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Página 1003 - 1322 Palabras 50101 al 50150 de 66095

Palabra   |   Descripción

Permesidas

Sobrenombre de las Musas como habitantes en las riberas de Permeso.

Permeso

Pequeño río de Beocia que tiene su nacimiento en el monte Helicón. Pausanias le da el nombre de Termeso. Hoy, en Grecia. )o( MITOLOGÍA.- Por nacer en el monte Helicón, fue considerado como consagrado a Apolo y las Musas. Éste río es célebre entre los poetas.

PERNIK

Lugar de una fortaleza tracia fundada en el siglo IV a.C., y más tarde sitiada por los romanos. Hoy, Pernik, provincia de Pernik, 40 km al sudeste de Sofía, Bulgaria.

Pero

Calzado con suela herrada, confeccionado con cuero, atándose sobre la pierna. Muy utilizado en Roma. Ver, Vestido, calzado y complementos.

Pero

Pero es hija de Neleo y Cloris. Célebre por su sabiduría y extraordinaria belleza, fue pedida muchas veces en matrimonio por los príncipes vecinos, pero Neleo, que no quería separarse de ella, exigió como dote los rebaños de Ificlo. Gracias a Melampo, su hermano Biante, que por su padre era primo carnal de Pero, pudo satisfacer esta condición y casarse con la joven. De Biante y Pero nacieron varios hijos: Perialces, Areo y Laódoco, Tálao, padre de Adrasto, y Alfesibea. Más tarde, Pero fue abandonada por Biante, cuando éste casó con una de las hijas de Preto, rey de Argos.

Peroa

Hija del río Asopo. Dio su nombre al río Peroa en Beocia.

Peronticus

Ciudad en la costa occidental del Mar Negro. Fue un antiguo asentamiento tracio, probablemente ocupado en el siglo VI a.C.. Fue colonizada probablemente por griegos alrededor del 430 a.C.. Los romanos la renombraron Peronticus, mientras que los bizantinos la llamaron Agatopolis por Agathon, el líder que la reconstruyó tras ser saqueada por los bárbaros. La ciudad aun conserva las restos de una fortaleza y una fuente antigua. Hoy, Ahtopol, provincia de Burgas, al sur de Bulgaria y cerca de la frontera con Turquía.

Peroz

(siglo V). Rey sasánida. La situación del Imperio sasánida se deterioró con el reinado de Peroz (459-484). Además de catástrofes naturales, Peroz tuvo que afrontar la derrota de sus ejércitos ante los heftalitas y el hecho de ser capturado él mismo, por lo que hubo de pagar un inmenso rescate, dejar a su hijo como rehén y solicitar apoyo a los romanos-bizantinos. Recuperado, trató de nuevo de dominar a los heftalitas, quienes en 484 volvieron a salir victoriosos e incluso acabaron con su vida.

Peroz I

(la forma moderna es Firoz o Firouz) (siglo V). Decimoctavo rey (shah) del Imperio sasánida, de 459 a 484. Era el hijo de Yazdegerd II (ca.438-457). Peroz se apoderó del trono de su hermano mayor Hormisdas III, cuyo reinado duró apenas dos años, con la ayuda de los heftalitas, llamados también hunos blancos, que habían invadido Bactriana. A continuación mató a la mayor parte de su familia y empezó a perseguir a las sectas cristianas. Sin embargo, permitió la difusión del nestorianismo, una rama del cristianismo diferente a la del Imperio bizantino. Peroz I trató de mantener la paz con el Imperio bizantino y consiguió su objetivo. Por otra parte, intentó detener a los heftalitas que habían empezado a conquistar el este del Irán. Los romanos le apoyaron para defender el Cáucaso, pero todas estas guerras obtuvieron un resultado desastroso. Sofocó con éxito una rebelión en la Albania caucásica en el oeste, y puso fin a los kidaritas en el este. Los heftalitas habían ayudado a Peroz a expulsar a los kideritas de Transoxiana, pero al cabo de algún tiempo le traicionaron, y se apoderaron de Balkh, dando lugar a la primera guerra con los sasánidas. Durante esta guerra, Peroz sufrió una grave derrota en 469, siendo capturado. Pudo ser liberado mediante el pago de un rescate, al que contribuyó el Imperio bizantino prestando dinero. Una nueva contienda estalló en el norte, provocada por la actitud insultante del rey heftalita Khushnavaz. Peroz le atacó, junto con su vasallo Vakhtang I, forzándole a la retirada, pero cuando le persiguió a las montañas sufrió una nueva derrota. Peroz fue capturado y obligado a entregar a su hijo, Kavad como rehén, hasta el pago de un nuevo rescate. Una vez que Kavad fue liberado, Peroz I, rompió su tratado con los heftalitas y les atacó con un gran ejército. Ocupó Balkh y rehusó las ofertas de paz de Khushnavaz. Sin embargo, éste envió una pequeña fuerza para engañar a Peroz, quien cayó en una emboscada. Su ejército fue derrotado en la Batalla de Herat, en el desierto oriental y fue disuelto en 484. En la batalla, Peroz resultó muerto. Los heftalitas invadieron y saquearon Persia durante dos años, hasta que un noble persa, procedente de una antigua familia de Karen Zarmihr (o Sokhra), restableció el orden y ayudó a Valash (484-488), uno de los hermanos de Peroz I, a subir al trono.

Perpenna Veyento

Marco (Marcus Perperna Veiento) (ss. II-I a.C.). Probable hijo de Marco Perpenna, Lucio Cornelio. Fue un político y militar romano, líder de los populares y amigo de Cayo Mario. Cinna lo nombró censor para encargarse de distribuir a los itálicos a los que se concedió la ciudadanía romana tras la Guerra Social dentro de las 35 tribus. Pretor y gobernador de Sicilia, en 82 a.C., fue expulsado por Pompeyo Magno, Proscrito por Sila, vivió oculto durante la dictadura de éste, probablemente en Liguria. Volvió a la vida política tras la muerte de Sila, en 78 a.C., coincidendo con el nombramiento como cónsul de Marco Emilio Lépido, del que fue mano derecha. Tras la derrota y muerte de Lépido, Perpenna reunió a sus partidarios y su tesoro y pasó a Hispania para luchar contra Metelo Pío, al parecer manteniéndose al margen de Sertorio, que hacía lo propio con considerable éxito. Sin embargo, sus soldados no confiaban en él y cuando Pompeyo cruzó los Pirineos le exigieron que se uniera a Sertorio, a lo cual tuvo que avenirse so pena de ser entregado a Pompeyo. Perpenna, que vio en todo el asunto una humillación personal, se convirtió en lugarteniente de Sertorio, aunque no parece que destacara en la lucha contra los silanos. Llevado por su ambición, en 72 a.C. participó en una conjura de diez oficiales contra Sertorio, que fue asesinado durante un banquete en su capital, Osca. Perpenna asumió el mando supremo del ejército, como sucesor de Sertorio, pero las tribus iberas aliadas lo abandonaron. Al carecer del talento militar de su predecesor, el mismo año fue derrotado en combate por Cneo Pompeyo Magno, hecho prisionero y muerto junto a sus cómplices. Para salvar la vida trató de ofrecer a Pompeyo la correspondencia y los papeles de Sertorio, que implicaban en sus manejos a importantes personajes públicos. Pompeyo los aceptó, pero prefirió quemarlos, para evitar repetir las proscripciones silanas, y ordenó ejecutar a Perpenna.

Perperena

Lugar de Frigia donde se dice que Paris juzgó la contienda que tenían las diosas.

Perperene

Colonia griega de Eólida. Estrabón la sitúa fuera del golfo Adramiteno, paado el promontorio de Pirra, en el interior, cerca de unas minas de cobre y no lejos de Cistene y de Trario. Plinio el Viejo también la cita entre las ciudades de Eólida. Según la Suda, es el lugar donde murió Helánico de Lesbos. Se conservan monedas de bronce de Perperene fechadas en el siglo IV a.C.. Hoy, se sugiere que debió localizarse en unos restos situados al norte de Asagibey, Turquía.

