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Página 1133 - 1322 Palabras 56601 al 56650 de 66095

Palabra   |   Descripción

Septimio Severo

Severo, Lucio Septimio.

Septimio Vabalato

Ver, Zenobia (reina de Palmira).

Septimontia

Septimontium (festival religioso romano celebrado el 11 de diciembre en honor de las colinas de Roma, para conmemorar la adhesión de la séptima colina a la ciudad, por lo que ….).

Septimontium

o Septimontia. Festival religioso romano celebrado el 11 de diciembre en honor de las colinas de Roma, para conmemorar la adhesión de la séptima colina a la ciudad, por lo que Roma se convirtió en Ciudad de Siete Colinas. El nombre puede derivar, efectivamente, de septem montes "siete colinas". Estas fiestas no aparecen en los fastos estatales, pero sí en los calendarios rurales, por tratarse de un dies sacer o feriae, no del populus, sino de los montani pro montibus. Se ofrecían sacrificios en cada una de ellas. Al parecer, en época de Domiciano duraban más de un día y durante ellas se celebraban también espectáculos públicos.

Septimontium

Ver, Liga del Septimontium (en su fase protourbana Roma estaba formada por un grupo de comunidades independientes unidas ocasionalmente por razones religiosas en la llamada Liga del Septimontium, que agrupaba ….).

Septirreme

Heptera (Plinio el Viejo atribuye la creación del buque de guerra heptera a Alejandro Magno: "desde la nave de siete filas hasta las de diez, según ….).

Septit

Ver, Sopdu (este dios entra en el panteón de dioses egipcios en época muy temprana. En los Textos de las Pirámides se le relaciona con los dientes del rey que se convertirán en un dios ….).

Septizodium

o Septizonio. En la ladera del Palatino que dominaba el Gran Circo, Septimo Severo hizo levantar a principios del siglo III (203) el Septizodium, magnífica y espectacular fachada orientada al sur, donde surtidores y cascadas animaban constantemente la fijeza de las columnas y de los suntuosos balcones superpuestos, como puede verse todavía en un dibujo anónimo del siglo XVI. Demolido por el papa Sixto V, a finales de ese siglo.

Septizonio

Septizodium (en la ladera del Palatino que dominaba el Gran Circo, Septimo Severo hizo levantar a principios del siglo III (203) el Septizodium, magnífica y espectacular fachada orientada ….).

Septuaginta

Nombre latino que significa "Setenta" con el que se designa a la traducción griega de la Biblia hebrea llevada a cabo en Alejandría a partir del siglo III a.C.. El nombre se deriva de la tradición judía sobre la que sería la primera traducción de la Biblia a otra lengua: según la Carta de Aristeas, a petición del Rey de Egipto Ptolomeo II, el sumo sacerdote Eleazar habría mandado a Alejandría setenta y dos ancianos de todas las tribus de Israel para realizar esa versión que debía guardarse en la famosa biblioteca de la ciudad. Hay muchas opiniones distintas sobre si la iniciativa partió efectivamente de las autoridades no judías, o de los propios judíos, que necesitaban una versión griega de la Escritura para sus correligionarios de la diáspora, donde el hebreo apenas se entendía, o bien para instruir sobre el judaísmo a posibles prosélitos. La traducción no se realizó de una sola vez, y, aunque el Pentateuco y algunos otros libros se concluyeron en Alejandría, es posible que otras versiones se terminaran hacia el siglo II a.C. en la propia Palestina. En general, es una traducción cuidadosa, exacta y literal, aunque en algunos casos emplea una técnica de traducción algo más libre. A veces se ha podido demostrar que sus divergencias respecto al texto hebreo establecido son el resultado de traducir un texto hebreo antiguo algo diferente del que hoy conocemos. La primera impresión del texto de la Septuaginta tuvo lugar en Alcalá de Henares, dentro del marco de la Biblia Políglota Complutense (1514-17) impulsada por el Cardenal Cisneros, si bien se difundió antes la edición de Venecia llamada "Aldina" de 1518. En la actualidad, un equipo internacional de estudiosos publica desde Göttingen (Alemania) ediciones críticas de gran calidad de cada uno de los libros de esta versión. Los primeros cristianos de origen no judío utilizaron la versión griega de la Septuaginta como su propio texto bíblico. En la tradición judía posterior se encuentran dos posturas respecto a esta traducción: para unos se trata de un hecho muy positivo que debía contribuir a que el judaísmo alcanzara el lugar de prestigio que le correspondía en el mundo helenístico, mientras que para otros es un día de luto, en el que se ha traducido, y por tanto, adaptado y modificado la palabra divina, dando a los enemigos de Israel (los cristianos de los primeros siglos de nuestra era) un instrumento para combatir al propio Israel. Al mismo tiempo que los cristianos hacían suya esta traducción y leían en ella la Biblia, hacia el siglo II de nuestra era, los judíos de habla griega dejaron de utilizar la Septuaginta, sustituyéndola por nuevas versiones más conformes con el espíritu de la interpretación rabínica de la Escritura, elaboradas en la propia Palestina. Ver, Setenta (versión de los).

