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Página 114 - 1322 Palabras 5651 al 5700 de 66095

Palabra   |   Descripción

Ankuwa

Ciudad del noreste de Hattusá, cerca del país de los gasgas y en una zona poblada por estos. Se hallaba a tres jornadas de camino de Hattusá, la capital del Imperio hitita, cuyos reyes establecieron allí, al final de la Edad del Bronce, su residencia de invierno, y en la que celebraban festivales religiosos. En varias tablillas hititas aparece el nombre de esta ciudad. En varios textos se habla del karum de los mercaderes asirios establecidos en Ankuwa, como los hallados en la ciudad de Kültepe. El rey hitita Urhi-Tesub pasó el invierno después de su segunda campaña, en el tercer año de su reinado, en la que luchó contra los gasgas de Ishupitta, liderados por Pazzanna y Nunnuta, a quien derrotó en esta ciudad, y en Palhwisa, y que finalmente fue capturado en Kammamma. Hoy, el lugar actual que corresponde a la antigua Ankuwa genera cierta controversia. Para algunos sería Alisar Hüyük. Otros proponen Eskiyapar, 10 km al suroeste de Alaca Höyük, ambas en Turquía.

Ankuwash

Ver, Ancira (los asentamientos más antiguos, dentro y alrededor de la ciudad, pertenecen a la civilización de Hatti, los cuales ….).

Ankyronónpolis

Ancyronpolis ((en egipcio antiguo, Hut Benu o Teudyoi, en árabe El Hiba). Nombre griego de la capital del Nomo XVIII del Alto Egipto (Sepet). Formó parte de ….).

Ankyronpolis

Ancyronpolis ((en egipcio antiguo, Hut Benu o Teudyoi, en árabe El Hiba). Nombre griego de la capital del Nomo XVIII del Alto Egipto (Sepet). Formó parte de ….).

Anlamani

(ca.623-593 a.C.). Soberano de la Dinastía I de Napata, hijo y sucesor de Senkamanisken. Su tumba, en Nuri, contiene un sarcófago decorado con escenas y textos en la pura tradición faraónica. Una estela de Kawa relata el viaje del rey por las provincias y la consagración de sus hermanas como tañedoras de sistro ante el dios Amón.

Anmar Yuha'man I

(ss. IV-III a.C.). Uno de los reyes (290-270) de Saba. Hijo de Wahab Shamsam / El Yahiz I. Ver, Reyes de Saba.

Anmar Yuha'man II

(siglo II a.C.). Uno de los reyes de Saba. Hijo de Wahab El Yahiz II. Ver, Reyes de Saba.

Anna

Hermana de Pigmalión y Dido. Siguió a ésta al África. Después de la muerte de Dido, el reino de Cartago había sido invadido por indígenas acaudillados por Yarbas (Ver), y Anna, obligada a huir. Primero halló asilo en la corte del rey de Mélite, isla de la costa africana. Pero Pigmalión, rey de Siria, había ido a pedir al de Mélite la entrega de la fugitiva. Ésta abandonó la isla y, hallándose en alta mar, una tempestad la arrojó a las costas del Lacio. Pero he aquí que a la sazón Eneas reinaba en la ciudad de los Laurentes, y precisamente allí abordó la joven. Eneas se paseaba por la orilla en compañía de su amigo Acates y éste reconoció a Anna. Eneas la acogió con lágrimas, lamentándose por el triste fin de Dido, e instaló a Anna en su palacio. Ello disgustó a Lavinia, esposa de Eneas, que no veía con buenos ojos la presencia de este testigo del pasado de su esposo. Un sueño reveló a Anna la necesidad de precaverse contra los lazos de Lavinia, y, en plena noche, la mujer huyó del palacio. En su errabundeo, encontró al dios del río próximo, Numicio, que fluía por aquellos parajes y la arrastró en su lecho. Entretanto, las gentes de Eneas estaban buscando a la fugitiva. Siguieron sus huellas hasta la margen del río. Allí los pasos cesaban, y como no sabían qué dirección tomar, surgió de las aguas una figura y les reveló que Anna se había convertido en ninfa acuática y que desde entonces se llamaba Perenna, nombre que indicaba su eternidad. Ver, Anna Perenna.