Perperna

Marco (Marcus Perperna) (siglo II a.C.). Se dice de él que llegó a cónsul antes de ser ciudadano romano, puesto que Valerio Máximo dice que su padre fue condenado por la lex Papia después de la muerte de su hijo, acusado de haber usurpado los derechos de la ciudadanía romana sin justo título. Nombrado pretor ca.135 a.C., condujo la campaña contra los esclavos de Sicilia durante la Primera Guerra Servil (135-132 a.C.), recibiendo el honor de una ovación. En 130 a.C. fue nombrado cónsul y enviado a Anatolia para sofocar el alzamiento de Aristónico, el cual había vencido el año anterior al cónsul Craso Muciano, Publio Licinio. Perperna venció en el premier enfrentamiento, persiguiéndole y poniendo asedio a la ciudad de Estratonicea, donde se había refugiado. La ciudad se rindió por hambre, y Aristónico se vio forzado al suicidio, pero Perperna no pudo disfrutar del triunfo al que se había hecho acreedor, pues murió al año siguiente cerca de Pérgamo, cuando regresaba a Roma.

Perperna

Marco (Marcus Perperna) (ca.148-49 a.C.). Hijo de Perperna, Marco, el cónsul del 130. En el 92 formó parte del tribunal que juzgó el proceso de Mario Gratidiano. Fue cónsul en el 92 con Cayo Claudio Pulcher y censor en el 86 con Filipo, Lucio Marcio; estos inscribieron a los primeros itálicos como ciudadanos romanos. Aunque Perperna vivió en una época turbulenta, no jugó una papel importante en los conflictos que se sucedieron en Roma. Marco Perperna fue juez (Judex) en el juicio de Cayo Aculeo, y también en el de Quinto Roscio, al que defendió Cicerón. En el 54 a.C. Perperna formó parte del grupo de consulares que testificaron en el juicio de Marco Emilio Escauro. Perperna vivió hasta una edad muy avanzada, sobrevivió a todos los senadores que formaban ese cuerpo cuando el era cónsul, cuando murió a la edad de noventa y nueve años sólo quedaban siete senadores que habían entrado en el Senado durante su censorado.. El censorado de Perperna es mencionado por Marco Tulio Cicerón, y Cornelio Nepote habla sobre Perperna como censor.

Perpetua

(santa) (181-206). Mártir de Cartago. Fiesta el 6 de Marzo.

Perpetua y Felicidad

(siglo III). Jóvenes madres que formaron parte de cinco catecúmenos. Defendieron la prisión hasta el fin de sus vidas (la corona del martirio), en Cartago, durante la persecución de Septimio Severo hacia el año 202. Fueron encarceladas: Perpetua tenía un niño de pecho y se lo quitaron de los brazos, pero por medio de sobornos lograron los cristianos devolver el hijo a su madre. Felicidad dio a luz prematuramente en la cárcel. Se conserva una narración de dicho martirio, elaborada en parte por los mismos mártires y en parte por un escritor de la época: ..¿Véis este vaso?, sugiere Perpetua. ¿Puede dársele otro nombre que el de vaso? Yo tampoco puedo decir sino que soy cristiana… Felicidad y Perpetua, a instancias del amor de Dios, pudieron resistir al que las perseguía y superar los suplicios de la muerte. Junto con otros cristianos, fueron llevadas al anfiteatro donde murieron después de sufrir múltiples tormentos. El martirio se celebra el 7 de marzo.

Perrebea

Perrebia (región situada al nordeste de Tesalia, entre el Peneo y el monte Olimpo, limítrofe con el sur de Macedonia. Al sudeste ….).

Perrebia

o Perrebea. Región situada al nordeste de Tesalia, entre el Peneo y el monte Olimpo, limítrofe con el sur de Macedonia. Al sudeste y sudoeste lindaba con los distritos tesalios (tetrades) de Histiótide y Pelasgiótide. Sus habitantes, que vivían cerca del monte Olimpo y del valle del Tempe se apoderaron de Histiótide. El río Titaresios, afluente del Peneo, regaba su territorio. Según Estrabón mantuvieron constantes pugnas con los mitológicos lapitas, que consiguieron expulsarlos de Perrebia y se fueron a vivir a los montes de Atamania y el Pindo. Los perrebos eran miembros independientes de la Liga Anfictiónica. Son descritos como una etnia por Heródoto, quienes, según Tucídides, estarían sujetos a los tesalios al menos desde el siglo V a.C.. Un pasaje de Aristóteles alude a una antigua guerra entre perrebos y tesalios, que se ha supuesto que terminó con el sometimiento por las armas. Sin embargo, los perrebos no fueron absorbidos por los tesalios, dada su pertenencia a la Anfictionía délfica, y porque Heródoto los menciona separados de los tesalios entre los pueblos que medizaron ante los persas. Las polis perrebas rendían culto conjuntamente en Oloosón. En una inscripción de 338-337 a.C. se menciona su unión a la Liga de Corinto, como entidad separada. En 375-374 a.C., el tagós beocio Jasón de Feras, mediante fuerza y negociación, se hizo con algunas ciudades perrebas. Algunas de sus polis eran Cifo, Elona, Falana, Gono y Oloosón. Ver, Medismo. )o( MITOLOGÍA.- Patria común de lapitas y centauros.

Perrebios

Perrebos (pueblo de Tesalia, al sur del monte Olimpo y al norte del río Peneo).

Perrebos

o Perrebios. Pueblo de Tesalia, al sur del monte Olimpo y al norte del río Peneo.

Perro

Este animal estaba consagrado a Mercurio, como el más vigilante y astuto de los dioses. La carne de los perritos se consideraba tan pura que se ofrecía a los dioses en sacrificio y, según dice Plinio, se servía de la misma en los manjares preparados para los dioses. Los perros eran muy honrados en Egipto, pero su veneración disminuyó mucho porque habiendo Cambises matado a Apis y arrojado su cuerpo a un muladar, de todos los animales, sólo el perro se aprovechó de su cadáver. En Roma se guardaba un perro en el templo de Esculapio. Los romanos sacrificaban uno todos los años, en castigo de que los perros no les avisaron con sus ladridos, de la llegada de los galos. Había un país en Etiopía, dice Elio, cuyos habitantes tenían por rey un perro, y tomaban sus halagos y ladridos por señales de su benevolencia o de su cólera. Alrededor del templo consagrado a Vulcano sobre el monte Etna, había perros sagrados, dice también Elio que halagaban con la cola a los que se acercaban con modestia y devoción al templo y al bosque, pero mordian y devoraban a aquellos cuyas manos no eran puras, y arrojaba a los hombres y a las mujeres que iban allí por alguna cita. Un perro con la cabeza vuelta hacia la cadena, era entre los egipcios el símbolo ordinario de la obediencia. Los filósofos cínicos tenían un perro por atributo. Ver, Acteón, Adonis, Anubis, Otoño, Canícula, Cerbero, Diana, Envidia, Erigona, Fidelidad, Desvergüenza, Lelaps, Mercurio, Procris, Teutrante, Tiro, Ulises. Los partos o guebros tenían una especie de veneración por los perros. Uno de los libros de su ley les mandaba ser caritativos con estos animales, y dice que es una acción muy benemérita el dar a un perro un pedazo de pan; y la razón que da es que no hay nadie más pobre que este animal. Tavernier refiere que, cuando un guebro se encontraba en la agonía, se tomaba un perro y se aplicaba su boca sobre la del moribundo, a fin de que recibiera su alma con su último suspiro. El perro servía también para conocer el estado del alma del difunto. "Antes de llevar el cuerpo al lugar de su sepulcro, dice Ovington. se pone en tierra; uno de los amigos pasea la campiña y visita las villas vecinas para buscar un perro. Cuando lo ha encontrado, lo atrae por medio del pan, y lo conduce lo más cerca posible del cadáver. Cuanto más se acerca el perro, tanto más se presume que se acerca el difunto a su felicidad. Si llega a subir sobre él y a arrancarle de la boca un pedazo de pan que al intento se le pone, es un señal seguro de que es verdaderamente feliz. Mas el alejarse el perro es un presagio funesto, y que hace desesperar de la felicidad del muerto".