Septunx

Divisor de la libra romana, equivalente a 7 onzas.

Septy

Den ((ss. XXXI-XXX a.C.). Faraón (ca.3.020-2.995) del Período Tinita y de la Dinastía I (3.065-2.890). Uno de los principales reyes de esta Dinastía. Conocido también como ….).

Sepulcro

Sarcófago ("el que consume la carne". El término original, según Plinio, designa una piedra calcárea proveniente de la Tróade que tenía la propiedad de engullir rápidamente el cuerpo. En su acepción ….).

Sepultura

Acción de enterrar a los muertos. Los deberes de la sepultura han estado en uso en todas las naciones, pero cada pueblo se ha prescrito ceremonias particulares, fundadas casi todas ellas en la idea que tenían de la vida futura. Así es que los antiguos consideraban la sepultura de los muertos como una circunstancia necesaria para que las almas fuesen admitidas en la morada de los bienaventurados, al tiempo que creían que aquellos cuyos cuerpos estaban privados de este último deber, iban errantes por algún tiempo por las orillas de la Estigia antes de poderlo pasar. Por este motivo, cuando encontraban un cadáver lo enterraban inmediatamente y había muchísimos que por el temor de quedar sin sepultura, se las mandaban construir durante su vida. Séneca llama al deber de dar la sepultura a los muertos, un derecho no escrito, mucho más fuerte que todos los derechos escritos. Los antiguos consideraban como el colmo de la infamia el ser privados de sepultura, y los romanos no la negaban más que a los criminales de lesa majestad para inspirar más horror a este crimen, a los que morían en cruz, que era el suplicio al que destinaban a los malvados más envilecidos, y a los suicidas. Fuera de estos casos particulares, los funerales eran para ellos mismos una ceremonia sagrada y pocos pueblos había más religiosos y más exactos en tributar los últimos deberes a sus padres y a sus amigos. Ver, Sarcófago, Tumbas, Tipos de Tumbas.

Sepulturas egipcias

Con el entierro no finalizaban las preocupaciones de los parientes. Dada la creencia de una vida en la Ultratumba, los restos del fallecido tenían que disponer de todo aquello que había disfrutado en vida, sobre todo alimentos. Esto quiere decir que la necesidad de ofrendas regulares de los más variados alimentos (leche, higos, agua, pan, pastelillos, cerveza, carne, etc.) era una condición imprescindible para que pudiera sobrevivir en el Más Allá. A través de la larga historia de Egipto, la práctica de ofrendas sufrió modificaciones muy evidentes, tanto en lo referente a su duración temporal, cuanto en el modo de ser presentadas. De una presencia material, efectiva, de los alimentos y demás ofrendas se pasó a su representación pictórica sobre las paredes de la tumba o sobre las estelas o bien a su simple evocación en el transcurso de una oración, creyéndose así que estas representaciones plásticas o las palabras llegaban a crear la realidad material. Asimismo, la tumba también fue objeto de constante preocupación, dado que en ella el difunto conservaba sus movimientos y desarrollaba su personalidad. Sabemos que los egipcios no descuidaron en vida la construcción de su propia sepultura, a la que dotaban de cuantos bienes y ajuares materiales (suponían) serían necesarios para toda la eternidad y, sobre todo, tuvieron especial cuidado en hacer frente a los gastos que ocasionaría el mantenimiento de su culto funerario, que, en teoría, debía ser duradero. Los egipcios ricos no tenían inconveniente en crear fundaciones a fin de que sus rentas sufragasen los gastos del culto que precisarían. Ni que decir tiene que las tumbas sufrieron modificaciones tanto materiales como ideológicas con el paso de los ss.. De simples fosas, practicadas en el desierto, en donde se depositaban los cadáveres envueltos en pieles, se pasaría a los sepulcros de ladrillo (mastabas) que contenían los féretros de madera o piedra. En el Imperio Antiguo, como se sabe, aparecerían las pirámides, construidas en piedra, como morada perpetua de los reyes, dentro de un conjunto funerario muy complejo. Junto a ellas, los funcionarios de la corte construyeron sus propias sepulturas para continuar estando junto al rey y seguir prestándole sus servicios en el Más Allá. En el Imperio Medio se produjo el desarrollo de la mastaba o tumba individual, ya presente en tiempos anteriores. Eran tumbas de piedra o de ladrillo, generalmente destinadas a los nobles y la mayoría decoradas con pinturas alusivas tanto al mundo de los vivos como al de Ultratumba. Durante el Imperio Nuevo los reyes adoptaron los acantilados de la región de Tebas para edificar sus tumbas subterráneas o hipogeos, precedidos en los accesos por templos funerarios. De hecho, tal zona (Valle de las Reinas, Valle de los Reyes) fue una grandiosa necrópolis, con impresionantes tumbas excavadas en el interior de las rocas. Las clases populares utilizaron sepulturas comunes, especie de catacumbas, en donde los cadáveres, envueltos en telas y apenas cubiertos de arena, se apilaban unos encima de otros. Ver, Pirámides, Tumbas, Sepultura, Tipos de tumbas.

