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Palabra   |   Descripción

Biannos

o Biennus o Biano. Ciudad de la isla de Creta, situada en la pendiente oeste de la actual Ano Vianno. En el siglo III a.C. Biannos acuñó su propia moneda. Éstas, representan una cabeza femenina y una flor. Firmó alianza con Eumenes II de Pérgamo en la primera mitad del siglo II a.C.. Parece que más tarde cayó bajo el dominio de la poderosa Ierapytna. Se han encontrado varias tumbas de épocas diversas y edificios, así como objetos diversos, utensilios de cocina, cerámica, etc.. Hoy, Ano Vianno, provincia de Vianno, prefectura de Herakleion. )o( MITOLOGÍA.- Según Esteban de Bizancio tomó su nombre de su fundador Biennos, uno de los Curetes, o de la palabra BIA que significa violencia, lucha, por la que allí tuvo lugar entre Oto y Efialtes, los hijos de Posidón.

Biano

Biannos (ciudad de la isla de Creta).

Bianor

Centauro muerto por Teseo.

Bianor

Capitán troyano muerto por Agamenón.

Bianor

Héroe de Mantua, era hijo del Tíber y de la ninfa Manto (Ver, Aucno). Fundó la ciudad de Mantua, a la que dio este nombre en recuerdo de su madre. A veces es identificado con Aucno. Su sepulcro se veía aun en tiempo de Virgilio, a lo largo del gran camino de Roma a Mantua.

Biante

Biante es hijo de Amitaón y de Idómene I, hija de Feres. Su hermano es Melampo el adivino, que va ligado a sus aventuras. Habiendo pretendido casarse con la hija de Neleo llamada Pero, Biante hubo de someterse a una condición impuesta por el padre de la joven y que consistía en robar los rebaños de Fílaco. Estos bueyes se hallaban bien guardados por un perro feroz, pero Melampo se avino a apoderarse de ellos por cuenta de su hermano (Ver, Melampo), y, cuando hubo logrado de Neleo la mano de Pero, la cedió a Biante. Posteriormente, cuando Melampo hubo curado a las hijas del rey Preto de su locura, recibió una tercera parte del reino para Biante, el cual se instaló en ella (Ver, Preto, Melampo y Anaxágoras). Con Pero, Biante engendró a Tálao, padre de Adrasto, Perialces, Laódoco, Areo, Alfesibea. Más tarde, establecido en Argos, en el reino de Preto, casó con una hija de éste, Lisipe. Sin duda engendró con ella a su hija Anaxibia, que casó más tarde con Pelias, según ciertas tradiciones.

Biante

Hijo de Lélege. Fue muerto por Pilas.

Biante

Uno de los hijos naturales de Príamo.

Biantes

Príncipe griego a quien Homero llama "el bueno".

Biarca

Oficial que en la milicia romana cuidaba especialmente de los víveres y de las pagas, bajo la dependencia del prefecto de los reales.

Biarceo

"el que procura lo necesario para la vida". Sobrenombre de Pan.

Bías

(siglo VI a.C.). Político de Priene, en Jonia, hijo de Teutamo. Se distinguió como magistrado, como hombre político y como simple ciudadano. La antigüedad le atribuye una multitud de máximas y dichos célebres, como "la mayor riqueza, es no desear nada". Fue considerado como uno de los Siete Sabios de Grecia a causa de su acertada advertencia a sus conciudadanos para que abandonaran la ciudad, en época de la conquista persa, y se asentaran en Sardinia, que no lograron conquistar.

Bias

Biante.

Biatia

Los orígenes de esta ciudad del sur de la península Ibérica se remontan a la Edad del Bronce. En el II milenio a.C. se fundó un núcleo de población en el cerro del Alcázar, en un extremo del casco urbano de la ciudad actual. Hasta la etapa ibérica se desconoce lo que ocurrió en el cerro, pero en el siglo IV a.C. se confirma la presencia de un oppidum de la tribu ibera de los oretanos, que estaba adscrito a la órbita de Cástulo. En época romana, Biatia o Beatia o Viatia o Vivatia, que con estos nombres aparece mencionada en las fuentes, era una ciudad obligada a pagar tributos, pero que tenía potestad para dictar sus propias leyes y acuñar moneda, estando adscrita a la Hispania Citerior. En el siglo I se incluyó en el Conventus Cartaginensis (Provincia Tarraconense) cuya administración y economía estaban regidas por Cartago Nova y la vecina capital de Cástulo, pasando a ser considerada municipio flavio. En esta época ya era un importante centro administrativo y de intercambio comercial. Es una época en la que Biatia juega un papel fundamental en las vías de comunicación que dan paso a la plata que iba de las minas de Sierra Morena hacia la costa oriental de la península. Al final del imperio romano Biatia recoge el testigo de capitalidad la provincia que ostentaba Cástulo, al trasladarse aquí la ceca y ser sede episcopal visigoda. También se verá afectado el territorio con las oleadas de invasiones bárbaras, en el siglo V, aunque una oligarquía hispano-romana mantendrá su pujanza en la comarca hasta que en el siglo VI la presencia y autoridad visigoda se muestre con más fuerza. La aristocracia goda se funde con la hispanorromana y se hacen con todos los resortes del poder; el campesinado está compuesto su mayoría por hispanorromanos, la clase social más numerosa, con propietarios libres de tierra, colonos y esclavos. Hay numerosos yacimientos arqueológicos en la zona. Hoy, Baeza, provincia de Jaén, comunidad autónoma de Andalucía, España. Ver, Basti.

Bibáculo

Marco Furio (Marcus Furius Bibaculus) (siglo l a.C.). Poeta nacido ca.83 a.C. en Cremona y que, según afirma Suetonio, fue discípulo de Catón, Valerio. Tácito y Quintiliano afirman que al igual que Catulo, Bibáculo satirizó a los Césares, pero fue ignorado por ellos. En el caso de que se tratara de uno de los "poetas nuevos' asociados con Catulo, probablemente no sería el Furio atacado por aquel varias veces en sus epigramas endecasílabos. Si por el contrario, según se afirma en un escolio a Horacio (Sátiras II, 5, 40), Bibáculo fue el autor del poema histórico La guerra de las Galias, es improbable que fuera amigo de Catulo. Ver, Neotérico.

Bibali

o Bibalos. Pueblo de la Tarraconense citado por Ptolomeo. Su capital era Forum Bibalorum. Los bibali gallegos pertenecían al convento jurídico de Braga y vivían en el valle regado por el río Bibey, que les dio el nombre.

Bibalos

Bibali (pueblo de la Tarraconense citado por Ptolomeo).

Bíbalos

o Bíbulos. Pueblo o tribu indígena de Hispania que habitó a orillas del actual río Bibey, en el noroeste de España, en tierras de Viana do Bolo, Ourense. Es citado por Plinio. Su nombre figura en una inscripción del puente de Chaves que los bíbalos ayudaron a construir, según consta en la propia inscripción. Ver, Forum Bibalorum.

Bíbasis

Según Aristófanes, tipo de salto que practicaban las muchachas espartanas, consistente en saltar hasta tocarse los glúteos con los pies, bien con los dos juntos, bien saltando de forma alternativa sobre cada una de las piernas.

Bíbaso

Bíbasto (ciudad de Caria, citada en algunos textos como Bíbaso).

Bíbasto

Ciudad de Caria, citada en algunos textos como Bíbaso.

Bibesia

y Edesia. Divinidades de los banquetes, las cuales, entre los romanos, eran consideradas como que presidían la una al vino y la otra a la buena comida.

Bibiana

(santa) (siglo IV). Virgen romana que sufrió el martirio (363) en tiempos de Juliano el Apóstata. Los cristianos erigieron sobre su sepulcro una capilla, que el papa Simplicio convirtió en la iglesia de Santa María la Mayor en el año 465. Su fiesta se celebra el 2 de diciembre.

Biblia

Nombre de Venus, tomado de un templo que tenía en Biblos, Fenicia.