Persa

Lengua. El persa pertenece al grupo iranio de las lenguas indoiranias, subclase dentro de la familia indoeuropea. Su nombre deriva de Parsa, la provincia en la que se originó la dinastía Sasánida en el año 224. También se conoce a esta variante lingüística como farsi, forma arabizada de "Parsa" y en Afganistán, como dari. El persa es una de las lenguas más antiguas del mundo; ya en el siglo VI a.C. constituía un idioma estándar de gran prestigio. Representaba la variante conocida como persa antiguo, lengua del poderoso Imperio Persa, que llegó a extenderse desde el Mediterráneo hasta la India. Para su transcripción empleaba caracteres cuneiformes, aunque en el siglo II a.C. los persas crearon su propio alfabeto, llamado pahlavi, que sirvió como medio de escritura del persa medio hasta la conquista islámica en el año 642. Desde ese momento, el persa pasó a emplear el alfabeto árabe.

Persa

Arte. Es el arte que se desarrolla en el imperio persa. En él pueden distinguirse dos grandes momentos: el de la dominación de los medos (650-560 a.C.), de escasas manifestaciones artísticas, y el aqueménida, desde el año 560 a.C., con los reinados de Ciro II, Cambises, Darío I y Jerjes, hasta el año 330 a.C. con Darío III. Posteriormente, ya en la Era cristiana y después de la helenización de Persia, el mundo iraní alcanza otra era esplendorosa, de gran influencia para el arte romano, bizantino y árabe, con los sasánidas (226-640). )o()o( Arquitectura persa )o( Los persas han dejado exclusivamente palacios y tumbas. No era un pueblo que celebrase ritos litúrgicos en templos sino al aire libre. Los palacios persas, del que son modelos los de Pasargadas, construido por Ciro, y el de Persépolis, levantado por Darío y Jerjes, están edificados en terrazas sobre basamentos de piedra y escaleras que conducen a la gran entrada. Sus materiales son el ladrillo y la piedra,fundiendo formas egipcias y mesopotámicas sobre todo en la composición de las puertas adinteladas que están rematadas como los pílonos egipcios, con una gola. Entre las dependencias de estos palacios hay que destacar los grandes salones de recepciones llamadas apadanas, cuya cubierta debió de descansar sobre elevadas columnas con una capitel, formado por una doble fila de volutas que sostienen dos medios cuerpos de toros arrodillados sobre los que descansaba el entablamento. En relación a las tumbas hay dos tipos: la Tumba de Ciro, en las ruinas de Pasargadas, constituida por un edículo de piedra con cubierta a dos aguas, relacionada con el arte funerario del Asia Menor, y la Tumba de Darío I, en las ruinas de Persépolis, excavada en la roca, que presenta una monumental fachada como los hipogeos egipcios. )o()o( Escultura Persa )o( En su escultura son manifiestas las influencias asirias, no en la temática guerrera de aquellos, sino en su técnica detallista y rítmica, con un gusto muy cercano al mundo clásico. Destacan los frisos de arqueros de los accesos al palacio de Persépolis y los desfiles de personajes que ofrecen al rey sus presentes, cuyos temas se repiten incansablemente. Estos relieves se ejecutan unas veces en piedra decorando los basamentos del palacio, y otras veces, las más, se hacen con ladrillos esmaltados con vivos colores, como es el caso del más famoso friso de Los Inmortales del palacio de Susa.

Persa

Imperio (siglo VII a.C.- siglo VII). Se extendía por el actual territorio asiático entre el golfo Pérsico y el mar Caspio, correspondiente a los límites del actual Irán. Desde el asentamiento de las primeras tribus iranias en el siglo XV a.C. hasta su anexión al Islam, la civilización persa escribió una de las páginas más brillantes de la historia de Asia Menor. Entre los siglos VII a.C. y VII se conoció el florecimiento de uno de los mayores poderes del Mundo Antiguo: el Imperio Persa. Las dos tribus arias más importantes que se asentaron en la llanura irania fueron los medos y los persas. El primer gran caudillo militar de los medos fue Aquemenes, que durante el primer tercio del siglo VII a.C. contribuyó a resquebrajar el imperio asirio y funda el linaje de los Aqueménidas. El siguiente soberano medo que conocemos es Ciaxares, el cual fue responsable directo de la caída del imperio asirio y puso las bases del poderío medo en Asia Menor. En el 612 a.C. los medos, en alianza con los caldeos, destruyeron Nínive, la capital del imperio asirio. A la muerte de Ciaxares (585 a.C.), el imperio medo quedó convertido en el mayor poder existente en Asia Menor. Si la fundación del Imperio medo había señalado el inicio de una nueva etapa en la historia del Próximo Oriente, en la que los indoeuropeos empezaron a jugar un papel preponderante, la posterior fundación del Imperio Persa por Ciro II, estaba destinada a cambiar totalmente el mapa del mismo, al unificar por primera vez y de manera total, la región que había sido cuna de las más antiguas civilizaciones. )o()o( El imperio aqueménida. De Ciro el Grande a Artajerjes )o( El sucesor de Ciaxares fue Astiages (585-550 a.C.). Se conformó con firmar acuerdos con príncipes de otras tribus persas. Uno de ellos era Cambises, de la familia de los Aqueménidas que, tras el gran Aquemenes, había pasado a estar sometida por los medos. Cambises contrajo matrimonio con la hija de Astiages, la princesa Mandine. El hijo de ambos, en el que confluían los linajes Medo y Aqueménida, fue Ciro II el Grande, el gran conquistador. En el año 549, Ciro II se levantó contra el gobierno de los medos. La expansión del Imperio persa con Ciro fue enorme: en el año 547 derrotó a Creso, el rey de Lidia. Posteriormente el reino babilónico fue su objetivo. Derrotó al monarca caldeo, Nabónido, en el 539. Ciro el Grande halló la muerte (530), luchando contra los masagetas, tribu asentada en el Mar de Aral. Le sucede su hijo Cambises II. Derrotó a los masagetas en el 529. Emprendió la conquista de Egipto: con la ayuda de Polícrates, tirano de Samos, Cambises II derrocó (525) al último faraón de la Dinastía XXVI, Psamético III, llevando el dominio persa hasta el corazón de Nubia, en el nacimiento del Nilo. Tras finalizar las luchas internas (521), salió coronado emperador un miembro de una rama colateral de los Aqueménidas: Darío el Grande. Se enfrentó a una revuelta de las colonias griegas asentadas en Jonia (Asia Menor), que vivían como feudatarios del imperio persa. Al recibir éstos ayuda militar procedente de la Grecia continental, Darío el Grande lanzó contra los helenos una campaña de castigo: en el año 490 los persas fueron derrotados en la famosa batalla de Maratón. Darío falleció dos años más tarde (488). Fue sucedido por su hijo Jerjes I, que, de manera más inteligente que su padre, intentó invadir Grecia por el mar. Pero, de nuevo, fue derrotado en la batalla de Salamina (480) y al año siguiente (479) en Platea y Micale. Su hijo y sucesor, Artajerjes I, abandonó la política expansionista de su padre. Su imperio se resquebrajaba y a la revuelta de los egipcios (hostigados, financiados y alentados por los griegos) siguió la de gran parte de las circunscripciones territoriales de su imperio. Así pues, en el año 446, el imperio persa daba muestras de agotamiento interno, llegando al final de su apogeo como poder mediterráneo. )o()o( Organización del Imperio )o( Gran parte de la organización del Imperio ha sido atribuida tradicionalmente a las reformas efectuadas por Darío el Grande, aproximadamente entre los años 518 y 514.. Para facilitar el control del imperio, Darío estableció la división de sus posesiones en unas circunscripciones territoriales llamadas satrapías, de las que, en tiempos de la reorganización llevada a cabo por dicho monarca, se han podido contabilizar hasta 25 (algunas ya existían anteriormente). Estas satrapías, estaban al cargo de un gobernador (sátrapa), ayudado por los servicios de un comandante del ejército imperial que tenía el mando de las tropas acantonadas en la satrapía correspondiente. Los sátrapas tenían como principal cometido hacerse cargo de la recaudación de tributos que pasarían posteriormente a las arcas reales. Es importante hablar de la unidad religiosa del imperio. Pese a que existen aún muchas lagunas acerca de su origen (y aún si realmente hubo unidad de culto), lo cierto es que la religión persa, el zoroastrismo, estaba basada en las enseñanzas de Zaratustra o Zoroastro, un profeta que vivió probablemente entre finales del siglo VII o principios del VI a.C.. )o()o( Persia desde Alejandro Magno hasta el Islam )o( El Imperio persa en el siglo V a.C. estaba denostado por culpa de las luchas internas. El soberano persa Darío III nada pudo hacer ante la imponente maquinaria bélica dirigida por Alejandro Magno, que anexionó todo el Imperio a sus dominios en el 330. Alejandro mantuvo persas entre sus tropas. Es por ello que, a su muerte (323 a.C.), se entabló una dura lucha entre sus generales persas por el control del territorio. Tras varios años de conflictos militares, uno de sus generales, Seleuco, fue coronado como rey de Babilonia, dominando además todo el este del antiguo imperio (desde Siria y Asia Menor hasta el valle del Indo). Seleuco I es la primera cabeza de un linaje, los Seléucidas, que gobernaron el Imperio hasta el siglo II a.C.. En este siglo un belicoso pueblo estepario, los partos, se establecieron en los dominios persas y sometieron a los Seléucidas, estableciendo una aristocracia militar minoritaria que gobernó durante casi cuatro ss.. Existen muy pocos datos históricos acerca de la dominación de los partos sobre Persia, tan sólo sabemos con verosimilitud la fecha de su finalización. En el año 225 de nuestra era, el rey persa (feudatario de los partos) Ardachir I derrotó a éstos en la batalla de Ormuz y pasó a la conquista de Armenia y de los territorios fronterizos con el Indo. Ardachir I fue el fundador de una nueva dinastía, los Sasánidas, que gobernaron el imperio hasta la llegada del Islam. Los sasánidas tuvieron que luchar contra el Imperio romano. Los reinados del hijo de Ardachir, Sapor I (240-282), y de su nieto, Narsés I (283-309), estuvieron marcados por las luchas contra el Imperio. Durante el longevo reinado de Sapor II (309-379) los sasánidas lograron recuperar gran parte de sus antiguas posesiones, que fueron definitivamente perdidas en las primeras décadas del siglo V, cuando Yadgard I fue derrotado. En el reinado de Yadgard I (399-420) y en el de su hijo y sucesor, Baram V (420-436), los conflictos del Imperio persa sasánida estuvieron derivados de la adopción del cristianismo por buena parte de la población persa. Durante el reinado de Firutz II (¿-489), una acepción heterodoxa del cristianismo católico, el nestorianismo,se convirtió en la religión oficial del imperio sasánida. Pese a ello, aún tenemos un brillante emperador sasánida que logró contener la amenaza bizantina y restaurar el zoroastrismo como religión oficial: Cosroes I (531-579). Sostuvo con éxito varias luchas contra los basileus orientales, declarando la guerra a Justiniano I en el año 540 y extendiendo sus límites hasta Etiopía en el año 570. A su vez, llevó a cabo una amplia reforma política y religiosa, con lo que consiguió sacar a su pueblo de la mediocridad reinante en el siglo VI de nuestra era. Durante el reinado de Yadgard III (631-640), la nación árabe invadió el imperio, destruyó sus bases económicas y sometió a toda la población a la religión de Mahoma, poniendo fin a más de un milenio de poderío persa.