Anna Perenna

Diosa romana antiquísima, venerada en un bosque sagrado situado inmediatamente al norte de Roma, en la Vía Flaminia. Era representada con el aspecto de una anciana. Cuando la secesión de la plebe al Monte Sagrado, y como quiera que las provisiones eran insuficientes, dícese que Anna Perenna elaboraba tortas, que iba a vender todos los días al pueblo, librándolo así del hambre. Ello le habría valido los honores divinos cuando las turbulencias políticas quedaron pacificadas y la plebe se hubo reintegrado a Roma. De "à perennitate cultus" tomó el sobrenombre de Perenna. Ofrecíanla sacrificios los romanos a fin de obtener una vida larga y dichosa, de lo cual se derivaron las palabras "annare" y "perennare". Unos la confundieron con la Luna, otros con Temis o Io, o bien con una de las atlántidas que criaron a Júpiter. Muchos creen ver una ninfa del río Numicio, lo mismo que Anna, hermana de Dido (ver infra). Varrón la cuenta en el número de las divinidades campestres, tales como Palas, Ceres, etc.. Su fiesta se celebraba en los idus de marzo, en las orillas del Tíber, durante la cual entregábanse los pueblos al regocijo. Bebíase en abundancia y se bailaba mientras que algunas jóvenes cantaban versos en los que no se respetaba el pudor, aludiendo a una aventura amorosa que cuenta Ovidio en el tercer libro de los Fastos. Otra tradición, que se desarrolló al mismo tiempo que la novela de Eneas, hacía de esta Anna la hermana de la reina Dido. Después del suicidio de ésta (Ver, Eneas), el reino de Cartago había sido invadido por indígenas acaudillados por Yarbas (Ver), y Anna, obligada a huir. Primero halló asilo en la corte del rey de Mélite, isla de la costa africana. Pero Pigmalión, rey de Siria, había ido a pedir al de Mélite la entrega de la fugitiva. Ésta abandonó la isla y, hallándose en alta mar, una tempestad la arrojó a las costas del Lacio. Pero he aquí que a la sazón Eneas reinaba en la ciudad de los Laurentes, y precisamente allí abordó la joven. Eneas se paseaba por la orilla en compañía de su amigo Acates y éste reconoció a Anna. Eneas la acogió con lágrimas, lamentándose por el triste fin de Dido, e instaló a Anna en su palacio. Ello disgustó a Lavinia, esposa de Eneas, que no veía con buenos ojos la presencia de este testigo del pasado de su esposo. Un sueño reveló a Anna la necesidad de precaverse contra los lazos de Lavinia, y, en plena noche, la mujer huyó del palacio. En su errabundeo, encontró al dios del río próximo, Numicio, que fluía por aquellos parajes y la arrastró en su lecho. Entretanto, las gentes de Eneas estaban buscando a la fugitiva. Siguieron sus huellas hasta la margen del río. Allí los pasos cesaban, y como no sabían qué dirección tomar, surgió de las aguas una figura y les reveló que Anna se había convertido en ninfa acuática y que desde entonces se llamaba Perenna, nombre que indicaba su eternidad. Gozosos, los servidores de Eneas se esparcieron por los campos, pasando la jornada entregados a fiestas y banquetes, costumbre que fue luego perpetuada con la celebración anual de la festividad de Anna Perenna. Ya anciana, Anna fue elegida por Marte mediadora entre él y Minerva. Marte amaba a Minerva, pero la casta diosa se resistía a sus solicitudes. Por eso Marte ideó confiar a la vieja Anna el papel tradicional de "dueña". La mujer, que sabía se le confiaba una misión imposible de cumplir, puesto que Minerva era incorruptible, entretuvo al dios con palabras engañosas, le dio esperanzas y, finalmente, se puso en lugar de Minerva en una cita nocturna con él. Cuando el amante fue introducido en la cámara nupcial, ella levantó el velo que le cubría el rostro y Marte reconoció a la vieja, la cual se burló de él en términos muy picantes. Ello explica, se dice, las canciones obscenas que se cantan en ocasión de la fiesta de Anna.

