heracles prefirió apoderarse de él y dio muerte al rey. Diodoro da otra explicación: Heracles había pedido a Amintor la mano de su hija Astidamía, pese a hallarse ya casado con Deyanira. El rey se negó; Heracles se apoderó de la ciudad y se llevó a Astidamía, a la que dio un hijo: Ctesipo. )o()o( AVENTURAS SECUNDARIAS )o( La característica común de las aventuras clasificadas en esta categoría es la de que no forman parte de ciclos, como las precedentes, ni fueron impuestas al héroe, como los doce grandes trabajos. Se presentan como otros tantos episodios casi independientes entre sí, que los poetas y mitógrafos han introducido, de manera casi siempre artificial, en el relato de uno de los ""trabajos"" o en el de una expedición dirigida por Heracles. )o( 1.- Folo y los centauros )o( Las aventuras ocurridas en las tierras de Folo se relacionan generalmente con la cacería del jabalí de Erimanto. Al emprender la batida contra este animal, Heracles hubo de atravesar la región de Fóloe, habitada por un centauro llamado Folo, epónimo del país. Dioniso le había regalado una jarra de vino sellada, recomendándole que no la tocase antes de que Heracles se presentara a pedirle hospitalidad. Según otra versión, esta jarra era propiedad común de los centauros, y ninguno podía beber de ella si no bebían todos a la vez. Sea como fuere, al llegar Heracles a la casa de Folo, éste lo acogió hospitalariamente y le ofreció carnes de todas clases, que mandó guisar para su invitado, mientras él las comía crudas. Saciada su hambre, Heracles tuvo sed y le pidió vino. Folo se excusó diciendo que no estaba autorizado a servirse él solo de la jarra. Heracles le replicó que nada debía temer, y pronto los dos se pusieron a beber. Pero el aroma del vino no tardó en atraer a los centauros, los cuales acudieron furiosos, armados de hachones, rocas y árboles enteros que arrancaron de la montaña. Entablóse el combate; los primeros centauros que se lanzaron al ataque fueron Anquio y Agrio, los cuales cayeron pronto atravesados por las flechas de Heracles. A los demás, el héroe los persiguió hasta el cabo Maleo, donde el centauro Élato, herido en un codo por una flecha, se refugió en la gruta de Quirón. La flecha hirió también a éste (Ver, Quirón). La mayoría de los centauros hallaron asilo en Eleusis. Su madre Néfele (la Nube) acudió en su auxilio, vertiendo abundante lluvia. En la lucha, Heracles dio muerte a diez centauros: Dafnis, Argeo, Anfión, Hipotión, Orio, Isoples. Melanquetes, Tereo, Dupón, Frixo y Hómado, además de Anquio y Agrio, caídos en el primer choque. También murió Folo, aunque de modo accidental. Mientras enterraba a sus congéneres, extrajo una flecha de una herida, asombrado de que un objeto tan pequeño pudiese causar tanto daño. Manipulando con la flecha, la dejó caer torpemente sobre un pie, causándose una herida mortal. Cuando regresó a Fóloe, Heracles quedó desolado al encontrar muerto a su anfitrión, y le dedicó magníficos funerales. )o( 2.- Euritión )o( El combate contra el centauro Euritión se relaciona generalmente con las aventuras ocurridas en la corte de Augias. Desterrado de Élide por éste, Heracles se refugió en Óleno, junto al rey Dexámeno (Ver). Óleno era una ciudad de Acaya, pero existía una homónima en Etolia, y la leyenda aparece ubicada tan pronto en una como en otra. Aunque las versiones difieren, el rasgo esencial en todas ellas es una tentativa de violación de que se hizo culpable el centauro, y de la que fue víctima la hija de Dexámeno, llamada por unos autores Hipólita, y por otros, Mnesímaca. Se contaba, por ejemplo, que Dexámeno había prometido a su hija al arcadio Azán. Euritión, invitado a la comida de boda, había intentado raptar a la joven, pero Heracles se presentó a tiempo para impedirlo y lo mató. Luego devolvió la doncella a su prometido. Otra versión cuenta que el propio Heracles, cuando se dirigía a la corte de Augias, había seducido a la muchacha prometiéndole casarse con ella a su regreso. Durante su ausencia, Euritión cortejó a la joven, y Dexámeno, atemorizado, no se atrevió a negarle la mano de su hija. Cuando la boda estaba a punto de celebrarse, llegó Heracles, dio muerte al centauro y se casó con la princesa, la cual, en esta versión, lleva el nombre de Deyanira (Ver, Dexámeno y más adelante, un episodio análogo en relación con Deyanira y Neso). )o( 3.