Persa

Religión. Heródoto describe detenidamente la religión de los antiguos persas. No tenían, dice, ni estatuas, ni templos, ni altares, porque no creían que el origen de los dioses fuese humano. Se trasladaban a las montañas más altas para tributar los sacrificios a Júpiter cuyo nombre daban a toda la redondez del cielo. Tributaban también en honor del Sol, la Luna, la Tierra, del Fuego, el Agua y los Vientos, que eran los únicos dioses que conocían. De esta relación de Heródoto se deduce que el objeto del culto antiguo de los persas era el universo y todas sus partes. Posteriormente, continúa Heródoto, aprendieron de los asirios y los árabes a sacrificar a Urania y a Venus celestial. Los persas hacen los sacrificios del modo siguiente: no erigen altares, ni encienden fuego, ni usan de libaciones, ni hay tocadores de flauta, ni coronas; pero el que practica el sacrificio conduce a la víctima a un lugar puro y limpio, e invoca el dios a quien quiere tributar el sacrificio, llevando su tiara coronada de mirto. Está expresamente prohibido al sacrificador rogar particularmente por sí, sino que debe hacerlo para el bien de toda la nación. Luego que ha hecho cocer las carnes de la víctima, cortadas en muchos pedazos, la coloca sobre un montón de hierba, que ha preparado al efecto. Enseguida un mago entona la teogonía, que es una especie de canto religioso, y concluidas estas ceremonias el sacrificador se lleva la víctima y hace de ella el uso que quiere Estrabón, que copia a Heródoto, y añade algunas circunstancias. Según él, los persas en sus sacrificios no destinan nada para los dioses, diciendo que Dios no quiere más que el alma de la víctima. Tributan particularmente sacrificios al agua y al fuego, ponen en este último madera seca, sin corteza, bañada de gordura y de aceite y la encienden sin soplar, valiéndose tan sólo del viento de un pequeño abanico; pues el que llegase a soplar, o arrojar cadáveres o cieno en el fuego sería castigado inmediatamente con pena de muerte. El sacrificio del agua se practica del modo siguiente: se trasladan a los bordes de un lago, de un río, o cerca de una fuente, hacen un hoyo y degüellan en él la víctima, procurando no ensangrentar el agua, pues esta circunstancia la haría inmunda. Luego colocan las carnes sobre ramos de mirto y de laurel; los magos dan fuego a estas ramas con pequeños palitos, y se esparcen sus libaciones de aceite mezclado con leche y miel, no sobre el fuego ni el agua, sino sobre la tierra. Hecho esto practican sus encantos teniendo un manojo de vergas en la mano. Ver, Fuego, Mitras, Sol, Costumbres de los persas.

Persas

Personas naturales del antiguo reino asiático de Persia. En singular, lengua hablada por estos.