Sepulturas romanas

Los romanos las tenían de tres clases; esto es, sepulcros, monumentos y cenotafios. El sepulcro era la sepultura ordinaria, donde se depositaba el cuerpo entero del difunto. El monumento ofrecía algo más de magnificencia. Era el edificio construido para perpetuar la memoria de una persona, sin ninguna solemnidad fúnebre. Podían erigirse varios monumentos a una persona, al tiempo que no podía destinarse más que un sólo sepulcro o tumba. Cuando después de haber construido una sepultura se celebraban los funerales con todo el aparato acostumbrado, aunque sin encerrar en ella el cadáver, llamábase cenotafio; esto es, sepultura vacía. La idea de los cenotafios derivó de la opinión de los romanos, que creían que las almas de aquellos cuyos cadáveres no habían sido sepultados andaban errantes durante un siglo, por la orillas de los ríos del infierno sin poder pasar a los Campos Elíseos. Se elevaba pues un cenotafio de hierba; al que llamaban injectio glevoe. Después practicaban las mismas ceremonias que si el cadáver hubiese estado presente. Así es que Virgilio, en la Eneida hace pasar por Caronte el alma de Deifobo, a pesar de que Eneas no le había erigido más que un cenotafio. Suetonio, en la vida del emperador Claudio, llama a los cenotafios sepulturas honorarias. No solamente se consideraban como religiosos los lugares que ocupaban las sepulturas, si no también un cierto espacio de tierra que las rodeaba y el camino que conducía a ellas. Si alguno se atrevía a extraer materiales de alguna sepultura, y otras piezas de mármol para emplearlos en edificios profanos, la ley le condenaba a diez libras de oro de peso y además el edificio quedaba confiscado. Tan sólo eran exceptuadas las sepulturas de los enemigos, porque los romanos no las consideraban como santas y religiosas. Adornaban algunas veces sus sepulturas de cintas de lana y festones de flores, y sobre todo tenían un particular cuidado en hacer grabar los ornamentos que servían para distinguirlas, como figuras de animales, trofeos militares, emblemas característicos, instrumentos; en una palabra, todo lo que podía demostrar el mérito, la clase, la profesión del difunto. Ver, Tumbas, Sepultura, Tipos de tumbas.

Sepus

Sipontum (ciudad próxima a la costa adriática, en Apulia, de la que Arpos sería su puerto, importante para las comunicaciones con Grecia. Llamada ….).

Seqenenre Taa II el Bravo

(siglo XVI a.C.). Faraón (ca.1.564-1.559) del Segundo Período Intermedio y de la Dinastía XVII (1.633-1.552). Hijo de Senakhtenre y de Tetisheri. Según se sabe por la documentación, el rey Taa, cuyo nombre de coronamiento fue el de Seqenenre, casó con sus hermanas Ahhotep II e Inhapi, de quienes tuvo varios hijos e hijas, casi todos llamados Ahmosis. Durante su reinado, que hubo de ser breve, las relaciones con los hicsos se fueron deteriorando, hasta el punto de llegar al enfrentamiento militar (luchas contra Apofis). Por su personal actividad fue conocido como "El Valiente" (Qen), aunque entre los 30 y 40 años halló la muerte luchando contra los hicsos. Tal hecho se deduce de su propia momia, hallada en el "escondrijo" de Deir el-Bahari, adonde había sido llevada durante la Dinastía XXI para sustraerla a los violadores de tumbas, pues presenta varias heridas en la cabeza y en el cuello. Algunos egiptólogos piensan que tal vez la causa de su muerte fue debida a un atentado, aunque ambas hipótesis parecen plausibles. Sea como fuere, Seqenenre Taa constituye uno de los personajes centrales de la composición literaria, contenida en el Papiro Sallier I, conocida como la Querella de Apopi y Seqenenre, que narra los prolegómenos del futuro enfrentamiento hicso-egipcio, en torno a un asunto acerca de los hipopótamos de Tebas. Fue enterrado en Dra Abu el-Naga, en una tumba no localizada todavía. Su momia y su magnífico sarcófago, de madera de cedro, se hallan en el Museo de El Cairo. Numerosas referencias de tal rey han llegado en diferentes elementos históricos (Papiro Abbott, Listas reales, estatuas, tumbas de funcionarios). Fue sucedido en el trono por su hijo Kamose. Últimamente se piensa que este Kamose habría sido su hermano y no su hijo.

Seqeneqet

En la mitología del antiguo Egipto, nombre de una diosa de la llama.

Sequana

o Sécuana o Sequanus. Nombre latino de un río del norte de la Galia, que tras recorrer 776 km, desemboca en el Canal de la Mancha. Hoy, Seine o Sena, Francia.

Sequani

Séquanos (pueblo de la Galia céltica, que habitaba el territorio próximo a las fuentes del Sena).