- Resurrección de Alcestis )o( Esta leyenda está relacionada con el paso de Heracles por Tesalia, cuando, por orden de Euristeo, iba en busca de las yeguas del tracio Diomedes. Por lo menos ésta es la versión seguida por Eurípides en su tragedia Alcestis. Mas Apolodoro considera este episodio como uno de los que marcaron las aventuras de Heracles e Ífito. Por otra parte, es probable que la intervención de Heracles en este mito sea una evolución tardía. En el tema primitivo, es la propia Perséfone, quien, conmovida por la abnegación de la joven, la devuelve a la vida espontáneamente, y no el héroe el que obliga a Tánato (la Muerte) a restituir su presa (Ver, Alcestis). )o( 4.- Cicno )o( El combate contra Cicno y su padre Ares es referido por Apolodoro al viaje al país de las Hespérides (Ver el relato en el registro Cicno). )o( 5.- Busiris )o( Las aventuras de Heracles con el rey de Egipto Busiris se relacionan también con la búsqueda de las manzanas de oro. Sobre la crueldad de este rey, hijo de Posidón, que sacrificaba a los extranjeros en el altar de, su padre y terminó muriendo a manos del propio Heracles, ver Busiris. )o( 6.- Anteo )o( La leyenda de Anteo guarda estrecha relación con la de Busiris. Como ella, constituye un episodio del viaje de Heracles a Libia, en busca de las manzanas de oro. Lo mismo que Busiris, Anteo pasaba por ser hijo de Posidón, e igual que él, mataba a los viajeros para ofrecer sus despojos a su padre. Pero, además, era hijo de la Tierra y poseía una fuerza considerable, condición que faltaba a Busiris. Heracles lo mató luchando (Ver, Anteo), y después se unió a la mujer de su víctima, Ifínoe, dándole un hijo llamado Palemón. Un episodio inesperado es la venganza que los pigmeos, raza de hombres muy pequeños que habitaban en los confines de Egipto y Libia, trataron de llevar a cabo en la persona de Heracles. Como Anteo, eran hijos de la Tierra y lloraban la muerte de su hermano. Atacaron al héroe mientras dormía, con intención de matarlo, pero Heracles se despertó, se echó a reír y, cogiendo a todos los pigmeos con una mano, los encerró en su piel de león y los llevó a Euristeo. )o( 7.- Ematión )o( Ematión era hijo de Eos (la Aurora) y de Titono, y, por tanto, hermano de Memnón. Reinaba en Arabia, o tal vez en Etiopía. Heracles chocó con él durante el viaje al Jardín de las Hespérides, cuando remontaba el valle del Nilo. Ematión acometió al héroe, pero fue vencido y muerto. Una tradición sostiene que había querido impedir a Heracles que se llevase las manzanas de oro. Sin embargo, lo más frecuente, es situar esta aventura en el camino de regreso, cuando Heracles se disponía a embarcar en la copa del Sol para dirigirse hacia el Este, a la región del Cáucaso. Después de matarlo, Heracles confió su reino a Memnón. Una tradición totalmente aberrante atribuye a Ematión la paternidad de Romo, el cual sería en este caso el fundador de Roma. )o( 8.- Liberación de Prometeo )o( Al atravesar el Cáucaso para ir al Jardín de las Hespérides, o bien, como se cree más frecuentemente, en el viaje de regreso, Heracles derribó de un flechazo el águila que devoraba el hígado de Prometeo. Obró así de acuerdo con Zeus, quien deseaba que esta hazaña aumentase la gioria de su hijo (Ver, Prometeo). )o( 9.- Combate contra Licaón )o( Licaón era hijo de Ares y de Pirene y, por tanto, hermano del tracio Diomedes y de Cicno. Reinaba sobre un pueblo de Macedonia, los crestonios, que vivían a orillas del Equedoro. El país se llamaba ""Europa"", del nombre de Éurope, abuelo de Pirene. Atravesando Heracles, cuando iba en busca de las manzanas de oro, un bosque sagrado de Pirene, Licaón lo interpeló y lo agredió. El héroe le dio muerte. )o( 10.- Combate contra Alcioneo )o( Cuando Heracles regresó de Eritia con los rebaños de Geriones, fue atacado por el gigante Alcioneo, que habitaba en el istmo de Corinto. El gigante lo atacó a pedradas, y el héroe lo abatió con su maza. Se enseñaban en el istmo las enormes rocas testigos de esta lucha. Esta leyenda, que sitúa el combate en el plano ""humano"" de las aventuras de Heracles, tiene una réplica en otro combate, integrado en la Gigantomaquia, donde Alcioneo es un monstruo divino, al que vence Heracles con la ayuda de Atenea. Este episodio se sitúa después de la expedición contra Troya (Ver, Alcioneo). )o( 11.