Persas

Cuando tenemos las primeras noticias históricas sobre este pueblo las crónicas asirias sitúan a los persas al este, en el camino hacia el país de Namri y como vecinos de los "Meissi" hacia mediados del siglo IX a.C. En efecto, Salmanasar III realizó varias campañas contra "Parsua", sin duda Persia, en 843, 835 y 828, ésta última dirigida ya por su "turtanu" Dayyan-Assur. Según la crónica asiria, en este caso una inscripcíón del Obelisco Negro, en la segunda de estas campañas el rey asirio recibió tributo de los 27 "reyes" de Parsua, por lo que es evidente que el país no estaba unificado políticamente. Por entonces los persas son ya vecinos de los medos y ambos pueblos están situados al oeste y sureste. del Lago Urmia, respectivamente. A comienzos del siglo VIII, sin embargo, los persas descendieron por los valles de los Zagros y se establecieron al norte de Elam, en un territorio denominado "Parsumash", probablemente en recuerdo del hábitat originario. Sin embargo, el país caería pronto bajo el dominio del reino medo, creado por Dejoces a comienzos del siglo siguiente, cuando los persas eran dirigidos por Aquemenes, de quien se reclamaron descendientes los primeros soberanos persas, también llamados "Aqueménidas". El hijo de éste, Teispes, logró ampliar sus dominios a costa de los territorios vecinos, por lo que a su muerte (ca. 640 a.C.) pudo dividir el "reino" entre sus dos hijos. El país de "Parsumash" correspondió a Ciro I (640-600), quien consiguió a duras penas mantener su independencia frente a los medos. La otra parte del "reino", en cambio, cayó en manos de Ciaxares, hijo de Fraortes y nieto, por tanto, de Dejoces. Las buenas relaciones iniciales entre medos y persas aconsejaron a Ciaxares ceder el gobierno del territorio anexionado al nuevo soberano persa, Cambises, hijo y sucesor de Ciro I, en calidad de "vasallo" de los medos. Este para reforzar su posición se casó con una hija de Astiages, hijo y sucesor de Ciaxares, de cuya unión nació el que habría de ser Ciro II "el Grande", fundador del Imperio persa. Ciro sucedió a su padre en 559 a.C. Una sublevación del ejército medo en 550 puso a Astiages en manos de Ciro, quien no dudó en saquear la capital meda de Hammadan (la Ecbatana de los griegos) y proclamarse rey de medos y persas. De hecho, Ciro se convertía así en soberano de un vasto imperio, cuyos territorios abarcaban desde India hasta las costas de Asia Menor, pero era preciso garantizarse el reconocimiento de los estados intermedios. Con el apoyo de un poderoso ejército y un eficaz sistema administrativo en el control de los inmensos recursos acumulados, en menos de medio siglo la hegemonía persa fue reconocida en todo el mundo próximo-oriental, incluido Egipto, e incluso entre los pueblos del arco nororiental europeo. Ciro II tomó Babilonia en 539 y penetró en India ca.528. Tres años después su hijo y sucesor Cambises II conquistó Egipto, mientras que en 513, Darío I controlaba ya la región del Mar Negro, Tracia y parte de Macedonia, en la preparación de un ataque contra los griegos. El Imperio persa alcanzaba así una extensión sin precedentes. Constituye sin duda el mayor exponente del ciclo imperialista del Próximo Oriente antiguo y fue el primer imperio con vocación universalista, que dos ss. después caería frente al ejército greco-macedonio, pero que serviría de "modelo" al imperio de Alejandro Magno. No obstante, el mantenimiento de un imperio de estas características planteaba problemas administrativos y económicos de no fácil solución. Los primeros intentaron paliarse durante algún tiempo mediante la implantación del sistema de "satrapías" o gobiernos regionales encargados a personas de absoluta confianza del rey y, con frecuencia, a miembros de la familia real. Como elementos de descentralización administrativa, las satrapías, en número que osciló entre 20 y 27, se correspondían sensu lato con las unidades políticas existentes antes de la dominación persa. Cada satrapía era también una unidad de reclutamiento militar, dado que el sátrapa estaba obligado a proporcionar contingentes locales para contribuir a la defensa del Imperio. A su vez la actuación de los sátrapas era vigilada por una nutrida red de funcionarios reales que informaban "en palacio" acerca de su gobierno así como de las razones de descontento detectadas entre los "provinciales". Sin embargo, pronto las conspiraciones contra la corona se hicieron frecuentes y, sobre todo, los sátrapas más alejados del poder central buscaron el apoyo de sus vecinos, e incluso de los enemigos de los persas, para lograr mayor grado de autonomía en sus respectivas circunscripciones. Por otro lado, los problemas económicos de un imperio tan extenso se ligaban tanto a la forma de explotación de los recursos existentes como a la puesta en práctica de un sistema fiscal que sirviera para financiar las necesidades de defensa y mantenimiento del imperio. Para ello se hizo depender éste de la estructura administrativa; cada satrapía era considerada como una unidad contributiva y sólo el "pueblo persa", propiamente dicho, quedó exento de tributo. Pero la realidad regional era tan diversa, con pueblos y estados en diversos estadios de desarrollo, con economías tan dispares y con medios tan diferentes que resultaba muy dificil, por no decir imposible, "crear" un solo espacio económico entre el Egeo y el Indo, desde el Mar Caspio al Mar Rojo y el Golfo Pérsico. Aunque tal unidad econó-mica todavía no existió, algunos indicadores permiten pensar que los persas se adelantaron varios ss. a la organización económica característica de las monarquías helenísticas. En este sentido, se configuró ya un nuevo régimen de propiedad y explotación de la tierra. La posesion de ésta pasó de manos privadas a ser propiedad de los funcionarios de la corona, que la explotaban en régimen de arrendamiento mediante productores autóctonos, generalmente libres o dependientes, pero también esclavos, cuyo número aumentó considerablemente con los prisioneros de guerra. Por su parte, la familia real se reservaba la parte más importante de la propiedad de la tierra que, de hecho, pertenecía al rey por derecho de conquista. Pero es indudable que el patrimonio real se reforzó con las propiedades institucionales (dependientes del "palacio" o del "templo") de los estados dominados. Esta distribución restringida de la propiedad generó notorias diferencias sociales a dos niveles: uno, entre el "pueblo persa" y el resto de los pueblos y estados del imperio; otro, entre el grupo de funcionarios o privilegiados y el resto de la población libre. Pero unos y otros privilegiados no representaban más que unos 500.000 frente a una población próxima a los 50 millones de habitantes. Otro sector desigualmente desarrollado fue el del comercio. Las relaciones de intercambio oscilaron entre el trueque o la "economía natural" y las transacciones comerciales efectuadas sobre la base de los valores monetarios. De todos modos, las regiones por las que atravesaban las grandes rutas comerciales que unían el Medio Oriente con el Mediterráneo y, en particular, las de la periferia del imperio, desarrollaron una intensa actividad comercial, que contrastaba con las regiones del interior. Por ello el comercio a larga distancia se agilizó al suprimirse los controles que tradicionalmente imponían sobre éste los estados intermediarios. El propio Darío I llegó a abrir un canal entre el Nilo y el Mar Rojo a fin de facilitar las comunicaciones entre Egipto y la India por vía marítima. Finalmente, este mismo rey fue el artífice de un sistema monetario que pretendía unificar las relaciones económicas existentes en el imperio. Consistió en la acuñación del "dárico" de oro (una pieza de unos 8,4 grs. de peso) como moneda oficial, en torno a la cual se estipulaban los valores de las restantes unidades en circulación, sobre todo "siclos" de plata (de unos 5,6 grs.), con un valor aproximado de 1:20 respecto al "dárico", siendo la relación entre los metales-patrones de 1:13 1/3 aproximadamente. Los impuestos eran satisfechos en monedas de oro, pero el Estado tesaurizaba gran parte de dichos fondos e impedía de este modo una mayor circulación monetaria. En realidad, la difusión de la moneda en el Próximo Oriente no se lograría hasta dos siglos más tarde, gracias a las conquistas de Alejandro. Ver, Costumbres de los persas.

Perse

Perse, cuyo nombre alterna con el de Perseis, es hija de Océano y Tetis y esposa del Sol. De este dios tuvo varios hijos: Eetes, rey de Cólquide, Perses, Circe y Pasífae.

Perse

Hijo de Crío y de Euribia. Según Hesíodo, fue el padre de Hécate, a la que había tenido con Asteria. Para la leyenda, Perse habría conseguido robar una buena parte del tesoro de Delfos.

Perse

Hijo de Andrómeda.

Persea

Nombre que los griegos daban al árbol "iched", en cuyos frutos el dios Thot grababa el nombre del rey para que prosperase. Se duda entre la identificación con el "balanites aegyptiaca" y el "mimusops schimperi". Los fieles llevaban ramas de perseas en las procesiones de año nuevo y había bosquecillos de estos árboles sagrados en todo Egipto.

Persefesa

"reina del inframundo". Sobrenombre de Afrodita.

