Soldados suplementarios pertenecientes a la clase de ciudadanos homónima. Durante la época en que el servicio militar era gratuito en Roma, y que los ciudadanos se armaban y equipaban a su costa, los más pobres seguían al ejército sin más armas que palos y piedras que lanzaban con la mano o por medio de hondas (Tito Livio). Formaban unos cuerpos de infantería ligera que, según Dionisio de Halicarnaso, llevaban también dardos cortos, desempeñando otras funciones inferiores, como la de cubrir las bajas ocurridas en el combate (Varrón), y recoger y cuidar a los heridos y enfermos. No debe olvidarse que la institución de los cuerpos de accensi data de la época en que el ejército estaba aún organizado en falanges compactas, que se batían en grandes masas, de manera que los que ocupaban las últimas filas, protegidas por los combatientes de las primeras, no necesitaban ni gran armamento, ni grandes conocimientos de la guerra para contribuir a la solidez de la masa. Los nombres de accensi, adscripti, adscriptitii y adscriptivi que se les daba, correspondían perfectamente a su misión, y en tal concepto figuraban en el censo de las legiones de que formaban parte. Varrón les llama super-vacanei, y Vegecio supernumerarii. A más de velati, llamábaseles ferentarii, como dice Varrón, porque no disponían de otras armas que los proyectiles que lanzában, o bien, y parece lo más probable, según Catón, porque servían de cargadores a los demás soldados, y por último, se les llamó también rorarii (legio), confusión que, tratándose de un cuerpo tan diferente, sólo puede dimanar de que en los principios, unos y otros combatían de igual forma al entablarse los combates. Cuando en el año 406 a.C., el Senado decretó que los soldados tuvieran una paga, los accensi se procuraron armas más eficaces que las que usaron hasta entonces, y adquirieron dardos como los rorarii. En la guerra contra los latinos, en cierta ocasión Tulio Manlio se valió de la estratagema de armar a los accensi con lanzas, y los hizo avanzar como si fueran los triarii. Los enemigos cayeron en la trampa e hicieron avanzar sus mejores tropas que aceptaron el combate y gastaron en él sus fuerzas, encontrándose de pronto enfrente de los combatientes más temibles del ejército romano, que llegaron frescos a la lucha. La lanza fue siempre el emblema de los legionarios, prohibida por el censor a los accensi, que no se sabe que la usaran más que en la ocasión citada. En los bajorelieves de la columna Trajana figuran combatientes armados únicamente con piedras, como los accensi de la primera época. Hubo también accensi que prestaron servicio en la caballería romana, y estaban por consiguiente bajo las órdenes del magister equitum (Varrón). Su misión era la de retener a los caballos, cuando los jinetes cambiaban de montura o combatían a pie, siendo probable que se batieran también armados de azagayas, en cuyo caso serían los que Varrón llama ferentarii equites. Los accensi eran además asistentes de los oficiales. Los militares de un grado más elevado (optio), antiguamente parece que salían de las filas (Festo). Ver, Accensus velatus.