Annakum

Nombre asirio de un mineral que identificamos con el estaño, indispensable para la fabricación del bronce.

Annales

La literatura historiográfica no hizo irrupción en Roma hasta finales del siglo III a.C.. Sin embargo, antes de esas fechas tenemos noticias de que existió una cierta preocupación pública y privada por consignar por escrito algunos de los hechos más relevantes de la vida de la ciudad y de sus principales familias. Así, el Pontifex Maximus era el encargado de anotar anualmente en las tabulae pontificum una relación de los nombres de los cónsules designados, acompañada por algunas noticias sobre los hechos más relevantes, tales como eclipses, cosechas, carestías, leyes y decretos. Todas estas anotaciones empezaron a ser sistemáticas a partir del año 300 a.C., pero no fueron publicadas hasta el año 120, gracias a la labor del célebre jurista Mucio Escévola, quien preparó una edición oficial de esos datos con el título de Annales Maximi. Además de estos annales, llamados así en atención a su estructura narrativa, que consignaba los hechos reseñables año por año, existían otros tipos de documentos de tipo histórico, como los elogia y las laudationes funebres, que se guardaban generación tras generación en los archivos familiares. Sin embargo, frente a los anales, estos informes familiares incluían una gran cantidad de datos falsos o, cuando menos, exagerados, pues su función no era rescatar la vida de un determinado personaje sino más bien ensalzarlo y adornarlo con los regalos de la fama. De acuerdo con esta tradición, propiamente romana, el poeta Ennio compuso un largo poema épico de naturaleza histórica, en el que se ocupaba de la historia de la ciudad desde sus orígenes hasta su propio tiempo y que tituló Annales. Casi al tiempo en que Ennio componía su poema, Fabio Píctor y Cincio Alimento, ambos senadores romanos, fueron los encargados de escribir las primeras historias de Roma y los que crearon las bases de la llamada historia senatorial o analística antigua. En ellas, se relataba la historia de Roma desde su fundación, en la que se hacía especial hincapié en la leyenda de Eneas y, por tanto, en el origen troyano de la ciudad, hasta los tiempos vividos por el propio autor, lo que les permitía además narrar algo sobre sí mismos y sobre sus contemporáneos. Es curioso comprobar que estas primeras historias de Roma nacieron con el estallido de la Segunda Guerra Púnica, justo en el momento en que Roma comenzaba a tener cierto peso político dentro del Mediterráneo por sus luchas con Cartago y se veía en la obligación de exponer y justificar sus posturas. Antes de esas fechas y con motivo de la Primera Guerra Púnica, habían aparecido algunas historias sobre la ciudad de Roma escrita por autores griegos, como la del siciliano Timeo de Tauromenio, que, por lo demás, mostraban su simpatía hacia los cartagineses. De ese modo, estos primeros historiadores latinos, al escribir sobre su propia patria, prefirieron utilizar el griego como vehículo literario para sus relatos. Este hecho tiene una doble explicación: por un lado, el griego gozaba en aquel tiempo de una difusión mayor que el latín y su uso aseguraba numerosos lectores, con lo que se garantizaba una propaganda política más eficaz (el griego era, en definitiva, la lengua de cultura del mundo civilizado y patrimonio de las clases influyentes); por otro lado, cabe pensar que la prosa latina no estaba tan desarrollada como para servirse de ella con fines literarios. Estas primeras historias de Roma aunaban, de ese modo, dos tradiciones: la tradición romana de los anales en su exposición cronológica y la aquella otra propia de la historiografía helenística, con sus múltiples historias de ciudades; de hecho, si examinamos los escasos fragmentos que nos han quedado de dichas historias y atendemos