Perséfone

o Core o Persefonea. Es la diosa de los Infiernos, y la compañera de Hades. Es hija de Zeus y Deméter, por lo menos según la versión más corriente. Pero una tradición la presenta como hija de Zeus y Éstige, la ninfa del río infernal. La leyenda principal de Perséfone se refiere a su rapto por Hades, su tío (puesto que era hermano de Zeus). Hades se enamoró de la joven y la robó mientras ella cogía flores con unas ninfas en el llano de Enna, en Sicilia (es el lugar que comúnmente se admite, aunque también se sitúa en Ática, Tracia, Creta, en una selva cerca de Mégara, a orillas del río Aleso, en Jonia, en los pantanos de Lerna, en el río Quimera o cerca de Hipona, ciudad de Sicilia junto a Nisa). Este rapto se realizó con la complicidad de Zeus y en ausencia de Deméter. En este momento se sitúan los viajes de Deméter a través de Grecia, en busca de su hija. Al fin, Zeus mandó a Hades que restituyese a Perséfone a su madre, pero ello no era ya posible, ya que la joven había quebrantado el ayuno mientras se hallaba en los Infiernos. Por inadvertencia, o tal vez tentada por Hades, se había comido un grano de granada, lo cual bastaba para encadenarla para siempre al Infierno. Para mitigar su pena, Zeus dispuso que distribuyese el tiempo entre el mundo subterráneo y el terrestre. La proporción varía según los autores: según unos, permanece en la tierra sólo un tercio del año; según otros, la mitad. Eso explica el ciclo de la naturaleza renovada pues, con los primeros brotes de la primavera, la diosa sube con su madre y, en su alegría, Deméter extiende la primavera y ofrece los frutos del verano; sin embargo, al iniciarse el otoño, regresa con su marido al mundo subterráneo, y la tierra queda en la estéril estación del invierno. Perséfone desempeña un papel como esposa de Hades en la leyenda de Heracles, en la de Orfeo y en la de Teseo y Pirítoo. También se decía que se había enamorado del bello Adonis, quien, a su vez, hubo de repartir su tiempo entre la Tierra y los Infiernos. Perséfone figura, junto con Deméter, en los misterios de Eleusis. En Roma se la identificó con Prosérpina. Ver, Ascálafo, Deméter. )o()o( Adonis )o( Afrodita, encolerizada con Mirra o Esmirna, provocó el deseo de ésta por su padre. La muchacha logró consumar su unión mediante un engaño, pero, apercibido el padre, la persiguió para matarla. En su huida, la adolescente pidió la protección de los dioses y éstos la transformaron en el árbol de la mirra. Sin embargo, a los diez meses, la corteza del árbol se desprendió y un precioso niño salió de él, Adonis. Ante la belleza del bebé, Afrodita decidió hacerse cargo de él y se lo dio a Perséfone para que lo cuidara, pero, cuando la diosa del amor fue a reclamárselo, Perséfone, que se había encariñado con el muchacho, se negó. Zeus puso fin a la discusión estableciendo que pasara una parte del año con Afrodita, otra con Perséfone y una tercera donde al muchacho le plugiera. No obstante, el joven pasaba dos partes del año con Afrodita y una con Perséfone. Tiempo después, sin que se den datos de los motivos, el adolescente provocó la cólera de Ártemis y ésta hizo que, en una cacería, un jabalí lo hiriera de muerte. (Sobre las variantes de este mito, ver Adonis). )o()o( Teseo y Pirítoo )o( Teseo y Pirítoo, orgullosos de sus orígenes divinos, decidieron casarse sólo con hijas de Zeus. Eligieron a Helena y Perséfone, respectivamente. Primero capturaron a Helena y después fueron a por la diosa de los Infiernos. Hades, enterado de sus intenciones, fingió no saber nada y les invitó a comer pero, cuando los héroes quisieron levantarse, no pudieron. Estuvieron encadenados a la silla hasta que Heracles bajó al Tártaro para llevarse a Cerbero. Cuando los vio, se compadeció de ellos y quiso liberarlos. A Teseo lo sustrajo sin problemas pero, en el momento que intentaba hacer lo mismo con Pirítoo, la tierra tembló y Heracles interpretó la voluntad divina de que este último permaneciera en su silla. Según otra tradición, fue la propia Perséfone la que dio permiso al héroe para soltar a Teseo y se negó, en cambio, a que Pirítoo fue soltado. )o()o( Heracles )o( Cuando Heracles bajó a los Infiernos, protagonizó otra hazaña en la que la diosa participó. El héroe, apiadado de los muertos, sacrificó algunos animales de los rebaños de Hades ya que, mediante libaciones sangrientas, podían recuperar algo de vida. Menetes, guardián de la manada, trató de impedírselo, mas Heracles le rompió varias costillas y no lo mató porque Perséfone intervino. )o()o( Orfeo )o( Cuando Orfeo perdió a su esposa Eurídice, quedó desconsolado. Así decidió bajar a los Infiernos en su busca. Una vez allí, empezó a cantar en tono tan dulce que paró todos los castigos del Infierno y conmovió a Hades y Perséfone. Éstos decidieron devolverle a la que tanto amaba, a condición de que no se volviese a mirarla hasta que no hubiera salido, pero su amor y preocupación por ella pudo más que la advertencia y Orfeo se dio la vuelta. En ese momento la sombra de Perséfone se desvaneció para adentrarse en el Hades para siempre. Aunque Orfeo intentó entrar de nuevo en los Infiernos, esta vez Caronte no quiso cruzarle.

Perséfone

Hija de Minia.

Persefonea

Perséfone (es la diosa de los Infiernos, y la compañera de Hades. Es hija de Zeus y Deméter, por lo menos según la versión más corriente. Pero una ….).

Perseida

o Perseis. Ciudad de Peonia en la antigua Macedonia. Durante la segunda guerra con Roma, la región macedonia alrededor de Stobi, estuvo a menudo preocupada por la incursión de los dárdanos. Según Tito Livio, en 183 a.C. Filipo V decidió fundar una ciudad en Deuriopus, cerca del río Erigón, no lejos de la antigua ciudad de Stobi. Ordenó que se diera el nombre de Perseida a la nueva ciudad, para honrar a Perseo, su hijo mayor. Es muy probable que Bryanium como ciudad ya existente y de importancia estratégica se renombrara como Perseida, ya que la ciudad necesitaba ser reconstruida y mejor fortificada. Sin embargo, Perseida al poco tiempo fue renombrada como Deuriopus. Hoy, La ubicación de la ciudad no se conoce, pero Tito Livio dijo que estaba cerca de Stobi, República de Macedonia. Ver, DRENOVO, Deuriopus.

Perseidas

En la mitología griega, descendientes de Perseo.

Perseide

Patronímico de Hécate, como hija de Perses.

Perseis

Perseida (ciudad de Peonia en la antigua Macedonia. Durante la segunda guerra con Roma, la región macedonia alrededor de Stobi, estuvo a ….).

Perséis

Hécate. Hija de Perses, hijo del Sol o del titán Perseo.

Perseis

Una de las hijas de Océano y Tetis. Con Helio tuvo a Circe, Eetes, Pasífae y Perses. Ver, Perse.

Perseo

o Perses (Perseus) (ss. III-II a.C.). Último rey independiente de Macedonia (179-168). Perseo era el primogénito de los dos hijos de Filipo V y accedió al trono a la edad de treinta y tres años. Colaborador de su padre desde muy joven, ya en el 200 acaudilló una expedición contra los pelagonios y otra en el 189 contra los dólopes y anfilocos, fundando el rey en su honor la ciudad de Persis (183). Perseo recogió la idea del imperialismo antigónida, representada por Filipo, frente a su hermano menor Demetrio, también aspirante al trono y con simpatías hacia los romanos, por lo que continuamente intrigó contra él hasta lograr que Filipo le condenara a muerte (181). Aun así, Perseo luchó contra los etolios dentro de la alianza de su padre con Roma y renovó el tratado tras su ascensión. Perseo fortaleció el poder y la influencia de su reino mediante matrimonios dinásticos: tomó como esposa a Laódice, la hija de Seleuco IV, y casó a su hermana con Prusias II de Bitinia. Siguiendo la política paterna, se esforzó en reafirmar el prestigio de Macedonia en Grecia. Sus métodos conciliadores y abiertos le granjearon popularidad y simpatías. La profunda crisis socio-económica que sacudía a Grecia, ofreció a Perseo un vasto campo de acción como representante de las reivindicaciones de los débiles contra las clases detentadoras del poder. El hecho de que estas fuesen filorromanas, terminó por convertirle, aun contra su voluntad, en representante de la creciente opinión antirromana. Perseo se ganó la amistad de Beocia y de Rodas y conquistó Dolopia, en Tesalia. Intervino en conflictos en Etolia y Tesalia y visitó Delfos con una fuerza armada, restableciendo el liderazgo de Macedonia en el Consejo de Estados, con sede en Delfos. En el interior decretó una amnistía general y en el norte, zona de tradicional expansión macedónica, extendió su influencia en Tracia, Dardania e Iliria. La enérgica política de Perseo evolucionó a expensas de Pérgamo, cuyo rey, Eumenes II, se quejó en el 172 a Roma, presentando una larga serie de absurdos cargos, que el Senado estaba dispuesto a creer. Con estos pretextos Roma le declaró la guerra en el 171, con la evidente determinación de eliminar Macedonia. Perseo se reunió el invierno siguiente con Q. Marcio Filipo, que le engañó haciéndole creer que Roma no le atacaría sin concederle tiempo para negociar. De todas formas, Perseo hizo frente al inminente conflicto, la Tercera Guerra Macedónica, y venció en una escaramuza fronteriza en el 171. Perseo tuvo que combatir en tres frentes, contra los romanos, contra Eumenes en Tracia y contra los dardanios, y aunque perdió a importantes aliados griegos, los primeros años de guerra le fueron en general favorables. Intentó infructuosamente obtener apoyos en Grecia. Su único aliado, Gentio, un rey ilirio, se derrumbó ante los romanos tan pronto como estos atacaron desde el oeste, y Perseo se enfrentó al cónsul Paulo, Lucio Emilio, hijo del cónsul de igual nombre caído en Cannas, en Pidna, en el golfo Termaico, en junio del 168. Tras ser derrotado, Perseo quemó sus archivos y huyó a Samotracia, donde fue capturado. Desfiló en el triunfo de Emilio Paulo y murió dos años más tarde en su confinamiento en Alba Fucens. Ver, Tercera guerra macedónica, Pidna.