Séquanos

o Secuanos o Sécuanos o Sequani. Pueblo de la Galia céltica, que habitaba el territorio próximo a las fuentes del Sena. Su país, regado por el Saona y el Doubs, era uno de los más fértiles de la Galia y formó más tarde la provincia romana llamada, de su nombre, Maxima Sequanorum. Se extendía entre el Jura y la meseta de Langies, desde el Ródano hasta el Rhin, correspondiendo al Franche-Comté, una parte de la Borgoña y la Alta Alsacia. Sus vecinos al norte eran los lingones y los mediomatrici; al este los raurici y los helvecios; al sur los aulercos brannovices y los allobrogos y al oeste los mandubios. Fueron uno de los pueblos galos más poderosos del este de la Galia. Sus principales poblaciones eran Vesontio (hoy, Besançon), Epomanduodurum (hoy, Mandeure), Segobodium (hoy, Seveux), Luxovium (hoy, Luxeuil) y Magetobria (hoy, Moigte-de Broie). Los séquanos, al igual que otros pueblos, conocían la moneda. Siendo enemigos de los heduos, se coaligaron con los germanos de Ariovisto. Éstos se establecieron en el territorio de los séquanos, que pidieron ayuda a los romanos a fin de que expulsaran a los pretendidos aliados convertidos en invasores. El ejército de César derrotó a los germanos en 58 a.C.. Esta tribu proporcionó 12.000 soldados al ejército que defendía Alesia. Según Dión Casio, la Batalla de Alesia se desarrolló en el territorio de los sécuanos (52 a.C.). Durante el Imperio romano, los séquanos continuaron siendo un poderoso pueblo. Los yacimientos arqueológicos les atribuyen la construcción de importantes monumentos, tales como la Puerta Negra de Besançon, que data del siglo II. Ver, Ariovisto.

Sequanus

Sequana (nombre latino de un río del norte de la Galia).

Séquito de Horus

Viaje de inspección bianual realizado por el faraón y su corte en el que fijaban la cuota de los impuestos sobre la producción agrícola, los cereales y los animales. Servía también para computar los años de reinado de un faraón. Era conocida también como "recuento del ganado".

Sera

Una de las divinidades romanas que protegían las semillas y los sembrados.

Sera

Ver, Dusares (el panteón nabateo contaba con dos dioses principales: Dusares y Al Uzza. Dusares parece haber sido adoptado por los nabateos del panteón edomita, ya que su nombre procede ….).

SERABIT EL-JADIM

Ver, Señora de la Turquesa (el templo de Hathor, Señora de la Turquesa, está situado en el corazón montañoso de la Península del Sinaí, sobre la meseta de Serabit el-Jadim. Es difícil sustraerse a la magia de ….).

Serafín

Cualquiera de los espíritus bienaventurados que forman el segundo de los nueve coros.

Serangio

Localidad del Pireo donde había un baño público. Hoy, en Grecia.

Serapeo

Serapeum (templos del dios Sarapis. Los romanos les dieron el nombre de Serapeyón o Serapeo. Los más célebres eran el de Alejandría y el de Menfis. Este último, había ….).

Serapeón

Serapeum (templos del dios Sarapis. Los romanos les dieron el nombre de Serapeyón o Serapeo. Los más célebres eran el de Alejandría y el de Menfis. Este último, había ….).

Serapeum

o Serapeón o Serapeo o Serapeyón o Serapión. Templos del dios Sarapis. Los romanos les dieron el nombre de Serapeyón o Serapeo. Los más célebres eran el de Alejandría y el de Menfis. Este último, había englobado las tumbas de bueyes Apis (Dinastía XIX). Este templo en los ss. siguientes se convirtió en una biblioteca famosa por el número y la calidad de los libros que contenía. Mariette lo encontró en el siglo XIX. Ver, Serapeum de Alejandría.