a la opinión de historiadores posteriores, vemos que estas primeras crónicas de Roma responden totalmente a los gustos y moldes de la historia helenística: se trata, en definitiva, de escritos elaborados conforme a normas retóricas, donde a las leyendas les corresponde un espacio privilegiado, con la inserción de múltiples discursos ficticios y de cualquier tipo de materiales que sirvan para hacer la historia más agradable al público. A todo esto hay que añadir, además, la importante carga política en unos escritos históricos compuestos por miembros del orden senatorial. Además de Fabio Píctor y de Cincio Alimento, también escribieron anales en griego Gayo Acilio y Postumio Albino, el más joven de todos ellos. A finales del siglo II y cuando Roma era ya una verdadera potencia en el Mediterráneo, Catón decidió escribir su historia de Roma en latín; éste, sin rechazar por completo la influencia de la historiografía helenística, se dispuso a mostrar su orgullo patrio y, dejados de lado los intentos de sus predecesores de unir los destinos de Roma y Grecia, hizo hincapié en las relaciones de Roma con los demás pueblos itálicos. Su obra, titulada Origenes, influyó notablemente en los historiadores posteriores, que ya nunca más se sirvieron del griego en sus narraciones. De esta forma, Casio Hemina, Calpurnio Pisón y Gayo Fannio, tras la senda de Catón, iniciaron la reconstrucción sistemática del pasado de Roma en sus anales (ellos conforman lo que se ha denominado analística media o de la época de los Graco). En sus relatos daban cabida no sólo a las leyendas sobre la fundación de la ciudad, sino que en ellos intentaban también adivinar los primeros tiempos de la República y abordaban la narración de la época presente. El último de estos analistas fue Gneo Gelio, quien pudo servirse en su historia de los Annales Maximi, publicados poco antes, con lo que su relato ganó en veracidad. Con él se inicia la analística moderna o posterior a Sila, en la que se observa una mayor preocupación estilística: no sólo es importante ser fiel a la verdad sino que también es preciso atender a la forma externa del relato. Se observa, además, en estos historiadores un deseo de favorecer a determinadas familias o facciones, lo que se explica bien en ese período convulso en que les correspondió vivir, marcado por las luchas entre los grupos de los populares y los optimates. Licinio Macro, Valerio Antias o Quinto Claudio Cuadrigario, son los historiadores más destacados de este período; en especial, Antias y Cuadrigario fueron alabados por la excelencia de su estilo, que, en ocasiones, cuidaban mucho más que la veracidad de los hechos: a este grupo de historiadores le interesaba sobre todo conquistar al público y, para ello, jamás dudaron en servirse de los distintos medios que les brindaba su conocimiento profundo de la retórica. Ellos, en definitiva, fueron quienes acabaron por fijar los límites y los rasgos característicos del género historiográfico de los anales, con su respeto por la tradición documental romana (archivos, documentos y búsqueda de fuentes fidedignas) y su deseo de componer obras con altura literaria, en las que el cuidado de la forma se erige como una condición indispensable. Dentro también de este siglo I a.C. destaca también la obra de Elio Tuberón, muy crítica frente a los excesos de Cuadrigario y Antias. Tuberón pretendió devolver a la historia su carácter más severo. Sin embargo, Tito Livio., respetuoso por completo con las normas del género, dio acogida dentro de su Ab urbe condita tanto a las tendencias inspiradas por Cuadrigario y Antias como a los principios arcaizantes de Tuberón, con lo que, sin abandonar la búsqueda de la verdad sobre el pasado de Roma, consiguió escribir una obra de gran belleza literaria, que influyó en toda la historiografía posterior.