Biblia

Recibe el nombre de Biblia la colección de libros judíos y cristianos que ellos suponen inspirados por Dios y que contienen la Revelación. La Biblia no es como el Corán (Alcorán) un solo libro, sino una colección de libros escritos por autores diferentes en épocas diferentes. Por su multiplicidad se llaman Escrituras y por su origen Sagradas. Ya su nombre, derivado del griego (tà biblia = el libro), idioma en que fue reescrita y difundida por los primeros cristianos no judíos, indica que se refiere al Libro por excelencia. En él se halla, en primer lugar, la historia y cultura, las leyes y costumbres del pueblo hebreo, su filosofía y creencias, que a menudo provocan escándalo y rechazo a los cristianos por sus crueldades e injusticias, como es el caso de las leyes de la guerra, supuestamente dictadas por Dios, (Deuteronomio, capítulo 20). En segundo lugar, aparece la venida del Mesías y la vida de éste. Estas dos facetas dividen claramente la obra en dos partes, Antiguo y Nuevo Testamento, el primero judío y el segundo cristiano. Aquí la palabra testamento, traducción del hebreo berith (testamentum en latín), está tomada en el sentido de contrato o alianza, alianza hecha por Dios con los hombres en dos ocasiones: a los patriarcas y pueblo escogido de Israel, antes de la venida de Jesucristo, y a la Humanidad entera en el momento de la Redención. A su vez, estas dos partes se clasifican en Libros históricos, didácticos y proféticos. Los judíos cuentan 39 libros. Los protestantes, para el Antiguo Testamento, enumeran también 39. Los católicos 45 (versión griega de los setenta). 27 libros son los admitidos Nuevo Testamento por las diversas confesiones cristianas. La mayor parte de los libros del Antiguo Testamento fue escrita en hebreo, excepto algunos pasajes del libro de Esdras (2 capítulos) y la mitad del de Daniel, escritos en arameo. El griego es la lengua del Nuevo Testamento, lengua que aparece en el libro de la Sabiduría y en el libro II de los Macabeos. La Biblia, nacida en el desierto con Moisés, en el siglo XIII a.C., pasó seguidamente a Palestina, donde se desarrolló al ritmo del pueblo y de la religión cuya marcha histórica relata, primero en su mayor parte por tradición oral y a partir del período monárquico (siglo XI a.C.) escrita. El Antiguo Testamento comprende tres grupos de libros (Pentateuco, Profetas y Hagiógrafos) relativos a la religión, a la historia, a las instituciones y a las costumbres de los judíos. El Nuevo Testamento comprende los cuatro Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas y el Apocalipsis. Durante el reinado de Ptolomeo II Filadelfo, fue traducido en griego el Antiguo Testamento por 72 sabios hebreos. Su traducción es conocida con el nombre de Versión de los Setenta. En el siglo IV, la Biblia entera, traducida ya del griego conforme a la Versión de los Setenta, fue revisada por San Jerónimo. Dicha traducción latina, reconocida por la Iglesia, es la Vulgata. La Versión de los Setenta contiene algunas obras consideradas como apócrifas por los judíos y protestantes. Alfonso X el Sabio mandó hacer una versión de la Biblia. )o()o( ANTIGUO TESTAMENTO (Biblia hebraica, Biblia católica, Biblia protestante) )o()o( Torá o Pentateuco )o( Génesis )o( Éxodo )o( Levítico )o( Números )o( Deuteronomio )o()o( Libros históricos )o( Josué )o( Jueces )o( Samuel I y II )o( Reyes I y II )o( Crónicas I y II )o( Esdras )o( Nehemías )o( Macabeos** I y II, en la Biblia católica )o()o( Libros proféticos )o( Isaías )o( Jeremías )o( Lamentaciones * )o( Baruc ** )o( Ezequiel )o( Daniel * )o( Daniel (más cap. III, 24-90 y XIII-XIV **) )o( Oseas )o( Joel )o( Amós )o( Abdías )o( Jonás )o( Miqueas )o( Nahum )o( Habacuc )o( Sofonías )o( Ageo )o( Zacarías )o( Malaquías )o()o( Libros poéticos y sapienciales )o( Salmos )o( Proverbios )o( Job )o( El cantar de los cantares )o( Eclesiastés )o( Sabiduría ** )o( Eclesiástico ** )o( Tobías ** )o( Judit ** )o( Ester )o( Ester (+ alg. versículos**) )o( Rut )o()o( NUEVO TESTAMENTO )o()o( DOCTRINALES (21) )o()o( Epístolas de San Pablo )o( a los romanos )o( a los corintios I y II )o( a los gálatas )o( a los efesios )o( a los filipenses )o( a los colosenses )o( a los tesalonicenses I y II )o( a Timoteo I y II )o( a Tito )o( a Filemón )o( a los hebreos )o()o( Epístolas "católicas" )o( de Santiago )o( de San Pedro I y II )o( de San Juan I, II y III )o( de San Judas )o()o( HISTÓRICOS (5) )o()o( Evangelios )o( de San Mateo )o( de San Marcos )o( de San Lucas )o( de San Juan )o( Hechos de los Apóstoles )o()o( PROFÉTICOS (1) )o( Apocalipsis de San Juan )o( * en la Biblia hebraica, no está clasificado entre los libros proféticos. )o( ** libro (o pasajes) que procede de la Biblia griega de los Setenta, admitido solamente en la Biblia católica.

Biblia Gótica

Versión en lengua gótica de la Biblia realizada por el obispo Ulfila entre el 350 y el 380. La parte de la Biblia de Ulfila que ha llegado hasta nosotros fue copiada 150 años después de su muerte y consta de seis manuscritos que contienen una parte considerable de los evangelios y de las epístolas de San Pablo, además de pequeños fragmentos de los libros de Esdras y Nehemías. El manuscrito más importante fue descubierto en 1563 en un monasterio junto a Werden, en Alemania y que después de pasar por diferentes lugares fue llevado a Praga a finales de siglo. Cayó en manos de las tropas suecas poco antes de la paz de Westfalia en 1648; fue adquirido en el año 1662 por el conde sueco de la Gardie, quien lo encuadernó en plata maciza. Desde entonces se llamó Codex Argenteus o el Libro de Plata y se lo regaló a la reina Cristina de Suecia. Está hermosamente escrito con letras de oro sobre pergamino púrpura y contiene los fragmentos del Evangelio; está considerado como uno de los más ricos tesoros de las bibliotecas europeas y se conserva en la Universidad de Upssala. De los cinco manuscritos restantes, uno se descubrió en Alemania en el siglo XVII y otro en Italia a mediados del siglo XIX. A pesar de que los godos poseían un alfabeto propio, posiblemente Ulfila consideró que el vocabulario era incompleto por lo que realizó la traducción de la Biblia al lenguaje gótico empleando el alfabeto griego de letras mayúsculas. Al no existir en griego símbolos para algunos sonidos góticos, adoptó caracteres rúnicos, alterando las formas de las letras para asemejarlas a la fisonomía de las griegas. Por ello, se puede decir que el alfabeto ulfiano es el griego aumentado en media docena de nuevos signos. Se considera que la traducción fue un trabajo magnífico, ya que era difícil que en el siglo IV un godo llegase a tener un conocimiento del griego tan perfecto como para comprender el texto de las Sagradas Escrituras y hacer de él una versión fiel de un lenguaje a otro. Ver, Biblia.