Serapeum de Alejandría

Templo del dios Serapis en Alejandría de Egipto. Tras el incendio de la Gran Biblioteca del Bruchion, la Biblioteca-Hija del Serapeum, en la Acrópolis de la colina de Rhakotis, tomó el relevo de la desaparecida. Esta segunda Biblioteca de Alejandría, que ya existía al calor del Serapeum, fue fundada por Ptolomeo III Evergetes, como complemento de la Biblioteca-Madre, agrandando con ella la Casa de la Vida del santuario de Serapis, repleta de papiros egipcios, acumulando a partir de entonces también copias de los textos clásicos; siguió siendo alimentada por los otros Plolomeos con cientos de miles de papiros, libros y pergaminos; Cleopatra tuvo un gran interés en ella, así como en el Serapeum, donde aparecía ataviada con los insinuantes velos de Isis en las ceremonias sagradas. Fue engrandecida por todos los emperadores romanos. En efecto, la Biblioteca-Hija crecería en esplendor con los romanos desde el siglo I, sustituyendo definitivamente a la Gran Biblioteca e incorporando en la nueva adelantos técnicos tales como calefacción central por tuberías, para mantener los miles de libros secos en los depósitos subterráneos. Esta Biblioteca-Hija, que ya en tiempos de Ptolomeo III llegaba a 42.800 libros, según Aristeo, y de la que Diodoro dice que en tiempos de Calímaco tenía 42.000 ejemplares, debió de ser a fines del siglo I a.C. el receptáculo de los despojos que quedaron de la Gran Biblioteca y de los 200.000 libros simples que Marco Antonio saqueó en Pérgamo para regalar a su reina amada, Cleopatra VII Philopator, resarciéndole así de las pérdidas irreparables que el fuego de César había provocado, según Plutarco. El prestigio político de la metrópolis iba en ello. Desde esa época, los libros donados engrandecieron a buen seguro la Biblioteca-Hija de Alejandría, asentada en el rincón más alejado del mar y, por tanto, más resguardado: la colina de Rhakotis, que dominaba la ciudad con el Serapeum. Este grandioso santuario, consagrado a Serapis de Rhakotis, fue fundado en el 300 a.C. por Ptolomeo I, según cuenta Tácito en sus Historiae, con un modesto templo en honor de este dios sincrético ptolomaico, señor tutelar de Alejandría, cuya efigie era la de un varón sentado, barbado, mirada dulce y un "kalathos" en su cabeza. Siendo Serapis una de las creaciones político-religiosas más geniales del primer Ptolomeo, el santuario fue reconstruido y ampliado por Ptolomeo III, a la par que creaba la Biblioteca-Hija. Finalmente, fue ampliado hasta dimensiones espectaculares por los emperadores romanos, desde Claudio I a Antonino Pío, alcanzando los 185 x 92 m. El témenos incluía el templo de Serapis, el Anubion, la Biblioteca-Hija, el lseum y la necrópolis de los animales sagrados, uno de los mayores hipogeos de Egipto, con 153 m de fondo, dos obeliscos de Sethi I, así como la sagrada Columna de Serapis, que guiaba refulgente a los marinos hacia el puerto desde los altos del Serapeum, la "Columna de Helios", que aún vio el Pseudo-Calístenes en el siglo III. Era el santuario oracular de Serapis-Helios un monumento espectacular, sólo sobrepasado en majestad y belleza por el Campidoglio de Roma en todo el Imperio, según Amiano, y se elevaba impresionante sobre Alejandría formando una gran pirámide de tres terrazas escalonadas, con una escalinata de cien peldaños que subían al cielo, cientos de columnas y altos edificios a modo de fortaleza que albergaban a los monjes castos. Entre sus ritos estaban la comunión y el bautismo por inmersión en el Lavacrum. Estaba repleto de mármoles, estatuas, libros y tesoros. El historiador romano Suetonio Tranquilo, cuenta que Claudio I fundó allí, en el siglo I, otro Museo llamado Claudium, para competir con el dañado Museo ptolomaico, donde se enseñaba historia de Roma, Etruria y Cartago. Estaba en el témenos, junto a la Biblioteca-Hija, y lo llamaron sucesivamente Trajanum, Hadrianum o Foro de Alejandría. Todos los emperadores romanos cuidaron y engrandecieron el Serapeum y la llamada Biblioteca-Hija de Rhakotis, cuya riqueza bibliográfica posiblemente superaba a la primera Biblioteca ya en el siglo III. Que el témenos de Rhakotis era la sede de la Biblioteca-Hija, lo cuenta con admiración Aphthonios de Antioquía, el rétor sirio, de mediados del siglo IV o principios del V, que vio el majestuoso edificio poco antes de su destrucción, y relata en su Prosgymnastica, que en la plataforma más alta de la Acrópolis, fundada por Alejandro, al lado de los extensos pórticos de la Academia, adornada con estatuas de distintos sabios, existían " ... armarios donde se guardaban los libros y salas destinadas a la biblioteca", junto al santuario de Serapis, que bien pudieron albergar 700.000 rollos de papiro "...que podían consultar libremente los que habían dedicado sus vidas al estudio de los libros, siendo estas salas de estudio las que habían dado a la ciudad su fama de ser la primera en filosofía". Rufino Tyrannio, por su parte, monje propagandista cristiano del siglo IV (341-410), quien también fue contemporáneo y asistió a la destrucción del Serapeum, cuenta en su traducción de la Historia Eclesiástica, del 399, cómo antaño se desplegaban sus edificios magníficos, la riqueza de la gigantesca estatua de Serapis, obra maestra de Bryaxis, que tocaba las paredes y el techo del templo, hecha de marfil, oro y plata, y la importancia de la "Academia de Aristóteles" con sus salas de conferencias y sus veinte escuelas distribuidas entre los pórticos del Museo, Academia que evocaría el sabio judío Benjamín de Tudela en 1160, y Abd-AI-Latif, historiador y médico iraquí, en su importantísima obra Relación de Egipto, de comienzos del siglo XIII. Tras el Edicto del emperador Teodosio I en el año 391, mandando cerrar los templos paganos, esta magnífica Biblioteca-Hija pereció a manos de los cristianos en el 391, fecha de la violenta destrucción e incendio del Serapeum alejandrino; las llamas arrasaron allí la última y fabulosa biblioteca de la antigüedad. Según las Crónicas Alejandrinas, un manuscrito del siglo V, fue el Patriarca monofisita de Alejandría, Teófilo (385-412), conocido por su fanático fervor en la demolición de templos paganos, el destructor violento del Serapeum. Los monjes y cristianos enardecidos por el obispo rodearon el recinto de Serapis, donde se habían refugiado cientos de fieles paganos amenazados por la violencia de los seguidores de Teófilo. Este leyó en voz alta el decreto de Teodosio y penetró en el santuario, dando el primer hachazo a la sagrada estatua de Serapis. Sus seguidores destruyeron el grandioso santuario y la estatua de Serapis, arrastrando su cabeza por las calles de Alejandría, enterrándola más tarde junto a los otros ídolos, y fundieron los metales preciosos, quemando todo a su paso, estatuas y libros al unísono, todo el pensamiento clásico y pagano. En esa ocasión la ciudad se arruinó tanto que llevó a Juan Crisóstomo, uno de los Padres de la Iglesia griega (347-407), a escribir que "...la desolación y la destrucción son tales que ya no se podría decir dónde se encontraba el Soma", la tumba de Alejandro, el monumento más emblemático de la ciudad. Un testigo presencial, Eunapios, en su Vita Aedesii asegura que los