Annales maximi

o Liber annalis. Relación o lista de los magistrados supremos romanos, confeccionada definitivamente en época de Augusto.

Annamatia

o Adnamantia o Anamatia. Fuerte romano de Pannonia Inferior, que formó parte del limes del Danubio. Fue construido sobre un castro celta. La zona ya estaba habitada desde hacía 20.000 años. Cuando se formó la provincia romana de Pannonia, había asentamientos tales como Gorsium, y otros igualmente importantes que fueron renombrados, como Annamatia e Intercisa. Sus dimensiones fueron de 152 x 76 m, suficientes para una unidad de infantería. Entre las unidades de su guarnión estuvieron la Cohors VII Breucorum y la Cohors Thracum Germanicus, entre otras. Se han excavado diversos objetos arqueológicos y variedad de platos y monedas. Hoy, Baracs, condado de Fejér, Hungría.

Annan

Anás ((ss. I a.C.-I). Sumo sacerdote judío, hijo de Seti, que actuó como tal a partir del año 6 ó 7 de nuestra Era, fecha en la que ….).

Annas

Anás ((ss. I a.C.-I). Sumo sacerdote judío, hijo de Seti, que actuó como tal a partir del año 6 ó 7 de nuestra Era, fecha en la que ….).

Anneianum

Población de Etruria, cerca de las fronteras de Umbría y la Galia Cisalpina, en la vertiente meridional de los montes que señalan dichas fronteras, en la orilla izquierda de un afluente del Arno. Se encontraba cerca de la actual Dicomano, provincia de Florencia, región de Toscana.

Anneianum

Población en la antigua provincia romana de Venetia, situada cerca de la frontera de la Galia Cisalpina, en la orilla derecha del río Athesis. Estaba en un ramal que iba de Bononia a Aquileia, continuación de la Vía Emilia. Hoy, Legnago?, provincia de Verona, región del Véneto, Italia.

Anneo

Gens o familia hispano-romana, vinculada en Córdoba, a la que pertenecieron Marco Anneo Séneca, llamado el Retórico; su hijo Lucio Anneo Séneca, conocido por el Filósofo, y su nieto Marco Anneo Lucano.

Annepadda

A'annepadda ((ss. XXVI-XXV a.C.). Rey sumerio de la Dinastía I de Ur, hijo de Mesannepadda. Contemporáneo de Urnanshe de Lagash. De su reinado ….).

Annestum

Nashan (ciudad del sur de Arabia, en el territorio del antiguo reino de Ma'in. La ciudad fue llamada Nestum en el libro de Historia Natural de Plinio el Viejo. Nashan, ubicada cerca ….).

Annibal

Aníbal.

Annibaliano

Flavio Claudio (Flavius Iulius Hannibalianus) (?-338). Sobrino de Constantino el Grande y hermano de Dalmacio. Fue nombrado rey del Ponto, Capadocia y Armenia y se casó con una de las hijas del emperador. Dos años después fue asesinado en Constantinopla en las intrigas que siguieron a la muerte de Constantino.

Anniceris

(siglo IV a.C.). Filósofo griego de Cirene, discípulo de Hegesias, y probablemente contemporáneo de Epicteto. Sucedió a Aristipo fundador de la escuela cirenaica. Modificó, dicen, las doctrinas de su maestro y creó una secta particular que se llamó de los annicerianos.

Annicia

Ver, Ad Angitulam (ciudad del Brucio situada en la desembocadura del río Angitula).

Anniculus

En el mundo romano, niño de un año de edad. Ver, Infancia.

Anno

Anio (río del Lacio con un recorrido de 108 km. Baña a Tívoli y se une al Tíber por su izquierda, al norte de Roma).

Annomeos

Seguidores de Aecio que negaban a Jesús su semejanza de naturaleza e igualdad de poder. Por ello se les llamó "desemejantes". Extendieron su creencia por Oriente durante el siglo IV. También recibieron el nombre de cunonianos por ser el principal propagador de estas ideas un tal Cunonio, obispo de Cícico.

Annón

Hannón.