- Captura de los Cercopes )o( Dícese que con destino a Ónfale, de la cual a la sazón era esclavo, Heracles capturó a los Cercopes, dos bandidos que empleaban su tiempo despojando y engañando de mil maneras a los viajeros. Este episodio, situado primero en Tesalia, se ubicó definitivamente en el Asia Menor, al ser relacionado con el ""ciclo de Ónfale"". La aventura de los Cercopes suministra temas de comedias bufas, como tantas otras hazañas ""populares"" de Heracles (Ver, Cercopes). )o( 12.- Sileo )o( Como para la captura de los Cercopes, Heracles, durante el período de esclavitud en casa de Ónfale, hubo de servir a Sileo, un viñador que obligaba a los viandantes a trabajar en su viña (Ver, Sileo). Se trata de un cuento folklórico utilizado por Eurípides como tema de un drama satírico en el que Heracles interviene con su habitual glotonería. )o( 13.- Litierses )o( Heracles se vio obligado a combatir con Litierses, el ""segador maldito"", hermano del rey Midas, cuando servía en casa de Ónfale. La historia de Litierses (Ver) es, como la de Sileo y la de los Cercopes, un tema folklórico que sirvió de asunto a un drama satírico de Sosíteo. )o( 14.- Leyendas varias )o( Existía cierto número de narraciones, aparte las citadas, en las cuales intervenía Heracles. Por ejemplo, es mencionado entre los Argonautas, aunque su presencia entre ellos no parece pertenecer a la leyenda primitiva. En efecto, contábase que la nave Argo, que estaba dotada del don de la palabra, se había negado a permitir que el héroe embarcase, temerosa de no poder soportar su peso. Todas las versiones que lo cuentan en el número de los Argonautas coinciden en el hecho de que abandona la expedición antes de la llegada a Cólquide (ver anteriormente, Argonautas, y el episodio de Hilas). En la época en que la leyenda de Heracles había llegado, poco a poco, a alcanzar la importancia preponderante que conocemos, parecía que el héroe debía figurar en todas las narraciones principales, sobre todo si se trataba de hazañas maravillosas. Cuando el dato primitivo excluía la intervención del héroe, se procuraba modificarlo de modo que permitiese introducirle o, por lo menos, explicar la razón de su ausencia. Se contaba, por ejemplo, que Heracles había dado muerte a los dos hijos de Bóreas como venganza por haber aconsejado a los Argonautas que lo abandonasen en la costa de Asia Menor (Ver, Boréadas). Esta tradición, reciente, ha sido ideada para unir dos ciclos independientes en su origen: el de Heracles y los mitos tesalios de Bóreas. De igual manera, Heracles pasaba por haber enterrado a Ícaro en la isla de Dólique. En recompensa, Dédalo había esculpido una estatua del héroe y la había consagrado en Pisa de Élide. De esta manera quedaban unidos dos ciclos: el de Dédalo y el de Heracles. )o()o( ÚLTIMOS AÑOS, MUERTE Y APOTEOSIS )o( Si se exceptúan las leyendas de la infancia y, hasta cierto punto, el ciclo de los Doce Trabajos, ninguna otra parte de las tradiciones heracleas forma un conjunto tan coherente como el relato, particularmente dramático, de los acontecimientos que condujeron al héroe a su apoteosis final en el Eta. Esta organización de las leyendas es fruto sobre todo de la labor de los poetas trágicos, y ciertamente, no se debe al azar que las Traquinias de Sófocles sean, para este final del mito de Heracles, la más importante y elaborada de las fuentes de que disponemos. El ""hilo conductor"" del drama es el amor de Deyanira. Este amor sirve para relacionar aventuras tan diversas como la lucha contra Neso, la muerte de Ífito, la esclavitud en casa de Ónfale y, finalmente, la catástrofe y la muerte del héroe. El matrimonio con Deyanira quedó concertado cuando el encuentro, en los Infiernos, de Héracles y Meleagro. Sin embargo, Heracles no obtuvo la mano de la joven sin dificultad, pues hubo de conquistarla al dios-río Aqueloo en encarnizada lucha (Ver, Aqueloo). Durante algún tiempo, Heracles vivió con Deyanira