seguidores de Teófilo arrasaron el santuario hasta sus cimientos, que no pudieron arrancar, devastando todo a su paso. A propósito de la desaparición de los restos de Alejandro Magno, se ha descubierto que la entrada a la gran galería subterránea, el "Atrium", al oeste del témenos, debió de quedar bloqueada por las ruinas del Serapeum durante el incendio; sólo eso explicaría que no haya restos de fuego ni cuerpos, que se haya encontrado dentro casi intacta la magnífica estatua del buey Apis que ofreció Adriano y que sus misteriosos nichos estén vacíos. Éstos, que según unos contenían momias de pequeños animales sagrados, y según otros formaban los depósitos de los libros más preciados de la Biblioteca-Hija, fueron vaciados sistemáticamente sin dejar rastro de destrucción; su contenido fue, por tanto, rescatado. Podemos pensar que las manos que pusieron con urgencia a salvo el cuerpo de Alejandro de una segura profanación, trasladaron también, aquella terrible noche de la destrucción del Serapeum, parte de los fondos de la Biblioteca-Hija a un sitio más seguro. La existencia en algún lugar lejano de una cámara oculta donde aún se halla la urna de cristal en la que reposa el fundador mitico de Alejandría, junto a cientos de libros del Serapeum, suscita la esperanza inmensa de poder encontrarlos, enterrados en los oasis del desierto líbico o en el valle del Nilo. Con respecto al desastre del Serapeum, el testimonio de Amiano Marcelino, historiador romano de origen sirio, parece confundir el incendio de la Biblioteca-Hija, del que era riguroso contemporáneo, con el de la Gran Biblioteca, ubicando los dos en el Serapeum y poniendo como culpable a César. Este testimonio es, tanto más extraño, cuanto que Amiano es considerado claro e imparcial, y es nuestra fuente más importante para otros períodos de la historia que vivió, como sus Anales de Tácito. A no ser que nos encontremos ante el primer mistificador del brutal incendio del Serapeum, atreviéndose a responsabilizar a César de un desastre cultural tan clamoroso en su tiempo, ocurrido quinientos años más tarde de la muerte del romano. Curiosamente, hay que añadir que también aparece la confusión de las dos bibliotecas de Alejandría, según algunos estudiosos, en el Codex Parisinus del Apologeticum de Tertuliano (160-220), heterodoxo latino, traicionando el Codex un retoque muy posterior, de época carolingia. No es la única interpolación a los textos que introdujeron los exegetas y traductores europeos de los textos árabes, exonerando con ello a los cristianos monofisitas del incendio de la última gran biblioteca de la antigüedad tardía e inaugurando por su parte una segunda serie de silencios y testimonios falsos o confusos que han rodeado hasta hoy mismo la desaparición, tanto del Serapeum, como de la Biblioteca. Nunca se volvió a reconstruir la segunda Biblioteca de Alejandría tras la hecatombe que sepultó en el Serapeum a cientos de paganos, mezclados con las columnas quebradas del templo. Los arqueólogos no han encontrado entre sus restos desolados ningún vestigio, ni bizantino ni islámico. Se puede decir, siguiendo a Rufino, Aphthonios y Orosio, que ya no había ninguna auténtica biblioteca pública en Alejandría desde principios del siglo V. Rufino nos deja pensar que antes del 400 todo había sido arrasado en lo alto de la primera terraza, no quedando nada del témenos, destruidos los santuarios, biblioteca, academia, obeliscos y la gran columna de Serapis, que caería hecha pedazos. Orosio vio entristecido, en 416, a su paso por Alejandría, en el viaje de regreso a su Iberia natal, el Serapeum y otros templos alejandrinos con "sus armarios vacíos de libros", añadiendo en su Historia que "...fueron saqueados por hombres de nuestro tiempo", aludiendo así a un recuerdo todavía vivo en su época. Nunca más se volvieron a mencionar ni el Serapeum, ni la Academia ni la Biblioteca de Alejandría en ningún texto posterior. Sólo quedaron las bibliotecas de particulares, de monasterios y de las escuelas paganas, que daban sus enseñanzas entre las ruinas inferiores del Serapeum hasta el fin del siglo V, según ciertos autores árabes. Las escuelas alejandrinas de derecho, letras y medicina se mantuvieron abiertas en viejos palacios hasta que Justiniano las mandó cerrar en el 529, destruyendo así el último legado del patrimonio antiguo. Cerca del Circo romano yacía Kôm el Dîmas, antigua necrópolis de tiempos de Alejandro, hacía tiempo abandonada, convertida ya en colinas de arena en la falda oriental de Rhakotis. Teófilo empezó a excavar allí inmediatamente después de la destrucción del Serapeum, encontrando un gran tesoro funerario, con el que construyó en aquel mismo lugar la iglesia de S. Juan Bautista, S. Elías y S. Eliseo, conocida como "El Dîmas", en tiempos del emperador de Oriente, Arcadio (395-408). Esta iglesia albergaría el Arcadium, Evangelium o Angelicum, la sede de la Escuela de la Alejandría cristiana, pronto monopolizada por los monjes monofisitas alejandrinos, los Angelitae, tachados de herejes por Timoteo, patriarca de Constantinopla. El emperador bizantino Arcadio, celoso defensor del cristianismo, que declaró religión del Estado en el 408, mandó erigir sobre la colina de Rhakotis, entre las ruinas del Serapeum, la Columna Theodosiana o Arcadia, para conmemorar el "Triunfo del Cristianismo" sobre los paganos, paralela a otra que elevó en Bizancio. Esta co!umna monolítica, de 30 metros de altura, proveniente de algún templo alejandrino cercano al Serapeum, es la "Aammoud-es-Saouari" de los árabes, la "Columna de Pompeyo" de los cruzados, milagro de equilibrio del fuste más alto y bello de la antigüedad, de granito pulido de Syenne, mantenida sobre una exigua base con la ayuda de poderosos encantamientos mágicos. Esta columna, cuya erección sólo pudo hacerse después de la destrucción del Serapeum, marca con su enigmática presencia el silencio que envuelve aquel lugar arrasado. Efectivamente, tras la destrucción del Serapeum, la colina de Rhakotis quedó como un lugar maldito, embrujado por las almas de los cientos de cuerpos insepultos o amontonados en fosas, alrededor de la gran columna, entre masas de columnas rotas. Este espectáculo dantesco llegó intacto a los ojos asombrados de los arqueólogos del siglo pasado, que excavaron allí centenares de cadáveres esparcidos en la primera y segunda terrazas del santuario, entre miles de trozos de columnas y paramentos, rotos con encarnizamiento. Sus testimonios científicos, cuidadosamente silenciados, como si de un tabú se tratara, revelan, sin lugar a dudas, que aquel lúgubre y terrible lugar fue el final indigno de la milenaria cultura faraónica. En el siglo XIX, el arqueólogo C. Botti cuenta, con estremecedora claridad, que "Todavía siento el horror de los muertos que he encontrado a centenares en las excavaciones cerca de la columna. He contado los esqueletos casi a centenares por debajo de los cascotes de albañilería y los bloques rotos de granito... Cadáveres amontonados, los unos sobre los otros... la muerte ha pasado por allí; la carnicería se había extendido por todas partes... nunca vi (en Alejandría) nada semejante a este desorden en la muerte...". Ver, Biblioteca de Alejandría.