Biblia hebrea

La Biblia hebrea (denominada en hebreo Tanaj, por las primeras letras del nombre de cada una de sus tres secciones o bloques de libros) está compuesta por la Torá ("Instrucción", o, en griego, "Pentateuco", los "cinco libros de Moisés"), los Profetas (incluyendo libros históricos y propiamente proféticos), y los Escritos (entre los que se cuentan géneros literarios muy diversos: Salmos, Proverbios, Job, etc.). Son en total, según el cálculo judío, 24 libros. Algunos de ellos se redactaron antes del destierro de Babilonia (586 a.C.), aunque fueron completados o revisados con posterioridad a esa fecha; otros, fueron escritos durante el mismo destierro, o a la vuelta del mismo, en los ss. de dominio persa y helenístico. El último libro que se escribe es seguramente el de Daniel (con algunas secciones en arameo), hacia el siglo II a.C. En la tradición católica se añaden otros escritos llamados "deuterocanónicos", de los que se conserva solamente el texto griego, que no forman parte de la Biblia hebrea. En esos libros se refleja la experiencia fundamental del pueblo de Israel, que se siente en su historia elegido, liberado o castigado por su Dios, obligado a corresponderle con su fidelidad y su cumplimiento de los preceptos divinos. Por esa razón, estos libros tienen para los judíos y para los cristianos una carga teológica totalmente especial, de "palabra divina", que no vamos a desarrollar en este lugar, ya que aquí los enfocamos únicamente como obras literarias. El primer libro de la Torá, el Génesis, nos ofrece el relato de la creación del mundo y el pecado de los primeros hombres, y recoge a continuación narraciones sobre los antepasados del pueblo judío, los Patriarcas Abrahám, Isaac, Jacob y José. Los cuatro libros que siguen, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, tienen como protagonista a Moisés, e incluyen el relato de la salida de Egipto, la entrega de la Torá en el Sinaí, y la marcha por el desierto de los israelitas, junto a varios códigos legales. El Deuteronomio presenta una legislación particular, que insiste en la centralización del culto y el humanitarismo, que suele relacionarse con la reforma de Josías, rey de Judá (2 Reyes, 22). En conjunto, no se trata de una historia lineal, desarrollada por un único autor. Tiene un proceso de composición y redacción muy complejo, y se entrelazan en la elaboración final los materiales procedentes de distintos hilos narrativos, que tienen su origen en círculos humanos e ideológicos muy distintos; los más antiguos son al menos del tiempo de la monarquía, mientras que el último de ellos, que proviene de grupos de sacerdotes al servicio del Templo de Jerusalén, parece haberse concluido en la época del destierro. Incluyen géneros literarios muy diversos, tanto de carácter narrativo, como jurídico, y ciertas secciones poéticas. No pocos de esos poemas, mandatos, leyendas y narraciones tienen claros paralelos en las literaturas de los pueblos del entorno, Mesopotamia, Egipto, Ugarit y Canaán, etc. En hebreo se denomina "Profetas anteriores" al conjunto de libros "históricos": Josué, Jueces, 1 y 2, Samuel, 1 y 2, Reyes. Se distinguen de los "Profetas posteriores", que incluyen los libros que contienen las enseñanzas de los profetas de Israel. En este grupo de libros se relatan los acontecimientos históricos que siguen a la muerte de Moisés: la conquista de Canaán bajo el mando de Josué, el período de los jefes carismáticos ("Jueces"), la formación de la monarquía con Saúl, David y Salomón, y la separación de los dos reinos, del Norte y del Sur, hasta su conquista por parte de los asirios y babilonios. La idea central que engarza una serie de relatos de origen muy diverso, parece coincidir en lo fundamental con la del círculo del que procede el Deuteronomio; desde el momento del exilio (siglo VI a.C.) se reflexiona sobre los hechos que han conducido a esta situación. Los libros de los "Profetas posteriores" recogen los dichos, oráculos y visiones de los profetas literarios, esto es, de las tres grandes figuras de Isaías, Jeremías y Ezequiel, y de los doce profetas llamados "menores". Los más antiguos son del siglo VIII a.C. (Isaías, Amós, Oseas, Miqueas), y los más recientes, posteriores al exilio, del siglo V a.C. o aún más tardíos, (Malaquías, etc.). Su redacción literaria es también compleja: casi todos los libros son el resultado de la recopilación de materiales diversos, dichos proféticos, oráculos, informes, narraciones, disputas, canciones, etc. sólo parcialmente relacionadas con el profeta histórico a cuyo nombre se unen, de distintas épocas, y que han pasado además por una reelaboración final. El libro de Isaías tiene claras señales de la composición llevada a cabo en diversas épocas, y es ya tradicional la distinción de tres secciones bien delimitadas. En la primera, capítulos 1-39, se han recopilado varias colecciones de palabras procedentes de la actividad del profeta Isaías (siglo VIII a.C.), con anuncios de castigo para Judá y oráculos contra otros pueblos, junto a vaticinios de los tiempos mesiánicos y adiciones posteriores; la segunda, llamada "Deuteroisaías" (capítulos 40-55), refleja una época muy posterior, cuando el Templo ha sido ya destruido (siglo VI a.C.), e incluye los conocidos pasajes de los "cantos del siervo sufriente"; la tercera, el "Tritoisaías" contiene materiales aún más recientes, con una problemática propia de la época que sigue al exilio, bajo dominio persa. La fusión de las tres secciones y la redacción final son por tanto bastante tardías. El libro de Jeremías recoge la actuación de este profeta nacido en la segunda mitad del siglo VII a.C., con invectivas contra el Templo y el culto, y avisos de castigo al rey de Judá ante la llegada de los ejércitos de Babilonia para tomar Jerusalén. Hay materiales relativos a diversas actuaciones del profeta en tiempo de los reyes Joaquín y Sedecías, y aun de su estancia forzada en Egipto. Pero también en este caso el proceso de redacción del libro fue complicado, ya que hay partes dictadas por el profeta a su discípulo Baruk, y elementos mucho más tardíos añadidos a lo largo de los ss. siguientes; la forma definitiva del libro no sería anterior al siglo III a.C. El libro de Ezequiel refleja el ambiente del exilio en Babilonia, en el siglo VI a.C., desde donde el profeta pasa revista a la historia de Israel, anuncia la liberación a los deportados y el castigo a las naciones que se alegran de la ruina de Jerusalén. Aunque hay materiales en primera persona, así como acciones simbólicas y visiones que suelen ir unidos a la figura de Ezequiel, muchos oráculos parecen agrupados posteriormente en torno a temas determinados, por la que la redacción final se sitúa en tiempo más reciente. "Doce profetas" es un conjunto de libros que reúnen oráculos de carácter profético de los reinos del norte (Oseas) y del sur, anteriores y posteriores al destierro de Babilonia (como Ageo, Zacarías y Malaquías). La colección final de los mismos en este bloque puede ser del siglo III a.C.. El carácter de cada libro es muy distinto, de acuerdo con la personalidad de cada uno de los profetas y de sus redactores. La metáfora de las relaciones matrimoniales entre Israel y Dios en Oseas, la crítica social de Amós y Miqueas, los mensajes escatológicos de Joel, la parábola didáctica de Jonás en el vientre de la ballena, o las visiones de Zacarías, figuran entre los aspectos más conocidos de este grupo de libros. Los "Escritos" forman el grupo más variado de libros bíblicos, en el que tuvieron cabida todos las restantes composiciones que el pueblo judío reconoció como de carácter sagrado. Algunos libros son anteriores al destierro, y otros son muy posteriores. Forman parte de este grupo tres grandes libros: Salmos, Job y Proverbios. Salmos es una colección de 150 himnos y poemas líricos de súplica o didáctico-religiosos de un estilo bien conocido en Egipto y en el Próximo Oriente; la división en cinco "libros" es tardía. Pueden encontrarse huellas de colecciones diversas de distintas épocas: algunos salmos están atribuidos a David, otros a Coré y Asaf, y buena parte no tiene referencia alguna de autor. Hay salmos preexílicos y otros que por su lengua parecen claramente escritos después del destierro. La colección definitiva pudo cerrarse hacia el año 300 a.C.. Job es un libro profundo y problemático, con secciones en prosa y en verso, en forma de relatos, diálogos dramáticos y discursos; discute temas relativos a la actitud del hombre ante Dios y la justicia divina, el "justo sufriente", rebelde y sumiso al mismo tiempo ante su Señor. Su composición puede ser cercana al año 400 a.C.. Proverbios entra de lleno en el género de literatura "sapiencial", bien conocido también en Egipto y Mesopotamia, que busca el ideal de la "sabiduría" para todas las facetas de la vida práctica. Son dichos sapienciales, aforismos, poemas didácticos, dichos numéricos, etc., agrupados en colecciones independientes que sufren al cabo del tiempo una redacción final. Atribuido tradicionalmente a Salomón, se va formando en realidad en un proceso secular que se completa seguramente hacia el siglo IV a.C. Un pequeño grupo, llamado "los cinco rollos", Rut, Cantar de los cantares, Qohelet, Lamentaciones y Ester, tienen en común el tono "edificante" y aleccionador; no obstante, el escepticismo existencial reflejado en el libro de Qohelet y el tono erótico del canto nupcial que constituye el Cantar hicieron que se discutiera durante mucho tiempo si debían incluirse o no entre los libros sacros. Hay finalmente dentro del grupo libros históricos, como Crónicas y Esdras, Nehemías, que tras pasar revista de manera sintética a toda la historia de Israel relatan la vuelta del exilio y la reconstrucción del Templo. El libro de Daniel, seguramente el último de todos los que forman parte de la Biblia hebrea, es de carácter apocalíptico y puede haberse escrito en el siglo II a.C.. Ver, Tanaj, Biblia.

Biblia políglota

Edición del Antiguo y Nuevo Testamento en sus lenguas originales, hebreo y griego, además de su traducción latina y aramea (parcial), impresa en Alcalá de Henares entre 1514 y 1517, en seis volúmenes, por encargo del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros. Fue la primera en su género. Ver, Biblia.

Biblia Políglota de Amberes

Nueva edición de los textos del Antiguo y Nuevo Testamento en sus lenguas originales y en sus principales versiones antiguas llevada a cabo en Amberes entre 1569 y 1573 por el impresor Cristóbal Plantino, bajo la supervisión de Arias Montano, enviado por Felipe II. Se conoce con el nombre de Biblia Políglota de Amberes o Biblia Regia. Ver, Biblia.