Perseo

Perseo es un héroe de origen argivo, que figura entre los antepasados directos de Heracles. Su padre es Zeus, y por su madre Dánae desciende de Linceo e Hipermestra; por consiguiente, de Dánao y Egipto (Ver, Linceo). Acrisio, abuelo de Perseo, había preguntado al oráculo cómo podría tener hijos; el dios le respondió que su hija Dánae tendría uno, y que sería el causante de su muerte. Acrisio, asustado, quiso impedir el cumplimiento del vaticinio y construyó una cámara subterránea de bronce, en la que recluyó a Dánae. Sin embargo, pese a todas sus precauciones, Dánae dio a luz un niño. Unos pretenden que el padre era Preto, hermano de Acrisio, y que de aquí surgió la riña que se produjo entre los dos hermanos. Lo más corriente es afirmar que el seductor fue el propio Zeus, que, transformado en lluvia de oro, penetró por una grieta del techo y obtuvo el amor de la joven. Con gran frecuencia se invocaba esta versión del mito para simbolizar la omnipotencia del dinero sobre los corazones y para abrir las puertas más sólidamente cerradas. Dánae, que estaba recluida en su prisión con su nodriza, pudo dar a luz en secreto y criar al niño durante varios meses. Pero un día el pequeño, jugando, profirió un grito, y Acrisio lo oyó. No queriendo creer que su hija hubiese sido seducida por Zeus, comenzó por dar muerte a la nodriza como cómplice y decidió arrojar al mar a su hija y su nieto, encerrados en un cofre de madera. El cofre flotó a la ventura, y, finalmente, fue arrojado a la costa de la isla de Sérifos. Los náufragos fueron recogidos por un pescador llamado Dictis, hermano, según se dice, del tirano de la isla, Polidectes. Dictis los acogió en su casa y educó al niño, que no tardó en convertirse en un adolescente de extraordinaria belleza y gran valor. Sin embargo, el rey Polidectes se había enamorado de Dánae, pero no podía satisfacer su pasión porque Perseo velaba por su madre y el rey no se atrevía a emplear la violencia. Un día Polidectes invitó a un banquete a todos sus amigos, e invitó también a Perseo. En el curso de la comida preguntó qué regalo pensaban ofrecerle. Todos convinieron en que el obsequio más apropiado para un rey era un caballo. Por su parte, Perseo respondió que, si era preciso, le traería la cabeza de la Gorgona. Al dia siguiente, todos los principes trajeron el caballo ofrecido, excepto Perseo, que se presentó con las manos vacías. Entonces Polidectes le ordenó que fuese en busca de la cabeza de la Gorgona, sin lo cual se apoderaría de Dánae por la fuerza. Según otra versión, Polidectes destinaba estos regalos a Hipodamía, hija de Enómao, con la que quería casarse. En esta dificultad, Hermes y Atenea acudieron en ayuda de Perseo y le proporcionaron los medios de cumplir su imprudente promesa. Siguiendo su consejo, el joven fue primero al encuentro de las hijas de Forcis, Enio, Pefredo y Dino (Ver, Forcis), las tres Grayas (Ver), que tenían, entre las tres, un solo ojo y un solo diente. Perseo se apoderó de este ojo y este diente y se negó a devolvérselos mientras no le indicasen el camino que debía conducirle a la mansión de las "Ninfas". Éstas llevaban sandalias aladas y un zurrón llamado kibisis, así como el casco de Hades, el cual tenía la virtud de volver invisible a quien se lo ponía. Las Ninfas le entregaron todos estos objetos, mientras Hermes lo armaba con una hoz de acero muy duro y cortante. Perseo se dirigió entonces a la mansión de las Gorgonas, Esteno, Euríale y Medusa, y las encontró dormidas. Sólo Medusa era mortal, por lo cual Perseo podía esperar apoderarse de su cabeza. Las Gorgonas eran monstruos, cuyo cuello se hallaba protegido por escamas de dragón y colmillos semejantes a los de los jabalíes. Sus manos eran de bronce y poseían alas de oro, con las que volaban. Además, su mirada era tan poderosa, que transformaba en piedra a cuantos miraba. Por todos estos motivos resultaban seres muy temibles y no era posible vencerlas sin la protección de los dioses. Perseo se elevó en el aire gracias a sus sandalias, y, mientras Atenea sostenía encima de Medusa un escudo de bronce bruñido a modo de espejo, él decapitó al monstruo. Del cuello cercenado de Medusa surgieron un caballo alado, Pegaso, y un gigante, Crisaor. Luego Perseo guardóse la cabeza en el zurrón y emprendió el regreso. Las dos hermanas de la víctima lo persiguieron, pero fue inútil, ya que el casco de Hades les impedía verle. En su camino de regreso, Perseo pasó por Etiopía, donde encontró a Andrómeda. Estaba atada a una roca, expiando unas palabras imprudentes que había proferido su madre Casiopea. Al ver a la hermosa joven en tal peligro, Perseo sintió nacer un súbito amor por ella y prometió a Cefeo, el padre de Andrómeda, que libertaría a su hija si se la daba por esposa. Esta proposición fue aceptada, y Perseo, gracias a las armas mágicas qúe poseía, pudo matar fácilmente al monstruo marino que iba a devorar a Andrómeda, y condujo a la doncella al lado de sus padres. Pero el matrimonio presentó dificultades. Andrómeda tenía un tío, Fineo, que debía casarse con ella. Este Fineo, irritado por la proyectada boda de la joven con Perseo, urdió un complot contra el héroe. Pero Perseo lo descubrió a tiempo y, mostrando la cabeza de la Gorgona a Cefeo y sus cómplices, los transformó en estatuas de piedra. Acompañado de Andrómeda, Perseo regresó a Sérifos. Allí la situación había experimentado un cambio, debido a una acción violenta de Polidectes, quien, durante su ausencia, quiso apoderarse de Dánae por la fuerza. Dictis y Dánae se habían refugiado junto a los altares, lugar tenido por asilo inviolable. A su llegada, Perseo se vengó de Polidectes. Penetró en la sala donde el tirano se hallaba reunido con sus amigos, y los convirtió a todos en estatuas de piedra. Luego entregó el poder sobre la isla de Sérifos a su padre adoptivo Dictis y devolvió a Hermes las sandalias, el zurrón y el casco de Hades. Hermes los restituyó a las Ninfas, sus legítimas propietarias, mientras Atenea colocaba la cabeza de Medusa en el centro de su escudo. Perseo abandonó después la isla de Sérifos junto con Andrómeda para dirigirse a Argos, su patria. Quería volver a ver a su abuelo Acrisio. Pero éste, al enterarse de las intenciones del héroe y temiendo el cumplimiento del oráculo según el cual había de morir a manos de un hijo de Dánae, huyó al país de los pelasgos. Allí, el rey de Larisa, Teutámides, había organizado juegos en honor de su difunto padre, y Perseo se presentó a participar en ellos. Acrisio asistía también como espectador. Y he aquí que Perseo, al lanzar el disco, dio con él a Acrisio en el pie y lo mató. Lleno de dolor al conocer la identidad de la víctima, le tributó honras fúnebres y ordenó enterrarlo en las afueras de la ciudad de Larisa. No atreviéndose a ir a Argos para reclamar el trono de aquel a quien acababa de matar, cambió Argos por Tirinto, donde reinaba su primo Megapentes, hijo de Preto. De este modo, Megapentes pasó a ocupar el trono de Argos, y Perseo, el de Tirinto. Se le atribuyen las fortificaciones de Midea y de Micenas. Una leyenda oscura de Perseo lo oponía a Dioniso. Según ella, se habría opuesto victoriosamente a la introducción del culto dionisíaco en Argos e incluso, durante una lucha contra el dios, lo habría ahogado en el lago de Lerna. En este momento, Dioniso habría terminado su vida terrestre y habría ocupado su lugar en el Olimpo, reconciliado con Hera. En el mismo combate, Perseo habría dado muerte a Ariadna. Otra versión presenta a Ariadna como la única víctima de Perseo. El héroe se habría reconciliado después con Dioniso por mediación de Hermes. Los mitógrafos de la época romana contaban que Perseo y Dánae, arrojados al mar por Acrisio, no habían abordado en Sérifos, sino en las costas del Lacio. Unos pescadores los habían cogido en sus redes y llevado al rey Pilumno. Éste casó con Dánae, y con ella fundó la ciudad de Ardea. Turno, rey de los rútulos, sería un descendiente de este matrimonio. También se decía que Dánae tuvo de Fineo dos hijos: Argo y Argeo, con los cuales pasó a Italia, estableciéndose en el emplazamiento de la futura Roma. Argo habría sido muerto por los Aborígenes, los salvajes indígenas que habitaban en las colinas de Roma, y el lugar de su muerte recibió por ello el nombre de Argileto (de dos palabras que significan la muerte de Argo, Argi-letum). Su estatua de bronce en Florencia es de Benvenuto Cellini. Ver, Aïdós.