Serapeyón

Serapeum (templos del dios Sarapis. Los romanos les dieron el nombre de Serapeyón o Serapeo. Los más célebres eran el de Alejandría y el de Menfis. Este último, había ….).

Serapino

Que tiene influencia de Serapis, dios alejandrino de la medicina.

Serapio

(san) (?-361). Religioso egipcio, muy admirado por el gran acopio del saber teológico que tenía. Era también conocido como El Escolástico a causa de la dirección de la Escuela de los Catecúmenos en Alejandría. Deseando dedicarse a la vida religiosa contemplativa se retiró al desierto, pero pronto tuvo que abandonar el retiro al ser nombrado obispo de Thmuis. Juntamente con San Atanasio fue perseguido por su oposición directa al paganismo y también a la herejía arriana. Por eso, un Viernes Santo, mientras celebraba la Liturgia de la Pasión en una iglesia de Alejandría, fueron ejecutados juntamente con los fieles reunidos allí, en el año 361, por mandato del prefecto Filagrio y el emperador Constancio. El triunfo del martirio se celebra el 21 de marzo.

Serapión

Serapeum (templos del dios Sarapis. Los romanos les dieron el nombre de Serapeyón o Serapeo. Los más célebres eran el de Alejandría y el de Menfis. Este último, había ….).

Serapion

o Sarapion (ca.200-ca.150 a.C.). Médico de Alejandría, perteneciente a la escuela empírica. Escribió una obra médica titulada Terapéutica, de la que se conservan varias prescripciones de medicamentos. Puso mucho énfasis en la prioridad de la observación y del experimento en la práctica médica. Galeno lo tuvo en gran estima.

Serapion

(siglo I a.C.). Escritor sobre geografía (obra perdida) y astrología (se conserva en parte), nacido en Antioquía y conocido por Cicerón. Estimó el tamaño del Sol en dieciocho veces el de la Tierra.