Biblia vernácula

La Biblia está presente en la vida medieval española en todos sus momentos, tanto en la literatura como en las artes plásticas. Se conservan un gran número de manuscritos latinos y no pocos hebreos. Por lo que a las traducciones al castellano se refiere, unas parten de la versión hebrea (Torah, equivalente al Pentateuco cristiano) y otras de la Vulgata latina. Entre las hebreas, la primera versión romance castellana es La fazienda de Ultramar (siglo XIII), obra de Almeric, arcediano de Antioquía, cuyo original quizá (aunque hay grandes dudas al respecto) sea anterior a 1.152 y estuviese escrito en latín, lemosín o gascón. También del siglo XIII es la Translación del Psalterio de Hermán el Alemán. Del XV es el manuscrito escurialense I-I-3, que traduce desde el Génesis a los Macabeos. De los ss. XIV-XV es la traducción parcial del manuscrito escurialense I-I-4, que incluye los mismos libros que el anterior. Los manuscritos escurialenses I-I-5 y I-I-7, del XV y XV-XVI respectivamente, forman una biblia completa. Otros manusritos que incluyen traducciones parciales son el escurialense J-II-19 (siglo XV), el 10288 de la Biblioteca Nacional de Madrid, con glosas marginales, y el Códice 87 de San Millán, conservado en la Real Academia de la Historia. El 10138 de la Biblioteca Nacional de Madrid contiene el Libro de Job, traducido por Pero López de Ayala a fines del siglo XIV. La Biblia de Alba (1.422-23) fue traducida y comentada con numerosas glosas por el rabino Moisés Arragel de Guadalajara. Por último, contamos con otras tantas versiones judeocastellanas impresas en Constantinopla (1.547) y Ferrara (1.533). Los sefarditas en la diáspora seguirán dejando claras huellas bíblicas que remiten al Medievo español en fechas tan tardíos como los ss. XVIII y XIX, a través de impresos de gran formato y, sobre todo, por medio de abundantes pliegos sueltos. Entre las traducciones inspiradas en la Vulgata cabe destacar el manuscrito escurialense I-I-2 (s. XIII), con parte del Antiguo Testamento y la mayor parte del Nuevo; el manuscrito I-I-6 (s. XIII) de la misma biblioteca, que pudiera haber sido consultado por Alfonso X para la redacción de la General Estoria; y el I-I-8 de El Escorial (siglo XIV), que forma, junto con el anterior y el Psalterio antes mencionado una biblia completa. Entre las numerosas traducciones de la Vulgata de utilidad litúrgica destacan el Psalterio de la Biblioteca Nacional de París, las Horas de Nuestra Señora con muchos otros oficios y oraciones, la traducción de Martín de Lucena el Macabeo de San Pablo (llevada a cabo para el Marqués de Santillana a mediados del siglo XV y conservada en un único manuscrito recientemente recuperado por A. Gómez Moreno), el Libro de los evangelios del aviento fasta la dominica in Passione de Juan López (1.490), los Evangelios e epístolas de todo el anyo de Gonzalo García de Santa María (1493) y las Epístolas e evangelios con sus dotrinas y sermones de Ambrosio Montesino (1512). La General Estoria alfonsí narra la historia del mundo desde la creación, aunque llega sólo hasta los padres de la Virgen (lo que alcanza hasta el comienzo de la parte sexta, en que acaba). Se basa en la Vulgata, aunque también utilizó fuentes clásicas, hebreas y árabes. Entre las biblias historiales cabe destacar la Historia de los Macabeos de Pedro Núñez de Osma, obra del siglo XV, así como la Historia de los Reyes Magos de fines del mismo siglo. Entre las biblias moralizadas, con el texto abreviado y numerosas glosas, comentarios e imágenes, destaca la Biblia rica de Toledo, modelo de la Biblia de Osuna. Junto a ello hemos de incluir las obras del siglo XV que toman como base la Vita Christi y que florecen al amparo de la devotio moderna, impulsada por Thomas Kempis y Jean Gerson; en este ámbito, crecen obras como la traducción de la Vita Christi de Ludolfo de Sajonia por Ambrosio Montesino, o bien la poesía de inspiración bíblica (con un caso extraordinario en Pablo de Santa María, antiguo rabino de Burgos y más tarde Obispo de Burgos, con Las siete edades del mundo), los comentarios y tratados sobre temas bíbicos o la numerosísima literatura homilética, de especial riqueza durante los ss. XIV y XV. El influjo de la Biblia es extraordinario, en mayor o menor medida, en el conjunto de la literatura de ese período. De una importancia enorme es el fenómeno de los comentarios y de las diversas formas de exégesis bíblica, apoyada en glosas tan conocidas como las de Nicolás de Lira, con versiones a las distintas lenguas vernáculas. Ver, Biblia.

Bíblide

Nombre de una fuente de Mileto, donde había un famoso santuario de Afrodita.

Biblinium

Lecho o reclinatorio romano para dos personas.

Bibliomancia

Adivinación que se hace abriendo un libro al azar e interpretando un pasaje de la página por que se abre. En principio, el lugar en el que se haya puesto el dedo habrá de dar una respuesta a la pregunta que se ha formulado. Se hace particularmente con la Biblia y es práctica que fue condenada por varios concilios. Ver, Adivinación.

Biblion

Nombre que los griegos dieron al papiro, de Byblos (Líbano), puerto desde el que se comercializaba.

Biblioteca

Hasta la época helenística, los particulares tenían sus propias bibliotecas y se hacían con nuevos ejemplares pidiéndolos prestados y haciéndolos copiar por un esclavo especializado. La primera biblioteca pública fue fundada en Alejandría de Egipto por Ptolomeo I Sóter. Parece que esta iniciativa se debió a Demetrio de Falero, quien, exiliado de Atenas, después de haberla gobernado brillantemente durante diez años, se refugió, en el año 307 a.C. en Alejandría en la corte de los Lágidas. Demetrio comenzó a reunir libros, que fueron llevados a un edificio destinado a protegerlos. Demetrio murió en el año 283 a.C., en el mismo que Ptolomeo I, pero Ptolomeo II prosiguió la obra y la biblioteca de Alejandría se convirtió en el mayor centro intelectual del mundo helenístico. Reunió esta biblioteca hasta 800.000 volúmenes y hubo que abrirse un anexo en el templo de Serapis, donde se depositaron las copias. El cargo de bibliotecario fue uno de los más codiciados y envidiados del mundo antiguo y se buscaba a las más brillantes personalidades intelectuales para ocuparlo. Este gran centro de cultura se incendió durante la guerra de Julio César en Alejandría en el año 47 a.C. y después fue destruido voluntariamente por orden del arzobispo cristiano monofisita, Teófilo, en el año 391. De forma interesada y en el siglo XIII, se atribuyó a los árabes de 'Amru su destrucción definitiva en el año 651, con la conquista de la ciudad. La segunda biblioteca del mundo antiguo fue la de Pérgamo, que fue fundada por Eumenes II, y que llegó a reunir unos 200.000 volúmenes. Después de la destrucción parcial en época de César, Antonio legó a Alejandría (y a Cleopatra VII Tea Filopátor) las obras de la biblioteca de Pérgamo, ya que el reino había sido dejado en herencia a Roma por su rey Átalo III más de cien años antes. Antioquía poseía también una excelente biblioteca, fundada por los seléucidas, aunque no pudo rivalizar con las de Alejandría y Pérgamo. Ver, Biblioteca de Alejandría, Bibliotecas.

Biblioteca de Adriano

o Biblioteca de las Cien Columnas. Edificio situado al norte del ágora romana de Atenas. Se construyó en el año 132, por orden del emperador romano Adriano, para albergar su extensa colección de libros, además de funcionar como sala de lectura y centro de convenciones. En 267 fue destruida por los hérulos siendo incorporada posteriormente a la muralla tardorromana de Atenas y reparada en 412. En el siglo V se construyó, en el centro del patio peristilo, una iglesia paleocristiana con planta de trébol de cuatro hojas. En el siglo VII se levantó una basílica de tres naves sobre la iglesia anterior. La biblioteca ocupaba un extenso rectángulo de 122 m de largo por 82 de ancho, situado al norte del ágora romana de Atenas. El edificio contaba con un propileo corintio de entrada en el lado oeste y tres exedras en cada uno de los otros tres lados. El patio central era un peristilo abierto con un estanque. En el lado este estaba la biblioteca, con sala de lectura y salas de conferencias. Según la descripción del historiador Pausanias, los techos estaban fabricados con alabastro realzado en oro. La biblioteca se perdió en el olvido hasta que, en 1.885, despues de un incendio que dañó parte del templo cristiano, se inició una excavación en la que se encontraron algunos bloques de piedra caliza y varias columns corintias de más de ocho metros de altura, además de los restos de los cimientos de la iglesia del siglo V. Ver, Bibliotecas.