Annona

o Anona "cosecha anual". Organización del abastecimiento de cereal en Roma, debido al retroceso del cultivo del trigo en Italia a partir del final de la República. El trigo era o bien percibido a título de impuesto en las provincias, o bien requisado y pagado según una tarifa oficial, o bien comprado a negociantes. A partir del Alto Imperio, el trigo así adquirido era transportado por barcos puestos por armadores privados a disposición del Estado. Una vez en Roma, este trigo era en parte vendido a precio de tasa, para "pesar sobre el mercado", en parte distribuído gratuitamente a los indigentes (esto desde el siglo II a.C.). El servicio está dirigido por el prefecto de la anonna, uno de los más altos funcionarios del orden ecuestre, que dispone de corresponsales en la mayor parte de los grandes puertos y en las provincias que suministran los productos necesarios. Estas distribuciones fueron hechas con regularidad y organizadas a partir del Imperio. Pero sólo una quinta parte de la población, aproximadamente, se beneficiaba de este sistema, aunque el número de beneficiarios estaba fijado en dos cientos mil. Ver, Cura annonae.

Annona

Diosa de la abundancia y de los alimentos, en especial el trigo. Se diferencia de la Abundancia en sus atributos que no son tan extensos y en que no preside sino a una estación, según parece ya indicarlo su nombre. Se la representa con espigas de trigo en una mano y la proa de una nave cerca de ella, aludiendo seguramente a algún socorro oportuno que prestaría a Roma en tiempo de carestía.

Annona civica

Abastecimiento de trigo procedente de Egipto y África a la ciudad de Roma, y más tarde a Constantinopla.

Annona militaris

Provisiones proporcionadas por las poblaciones provinciales para el abastecimiento del ejército romano. Originariamente existía esta obligación en excepcionales circunstancias; durante el Bajo Imperio se convirtió en una tasa o impuesto ordinario.

Annona publica

Distribución gratuita de trigo y alimentos a los pobres y necesitados de la ciudad de Roma.

Annu-banini

(siglo XIII a.C.). Rey (ca.1.240) de los lullubi, figurado vencedor en una estela rupestre, tallada en Sar-i-Pul-i-zoab (distrito de Hulwan) en los montes Zagros. La Leyenda del Rey de Kutha, de época paleobabilónica, señala que Annu-banini y sus siete hijos, que habían amenazado a Akkad, acabaron por ser derrotados por el rey Naram-Sîn.

Annwn

El libro de Taliesin contiene un poema, Preiddeu Annwn, en el que se relata el viaje del Rey Arturo a Annwn, el inframundo galés, para llevarse de aquél lugar un caldero mágico entre cuyas propiedades se encontraba la de proporcionar comida en abundancia. En este sentido, Annwn unas veces era definido como un reino subterráneo, regido por los reyes Arawn, o más frecuentemente, Gwynn ap Nudd, y cuya entrada se situaba en el Otero de Glastonbury. Sin embargo, en otras ocasiones, Annwn era descrito como una isla paradisíaca situada al otro lado del Océano, no diferenciándose en este sentido de los mitos irlandeses relativos a las ya citadas islas de Tír na nÓg o Tír na mBeo. Ver, Paraísos celtas.