en Calidón, junto a su suegro Eneo, pero pronto, perseguido por la fatalidad, causó involuntariamente la muerte de Éunomo, hijo de Arquiteles, pariente de Eneo, que servía en su casa en calidad de paje (Ver, Éunomo). A pesar de que Arquíteles perdonó al héroe el homicidio, éste no quiso permanecer por más tiempo en Calidón y se exiló con su esposa y su hijo Hilo. Durante este viaje hubo de luchar, por tercera vez, contra un centauro: Neso. Neso habitaba a orillas del río Eveno, donde se dedicaba a pasar a los viandantes. Cuando Heracles se presentó con Deyanina, Neso pasó al héroe en primer lugar, y regresó luego para recoger a Deyanira; pero durante el trayecto trató de violar a la joven, la cual pidió auxilio. El héroe, de un flechazo, traspasó el corazón del centauro en el preciso instante en que llegaba a la orilla. Neso, al morir, llamó a Deyanira y le dijo que si alguna vez su marido dejaba de amarle, ella podría reavivar su amor con ayuda de un filtro que elaboraría con la sangre que manaba de su herida. Deyanira, crédula, recogió la sangre de Neso y se la guardó. Las tradiciones discrepan acerca de la composición de este supuesto filtro amoroso: ora se trata exclusivamente de la sangre de Neso, ora de una mezcla de esta sangre con la que había manado de las heridas de la hidra de Lerna; ora, en fin, de la sangre del centauro a la que Deyanira habría añadido el semen que éste esparció al intentar violarla. Un segundo episodio del viaje es su encuentro con Tiodamante (Ver, supra) y el combate contra los dríopes. Pero Heracles, Deyanira e Hilo llegaron, finalmente, a la mansión de Ceix (Ver), quien los acogió favorablemente y les dio hospitalidad. Heracles emprendió para Ceix varias expediciones, que llevó a buen fin (Ver, supra). En este momento se sitúa la muerte de Ífito (Ver), hijo de Éurito. A consecuencia de este asesinato a Heracles le sobrevino un nuevo ataque de locura.. Entonces se trasladó a Delfos para preguntar a la Pitia cómo podría ""purificarse""; pero ésta se negó a contestarle. Heracles, enojado, amenazó con saquear el santuario y comenzó por apoderarse del trípode profético, pretendiendo ir a establecer en otro lugar un oráculo propio. Apolo acudió en auxilio de su sacerdotisa y se entabló una lucha entre el héroe y su hermano, el dios, pero Zeus envió un rayo para separar a los contrincantes. Heracles abandonó su intento, y la Pitia le reveló al fin el oráculo pedido: para quedar purificado definitivamente, Heracles debía venderse como esclavo y servir a su dueño por espacio de tres años, compárense, anteriormente, las condiciones en las cuales había tenido que someterse a Euristeo. El dinero de la venta sería entregado a Éurito, padre de Ífito, en concepto de ""precio de la sangre"". Heracles se sometió y fue comprado por Ónfale, reina de Lidia, por tres talentos. El dinero fue ofrecido a Éurito, quien rehusó esta compensación. Sirviendo a Ónfale, Heracles realizó varias proezas: la captura de los Cercopes, los combates contra Sileo y Litierses (Ver, supra). Los autores se muestran especialmente pródigos en detalles acerca de los amores del héroe y la reina. Se han complacido en representar a Heracles vestido, a la moda lidia, con largos ropajes femeninos, mientras la soberana había adoptado sus atributos: la maza y la piel de león. Heracles, sentado a sus pies, aprendía a hilar. Hay aquí un tema folklórico (el cambio de vestidos) que los moralistas y filósofos han explotado ampliamente como ""ejemplo"". En este período de servidumbre en casa de Ónfale (Ver, Meleagro), los mitógrafos situaban la cacería del jabali de Calidón, así como las hazañas de Teseo contra los bandidos que infestaban el istmo de Corinto. De este modo explicaban la ausencia del héroe durante estos acontecimientos (Ver, supra). Según Apolodoro, tan pronto Heracles se vio libre de su servidumbre, ya transcurridos los tres años prescritos por el oráculo, emprendió su gran expedición contra Troya (Ver, supra). Según otros, esta campaña se sitúa después de la guerra contra las Amazonas, y, por tanto, se intercala entre los Doce Trabajos, después de la conquista del cinturón de Hipólita. Más generalmente se atribuye al mismo período la guerra