Biblioteca de Alejandría

Según el polemista cristiano S. Ireneo (siglo II), fue Ptolomeo I Sóter quién fundó la "Biblioteca Alexandrina" y el "Museion", en 295 a.C., gracias a los consejos de los sabios griegos Eudoxio, Demetrio de Falero, y del propio Aristóteles, de quien afirmaba Estrabón que enseñó a los Ptolomeos a formar su Biblioteca, bajo la forma clásica de un gymnasium y sus anexos. Ya bajo su reinado, sus mensajeros eruditos, entre ellos Hecateo y Manetón, bajaron al Alto Egipto a rebuscar papiros en los archivos de los templos, y fueron por todo el mundo a comprar miles de libros para hacerlos traducir al griego. Calímaco de Cirene, poeta griego y conservador de la Gran Biblioteca, hizo un catálogo gigantesco de sus vastos fondos en tiempos de Ptolomeo II, el "Pinakes". La pasión de los Ptolomeos por los libros y manuscritos, acumuló en la Gran Biblioteca pública del Bruchion, la ciudad real, todo el saber del mundo conocido, coleccionando miles de libros. Medida genial de visión universal que Vitubrio, en el siglo I a.C., en su De Architectura, llamaba con admiración y gratitud "La Memoria de la Humanidad', que aquellos soberanos macedonios habían preservado de la sabiduría antigua de todos los países y tiempos, haciendo de Alejandría el centro más prestigioso de la cultura helenística. La Biblioteca fue una institución independiente, esencialmente helenística, que nunca dirigió un egipcio. A su frente había un director nombrado directamente por el rey, cargo de una gran relevancia social. Su larga lista incluye literatos, científicos y filósofos llegados de Grecia, Bizancio y Asia Menor, responsables de la originalidad de sus ediciones críticas y de sus avances científicos. En sus orígenes la Biblioteca era, sin duda, un complemento indispensable del Museo, donde vivían y enseñaban los sabios alejandrinos. Se alzaba junto al puerto, según los últimos estudios publicados, dentro del Bruchion. La sede de la Gran Biblioteca, que Tito Livio describía como "el más bello de los monumentos", estaba al fondo del gran patio columnado del suntuoso Museo, y tenía numerosas salas con estantes para libros (los armaria que consultaban los sabios) y habitaciones para los escribas y artistas que copiaban y preparaban los rollos, cobrando a tanto por línea, a 13 dracmas por 6.300 líneas, según nos cuenta un papiro del siglo II de Oxyrhynchos. Todos los Ptolomeos siguieron coleccionando miles de manuscritos griegos, judíos, egipcios, persas e indios. Todos los navíos, viajeros y sabios que pasaban por Alejandría estaban obligados a dejar en ella los manuscritos originales que poseían, recibiendo copias a cambio. Eran los "libros de navíos", como los llama Galieno. En todos ellos se anotaban los nombres de los antiguos propietarios y se depositaban en pilas en ciertos almacenes especiales, las "apothekae", para que los empleados de la Gran Biblioteca, los "hyperetae", procedieran a su registro y clasificación antes de ser utilizados. Ptolomeo II Filadelfos compró la Biblioteca de Aristóteles y Teofrasto y reunió 400.000 libros múltiples (symonigeis) y 90.000 simples (amigeis), según un texto célebre de Jean Tzétzès (De Comaedia, siglo XII), basado en una antigua fuente, posiblemente Aristeo, añadiendo que los depósitos externos, o sea, la futura Biblioteca-Hija, ya albergaban 42.800 libros en esa época. En realidad fue Ptolomeo III Evergetes quien fundó en el Serapeum la Biblioteca-Hija, segunda biblioteca pública de la ciudad, por quedarse pronto pequeña la Biblioteca-madre en tiempos de su real antecesor, acumulando los libros que desbordaban la Gran Biblioteca. Así pues, Alejandría mantuvo dos grandes bibliotecas públicas a partir del siglo III a.C., aunque curiosamente ninguna fuente antigua se hizo eco de este hecho, lo que ha dado lugar a no poca confusión entre los eruditos. Habrá que esperar hasta finales del siglo IV d. J.C. para que Epifanio nos hable de las dos diferentes bibliotecas de Alejandría. La Gran Biblioteca, llamada también la Biblioteca Real, fue la más grande, rica e importante de la antigüedad, la más mítica y famosa, visitada por sabios y estudiosos de todos los rincones del mundo conocido. Fue considerada el mayor centro helenístico para los estudios científicos, filosofía, jurisprudencia, literatura clásica o medicina, sobrepasando a sus rivales de Atenas y Antioquía. Griegos, egipcios, fenicios, árabes, persas e indios buscaban en sus archivos y se sentaban en sus bancos de piedra, bajo los pórticos, mirando el Faro y el mar azul encrespado, mientras abrían los papiros con sus manos. Fue tan grande su brillo que, tras su desaparición, la memoria de la Biblioteca se preservó en las esferas del mito, en la nostalgia de un pasado dorado, reforzada por los enigmas de su trágico fin y su ignoto destino. En los dos primeros ss. de su existencia sólo el historiador griego Hecateo de Abdera, de la época de Alejandro y el primer Ptolomeo, residente en la corte alejandrina y viajero por el Alto Egipto, nos habla indirectamente de la Biblioteca recién fundada por Ptolomeo I, en su fantasiosa Aegyptiaca, del siglo III a.C. mezclando su recuerdo con la biblioteca sagrada del Ramesseum tebano. La única transcripción de los escritos de Hecateo nos llega a través de un gran admirador suyo, Diodoro de Sicilia, historiador griego de principios del siglo I a.C., quien visitó Egipto, apasionado por sus misterios, viajó también a Tebas, ya en ruinas, y escribió una amplísima Bibliotheca Histórica, donde compendia con fidelidad los testimonios de sus predecesores. Es realmente en la Carta de Aristeo a Filocrates, de este autor judío del siglo II a.C., escrita en griego en Alejandría, en donde se cita por primera vez la Gran Biblioteca con las colecciones de "libros reales", apuntando que contenía 200.000 libros acumulados por Ptolomeo II, siendo su testimonio el primer recuento que conocemos. Añade Aristeo en su Carta que fue testigo del diálogo entre Demetrio y el faraón Lágida, cuando éste visitó la Biblioteca, a quien el sabio griego aseguró que pronto llegarían a los 500.000 libros que ambicionaban. Aunque muy valiosos, los testimonios de Aristeo no concuerdan exactamente con los hechos históricos. En todo caso, la colección de libros alejandrinos era inmensa y única en el mundo. En el 48 a.C. los autores afirmaban que llegaba a 400.000 o incluso a 700.000 libros, según Aulio Gelio. Posiblemente en algún momento de su historia pudo sobrepasar el millón de libros, provenientes de Etiopia, India, Persia, Elam, Babilonia, Caldea, Roma, Fenicia y Siria, según Epifanio. Los testimonios de Tito Livio, Séneca, Plutarco, Lucano, Dion Casio, Aulio Gelio, Amiano Marcelino, Floro y Orosio, que van del siglo I a.C. al siglo IV d. J.C., sitúan el incendio de la Gran Biblioteca en época muy temprana, en el siglo I a.C., durante la "Guerra Alejandrina" de Julio César. Son muy pocos los que no mencionan el incendio, entre ellos Histius y el propio Julio César, quien en su Bellum Civile describe la batalla alejandrina pero silencia el desastroso incendio de la Biblioteca, argucia inútil que sólo sirve para poner todavía más en evidencia su responsabilidad ante la magnitud del desgraciado episodio bélico. Es pues, precisamente con Julio César, causante material del incendio, con quien se inicia la saga de silencios en torno al fin de la Gran Biblioteca de Alejandría. Otros también callan, como Estrabón, el alejandrino Appiano o Cicerón. De hecho, nadie hasta los años finales de la dinastía Julio-Claudia se atrevió a contradecir la versión de Julio César, estableciéndose una auténtica censura política a la versión histórica, que sólo se arriesgaron a romper las clases senatoriales opuestas al sistema imperial que destruyó la República romana, los que consideraban a Julio César como un tirano. La destrucción parcial o total de la Gran Biblioteca en el 47 a.C. acabó con aquella institución. A partir de entonces nadie volvió a hablar de ella, ni siquiera Estrabón, geógrafo griego que visitó Alejandría en el 24-20 a.C., poco después del suicidio de Cleopatra y del desastre de la Biblioteca, quien, en su Geografía, ya sólo menciona el Museo, que seguía formando parte de los palacios reales y cuyo director era nombrado por César Augusto; prudentemente, no habla de la Biblioteca al describir Alejandría, como tampoco del fuego que la había destruido. Aunque desapareció "de facto" tras el incendio de César como institución independiente, se podría inferir la existencia de los restos de la Gran Biblioteca, definitivamente incorporada al Museo, de las visitas que hicieron al Museo ptolomaico los emperadores Vespasiano, Domiciano, Adriano y Marco Aurelio, para participar en las discusiones de los sabios alejandrinos. También de la transcendental decisión del mismo Domiciano, quien al principio de su reinado mandó reconstruir las bibliotecas del Imperio que habían sido incendiadas, según nos cuenta Suetonio en su Vida de Dominiciano; el emperador envió emisarios por todo el mundo a recolectar copias de los libros desaparecidos, "a los que dirigía hacia Alejandría encargados de copiar y corregir los textos". Asimismo, se podría deducir la existencia de la Biblioteca en el relato de Séneca sobre la preparación que hizo Didymo, sabio alejandrino del Museo (siglo I a.C.), de sus Comentarios, con los libros de la Biblioteca de Alejandría en época de Estrabón y, por tanto, después del incendio. O de la presencia en el Museo de sabios como el propio Estrabón, que estudió en sus archivos las crecidas del Nilo; Aristonicus, que escribió un libro sobre el Museo; Apión; Herculides; Thyphón o Habrón; y de un cierto Valerio Diodoro, quien en el 173 era "ex-subdirector de la librería y miembro del Museo". En todo caso, por si quedara alguna duda, otras fechas posibles de la definitiva destrucción de la Gran Biblioteca serían cuando en el siglo I, en medio de constantes enfrentamientos entre griegos y judíos alejandrinos, el barrio de estos últimos, cercano al real, fue incendiado; o cuando Alejandría fue destruida dos veces por Caracalla (211-217) y Valeriano (253); otra cuando en el 269 se dio la desastrosa conquista de la ciudad por Zenobia, reina de Palmira; o en el 273, cuando Aureliano saqueó y destruyó completamente el Bruchion, según nos cuenta Amiano, desastre al que no pudieron sobrevivir ni el Museo ni su Biblioteca. De hecho, dicen que en aquella ocasión los sabios griegos se refugiaron en el Serapeum, que nunca sufrió con los desastres romanos, y otros emigraron a Bizancio; cuando Diocleciano (294-5) destruyó la ciudad de nuevo, el Museo y su Biblioteca aneja estaban ya abandonados, siendo pronto olvidado el lugar mismo donde se levantaban antaño aquellas instituciones famosas, como nos confirma Epifanio. Ver, Serapeum de Alejandría, Pinakes, Pergamena, Bibliotecas.