Año

El año por sí mismo no tiene una línea de demarcación que señale su principio ni su fin; por lo que los griegos le llamaban eniautos, que significa reiteración o retorno de sí mismo, y su jeroglífico era una serpiente mordiéndose la cola o sea un círculo. Otros ponían la palmera por símbolo del año, por la opinión de que cada curso de luna producía un nuevo ramo. Algunos lo representaban también con la figura de un hombre montado en un carro que corría rápidamente y sin estrépito, para manifestar la marcha veloz pero insensible del tiempo. En la pompa de Ptolomeo Filadelfo, rey de Egipto, se figuró el año con un hombre que marchaba con dos silenos: su elevación era de cuatro codos y llevaba una máscara y un ropaje trágico, con un cuerno de la Abundancia de oro en la mano. Los antiguos formaron una deidad de este período de tiempo y le erigieron altares, uno de los cuales se veía en Cádiz. Unos pueblos iniciaban el año por la primavera, otros por el verano o el otoño; pero para los astrónomos era por el mes de marzo cuando el Sol entraba en el signo de Aries. El año para los egipcios fue solar. Su comienzo coincidía con el primer día del nuevo año agrícola (18 ó 19 de nuestro mes de julio) que coincidía con la inundación provocada por el Nilo iniciada en junio. Este año solar fue adoptado por los romanos. El año griego antiguo o más propiamente ateniense se componía primitivamente de doce meses lunares de 30 días. Más tarde, para ajustarlos mejor de acuerdo con el curso de la luna, se les hizo alternativamente de 29 y de 30 días. Así se hizo un año de 354 días, 11 días más corto que el año solar astronómico, de suerte que la división en meses no concordaba con la marcha de las estaciones. Para intentar hacerlas coincidir, a intervalos regulares se propuso intercalar un nuevo mes (el 13) suplementario después de cada doce meses lunares, a semejanza de nuestro día de más del año bisiesto. Pero entonces el año lunar se encontró demasiado alargado. Para remediarlo, a partir del siglo V a.C. se introdujo el sistema de que cinco años sobre ocho eran de 354 días y tres (el 3º, el 5º y el 8º) años intercalados con el mes nº 13 (384 días) y así coincidieron casi con la marcha de nuestro año solar. El año civil de los romanos fue establecido por Rómulo, perfeccionado por Numa y alterado por los pontífices encargados de ponerlo en concordancia con el Sol. Reformado por César el 45 a.C. fue adoptado por la Iglesia y reformado por el Papa Gregorio XIII en el siglo XVI, tal como ha llegado hasta la actualidad. Según la tradición, Numa trasladó su comienzo del 1 de marzo al 1 de enero, terminando César por adoptar esta última fecha. Para los musulmanes ortodoxos el año lunar se regula por la fecha del aniversario del nacimiento de Mahoma (571) y entre los xiítas por el mes de duelo o muharram.

Año grande

En astrología es el período durante el que toda la bóveda celeste gira, recorriendo cada astro su órbita, hasta recuperar la posición de partida. Se trata, pues, del año cósmico, cuya duración se asimila, según algunos astrólogos, a la vida de cada Ave Fénix. La cuestión interesó a los eruditos antiguos.

Anobrega

Localidad prehispana de origen celta. Hoy, Ponte da Barca, distrito de Viana do Castelo, Portugal.

Anobret

Ninfa, otra de las mujeres de Crono, madre de Yeud.

Ánodos

Literalmente, "subida". Significa la aparición de una divinidad.

Anomalía

Ver, Analogía (términos clave de la polémica en torno a si el orden y la regularidad proporcional eran los elementos dominantes en la lengua griega y por ….).

Anomeos

Tras el Concilio de Nicea, reinando el emperador Constancio II, el cristianismo se dividió entre defensores de la ortodoxia católica, y arrianos, escindidos en tres grupos: los más radicales (anomeos), que creían en la diferencia de sustancia, los homeos, para quienes el Hijo era semejante por la voluntad y las obras al Padre, y los arrianos moderados, más próximos a la fórmula niceana, que aceptaban sólo una semejanza de sustancia entre el Padre y el Hijo (homusianos). El credo que Constancio logró hacer sancionar en el Concilio de Constantinopla (360), postulaba la similitud no sustancial entre el Padre y el Hijo.

Anona

Annona ("cosecha anual". Organización del abastecimiento de cereal en Roma, debido al retroceso del cultivo del trigo en ….).

Anónimo

Gigante que habiendo querido violar a Juno, auxiliado de Peripnoo, fue muerto por Hércules.