Perseo

Rey de Tróade. Ver, Acamante, hijo de Teseo y Fedra.

Perseo

Uno de los hijos de Néstor, rey de Pilos, y de Anaxibia.

Perseo

Río célebre de Tesalia. Hoy, Abata, Grecia.

Perseo

(ca.306-243 a.C.). Filósofo estoico de Citio (Chipre), hijo de Demetrio. Perseo fue alumno de Zenón, el fundador del estoicismo, quien lo educó en su casa de Atenas. Lo envió en el 277 a la corte del rey Antígono Gonatas en Pela (Macedonia) para enseñar filosofía. Perseo adquirió mucha importancia y enseñó al hijo del rey, Halcioneo. Escribió sobre una gran variedad de temas, como, por ejemplo, Monarquía, El sistema político espartano, Diálogos o una crítica a la obra de Platón, Las leyes. Su obra se ha perdido. Defendió el estoicismo ortodoxo contra algunos que se desviaban, como Herilo y Aristón. En el 244 se le dio el mando del Acrocorinto, la fortaleza de Corinto, pero al año siguiente fue expulsado por Arato de Sición, y él, avergonzado, se suicidó.

Persépolis

Nombre griego de Parsa, ciudad de la antigua Persia y una de las capitales del imperio persa aqueménida, cuyos vestigios se hallan a 48 km al noreste de la ciudad iraní de Shiraz o Chiraz, en la llanura de Murgab. Se cree que la ciudad se extendía por el valle del río Medo, cerca de su confluencia con el Araxes. Fue construida por Darío I a fines del siglo VI a.C. y ampliada por su hijo Jerjes y por Artajerjes I. Alejandro Magno la conquistó y saqueó en el 331 a.C., y parte de su emplazamiento estuvo más tarde, durante la época sasánida, ocupado por la ciudad de Istajr. Los únicos restos conservados corresponden a los reinados de Darío I, Histaspes, Jerjes, Artajerjes y otros monarcas aqueménidas, y conforman uno de los principales conjuntos monumentales representativos del arte persa. Las construcciones se distribuyen en cinco grupos: Naqs-i-Rustam, donde se halla la tumba de Darío I y otros tres reyes aqueménidas, Istajr, Tajti-Rustam, Naqs-i-Rejel y Tajti-Jemshid. En Persépolis una gran terraza, que terminaba en la colina, era la base del palacio. Una gran escalinata con doble vuelta daba acceso a la explanada desde donde otros dos corredores conducían a la Apadana. El camino hasta la presencia divina del Rey de Reyes era majestuoso, lento y agotador. En Persépolis, 72 columnas estriadas sostenían el techo de madera de cedro. Sus capiteles eran en forma de prótomos de toros o de leones con cuernos. La larga procesión de los inmortales, siempre fieles defensores del rey, decoraba los lados de las escalinatas. Les seguían cortesanos, medos y persas. Finalmente, en este único y monumental friso se representaba a las naciones sometidas llevando regalos y trofeos al Rey de Reyes. Unos aportaban animales, otros, objetos preciosos, vestidos, etc.. La intención no era tanto representar vívidamente los personajes, sino manifestar el poderío indiscutible del rey y su dominio de todos los pueblos conquistados y sometidos a él. Era un arte al servicio del poder en cuya realización, curiosa y paradójicamente, colaboraron sin duda artistas griegos deportados. Cerca de la Apadana, en un plano superior, estaba el palacio de Darío. Sus paredes de adobe han desaparecido, pero subsisten las puertas y ventanas de piedra, coronadas por galas egipcias. Consistía únicamente en un salón central columnado, flanqueado por habitaciones a derecha e izquierda, abierto a un pórtico de columnas de madera, tipo de casa que se considera de origen nórdico. Se accede a él por el edificio llamado Trípilon, que como su nombre indica da paso a tres unidades independientes: el antedicho palacio de Darío, el harén y el palacio de Jerjes. Independiente también, aunque continuo, es el tesoro, apoyado en la falda del Kuh-i Rahmat, y esmeradamente decorado. Sus salas hipóstilas contuvieron en su día centenares de columnas asentadas en basas de piedra, pero con fustes de madera, los cedros del Líbano de que habla Darío en su descripción del palacio de Susa. Tales fustes estaban estucados y pintados con motivos florales, cuyos restos han aparecido en las excavaciones. En la puerta de este edificio se encontraban dos relieves con una escena interesantísima: Darío sentado en su trono dispuesto a escuchar el informe del jefe de la guardia, un oficial medo, como indica su tiara abombada (los persas la llevaban cilíndrica). A espaldas del Gran Rey se encuentran Jerjes, el príncipe heredero, con una flor en la mano, y dos altos dignatarios, el copero y el portador de las armas reales, un carcaj y un hacha de combate. El akinakes, la espada corta que lleva este último personaje, está primorosamente cincelada hasta en los más mínimos detalles de su decoración. Jerjes continuó la labor de su padre. En su afán de emular a los reyes asirios, erigió el Propileo, cuya inscripción declara que está dedicada a todas las naciones. Con este aditamento, el palacio recibió un portal grandioso guardado, como en Asiria, por dos toros y dos lassus (toros alados de cabeza humana). A éste añadió la más espléndida de las estancias del palacio, la Sala de las Cien Columnas, donde el rey se hizo representar dando muerte a un monstruo fabuloso, un tema ya entonces de antigüedad milenaria, pero siempre apropiado como expresión de dominio y poderío. En Persépolis estaban también las estatuas griegas que Jerjes había traído de Atenas y que Antíoco devolvió a los atenienses. Las excavaciones norteamericanas, sin embargo, han encontrado una bellísima réplica de la Penélope del Museo Vaticano, que hoy día constituye una de las joyas del museo de Teherán.

Persépolis

Archivos de. Textos cuneiformes persas en lengua elamita, descubiertos en la muralla noroeste de la terraza de Persépolis. Ver, Textos de la Fortaleza.

Persépolis

Según ciertas tradiciones, Persépolis es hijo de Ulises y Nausícaa. Según otras, lo es de Telémaco y Policaste, hija de Néstor, o de Telémaco y Nausícaa.

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