Biblioteca de Celsius Polemaenus

o Biblioteca de Celso. Construida en Éfeso en tiempos de Trajano, en honor a Tiberio Julio Celso Polemeano y completada en el año 135 por el hijo de Celso, Tiberio Julio Águila Polemeano, cónsul del año 110. Celso había sido cónsul en el año 92, gobernador de Asia en el año 115, y un ciudadano romano popular y adinerado. La biblioteca fue construida para almacenar 12.000 rollos y para servir como tumba monumental para Celso. Era poco habitual que alguien se hiciera enterrar en una biblioteca o incluso dentro de los límites de una ciudad, lo cual fue un honor especial para Celso. El edificio tiene importancia como uno de los escasos restos de lo que era una biblioteca en los tiempos de la antigua Roma. También es un ejemplo de cómo las bibliotecas públicas no solo se construían en la misma Roma, sino a lo largo de todo el Imperio romano. Entre los años 1.970 y 1.978 se realizó una restauración masiva que actualmente se considera como bastante fiel al edificio histórico, en el que la fachada frontal sirve de ejemplo de arquitectura romana pública, e incluso sirve de ejemplo para otras bibliotecas peor conservadas de otras zonas del Imperio, puesto que es posible que se albergaran colecciones de literatura en otras ciudades romanas para beneficio de los estudiosos y de los viajeros. El edificio es de planta única que da al este, para que, como dijo Vitrubio, beneficiara a los madrugadores. Esta construida sobre una plataforma sobre nueve escalones, y con tres accesos. La entrada central es más grande que las dos laterales y todas ellas estin adomadas con ventanas situadas sobre su dintel. En los muros estaban abiertos nichos, para alojar los armarios que contenían los volumina. Un banco de piedra corría en torno de la estancia. La biblioteca fue incendiada por los godos en el año 263. Ver, Bibliotecas.

Biblioteca de Celso

Biblioteca de Celsius Polemaenus (construida en Éfeso en tiempos de Trajano).

Biblioteca de las Cien Columnas

Biblioteca de Adriano (edificio situado al norte del ágora romana de Atenas).

Biblioteca Palatina

Una de las dos bibliotecas públicas construidas por Augusto, adosada al templo de Apolo en el Palatino. Ver, Bibliotecas.

Bibliotecas

Se puede inferir de las pullas de Aristófanes, que individuos particulares del siglo V a.C., como Eurípides, tenían colecciones de libros, pero la primera colección institucional fue obra de Aristóteles para su escuela, el Liceo. Es evidente que este fue el modelo para la famosa biblioteca fundada por Ptolomeo I Sóter en Alejandría hacia el año 295 a.C. en asociación con el Museo. La biblioteca se puso a funcionar durante el reinado de Ptolomeo II, que quería poseer una colección completa de toda la literatura griega. Se dice que contenía entre 200.000 y 500.000 volúmenes. Sus bibliotecarios (Zenódoto, Apolonio de Rodas, Eratóstenes, Aristófanes de Bizancio, Aristarco) figuraban entre los estudiosos más prominentes de su época. Se produjeron catálogos bajo la dirección de Calímaco. En el siglo II a.C., Eumenes II Sóter fundó otra biblioteca en Pérgamo. Se dice que albergaba 200.000 volúmenes, pero se sabe mucho menos de las actividades de sus bibliotecarios. Bibliotecas especializadas se originaron en tomo a escuelas de medicina, sinagogas e iglesias. En Roma había grandes bibliotecas privadas en la República tardía, por ejemplo las de Lúculo, Ático y Cicerón. César fue el primero que planeó una biblioteca pública y se invitó a Varrón a que estableciese una colección, pero el asunto quedó en nada. El plan se vio realizado en el 39 a.C. por obra de C. Asinio Polión. Augusto fundó otras dos bibliotecas y emperadores posteriores construyeron más hasta que se dice que llegó a haber 26 en Roma. Otras se fundaron en las provincias y Adriano construyó una en Atenas. La posesión de una biblioteca privada se convirtió en la señal de identidad de una casa civilizada y los restos de una de ellas se han encontrado en Herculano.

Biblis

Ciudad de Caria. Hoy, en Turquía.

Biblis

o Byblis o Bublis. Por su padre Mileto, Biblis es biznieta de Minos (Ver, Acacálide) o, según las versiones, su nieta (Ver, Mileto). Acerca del nombre de su madre, las tradiciones discrepan. A veces la consideran como Cianea, hija del Meandro; otras, como Tragasia, hija de Celeno, y otras, como Idótea, hija del rey Éurito. Tenía un hermano gemelo, Cauno, al que amó con amor culpable. Horrorizado de su hermana, Cauno huyó de Mileto, su patria, y fundó la ciudad de Cauno, en Caria. A Biblis el dolor la vuelve loca y anda errante por toda el Asia Menor. En el momento en que va a precipitarse desde lo alto de un peñasco para terminar sus días y sus penas, las Ninfas, apiadadas, la transforman en una fuente inagotable, como las lágrimas de la doncella. Pausanias dice que se veía aun en su tiempo una fuente que se llamaba "las lágrimas de Biblis". A esta tradición se opone otra, según la cual sería Cauno quien había sentido por su hermana un amor criminal. Por este motivo, habría abandonado la casa paterna, en tanto que Biblis se habría ahorcado. En su memoria, se dio su nombre a dos ciudades: Biblis de Caria, y Biblo de Fenicia. Ver, Cauno.

Biblo

Biblos (fue una de las ciudades fenicias más importantes durante varios milenios. Biblus romana, llamada por los ….).

