Io es una doncella de Argos, sacerdotisa de la Hera argiva y que fue amada por Zeus. Las tradiciones difieren acerca de la persona de su padre, pero todas concuerdan en hacer de ella una princesa de la estirpe real de Argos y una descendiente del hijo de Océano, Ínaco. Tan pronto tiene por padre a Yaso, como, y ésta es la versión que prefieren los trágicos, al propio Ínaco, el dios-río, como, finalmente, a Pirén, quizás el hermano de Belerofonte, en cuyo caso, Io pertenecería a la casa real de Corinto. Cuando es considerada como hija de Ínaco, su madre es Melia. Como hija de Yaso, tiene por madre a Léucane. El amor de Zeus por Io es debido, ora simplemente a la belleza de la joven, ora a los hechizos de Iinge, hija de Eco. Contábase que en un sueño ordenó a Io que se trasladase a la orilla del lago de Lerna y se entregase allí a los abrazos de Zeus. La muchacha contó el sueño a su padre, el cual consultó los oráculos de Dodona y Delfos. Uno y otro le respondieron que debía obedecer, si no quería ser fulminado, él y su casa entera. Zeus se unió a la doncella, y muy pronto Hera sospechó la aventura. Entonces, para sustraer a Io a los celos de su esposa, Zeus la transformó en una ternera de maravillosa blancura y juró a Hera que jamás había amado a este animal. Hera exigió que se le ofreciese como presente, con lo cual Io quedó consagrada a su rival, que la confió a la custodia de Argo de los Cien Ojos (Ver, Argo), pariente de la joven. Entonces empezaron las pruebas de Io. Anduvo errante por las cercanías de Micenas y luego por Eubea. Y en todas partes por donde pasaba, la tierra hacía brotar para ella plantas nuevas. Zeus tuvo compasión de su amante, a la cual visitaba a veces, según se dice, en forma de toro, y encargó a Hermes que la arrancase a su guardián. Hermes, con su varilla mágica, durmió cincuenta ojos de los cien que tenía Argo, mientras los cincuenta restantes estaban ya sumidos en sueño natural. Después le dio muerte con su cimitarra. Pero la muerte de Argo no liberó a Io, a quien Hera envió un tábano para atormentarla. El insecto se pegó a sus costados y la volvió furiosa. Entonces Io se lanzó a través de Grecia. Empezó contorneando las costas del golfo que, debido a ella, tomó el nombre de golfo Jónico. Atravesó el mar por los estrechos que separan la ribera de Europa de la de Asia, dando origen al nombre de Bósforo: "Paso de la Vaca". En Asia anduvo largo tiempo errante, hasta que llegó a Egipto, donde fue bien acogida y dio a luz un hijo de Zeus, el pequeño Épafo, que debía dar origen a una numerosa raza a la que pertenecen las Danaides. Recuperó Io su primitiva figura, y, tras una nueva tribulación para encontrar a su hijo, que había sido raptado por los Curetes por orden de Hera, volvió a Egipto para ocupar su trono, y allí se le tributaron honores divinos, siendo venerada bajo la denominación de Isis. Los historiadores de la antigüedad han tratado de interpretar históricamente la leyenda y han explicado que Io era hija del rey Ínaco y que había sido raptada por unos piratas fenicios y conducida a Egipto; a menos que fuese la amante del capitán de la nave fenicia y huyese por su propia voluntad. Decíase también que Io, robada por unos piratas y llevada a Egipto, había sido comprada por el rey del país, quien, en compensación, había enviado por unos emisarios un toro a su padre Ínaco. Cuando éstos llegaron a Grecia, Ínaco había muerto y, no sabiendo qué hacer con el animal, lo exhibieron por dinero a los habitantes del país, que nunca habían visto toro alguno. Después de su vida terrestre, Io fue transformada en constelación. En los orígenes de los relatos referentes a Io y su descendencia se hallaba una epopeya, hoy perdida, la "Danaida".