Serapis

o Sarapis. Su nombre egipcio es User-Hap. Nombre dado al toro sagrado de los egipcios, Apis, después de su muerte y fusión con Osiris. La explicación teológica para esta fusión parece clara: Apis al morir asciende a los cielos fundiéndose a Osiris, de este modo en este nuevo concepto de deidad se unen aspectos de vida, muerte y fertilidad agrícola que hereda de sus antecesores. Su iconografía es de toro u hombre con cabeza de toro. Hombre barbudo con claras influencias helenísticas que porta sobre la cabeza una figura en forma de cubo. Fue un dios creado en tiempos de Ptolomeo I Sóter. a partir del dios local de Menfis, Oserapis, para tener una divinidad que pudieran adorar, a la vez, griegos y egipcios. A veces se le da la apariencia de Zeus. Sus templos más célebres fueron el Serapeum de Menfis (Saqqara), el de Alejandría (Rhacotis) y el oasis de Jarga. En época romana se identificó Serapis con Plutón o Júpiter. Su culto se extendió por Grecia y Roma y sobrevivió en Egipto hasta que su imagen de Alejandría fue quemada en el año 398. Ver, Apis, Serapeum.

Serapis

Era dios de los egipcios. Algunas veces se le confundía con Júpiter y con el Sol. Serapis se encuentra con frecuencia en los antiguos monumentos, y con los tres nombres de Júpiter, Sol y Serapis. Confundíanle también con Plutón, así es que a veces iba acompañado del Cerbero. El culto de este dios había sido llevado a Egipto por los griegos, puesto que en los antiguos monumentos puramente egipcios, como por ejemplo, la tabla Isíaca, que comprende toda la teología de los egipcios, no presenta ninguna figura de Serapis, ni el mas leve indicio de su existencia. Los que no ven en esta divinidad más que el emblema del Sol derivan esta palabra de sairein, adornar. El símbolo ordinario de Serapis es una especie de canasto o de medida, llamado calatus, el cual lleva sobre la cabeza para significar la abundancia que este dios, tomado por el Sol, proporcionaba a los hombres. Representábanle barbudo y casi con la misma figura que Júpiter, por cuyo motivo le confundían con este dios en las inscripciones. Cuando representaba a Serapis, Plutón tenía en una mano una pica o un cetro, y a sus pies, el can Cerbero. Era considerado también como uno de los dioses de la salud, y se citaban de él varias curas milagrosas. Los egipcios tenían muchos templos consagrados a Serapis. El de mayor fama estaba situado en Canope y el más antiguo en Menfis. Tenía un oráculo famoso en Babilonia, que daba sus respuestas en sueños. Los griegos y los romanos honraban también a Serapis y le consagraron varios templos. Los romanos le edificaron uno en el circo de Flaminio e instituyeron fiestas en su honor.

Serapis

Epíteto de Zeus.

Serapium

Localidad egipcia situada cerca del cruce del canal de los Ptolomeos con los Lagos Amargos, al este del Delta. Serapium estaba a 18 millas de Heroopotis y a 50 de Clysma. Su templo de Serapis y su posición en el canal que unía el Nilo con el Mar Rojo, le hicieron un lugar de tráfico considerable. Probablemente, fue fundada o por lo menos creció bajo los Ptolomeos, en la primera mitad del siglo III a.C..

Serat-beqet

En la mitología del antiguo Egipto, nombre de una vaca sagrada.

Serbinon

Servitium (población romana de Pannonia Inferior. En la Geografía de Ptolomeo se habla y está indicado en el mapa, de un lugar llamado Serbinon o Serbinum. En el Itinerario de Antonino, se escribe ….).

Serbinum

Servitium (población romana de Pannonia Inferior. En la Geografía de Ptolomeo se habla y está indicado en el mapa, de un lugar llamado Serbinon o Serbinum. En el Itinerario de Antonino, se escribe ….).

Serbitium

Servitium (población romana de Pannonia Inferior. En la Geografía de Ptolomeo se habla y está indicado en el mapa, de un lugar llamado Serbinon o Serbinum. En el Itinerario de Antonino, se escribe ….).

Serbónide

Este lago egipcio está seco en la actualidad. Era una albufera situada a unos 10 km al este de Pelusio, y que se extendía paralelamente al mar en una extensión de 70 km. )o( MITOLOGÍA.- Según contaban, en él se ocultaba Tifón. Su símbolo era el hipopótamo, que debía abundar en dicho lago, de ahí que se le situara en dicho lugar.

Serchio

Río de Liguria que desemboca en el mar Tirreno, un poco al norte del Arno. Hoy, en Italia.

Serdab

(árabe, "sótano"). Término usado por Auguste Mariette y los obreros que colaboraban en las excavaciones de Egipto, para designar las cámaras cerradas de las estatuas en las tumbas del Imperio Antiguo. Estas figuras, casi todas ellas de tamaño natural, estaban en relación con la sala destinada al culto, a través de estrechas rendijas murales. De esta forma, el difunto, podía entrar en contacto con el mundo de los vivos, ya que la capilla de culto era accesible al público, y en ella se depositaban las ofrendas para el difunto.

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