Biblos

o Biblus o Byblos o Biblo o Byblus. Fue una de las ciudades fenicias más importantes durante varios milenios. Biblus romana, llamada por los hebreos Gebal y Gubla en los textos cuneiformes. Aparece como Kebny en los registros jeroglíficos egipcios que se remontan a la Dinastía IV. Actual Djebeil, localidad situada en una colina sobre un altozano frente al mar, a 30 km al norte de la actual Beirut. Tal vez de ahí derive su primitivo nombre: Gablu "montaña". Una leyenda hace a Biblos la ciudad más antigua del mundo, fundada por el propio El, el gran dios semita identificado con Cronos, el padre de Zeus. Con sus dos excelentes puertos, pronto se transformó en un centro comercial de primer orden entre Egipto, los reinos de Mesopotamia y el imperio hitita. Fue igualmente un centro artístico y religioso destacado y allí se originó (probablemente para facilitar las transacciones económicas) el alfabeto fenicio, del que deriva el alfabeto griego y otros alfabetos occidentales. Durante el período neolítico, Biblos presenta algunas afinidades culturales con la región de Anatolia. A comienzos del VI milenio se fabricaron ídolos torpemente representados en piedra; ojos ovalados la nariz y la boca señalados. Los cuencos de cerámica se estampillaban con conchas de mar. Estas piezas denotan influjos artísticos de las cerámicas de Hassuna y de Susa. Durante todo el Neolítico Biblos incineró sus muertos. La ciudad de Biblos estaba ya habitada en el IV milenio a.C. y ocupaba una extensión considerable de terreno. Las casas fueron primero de planta circular y después rectangulares. Fuera del poblado se encontraba la necrópolis, con los muertos ahora depositados en jarras. Al final de este período, que se extiende del 3.500 al 3.200, los alfareros de Biblos utilizaban ya el torno (algunos vasos son de gran originalidad). Durante el IV milenio el arte de Biblos ofrece ciertos paralelos con el de Susa. Durante esta etapa se usó mucho la plata y poco el cobre. El período preurbano comprende desde los años 3.200 al 2.900, aproximadamente. En esta época se estabilizó la región, asentándose los acadios en el centro de Mesopotamia, los amorritas en el interior de Siria y los cananeos (los futuros fenicios) en la costa, desde el río Orontes hasta el Monte Carmelo. A comienzos de la Edad del Bronce, Biblos alcanzó cierta preponderancia. Las casas de planta rectangular antes diseminadas, se agruparon. Se generalizó ahora el torno de alfarero, y hay una continuidad en la cerámica con incisiones a abase de sellos (de influencia de Mesopotamia, aunque la decoración era indígena). Los temas decorativos más comunes sobre jarras o cilindros, son ciervos levantados sobre sus patas traseras delante de una planta, o un león atacando a un toro. En este período el agua desempeñaba un papel importante en la regiosidad de Biblos, por lo que se construyó un santuario junto a una fuente. Este santuario fue ocupado con el tiempo por el templo de Baalat Gebal o Ba'alat Gubal, la "señora de Biblos". Biblos se convirtió en una verdadera ciudad entre los años 2.900 y 2.800 aproximadamente. A partir de ese momento Biblos es una ciudad amurallada, con contrafuertes rectangulares de cuatro metros de ancho (se conserva una puerta en la muralla de esta época). Según la leyenda, esta muralla fue construida por el propio dios El, que se había sublevado contra su padre Baal Shamín. Estaba fabricada totalmente de piedra, en tanto que las de Mesopotamia eran de ladrillos. Al puerto, situado al norte, se accedía mediante una poterna, como en Ugarit. Egipto estableció buenas relaciones con Biblos al final de la Dinastía II. Estas relaciones fueron una constante, debido a que los egipcios necesitaban madera de buena calidad, ya que la palmera no es apta para la construcción. Egipto enviaba periódicamente exvotos al templo de Baalat Gebal (que los egipcios identificaron con Isis Hathor, y los semitas con Astarté), exvotos que se continuaron enviando hasta la Dinastía VI, el año 2.350. A este templo enviaron sus ofrendas los faraones constructores de las grandes pirámides de Queops y Micerino. A partir del III milenio los artesanos fenicios produjeron sus primeras manifestaciones artísticas en forma de ciertas ofrendas, como los vasos zoomorfos, que poseen ya las primeras características del arte fenicio, como son el esquematismo de la figura animal y el poco cuidado en representar la anatomía. Ahora alcanzaría el templo de Baalat Gebal una gran importancia en la vida religiosa de la ciudad. En el lado este del área sagrada se construyó un segundo templo, sobre el que más tarde se levantó otro dedicado al dios de la guerra. Un tercer templo existió al sur del santuario de Baalat. La vida religiosa de Biblos se centraba en estos templos, cuya importancia política, económica, social y artística era grande, como en todas las ciudades importantes del Oriente Antiguo, y ss. después en los grandes santuarios de Grecia: Olimpia, Delos, Delfos, etc. En torno al año 2.300 a.C. los amorritas incendiaron la ciudad, que fue inmediatamente reconstruida. En estos años, la nobleza biblita prefería vivir en residencias aisladas, que generalmente consistían en una única habitación. Poco después, Biblos sufrió una segunda destrucción, a la que siguió un período de gran prosperidad del reino amorrita, que intensificaron las relaciones con Egipto. Los reyes amorritas de Biblos utilizaron los títulos de los faraones del Imperio Medio; uno de ellos indica que Biblos se encontraba bajo la dependencia económica, política y cultural de Egipto, como lo estuvo a lo largo de su historia. Se conocen las tumbas-hipogeo de cuatro reyes, entre ellas la de lbshemuabi, contemporáneo de Amenofis IV y la de Inten o Yantin, coetáneo de Neferhotep, faraón de la Dinastía XIII. Estas tumbas imitan las mastabas de Egipto. Frecuentemente se depositaba en ellas objetos egipcios, como vasos, balsamarios y cofres. Los sarcófagos son macizos y no están decorados con relieves, como lo está el famoso sarcófago de Ahiram de Biblos, datado en el siglo XIII a.C., con inscripción fechada en el siglo X a.C., decorado con escenas: el rey recibe a su hijo y a una procesión de cuatro portadores de ofrendas, plañideras sobre prótomos de leones y a Ahiram y a su hijo Thobaal sobre la cubierta entre leones. Contemporáneo de las tumbas es un templo en forma de L, de arquitectura muy sencilla y que sigue concepciones típicas semíticas. El recinto sagrado es de planta rectangular. Al segundo milenio pertenece el barrio cananeo próximo al templo, que se conserva en buenas condiciones. En el centro de la ciudad había un gran pozo, muy semejante al de Meggido. Uno de los santuarios más famosos de Biblos es el llamado Templo de los Obeliscos, reconstruido sobre el templo del III milenio. La entrada al recinto sagrado se hacía por el lado este. Se pasaba a través de ella a un patio de planta irregular, rodeado por un muro con tres puertas. Una antecámara de planta rectangular conducía a dos zonas del santuario. Una de ellas era un patio en el que se depositaron 30 estelas con forma de obelisco. Una de ellas estaba dedicada por el rey Abi-Shemu al dios egipcio Herished Re. En el centro del patio había una cella a cielo abierto precedida de una antecella. En el centro de la cella se levantó un gran betilo. Los elementos de culto eran dos pequeños tabernáculos, una piscina y una mesa para las ofrendas. El betilo en el centro del atrio al aire libre se vuelve a encontrar muchos ss. después, en monedas romanas de época imperial que representan el santuario de Biblos. Los fenicios extendieron el betilo por todas las áreas del Mediterráneo sometidas a su influencia. Se les representa generalmente en número de tres por todo el Mediterráneo, como en la estela doble con tríada de betilos coronados por símbolos solares y por la imagen de Tanit datada en los ss. IV-III a.C., hallada en Cartago. Otras estelas sólo llevan esculpido uno, como la de Nora (ss. VI-V a. J.C). La disposición del Templo de los Obeliscos tiene precedentes en el templo de Neouserra, donde también se veneraba un gran betilo, que significa casa de El, beit-El, que era un símbolo solar. Delante del gran betilo del Templo de los Obeliscos se encontraban pequeñas piscinas, destinadas a recibir ofrendas de líquidos. Precisamente en la citada estela de Ugarit, a El se le ofrece una ofrenda de líquidos. Además de las piscinas, dos grandes jarras contenían el agua limpia y el agua usada. En el templo de Biblos son importantes las ofrendas depositadas dentro de jarras. Ya en el templo de la diosa Balaat se hacían ofrendas de joyas, estatuillas votivas y de otros objetos. En el Templo de los Obeliscos las armas de gran tamaño se colocaban en el interior de jarros ovoides de considerables dimensiones, y las estatuillas de bronce en jarros pequeños. Entre las figurillas de bronce destaca un grupo de varones de pie con los brazos caídos a lo largo del cuerpo, con la cabeza cubierta por el bonete cónico o lebbade; estaban recubiertas por láminas de oro. Isaías (30,22), en el siglo VIII a.C., menciona ídolos recubiertos de oro. Una pieza de este tipo apareció en Cádiz, y representa al dios egipcio Ptath (siglo VI a.C.). Estos exvotos egipcios de Biblos son un lejano precedente para los exvotos de época arcaica de los santuarios griegos, latinos, etruscos e iberos, que indican el mismo tipo de religiosidad. Entre ellos cabe recordar algunos, como una estatua del dios Bes con cabeza de león, dios egipcio que introdujeron los fenicios en Occidente, representado por primera vez en las urnas egipcias de alabastro de Sexi (Almuñecar), en torno al 672 a.C., y las estatuillas que representan monos o hipopótamos. Los exvotos más valiosos del Templo de los Obeliscos son los puñales de oro, donde el arte fenicio alcanza cotas más elevadas. Estos puñales van decorados con escenas. Muchos ss. después, en el santuario de Olimpia se ofrecen, como exvoto a Zeus, armas y toda la panoplia del guerrero griego. Los ritos del templo de Biblos son un lejano precedente de este tipo de religiosidad. En la vaina de uno de ellos se esculpieron dos hombres, rodilla en tierra, delante de un rey a caballo. En un mango figura Reshef, dios de la guerra, colocado de pie, con características egipcias, pero con gorro fenicio. A él debió ser consagrado el templo al dios de la guerra de Biblos. Es el dios representado en una estela fechada en el Imperio Nuevo (1552-1069), hoy en el Instituto Oriental de Chicago. Otro panel lo decoraron con dos ciervos afrontados, tema muy del gusto de los artesanos mesopotámicos. De origen mesopotámico son igualmente las hachas semicirculares. A veces las escenas de estos puñales son muy importantes, como las que representan a Gilgamesh y Enkidu, mito que introdujeron en el Occidente los fenicios, esculpido en algunos relieves de Pozo Moro (Albacete). Una segunda pieza representa la ofrenda a una divinidad entronizada. Estas piezas están labradas en oro. El dato artístico más interesante es que las figuras y otros motivos decorativos están contorneadas con granos diminutos. El granulado lo usaron los artesanos fenicios en estos exvotos del Templo de los Obeliscos, fechados en los ss. XIX-XVIII a.C.. Todos estos objetos votivos, en número de más de 1300, han aparecido en la base de mampostería, o dentro de jarras, debajo del suelo del Templo. La invasión hacia 1.750 a.C. de los hicsos, pueblo semita originario del norte de Mesopotamia, arrasó algunos barrios de la ciudad, pero la prosperidad continuó, como lo prueba el hecho de la construcción de una nueva muralla en esta época. Desde el siglo XVI al XIII a.C.. BibIos perteneció al Imperio Egipcio, pero han quedado pocos restos de este período. De esta época se conserva un recuerdo en piedra: la inscripción que cita a Ramsés II (1289-1224). En este período se fecha la tumba II, y en el siglo XIII, o quizás mejor en el X a.C., el citado sarcófago de Ahiram de Biblos. La opinión más extendida es la primera hipótesis, que hace a Ahiram de Biblos contemporáneo de Moisés, aunque es más probable que lo fuera de David, que vivió en torno al año 1000. En este caso sería su sarcófago el precursor inmediato de los artesanos biblitas que, junto con los albañiles de Hirán de Tiro, trabajan en la construcción del Templo de Salomón. Biblos fue arrasado por la invasión de los Pueblos del Mar, gentes que poco antes del gobierno de Ramsés III demolieron en cadena varias ciudades del Mediterráneo oriental, provocando la finalización de la Edad del Bronce en estas regiones hacia el 1200 a.C.. Con motivo de esta invasión se destruyen los palacios micénicos, el Imperio Hitita, Tarso de CiIicia, Ugarit, Chipre y el interior del territorio de Alalakh o Karquemish. En Biblos desaparecieron los últimos edificios con motivo de esta invasión, e incluso se desconocen los nombres de los reyes que gobernaron la ciudad entre los ss. X-VIII a.C.. Eli-BaaI dedicó una estatua del faraón Osorkón I en torno al 950 a.C.. Esta dedicación es una prueba del mantenimiento de unas buenas relaciones con Egipto. A finales de la Edad del Bronce se produce un desarrollo del artesanado en Biblos, aunque está documentado varios ss. antes, ya que con una base agrícola y pastoril, sin grandes márgenes de ganancia, la economía de los centros palatinos de Siria y Palestina se basó en el artesanado, principalmente en las poblaciones de la costa, como Biblos, Tiro, Alepo y Karquemish. Biblos fue un importante mercado de madera a lo largo de su historia, obtenida de los famosos cedros del Líbano. Los testimonios de este mercado son muy antiguos. El rey asirio Tiglat-Pileser I, en su crónica, puntualiza expresamente: "... después me he dirigido al Líbano. He traído y he cortado troncos de cedro para los templos de Anu y Adad, los grandes dioses, mis señores". Hacia el año 1100 a.C., un funcionario del templo de Amón en Karnak, de nombre Wen-Amón, fue enviado a la ciudad de Biblos para comprar madera para construir la barca ceremonial del dios Amón-Ra. El relato proporciona algunos datos interesantes, como que el padre y el abuelo del protagonista habían realizado ya antes estos viajes con el fin de obtener madera. El precio a pagar por la madera eran seis naves egipcias cargadas de mercancías, que desembarcaron en los almacenes reales de Biblos. Estas mercancías consistían en objetos de oro y plata, vestidos de lino reales, lino bueno cosechado en el Alto Egipto, papiro refinado, pieles de vaca, cuerdas, sacos de lentejas y canastas de pescado. El número de troncos desbastados que compró Wen-Amón fue de siete. En época de Salomón (siglo X) se hacía en Israel un gran consumo de cedros del Líbano para el levantamiento del templo y de los palacios. En un relieve de Karnak de tiempos del faraón Seti I, está representado gráficamente el corte de los cedros del Líbano y el transporte por mar sobre barcos fenicios; en otro relieve, de época del rey asirio Sargón II procedente de Khorsabad, se ve que los transportan arrastrándolos por el agua. Las intensas relaciones que siempre mantuvo Egipto con Biblos se explican por la necesidad que aquel tenía de madera para la construcción de objetos sagrados y de edificios. A finales del siglo VI, en tiempos de Darío I, Biblos quedo incorporada al Imperio Persa de los Aqueménidas, cuyo gobierno se caracterizó siempre por conceder una gran libertad a sus súbditos. Durante los años de gobierno persa se transformó el templo de Baalat y la ciudad alcanzó una gran actividad comercial. De la diosa Baalat entronizada y con peinado de lsis-Hathor se conserva una imagen siluetada sobre una estela de Biblos fechada en el siglo IV a.C., que ofrece una ofrenda el rey Yehawmilk. De esta época se conserva también un templo del que se conoce bien la planta y parte del alzado, y una fortaleza datada en el siglo V-IV a.C., de planta rectangular con prótomos de león empotrados en los muros, probablemente de carácter apotropaico. Biblos fue incorporada a su gigantesco imperio por Alejandro Magno, imperio que abarcaba desde el Indo al Danubio, coincidiendo en extensión con el de Darío I. La ciudad fue conquistada poco después de la batalla de lssos (333), cuando el rey macedón se apoderó un año después de Siria y Palestina. Biblos no ofreció ninguna resistencia, como hicieron Tiro y Gaza en el 332. Ahora se convirtió en un centro importante de culto a Adonis, el dios de la vegetación, que con el nombre de Tamuz fue venerado desde hacia ss. en Sumer y Acad. Adonis es el nombre que le dieron los griegos, y con él pasó a Grecia, donde fue muy venerado durante la Guerra del Peloponeso (según el cómico Aristófanes) por los reyes atenienses. Sus rituales, que no eran muy bien vistos en Atenas, los discute Aristófanes en sus obras Lisístrata, y en otra, hoy perdida, que se titulaba Adoniazousai; Menandro, en su comedia La Samia, habló de la popularidad de sus fiestas en Atenas a principios de la época helenística. Adonis recibió culto hasta en el propio Templo de Jerusalén, según el profeta hebreo Ezequiel (8.14), que escribió su obra hacia el 593. Los fenicios trajeron su culto a Hispalis, fundación fenicia, cuyo culto se celebró en época de Diocleciano siguiendo un ritual antiquísimo. Con motivo de la celebración de este culto fueron martirizadas Justa y Rufina en el año 287. El culto a Adonis se introdujo en Biblos en época helenística en el santuario de Baalat, y se extendió mucho, como lo prueban la descripción de las Adonias en Alejandría, que tenían lugar en el mismo palacio de los Ptolomeos, inmortalizadas por el gran poeta bucólico Teócrito de Siracusa a comienzo del helenismo en "Las siracusanas de Adonis" y el canto lúgubre por la muerte del lírico Bión de Siracusa, hacia el año 100 a.C. En época helenística y durante el Imperio Romano el santuario de Baalat se convirtió en un lugar de peregrinación de gran prestigio en todo el Oriente para venerar a Adonis. Los romanos reorganizaron el urbanismo de Biblos. El templo de Baalat se transformó ahora en un doble templo. Dos grandes colosos de tipo egipcio pobremente trabajados custodiaban una de las entradas al recinto sagrado. Se remodeló el puerto y se construyó un pequeño teatro en el siglo III, en una época de decadencia del teatro clásico en todo el Imperio Romano. Bajo el Imperio Bizantino Biblos mantuvo la prosperidad, y fue una diócesis cristiana. Su lenta decadencia fue motivada primero por la invasión sasánida en el siglo VI, y después por la conquista árabe en el siglo siguiente. Los cruzados dominaron Biblos entre los años 1104 y 1266, construyéndose durante esta época una iglesia románica, un castillo y nuevas murallas. Habitantes, giblitas. Hoy, Biblos es una pequeña ciudad llamada Djebeil o Jubayl, Líbano.