contra Éurito y la toma de Ecalia. Sobre las causas de esta guerra, véase Éurito. Heracles había pedido la mano de Yole, hija de Éurito, antes de su matrimonio con Ónfale y, cuando se hubo apoderado de la ciudad de Ecalia, convirtió a Yole en su concubina. Mientras tanto, Deyanira, que permanecía en casa de Ceix, supo por Licas, un compañero de Heracles, que a causa de Yole corría peligro de verse olvidada. Entonces se acordó del filtro amoroso que Neso le había dado al morir, y decidió recurrir a él. Heracles, después de su victoria sobre Éurito, quiso consagrar un altar a Zeus en acción de gracias. Para esta ceremonia había enviado a su compañero Licas a Traquis, a pedir a Deyanira un vestido nuevo. Deyanira impregnó una túnica con la sangre de Neso y entregó la prenda a Licas. Sin sospechar nada, Heracles revistióse con la túnica y se dispuso a ofrecer el sacrificio a Zeus. Pero a medida que la túnica se iba calentando al contacto de su cuerpo, el veneno que la impregnaba desarrolló su acción, y atacó la piel. Pronto el dolor fue tan agudo que Heracles, fuera de sí, cogió a Licas por un pie y lo arrojó al mar, al mismo tiempo que porfiaba por quitarse la túnica fatal. Pero el tejido estaba adherido a su cuerpo, y, al tratar de arrancarlo, seguía con él la carne. En tal estado fue transportado a Traquis por mar. Cuando Deyanira se dio cuenta de lo que había hecho, se suicidó. Heracles tomó entonces sus últimas disposiciones. Confió su concubina Yole a su hijo Hilo, y le pidió se casase con ella cuando tuviese la edad. Luego subió al monte Eta, cerca de Traquis, y en la cumbre levantó una gran pira, sobre la cual se encaramó. Terminados los preparativos, dio orden a sus criados de que prendiesen fuego a la pira, pero ninguno quiso obedecer; sólo Filoctetes, o tal vez su padre Peante, se resignó. Como premio, Heracles le dio su arco y sus flechas (Ver, Filoctetes). Mientras la hoguera ardía, resonó un trueno, y el héroe fue arrebatado hacia el cielo sobre una nube. Se contaba que, antes de morir, Heracles había hecho prometer a Filoctetes, único testigo de su muerte, que jamás revelaría a nadie el emplazamiento de la pira. Al ser interrogado después Filoctetes, se negó a pronunciar palabra alguna; pero habiéndose trasladado al lugar de la pira, golpeó con el pie el suelo con gesto significativo, eludiendo de este modo la prohibición de Heracles. Más tarde fue castigado por ello con una dolorosa herida en el mismo pie (Ver su leyenda). Sobre los últimos momentos de Heracles existía una variante. Según ella, no habría muerto en una pira encendida voluntariamente. Torturado por la túníca impregnada de la sangre de Neso, se habría inflamado al exponerse a los rayos del sol, tras de lo cual se habría arrojado a un riachuelo de las inmediaciones de Traquis para tratar de extinguir el fuego que lo devoraba; así, habría perecido ahogado. Las aguas del río conservaron su calor a consecuencia del hecho; tal sería el origen de las Termópilas, entre Tesalia y Fócide, donde había, y sigue habiendo, una fuente termal. En ambas versiones interviene el fuego en la muerte de Heracles; por el fuego, Heracles se despoja de los elementos mortales que había heredado de su madre mortal, Alcmena. También Tetis trató de purificar a Aquiles exponiéndolo al calor de un hogar, para hacerlo inmortal. Ya entre los dioses, Heracles se reconcilió con Hera, la cual se convirtió en su madre inmortal después de una ceremonia en la que se simuló el nacimiento del héroe como si saliera del seno de la diosa. Casó con Hebe, la diosa de la juventud, y en lo sucesivo fue uno de los inmortales, gloria que había merecido por sus trabajos, su valor y, sobre todo, por sus sufrimientos. La leyenda atribuía a Heracles setenta hijos, casi todos varones.

Heracliano

(?-413). Usurpador romano, muerto el año 413. Fue uno de los oficiales, que por orden de Honorio, dieron muerte a Estilicón y en recompensa recibió el cargo de conde de África; posteriormente se rebeló contra Honorio y se vistió la púrpura imperial; pero como fracasara una expedición que organizó contra Roma, volvió fugitivo a Cartago y fue inmediatamente muerto.

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