Anónimo de Rávena

o Ravennatis Anonymi Cosmographia o Cosmografía de Ravenna. Texto compilación de un cosmógrafo cristiano, hecho en el siglo VII (aproximadamente sobre el año 670), manejando documentación de siglos anteriores (siglo III o siglo IV), con muchas corrupciones y variantes introducidas luego por los sucesivos copistas medievales, en el que se describen itinerarios romanos. Se trata más que de una cosmographia, como el mismo autor la llama, de un catálogo nominal de tipo cosmográfico que abarca todo el mundo conocido hasta aquel entonces. Posteriormente la obra fue dividida por los primeros editores en cinco libros. )o( Libro I: Conceptos geográficos y descripción de la tierra, donde explica que toda la extensión de la misma está rodeada por océanos y es iluminada completamente y al mismo tiempo por el sol, ya que la concibe como una superficie totalmente plana. )o( Libro II: Descripción de Asia )o( Libro III: Descripción de África )o( Libro IV: Descripción de Europa )o( Libro V: Descripción del Mediterráneo, con una relación de islas en los distintos mares y en el océano. )o( El Anónimo de Rávena constituye una valiosa fuente escrita a tener en cuenta para el estudio de las calzadas romanas. No obstante no proporciona las distancias entre una mansión y otra, limitándose solamente a consignar el nombre de éstas y las líneas de ruta, listando alrededor de 5.300 referencias, entre ellas unos 300 ríos, siendo el resto ciudades. Sólo en el Libro V ofrece algunos datos de distancias y sólo algunas de las ciudades se enumeran por provincias, aunque de un modo bastante desordenado e irregular. Añade al Itinerario de Antonino nuevos nombres de ciudades o "mansiones" (lugares con posada) nacidas posteriormente y seguramente tuvo la misma fuente de inspiración que la Tabula Peutingeriana, aunque a veces el Anónimo de Rávena incluye datos más completos que la Tabula. Ver, Tabula Peutingeriana, Itinerario de Antonino, Vasos Apolinares, Artemidoro (Mapa de), Itinerario de barro, Corpus Inscriptionum Latinarum.

Anonymus Valesianus

Obra posterior al año 300, que sirve de fuente histórica. El título se refiere a dos obras distintas, debidas ambas a autor desconocido, el Anonymus Valesianus Prior, que trata la vida de Constantino y el Anonymus Valesianus Posterior, que trata la historia de Italia bajo Odoacro y Teodorico.

Anopea

Monte al este del curso medio del río Asopo. De 700 m de altura, es la estribación occidental del monte Calidromo. Hoy, en Grecia.

Anópoli

Ciudad de la isla de Creta, fundada por los pelasgos. Phoinikous fue su puerto (hoy, Loutros). Formó parte de la Liga de Creta. La ciudad firmó el decreto de alianza de treinta ciudades de Creta con Eumenes II de Pérgamo. Acuñó su propia moneda, ya que era independiente y libre. Al igual que otras ciudades de la isla, fue conquistada por los romanos en el 67 a.C., permaneciendo en el Imperio romano hasta el año 395. La ciudad floreció especialmente en época romana y bizantina, aunque ya estaba habitada antes. Se conservan partes de las murallas ciclópeas y ruinas de las cisternas que formaban parte de las instalaciones de suministro de agua a la ciudad. Hoy, cerca de Anópoli, municipio de Sfakia, prefectura de Chania.

Anópolis

Ciudad griega de Creta, situada en la parte sur de la isla. Esteban de Bizancio señala que Anópolis era otro nombre de la ciudad llamada Araden, por lo cual ambos topónimos podrían identificar a la misma polis o también podría ser debido a una cierta confusion debido a la proximidad de las dos ciudades. Tanto Anópolis como Araden aparecen en la lista de teorodocos de Delfos. También se documenta Anópolis en un decreto de proxenía de Lappa del siglo II a.C.. Anópolis es mencionada en la lista de las ciudades cretenses que firmaron una alianza con Eumenes II de Pérgamo en el año 183 a.C.. No debe confundirse con otra población llamada Anópoli en el norte de Creta. Hoy, Anópolis, al norte de Loutro, municipio de Sfakia, unidad periférica de La Canea, Creta, Grecia.

Anosch-Ben-Scheith

Sumo pontífice de los hombres, según una tradición fabulosa de los árabes. Fue el primero que estableció un tribunal para administrar justicia, para hacer limosnas públicas a los pobres y el que institucionalizó la palmera en Arabia. Dicen los orientales que vivió 965 años. Es verosímil que los árabes designen bajo el nombre de este pontífice a Enos, hijo de Seth y nieto de Adán.

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