Biblus

Biblos (fue una de las ciudades fenicias más importantes durante varios milenios. Biblus romana, llamada por los ….).

Bibra

Río del condado de Cumbria. Hoy, Beckfoot, condado de Cumbria, Inglaterra, Reino Unido.

Bibra

Fuerte romano de Britannia. El único documento geográfico clásico que cita la fortaleza con el nombre de Bribra, es el Anónimo de Rávena, que la sitúa entre Alauna (hoy, Maryport) y Maglona (hoy, Old Carlisle). La fortaleza romana de Bibra formó parte de la línea de fortalezas y torres de vigilancia encadenadas a lo largo de la costa noroccidental de Cumbria, una extensión hacia el oeste de la Muralla de Adriano. Hasta la fecha, sólo una piedra con inscripciones ha sido descubierta en el lugar, y proporciona el nombre de una de sus unidades de guarnición: la Cohors II Pannoniorum. El cementerio militar adjunto a la fortaleza, fue el lugar de varios enterramientos de cremación singulares. La práctica habitual era cremar el cuerpo del difunto en una pira funeraria, después de lo cual se recogían las cenizas siendo colocadas en un vaso funerario, para después enterrarlas en un lugar consagrado. Los entierros aquí son esencialmente de este tipo, excepto que la pira funeraria estuvo situada en una fosa poco profunda que más tarde fue utilizada para albergar la urna de enterramiento. Otros enterramientos de este tipo han sido identificados en Viroconium (Wroxeter, Shropshire). Hoy, Beckfoot, condado de Cumbria, Inglaterra, Reino Unido.

Bibracte

Ciudad gala, capital de los celtas eduos, en la Galia Comata. Allí venció César a los helvéticos al mando de Divico, en el 58 a.C.. La primera mención a Bibracte en la historia, fue hecha por César en sus Comentarios a la Guerra de las Galias, por los hechos del año 58. De nuevo se la cita en el año 52, cuando César se interroga sobre las intenciones de los eduos, tras haber coronado a Vercingétorix como rey de las Galias, en Bibracte. No se la volverá a mencionar. Inscripciones de la época anuncian que la capital de los eduos ha recibido el nombre de Augustodunum "la ciudadela de Augusto"; este nombre dará lugar a la actual Autun, departamento de Saône-et-Loire. A partir del siglo XVI se plantea la cuestión del emplazamiento de Bibracte. Unos la sitúan en Autun: la villa gala en el emplazamiento de la villa galo-romana. Otros en la pendiente del Beuvrect o Bevrect, hoy monte Beuvray.

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